► Título original: Flesh
► Traducción: Ce Santiago
► Año: 2025
► Edición: Feltrinelli (2026)
► Páginas: 344
El escritor británico-húngaro David Szalay (Montreal, 1974) ha conseguido con La carne lo que no pudo lograr en 2016 con su novela All That Man Is. Flamante, ahora sí, ganador del Premio Booker, Szalay lleva más de una década intentando, si no redefinir, al menos cuestionar los contornos de esa masculinidad nociva que reside en el núcleo del sistema patriarcal, pero es en La carne donde Szalay parece haber llevado los postulados de su tesis al punto más caliente. Y lo hace, además, con una obra desconcertante, áspera, provocadora e indudablemente controvertida capaz, no solo de escandalizar al más curado de espanto, sino de irritar a quienes enarbolan la literatura como un cáliz de superioridad intelectual.
El protagonista de La carne es un muchacho de quince años llamado István que, tras instalarse junto a su madre en un nuevo apartamento en alguna ciudad de la Hungría postcomunista, narra con desapasionado distanciamiento el confuso despertar sexual de la adolescencia, siempre envuelto en una atmósfera obscena y clandestina. De manera tan repentina como inesperada, István comienza a ser víctima de abusos continuados por parte de su vecina, una señora de cuarenta años, casada y profundamente insatisfecha, que al tomar a István como amante determinará el transcurso de su vida y marcará para siempre su introducción al deseo como un episodio vergonzoso y repugnante a partes iguales.
A lo largo de los capítulos, acompañaremos a István durante diferentes etapas existenciales y seremos testigos de su errático desarrollo como individuo. De trapichero recién salido del reformatorio a traumatizado superviviente de la guerra del Golfo, la vida de István se irá abriendo paso entre un sinfín de accidentados giros y condicionantes históricos sobre los que poca o ninguna influencia parece ejercer, pero que el protagonista transita haciendo alarde de una imperturbable pasividad. Será en Londres, mientras trabaja como portero de discoteca, cuando los pasos de István se crucen con los de un altruista benefactor que catapultará al protagonista a los peldaños más inaccesibles de la escala social y le permitirá cobrar, al menos en apariencia, la merecida compensación por tantos años cargados de miseria.
A pesar de su parquedad y contención narrativa, La carne es un libro profundamente conmovedor escondido bajo una pátina de falsa superficialidad. Aparte de un soberbio ejercicio de estilo que se sostiene casi de forma exclusiva sobre diálogos redundantes, respuestas monosilábicas y frases enunciativas, breves y certeras como un puñetazo, La carne es una fascinante deconstrucción de un prototipo de hombre que, para bien de nuestra sociedad, está condenado a una bendita obsolescencia. Sí, sepultar el sufrimiento, rehuir cualquier tentativa de aproximación emocional o confundir sexo con intimidad ya no son insignias propias de un caballero, sino red flags que abordar en tu próxima sesión de terapia.
Soledad, abandono, embotamiento, indiferencia, disonancia comunicativa... David Szalay enfrenta los grandes monstruos de la masculinidad moderna en un libro impregnado de corporalidad y bajos impulsos. Empleando una deliberada sencillez y loable economía de recursos, pero sin renunciar en ningún momento a la complejidad psicológica ni a los interesantes virajes argumentales, Szalay desviste a la novela de sus atuendos habituales para presentar un personaje absolutamente carismático e inolvidable, desprotegido ante los despiadados envites de la vida en toda su desnuda, cruda y hermética vulnerabilidad.
«De ahí que estar con alguien le parezca algo arbitrario, y esa sensación de arbitrariedad ha empezado a socavar lo que pudiera quedar de la idea de que existe la persona con la que de un modo u otro está destinado a estar.»
★★★☆



