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Benjamin Myers - Cuddy

lunes, 8 de diciembre de 2025



► Título original: Cuddy
► Traducción: Alberto Moyano Muñoz
► Año: 2023
► Edición:  Piel de Zapa (2025)
► Páginas: 463


La intuición me dice que, por desgracia, no verás este título en muchas listas de los mejores libros del año, pero lo cierto es que el último trabajo de Benjamin Myers (Durham, 1949) merece, lejos de pasar injustamente desapercibido, ser el foco de todas las alabanzas posibles. Proyecto inclasificable de ambición desmedida y prodigiosa —casi perfecta— ejecución, Cuddy es una novela hecha de novelas que giran, no alrededor de un tema, sino de un lugar convertido en personaje donde la realidad histórica se eleva a la categoría de mito.

Todo parte como una reconstrucción imaginada de los últimos días de Cutberto de Lindisfarne, un monje medieval del norte de Inglaterra cuya inspiradora devoción, piedad y enternecedora relación con la naturaleza constituyeron un baluarte contra el barbarismo de los invasores normandos durante una época de oscurantismo e incertidumbre. Tras su muerte, un grupo de fieles organizaron una compañía itinerante que se encargaba de acarrear el cadáver del querido pastor y obispo —del que se decía poseer propiedades milagrosas— mientras buscaban un lugar de descanso para sus restos, que sería, a su vez, punto de fundación de una colosal obra de arte arquitectónica que hoy conocemos como la catedral de Durham.

Haciendo gala de una maestría lingüística sin precedentes, insólita originalidad narrativa y una belleza absolutamente sobrecogedora, Benjamin Myers escribe sobre el legado del santo que da nombre a la novela y otorga a los espacios en blanco de la historia una textura tan plausible como conmovedora. Como si Walt Whitman hubiese reescrito el Hamnet de Maggie O’Farrell, Cuddy se erige como un texto poético, indómito, elegíaco y de una genialidad arrolladora, un sensacional híbrido de narrativa y lírica que adopta formas, de repente diáfanas, de repente retorcidamente barrocas, pero siempre dignas de una divina admiración.

Siglos después de su traslado definitivo, el bendito Cuddy seguirá siendo protagonista involuntario de tramas venideras. Myers entrelaza las andanzas del icono mesiánico con vidas aparentemente anodinas, insignificantes, engullidas por el implacable paso del tiempo, pero que de un modo u otro se vieron tocadas por su estela. Por ejemplo, la segunda parte de la novela está enfocada en el estremecedor relato de supervivencia de una cervecera casada con un arquero que la somete con extrema violencia. Mientras su marido combate en el ejército del rey, la joven descubrirá junto a uno de los canteros de la catedral que el amor no es una manifestación de autoritarismo, sino la piedra angular sobre la que erigir una nueva religión.

Más tarde, Cuddy nos traslada a los albores del siglo XIX, haciéndonos partícipes, mediante los diarios de un historiador experto en su campo, de una ominosa operación eclesiástica que tiene como objetivo exhumar los restos de San Cutberto. Mientras que la última sección, ambientada en 2019, relata el calvario de un adolescente en el precario sector de la construcción al tiempo que cuida de su madre enferma de cáncer y descubre, en compañía de una chica por la que empieza a sentir algo más que amistad, la apasionante majestuosidad de un edificio capaz de trascender los límites del tiempo.

Y es que, si existe, como tanto gente empieza a sospechar, un auge de la espiritualidad en la cultura, no es solo gracias a películas como Los domingos o discos como LUXsino que ambos productos podrían integrar una trinidad hipotética a la que habría que añadir, sin ningún atisbo de duda, la monumental Cuddy de Myers, una novela que reflexiona de manera experimental sobre nuestra relación con la historia, así como con sus vestigios. Figura solemne que vela por los lectores sedientos de experiencias catárticas, recipiente de las plegarias elevadas al éter en nuestras horas más bajas, Cuddy es una novela inolvidable e inexplicable, un misterio capaz de inducir al más apostólico de los ateos a un eufórico éxtasis de fervor.


«Las historias que nos contamos los unos a los otros son lo único que quedará cuando el tiempo muera e incluso las más duras piedras esculpidas se conviertan en polvo.»


★★

Yael van der Wouden - La guardiana

sábado, 6 de diciembre de 2025



► Título original: The Safekeep
► Traducción: Victoria Alonso Blanco
► Año: 2024
► Edición:  Salamandra (2025)
► Páginas: 288


En La guardiana, el aclamado debut literario de la escritora holandesa Yael van der Wouden (Tel Aviv, 1987), basta un trozo de vajilla enterrado en el jardín de una casa rural para poner en marcha los más funestos presagios. Isabel, la protagonista de la novela, es una muchacha disciplinada y hermética que, tras la muerte de su madre y la marcha de sus hermanos, se queda como único custodio de la vivienda familiar, a la que llegó de pequeña escapando de una terrible hambruna que azotaba las calles de Ámsterdam durante el período de posguerra. La vida de Isabel es predecible y sin sobresaltos. Somete cada estancia y rincón de la casa a un exhaustivo escrutinio. Nada escapa de su control. Por eso, cuando descubre el fragmento de porcelana, Isabel comenzará a sospechar, no solo que la criada está amasando a sus espaldas un alijo de utensilios domésticos robados, sino que los cimientos de su hogar podrían estar enraizados en un capítulo del pasado desconocido para ella.

Ahora bien, vigilar los movimientos de la criada va a convertirse en una de las menores preocupaciones de Isabel. Su hermano Louis, ingeniero de boyante carrera y mujeriego empedernido, organiza una cena familiar para presentar a su nueva conquista, Eva, una mujer vivaracha, intrigante y poco seria que provoca en Isabel una irritante primera impresión. Poco se imagina Isabel que, a partir de ese momento, Eva va a formar una parte sustancial de su vida, pues Louis se dispone a realizar un viaje de negocios al extranjero y le pide a su hermana —o más bien le ordena, como propietario legítimo— que acoja a su futura prometida bajo su techo.

A partir de esta premisa, Yael van der Wouden establece las bases de una historia claustrofóbica y sofocante que tiene como objetivo retratar el deterioro que produce en la cordura de Isabel tener que lidiar con las atenciones de una absoluta desconocida. La constante presencia de Eva se percibe como un incordio, una invasión insoportable de la intimidad y la tranquilidad de Isabel como consecuencia, más bien, de su prolongado aislamiento y su falta de afecto. Pero, como se suele decir, el roce hace el cariño, y quizá la intensa animadversión que Isabel siente hacia su inquilina sea la manifestación de un sentimiento mucho más indecoroso y prohibido que el odio.

La guardiana es, al menos durante su primera parte, una cautivadora radiografía del deseo indeseado y los mecanismos del autoengaño, una especie de retorcido relato en clave de estudio psicológico repuntado por una efervescente tensión narrativa y una desbordante energía sexual que se expande con la inercia de una fuerza largo tiempo reprimida. Yael van der Wouden ha escrito una obra sugerente y reveladora sobre las aristas del espacio que existe entre el amor y el anhelo irracional, una indagación en las heridas de la Segunda Guerra Mundial, los recovecos de la memoria y las cicatrices de la infancia, así como de su repercusión en la vida adulta. No obstante, aunque Yael van der Wouden tenía en sus manos una historia cargada de seductora pirotecnia, ha optado por una ejecución un tanto errática y descafeinada. 

Sí, para haber sido galardonada con un premio tan importante como el Women’s Prize, me ha sorprendido lo fácilmente que la novela de Yael van der Wouden deriva hacia la redundancia y el estereotipo. En lugar de explorar el feminismo ácido, obsesivo y extremadamente corporal de autoras como Ottessa Moshfegh, al que parece aspirar, van der Wouden se decanta por un melodrama histórico de imágenes recicladas y frases inacabadas donde el romance surge de forma tan drástica como poco inspirada. El mensaje reivindicativo de la obra, en el que Isabel se erige como estandarte de mujer autónoma que reclama su independencia en contra de las convenciones sociales, se diluye en una trama previsible e insulsa, además de un estilo cargante con propensión a las escenas de alto voltaje pero escaso ingenio literario. A pesar de todo, si bien La guardiana se postula como una propuesta mejorable, el debut de Yael van der Wouden constituye buena muestra de una voz prometedora que llega para decir lo que muchas antes que ella han mantenido oculto.


«Qué sabían ellos lo que era no hablar con nadie durante días y días, no haber conocido las caricias de otro ser humano, no haberlas conocido nunca, qué sabían del deseo y de no haber sentido otra piel sobre la tuya, y de una casa cada vez más y más vacía.»



Percival Everett - James

viernes, 3 de octubre de 2025



► Título original: James
► Traducción: Javier Calvo
► Año: 2024
► Edición:  De Conatus (2024)
► Páginas: 344


Si creías que ya estaba todo dicho sobre el período de esclavitud en Estados Unidos, déjame decirte que Percival Everett (Fort Gordon, 1956) tiene algunas palabras para ti. Ganadora del Premio Pulitzer y el National Book Award, James es una magnífica reinterpretación de Las aventuras de Huckleberry Finn narrada desde la perspectiva de Jim —el esclavo negro— que reivindica de manera original la vigencia de un tema sobre el que se han escrito ríos de tinta, pero que continúa siendo fuente de acaloradas controversias. Al fin y al cabo, el supremacismo blanco y las tensiones raciales, lejos de haber desaparecido, constituyen el día a día de un país que aún lleva en su espalda cicatrices imposibles de borrar.

Narrada con una sencillez casi enternecedora, pero que no renuncia a la profundidad ni a la contundencia, James podría calificarse como una alocada novela de aventuras, si por aventura entendemos el infernal periplo de un hombre que huye de su hogar de manera desesperada para escapar de algo peor que la horca. Sí, a pesar de sus esfuerzos por encarnar el ideal de esclavo modélico —sumiso, manso, lobotomizado—, Jim se convierte en sospechoso de asesinato y se ve empujado al exilio, sabiendo que, en un mundo dominado por gente blanca, la mera acusación supone una sentencia firme que no requiere de proceso judicial si el color de tu piel es lo suficientemente oscuro.

Por el camino nuestro protagonista se topará con el vivaracho y entrañable Huckleberry Finn, compañero inseparable de viaje junto al que Jim emprenderá un recorrido por las tierras salvajes del sur estadounidense en busca de aquello que se presente antes: la libertad, la ejecución o una venganza de proporciones bíblicas. Con una prosa tan lúcida como lapidaria, Percival Everett elabora un trepidante road trip sin carretera poblado por estafadores sin escrúpulos, músicos itinerantes, borrachos de pueblo, fundamentalistas religiosos, fugitivos con la muerte en los talones y el fantasma de un filósofo francés en el que el autor norteamericano retrata la miseria moral, física y humana de la esclavitud con la misma fuerza que un par de perdigonazos en el pecho.

Sobra decir que James, haciendo honor a su impresionante palmarés, me ha parecido una novela absolutamente monumental, un digno homenaje a la obra de Mark Twain que no se limita a beber de su influencia, sino que la expande y la resignifica, observándola y conversando con ella desde un nuevo prisma. La emocionante ingenuidad de Huck, junto a su espíritu inquieto y compasivo, contrasta con la vibrante rabia y sed de justicia de Jim, una furia ancestral que hierve en su sangre como el carbón en las calderas de los buques que navegan por el Misisipi. Y será la ira, y no la esperanza ni los textos legales o la fe en el prójimo, la llave con la que Jim consiga zafarse de esos grilletes que lleva arrastrando desde su nacimiento.

Brutal, descarnada y violenta, pero también salpicada de pasajes que retienen una acogedora luminosidad, James es una puñalada directa al corazón del prejuicio. Una historia deslumbrante, mordaz, incómoda y dotada de la capacidad para provocar un extenso abanico de emociones en el mismo párrafo. A lo largo de sus páginas, Percival Everett no solo ha construido un héroe literario que derrocha humanidad, carisma e ingenio, sino que destaca el papel fundamental de la palabra escrita como salvavidas contra la opresión y la desigualdad. Presumiendo de una resiliencia narrativa incomparable, James se eleva desde uno de los episodios más oscuros de la historia de Estados Unidos como una crítica y una condena, un grito desgarrado ante el que ninguno de nosotros deberíamos guardar silencio.


«En aquel momento se me hizo real el poder de la lectura. Mientras tuviera delante las palabras, nadie podría controlarlas ni controlar lo que yo obtuviera de ellas. Ni siquiera podrían saber si las estaba mirando sin más o leyéndolas, haciéndolas sonar o entendiéndolas. Era una relación completamente privada y libre y, por tanto, completamente subversiva.»


★★★

Maggie O'Farrell - Hamnet

jueves, 24 de febrero de 2022



Título original: Hamnet
Traducción: Concha Cardeñoso
Año: 2020
Edición:  Libros del Asteroide (2021)
Páginas: 346


«Si estás casada y tu marido se muere, entonces eres viuda. Y si a un niño se le mueren los padres se convierte en un huérfano. Pero ¿cómo se dice lo que me pasa a mí?». Incógnita. Incertidumbre. Ausencia. En la última novela de Maggie O’Farrell (Coleraine, 1972), sin duda la más laureada de su carrera, el vacío tiene nombre propio y se llama Hamnet. Aunando sensibilidad y belleza, la escritora británica realiza aquí una conmovedora incursión en el proceso de duelo por la muerte de un hijo, una experiencia sísmica que modifica la orografía emocional de quien lo padece y que el resto de los mortales solo podemos atrevernos a imaginar. Y eso es precisamente lo que hace O’Farrell: suponer, fabular, rellenar con sus «vanas especulaciones» los huecos de una biografía nunca narrada: la del hijo varón de Shakespeare, que falleció a corta edad como consecuencia de la peste y abonó así el terreno donde florece la literatura. 

La de O’Farrell es, y se nota desde la primera página, una novela muy particular. Su estilo frondoso, metafórico, plagado de ungüentos, árboles, aves y bayas silvestres, convierten a Hamnet en una novela fundamentalmente sensorial, de arquitectura barroca y prosa eufórica que más bien parece poesía. Contrasta el lirismo y el tono de epopeya con su sencillez estructural: dos líneas temporales que convergen en la muerte del hijo y que nos permiten ir conociendo a los satélites que giran a su alrededor. De entre ellos, destaca sin duda Agnes, la madre, figura a la que O’Farrell reivindica concediéndole los momentos más brillantes y estremecedores de la novela. Su fascinante comunión con la naturaleza, así como una comprensión casi mística del alma humana, despiertan tanto los recelos de quienes la rodean —en especial de su insoportable madrastra— como las acusaciones de brujería. 

Al contrario de lo que pudiera suscitar su título, Hamnet es una obra que poco o nada tiene que ver con el imaginario Shakespeariano. Se trata, más bien, de una novela de índole universal, entre bucólica y perturbadoramente tétrica, a medio camino del romanticismo y la salvaje crudeza del medievo. La tragedia que probablemente inspiró al bardo inglés para escribir su trabajo más célebre cae, en manos de O’Farrell, en un cierto grado de mediocridad en tanto que transita únicamente obviedades y lugares comunes sobre el dolor y la angustia producidos por la muerte. En este sentido, Hamnet me ha parecido muy poco impactante y sí muy sorprendente su falta de innovación. La considero una lectura potente y bastante recomendable, pero deja, a mi entender, el regusto amargo de ser simplemente una historia corriente narrada de un modo inusual. 


«Lo que se nos da se nos puede quitar en cualquier momento. La crueldad y la devastación nos aguardan a la vuelta de cualquier esquina, dentro de un arcón, detrás de una puerta: saltan sobre una en cualquier momento como un ladrón o un bandido».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Sarah Perry - La serpiente de Essex

miércoles, 21 de marzo de 2018


«Fe si tenía, esa fe que se tiene de nacimiento, pero he visto a qué conduce y me deshice de ella. De lo contrario, habría caído en esa especie de ceguera, porque hay que estar loco para darle la espalda a todo lo nuevo y maravilloso, para no ver que en el microscopio puede haber tantos milagros como en los Evangelios».


Título original: The Essex Serpent
Traducción: Carlos Jiménez Arribas
Año: 2016
Editorial: Siruela
Páginas: 408


La vida de Cora Seaborne da un estremecedor vuelco el día que muere su marido, un influyente y tiránico asesor parlamentario. Como muchas otras mujeres de su época, Cora era presa de un matrimonio atenazante y abusivo en el que sus ambiciones académicas parecían no tener otro destino que el de marchitarse lentamente. Sin embargo, liberada de la esclavitud conyugal, Cora decide abandonar la sofocante escena londinense y dar rienda suelta a sus inquietudes científicas. Acompañada de su hijo Francis, un muchacho apocado con evidentes síntomas de autismo, y Martha, una empleada doméstica de férreas convicciones, emprende un viaje hacia la costa de Essex, donde corren rumores de que una antigua criatura legendaria ha despertado de su letargo para aterrorizar a la población.

William Ransome, el párroco local, acoge las noticias sobre la mítica serpiente de Essex con bastante recelo. Curiosamente, la suya es una fe basada en la razón, en la lógica aplastante de los preceptos divinos. A golpe de sermón, William pretende erradicar los temores infundados de sus feligreses y devolver el sentido común a un pueblo supersticioso que cree estar siendo castigado por su descarrío. La llegada de Cora a la pequeña aldea de Aldwinter trae consigo una avalancha de enfrentamientos entre dos enfoques diametralmente opuestos de entender el mundo. Con un refrescante toque de originalidad y picardía, Sarah Perry (Essex, 1979) reabre en su aclamada novela el clásico debate entre religión y ciencia constituyendo como portavoces a un clérigo escéptico y una naturalista crédula. Sin embargo, las acaloradas discusiones filosóficas entre William y Cora no hacen sino avivar las llamas de una química perfecta. La suya es una relación inflamable que, como las buenas revoluciones, viene dispuesta a quebrantar el orden y poner en entredicho todas las certezas adquiridas. 

Al margen del impenetrable misterio que sacude la localidad de Aldwinter, Londres atisba el nacimiento de otra imparable fuerza dispuesta a socavar los cimientos de la época: el socialismo. Sarah Perry se hace eco en La serpiente de Essex de la precaria situación en la que vivían tantas familias trabajadoras durante el período victoriano, marcadas por su estatus marginal y su incapacidad de acceder a una vivienda digna. En líneas generales, La serpiente de Essex se desarrolla en el epicentro de una contagiosa atmósfera de progreso, caracterizada por numerosos avances en áreas como la política o la medicina. De ello dan buena cuenta personajes como Luke Garret y George Spencer, un par de brillantes y ambiciosos cirujanos cuyos conocimientos sobre las cavidades del corazón humano contrastan de manera sorprendente con su ignorancia acerca de las emociones que lo gobiernan. Junto a Martha, William y Cora protagonizan un intrincado polígono amoroso que desencadena algunos de los momentos más emocionantes de la novela. 

Además de un fantástico elenco de personajes y de una historia cautivadora, La serpiente de Essex cuenta con una exquisita prosa que convierte en puro deleite la lectura de cada una de sus frases. Sarah Perry encandila con sus exuberantes descripciones del paisaje rural inglés, desde la frondosa vegetación hasta las traicioneras aguas del estuario del Blackwater, envueltas siempre en un brumoso velo que depara toda clase de espejismos y visiones extrañas. En La serpiente de Essex, lo tangible se da la mano con lo inexplicable. Por eso, cuando los habitantes de la región asediada por la leyenda comienzan a padecer todo tipo de fenómenos inusuales, nadie se atreve a negar el inconfundible sello de la bestia. ¿Realidad o mito? ¿Especie desconocida o desvarío colectivo? Sarah Perry mantiene un tenso pulso con el lector en tanto que la balanza no se decanta por ninguno de los dos platos. No obstante, antes de que caiga el telón, la joven escritora británica ha logrado con esta obra sobresaliente que nos olvidemos por completo de desentrañar la solución al enigma.

PUNTUACIÓN: ★★★★

Elena Ferrante - La niña perdida

jueves, 11 de enero de 2018



Título original: Storia della bambina perduta
Traducción: Celia Filipetto
Año: 2014
Editorial: Lumen
Páginas: 544


La niña perdida es un magnífico punto y final a la historia de Lenù y Lila, las dos protagonistas de la saga que ha situado a Elena Ferrante como una de las voces literarias más apreciadas de la actualidad. La de estas mujeres es una amistad volátil, esquinada, plagada de enfrentamientos y desaires que, no obstante, esconden una mutua admiración, un deseo airado de sacar a relucir lo mejor de cada una por medio de la otra. Esta ambigüedad, este deambular continuamente entre el amor y el odio, es una de las características más llamativas de la escritura de Ferrante, el vehículo a través del cual la autora italiana nos muestra su fascinante y descarnada verdad.

Encuentro su tendencia a la exaltación, a la hipérbole, particularmente entrañable en el caso de La niña perdida. Los personajes de Elena Ferrante, aventados por pasiones y furores incontrolables, parecen estar siempre descolgándose sobre el abismo o sufriendo raptos de locura transitoria. El amor se empaña rápidamente por una cortina de celos, inseguridad y malos humores que ni siquiera Lenù, a pesar de sus aspiraciones artísticas y su elevada formación académica, es capaz de evitar. Es precisamente su condición de persona cultivada y su creciente reputación como escritora de renombre lo que coloca a Lenù en el disparadero cuando su relación adúltera con Nino Sarratore se acaba materializando después de años y años forjándose en segundo plano. 

Las violentas idas y venidas alrededor de Nino constituyen el principal foco de tensión narrativa durante los primeros compases de la novela, mostrándonos a una Lenù más vulnerable y desestabilizada que nunca en su infatigable persistencia por aferrarse a un romance que naufraga desde sus inicios. Así, a pesar de sus esfuerzos por distanciarse de Lila, de sus errores, de su carácter agrio y su conexión con esa Nápoles decrépita que las vio crecer, Lenù acaba pareciéndose cada vez más a la enemiga íntima de la que reniega con tanto ahínco y se sumerge en una espiral de decadencia capaz de destruir todo vínculo afectivo.

Por suerte, en las novelas de Ferrante los personajes estrechan y destruyen lazos con la velocidad de las reacciones químicas, lo que permite a Lenù encontrar consuelo en tiempos de necesidad con sorprendente rapidez. Hay un ímpetu en su escritura que parece tener miedo de la quietud, y por eso sus libros dan la sensación de estar en constante movimiento, en un estado de agitación urgente. La niña perdida no es una excepción. No es este un libro donde encontrar solaz, sino tragedias sucediéndose una tras otra como fichas de dominó. Sin embargo, lejos de recrearse en el dolor o en la pérdida, Elena Ferrante pasa de puntillas por las causas del conflicto para detenerse minuciosamente en las consecuencias, recreándose, no en la fractura, sino en la recomposición. Es por eso que la convulsa relación entre Lenù y Lila sobrevive al tiempo y a las adversidades y es por eso que encuentro tan deslumbrante la magistral exploración psicológica que hace Ferrante de sus dos protagonistas.

A lo largo de esta monumental saga de cuatro novelas, Elena Ferrante trata de capturar la vida de dos mujeres en todo su esplendor y complejidad, desde la infancia hasta la vejez, y creo que lo consigue con apabullante éxito. Es más, su retrato de la Nápoles sucia, brutal y devastada por las revueltas políticas, la precariedad económica, los tejemanejes locales encabezados siempre por los Solara y, especialmente en La niña perdida, el consumo de drogas, trasciende la esfera doméstica para ofrecernos una crónica imperecedera de los acontecimientos más decisivos que ha vivido Italia durante la segunda mitad del siglo XX. Su intensidad, arrojo y honestidad visceral hacen de esta serie una experiencia conmovedora e inolvidable, un proyecto de dimensión astronómica que no falla en su ambición ni flaquea cuando reduce la escala. 

La niña perdida es la lucha de Lenù por desprenderse de su identidad, de su dialecto, de sus orígenes humildes. Es la voluntad inquebrantable de una madre que se desgasta por impedir que sus hijas tropiecen con las mismas piedras. Es una maravillosa reflexión sobre los entresijos de la creación literaria, concebida aquí como un recipiente donde hallar respuestas y dar forma a nuestras certezas más inconfesables. Y es, por encima de todo, un hermoso y necesario acto de rebeldía contra una mujer que pretende borrarse a sí misma cuando lo que todo el mundo debería hacer es, precisamente, recordarla.


"A diferencia de lo que narran los cuentos, la vida real, cuando ha pasado, no se asoma a la claridad sino a la oscuridad. Pensé: ahora que Lila se ha dejado ver así de clara, debo resignarme a no verla nunca más". 

PUNTUACIÓN: ★

Yaa Gyasi - Volver a casa

lunes, 16 de octubre de 2017



Título original: Homecoming
Traducción: Maia Figueroa Evans
Año: 2016
Editorial: Salamandra
Páginas: 384
Valoración: ★★★½


El debut de Yaa Gyasi ha sido sin ninguna duda uno de los títulos más celebrados de la pasada temporada literaria. Hay algo en el interior de sus páginas que acelera el corazón, vapulea el estómago y estremece profundamente los sentidos. En efecto, la narrativa de Gyasi apela a las entrañas porque de nada sirve hablar de cadenas a quien nunca las ha llevado puestas. Sin embargo, el dolor es un lenguaje universal que la autora de origen ghanés domina aquí con la pasión de un primerizo y la habilidad de un escritor mucho más experimentado. 

Volver a casa es una novela que sorprende no solo por su particular estructura, sino por la magnitud de su escala. A través de dos líneas argumentales que discurren de forma paralela, Gyasi compacta unos dos siglos de historia contemporánea que narran el origen y la expansión de los movimientos esclavistas por toda la costa suroccidental de África. Una de las cosas que más me han llamado la atención de la novela es que Gyasi no obvia el hecho de que las propias tribus africanas contribuyeron a fomentar el tráfico de prisioneros gracias a sus rivalidades y constantes guerras fratricidas. Partiendo de esa base, Gyasi construye en Volver a casa un emocionante relato generacional constituido por sendas ramas familiares que parten de una misma raíz: Effia y Esi, dos hermanas que nunca llegan a conocerse, pero cuyos destinos estarán estrechamente ligados a lo largo de toda la novela. 

Si bien cada capítulo de Volver a casa constituye una entidad narrativa independiente, con su propio planteamiento, nudo y desenlace, sí que podemos encontrar nexos que entrelazan varias de las historias de maneras inesperadas, a veces en forma de personaje recurrente, a veces en forma de símbolo que permanece un tiempo sumergido y reaparece cuando menos te lo esperas para golpearnos con todo su significado. Aunque Gyasi maneja este recurso de modo sobresaliente, el hecho de presentar cada capítulo desde la perspectiva de un personaje diferente hace que algunos de ellos queden desdibujados y que la obra se vea aquejada de cierta repetitividad. 

No obstante, la sensación que predomina leyendo Volver a casa es la de estar ante un texto profundamente trabajado, valedor de una de las voces literarias más ambiciosas y prometedoras que han surgido en los últimos años. Gyasi aborda tanto la lacra de la esclavitud como la complejidad de las relaciones familiares bajo distintas configuraciones sociales con una embriagadora sutileza que resalta los momentos de mayor carga emocional. El efecto de esta simbiosis perfecta entre sensibilidad y arrojo da como resultado una obra estimulante y polifacética, genialmente hilada e imposible de consumir en pequeñas dosis. El amplio elenco de personajes que encontramos a lo largo de Volver a casa conforma un todo mayor que la suma de sus partes. De manera incontestable, Yaa Gyasi demuestra que las luchas individuales pueden convertirse en el germen de un arrollador movimiento colectivo capaz de cambiar el mundo. O que el hogar no es tanto el sitio de donde uno viene sino aquel donde decidimos depositar nuestro corazón. En cualquier caso, el mensaje inspirador de Volver a casa prevalece sobre los desgarradores cimientos de su narrativa, convirtiéndose el debut de Yaa Gyasi en uno de los títulos más interesantes y necesarios que ha dado de sí este año.

James McBride - El pájaro carpintero

viernes, 29 de septiembre de 2017



Título original: The Good Lord Bird
Traducción: Miguel Sanz Jiménez
Año: 2013
Editorial: Hoja de Lata
Páginas: 452
Valoración: ★★


La literatura que aborda el período esclavista en los Estados Unidos acostumbra a tener un tono apesadumbrado, plomizo, que no pretende sino armonizar con los horrores que dicha institución supuso para los que vivieron aplastados por su yugo. Después de afrontar obras tan desgarradoras y emocionalmente exigentes como Beloved, Entre el mundo y yo, Volver a casa y, más recientemente, El ferrocarril subterráneo, parece casi un alivio encontrar un libro que se aleje de brutales padecimientos y sea capaz de recrear una atmósfera liviana o incluso jocosa bajo tan terribles circunstancias. 

La novela de James McBride, galardonada en 2013 con el National Book Award, logra con creces su objetivo y sorprende entre otras cosas por el absoluto desparpajo de su voz narrativa. La hilarante autobiografía ficticia de Henry Cebolla Shackleford, un niño esclavo que pasó a formar parte del peculiar escuadrón comandado por el legendario abolicionista John Brown en los años previos a la Guerra de Secesión (1861 - 1865), constituye un relato vibrante y lleno de vida que intercala episodios de una terrible violencia con diálogos y escenas sencillamente descacharrantes. Cebolla cuenta en primera persona, y haciendo uso de un particular dialecto que se ha reproducido de manera excelente en su traducción al castellano, sus alocadas andanzas junto a Brown y sus compañeros, quienes lo toman de manera errónea por una chica y aseguran que la presencia de Cebolla en el grupo les garantizará la victoria en su temeraria cruzada contra la esclavitud. 

Al más puro estilo Tom Sawyer y Huckleberry Finn, las aventuras de Cebolla Shackleford contenidas en El pájaro carpintero están plagadas de pillerías y malentendidos que le supondrán a nuestro protagonista más de un quebradero de cabeza. McBride crea un personaje absolutamente fascinante, un niño deslenguado, despistado y vivaz que cuestiona todo lo que ve a su alrededor sin llegar a encontrar nunca una explicación convincente para sus infortunios. Sus observaciones sobre la esclavitud se alejan mucho del habitual maniqueísmo. Cebolla, en su enternecedora ingenuidad e inexperiencia, se erige como portavoz de un pueblo que no concibe la libertad ni tampoco la desea porque no sabría qué hacer con ella. Así mismo, McBride explora con todo lujo de detalle las consecuencias de vivir bajo un disfraz de manera constante. El conflicto de Cebolla entre su identidad interna y su apariencia externa cristaliza a lo largo de la novela en un sinfín de frustraciones que no solo afectan a su relación con el sexo opuesto sino a la que mantiene con sus congéneres masculinos. 

En general, El pájaro carpintero es una novela que oscila entre lo dinámico y lo vertiginoso, entre lo cómico y lo dramático. No obstante, McBride sujeta en todo momento las riendas de la narración y demuestra un prodigioso dominio de los tiempos que no se suele ver muy a menudo. También es una obra que abraza tanto lo mundano como lo espiritual, haciendo alarde de un importante simbolismo religioso que McBride no duda en caricaturizar, ya sea por medio de peroratas ininteligibles, citas bíblicas extraídas de libros que no existen o interminables sesiones de oración que Cebolla escucha de manera estoica. A pesar de su descreimiento en la capacidad del Señor para llevar a cabo Su voluntad, Cebolla no deja espacio para que brote ni el menor atisbo de desesperanza. Su carácter luchador y el convencimiento que demuestra en sus ideales resultan tiernos e inspiradores al mismo tiempo. Y aun cuando no sea posible alcanzar aquello en lo que creemos, la maravillosa historia de Henry Cebolla Shackleford nos invita a entender el fracaso como un éxito aplazado. Un proyecto en el que las generaciones futuras podrán trabajar justo desde donde nosotros lo hemos dejado.

Colson Whitehead - El ferrocarril subterráneo

lunes, 18 de septiembre de 2017



Título original: The Underground Railroad
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz
Año: 2016
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 320
Valoración: ★★★½


Resulta complicado añadir algo sobre un libro del que ya se ha dicho todo. Desde que se alzara el año pasado con el National Book Award, al que se sumaron otros como el Premio Pulitzer o el Arthur C. Clark Award, la última novela de Colson Whitehead ha ido labrándose una extensa trayectoria plagada de reconocimientos. Si dichos reconocimientos son o no merecidos no está en mi mano decidirlo. Lo que sí parece estar fuera de toda duda es que obras como la de Whitehead se benefician enormemente del candente escenario sociopolítico que hoy día azota los Estados Unidos. No es de extrañar, por tanto, que bajo el mandato del odio y la manipulación proliferen títulos que sirvan como recordatorio de las atrocidades cometidas en el pasado. 

En ese sentido, El ferrocarril subterráneo constituye una feroz e incisiva dentellada literaria que ahonda en los testimonios de quienes vivieron subyugados por la supremacía racial. La protagonista del relato es Cora, una joven esclava que trabaja en una plantación algodonera en Georgia. Su carácter irreverente y contestatario le ocasiona más de un problema a ella y a quienes la rodean. Sin embargo, lejos de amedrentarse, Cora se impone a sus adversarios con las herramientas que haga falta. Su lengua es tan afilada como el hacha que blande ante un trabajador de la plantación que quiere arrebatarle el pequeño trozo de tierra que heredó de su madre. Sin duda, Cora es un personaje admirable capaz de granjearse fácilmente nuestras simpatías gracias a su voluntad de hierro. Sus lúcidas y mordaces observaciones sobre la vida en la plantación, así como de los miembros que conforman su comunidad de esclavos, nos demuestran que la violencia no entiende de etnias ni de color. Cuando las cosas empiezan a ponerse más feas de la cuenta, Cora recibe la invitación de Caesar, un esclavo procedente de Virginia, de huir con él hacia los estados del norte tomando lo que se conoce como el ferrocarril subterráneo. Dicha institución, que durante el siglo XIX estaba formada por una red de activistas y refugios clandestinos que protegían a los esclavos fugitivos, es aquí convertida por Whitehead en un ferrocarril literal que opera a través de estaciones bajo tierra.  

El problema de este recurso narrativo es que no parece lo suficientemente justificado. Más allá de servir a los personajes como medio de transporte, la presencia del ferrocarril es más bien nimia a lo largo de la novela y su propósito en la trama no se distancia demasiado de aquello que pretende representar, con lo cual su empleo me parece meramente anecdótico. De hecho, las fortalezas de la novela distan mucho de residir en su capacidad imaginativa. Colson Whitehead se muestra mucho más decidido como cronista que como fabulador. Su exploración de la identidad afroamericana, así como sus comentarios sobre la esclavitud y sus repercusiones en el individuo, dejan la novela plagada de fantásticas y reveladoras declaraciones que tienen un efecto devastador. A veces Whitehead descarga el puño de manera directa describiendo horripilantes escenas de maltrato y abuso sexual. Sin embargo, otras veces destapa expresiones mucho más sutiles que puede adoptar la opresión. Imponer el convencimiento de que la tiranía es el orden natural de las cosas puede ser mucho más efectivo que los cepos y las cadenas. Y ya sea por medio de argumentos históricos, sociales o religiosos plagados de falsedades, el hombre blanco ha enarbolado su visión sesgada del mundo contra todo aquel que se haya puesto en el camino. 

El miedo es una sombría constante en esta novela, la brújula que guía las decisiones tomadas por los personajes y que convierte el viaje de Cora en pos de la libertad en poco más que una persecución incesante. Su inspiradora y al mismo tiempo terrorífica historia está intercalada con breves interludios pensados para rellenar los espacios narrativos a los que Cora, desde su limitada perspectiva, no alcanza. Todo ello conforma una novela dura, sin concesiones, que comienza por fuerza bruta y concluye de manera desalentadora. Y es que, esclavitud de por medio, no existen los finales felices.

Marcos Ordóñez - Detrás del hielo

martes, 30 de mayo de 2017



Título: Detrás del hielo
Autor: Marcos Ordóñez
Año: 2006
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 482
Valoración: ★★


Editada originalmente en 2006, Libros del Asteroide acaba de rescatar una menospreciada joya literaria que nos invita a recorrer la historia de su protagonista como quien pasea por las calles de una metrópolis devastada. Al fin y al cabo, la memoria no es más que un conjunto de pasadizos y encrucijadas que no siempre se sabe muy bien a dónde llevan. La identidad se compone de amplias y vistosas avenidas, pero también de suburbios y callejones sin salida. Espacios secretos, apartados de la mirada pública. Klara Liboch, la persona que nos habla desde las páginas de Detrás del hielo, decide arrojar un poco de luz sobre esos rincones íntimos y vuelve a la ciudad de su infancia con el fin de repasar los acontecimientos más importantes de su vida, de desenterrar cadáveres congelados para siempre en el tiempo. 

Desde el principio, la suya se adivina una biografía trágica, marcada por un turbulento trasfondo político y social, así como por su relación con dos hombres tan apasionados como diferentes entre sí. El primero, Oscar Klein, es un fotógrafo de ascendencia judía que de manera fortuita retrató a la madre de Klara en sus últimos instantes antes de morir víctima de un derrumbamiento. Oscar será la llave que le abra a Klara las puertas de un universo rico y fascinante. Su primer amor, su faro en la oscuridad, la extensión de un mente que se expande sin freno a base de novedosos estímulos. No obstante, de la mano de Oscar también llegará el inaprensible Jan Bielski, un espíritu indómito e idealista que despierta en Klara una irresistible seducción. Con una prosa vibrante y luminosa, Marcos Ordóñez recrea a la perfección esa época bulliciosa de la juventud donde las pasiones tiran con tanta fuerza de nosotros que parecen encaminadas a desgarrarnos. El relato de Klara desprende un intenso fulgor en todos los estadios del espectro emocional. Tierna, desoladora, sorprendente y por momentos sobrecogedora, Detrás del hielo es una novela que conjuga de manera magistral el relato de iniciación con la crónica de un movimiento revolucionario.

Plagada de referencias literarias, musicales y cinematográficas que nos introducen de lleno en la atmósfera pretendida, Detrás del hielo nos sitúa en una imaginada república de inspiración centroeuropea que está siendo agitada por un auténtico vendaval político. Numerosas fuerzas en auge se disputan el control de un país amenazado por la inestabilidad, configurado en su mayor parte por cafés, teatros y academias donde transcurren los días de nuestros protagonistas, ajenos al desastre que está a punto de sobrevenirles. Y aunque la carga ideológica de la novela es de todo menos abrumadora, Marcos Ordóñez elabora de manera paciente una meditada reflexión sobre el significado del progreso y la validez de los sacrificios que se hacen en su nombre. Detrás del hielo me ha parecido a grandes rasgos una lectura sensacional, emocionante, adictiva, una de esas extrañas novelas en las que ves crecer a los personajes y a la vez creces con ellos. Una fantástica experiencia que me ha servido para conocer a un autor al que seguro querré visitar de nuevo.

Emma Donoghue - El prodigio

jueves, 25 de mayo de 2017



Título original: The Wonder
Traducción: Paula Vicens
Año: 2016
Editorial: Ediciones B
Páginas: 432
Valoración: ★★


Emma Donoghue, la aclamada autora de La habitación, regresa con una novela que pretende poner a prueba nuestra convicción en el poder de los milagros. Sí, un texto diseñado con el objetivo de cuestionar cualquier atisbo de explicación divina para la fenomenología más atípica. En El prodigio, Donoghue plantea un curioso interrogante: ¿puede una persona subsistir largo tiempo sin alimentarse? La respuesta obvia es que no. Sin embargo, en una pequeña aldea irlandesa, la joven Anna O'Donnell se erige como el testimonio viviente de lo contrario. Convertida en una especie de leyenda local, Anna asegura llevar más de cuatro meses sin probar bocado, tomando solo unas pocas cucharadas de agua al día. A pesar de la incredulidad popular, la familia de Anna persiste en su versión de los hechos y decide contratar a dos cuidadoras que vigilarán a la niña día y noche para corroborar la inexplicable historia. 

Atendiendo la llamada, Lib Wrigth acude a la mansión de los O'Donnell decidida a destapar lo que ella considera una escandalosa patraña. Alumna aventajada de Florence Nightingale y curtida como enfermera en la guerra de Crimea, Lib ejecuta un minucioso seguimiento del estado físico de Anna, quien ni siquiera muestra signos aparentes de desnutrición. A medida que se suceden los días, iremos conociendo a través de Lib la inquietante personalidad de Anna, extremadamente devota para alguien de su edad, y se indagará en su trágica historia familiar. De forma lenta pero segura, Emma Donoghue construye un relato tan intrigante como opresivo que consigue transmitir toda la precariedad económica y social de la época. 

Entregados a sus mitos y las supersticiones más rocambolescas, los personajes de El prodigio aparecen representados como el epítome de la credulidad. En general, se trata de una novela que desprende un profundo y condescendiente sentimiento antirreligioso, donde el fervor irracional y las creencias malinterpretadas causan más sufrimiento del que pretenden aliviar. No obstante, la particularidad más sobresaliente de El prodigio es su capacidad para transmitir amplitud en un ambiente absolutamente claustrofóbico. Emma Donoghue parece haberle cogido el gustillo a los espacios pequeños, levantando a partir de muy pocos elementos un edificio narrativo consistente, si bien algo repetitivo. La relación que se entreteje entre las dos protagonistas, hilada por medio de discusiones teológicas que dan pie a revelaciones íntimas, resulta convincente y por momentos enternecedora, una relación que hará tambalear el muro de desconfianza que separa a Lib de su paciente y en el que la enfermera se refugia de sus heridas emocionales. 

El desenlace, más que una simple solución al enigma planteado, constituye una contundente respuesta al drama doméstico en el que se transforma la historia de El prodigio, una sugerente exploración de los lazos familiares, la culpa y el proceso de duelo que puede llegar a provocar fuertes reacciones en el lector por su inesperado revés. Mi reacción particular está más cerca de lo tibio que de lo visceral. Aún así, me ha parecido una lectura interesante y entretenida que se hubiera beneficiado, o bien de un generoso recorte, o bien de un estudio más minucioso de los temas que se abordan. Una novela que se ha quedado, en definitiva, bastante lejos de ser un prodigio.  

Richard Flanagan - El camino estrecho al norte profundo

martes, 15 de noviembre de 2016


«Y sobre esa colosal ruina, infinita y soterrada, se extendió la solitaria jungla, allanándolo todo a su paso. De sueños imperiales y hombres muertos, solo la alta hierba quedó.»

El camino estrecho al norte profundo es el perfecto ejemplo de novela que, casi con toda seguridad, nunca caería en mis manos si no llevara un premio bajo el brazo. Cada vez me siento menos atraído por los bestsellers de temática bélica, que ya sabemos en torno a lo que suelen girar: lugares comunes sobre el caos, la devastación, lo inhumano de la guerra. Y si le añadimos una buena dosis de drama romántico bien trágico y edulcorado, mejor que mejor. Por sorprendente que pueda parecer, la obra de Richard Flanagan no se aleja demasiado de los contornos que acabo de definir. Sin embargo, Flanagan ajusta con precisión milimétrica las cantidades de estos elementos tan eficaces como peligrosos, obteniendo como resultado una obra absolutamente emocionante y épica que, al menos en mi caso, ha dinamitado prejuicios largo tiempo atrincherados.

La acción principal transcurre en un campamento de prisioneros japonés, donde miles de soldados australianos trabajan sin descanso y en condiciones infernales en la construcción del denominado «Ferrocarril de la muerte». Dorrigo Evans, el protagonista y principal narrador de la novela, es un joven cirujano que lucha desesperadamente por mantener a sus compañeros con vida a pesar de que cohabitan en un ambiente plagado de enfermedades, hambre, inmundicia y palizas. Sirviéndose de las propias experiencias relatadas por su padre, Richard Flanagan ha recreado de manera excepcional la atmósfera decadente que se respiraba en estos emplazamientos, describiendo sin ninguna clase de tapujos las humillaciones tanto físicas como psicológicas a que eran sometidos los reos, la crueldad, desesperanza y brutalidad extrema que gobernaba sus días. Cárceles donde el tiempo no transcurría, sino que se paralizaba. 

No obstante, toda esta carnaza narrativa, explícita e insensible por sí sola, adquiere una relevancia especial por lo que Flanagan es capaz de hacer con ella. Tomando como materia prima una prosa grácil y melódica, el escritor australiano transforma el horror sin sentido en la más pura y sobrecogedora belleza. Donde algunos solo ven muerte y violencia, Richard Flanagan ve amor, bondad y confraternidad que se entrelazan para crear una historia donde el ser humano destaca por su capacidad de renovación a pesar de la gravedad de las heridas infligidas. El camino estrecho al norte profundo es un relato vibrante y estremecedor sobre las secuelas de la guerra, pero también una hermosa reflexión sobre el olvido y la memoria, y de cómo ambos, paradójicamente, nos ayudan a sobreponernos al dolor. 

Otro de los pilares sobre los que se sostiene la novela de Richard Flanagan es la relación de Dorrigo Evans con Amy, la esposa de su tío, un apasionado romance cargado de fatalidad y erotismo, potenciados quizá por el trasfondo bélico del mismo. La abrupta interrupción de este amor tan intenso como prohibido deja en Dorrigo una huella que el tiempo nunca llega a borrar. Ya en su vejez, cansado de méritos, condecoraciones y reconocimientos que no le van a devolver ni una centésima parte de lo que perdió como prisionero, Dorrigo continúa percibiendo las resonancias de esta relación infructuosa y persigue su eco por las camas de cientos de mujeres ajenas a sus tribulaciones. Ahora bien, ¿existió de verdad aquel amor de juventud? ¿Va Dorrigo Evans detrás de un recuerdo o de un ideal? ¿Qué queda de nosotros tras una experiencia tan traumática sino una simple carcasa, un fósil tallado para siempre en la misma y terrorífica época?

Una de las pocas pegas que se le pueden achacar a una obra, por lo demás intachable, es que da la sensación de que el autor ha querido redondear demasiado su final estirándolo innecesariamente y provocando que el último trecho no deslumbre tanto como el resto de la novela. Aún así, El camino estrecho al norte profundo me ha parecido una lectura sobresaliente, un libro muy recomendable que destaca sobre todo por su elevada carga emocional, la crudeza de sus descripciones y su profunda inspiración en la literatura japonesa, presente incluso en el propio título. No lo dejéis escapar.         



Título original: The Narrow Road to the Deep North
Traducción: Rita da Costa
Año: 2013
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 448
Valoración: ★★★★





Colm Tóibín - Brooklyn

viernes, 4 de marzo de 2016


► Título originalBrooklyn
► Traducción: Ana Andrés Lleó
► Año de publicación: 2009
► Editorial: Lumen
 Páginas: 320



Si algo bueno tienen las adaptaciones cinematográficas es que de vez en cuando sacan a relucir obras que de cualquier otro modo nos hubieran pasado totalmente desapercibidas. Al menos, ese ha sido mi caso con la aclamada novela del escritor irlandés Colm Tóibín que tanta popularidad ha ido cosechando en los últimos meses, un excelente y delicioso periplo personal que recrea de manera fascinante unas circunstancias históricas muy determinadas, las de miles de trabajadores europeos que tras la Segunda Guerra Mundial se aventuraron a intentar labrarse un futuro en Norteamérica, esa idílica tierra de las oportunidades que los acogería uno tras otro con los brazos abiertos.

Por supuesto, abandonar a su hermana y su madre viuda en una casa que pende económicamente de un hilo tras la marcha de los dos hijos varones no es algo que figure en los planes más inmediatos de Eilis Lacey, una dulce joven irlandesa que se ve obligada a trabajar bajo unas condiciones más bien precarias en un establecimiento de su pequeña localidad, regentada por una mujer autoritaria y con mucha inquina acumulada. Sin embargo, la vida de Eilis da un inesperado vuelco cuando se le ofrece la oportunidad de viajar a Estados Unidos con la promesa de un empleo digno y la posibilidad de prosperar mucho más de lo que nunca sería capaz en su tierra natal. Así pues, cargada con un equipaje repleto de miedos, inseguridades y muchas incertidumbres, Lacey finalmente decide emprender dicho viaje con la esperanza de ayudar a su familia, sin ser ni por asomo consciente de todo lo que Nueva York tiene preparado para ella.

Y, mientras el tren cruzaba Macmine Bridge en dirección a Wexford, Eilis imaginó los años venideros, cuando aquellas palabras significaran cada vez menos para el hombre que las había escuchado y cada vez más para ella.

Así pues, la novela de Tóibín se centra principalmente en el dificultoso proceso de adaptación de Eilis a su nuevo entorno, una ciudad —al contrario que el apacible y casi bucólico pueblo del que procede— bulliciosa, despiadada y glacial, muy alejada del terreno fértil que Eilis necesita para echar raíces. Aunque la estancia de Eilis en Estados Unidos no está marcada por ningún acontecimiento trágico ni obstáculos imposibles de superar (más allá del típico choque cultural que deviene en un extrañamiento crónico hacia todo lo que encuentra a su paso), la añoranza por su patria y por sus seres queridos es una espina clavada muy hondo en el corazón de Eilis. Sin embargo, el ajetreo de la vida cosmopolita, las pequeñas vicisitudes de su puesto como vendedora de medias, la concentración que requieren sus estudios de contabilidad y el contacto con nuevas gentes y situaciones acaban desdibujando, de manera muy sutil, primero la nostalgia y más tarde su estrecho vínculo emocional con el pasado.

Toda esta evolución aparece perfectamente plasmada en la novela y adquiere una importancia crucial cuando Eilis recibe noticias desde Irlanda que la obligan a regresar. Allí, atrapada entre un montón de recuerdos y compromisos familiares, Eilis debe hacer frente a un duro dilema: sopesar los dos platos de la balanza entre los que se divide su vida y decidir cuál importa más. Es en esta parte de la novela cuando uno se da cuenta de lo bien orquestada que están todas las anteriores, cómo Tóibín va construyendo una historia profunda, significativa y cargada de dramatismo con una prosa que no requiere de grandes alardes estilísticos ni drásticas soluciones narrativas, sino que se caracteriza en todo momento por su elegancia, sobriedad y contención. Que Tóibín consiga con tan pocas palabras transmitir de forma íntegra los pensamientos, emociones y debates internos de la protagonista es algo sencillamente maravilloso y que contribuye en gran medida a que percibamos el cariz trágico de su situación.

Cierto es que a lo largo de Brooklyn hay muy pocos momentos de intensidad emocional. No obstante, su disposición estratégica eleva la contundencia del resultado global. Pensando fríamente, no se trata la de Tóibín de una novela excepcional ni rompedora en ningún sentido concebible. Pero el eco que produce resuena con una fuerza increíble y te deja con una devastadora reflexión sobre el destino, el amor, la familia y la fuerza con la que tira de nosotros aquello que decidimos llamar hogar. No sé hasta qué punto los que ya hayan visto la película disfrutaran con la historia original, pero si aún no habéis tenido la ocasión de sumergiros en esta apasionante obra en cualquiera de sus variantes, no perdáis más el tiempo. Estáis ante una opción sumamente recomendable, tierna y conmovedora, capaz de dejar una profunda huella. 



Reseña "Las luminarias"

viernes, 6 de marzo de 2015

Título: Las luminarias
Autora: Eleanor Catton
Año: 2014
Editorial: Siruela
Páginas: 808
Precio: 26.00 €

Un tempestuoso día de enero una prostituta es arrestada. Ese hecho podría pasar desapercibido en mitad de la fiebre del oro que recorre la costa de Nueva Zelanda en el año 1866, si no fuera por los otros tres acontecimientos misteriosos que se producen el mismo día: se descubre una enorme fortuna en la casa de un borracho indigente, un hombre rico desaparece y un capitán de navío de mala reputación suspende todos sus tratos y leva anclas, como si pretendiera darse a la fuga. Los tres hombres están conectados con Anna Wetherell, la prostituta en cuestión. Los doce hombres más poderosos de la ciudad se reúnen en la taberna local para debatir sobre esta secuencia de hechos aparentemente fortuitos, pero su asamblea es interrumpida por la llegada de un extraño: el joven Walter Moody, que también esconde su propio secreto… Moody pronto se verá involucrado en el misterio: una red de destinos y fortunas que resulta tan compleja y tan bien intrincada como el firmamento nocturno.


Posiblemente hayáis oído hablar de esta novela. Si no es así, cobra fuerza la teoría de que ni siquiera la concesión de uno de los premios literarios más importantes que se otorgan hoy día en lengua inglesa (fue galardonada en 2013 con el Man Booker Prize) puede hacer frente a una demoledora campaña de marketing que consiga acaparar todos los centros de atención mediática y así barrer fulminantemente a la competencia. Porque, en un desesperado intento de incentivar su compra, supongo que con la lucrativa campaña de navidad puesta en mira, Siruela decidió relegar la publicación de Las luminarias al poco habitual mes de diciembre, quedando esta extraordinaria historia excluida casi con toda probabilidad de aparecer en las listas donde figura lo mejor del año y dejándonos a los que anhelábamos de manera impaciente su puesta en venta la desalentadora sensación de que Eleanor Catton y su imponente obra maestra han pasado injustamente desapercibidas. Sin embargo, ha llegado la hora de ajustar cuentas. La venganza de los libros ninguneados por el calendario comercial se aproxima. Es el momento de pedir silencio, subirse al estrado y anunciar con voz fuerte ante una expectante audiencia que Las luminarias es, con toda seguridad, una de las mejores novelas que vais a poder encontrar este año en las librerías.

Por si acaso os lo preguntáis: no, no me han pagado ni un solo céntimo por decir eso. No le debía ningún favor a la señora Catton. Mi exacerbada euforia propagandística nace de un sentimiento auténtico y genuino, de la convicción firme, meditada e inamovible de que es casi imposible toparme entre las novedades de los próximos meses con una novela de calidad superior. Sencillamente, lo que ocurre con Las luminarias es que reúne todas las características narrativas que estimulan mis centros de placer. Es ambiciosa, detallista, sofisticada e hipnótica. Onírica, pero solo de una forma sugerente, sin llegar a levantar del todo los pies del suelo. Posee una estructura laberíntica en la que resulta tan fácil como placentero perderse. Parte de un planteamiento convencional (imitando la tradición estilística de la novela victoriana) al que la autora después le infunde una vibrante e innovadora perspectiva, capaz de derrumbar por completo nuestras impresiones iniciales sobre una historia que se asemeja, en palabras de la propia Catton, a una esfera dentro de otra esfera. Además, por ella deambulan infinidad de personajes absolutamente carismáticos e inolvidables, de esos marcados y que dejan marca, y se solapan multitud de tramas (cada cual más enrevesada que la anterior) que consiguen mantener siempre alto el nivel de tensión narrativa.

Espera... ¿que aún no has quedado convencido? Pues bien, desarrollemos lo anterior.

La chispa que enciende el fuego de Las luminarias: arrastrado por turbios asuntos familiares, el joven Walter Moody aterriza en la ciudad neozelandesa de Hokitika e interrumpe una reunión clandestina en la que doce hombres tratan de dilucidar una serie de acontecimientos extrañamente relacionados entre sí; la detención de una prostituta llamada Anna Wetherell figura como el detonante, en apariencia inexplicable, de otros tres sucesos no menos desconcertantes, a saber, la aparición de una cuantiosa fortuna en casa de un pobre borracho, la misteriosa desaparición del hombre más rico de la ciudad y la repentina huida de un pendenciero capitán de barco. A partir de ese momento, Moody será el encargado de escuchar las distintas versiones de la historia y, como un experimentado sastre que corta, selecciona y recompone las telas en su taller, tendrá sobre sus espaldas la enorme responsabilidad de confeccionar con las piezas a su alcance una visión global del relato que involucra a todos esos hombres.

A esta ya de por sí titánica tarea se suma un laborioso elemento esotérico. Y es que Eleanor Catton ha dividido su novela en doce partes, cada una de ellas encabezada por una carta astral que configura y determina hasta cierto punto el impetuoso comportamiento de los personajes. Así pues, ya sean sibilinas prostitutas, traficantes de opio, respetables banqueros, empresarios sin escrúpulos, jornaleros en busca de oro o periodistas a la caza de noticias frescas, los distintos elementos de la novela se mueven por las pintorescas calles de Hokitika como piezas de un tablero celestial, obedeciendo a los inexplicables designios de oscuras fuerzas superiores mientras el lector observa absorto una impetuosa e ilusoria corriente de caminos que se entrecruzan y trazan un minucioso mapa con lo peor del alma humana: las pasiones descontroladas, la ambición desmedida, el carácter corruptor del poder o la incapacidad de resistir indefinidamente el influjo de nuestras más arraigadas adicciones. El resultado definitivo de toda esta potente maquinaria narrativa es una novela estratosférica, estelar, una obra exquisita y casi perfecta que nos mantiene en vilo durante todo su recorrido, solo para darle una magistral vuelta de tuerca al final. Pero, ¡basta! No adelantemos más acontecimientos. No subamos el telón antes de tiempo. Lo mejor de todo es que os sumerjáis dentro de Las luminarias con la sola idea de aprovechar al máximo cada etapa del viaje. Sin provisiones, sin ambages ni excesivos conocimientos previos. Solo el firmamento y las estrellas.  



 
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