► Título original: Things in Nature Merely Grow
► Traducción: Virginia Higa
► Año: 2025
► Edición: Chai Editora (2025)
► Páginas: 154
En la naturaleza las cosas crecen es, posiblemente, el libro de memorias más inaccesible que se haya publicado nunca. Un libro que duele antes de abrirlo, difícil de abordar por el simple motivo de su existencia. Ni siquiera la curiosidad mórbida compensa la inmensa desolación que supone aproximarse al abismo al que nos arroja la autora. Y es que, en este breve pero impactante volumen, Yiyun Li (Pekín, 1972) nos habla con una entereza que no deja de sorprender sobre la experiencia de perder a sus dos hijos adolescentes, Vincent en 2017 y James en 2024, después de que ambos cometieran suicidio en circunstancias similares.
A pesar del inconcebible horror que supone para unos padres atravesar un duelo como ese, Yiyun Li consigue encontrar fuerzas de flaqueza para escribir sobre la muerte de sus hijos con una claridad emocional e intelectual que son dignas de admiración. En una especie de híbrido narrativo que mezcla autobiografía y ensayo, Yiyun Li reflexiona, mirando en el espejo de la literatura, la desconcertante proximidad entre la razón y la locura que se hace evidente cuando tienes que dar sepultura a tu descendencia. Lejos de ser un texto de superación, pues la autora rechaza con ahínco tal posibilidad, Yiyun Li ha elaborado una obra demoledora y certera que se lee como un acto de aceptación radical, un manifiesto contra la esclavitud del sufrimiento que pasa por abrazar el vacío inconmensurable y aprender a vivir en él.
En la naturaleza las cosas crecen es asimismo un intento necesario por entender lo que tantas veces escapa a la comprensión. Gracias a la escritura sorprendentemente sosegada y evocadora de Yiyun Li, las páginas de este libro sirven como espacio para reconstruir la personalidad arrolladora y ciertamente compleja de sus hijos, no tanto con la intención de retenerlos, sino con la esperanza de apaciguar la culpa por no haber sido capaz de detectar su determinación de abandonar el mundo. Yiyun Li habla con voz calmada, pero atronadora, sobre los entresijos de la ausencia, de las limitaciones de la escritura para capturar los matices de la emoción, así como de sus propias y estremecedoras batallas en el campo de la salud mental a propósito de una relación de absoluto sometimiento a los exabruptos de una madre maltratadora.
Existe en el tono de Yiyun Li una voluntad tan inquebrantable, una autoridad tan imponente desde su condición de víctima de unas circunstancias atroces, que la lectura de En la naturaleza las cosas crecen se paladea con cierta solemnidad funeraria. A pesar de los hechos tan dramáticos en las que se basan, las memorias de Yiyun Li irradian una cualidad luminosa, incluso esperanzadora. Hay aquí mucha desmitificación del duelo, de los incómodos rituales que representan las partes involucradas en el proceso, de las impertinencias y lugares comunes que suceden cuando no se sabe exactamente qué decir y la mejor opción que se nos ocurre es sencillamente no decir nada.
Afortunadamente, detrás del ensañamiento mediático, las declaraciones desafortunadas y los agravios escondidos tras una fachada de buenas intenciones, Yiyun Li encuentra razones para celebrar la amistad auténtica, la creación literaria y la ejemplar resiliencia de la naturaleza como refugios contra el malestar insoportable de los golpes y desdichas que trae la vida. Desprovista por completo de autocompasión y sentimentalismos, En la naturaleza las cosas crecen es una indagación sin paliativos en el núcleo mismo de los mecanismos que hemos desarrollado para sobrevivir al trauma, una observación lúcida, inspiradora, visceral y convincente —diría, incluso, incontestable— que nos permite vislumbrar un reino al que las palabras, por desgracia, no llegan.
«No quiero un punto final para mi tristeza. La muerte de un hijo no es una ola de calor o una tormenta de nieve, no es una carrera de obstáculos que hay que correr y ganar, tampoco una enfermedad aguda o crónica de la que hay que recuperarse. ¿Qué es el duelo más que una palabra, un atajo, una simplificación de algo mucho más grande que esa palabra?»
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