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Yiyun Li - En la naturaleza las cosas crecen

domingo, 11 de enero de 2026



► Título original: Things in Nature Merely Grow
► Traducción: Virginia Higa
► Año: 2025
► Edición:  Chai Editora (2025)
► Páginas: 154


En la naturaleza las cosas crecen es, posiblemente, el libro de memorias más inaccesible que se haya publicado nunca. Un libro que duele antes de abrirlo, difícil de abordar por el simple motivo de su existencia. Ni siquiera la curiosidad mórbida compensa la inmensa desolación que supone aproximarse al abismo al que nos arroja la autora. Y es que, en este breve pero impactante volumen, Yiyun Li (Pekín, 1972) nos habla con una entereza que no deja de sorprender sobre la experiencia de perder a sus dos hijos adolescentes, Vincent en 2017 y James en 2024, después de que ambos cometieran suicidio en circunstancias similares.

A pesar del inconcebible horror que supone para unos padres atravesar un duelo como ese, Yiyun Li consigue encontrar fuerzas de flaqueza para escribir sobre la muerte de sus hijos con una claridad emocional e intelectual que son dignas de admiración. En una especie de híbrido narrativo que mezcla autobiografía y ensayo, Yiyun Li reflexiona, mirando en el espejo de la literatura, la desconcertante proximidad entre la razón y la locura que se hace evidente cuando tienes que dar sepultura a tu descendencia. Lejos de ser un texto de superación, pues la autora rechaza con ahínco tal posibilidad, Yiyun Li ha elaborado una obra demoledora y certera que se lee como un acto de aceptación radical, un manifiesto contra la esclavitud del sufrimiento que pasa por abrazar el vacío inconmensurable y aprender a vivir en él.

En la naturaleza las cosas crecen es asimismo un intento necesario por entender lo que tantas veces escapa a la comprensión. Gracias a la escritura sorprendentemente sosegada y evocadora de Yiyun Li, las páginas de este libro sirven como espacio para reconstruir la personalidad arrolladora y ciertamente compleja de sus hijos, no tanto con la intención de retenerlos, sino con la esperanza de apaciguar la culpa por no haber sido capaz de detectar su determinación de abandonar el mundo. Yiyun Li habla con voz calmada, pero atronadora, sobre los entresijos de la ausencia, de las limitaciones de la escritura para capturar los matices de la emoción, así como de sus propias y estremecedoras batallas en el campo de la salud mental a propósito de una relación de absoluto sometimiento a los exabruptos de una madre maltratadora.

Existe en el tono de Yiyun Li una voluntad tan inquebrantable, una autoridad tan imponente desde su condición de víctima de unas circunstancias atroces, que la lectura de En la naturaleza las cosas crecen se paladea con cierta solemnidad funeraria. A pesar de los hechos tan dramáticos en las que se basan, las memorias de Yiyun Li irradian una cualidad luminosa, incluso esperanzadora. Hay aquí mucha desmitificación del duelo, de los incómodos rituales que representan las partes involucradas en el proceso, de las impertinencias y lugares comunes que suceden cuando no se sabe exactamente qué decir y la mejor opción que se nos ocurre es sencillamente no decir nada.

Afortunadamente, detrás del ensañamiento mediático, las declaraciones desafortunadas y los agravios escondidos tras una fachada de buenas intenciones, Yiyun Li encuentra razones para celebrar la amistad auténtica, la creación literaria y la ejemplar resiliencia de la naturaleza como refugios contra el malestar insoportable de los golpes y desdichas que trae la vida. Desprovista por completo de autocompasión y sentimentalismos, En la naturaleza las cosas crecen es una indagación sin paliativos en el núcleo mismo de los mecanismos que hemos desarrollado para sobrevivir al trauma, una observación lúcida, inspiradora, visceral y convincente —diría, incluso, incontestable— que nos permite vislumbrar un reino al que las palabras, por desgracia, no llegan. 


«No quiero un punto final para mi tristeza. La muerte de un hijo no es una ola de calor o una tormenta de nieve, no es una carrera de obstáculos que hay que correr y ganar, tampoco una enfermedad aguda o crónica de la que hay que recuperarse. ¿Qué es el duelo más que una palabra, un atajo, una simplificación de algo mucho más grande que esa palabra?»


★★★

Anne de Marcken - Dura una eternidad y en un instante se acaba

viernes, 12 de diciembre de 2025



► Título original: It Lasts Forever and Then It's Over
► Traducción: Ce Santiago
► Año: 2024
► Edición:  Sexto Piso (2025)
► Páginas: 142


Semanas después de haber leído este libro sigo sin haber terminado de digerirlo. Y es que la muerte, no podemos negarlo, es un evento que se le atraganta a cualquiera. Sin embargo, el excepcional e indescriptible debut literario de Anne de Marcken es aún más difícil de explicar que el hecho de estar un día en el mundo y de repente no. Esto no va de vivos que descubren el absurdo de continuar existiendo como si nada después de haber perdido a alguien muy importante, ni tampoco de plañideras diatribas filosóficas sobe el proceso de duelo. Con su intrépida, brillante e inclasificable novela Anne de Marcken le ha dado la vuelta al espejo para que dejemos de mirar nuestro reflejo e imaginemos lo que sería echar un vistazo al misterio del otro lado. Porque la muerte es jodida, sí, pero mucho más jodido es morirse.

La protagonista de Dura una eternidad y en un instante se acaba es una mujer que solía estar viva. Convertida en una «no muerta» y despojada de cualquier recuerdo, la narradora deambula por las habitaciones de un hotel decrépito donde otros «no muertos» como ella tratan de recomponer los pedazos de su identidad perdida. La novela está poblada por seres enigmáticos que cuentan con la perseverancia motivacional de un fantasma y la progresiva descomposición física de un zombie, pero con una sensación permanente de confusión y perplejidad que los hace más humanos que nunca. Personas cuyos nombres han sido olvidados y se ven en la necesidad de adjudicarse unos nuevos mientras cargan con el peso de una historia sin resolver, una extremidad recién caída o el incesante graznido de un cuervo alojado en el pecho.

Empujada por un hambre voraz y por la desoladora certeza de haber amado, pero sin acordarse de a quién, la protagonista de Dura una eternidad y en un instante se acaba emprende una suerte de road trip alucinógeno hacia el oeste que la llevará a descubrir paisajes y escenas totalmente insólitas, dignas de una película de David Lynch sobre el apocalipsis. En ese sentido, la novela de Anne de Marcken es un ejercicio narrativo altamente experimental que conducirá a la más absoluta frustración a quienes traten de interpretar todos y cada uno de sus elementos. Si bien no es una obra impenetrable, es profundamente alegórica y escurridiza, caprichosa e impredecible, cosa que para algunos supondrá un escollo insalvable y para otros su característica más preciada.

Desde luego, lo que no hará la propuesta de Anne de Marcken es dejarte indiferente. Entre imágenes de una belleza sobrenatural y contundentes reflexiones sobre la fugacidad del tiempo o la volatilidad de la memoria, la escritora estadounidense crea una atmósfera tan fascinante como absorbente que nos lleva a contemplar el amor como una fuerza indestructible que persiste más allá del más allá. En la apasionante y poética novela de Anne de Marcken, ni el olvido ni la aniquilación aparente del ser humano pueden acabar con la necesidad insaciable de respuestas, con la búsqueda de un reencuentro capaz de devolvernos, si no el amor, al menos llenar el vacío insoportable de su ausencia.

Por paradójico que resulte, no parece haber mejor modo de entender la complejidad de la vida que indagar en lo que ocurre tras su completa desintegración. Dura una eternidad y en un instante se acaba es el rocambolesco escenario donde Anne de Marcken representa de manera simbólica un drama que, no por cotidiano, resulta menos descorazonador. Entre las páginas de esta novela, de las más originales que se han escrito en los últimos años, ocurre una magia tan íntima como frágil, susceptible de romperse el truco cuanto más se empeñe uno en verle las costuras. La odisea de la protagonista es también la de quien la lee, pues no hay viaje sin peaje y, en el caso de esta obra, de excepcional planteamiento e imperfecta ejecución, cuanto más avanzas mayor es el riesgo de perder la estabilidad emocional o la habilidad de distinguir lo fantástico de lo real. A pesar de su manifiesta excentricidad, Dura una eternidad y en un instante se acaba es una experiencia única, de frases y sensaciones inolvidables. Una rara avis literaria donde el tiempo, así como el amor, se dilatan hasta el infinito y tú, ese pronombre indefinido, promiscuo y expansivo, se convierte en el espacio entre yo y yo.


«Las únicas cosas que permanecen son las inalcanzables. Las cosas que son demasiado grandes o demasiado lejanas o se mueven tan despacio que son indetectables. Suaves. Con plumas. Amadas. Ya perdidas. Siempre serán lo que de verdad son, y nunca sabrás qué nombre ponerles.»



Anne Tyler - Tres días de junio

jueves, 4 de diciembre de 2025



► Título original: Three Days in June
► Traducción: Ana Mata Buil
► Año: 2025
► Edición:  Lumen (2025)
► Páginas: 192


Gail Baines no está pasando por su mejor momento. A sus sesenta años, su jefa, directora del centro de estudios donde trabaja, le comunica su despido justo cuando Gail estaba esperando un ascenso. Es la víspera de la boda de su hija Debbie, y para colmo, su exmarido Max se presenta en su casa sin previo aviso buscando alojamiento y con una gata atigrada bajo el brazo. Y si Gail pensaba que esta explosiva confluencia no podría volverse más complicada, Debbie le confiesa a sus padres un preocupante descubrimiento sobre su futuro marido que podría poner en peligro la inminente ceremonia.

En su más reciente novela, Anne Tyler (Minneapolis, 1941) se vale de un acontecimiento crucial en la vida de cualquier persona para realizar una sofisticada meditación sobre la trascendencia de lo cotidiano. La crisis provocada por las dudas de Debbie sobre su matrimonio removerá una serie de vivencias en la protagonista que dan forma a la excepcional tensión narrativa del relato y nos plantean interesantes cuestiones acerca del pasado, la culpa, la naturaleza escurridiza de las relaciones y los límites del conocimiento que podemos obtener de nosotros mismos y de los demás.

Para sorpresa de Gail, Debbie decide creerse las rocambolescas explicaciones de su prometido y sigue adelante con los preparativos, provocando las reticencias de una madre que sabe de primera mano lo fácil que resulta enmascarar las traiciones, especialmente cuando contar la verdad pueda dinamitar la conveniente normalidad sobre con la que se confeccionan nuestros disfraces. Sin duda, Gail Baines es una protagonista fascinante y compleja, uno de los personajes más profundos, claroscuros y moralmente cuestionables que he leído en mucho tiempo y que soporta, con deslumbrante gracilidad, el peso de una historia tan emocionante como cautivadora, capaz de devolverte la fe en la posibilidad de reconciliarse con esos capítulos de nuestra vida que creíamos cerrados.

Como su propio nombre indica, Tres días de junio es una obra dividida en tres actos, tres jornadas vibrantes y frenéticas que demuestran, no solo la excepcional maestría de Anne Tyler para convertir lo trivial en algo transformador, sino el potencial que encierran 72 horas para poner patas arriba tus certezas más afianzadas y exponer el relato de toda una vida bajo una luz más esclarecedora. A pesar de la engañosa simplicidad de una novela sustentada sobre escenas de utilitarismo doméstico, emociones soterradas y conversaciones mundanales, pero siempre al borde de una contenida quiebra, Tres días de junio contiene una sensacional carga dramática que convive, no obstante, con el riesgo de pasar desapercibida.

Por suerte, no ha sido mi caso, pues he disfrutado de lo lindo con esta brillante novela que me ha atrapado de principio a fin, y que te mantiene en suspense ante la cantidad de cosas que pueden saltar por los aires mientras te va desgranando con destreza y empatía los entresijos de su protagonista, azuzada por sus dilemas, sus decisiones, quizá erróneas, y sus expectativas frustradas. Tres días de junio es una maravillosa, sutil y reconfortante meditación sobre la resiliencia del amor, sobre las causas que lo despiertan, lo truncan o lo posponen, sumiéndolo en un letargo del que amenaza con regresar en un momento más oportuno, cuando estamos más receptivos o, en el peor de los casos, más desprevenidos. Anne Tyler demuestra, después de una trayectoria compuesta por más de 20 novelas, que sigue siendo una absoluta experta en el arte de crear atmósferas minimalistas, íntimas e introspectivas, material con el que fabrica historias absolutamente ordinarias, pero no por ello menos inolvidables.


«La rabia sabe mucho mejor que la tristeza. Es más limpia, en cierto modo, y más definida. Pero luego, cuando la rabia se esfuma, la tristeza vuelve a ocupar su sitio, igual que siempre.»


★★★

Rachel Kushner - El lago de la creación

domingo, 30 de noviembre de 2025



► Título original: Creation Lake
► Traducción: Javier Calvo
► Año: 2024
► Edición:  Alianza de Novelas (2025)
► Páginas: 448


De Rachel Kushner (Oregón, 1968) solo había leído su novela Los lanzallamas (Galaxia Gutenberg, 2014), pero lo cierto es que dejó una impresión tan honda en mi mente, una sensación tan acuciante de originalidad y frescura nunca antes experimentadas, que no necesité más motivos para alistarme en el ejército de fieles que tiene la escritora norteamericana, múltiples veces finalista del prestigioso National Book Award. Con su trabajo más reciente, El lago de la creación, Kushner emprende una incursión inclasificable por las cloacas del espionaje gubernamental y se adentra en una célula ecoterrorista de la Guyena francesa para hacer una reflexión sobre el destino de la humanidad en unos términos que te van a dejar con la boca abierta y el culo torcido.

En efecto, la especialidad de Rachel Kushner es armar auténticos novelones con piezas que ningún otro escritor en su sano juicio ni siquiera intentaría encajar. En el caso de El lago de la creación, el rompecabezas más intrincado y sublime de la obra es resolver la incognoscible identidad de su protagonista, Sadie Smith. En su misión actual, Sadie es una agente secreta que trata de infiltrarse en una organización conocida como Le Moulin, una especie de comuna hippie que lidera el carismático Pascal Balmy bajo los preceptos ideológicos de Bruno Lacombe, ídolo del activismo radical de los 60 que ahora, en su vejez, mantiene una extensa y sesuda correspondencia con la cúpula de Le Moulin defendiendo una regresión evolutiva que nos ayude a comprender el destino último de nuestra especie.

Para lograr su objetivo, Sadie no escatima en recursos ni duda en recurrir a la más retorcida manipulación. Sin apenas esfuerzo, consigue camelarse a un mediocre director de cine, amigo de la infancia de Pascal, que le proporciona una sólida base de operaciones en una finca familiar abandonada, así como la coartada perfecta para estudiar los entresijos de Le Moulin con el fin de descubrir —y, llegado el momento, neutralizar— cualquier indicio de acción violenta que se pueda estar planificando desde dentro. Haciéndose pasar por una traductora comprometida con la causa, Sadie se integra de lleno en la estructura de este reducto utópico que pretende sabotear la construcción de un megaembalse, ejecutando con absoluta profesionalidad su cometido mientras una serie de inquietantes preguntas empiezan a brotar en su mente: ¿cuál es el verdadero cerebro que orquesta los movimientos de Le Moulin? ¿Quién se esconde realmente tras las directrices e informaciones que recibe Sadie? ¿Qué conexión hay entre las diatribas antropológicas de Bruno Lacombe y el necesario desmantelamiento de un capitalismo tardío que amenaza con arrasarlo todo?

Rachel Kushner confirma en El lago de la creación que su inconfundible sello literario, marcado por una curiosidad enciclopédica y una prosa afilada como una cuchilla, no solo permanece intacto, sino que está más vivo que nunca. Si bien la trama de la novela se nota un poco dispersa y no siempre queda claro el mensaje que pretende transmitir, Kushner ha articulado una historia absolutamente fascinante en torno a un personaje de personalidad arrolladora que hace de su supuesto carácter inescrutable el rasgo más definitorio. Mordaz, elocuente, cínica, descarada, por momentos aséptica y, cuando menos te lo esperas, salvajemente divertida, Sadie Smith se echa a las espaldas el peso de una obra cautivadora que transita entre la paranoia «pynchoniana» y el provocador nihilismo de Houellebecq. Con seductor gancho narrativo y contundente rigor periodístico, El lago de la creación encapsula una muestra representativa del poder explosivo, pero contenido esta vez, de Rachel Kushner y nos obliga a considerar la posibilidad de un mundo subterráneo, repleto de intrigas, intereses opacos y fuerzas invisibles, cuya visión para el simple de los mortales constituye un mero espejismo. Habiendo demostrado que no somos dignos de la superficie, quizá sea el momento de recular y volver a las cavernas.


«Pero estoy convencido, decía, de que la forma de liberarnos de lo que somos es averiguar lo que podríamos haber sido, y tratar de restaurar alguna semilla de nuestra esencia perdida.»



Barbara Kingsolver - Demon Copperhead

jueves, 20 de noviembre de 2025



► Título original: Demon Copperhead
► Traducción: Antonio Lozano
► Año: 2022
► Edición:  Navona (2023)
► Páginas: 680


A juzgar por su prestigiosa trayectoria literaria, puede que Barbara Kingsolver (Maryland, 1955) sea una de las voces estadounidenses más reconocidas dentro y fuera de sus fronteras. Autora de obras tan populares como Laguna o La Biblia envenenadafue no obstante con la publicación de Demon Copperhead —su ambiciosa reinterpretación del título de Dickens— cuando Kingsolver alcanzó el estatus de referente global, llevándose galardones de la talla del Women’s Prize o el Premio Pulitzer. Sin embargo, a mí la supuesta obra maestra de Kingsolver se me ha atragantado tanto que casi me tienen que hacer la maniobra Heimlich entre capítulo y capítulo. Sí, debo de ser una de las pocas personas sobre la faz de la Tierra a las que les ha ocurrido, pero Demon Copperhead me ha dejado más congelado que un huérfano londinense del siglo XIX en plena ventisca.

Y eso que la novela de Kingsolver tiene todos los ingredientes para triunfar. Demon Copperhead es una novela monumental y con sabor a clásico que abraza la tradición de las grandes narraciones universales, pero ambientada en una Norteamérica contemporánea cuyo mayor enemigo no es la peste bubónica, sino la plaga de opiáceos que la corroe desde dentro. Hijo de un padre que falleció antes de verlo nacer y una madre alcohólica que ha estado más veces en rehabilitación que Emma Stone en una película de Yorgos Lánthimos, Demon Copperhead se convierte en un niño arrancado de la infancia que aprende a identificar los síntomas de una sobredosis antes que a decir su primera palabra.

En la práctica, Demon se criará con los Peggot, un multitudinario y entrañable clan de vecinos acosados por sus propios fantasmas que le enseñarán al joven protagonista el valor de los vínculos y la importancia de la familia que se escoge. Pero la felicidad, en la novela de Kingsolver, no es un destino reservado a los marginados, y los trabajadores sociales encargados de velar por su bienestar no tardarán en mostrarle a Demon la puerta de entrada al pasaje del terror que es el sistema de casas de acogida de Estados Unidos. A través de una mirada enternecedora y descarnada, Kingsolver arroja luz sobre las cavidades de una estructura institucional que, lejos de sustentar y dar cobijo, parece el punto de encuentro de los despojos más abyectos que se puedan imaginar: una red tejida por hilos de abuso y negligencia donde los más vulnerables son tutelados por todo tipo de monstruos.

En estos ambientes, Demon Copperhead forjará una identidad basada en la pérdida, la ausencia de referentes y el salvaje instinto de supervivencia. Demon hará pie en los fondos más depravados de la adicción, el maltrato y la esclavitud infantil, pero también paladeará las mieles del éxito como estrella juvenil del deporte y como objeto de deseo adolescente. Barbara Kinsolver ha escrito una devastadora bildungsroman con un importante componente de historia de superación en la que el protagonista nunca corre lo bastante rápido como para escapar de sus circunstancias. A pesar de su socarrona e inconfundible voz narrativa, Demon Copperhead se ve lastrada por la aplastante homogeneidad de su perspectiva. Creo que a una novela tan amplia y con tanta variedad de personajes le hubiera venido bien una alternancia de narradores que contrasten con el tono sombrío y apesadumbrado del personaje principal.

Puede que la fórmula de Barbara Kingsolver fuera perfecta. Puede que reuniese todas las características para ser una novela épica. Pero lo cierto es que, lejos de inolvidable, Demon Coppehead me ha parecido infumable. Obra consolador, es decir, de ejecución sobresaliente, pero fría en el sentimiento. A pesar de los desgarradores acontecimientos que se narran, Barbara Kinsolver cae con demasiada frecuencia en la autocompasión, la afectación y la caricatura como para resultarme mínimamente emocionante el desarrollo de la trama ni el fracaso existencial de unos personajes condenados a repetir el ciclo de miseria, pobreza y muerte en el que han sido concebidos. Errabunda, lacrimógena, con personajes de caracterización deficiente y, lo peor de todo, extremadamente aburrida, Demon Copperhead es el perfecto ejemplo de que explicar en vez de mostrar puede aniquilar lo que podría haber sido una muy buena novela.


«Si vives lo suficiente, todo aquello que has amado encuentra la manera de volverse en tu contra hasta dejarte lisiado. Lo más sorprendente es que uno pueda llegar a este mundo sin nada y abandonarlo sin nada, y aun así perder tanto por el camino.»



Abigail Thomas - Lo que viene después... y que te guste

domingo, 16 de noviembre de 2025



► Título original: What Comes Next and How to Like It
► Traducción: Regina López Muñoz
► Año: 2015
► Edición:  Errata Naturae (2025)
► Páginas: 320


En el tercer volumen de sus memorias —Lo que cabe en un instante (Errata Naturae, 2024), Una vida de tres perros (Errata Naturae, 2023)—, la escritora norteamericana Abigail Thomas desgrana un episodio de su vida al que pocas personas pueden ponerle palabras. ¿Cómo se afronta el descubrimiento de que tu mejor amigo mantiene una aventura con tu hija? ¿Cómo se habla de la ciega negligencia que permite a la traición abrir una grieta tan profunda? Pues, por supuesto, no hablando de ello en absoluto. No sin pasarlo antes por el esclarecedor filtro de la literatura. Poseedora de una sabiduría casi ancestral, Abigail Thomas demuestra conocer perfectamente cómo operan los intrincados mecanismos del recuerdo y las historias que nos contamos a nosotros mismos, ofreciendo en Lo que viene después... y que te guste un emocionante ejercicio de narrativa mayúscula donde los momentos complicados de la vida prevalecen como el terreno del que brota la verdad más pura.

Lo que viene después... y que te guste aborda de manera absolutamente libre de ataduras la rocambolesca amistad de Abigail Thomas con el conocido agente literario Chuck Verrill —representante durante muchísimos años de nada más y nada menos que Stephen King—. Esta relación, entrañable, cautivadora y de una tonalidad casi romántica, se verá puesta a prueba cuando Thomas descubra, previa confesión de Verrill, que su alma gemela lleva un tiempo teniendo un lío con su hija Catherine. A través de viñetas que capturan escenas tan cotidianas como sobrecogedoras, Thomas reflexiona sobre el carácter indescifrable de la vida y las relaciones humanas mientras recoge pensamientos sencillamente deslumbrantes que giran en torno al amor, la confianza, la felicidad, el perdón y el arrepentimiento.

Aun con la presencia de episodios ciertamente oscuros, las memorias de Abigail Thomas irradian una fascinante luz. La autora norteamericana entremezcla su ambiciosa labor autobiográfica con su faceta artística, salpicando capítulos de una sombría implicación emocional con arrebatadoras imágenes sobre su proceso creativo a la hora de pintar. En las páginas de Lo que viene después... y que te guste resuenan los pasos de una familia efervescente, cuyos miembros entran y salen de escena a voluntad de la autora para dejar constancia de impresiones deslavazadas pero duraderas. Sin embargo, cuando Catherine sea diagnosticada con un cáncer bastante agresivo, la hija pequeña de Thomas dejará de ser en un mero satélite para convertirse en su dramático centro de gravedad.

Lo que viene después... y que te guste es, en gran medida, un acto de rebeldía contra el paso del tiempo y su ímpetu destructivo, empeñado en borrarlo todo. Desde la atalaya de la vejez y un alcoholismo mal disimulado, Abigail Thomas consigue plasmar con una genialidad indiscutible la absurda arbitrariedad de la memoria, capaz de obviar años y personas enteras mientras se aferra a detalles en apariencia insignificantes que, no obstante, acabamos atesorando como amuletos de un valor incalculable. Gracias a este magnífico volumen de visiones tan fugaces como indelebles, he podido adentrarme en la existencia de una mujer apasionante, inteligente, lúcida y mordaz que indaga en su pasado como recurso para extraer fuerzas con las que encarar el futuro y su inseparable presagio de muerte.

Apasionada de los hombres y los perros a partes iguales —a veces resultan indistinguibles unos de otros—, Abigail Thomas rescata de vivencias absolutamente devastadoras algunas de las enseñanzas más perspicaces y profundas del libro, como si tocar el trauma con los dedos fuese el catalizador de un entendimiento sublime. Y es ese quizá el artificio mejor logrado de una obra extraordinaria, conmovedora, humana a rabiar y completamente recomendable de principio a fin: la impresión de que su autora, tras toda una vida recorriendo escarpadas cimas y hondonadas en penumbra, está menos perdida e indefensa que cualquiera de nosotros.


«Odio el orden cronológico. [...] La idea de que ha pasado esto y luego esto otro y luego esto y lo de más allá, la implacable sucesión de acontecimientos y emociones engarzadas sólo porque los días se suceden y forman semanas que se suceden y se convierten en meses y años, consolida el hecho de que el único fin lógico para el orden cronológico es la muerte.»


★★★

Robert Plunket - Los papeles de Harding

lunes, 10 de noviembre de 2025



► Título original: My Search for Warren Harding
► Traducción: Regina López Muñoz
► Año: 1983
► Edición:  Impedimenta (2025)
► Páginas: 336


Breve pero accidentado, el mandato del republicano Warren G. Harding fue un período de la democracia estadounidense marcado por varios escándalos de corrupción y una tumultuosa vida sentimental cuya versión biografiada se convirtió en un bestseller distribuido de puerta en puerta de forma clandestina. Publicada por primera vez en 1983, Los papeles de Harding, del norteamericano Robert Plunket (Greenville 1945), se adentra de lleno en este infame capítulo de la historia yankee para regalarnos una novela inclasificable, a medio camino entre la comedia de enredo y el reportaje periodístico, sobre un aspirante a escritor que investiga el paradero de la amante de Harding con el objetivo de conseguir el testimonio definitivo del romance más jugoso del siglo.

Así, tras tirar de contactos en el corazón de la industria cinematográfica a través de su amiga Eve Biersdorf, el joven académico Elliot Weiner se instala en la decadente mansión de Rebekah Kinney con la esperanza de engatusar a la vieja y echarle el guante a la colección de fotografías, cartas eróticas y demás memorabilia que documentarían su apasionado idilio con el presidente Harding, así como la existencia de una hija no reconocida, Jonica, cuyas colosales dimensiones físicas y particular sentido de la moda constituyen una fuente inagotable de chascarrillos más bien deplorables por parte de Weiner.

Y es que el personaje central de la novela de Plunket, arquetipo del egocentrismo patoso y la ambición sin escrúpulos, supone el encanto más deliciosamente repulsivo de una novela delirante que sorprende en su absoluto desprecio por la cortesía y las normas del decoro. Elliot Weiner es un protagonista patético, obsesivo y movido por un arribismo supino que no dudará en recurrir a las artimañas más rocambolescas —aunque implique ligarse a individuos que parecen descartes de First Dates— para tratar de lograr un objetivo que se le escurre de las manos de formas absolutamente hilarantes.

Sulfúrica, trepidante y ofensiva a unos niveles que te obligan de vez en cuando echarte las manos a la cabeza, Los papeles de Harding es una histriónica comedia anclada profundamente en el esplendor de la era dorada de Hollywood que, en la novela de Plunket, muestra su cara más vacua y decrépita. Viejas glorias de la pantalla, aspirantes a rutilante estrella y actrices de éxito reconvertidas en locutoras del cotilleo más miserable se dan cita en una obra heterodoxa y muy divertida que, desde la más fehaciente falta de censura, nos recuerda lo refrescante y aliviador que puede llegar a ser indignarse por las patochadas irreverentes de un personaje ficticio.

Alternando una fascinante reconstrucción historiográfica de la vida de Warren Harding —que, francamente, ojalá hubiera ocupado más espacio en la novela— con las andanzas de Elliot Weiner recorriendo yates de lujo, fiestas estrepitosas, salas de urgencias y los antros más nauseabundos de la costa oeste estadounidense, Los papeles de Harding entreteje una historia de amor y estupor que parece una competición a contrarreloj por ver cuál de sus participantes da más vergüenza ajena. Crónica del declive de la sociedad norteamericana y manifestación de su hipocresía moral, Los papeles de Harding puede leerse también como una aproximación insinuante a los vericuetos del deseo homosexual, más sugerente que explícita, donde la atracción descarrila poco después de ponerse en marcha. Con un desarrollo imprevisible y un final sencillamente descacharrante, la novela más emblemática de Robert Plunket supone una interesante reivindicación del desenfreno narrativo más corrosivo, una apología del trasnocheo etílico y la incorreción política capaz de dejarte, como quien se despierta junto a un desconocido tras una buena juerga, totalmente traspuesto.


«Su mujer y su amante fueron su presidencia. Ellas la crearon, ellas le dieron forma, ellas le otorgaron su textura y su dimensión. Y ellas le pusieron fin.»


★★★

Brandon Taylor - Los últimos americanos

jueves, 6 de noviembre de 2025



► Título original: The Late Americans
► Traducción: Juan Nadalini
► Año: 2023
► Edición:  Chai Editora (2025)
► Páginas: 304


Ser joven y estar desorientado siempre han sido dos caras de la misma moneda. Sin embargo, existe la sospecha —no sé si más bien la certeza— de que en los tiempos actuales, donde las condiciones laborales, sociales y sentimentales se inclinan cada vez más hacia una precariedad galopante, labrarse un futuro prometedor está adquiriendo el cariz de una inalcanzable quimera. En su última novela traducida, el escritor norteamericano Brandon Taylor (Prattville, 1989) se hace eco de esta circunstancia para construir un retrato tan honesto como deprimente en el que un grupo de universitarios, profesores y estudiantes de posgrado entrecruzan sus vidas en una amalgama de deseo, excitación, sueños truncados y esperanzas frustradas.

Los últimos americanos está configurado por nueve relatos interconectados que, al más puro estilo Olive Kitteridge, nos ofrecen perspectivas complementarias sobre cómo se desenvuelve la vida en la ciudad de Iowa donde transitan los personajes de la novela. Seamus es alumno de un taller de escritura creativa que encuentra cada vez más ridícula la idea de exponer sus poemas en clase. En un ambiente manifiestamente hostil donde se analiza con severidad la producción literaria más íntima, Seamus se pregunta hasta qué punto tiene sentido la crítica cultural y si la experiencia personal debería ser un sustrato adecuado para encontrar inspiración.

Por otra parte, Fyodor y Timo son una pareja que vive instalada en un conflicto continuo, siendo el trabajo de Fyodor en la industria cárnica el tema favorito de discusión. Incapaz de entender su participación en un sistema que avala y perpetúa la crueldad animal, Timo pondera la viabilidad de una relación aparentemente condenada al fracaso mientras Fyodor lidia con las inesperadas reminiscencias de su pasado familiar. Ivan y Goran, en cambio, hallan en sus respectivos antecedentes económicos la medida de una distancia insalvable. Ivan, de clase media estadounidense, tuvo que renunciar a su prometedora carrera como bailarín de ballet por una lesión después de ver cómo desaparecían los ahorros de sus padres. Goran, sin embargo, es heredero de una gran fortuna que le ha permitido cultivar sus inquietudes artísticas e intelectuales sin ninguna complicación. Por eso, cuando descubre que su novio se ha abierto un perfil en una plataforma de contenido para adultos con el objetivo de financiar sus estudios, Goran se asomará a los retorcidos entresijos de la conciencia de clase.

A este elenco de personajes se unen una plétora de figurantes que, con más o menos peso, con más o menos acierto, suponen el contrapunto que nos permite vislumbrar distintas facetas de los protagonistas, enmarañados en una compleja red repleta de nexos y nudos, algunos de ellos tan sorprendentes como violentos. En última instancia, Los últimos americanos no es una gran novela de personajes ni una historia particularmente cautivadora, sino más bien un fresco impresionista que captura y diría, incluso, caricaturiza ciertas características de una generación abandonada cuyo combustible es el sexo a discreción, la irritabilidad, la tendencia a incomunicarse y las dificultades para alcanzar el compromiso.

Sin duda, el estilo corrosivo y audaz de Brandon Taylor es el aspecto que más me ha gustado de una obra con un inicio altamente prometedor, pero cuyo mensaje queda diluido en un desarrollo demasiado disperso, como si pretendiera tocar muchos palos y no acabase decantándose por ninguno. A pesar de su manifiesta deriva argumental, Los últimos americanos es una interesante y muy oportuna meditación sobre clase, su acuciante predominio sobre el talento, la sencillez con la que exponemos nuestras partes más vulnerables y las veleidades autocomplacientes del ámbito académico, bastión de intelectuales que pretenden explicar el sentido de un mundo que aspiran a comprender, pero del que a menudo se encuentran totalmente alejados.


«A estos poetas les habría resultado más fácil aceptar que a veces mentían, que a veces se equivocaban y que a veces la verdad cambiaba en su interior durante el proceso de escritura. Que a veces los traumas reconfiguraban el vínculo con la verdad pero también con el propio sistema discursivo. Pero no, seguían tanteando. Aventurando sus pésimas ideas y tirando nombres con la esperanza de que alguien les dijera que eran inteligentes, que les dijera que eran brillantes, que eran agudos, radicales, poetas, pensadores, mentes preclaras, aunque no fueran más que unos niños.»


★★

Stephen Graham Jones - Mi corazón es una motosierra

viernes, 31 de octubre de 2025



► Título original: My Heart is a Chainsaw
► Traducción: Manuel de los Reyes
► Año: 2021
► Edición:  La biblioteca de Carfax (2023)
► Páginas: 464


Stephen Graham Jones es, probablemente, el escritor que mejor haya entendido en la última década la fórmula para expandir las barreras del género de terror más allá del nicho. Sí, Graham Jones se ha convertido en poco tiempo en una figura prominente capaz de reinventar algo tan estereotipado como el slasher y descubrir la dimensión más literaria del gusto por la casquería. Misterio, leyendas urbanas, asesinos en serie, lucha de clases, chicas con el destino del mundo en sus manos y un pueblo remoto con un pasado sanguinolento... Mi corazón es una motosierra no solo contiene todos los ingredientes para triunfar entre los amantes del horror más gore, sino que viene dispuesto a serrar en pedazos cualquier noción que creas saber sobre qué significa ser la protagonista de una peli de miedo.

A sus diecisiete años, Jade Daniels es lo que podría denominarse como una auténtica fracasada. Graduada a duras penas en el instituto de secundaria de Proofrock, Idaho, Jade es una cinéfila empedernida, absolutamente obsesionada con las películas de género slasher, que convive con un padre alcohólico y compagina sus labores domésticas con una pena a prestar servicios comunitarios por lo que a todas luces parece un intento de suicidio. Sin amigos a la vista, sin perspectivas de futuro y consumida por una desafiante actitud de asco por la vida, el mundo de Jade Daniels sufrirá un interesante vuelco cuando la llegada de una élite de magnates convierta el pueblo de Proofrock en el escenario de una potencial masacre que solo los enciclopédicos conocimientos de Jade podrán evitar.

Con infinidad de guiños y referencias a la edad de oro del slasher, Mi corazón es una motosierra constituye una exhaustiva carta de amor a este género cinematográfico que desentraña en clave de homenaje el aspecto transformador del asesinato como entretenimiento. Desde Halloween hasta Tiburón, pasando por Scream, Destino FinalPesadilla en Elm Street, Stephen Graham Jones se ha dejado el alma en elaborar el compendio definitivo de un hobby icónico que, en el caso de Jade Daniels, representa más bien una forma de existir. Con una serie de asesinatos cada vez más macabros aterrorizando a la población de Proofrock, Jade Daniels tendrá que profundizar en la historia de la ciudad —salpicada de incidentes tan grotescos como sangrientos— y del inmenso lago que la bordea para entender quién puede estar detrás de los crímenes, cuál es su motivación y de qué manera se puede detener la espiral de violencia que se cierne sobre la protagonista.

Mi corazón es una motosierra es una interesante reinterpretación del slasher que puede leerse como viaje iniciático o ejercicio mortal de autodescubrimiento. Siguiendo las directrices de los maestros del género, Jade Daniels escenifica el argumento de sus películas favoritas en una versión que abraza sin dudar como el sueño húmedo de la fanática que es. Sabiendo que esta historia —como solo puede ser en su caso— no guarda para ella un rol principal, Jade se resuelve a encontrar por todos los medios a la chica final que está destinada a encarnar el papel de heroína. E incluso, si fuese necesario, a convertirse en su instructora. Porque Jade, con su personalidad marginal, su irreverente sarcasmo, su pelo naranja descolorido y su herencia indígena, carece de la pureza necesaria para empuñar el cuchillo que acabe con el monstruo. No, Jade no está hecha para ser la elegida, pero lo cierto es que ha vivido pesadillas más que suficientes para saber cómo se construye una.

Fascinante mezcla de folclore sobrenatural y cultura pop, Mi corazón es una motosierra es una lectura que probablemente apasionará a los fans acérrimos del terror, pero que me ha dejado un sabor de boca agridulce. Creo que la propuesta de Stephen Graham Jones goza de audacia y voluntad de romper moldes, pero el estilo excesivamente recargado y cliché me ha resultado artificioso e impenetrable. Pocas veces he visto a un escritor hacer un uso tan indiscriminado de las subordinadas y el hecho de que la novela esté narrada exclusivamente desde la perspectiva de Jade, un personaje cuyo leit motiv es una recalcitrante angustia adolescente, hace que la narración se sienta poco menos que asfixiante. Luces y sombras de una novela con una personalidad arrolladora, pero que se ve empañada por un tono monocorde y una conclusión tan caótica como anticlimática. Aunque no sea perfecta, ni mucho menos, Mi corazón es una motosierra es una lectura salvaje, descarada y reivindicativa que reclama, desde el lugar donde nacen las más terroríficas fantasías, un espacio para venerar el morbo exhibicionista del slasher. Un culto a la figura de la chica final que resiste, triunfante, las tenazas del trauma hasta que puede asestar la última puñalada.


«Y ahora la encontrarán muerta de frío e inanición en una de esas cabañas, ¿verdad? La fanática del terror reducida a una momia correosa, pasto de las tortugas, los mapaches y los cuervos, con las rodillas recogidas contra el pecho, enterrado por fin su corazón en el único suelo que estaba dispuesto a aceptarlo.»


★★


Avni Doshi - Azúcar quemado

miércoles, 30 de marzo de 2022



Título original: Burnt Sugar
Traducción: Raquel Vicedo
Año: 2020
Edición:  Temas de Hoy (2021)
Páginas: 320


Azúcar quemado es la explosiva carta de presentación con la que Avni Doshi (Nueva Jersey, 1982) irrumpió hace un par de años en el panorama literario, llegando a quedar finalista del Premio Booker en 2020. La autora, estadounidense nacida en el seno de una familia de inmigrantes indios, explora la convulsa relación de la protagonista con su madre, una mujer desagradable y severa que comienza a mostrar síntomas de demencia. «Mentiría si dijera que nunca he sentido placer cuando a mi madre le ocurre una desgracia», confiesa Antara en las primeras líneas de una obra que deja bien claras sus intenciones desde el primer momento.

El origen de tan fascinante y compleja agresividad se encuentra en una infancia problemática, marcada por el inexplicable arrebato de su madre de convertirse en la concubina de un gurú religioso, arrastrando a su hija a una vida repleta de miserias y episodios traumáticos. A raíz de esta época humillante, Antara se ha convertido en una persona rencorosa y desapasionada, una mujer encerrada en sí misma que soporta a duras penas una existencia displicente junto a Dilip, su anodino esposo, mientras trata de expurgar a través del arte los demonios de su pasado. La novela, haciendo uso de una cronología desordenada, permite observar la historia familiar de Antara desde diversos ángulos, todo en un intento desesperado de la protagonista de encontrar sentido al errático comportamiento de su madre ahora que la enfermedad está a punto de arrebatarle sus recuerdos.

Empleando una narración fragmentada, Avni Doshi elabora un contundente relato sobre la íntima enemistad que une a madre e hija, derribando a su paso infinidad de mitos que el resto de mortales hemos erigido en torno a este vínculo sagrado. La propuesta, sin duda, me parece llamativa, pero el motivo por el que no he llegado a conectar con ella es la peculiar voz narrativa que articula la historia. Antara es un personaje interesante, repleto de matices y aristas que van desde la provocación hasta el victimismo, pero vive asentada en una aséptica monotonía que empobrece todos los rincones de la novela. Su fijación obsesiva por los olores y fluidos corporales llega a ser irritante, por no mencionar esos momentos totalmente descontextualizados en los que menciona de manera casual cosas como, por ejemplo, que se imagina follando con su padre.

A pesar de sus aspectos negativos, Azúcar quemado no me ha parecido una novela insustancial. Puede que los riesgos narrativos que asume Avni Doshi no sean santo de mi devoción, pero es indudable que estamos ante una obra perspicaz y provocadora que se sale de la norma. Doshi explora de forma poco ortodoxa cómo el trauma configura nuestra identidad y expone los estragos de la apabullante violencia que se ejerce sobre las mujeres en distintos ámbitos, recreando una visión poco halagadora de la india contemporánea y su vestigial remanente del colonialismo británico. Sin el encanto ni la arrolladora fuerza de otras propuestas similares —pienso en los Apegos feroces de Vivian Gornick—, Azúcar quemado es una obra singular y atípica, pero que resulta mucho menos lacerante de lo que pretende ser. 


«En el ashram había vivido sin ella añorándola al mismo tiempo, pero ahora que estábamos juntas avanzaba desorientada hacia el terror, sentía que me había equivocado, que tal vez no la quería ni la necesitaba, solo para acabar volviendo a la idea con la que había vivido toda mi vida, que estar sin ella era el infierno, la desgracia.»


PUNTUACIÓN: ★★

 
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