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Izumi Suzuki - Aburridísima

viernes, 23 de octubre de 2026



► Título original: Zettai taikutsu
► Traducción: Tana Oshima
► Año: 2021
► Edición:  Consonni (2025)
► Páginas: 224


Considerada como una de las figuras clave de la contracultura japonesa de la década de los 70 y 80, Izumi Suzuki (Shizuoka, 1949) fue una artista multidisciplinar cuya aproximación inaudita y heterodoxa a la literatura de ciencia ficción está encontrando ahora un sorprendente resurgir. Esgrimiendo como carta de presentación una originalidad arrolladora y sin complejos, Aburridísima reúne siete de estas inclasificables rarezas narrativas en un libro que nos permite vislumbrar el genio y la creatividad rebelde de una mujer incapaz de someterse a la perspectiva hegemónica del género.

Y es que, si de algo puede presumir la obra de Izumi Suzuki es de no obedecer ninguna regla ni noción preestablecida. De cuestionar las estructuras vigentes. Sí, las páginas de Aburridísima gritan disidencia por los cuatro costados. Y desde esa grieta que Suzuki abre en las costuras del sistema con su afilada mirada se alzan las voces de aquellos que no pueden seguir acarreando el peso de su existencia vacía. Los personajes de Izumi Suzuki padecen una desazón vital crónica que ni las burdas estratagemas gubernamentales ni el abuso de sustancias recreativas tienen la capacidad de atenuar. El amor, esa fuerza poderosa capaz de cruzar planetas y amenazar imperios intergalácticos, a menudo se nos presenta en estos relatos como un baluarte válido contra la desesperación. Sin embargo, satisfecha la curiosidad inicial o sufrido el coste de las altas expectativas, ninguna relación interpersonal consigue alzarse como vía de escape contra una sordidez que lo impregna todo.

A través de un prisma postapocalíptico e indudablemente punk, Izumi Suzuki explora las tensiones de género, el impacto irreversible de la tecnología y las complejas ramificaciones de la asimilación cultural con occidente que afloraban en el Japón reconstruido tras las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Así, en «Un mundo entre mujeres», por ejemplo, Suzuki fantasea con la posibilidad de una sociedad distópica donde la presencia masculina ha sido reducida a la clandestinidad como castigo por haber convertido el planeta en un infierno y los hombres son enclaustrados en instalaciones dedicadas a conservar sus facultades reproductivas. «You May Dream», por su parte, constituye un intricado e intimista ejercicio de imaginación en el que una joven le pide desesperadamente a su amiga permiso para vivir en sus recuerdos con el fin de evitar los programas de criogenización del gobierno. 

En «Picnic nocturno», un grupo de alienígenas deciden organizar una siniestra acampada disfrazados de seres humanos, mientras que en «El inolvidable Club Náutico», una serie de pacientes se dan cita en una clínica que ofrece un irresistible servicio de reprogramación cerebral. En «El humo en tus ojos», una mujer encadena un fracaso matrimonial tras otro mientras sucumbe a los efectos de una droga diseñada para retrasar el envejecimiento. «Olvidado» es un vertiginoso space opera en miniatura en el que dos amantes ponen en jaque siglos de paz instituida entre dos dinastías ancestrales, mientras que «Aburridísima», que da título a la colección, difumina los contornos del noir para regalarnos un espeluznante descenso a los territorios que el ser humano es capaz de cruzar con tal de sentir algo.

Escalofriante, rocambolesco y lúcido a partes iguales, Aburridísima es un fascinante derroche de futurismo psicodélico que luce como un episodio de Black Mirror pasado por un viaje de ácido. Izumi Suzuki, lejos de ahondar en el prometedor componente especulativo de sus ficciones, utiliza sus premisas como meros decorados donde escenificar el verdadero drama que destilan sus inquietudes literarias: el progreso científico y tecnológico entendido, no como herramienta para acceder a los más altos escalafones del potencial humano, sino como mecanismo de control, empleado para inducir a la más absoluta y decadente alienación. A un aburrimiento terminal. En un mundo obsesionado con la vanidad superflua y la búsqueda constante de atención, los relatos de Aburridísima constituyen una refrescante fantasía pop a la que escapar, aunque sea momentáneamente, lejos de la tiranía del estímulo.


«El número de hombres fue aumentando cada vez más. Fueron probablemente ellos quienes inventaron las guerras y las herramientas para luchar. Y, lo que era peor aún, empezaron a jugar con distintas ideas y a vivirlas con gran entusiasmo. Que si la revolución, que si el trabajo, que si el arte. Invertían una cantidad inútil de energía en cosas sin forma y encima se jactaban de que esa era la característica peculiar de los hombres, la de vivir apasionados por cosas que no tenían ninguna utilidad práctica en la vida cotidiana, como las aventuras y las novelas. Eran como niños pese a ser adultos y simples pese a aparentar complejidad. Unas criaturas totalmente incontrolables.»


★★★☆

Francine Prose - Magnetismo animal

miércoles, 21 de octubre de 2026



► Título original: Animal Magnetism
► Traducción: Daniela Bentancur
► Año: 1978
► Edición:  Fiordo Editorial (2026)
► Páginas: 224


Si hace un par de semanas me hubieran asaltado a punta de pistola para que respondiera quién es Francine Prose (Nueva York, 1947), yo ahora mismo estaría en una morgue con una bala en la cabeza. Sin embargo, una novela olvidada de 1978 que permanecía inédita en español hasta hoy ha conseguido que quiera abogar por la recuperación urgente de esta autora estadounidense con más insistencia que un facha pidiendo la dimisión de Pedro Sánchez. Sin ser, desde luego, una novela rompedora ni especialmente revolucionaria, Magnetismo animal es una incursión en el resbaladizo mundo de las pseudociencias y las curas milagrosas que no solo aborda el tema con una exquisita ambigüedad, sino que lo hace aportando frescura, mordacidad viperina y ausencia, más necesaria que nunca, de maniqueísmos rancios.

La novela de Francine Prose está protagonizada por un joven embaucador francés llamado Charles Delyon Jordan, descarte de la facultad de medicina e hipocondríaco a tiempo completo que, tras una calamitosa estancia en la hacienda azucarera de su tío en la remota Martinica, huye a las gélidas tierras de Nueva Inglaterra con la esperanza de encontrar un remedio para sus males de estómago. Sin embargo, Charles Jordan pronto descubrirá que la ciudad de Lowell, Massachusetts, está muy lejos de albergar la panacea de sus sangrientas diarreas. Lo cual no quita, por supuesto, que no pueda convertirse, con un poco de sugestión y buena fe, en la cuna de un movimiento llamado a erradicar de una vez y para siempre todas las enfermedades del mundo.

Basándose en los postulados de un afamado hipnotista, Charles Jordan se autoproclama portavoz de una terapia innovadora conocida como magnetismo animal, una técnica de dudosa fiabilidad pero infalible eficacia que asegura poder atisbar el tejido conectivo que une a todos los individuos y fuerzas del universo para ahondar en el origen de dolencias que la medicina tradicional no puede diagnosticar. Gracias a la colaboración de una joven llamada Zinnia Turner, trabajadora de la industria textil que vive aquejada por innumerables padecimientos y sujeto extremadamente susceptible a la magnetización, Charles Jordan se embarca en una delirante gira por distintos pueblos y ciudades de Norteamérica dispuesto a satisfacer la insaciable devoción de las masas por el progreso.

Espeluznante y cautivadora a partes iguales, Magnetismo animal es una narración inclasificable, capaz de dinamitar el concepto de realidad empírica y desestabilizar la incredulidad incluso del más escéptico. Por mucho que se quieran encontrar las costuras al relato de los personajes, el tono de la novela está impregnado de un convencimiento infeccioso que se transmite con la peligrosa tasa de contagio de un virus letal. Ensimismados en una sensual suspensión de la lógica, Charles y Zinnia dedican buena parte de la novela a explorar los límites de su «sensación compartida» —que no es sino el nombre que recibe el estado de trance en el que se sumergen durante la magnetización— hasta el punto de difuminar de manera alarmante las barreras tanto materiales como psíquicas que les separan, sin ser conscientes de lo que esa fusión perversa y antinatural pueda revelar.

A medio camino entre la sátira hiperbólica y la ficción especulativa, Magnetismo animal es una lectura completamente apasionante que ahonda, no solo en la susceptibilidad del ser humano a la manipulación y la charlatanería, sino a la fijación obsesiva en la búsqueda del bienestar, la deconstrucción de ciertos roles sociales y la flagrante negligencia histórica de la medicina en lo que concierne a la salud femenina, cuyas particularidades y categorías propias ha constituido —y lo sigue haciendo— fuente de carcajada y bochornoso menosprecio. Directora de un fascinante elenco de personajes que rozan lo absurdo, Francine Prose ha logrado una proeza increíble, y es hacerme incapaz de discernir si los flemáticos personajes de la novela vivían en los Estados Unidos del siglo XIX o los de 2026. Desbordando, además, una prosa de factura excepcional, Magnetismo animal constituye una meditación incisiva y certera en el poder de la creencia como mecanismo para medrar, sí, pero también para sobrevivir. 


«Las palabras le sonaron más y más extrañas a medida que la ganaba el sueño, hasta que en un momento decidió que el magnetismo animal tenía algo que ver con el corral, con la forma en que las vacas y las ovejas hacían fila para ir al matadero.»


★★★☆

David Szalay - La carne

lunes, 19 de octubre de 2026



► Título original: Flesh
► Traducción: Ce Santiago
► Año: 2025
► Edición:  Feltrinelli (2026)
► Páginas: 344


El escritor británico-húngaro David Szalay (Montreal, 1974) ha conseguido con La carne lo que no pudo lograr en 2016 con su novela All That Man Is. Flamante, ahora sí, ganador del Premio Booker, Szalay lleva más de una década intentando, si no redefinir, al menos cuestionar los contornos de esa masculinidad nociva que reside en el núcleo del sistema patriarcal, pero es en La carne donde Szalay parece haber llevado los postulados de su tesis al punto más caliente. Y lo hace, además, con una obra desconcertante, áspera, provocadora e indudablemente controvertida capaz, no solo de escandalizar al más curado de espanto, sino de irritar a quienes enarbolan la literatura como un cáliz de superioridad intelectual.

El protagonista de La carne es un muchacho de quince años llamado István que, tras instalarse junto a su madre en un nuevo apartamento en alguna ciudad de la Hungría postcomunista, narra con desapasionado distanciamiento el confuso despertar sexual de la adolescencia, siempre envuelto en una atmósfera obscena y clandestina. De manera tan repentina como inesperada, István comienza a ser víctima de abusos continuados por parte de su vecina, una señora de cuarenta años, casada y profundamente insatisfecha, que al tomar a István como amante determinará el transcurso de su vida y marcará para siempre su introducción al deseo como un episodio vergonzoso y repugnante a partes iguales.

A lo largo de los capítulos, acompañaremos a István durante diferentes etapas existenciales y seremos testigos de su errático desarrollo como individuo. De trapichero recién salido del reformatorio a traumatizado superviviente de la guerra del Golfo, la vida de István se irá abriendo paso entre un sinfín de accidentados giros y condicionantes históricos sobre los que poca o ninguna influencia parece ejercer, pero que el protagonista transita haciendo alarde de una imperturbable pasividad. Será en Londres, mientras trabaja como portero de discoteca, cuando los pasos de István se crucen con los de un altruista benefactor que catapultará al protagonista a los peldaños más inaccesibles de la escala social y le permitirá cobrar, al menos en apariencia, la merecida compensación por tantos años cargados de miseria.

A pesar de su parquedad y contención narrativa, La carne es un libro profundamente conmovedor escondido bajo una pátina de falsa superficialidad. Aparte de un soberbio ejercicio de estilo que se sostiene casi de forma exclusiva sobre diálogos redundantes, respuestas monosilábicas y frases enunciativas, breves y certeras como un puñetazo, La carne es una fascinante deconstrucción de un prototipo de hombre que, para bien de nuestra sociedad, está condenado a una bendita obsolescencia. Sí, sepultar el sufrimiento, rehuir cualquier tentativa de aproximación emocional o confundir sexo con intimidad ya no son insignias propias de un caballero, sino red flags que abordar en tu próxima sesión de terapia.

Soledad, abandono, embotamiento, indiferencia, disonancia comunicativa... David Szalay enfrenta los grandes monstruos de la masculinidad moderna en un libro impregnado de corporalidad y bajos impulsos. Empleando una deliberada sencillez y loable economía de recursos, pero sin renunciar en ningún momento a la complejidad psicológica ni a los interesantes virajes argumentales, Szalay desviste a la novela de sus atuendos habituales para presentar un personaje absolutamente carismático e inolvidable, desprotegido ante los despiadados envites de la vida en toda su desnuda, cruda y hermética vulnerabilidad. 


«De ahí que estar con alguien le parezca algo arbitrario, y esa sensación de arbitrariedad ha empezado a socavar lo que pudiera quedar de la idea de que existe la persona con la que de un modo u otro está destinado a estar.»


★★★☆

Claire Keegan - Cosas pequeñas como esas

miércoles, 11 de febrero de 2026



► Título original: Small Things Like These
► Traducción: Jorge Fondebrider
► Año: 2021
► Edición:  Eterna Cadencia (2021)
► Páginas: 96


Cuesta creer que un libro tan corto pueda encerrar un mensaje tan poderoso, pero lo cierto es que la escritora irlandesa Claire Keegan (Wicklow, 1968) ha demostrado con incuestionable solvencia que la brevedad no está reñida con la hondura. Nada tiene que envidiar Cosas pequeñas como esas a grandes clásicos universales como Cuento de Navidad, donde queda patente que no todo el mundo maneja la misma predisposición a ser poseído por el espíritu festivo. Sin embargo, al contrario que en la fábula de Dickens, aquí no hay rastro de fantasmas ni moralejas aleccionadoras. Solo la crudeza implacable de la intemperie en invierno. Nada más que un hombre ante la crucial disyuntiva de ocuparse de sus asuntos o tender la mano y marcar la diferencia.

El protagonista de Cosas pequeñas como esas es Bill Furlong, un hombre discreto y apacible que regente un negocio familiar en un pequeño pueblo irlandés durante la década de los 80. Felizmente casado y padre de cinco hijas encantadoras, Furlong encarna el ideal de vecino modélico, un pilar indispensable que mantiene la comunidad a flote a pesar de haber tenido unos inicios difíciles en la vida. Y es que Furlong, cuyo padre jamás llegó a conocer, se crio bajo la protección de una viuda protestante que los acogió a él y a su madre en un momento de extrema necesidad, cuando lo más sensato quizá hubiera sido huir lo más lejos posible de la presencia ominosa de una muchacha soltera y embarazada que llama a tu puerta.

Marcado por la voluntad de sacrificio y el altruismo de esta buena samaritana, Furlong se verá obligado a meditar sobre la influencia que ha ejercido en su vida la generosidad ajena cuando se cruce en el camino de Sarah, una niña a la que encuentra en condiciones deplorables tras haber escapado del convento local. Pronto, Furlong descubrirá que esta institución regentada por la Iglesia Católica no es sino una residencia de penitencia moral donde van a parar jóvenes huérfanas o repudiadas por sus familias tras haber cometido un error demasiado vergonzoso como para no dejarlo en manos del Estado. Indignado por el tratamiento que reciben las inquilinas de este convento, Furlong no dudará en plantarle cara a la injusticia, aun cuando rebelarse suponga ponerse en el disparadero y arriesgarse a dinamitar la tranquilidad de su propia casa.

Haciendo gala de una diáfana contención emocional y una impecable economía de recursos, Cosas pequeñas como esas es una magnífica obra literaria que se ha ganado a pulso la consideración de clásico contemporáneo. Claire Keegan no solo señala la silenciosa hipocresía religiosa y moral que tantas víctimas ha causado a lo largo de la historia, sino que lo hace a través de un relato íntimo, ordinario, carente de la épica propia de las grandes gestas, pero imbuido del mismo potencial transformador. Una novela que se pregunta sin ningún tipo de pudor ni pacto de no agresión cuál es el verdadero significado de conceptos de raigambre cristiana como la misericordia, la empatía o la caridad.

En Cosas pequeñas como esas, el inolvidable y carismático Bill Furlong, convertido en héroe accidental, experimenta un catártico despertar de la conciencia a medida que las piezas perdidas de su biografía van cobrando la forma de misterios revelados, secretos expuestos desde siempre ante la mirada distraída de cualquiera que quisiera ver. Porque si algo nos recuerda Claire Keegan en esta sublime y comprometida obra es que no existe ceguera más trágica que la voluntaria, la que prefiere ignorar, la que no se involucra. Sí, permanecer pasivo ante el dolor de los demás puede ser un crimen tan imperdonable como causarlo.  


«El día aún no despuntaba, y Furlong miró hacia el río oscuro y brillante cuya superficie reflejaba partes equivalentes del pueblo iluminado. Eran tantas las cosas que se veían mejor, cuando no estaban tan cerca.»


★★★★


Penelope Lively - Moon Tiger

lunes, 9 de febrero de 2026



► Título original: Moon Tiger
► Traducción: Leonor Saro
► Año: 1987
► Edición:  Impedimenta (2025)
► Páginas: 288


En su aclamada novela, valedora del Premio Booker en 1987, la escritora británica Penelope Lively (El Cairo, 1933) contraviene la idea de que la historia es un relato universal. ¿Qué es una sola vida, en apariencia intrascendente e insignificante, dentro del inexorable transcurso de los acontecimientos globales? Y sin embargo, a menudo son las acciones individuales las que alteran permanentemente el devenir de la humanidad, condicionando de forma irrefutable la trayectoria de millones de vidas.

La protagonista de Moon Tiger, Claudia Hampton, es una prestigiosa historiadora, escritora y antigua corresponsal de guerra que, postrada en la cama de un hospital londinense, emprende en sus últimos días el ambicioso proyecto de escribir una «historia del mundo». Sin embargo, se trata de una empresa condenada de antemano al fracaso, y pronto la propia Claudia —y con ella, el lector— se da cuenta de lo deformada que está la versión documentada de los hechos cuando se compara con su propia experiencia personal, una ficción infinitamente más lúcida, intensa y reveladora que la realidad.

Como mujer vapuleada por los vaivenes de la historia, Claudia se enfrenta a una reconstrucción caleidoscópica de los capítulos más trascendentales de su vida desde el implacable púlpito de la vejez. Empezando por una infancia marcada por la excitante rivalidad intelectual con su hermano Gordon, a quien desprecia e idolatra a partes iguales, Claudia Hampton se muestra desde el inicio de la novela como una auténtica fuerza de la naturaleza, decidida a forjar el carácter necesario que le permita sobrevivir a un mundo dominado por la caprichosa voluntad de los hombres.

Denostada por sus compañeros de profesión, quienes califican sus aproximaciones heterodoxas a la interpretación de la historia como meros delirios fantasiosos, Claudia Hampton se convierte en una figura tan prominente como polémica allí por donde pasa, una mujer que huye de las convenciones de su época y que persigue la libertad sin ataduras aun a costa de la validación como esposa y madre. Heroína totalmente atípica, personaje ególatra e insoportable para la mayoría de quienes la rodean, Claudia Hampton se erige como una protagonista de cuestionable catadura moral, pero absolutamente fascinante en su incómoda complejidad.

Persiguiendo el espíritu de su indomable narradora, Moon Tiger se presenta como una novela inclasificable, fragmentada, operando en fugaces destellos de genialidad narrativa que alternan la perspectiva histórica conocida por todos con la intimidad de la esfera privada. Moon Tiger es una excepcional meditación sobre el amor, la memoria, el tiempo, la conciencia, el lenguaje, los horrores de la guerra y el modesto papel que puede jugar uno en el gran esquema de las cosas. Y aunque la autora se toma su tiempo merodeando alrededor del núcleo de la novela, Moon Tiger no es sino la magistral evocación de un inolvidable romance con sabor a épica, no sé si por su fugacidad, su cualidad trágica, su desarrollo en el contexto de las batallas norteafricanas de la Segunda Guerra Mundial o una combinación perentoria y explosiva de todas ellas.

De lo que no cabe duda es de que Penelope Lively despliega en Moon Tiger una capacidad desbordante para emocionar, para trasladar a nuestro tiempo las turbulencias características del siglo XX y para hacernos sentir compasión por una protagonista que es de todo menos simpática: verdugo para muchos, mera víctima de las circunstancias para otros. Haciendo alarde de una sensibilidad sobrecogedora y una demoledora autoridad narrativa, Penelope Lively nos obliga a considerar el carácter efímero de la vida, enfrentada en contraste eterno con sus huellas imborrables.


«Tal vez, para aquellos a los que sí les importa y que luchan para que no suceda, esta sea la forma secular del infierno: permanecer en formas que no nos gustan en el recuerdo de los demás.»


★★★★☆

Lucía Solla Sobral - Comerás flores

martes, 13 de enero de 2026



► Título original: —
► Traducción: —
► Año: 2025
► Edición:  Libros del Asteroide (2025)
► Páginas: 248


La protagonista de Comerás flores sabe muy bien que a veces las expectativas juegan malas pasadas. El debut narrativo de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), ítem omnipresente en las listas de mejores novelas del año, se ha convertido sin ninguna duda en uno de los títulos más cacareados de 2025. Corría el riesgo, por tanto, de tropezarme con un libro que no supiera mantener el tipo o que cediera ante el peso de los elogios recibidos. Sin embargo, después de haberme zambullido en la propuesta de Solla Sobral, estoy convencido de que Comerás flores es, probablemente, la novedad que mejor ha soportado el no siempre agradecido filtro de la publicidad.

Comerás flores es una obra primeriza, si no excepcional, por lo menos indudablemente solvente. Diría que incluso con atisbos de excelencia. En ella conocemos a Marina, una chica que transita las corrientes del duelo por la muerte de su padre mientras trata, con pie titubeante, de abrirse paso por el complicado mundo de los adultos. Desde su destartalado piso de universitaria, que comparte con su amiga del alma Diana, Marina relata su desazón existencial y sus pequeños tropiezos cotidianos como si preparase el terreno para el embrollo amoroso en el que está a punto de meterse.

Sin apenas esfuerzo, Jaime actuará como el catalizador para el trastorno de Marina. Seducida por el encanto de los hombres que maceran su atractivo en un aura de sofisticación y éxito profesional, Marina experimenta un torrente de lujuria que la arrastra hacia una espiral sin retorno. Pronto, la distancia de veinte años que separa a Marina de su flamante novio eclipsará por completo el furor de haber saboreado las mieles del amor. Y es que, a pesar de su carisma y su irreprochable figura pública, Jaime acaba sometiendo a la protagonista a los desconcertantes vaivenes de una relación dependiente, marcada por los celos tóxicos, la necesidad de control y el estallido de silenciosas violencias que erosionan la convivencia, la autoestima y hasta la propia vida.

En Comerás flores, Lucía Solla Sobral ha perfeccionado una voz tan singular como desgarradora que no hace sino relatar con urgencia y desasosiego la experiencia de haberse perdido a una misma en la vorágine de una pasión desigual. Marina encarna de manera sumamente vívida la figura de alguien que va sacrificando en nombre del amor parcelas cada vez más significativas de su vida hasta acabar con su identidad completamente desahuciada y una lista de pertenencias con tendencia a la baja. En la novela de Solla Sobral, el lenguaje —impulsivo, atropellado, crudo, poético— se adapta con asombrosa gracilidad a la tonalidad emocional de la narradora, sirviendo como vehículo de una atmósfera asfixiante y claustrofóbica donde el terror se confunde con el afecto y el estómago se transforma en un espeluznante cementerio de felicidad aniquilada.

A pesar de su dureza, o quizá precisamente por eso, el magnífico debut de Lucía Solla Sobral me ha encantado de principio a fin. Se lee con compulsividad adolescente, pero goza de una reposada madurez narrativa y una honestidad fiera, rebelde, vulnerable. Comerás flores es un festival de literatura sin paliativos, una exultante celebración de la amistad, el hogar y los vínculos familiares como vértebras sobre las que se estructuran la construcción de nuestro yo más íntimo, asideros a los que aferrarse cuando el mundo viaja a 200 kilómetros por hora y los sentimientos le arrebatan el control a la razón. Puede que la autora no haya inventado la rueda en este libro —¿acaso queda ya algo que inventar?—, pero su visión genuina y la absoluta autenticidad que desprende su prosa hacen de Comerás flores una novela sólida y muy pertinente sobre cómo la ingenuidad y la inexperiencia constituyen el combustible de una depredación que a menudo es indistinguible del deseo. 


«Y me pregunto si tiene sentido algo. Estudiar aquello, trabajar de esto otro, mudarme, esa relación que fue tan bonita tan lejos tan difícil, o esa otra que rueda tan rápido que tengo miedo a que se resquebraje por el camino y vaya soltando pedazos y que todos los pedazos sean míos.»


★★★★

Yiyun Li - En la naturaleza las cosas crecen

domingo, 11 de enero de 2026



► Título original: Things in Nature Merely Grow
► Traducción: Virginia Higa
► Año: 2025
► Edición:  Chai Editora (2025)
► Páginas: 154


En la naturaleza las cosas crecen es, posiblemente, el libro de memorias más inaccesible que se haya publicado nunca. Un libro que duele antes de abrirlo, difícil de abordar por el simple motivo de su existencia. Ni siquiera la curiosidad mórbida compensa la inmensa desolación que supone aproximarse al abismo al que nos arroja la autora. Y es que, en este breve pero impactante volumen, Yiyun Li (Pekín, 1972) nos habla con una entereza que no deja de sorprender sobre la experiencia de perder a sus dos hijos adolescentes, Vincent en 2017 y James en 2024, después de que ambos cometieran suicidio en circunstancias similares.

A pesar del inconcebible horror que supone para unos padres atravesar un duelo como ese, Yiyun Li consigue encontrar fuerzas de flaqueza para escribir sobre la muerte de sus hijos con una claridad emocional e intelectual que son dignas de admiración. En una especie de híbrido narrativo que mezcla autobiografía y ensayo, Yiyun Li reflexiona, mirando en el espejo de la literatura, la desconcertante proximidad entre la razón y la locura que se hace evidente cuando tienes que dar sepultura a tu descendencia. Lejos de ser un texto de superación, pues la autora rechaza con ahínco tal posibilidad, Yiyun Li ha elaborado una obra demoledora y certera que se lee como un acto de aceptación radical, un manifiesto contra la esclavitud del sufrimiento que pasa por abrazar el vacío inconmensurable y aprender a vivir en él.

En la naturaleza las cosas crecen es asimismo un intento necesario por entender lo que tantas veces escapa a la comprensión. Gracias a la escritura sorprendentemente sosegada y evocadora de Yiyun Li, las páginas de este libro sirven como espacio para reconstruir la personalidad arrolladora y ciertamente compleja de sus hijos, no tanto con la intención de retenerlos, sino con la esperanza de apaciguar la culpa por no haber sido capaz de detectar su determinación de abandonar el mundo. Yiyun Li habla con voz calmada, pero atronadora, sobre los entresijos de la ausencia, de las limitaciones de la escritura para capturar los matices de la emoción, así como de sus propias y estremecedoras batallas en el campo de la salud mental a propósito de una relación de absoluto sometimiento a los exabruptos de una madre maltratadora.

Existe en el tono de Yiyun Li una voluntad tan inquebrantable, una autoridad tan imponente desde su condición de víctima de unas circunstancias atroces, que la lectura de En la naturaleza las cosas crecen se paladea con cierta solemnidad funeraria. A pesar de los hechos tan dramáticos en las que se basan, las memorias de Yiyun Li irradian una cualidad luminosa, incluso esperanzadora. Hay aquí mucha desmitificación del duelo, de los incómodos rituales que representan las partes involucradas en el proceso, de las impertinencias y lugares comunes que suceden cuando no se sabe exactamente qué decir y la mejor opción que se nos ocurre es sencillamente no decir nada.

Afortunadamente, detrás del ensañamiento mediático, las declaraciones desafortunadas y los agravios escondidos tras una fachada de buenas intenciones, Yiyun Li encuentra razones para celebrar la amistad auténtica, la creación literaria y la ejemplar resiliencia de la naturaleza como refugios contra el malestar insoportable de los golpes y desdichas que trae la vida. Desprovista por completo de autocompasión y sentimentalismos, En la naturaleza las cosas crecen es una indagación sin paliativos en el núcleo mismo de los mecanismos que hemos desarrollado para sobrevivir al trauma, una observación lúcida, inspiradora, visceral y convincente —diría, incluso, incontestable— que nos permite vislumbrar un reino al que las palabras, por desgracia, no llegan. 


«No quiero un punto final para mi tristeza. La muerte de un hijo no es una ola de calor o una tormenta de nieve, no es una carrera de obstáculos que hay que correr y ganar, tampoco una enfermedad aguda o crónica de la que hay que recuperarse. ¿Qué es el duelo más que una palabra, un atajo, una simplificación de algo mucho más grande que esa palabra?»


★★★★★

Mona Awad - Bunny

viernes, 9 de enero de 2026



► Título original: Bunny
► Traducción: Jaime Valero Martínez
► Año: 2019
► Edición:  Stefano Books (2025)
► Páginas: 352


Uno pasa la última página de Bunny con la sensación de no tener ni idea de lo que acaba de haber leído. Y sin saber decidir si eso es necesariamente bueno o malo. Lo mejor que se puede decir de la novela de Mona Awad (Montreal, 1978) es que goza de una vigorosa capacidad para dejarte patidifuso. Narrada por una estudiante de posgrado que cursa un taller de escritura creativa en una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, Bunny es, al menos en la superficie, el delirante relato de una chica solitaria e incomprendida que forjará una insólita amistad con un grupo de compañeras tan seductoras como peligrosas.

Desde luego, Samantha Heather Mackey no podría ser más diferente al resto de alumnas de Warren, Nueva Inglaterra. Estiradas, histriónicas, elitistas y empalagosas, las integrantes más notorias del programa de Bellas Artes al que acude Samantha son las típicas niñas privilegiadas que constituyen el foco de todas las miradas y se llaman entre sí con apelativos tan cariñosos como ridículos. Samantha odia encarecidamente a las «Bunnies», odia su inexplicable carisma, su hipnótica presencia y el magnetismo natural que irradian allí por donde pasan. Sin embargo, cuando Samantha recibe de forma inesperada una invitación anónima al Salón de las Obscenidades de las «Bunnies», el irresistible impulso de atravesar el umbral al universo pomposo y edulcorado de sus acérrimas adversarias se convertirá en una posibilidad demasiado tentadora como para rechazarla.

Lo que Samantha no se podía llegar a imaginar es que la guarida de las «Bunnies» es en realidad una suerte de laboratorio macabro donde sus cuatro fundadoras realizan siniestros rituales a partir de cadáveres de conejos con el objetivo de crear al novio perfecto. Como si Frankenstein se hubiera fusionado con una versión «dark academia» de Chicas malas, Bunny es una fascinante reinterpretación de la novela de campus que hace alarde de una ejecución absolutamente loca. La de Mona Awad es una obra sensual y excéntrica que indaga en las pasiones enfermizas de la juventud mientras su protagonista es fagocitada por un febril comando de encantadoras féminas que poco a poco empezarán a actuar y pensar como una inquietante mente colmena.

Con un estilo provocativo, entre pueril y estridente, pero ciertamente subyugante, Mona Awad explora la faceta más escabrosa de la ficción como subterfugio de la realidad y nos permite adentrarnos en un universo glamuroso y decadente a partes iguales que está repleto de imágenes donde coexisten el horror, el humor y la libido. Bunny es una novela heterogénea e inclasificable que da coquetos brincos en una zona donde la tensión entre el Eros y el Tánatos espolea los deseos más recónditos de la protagonista. Deseo, por encima de todo, de pertenencia. De no sentirte como la rara aun cuando sientes que no encajas en la atmósfera dominante. De reconciliarte con tu pasado traumático. De encontrar, en definitiva, los recursos para procesar ciertos episodios difíciles de narrar.

A través de la experimentación y la inagotable pulsión creativa, Samantha buscará, muy a pesar de las «Bunnies», una innovadora forma de graduarse en la escuela de lo bizarro con matrícula de honor. Mona Awad ha construido una obra visceral y rocambolesca donde los límites entre la realidad y la ensoñación se difuminan a pasos agigantados mientras se cierran los párpados y las voces se abren de piernas. Una novela que huele a fragancias afrutadas, laca de uñas y algodón de azúcar mezclado con el ferruginoso sabor de la sangre entre las encías. No será la novela más formalmente virtuosa, ni la más elocuente, pero desde luego, si algo ha conseguido lograr Bunny es mantenerme en un permanente estado de embriaguez literaria en un intento casi siempre infructuoso por descifrar sus exuberantes códigos. 


«No tienes la menor idea, ¿verdad?, parece decirme el conejito. Qué pena, Samantha. Qué perdida estás. Es una lástima que cuando alguien te pregunta «¿Qué quieres?», solo se te vengan a la mente un par de manos aferrando unos despojos.»


★★★

Megan Nolan - Flaquezas normales y corrientes (del ser humano)

miércoles, 7 de enero de 2026



► Título original: Ordinary Human Failings
► Traducción: Eduardo Iriarte
► Año: 2023
► Edición:  Mutatis Mutandis (2025)
► Páginas: 248


Si en Actos desesperados (Seix Barral, 2022) la escritora irlandesa Megan Nolan (Waterford, 1990) apuntaba a ser una voz emergente tan electrizante y repleta de potencial como necesitada de orientación, en su segunda novela Nolan demuestra haber experimentado una halagüeña madurez narrativa. Flaquezas normales y corrientes (del ser humano) supone una mejoría notable respecto a su debut literario, una historia coral sobre desestructuración social y dinámicas familiares disfuncionales en la que Nolan toma un sórdido caso de asesinato como punto de partida para indagar en cómo la precariedad abona el terreno para los actos más atroces. 

La novela, de ritmo ágil y tono perentorio, arranca a principios de los años 90 en un plácido barrio residencial de Londres, sacudido de repente por la estremecedora desaparición de una niña cuyo cadáver será hallado horas después, para consternación de todo el mundo. Tras concluirse que la muerte fue provocada por otra niña del vecindario durante una especie de juego infantil que se escapó de control, la familia de la acusada corre el peligro de convertirse en el objetivo de una intensa campaña de escarnio público que podría sacar a relucir un pasado repleto de episodios más bien cuestionables.

Con la esperanza de que el revuelo mediático causado pueda suponer un trampolín para su carrera periodística, el reportero Tom Hargreaves se postula como una suerte de confesor y biógrafo de los Green, pintoresco clan de inmigrantes irlandeses formado por el omnipresente fantasma de Rose, matriarca de un hogar carcomido tras su fallecimiento, John, un padre ausente que languidece entre las paredes de su casa después de sufrir un accidente laboral que lo incapacitó de por vida, Richard, un joven alcohólico y sin expectativas de futuro, y Carmel, la madre de la niña homicida, una mujer perseguida por los remordimientos de un error adolescente y las asfixiantes enredaderas de la culpa. Entre todos establecerán una relación simbiótica y altamente inflamable en la que Tom, de ambiciones desmedidas y manifiesta escasez de escrúpulos, tratará de conducir a los Green por el camino de una redención utópica que solo sirve a sus propios intereses.

Haciendo gala de una caracterización sobresaliente y un estilo narrativo menos arriesgado y llamativo que en su anterior trabajo, pero indudablemente más solvente, Megan Nolan indaga en las intimidades, anhelos y vergüenzas de una serie de personajes trastornados por su incapacidad de derrotar a sus circunstancias. A base de desempolvar secretos y sombras, Nolan se interesa por las cloacas de la estructura social y refleja con contundente realismo la escasa distancia que existe entre la normalidad dorada de la clase media y el abismo de los márgenes. Nadie puede decir que en Flaquezas normales y corrientes (del ser humano) los personajes no se busquen sus propios problemas, pero Megan Nolan señala con sagacidad el impacto —no siempre tan evidente, o acaso deliberadamente ignorado— de la capacidad económica y las políticas sociales en cuestiones como la propensión al crimen, el ímpetu autodestructivo, la debilidad de carácter o el estigma de las adicciones.

Aguda, sugerente y prolija en matices, Flaquezas normales y corrientes (del ser humano) es una magnética novela sobre cómo sobrevivir a una existencia angustiosa y dramática. Una obra perspicaz, sensible y magnánima poblada, no por grandes reflexiones ni virtuosismos estilísticos, pero sí por personajes profundos y absolutamente complejos que no reniegan de sus negligencias. Megan Nolan bucea como pez en el agua en la vulnerabilidad y la herida, en el desarraigo y las experiencias traumáticas, en los motivos que nos llevan de un sitio a otro, huyendo quizás de la pobreza o el destino, o simplemente del repudio institucional, hacia la promesa de una vida más apacible en la desapacible lejanía del hogar. Una obra idónea para ampliar horizontes, regodearse en la prosa cáustica de la autora y constatar, con demoledora preocupación, que los agravios extraordinarios son, en realidad, más comunes de lo que podríamos llegar a imaginar. 


«No hay secreto, Tom, o si no, hay cientos de ellos, y ninguno con interés suficiente para ti. El secreto es que somos una familia, no somos más que una familia normal y corriente, con una infelicidad normal y corriente como la tuya.»


★★★

Anne de Marcken - Dura una eternidad y en un instante se acaba

viernes, 12 de diciembre de 2025



► Título original: It Lasts Forever and Then It's Over
► Traducción: Ce Santiago
► Año: 2024
► Edición:  Sexto Piso (2025)
► Páginas: 142


Semanas después de haber leído este libro sigo sin haber terminado de digerirlo. Y es que la muerte, no podemos negarlo, es un evento que se le atraganta a cualquiera. Sin embargo, el excepcional e indescriptible debut literario de Anne de Marcken es aún más difícil de explicar que el hecho de estar un día en el mundo y de repente no. Esto no va de vivos que descubren el absurdo de continuar existiendo como si nada después de haber perdido a alguien muy importante, ni tampoco de plañideras diatribas filosóficas sobe el proceso de duelo. Con su intrépida, brillante e inclasificable novela Anne de Marcken le ha dado la vuelta al espejo para que dejemos de mirar nuestro reflejo e imaginemos lo que sería echar un vistazo al misterio del otro lado. Porque la muerte es jodida, sí, pero mucho más jodido es morirse.

La protagonista de Dura una eternidad y en un instante se acaba es una mujer que solía estar viva. Convertida en una «no muerta» y despojada de cualquier recuerdo, la narradora deambula por las habitaciones de un hotel decrépito donde otros «no muertos» como ella tratan de recomponer los pedazos de su identidad perdida. La novela está poblada por seres enigmáticos que cuentan con la perseverancia motivacional de un fantasma y la progresiva descomposición física de un zombie, pero con una sensación permanente de confusión y perplejidad que los hace más humanos que nunca. Personas cuyos nombres han sido olvidados y se ven en la necesidad de adjudicarse unos nuevos mientras cargan con el peso de una historia sin resolver, una extremidad recién caída o el incesante graznido de un cuervo alojado en el pecho.

Empujada por un hambre voraz y por la desoladora certeza de haber amado, pero sin acordarse de a quién, la protagonista de Dura una eternidad y en un instante se acaba emprende una suerte de road trip alucinógeno hacia el oeste que la llevará a descubrir paisajes y escenas totalmente insólitas, dignas de una película de David Lynch sobre el apocalipsis. En ese sentido, la novela de Anne de Marcken es un ejercicio narrativo altamente experimental que conducirá a la más absoluta frustración a quienes traten de interpretar todos y cada uno de sus elementos. Si bien no es una obra impenetrable, es profundamente alegórica y escurridiza, caprichosa e impredecible, cosa que para algunos supondrá un escollo insalvable y para otros su característica más preciada.

Desde luego, lo que no hará la propuesta de Anne de Marcken es dejarte indiferente. Entre imágenes de una belleza sobrenatural y contundentes reflexiones sobre la fugacidad del tiempo o la volatilidad de la memoria, la escritora estadounidense crea una atmósfera tan fascinante como absorbente que nos lleva a contemplar el amor como una fuerza indestructible que persiste más allá del más allá. En la apasionante y poética novela de Anne de Marcken, ni el olvido ni la aniquilación aparente del ser humano pueden acabar con la necesidad insaciable de respuestas, con la búsqueda de un reencuentro capaz de devolvernos, si no el amor, al menos llenar el vacío insoportable de su ausencia.

Por paradójico que resulte, no parece haber mejor modo de entender la complejidad de la vida que indagar en lo que ocurre tras su completa desintegración. Dura una eternidad y en un instante se acaba es el rocambolesco escenario donde Anne de Marcken representa de manera simbólica un drama que, no por cotidiano, resulta menos descorazonador. Entre las páginas de esta novela, de las más originales que se han escrito en los últimos años, ocurre una magia tan íntima como frágil, susceptible de romperse el truco cuanto más se empeñe uno en verle las costuras. La odisea de la protagonista es también la de quien la lee, pues no hay viaje sin peaje y, en el caso de esta obra, de excepcional planteamiento e imperfecta ejecución, cuanto más avanzas mayor es el riesgo de perder la estabilidad emocional o la habilidad de distinguir lo fantástico de lo real. A pesar de su manifiesta excentricidad, Dura una eternidad y en un instante se acaba es una experiencia única, de frases y sensaciones inolvidables. Una rara avis literaria donde el tiempo, así como el amor, se dilatan hasta el infinito y tú, ese pronombre indefinido, promiscuo y expansivo, se convierte en el espacio entre yo y yo.


«Las únicas cosas que permanecen son las inalcanzables. Las cosas que son demasiado grandes o demasiado lejanas o se mueven tan despacio que son indetectables. Suaves. Con plumas. Amadas. Ya perdidas. Siempre serán lo que de verdad son, y nunca sabrás qué nombre ponerles.»


★★★☆

Andrea Bajani - El aniversario

miércoles, 10 de diciembre de 2025



► Título original: L'anniversario
► Traducción: Carlos Gumpert
► Año: 2025
► Edición:  Anagrama (2025)
► Páginas: 152


«Hace diez años, ese día, vi a mis padres por última vez. [...] Han sido los diez mejores años de mi vida». Este comienzo tan contundente como prometedor supone la carta de presentación de la novela ganadora del último Premio Strega, obra con la que el autor italiano Andrea Bajani (Roma, 1975) se ha coronado como una de las voces europeas más potentes e irreverentes de la actualidad. Y es que Bajani, adentrándose en el laberíntico y tortuoso terreno de la memoria, desmitifica de manera brutal la sacralidad de los vínculos familiares y ofrece, entre el tono confesional y una honestidad liberadora, la espeluznante crónica de un crimen perpetrado en la intimidad del hogar donde hay asesinato, pero no cuerpo.

Sí, Bajani es capaz de matar al padre como concepto con mucho más ensañamiento que un capo de la mafia siciliana. El aniversario no es más que un epitafio con sabor a venganza terapéutica, un intento por comprender, desde la distancia de los años y mediante el poder incomparable de la ficción, a esos absolutos desconocidos a los que llamamos progenitores y a cuyo cargo tenemos la suerte —o, en algunos casos, la desgracia— de venir al mundo. Una aproximación vehemente, lúcida y extremadamente inteligente a la violencia de los golpes, de los gritos, de los malos modales, pero también de ciertos silencios inexplicables.

Narrada con una estremecedora sensibilidad y un minucioso ímpetu analítico, El aniversario es una historia sobrecogedora sobre un hijo que corta el cordón umbilical por puro instinto de conservación, el relato de un hombre, no sabemos hasta qué punto inspirado en las propias vivencias del escritor, que explica los motivos de su distanciamiento y su negativa a asumir el cuidado de unos seres responsables de tanto dolor. Andrea Bajani señala a la familia como cuna del trauma y trata de esbozar un perfil de los padres del protagonista repleto de lagunas que solo es posible subsanar gracias al esfuerzo de la especulación.

El narrador asume la tarea de reconstruir el retrato de una familia desestructurada empezando por la figura apocada y casi impasible de la madre, una mujer víctima de su tiempo que parece vivir una vida ajena y que dosifica la poca autoridad que puede ejercer desde un inexpugnable bastión de indiferencia. En marcado contraste, el padre de la familia se erige como raíz de la vorágine doméstica, lanzando virulentas andanadas de furia que no solo resquebrajan la paz del hogar, sino que la hacen estallar como si la golpeara un cañón de mortero. Bajani describe la crianza como trinchera, pero lo hace desde una posición de genuina curiosidad que no busca únicamente el resarcimiento o la catarsis, sino que trata de hallar explicación al fracaso entre los escombros de una casa con los cimientos carcomidos. 

Andrea Bajani entiende que los padres cargan con sus propias culpas, frustraciones, remordimientos y pesares, que la intrahistoria es un enjambre de experiencias compartidas, pero de sensaciones que se intersecan. En ese sentido, El aniversario es un excepcional ejercicio de empatía, de bondad, de querer ponerse en el lugar del otro para ver mejor el tuyo propio, una novela desgarradora que sentencia de manera rotunda, pero nunca cruel, las deficiencias de unos roles que a veces se nos vienen demasiado grandes. Y todo por culpa de una paupérrima educación sentimental que queda en la obra de Bajani completamente masacrada y de cuyas secuelas el protagonista de la novela se tendrá que recuperar.

Así, a pesar de su carácter drástico y sombrío, El aniversario me ha parecido una novela absurdamente conmovedora, una deconstrucción diáfana y perspicaz de las relaciones paternofiliales que lo mismo te acaricia con ternura que te sacude con la fuerza de un martillo. Tal y como asegura el protagonista, «en ese acceso, a través de la invención, a lo que el recuerdo no posee estriba precisamente la fuerza brutal de la novela. Que casi siempre se desinteresa de la realidad y aporta siempre la verdad.» Sin duda, entre las páginas de El aniversario, Andrea Bajani ha conseguido plasmar esta máxima con una prodigiosa maestría.


«Y decía, más o menos, que todo cuanto cae sigue cayendo, incluso cuando ya ha tocado el suelo. Porque de todo, en el fondo, lo que cuenta es el peso.»


★★★★★

Benjamin Myers - Cuddy

lunes, 8 de diciembre de 2025



► Título original: Cuddy
► Traducción: Alberto Moyano Muñoz
► Año: 2023
► Edición:  Piel de Zapa (2025)
► Páginas: 463


La intuición me dice que, por desgracia, no verás este título en muchas listas de los mejores libros del año, pero lo cierto es que el último trabajo de Benjamin Myers (Durham, 1949) merece, lejos de pasar injustamente desapercibido, ser el foco de todas las alabanzas posibles. Proyecto inclasificable de ambición desmedida y prodigiosa —casi perfecta— ejecución, Cuddy es una novela hecha de novelas que giran, no alrededor de un tema, sino de un lugar convertido en personaje donde la realidad histórica se eleva a la categoría de mito.

Todo parte como una reconstrucción imaginada de los últimos días de Cutberto de Lindisfarne, un monje medieval del norte de Inglaterra cuya inspiradora devoción, piedad y enternecedora relación con la naturaleza constituyeron un baluarte contra el barbarismo de los invasores normandos durante una época de oscurantismo e incertidumbre. Tras su muerte, un grupo de fieles organizaron una compañía itinerante que se encargaba de acarrear el cadáver del querido pastor y obispo —del que se decía poseer propiedades milagrosas— mientras buscaban un lugar de descanso para sus restos, que sería, a su vez, punto de fundación de una colosal obra de arte arquitectónica que hoy conocemos como la catedral de Durham.

Haciendo gala de una maestría lingüística sin precedentes, insólita originalidad narrativa y una belleza absolutamente sobrecogedora, Benjamin Myers escribe sobre el legado del santo que da nombre a la novela y otorga a los espacios en blanco de la historia una textura tan plausible como conmovedora. Como si Walt Whitman hubiese reescrito el Hamnet de Maggie O’Farrell, Cuddy se erige como un texto poético, indómito, elegíaco y de una genialidad arrolladora, un sensacional híbrido de narrativa y lírica que adopta formas, de repente diáfanas, de repente retorcidamente barrocas, pero siempre dignas de una divina admiración.

Siglos después de su traslado definitivo, el bendito Cuddy seguirá siendo protagonista involuntario de tramas venideras. Myers entrelaza las andanzas del icono mesiánico con vidas aparentemente anodinas, insignificantes, engullidas por el implacable paso del tiempo, pero que de un modo u otro se vieron tocadas por su estela. Por ejemplo, la segunda parte de la novela está enfocada en el estremecedor relato de supervivencia de una cervecera casada con un arquero que la somete con extrema violencia. Mientras su marido combate en el ejército del rey, la joven descubrirá junto a uno de los canteros de la catedral que el amor no es una manifestación de autoritarismo, sino la piedra angular sobre la que erigir una nueva religión.

Más tarde, Cuddy nos traslada a los albores del siglo XIX, haciéndonos partícipes, mediante los diarios de un historiador experto en su campo, de una ominosa operación eclesiástica que tiene como objetivo exhumar los restos de San Cutberto. Mientras que la última sección, ambientada en 2019, relata el calvario de un adolescente en el precario sector de la construcción al tiempo que cuida de su madre enferma de cáncer y descubre, en compañía de una chica por la que empieza a sentir algo más que amistad, la apasionante majestuosidad de un edificio capaz de trascender los límites del tiempo.

Y es que, si existe, como tanto gente empieza a sospechar, un auge de la espiritualidad en la cultura, no es solo gracias a películas como Los domingos o discos como LUX, sino que ambos productos podrían integrar una trinidad hipotética a la que habría que añadir, sin ningún atisbo de duda, la monumental Cuddy de Myers, una novela que reflexiona de manera experimental sobre nuestra relación con la historia, así como con sus vestigios. Figura solemne que vela por los lectores sedientos de experiencias catárticas, recipiente de las plegarias elevadas al éter en nuestras horas más bajas, Cuddy es una novela inolvidable e inexplicable, un misterio capaz de inducir al más apostólico de los ateos a un eufórico éxtasis de fervor.


«Las historias que nos contamos los unos a los otros son lo único que quedará cuando el tiempo muera e incluso las más duras piedras esculpidas se conviertan en polvo.»


★★★★

Yael van der Wouden - La guardiana

sábado, 6 de diciembre de 2025



► Título original: The Safekeep
► Traducción: Victoria Alonso Blanco
► Año: 2024
► Edición:  Salamandra (2025)
► Páginas: 288


En La guardiana, el aclamado debut literario de la escritora holandesa Yael van der Wouden (Tel Aviv, 1987), basta un trozo de vajilla enterrado en el jardín de una casa rural para poner en marcha los más funestos presagios. Isabel, la protagonista de la novela, es una muchacha disciplinada y hermética que, tras la muerte de su madre y la marcha de sus hermanos, se queda como único custodio de la vivienda familiar, a la que llegó de pequeña escapando de una terrible hambruna que azotaba las calles de Ámsterdam durante el período de posguerra. La vida de Isabel es predecible y sin sobresaltos. Somete cada estancia y rincón de la casa a un exhaustivo escrutinio. Nada escapa de su control. Por eso, cuando descubre el fragmento de porcelana, Isabel comenzará a sospechar, no solo que la criada está amasando a sus espaldas un alijo de utensilios domésticos robados, sino que los cimientos de su hogar podrían estar enraizados en un capítulo del pasado desconocido para ella.

Ahora bien, vigilar los movimientos de la criada va a convertirse en una de las menores preocupaciones de Isabel. Su hermano Louis, ingeniero de boyante carrera y mujeriego empedernido, organiza una cena familiar para presentar a su nueva conquista, Eva, una mujer vivaracha, intrigante y poco seria que provoca en Isabel una irritante primera impresión. Poco se imagina Isabel que, a partir de ese momento, Eva va a formar una parte sustancial de su vida, pues Louis se dispone a realizar un viaje de negocios al extranjero y le pide a su hermana —o más bien le ordena, como propietario legítimo— que acoja a su futura prometida bajo su techo.

A partir de esta premisa, Yael van der Wouden establece las bases de una historia claustrofóbica y sofocante que tiene como objetivo retratar el deterioro que produce en la cordura de Isabel tener que lidiar con las atenciones de una absoluta desconocida. La constante presencia de Eva se percibe como un incordio, una invasión insoportable de la intimidad y la tranquilidad de Isabel como consecuencia, más bien, de su prolongado aislamiento y su falta de afecto. Pero, como se suele decir, el roce hace el cariño, y quizá la intensa animadversión que Isabel siente hacia su inquilina sea la manifestación de un sentimiento mucho más indecoroso y prohibido que el odio.

La guardiana es, al menos durante su primera parte, una cautivadora radiografía del deseo indeseado y los mecanismos del autoengaño, una especie de retorcido relato en clave de estudio psicológico repuntado por una efervescente tensión narrativa y una desbordante energía sexual que se expande con la inercia de una fuerza largo tiempo reprimida. Yael van der Wouden ha escrito una obra sugerente y reveladora sobre las aristas del espacio que existe entre el amor y el anhelo irracional, una indagación en las heridas de la Segunda Guerra Mundial, los recovecos de la memoria y las cicatrices de la infancia, así como de su repercusión en la vida adulta. No obstante, aunque Yael van der Wouden tenía en sus manos una historia cargada de seductora pirotecnia, ha optado por una ejecución un tanto errática y descafeinada. 

Sí, para haber sido galardonada con un premio tan importante como el Women’s Prize, me ha sorprendido lo fácilmente que la novela de Yael van der Wouden deriva hacia la redundancia y el estereotipo. En lugar de explorar el feminismo ácido, obsesivo y extremadamente corporal de autoras como Ottessa Moshfegh, al que parece aspirar, van der Wouden se decanta por un melodrama histórico de imágenes recicladas y frases inacabadas donde el romance surge de forma tan drástica como poco inspirada. El mensaje reivindicativo de la obra, en el que Isabel se erige como estandarte de mujer autónoma que reclama su independencia en contra de las convenciones sociales, se diluye en una trama previsible e insulsa, además de un estilo cargante con propensión a las escenas de alto voltaje pero escaso ingenio literario. A pesar de todo, si bien La guardiana se postula como una propuesta mejorable, el debut de Yael van der Wouden constituye buena muestra de una voz prometedora que llega para decir lo que muchas antes que ella han mantenido oculto.


«Qué sabían ellos lo que era no hablar con nadie durante días y días, no haber conocido las caricias de otro ser humano, no haberlas conocido nunca, qué sabían del deseo y de no haber sentido otra piel sobre la tuya, y de una casa cada vez más y más vacía.»


★★

 
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