Francine Prose - Magnetismo animal

miércoles, 21 de octubre de 2026



► Título original: Animal Magnetism
► Traducción: Daniela Bentancur
► Año: 1978
► Edición:  Fiordo Editorial (2026)
► Páginas: 224


Si hace un par de semanas me hubieran asaltado a punta de pistola para que respondiera quién es Francine Prose (Nueva York, 1947), yo ahora mismo estaría en una morgue con una bala en la cabeza. Sin embargo, una novela olvidada de 1978 que permanecía inédita en español hasta hoy ha conseguido que quiera abogar por la recuperación urgente de esta autora estadounidense con más insistencia que un facha pidiendo la dimisión de Pedro Sánchez. Sin ser, desde luego, una novela rompedora ni especialmente revolucionaria, Magnetismo animal es una incursión en el resbaladizo mundo de las pseudociencias y las curas milagrosas que no solo aborda el tema con una exquisita ambigüedad, sino que lo hace aportando frescura, mordacidad viperina y ausencia, más necesaria que nunca, de maniqueísmos rancios.

La novela de Francine Prose está protagonizada por un joven embaucador francés llamado Charles Delyon Jordan, descarte de la facultad de medicina e hipocondríaco a tiempo completo que, tras una calamitosa estancia en la hacienda azucarera de su tío en la remota Martinica, huye a las gélidas tierras de Nueva Inglaterra con la esperanza de encontrar un remedio para sus males de estómago. Sin embargo, Charles Jordan pronto descubrirá que la ciudad de Lowell, Massachusetts, está muy lejos de albergar la panacea de sus sangrientas diarreas. Lo cual no quita, por supuesto, que no pueda convertirse, con un poco de sugestión y buena fe, en la cuna de un movimiento llamado a erradicar de una vez y para siempre todas las enfermedades del mundo.

Basándose en los postulados de un afamado hipnotista, Charles Jordan se autoproclama portavoz de una terapia innovadora conocida como magnetismo animal, una técnica de dudosa fiabilidad pero infalible eficacia que asegura poder atisbar el tejido conectivo que une a todos los individuos y fuerzas del universo para ahondar en el origen de dolencias que la medicina tradicional no puede diagnosticar. Gracias a la colaboración de una joven llamada Zinnia Turner, trabajadora de la industria textil que vive aquejada por innumerables padecimientos y sujeto extremadamente susceptible a la magnetización, Charles Jordan se embarca en una delirante gira por distintos pueblos y ciudades de Norteamérica dispuesto a satisfacer la insaciable devoción de las masas por el progreso.

Espeluznante y cautivadora a partes iguales, Magnetismo animal es una narración inclasificable, capaz de dinamitar el concepto de realidad empírica y desestabilizar la incredulidad incluso del más escéptico. Por mucho que se quieran encontrar las costuras al relato de los personajes, el tono de la novela está impregnado de un convencimiento infeccioso que se transmite con la peligrosa tasa de contagio de un virus letal. Ensimismados en una sensual suspensión de la lógica, Charles y Zinnia dedican buena parte de la novela a explorar los límites de su «sensación compartida» —que no es sino el nombre que recibe el estado de trance en el que se sumergen durante la magnetización— hasta el punto de difuminar de manera alarmante las barreras tanto materiales como psíquicas que les separan, sin ser conscientes de lo que esa fusión perversa y antinatural pueda revelar.

A medio camino entre la sátira hiperbólica y la ficción especulativa, Magnetismo animal es una lectura completamente apasionante que ahonda, no solo en la susceptibilidad del ser humano a la manipulación y la charlatanería, sino a la fijación obsesiva en la búsqueda del bienestar, la deconstrucción de ciertos roles sociales y la flagrante negligencia histórica de la medicina en lo que concierne a la salud femenina, cuyas particularidades y categorías propias ha constituido —y lo sigue haciendo— fuente de carcajada y bochornoso menosprecio. Directora de un fascinante elenco de personajes que rozan lo absurdo, Francine Prose ha logrado una proeza increíble, y es hacerme incapaz de discernir si los flemáticos personajes de la novela vivían en los Estados Unidos del siglo XIX o los de 2026. Desbordando, además, una prosa de factura excepcional, Magnetismo animal constituye una meditación incisiva y certera en el poder de la creencia como mecanismo, para medrar, sí, pero también para sobrevivir. 


«Las palabras le sonaron más y más extrañas a medida que la ganaba el sueño, hasta que en un momento decidió que el magnetismo animal tenía algo que ver con el corral, con la forma en que las vacas y las ovejas hacían fila para ir al matadero.»


★★★☆

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