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Andrea Bajani - El aniversario

miércoles, 10 de diciembre de 2025



► Título original: L'anniversario
► Traducción: Carlos Gumpert
► Año: 2025
► Edición:  Anagrama (2025)
► Páginas: 152


«Hace diez años, ese día, vi a mis padres por última vez. [...] Han sido los diez mejores años de mi vida». Este comienzo tan contundente como prometedor supone la carta de presentación de la novela ganadora del último Premio Strega, obra con la que el autor italiano Andrea Bajani (Roma, 1975) se ha coronado como una de las voces europeas más potentes e irreverentes de la actualidad. Y es que Bajani, adentrándose en el laberíntico y tortuoso terreno de la memoria, desmitifica de manera brutal la sacralidad de los vínculos familiares y ofrece, entre el tono confesional y una honestidad liberadora, la espeluznante crónica de un crimen perpetrado en la intimidad del hogar donde hay asesinato, pero no cuerpo.

Sí, Bajani es capaz de matar al padre como concepto con mucho más ensañamiento que un capo de la mafia siciliana. El aniversario no es más que un epitafio con sabor a venganza terapéutica, un intento por comprender, desde la distancia de los años y mediante el poder incomparable de la ficción, a esos absolutos desconocidos a los que llamamos progenitores y a cuyo cargo tenemos la suerte —o, en algunos casos, la desgracia— de venir al mundo. Una aproximación vehemente, lúcida y extremadamente inteligente a la violencia de los golpes, de los gritos, de los malos modales, pero también de ciertos silencios inexplicables.

Narrada con una estremecedora sensibilidad y un minucioso ímpetu analítico, El aniversario es una historia sobrecogedora sobre un hijo que corta el cordón umbilical por puro instinto de conservación, el relato de un hombre, no sabemos hasta qué punto inspirado en las propias vivencias del escritor, que explica los motivos de su distanciamiento y su negativa a asumir el cuidado de unos seres responsables de tanto dolor. Andrea Bajani señala a la familia como cuna del trauma y trata de esbozar un perfil de los padres del protagonista repleto de lagunas que solo es posible subsanar gracias al esfuerzo de la especulación.

El narrador asume la tarea de reconstruir el retrato de una familia desestructurada empezando por la figura apocada y casi impasible de la madre, una mujer víctima de su tiempo que parece vivir una vida ajena y que dosifica la poca autoridad que puede ejercer desde un inexpugnable bastión de indiferencia. En marcado contraste, el padre de la familia se erige como raíz de la vorágine doméstica, lanzando virulentas andanadas de furia que no solo resquebrajan la paz del hogar, sino que la hacen estallar como si la golpeara un cañón de mortero. Bajani describe la crianza como trinchera, pero lo hace desde una posición de genuina curiosidad que no busca únicamente el resarcimiento o la catarsis, sino que trata de hallar explicación al fracaso entre los escombros de una casa con los cimientos carcomidos. 

Andrea Bajani entiende que los padres cargan con sus propias culpas, frustraciones, remordimientos y pesares, que la intrahistoria es un enjambre de experiencias compartidas, pero de sensaciones que se intersecan. En ese sentido, El aniversario es un excepcional ejercicio de empatía, de bondad, de querer ponerse en el lugar del otro para ver mejor el tuyo propio, una novela desgarradora que sentencia de manera rotunda, pero nunca cruel, las deficiencias de unos roles que a veces se nos vienen demasiado grandes. Y todo por culpa de una paupérrima educación sentimental que queda en la obra de Bajani completamente masacrada y de cuyas secuelas el protagonista de la novela se tendrá que recuperar.

Así, a pesar de su carácter drástico y sombrío, El aniversario me ha parecido una novela absurdamente conmovedora, una deconstrucción diáfana y perspicaz de las relaciones paternofiliales que lo mismo te acaricia con ternura que te sacude con la fuerza de un martillo. Tal y como asegura el protagonista, «en ese acceso, a través de la invención, a lo que el recuerdo no posee estriba precisamente la fuerza brutal de la novela. Que casi siempre se desinteresa de la realidad y aporta siempre la verdad.» Sin duda, entre las páginas de El aniversario, Andrea Bajani ha conseguido plasmar esta máxima con una prodigiosa maestría.


«Y decía, más o menos, que todo cuanto cae sigue cayendo, incluso cuando ya ha tocado el suelo. Porque de todo, en el fondo, lo que cuenta es el peso.»


★★★

Natasha Brown - Los universalistas

sábado, 22 de noviembre de 2025



► Título original: Universality
► Traducción: Laura Salas
► Año: 2025
► Edición:  Anagrama (2025)
► Páginas: 176


Después de sorprender con un espléndido debut, Natasha Brown (Londres, 1990) demuestra en Los universalistas que la suya es una voz que ha llegado para quedarse. La segunda novela de la escritora británica, que fue propuesta para el Premio Booker de este año, ahonda con absoluta brillantez en la preocupante deriva ideológica de un mundo que ya no se rige por las convicciones personales, sino por los índices de popularidad. Da miedo observar, no solo hacia dónde nos dirigimos en términos sociales y políticos, sino dónde estamos ya, pero lo cierto es que Natasha Brown, con su nueva obra, ofrece una mirada esclarecedora sobre el presente que cae como agua de
mayo en medio de un panorama desolador de discursos populistas y flagrante sequía intelectual.

La novela de Brown empieza en clave de reportaje periodístico sobre un peculiar incidente acontecido durante la época de confinamiento provocada por la covid-19. En una granja situada a las afueras de Yorkshire, un grupo de activistas conocidos como los «universalistas» montan una fiesta clandestina que acaba con uno de sus miembros hospitalizado tras recibir un golpe en la cabeza con un lingote de oro. Incapaz de prever la trascendencia del artículo, su autora, Hannah, no solo indaga en los misterios sin resolver que plantea el caso, sino que analiza una serie de cuestiones escondidas tras la anécdota que levantarán ampollas en cierto sector conservador de la sociedad británica.

Así, Los universalistas constituye un sugerente juego metaliterario en el que los personajes se mueven dentro y fuera de los tabloides como piezas de ajedrez en una partida por el control del relato. Para Hannah, la viralización del texto supondrá una vía de escape de la precariedad laboral a la que viene estando acostumbrada. Con su adaptación televisiva a punto de ver la luz, el reportaje sobre los «universalistas» también pondrá en el foco a la polémica Miriam «Lenny» Leonard, una columnista de derechas que despotrica sin descanso contra cualquier cosa que huela a progresismo woke y discriminación positiva, y a su hijo Jake, un bala perdida sobre el que recaen las
principales sospechas del delito. Para colmo, Martin, expareja de Hannah, está a punto de entrevistar a la infame Leonard en un inminente festival literario que apunta a ser uno de los eventos más explosivos del año y el patíbulo idóneo donde ejecutar un juicio sumarísimo contra alguno de los implicados.

Sin duda, Natasha Brown ha escrito una novela apasionante que escenifica de forma certera cómo la ideología salta por la ventana cuando entra en juego la opinión pública. Afilada, socarrona y de una feroz actualidad, Los universalistas supone una lectura intrigante y sorprendente, escrita con intenciones perversas y que provoca de todos menos indiferencia. Brown ha sabido capturar el clima imperante de polarización y descontento general, y cómo las diferencias de clase fertilizan el terreno para que los pensamientos extremistas aniden en el seno de una demografía que solo se identifica con el malestar, pero yerra a la hora de señalar las causas.

Haciendo gala de un estilo mordaz y un talento indiscutible para el perfil psicológico, Natasha Brown se erige como el adalid de una crítica lacerante contra la maquinaria propagandística de los imperios mediáticos, el cinismo del poder financiero y el papel no siempre evidente de los individuos en el fragor de una batalla cultural donde, como se suele decir, no hay que dejar que la verdad arruine una buena historia. Los universalistas, en su pretensión de abarcar todos los colores del argumentario contemporáneo, supone una lectura tan estimulante como incendiaria que puede tender puentes entre posturas aparentemente irreconciliables, pero que quizá sean más cercanas de lo que quieren hacernos creer.


«La verdad, con mucha frecuencia, se beneficiaba de las técnicas de la ficción.»


★★★

Ocean Vuong - El emperador de Alegría

domingo, 19 de octubre de 2025



► Título original: The Emperor of Gladness
► Traducción: Daniel Saldaña París
► Año: 2025
► Edición:  Anagrama (2025)
► Páginas: 440


Aspirantes desde luego hay miles, pero pocos son los debuts que generan tanto entusiasmo y ruido mediático como el que logró Ocean Vuong hace unos años con su primera novela. De ascenso meteórico y viral repercusión, En la Tierra somos fugazmente grandiosos fue para mí como esa musa de los suplementos literarios que, dotada con la omnipresencia propia de un ardid propagandístico, de vez en cuando irrumpe para hacerte sentir como un absoluto marciano por no verle las bondades que todo el mundo señala. Tras paladear las mieles del éxito, Vuong regresa ahora con El emperador de Alegría, una novela mucho más ambiciosa y menos transgresora que habla sobre amistades improbables, diáspora vietnamita y una ciudad en la que los sueños constituyen la base de una insaciable pirámide alimenticia.

Ambientada en un pueblo de Nueva Inglaterra llamado Alegría Este, la novela de Ocean Vuong nos pone en la piel de Hai, hijo de padres exiliados por la guerra que emigraron a Estados Unidos arrastrando de su familia solo para ver cuán fácilmente devienen en pesadilla las nieblas inaprensibles del sueño americano. Tras la muerte de su abuela y su mejor amigo, incapaz de lidiar con sus problemas de adicción y su fracaso como estudiante universitario, Hai orquesta una simulación que sirva como tapadera para complacer las exigentes expectativas de su madre mientras secretamente planea su suicidio. Sin embargo, justo cuando está a punto de tirarse por el puente que marca el límite de la ciudad, Hai es interrumpido por una excéntrica señora de origen lituano que experimenta el invisible pero implacable avance de la demencia.

A partir de ese momento, Hai se convertirá en el cuidador de la entrañable Grazina y entre ambos se establecerá una simbiosis ambivalente, rubricada siempre por esa embarazosa intimidad de quien te ha visto en tu momento más vulnerable. Flotando entre la alucinación y la vigilia, inmersos en un juego narcotizado por reconstruir el pasado, Hai y Grazina se aferran a la ficción como mecanismo para sobrellevar el trauma y asimilar una realidad vaciada de esperanza. Y es que Vuong, no sé si como homenaje o como remake, implementa aquí esa premisa que Kurt Vonnegut ya desarrolló en Matadero cinco, espejo lejano en el que se mira la obra de Vuong y donde el delirio se erige como la respuesta racional a la irracionalidad del campo de batalla que todos llevamos dentro. 

El emperador de Alegría, con esa prosa afectada, retórica y preciosista que constituye el sello personal de Ocean Vuong, retrata el día a día cruel e impúdico de una sociedad triturada a la que le han robado la capacidad de imaginar una vida plena. Tras obtener empleo en un restaurante de comida rápida, Hai nos descubre las existencias truncadas de un grupo de trabajadores que revelan las miserias del sector de la hostelería y que atraviesan cada mañana las puertas de su local como cerdos dispuestos a ser descuartizados por la industria cárnica estadounidense. Sobre penas cotidianas y espontáneas confidencias, Vuong deja florecer vínculos entre un variopinto elenco de individuos repudiados en cuya compañía Hai, junto a su primo Sony —un chaval con autismo y una fijación morbosa por la guerra civil norteamericana—, tratará de establecer el ansiado hogar que siempre se le ha negado.

Aunque me fascina la sensacional habilidad de Vuong para iluminar los rincones más oscuros con la radiante tonalidad de su lenguaje, sigo sin encontrar mi sitio en su visión de la literatura, que se me antoja un tanto pueril. El emperador de Alegría, lejos de cautivarme, me ha parecido una novela sin propósito ni mensaje y, por momentos, soporífera, un recuento de escenas deslavazadas que parecen más un esfuerzo por transmitir determinados vibes que por articular una trama sólida e interesante. No obstante, creo que El emperador de Alegría puede encantar a los que fliparon con el primer trabajo de Ocean Vuong y busquen ración doble de ese ingrediente tan característico con el que sazona su escritura. Así, si prestas atención, de entre los escombros cenicientos de Alegría Este verás emerger la desgarradora llamada de auxilio de alguien que cada día elige en quién debe convertirse. Ya sea como Hai, Labas o el sargento Pepper, el protagonista de El emperador de Alegría encarna la desconsoladora tragedia de quienes son víctimas de la historia y se ven forzados a meter una multitud de vidas en el diminuto hueco de una sola vida.


«Porque recordar es llenar el presente con el pasado, lo que significa que el coste de recordar algo, cualquier cosa, es la vida misma.»


★★

Paul Murray - La picadura de abeja

jueves, 11 de septiembre de 2025



► Título original: The Bee Sting
► Traducción: Javier Calvo
► Año: 2023
► Edición:  Anagrama (2025)
► Páginas: 720


Escribió Tolstói que «las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera». Sí, desde una óptica literaria, la desgracia tiene muchos más matices que la fortuna y la fatalidad, al contrario que la buenaventura, es un sustrato que no precisa de fertilizante. En su última obra publicada, con la que quedó finalista del Premio Booker en 2023, Paul Murray (Dublín, 1975) recoge el testigo de una tradición ancestral de novelistas que exploran las intrincadas dinámicas de esa institución llamada hogar con la única finalidad de hacerlo saltar todo por los aires. Y aunque en esta historia no aparecen fastuosos bailes de salón ni hay nadie que se arroje a las vías del tren, la carga dramática de La picadura de abeja es de tal envergadura que a su lado Anna Karenina parece un episodio de Friends.

A simple vista, los Barnes son una familia bendecida por el éxito. Beneficiarios de un sólido imperio automovilístico, objeto de admiración y envidia vecinal a partes iguales, los protagonistas de La picadura de abeja constituyen el paradigma de la élite social. Sin embargo, la profunda recesión económica de la pasada década provoca que el concesionario de Dickie se sumerja en un portentoso declive y la venta de vehículos se convierta en una actividad más relacionada con la fe que con los negocios. Imelda, la esposa de Dickie, es un bellezón de carácter explosivo que tras su fachada de frío resentimiento hacia Dickie, a quien achaca la responsabilidad de su actual naufragio financiero, oculta un pasado absolutamente traumático.

Cass, la hija mayor, es una tempestad de deseo en plena ciclogénesis hormonal. Con los exámenes de acceso a la universidad en el horizonte, la perspectiva de emprender una vida nueva y excitante en Dublín junto a su amiga Elaine hace florecer en el interior de Cass un torbellino de sensaciones agradables que poco a poco se irán enmoheciendo por culpa de ciertas urgencias adolescentes cada vez más siniestras. Por su parte, PJ, el benjamín adicto a los videojuegos y las curiosidades científicas al que todo el mundo parece ignorar, se verá arrastrado hacia un callejón sin salida que podría obligarle a tomar una medida desesperada. Para colmo de males, su padre empieza a obsesionarse con la crisis medioambiental y decide construir un refugio subterráneo en mitad del bosque, sin comprender quizá que el verdadero apocalipsis que se cierne sobre los Barnes no proviene de los microplásticos ni de los gases de efecto invernadero, sino de su propio árbol genealógico.

Secretos, fantasmas, amantes, remordimientos y una cantidad ingente de revelaciones. Son los ingredientes de una novela inmensa y monumental que aborda la oceánica profundidad de sus personajes con una magnitud que sobrepasa cualquier escala. La capacidad de Murray para mantener la tensión narrativa a lo largo de 700 páginas, encontrando siempre maneras de innovar, de sorprender, de no caer en la monotonía incluso revisitando escenas desde distintas perspectivas, me parece un don que está al alcance de muy pocos escritores contemporáneos. Estructurado de manera coral, cada sección de La picadura de abeja nos proporciona una visión más clara y global de lo que está ocurriendo ante nuestra mirada atónita y curiosa, añadiendo nuevas capas y significados a incógnitas que ya creíamos despejadas.

El estilo corrosivo, audaz y elocuente de Paul Murray supone el acompañamiento perfecto a una historia profundamente anclada en la sátira y el humor negro que medita sobre todo aquello en torno a lo que decidimos construir (o reformular) nuestra identidad. Con una inteligencia emocional desgarradora y un dominio electrizante de la prosa, Murray puede presumir de haber orquestado una novela magistral que se mide cara a cara con la oscuridad de nuestro interior y nos pregunta si los lazos de sangre no son más que simples vínculos accidentales que se forman entre auténticos desconocidos. Como una suerte de versión irlandesa de Las correcciones de Franzen, La picadura de abeja es un pulso entre la historia individual y la colectiva, entre el realismo y lo sobrenatural, entre la contrición culpable y el más insolente desenfreno. Un absorbente tour de force literario encaminado a una de las conclusiones más cardíacas que recuerdo haber leído nunca. Una incontestable obra maestra que se clava sin avisar, dejando tras de sí la estela de un recuerdo punzante. 


«La historia, dijo el chico con un soplido burlón. Hizo un gesto con la mano en dirección a toda la grandeza isabelina que los rodeaba. La historia no son más que unas bragas. ¿Y qué encuentras cuando te las quitas?»


★★★★★

Ian McEwan - Lecciones

lunes, 15 de enero de 2024



Título original: Lessons
Traducción: Eduardo Iriarte
Año: 2022
Edición:  Anagrama (2023)
Páginas: 584


Que en pleno 2024 podamos seguir leyendo nuevo material de Ian McEwan me parece un milagro del que no se habla lo suficiente. El autor de obras tan emblemáticas como Expiación, Amsterdam o Chesil Beach (al que debe de dolerle la espalda de tanto cargar con el peso de la literatura británica contemporánea), no solo mantiene el nivel al que nos tiene acostumbrados, sino que rompe su propio techo entregando una novela absolutamente monumental en el que constituye su proyecto más largo hasta la fecha y quizá el más ambicioso.

Lecciones nos pone en la piel de Roland Baines, un hombre que desde niño ha acostumbrado a enfrentar todo tipo de crisis, tanto personales como históricas. Hijo de un militar destinado en Trípoli y una mujer atenazada por su pasado trágico, Roland fue arrancado del núcleo familiar por la escalada de un conflicto bélico y aterrizó en un internado a miles de kilómetros de distancia sin hacerse una idea de las guerras que estaba a punto de librar dentro de sus cuartos. Los compases iniciales de la novela, impregnados de un exquisito sabor a Bildungsroman, nos ofrecen una zambullida en esos primeros años de formación, inocencia y múltiples despertares del protagonista, dinamitados de manera tan brutal como cruel por la relación que establece Roland con Miriam Cornell, su profesora de piano. Víctima de una dinámica retorcida y de un flagrante abuso de poder, Roland se entrega a un estremecedor frenesí sexual con la señorita Cornell propiciado en gran medida por la espiral de histeria apocalíptica que tenía como telón de fondo la crisis de los misiles en Cuba. El proceso, narrado con la brillantez y la elegancia habituales en McEwan, resulta particularmente devastador y sus eventuales ramificaciones se extienden por la vida del protagonista como una influencia imborrable.

Décadas después, cuando su mujer —escritora frustrada e hija de alemanes disidentes contra el régimen de Hitler— desaparece sin previo aviso y lo abandona con un hijo a su cargo, Roland deberá enfrentarse a los episodios más oscuros de su trayectoria personal mientras resiste las embestidas políticas y sociales de la segunda mitad del siglo XX. Así, Lecciones nos ofrece un fascinante recorrido por acontecimientos tan relevantes como la caída del Muro de Berlín, el accidente de Chernóbil o la pandemia del COVID-19 contados desde una perspectiva que aúna lo individual y lo colectivo y que certifica con la inconfundible rúbrica de McEwan la capacidad inagotable del ser humano de joderse a sí mismo sin necesidad de un declive internacional. A pesar de su elevado componente de crónica, Lecciones es una narración siempre cercana, situada muy próxima a la voz narrativa y teñida de emotividad, franqueza y empatía en cada una de sus páginas. Llevando por bandera un optimista derrotismo, Roland Baines es uno de los personajes más vívidos, profundos y mejor caracterizados que he leído en mucho tiempo, un perdedor incansable, una ficción tan meticulosa, nítida e íntima que sabe a más realidad que nunca.

Narrada a través de continuos saltos temporales, pero sin perder el hilo conductor en ningún momento, Lecciones encierra verdades fundamentales sobre el amor, la culpa, la memoria y la identidad que en manos de cualquier otro escritor sencillamente serían imposibles de contar. McEwan no titubea a la hora de adentrarse en terreno pantanoso. No le tiembla la mano cuando se trata de remover conciencias ni de incomodar al lector. Y es esa una cualidad que, por su creciente escasez, resulta tanto o más urgente reconocer. Dada su escala descomunal, así como su impecable calidad narrativa, Lecciones no es sino la contundente constatación del imperial talento que Ian McEwan a día de hoy aún conserva.


«Si su vida hasta el momento era un fracaso, como a menudo pensaba, era pese a la generosidad de la historia.»


PUNTUACIÓN: 

Natasha Brown - Reunión

jueves, 31 de marzo de 2022



Título original: Assembly
Traducción: Inga Pellisa
Año: 2021
Edición:  Anagrama (2022)
Páginas: 144


La sedición siempre se ve con buenos ojos cuando su objetivo es derrocar ideas restrictivas y anquilosadas, ¿pero cómo recibiríamos la noticia de que nuestro auténtico verdugo siempre ha sido el progreso? La primera novela de Natasha Brown es una impactante y demoledora exploración de esta idea descabellada. Su protagonista, una mujer —como la autora— joven, negra y británica, constituye el epítome del éxito empresarial. No es una persona, es un ideal, y como los expedicionarios que arriesgan su vida para conquistar territorios desconocidos, regresa de su impecable periplo hacia la cúspide para implantar por medio de conferencias supuestamente inspiradoras la semilla de la ambición profesional en cientos de chicas que aspiran a convertirse en lo que es ella.

Sin embargo, en su fuero interno, la protagonista y narradora de Reunión se siente como una perfecta estafadora. Hija de inmigrantes jamaicanos, no ha permitido que su herencia cultural se convierta en un escollo para su ascenso social y económico, meta cuyo galardón es descubrir gracias al Brexit que ahora ninguna patria la reclama. A pesar de sus méritos y de su incuestionable capacidad, sigue siendo el espejismo de una mujer con autoridad, una pantomima orquestada para complacer la conciencia de las masas, la chica a la que todo el mundo mira cuando se acaba el café de la oficina, un par de tetas más que manosear. A través de breves pero punzantes viñetas, Natasha Brown muestra la infernal cotidianidad de la violencia que sufren muchas mujeres, la naturalidad con que se asume en ámbitos como el laboral y las tenebrosas secuelas que provocan en el ánimo de la protagonista cuando debe enfrentarse a una importante decisión médica.

Narrada con agudeza, tremenda amargura y cierto aire de ensayo sobre identidad racial, Reunión es una obra experimental, poco ortodoxa, que juega con las expectativas del lector y lo conduce por arenas movedizas, simulando un suelo firme que te puede arrastrar sin previo aviso a las más oscuras profundidades. La trama, disfrazada de viaje con destino a una fiesta organizada en la campiña inglesa a la que nuestra protagonista acude para conocer a los padres de su novio blanco, juega un papel poco relevante en el encanto de una obra que nace desde la más acuciante rabia por la injusticia y el racismo sistémicos que aún permean las instituciones y la sociedad contemporáneas. Aunque narrativamente no sea un prodigio ni un texto revolucionario, la exposición de motivos aquí reunida posee una arrolladora fuerza combinada que hace de Reunión un debut tan elocuente como rompedor. 


«Sé la mejor. La más trabajadora, la más eficiente. Supera todas las expectativas. Pero, además, sé invisible, imperceptible. No hagas sentir incómodo a nadie. No molestes. Existe solo en negativo, en el espacio alrededor. No quieras ser la protagonista. Pasa desapercibida. Conviértete en el aire.
    Abre los ojos.»


PUNTUACIÓN: ★★

Kazuo Ishiguro - Klara y el Sol

martes, 1 de marzo de 2022



Título original: Klara and the Sun
Traducción: Mauricio Bach
Año: 2021
Edición:  Anagrama (2021)
Páginas: 336


Si El gigante enterrado era una pintoresca interpretación del género fantástico, en su primera novela tras ganar el Nobel de Literatura en 2017 Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) se adentra de lleno en el territorio de la ficción especulativa. Y lo hace resuelto, sin titubeos, sin dejar entrever ni un solo segundo la inexperiencia o la inseguridad del primerizo. En realidad, muchos de los temas que Ishiguro aborda en Klara y el Sol ya aparecían en Nunca me abandones, uno de sus trabajos más populares —si no el que más—, pero en esta ocasión no de forma tan intangible ni soterrada. Atrás quedaron las insinuaciones y las sugerentes medias tintas: aquí, robots e inteligencia artificial se dan cita abiertamente para configurar un relato que es más humano que nunca.

La narradora de la novela es Klara, una Amiga Artificial que se alimenta de energía solar y que está destinada a servir como compañía para adolescentes taciturnos. Curiosa, analítica y dotada de una excepcional capacidad de observación, Klara ve pasar los días desde un expositor comercial a la espera de que alguien quede prendada de ella y decida llevársela a casa. Durante los primeros compases de la novela, Klara contempla el mundo que se despliega ante sus ojos virtuales con una mezcla de fascinación e incertidumbre, intercambia impresiones con otra androide llamada Rosa y, en general, se deja sorprender por la indescifrable conducta de las personas que pasan frente a la tienda sin percatarse de su existencia. Sin embargo, la «vida» de Klara da un vuelco cuando finalmente Josie, una niña aquejada por una extraña dolencia, decide comprarla para aliviar su soledad.

A partir de ese momento, Ishiguro pone en marcha los sofisticados engranajes de su maquinaria narrativa y despliega ante el lector una historia tan misteriosa como apasionante, siempre marcada por las sutilezas y los espacios en blanco. Al igual que Klara, asistimos expectantes al devenir de los acontecimientos, tratando de vislumbrar hacia dónde nos lleva de la mano Ishiguro y qué tenebrosas sombras esconden los resquicios de su universo distópico. En Klara y el Sol, Ishiguro exhibe una vez más su característica sensibilidad literaria hilvanando una novela pausada pero emocionante que, aun sin poseer un ápice de originalidad, indaga con audacia en las complejidades de lo que significa ser humano y nos recuerda las dificultades que siempre afrontará la tecnología en su empeño por reproducir todo aquello que nos identifica. La amistad, el amor, el sufrimiento, la maternidad e incluso la espiritualidad… ¿puede todo el espectro de la experiencia humana codificarse en forma de bits? ¿Puede un simple conjunto de algoritmos demostrar más lealtad, compromiso y compasión que un ser de carne y hueso? Aunque la fórmula de Ishiguro deja en el aire más cuestiones de las que resuelve —práctica que quizá ponga de los nervios a más de uno—, puede afirmarse que su efectividad continúa a día de hoy totalmente intacta.  


«Al mismo tiempo, lo que empezaba a tener claro era hasta qué puntos los humanos, en su obsesión por evitar la soledad, hacían maniobras que resultaban muy complejas y difíciles de entender».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Lionel Shriver - Propiedad privada

viernes, 12 de febrero de 2021



Título original:  Property. Stories Between Two Novellas.
Traducción: Daniel Najmías
Año: 2018
Edición: Anagrama(2020)
Páginas: 408


Quien haya leído la conocida novela de Lionel Shriver Tenemos que hablar de Kevin tiene idea de lo mordaz y ridículamente sangrante que puede llegar a ser la escritora norteamericana cuando se lo propone. En su nueva colección de relatos, Shriver (Carolina del Norte, 1957) articula una serie de sobresalientes piezas narrativas que giran en torno al concepto de propiedad, bien inmobiliaria o bien sentimental, y deja claro que no ha perdido ni un ápice de su particular derechazo.

En la novela corta «La araña de pie» Shriver disecciona la relación de Jillian y Weston, dos amigos con un alto grado de complicidad y que en el pasado mantuvieron un breve idilio, mientras se pregunta hasta qué punto una relación en apariencia inquebrantable puede soportar el peso de los celos. «El falso plátano autógamo» es un entrañable cuento sobre una mujer que trata de digerir la muerte de su marido mientras arregla el jardín en el que trabajaba, ahora totalmente descuidado,  y que se topará con un obstáculo enraizado en una parcela contigua.  En «Terrorismo doméstico» unos padres deciden que es hora de echar a su hijo treintañero de casa, mientras que en «Cartas robadas» un funcionario de Correos propicia un encuentro con una desconocida después de fisgonear en la correspondencia ajena.

«Tipos de cambio» explora, bajo la sombra de un cheque sin cobrar, la complicada relación de un padre con su hijo; por su parte, «Kilifi Creek», sin duda uno de los relatos más singulares de la colección, narra las peripecias africanas de una joven con flagrante exceso de confianza. Una muestra asombrosa del manejo que hace Shriver de la tensión narrativa y que deriva en una escalofriante composición de terror psicológico. Shriver realiza una hilarante y maquiavélica aproximación a lo sobrenatural en «Recuperación de una propiedad ejecutada», en el que la nueva inquilina de una casa sufrirá el acoso de su antigua dueña. En «Alimañas», una pareja de artistas descubre que una familia de mapaches se ha instalado en un hueco de su edificio, mientras que en «Del paraíso a la perdición», un ejecutivo se pega la vida padre en una isla remota tras cometer un desfalco multimillonario. Pone el broche final a la colección «La Realquilada», en el que Shriver ahonda con abrumadora erudición en el conflicto irlandés al tiempo que Sara, su protagonista, trata sin éxito de desalojar a una compañera de piso. 

Por mucho que se repitan algunos motivos argumentales a lo largo de estas doce historias, la escritura de Shriver te pilla siempre con la guardia baja. Sus personajes son fierecillas aparentemente inofensivas que sacan las uñas cuando un extraño se atreve a cruzar las lindes de su terreno. Haciendo gala de un estilo afilado, prolijo y plagado de sarcasmo y exquisito humor negro, Shriver explora como pocos autores contemporáneos lo saben hacer esa respuesta primitiva del ser humano a la transgresión de su patrimonio. En un tono que podría considerarse admonitorio si no se percibiera el retorcido deleite de la autora ante los dilemas de sus personajes, Shriver airea a lo largo de Propiedad privada todo tipo de rencillas familiares, conflictos de pareja, desacuerdos entre vecinos y disputas territoriales con brutal mala leche y un delicioso sentido del espectáculo. La brecha generacional, la precariedad laboral y económica o el desgaste causado por la convivencia son algunos de los temas recurrentes que Shriver aborda en este libro y que identifica como la fuente de distintos malestares capaces de escalar y convertirse en auténticas declaraciones de guerra. Propiedad privada: léanlo. Y pónganse a cubierto.


«No cabía duda de que cualquier lugar de mala muerte podía parecer impagable siempre y cuando otro pánfilo estuviera dispuesto a disputártelo.»


PUNTUACIÓN: 

Amélie Nothomb - Los nombres epicenos

miércoles, 27 de enero de 2021

 


Título original:  Les prénomes épicènes
Traducción: Sergi Pàmies
Año: 2018
Edición: Anagrama (2020)
Páginas: 128



Amélie Nothomb (Kobe, 1967) regresaba el año pasado a nuestras vidas (no tengo claro que alguna vez se haya ido) con Los nombres epicenos, un trabajo tan delicioso como rocambolesco que va muy en la línea de lo que ha ido publicando la autora en los últimos tiempos; un simpático híbrido entre el realismo y la fábula nada revolucionario, es verdad, pero que Nothomb ha ido perfeccionado hasta hacerlo extremadamente peculiar. 

En el centro de la narración se sitúa Dominique, una muchacha enamoradiza y algo ingenua que cae rendida ante los encantos de Claude, cuyo empeño por seducir a su presa revela rasgos casi patológicos. De su relación nace una niña a la que llaman Épicène, apelativo extraído de una obra de Ben Jonson que sirve para designar aquellos nombres que se emplean tanto en masculino como en femenino. A pesar de su edad, la niña percibe por parte de su padre una corriente de frialdad de origen incierto, situación que aprovecha Nothomb para sembrar en el corazón de la protagonista el germen de la alienación y la angustia existencial. Así, víctima de un irrespirable ambiente doméstico y de las repentinas aspiraciones sociales de su padre, Épicène se transforma en una vorágine de odio ancestral y sed de venganza que destapará antiguas afrentas sin resolver. 

Con la contundencia y la sobriedad que la caracterizan, Nothomb desentraña el drama de Épicène moviéndose entre la tragedia shakespeariana y la epopeya homérica. La absoluta repulsión que profesa Épicène hacia la figura paterna es el eje en torno al que se mueve esta macabra historia en el que los personajes femeninos tratan de reclamar su lugar, arrebatado por la revancha soterrada de Claude. Es hilarante, casi caricaturesco, la dimensión que adquieren en las novelas de Amélie Nothomb los conflictos más insignificantes, pero confieso que es una fórmula eficaz a la que la escritora de origen belga le ha cogido perfectamente la medida. Creo que en manos de otro autor más pagado de sí mismo las historias de Amélie Nothomb perderían gran parte de su fuerza y de su encanto, pero mientras mantengan su inconfundible sello seguirán teniendo hueco en mi estantería. 

Bien es cierto que, teniendo a sus espaldas auténticas joyas como Higiene del asesino o Ni de Eva ni de Adán, siendo esta vertiente (semi)autobiográfica la que más me cautiva, parece que los últimos trabajos de Amélie Nothomb han ido perdiendo fuelle, palidecen en comparación. No obstante, Nothomb sigue diseccionando en Los nombres epicenos el agitado universo femenino y los complejos vínculos familiares con una lucidez hipnótica, siempre desde una mirada con conciencia de clase que rezuma perversión y malevolencia, moviéndose sus personajes por pulsiones violentas y de raíces, a menudo, sexuales. No me parece Los nombres epicenos la puerta de entrada idónea al chisporroteante cosmos narrativo de Amélie Nothomb, pero sí un exquisito tentempié para los lectores, como yo, que disculpamos sus imperfecciones porque disfrutamos enormemente de ellas.


«Entre sus once y sus catorce años, la chiquilla había estado muerta durante algunos siglos. Aquellos años de celacanto le habían permitido acceder a los archivos del Infierno. Ahora que había vuelto a la vida, podía invocar a su antojo aquellos recuerdos».


PUNTUACIÓN:  ★☆

Reseñas breves [186 - 187]

miércoles, 19 de junio de 2019



Título original: The Sparsholt Affair
Traducción: Gemma Rovira
Año: 2017
Edición: Anagrama (2019)
Páginas: 504


La última novela del escritor británico Alan Hollinghurst (galardonado en 2004 con el Man Booker Prize por su famosísima La línea de la belleza) arranca en 1940, cuando un apuesto y atlético David Sparsholt aterriza en la elitista universidad de Oxford e inmediatamente logra captar la atención de un grupo de jóvenes literatos que se disputarán sus atenciones de manera más o menos homoerótica. Mientras Londres se desgarra entre bombardeos, los jóvenes protagonistas de El caso Sparsholt exploran los placeres de la cultura, la amistad y el deseo, abonando el terreno narrativo sobre el que Hollinghurst construye una ambiciosa saga que recorre más de medio siglo de vida británica hasta detenerse en la actualidad. En esta fascinante crónica social, Hollinghurst inmortaliza los vaivenes de la frágil moral británica a través de cinco partes que componen un complejo y caleidoscópico prisma. Lo que en un principio tiene flecos de autobiografía literaria bastante mojigata y cándida se convierte en una agitada exploración de la sexualidad y los frustrantes afectos masculinos en el que Johnny, hijo de Sparsholt, trata de encontrar su lugar en el mundo mientras le persiguen las sombras de un escándalo sexual en el que estuvo envuelto su padre. A pesar de su carácter ambiguo y de no mantener nunca un rumbo fijo, El caso Sparsholt se revela a así misma como una lectura tremendamente adictiva y sofisticada, una obra subyugante e impredecible que vuelve a colocar a su autor como una de las figuras más destacadas del momento.

PUNTUACIÓN: ★★★☆




Título original: Enigma Variations
Traducción: Inmaculada C. Pérez Parra
Año: 2017
Edición: Alfaguara (2019)
Páginas: 320


Arropada por el arrollador éxito de la adaptación cinematográfica de Llámame por tu nombre, Variaciones Enigma se publica finalmente en castellano haciendo frente al reto de satisfacer unas elevadísimas expectativas que los que caímos rendidos ante la honestidad kamikaze de Aciman no estamos dispuestos a bajar. En cierto sentido, la historia de Variaciones Enigma guarda notables semejanzas con el bestseller del escritor de origen alejandrino, conservando, aunque solo en momentos puntuales, las mejores características de la prosa de Aciman. El protagonista de Variaciones Enigma es un joven llamado Paul que al comienzo de la novela regresa al pueblo de su infancia en la costa italiana donde experimentó, de manera confusa y precipitada, los mágicos e inflamables cosquilleos del primer amor. El final abrupto y frustrado de la historia, junto a las demoledoras revelaciones que trajo consigo, parecen acompañar a Paul durante el resto de su vida, marcando sus relaciones posteriores con el hierro de la insatisfacción y la falta de iniciativa. Haciendo gala de esa sensibilidad visceral que le caracteriza, Aciman desciende a los infiernos del deseo frustrado para retratar como solo él sabe la angustia que atenaza a su protagonista, víctima de un insaciable y sórdido anhelo por los pliegues más recónditos de la carne. Aunque posee escenas de una fuerza arrolladora, Variaciones Enigma no sobresale como un conjunto sólido; al contrario, se trata de una novela irregular, autocomplaciente, falta de inspiración e incluso rayana en el narcisismo más atroz. Un intento fallido de emular una fórmula irrepetible.

PUNTUACIÓN: ★★

Amélie Nothomb - Golpéate el corazón

miércoles, 10 de abril de 2019



Título original: Frappe-toi le coeur
Traducción: Sergi Pàmies
Año: 2017
Edición: Anagrama (2019)
Páginas: 152


Amélie Nothomb es un autora que a veces me fascina y a veces me aburre soberanamente. Nunca sabes a qué atenerte cuando se publica su ración anual de narrativa. ¿Qué será esta vez? ¿Un cuento desviado, una fábula grotesca, un excéntrico episodio autobiográfico? En su retorcida y delirante recámara literaria, uno de cada seis agujeros guarda en su interior una bala. Un ejercicio arriesgado, casi suicida. Y aún así, jamás me he planteado renunciar a los juegos argumentales de Nothomb, a su efervescencia y su voluptuosidad, porque no existe, en mi opinión, contendiente que le dispute el reinado de ese género propio en el que se mueve.

Golpéate el corazón, su último trabajo traducido al castellano, es una portentosa exhibición de rivalidad femenina en el que se perciben los rasgos más característicos de Amélie Nothomb con una inusual alternancia de contención e incontinencia. La historia comienza con la caída en desgracia de Marie, una joven vanidosa y superflua que disfruta a un nivel casi sexual de su capacidad para atraer miradas y despertar envidias. Marie se recochinea de su atractivo, se emborracha de su propio poder de seducción mientras el resto de chicas de su edad se esclavizan a una vida conyugal inerte y aburrida, marcada por una clamorosa falta de ambición. Sin embargo, Marie, incapaz de gobernar las reglas del juego amoroso, quedará embarazada de un chico llamado Olivier, dando así al traste con sus esperanzas de llevar una vida emocionante y díscola.

Diane, por su parte, crecerá bajo la desgraciada sombra que proyectan las frustraciones de su madre, esa diosa indiferente «capaz de tocarla sin que existiera un contacto real, de mirarla sin verla». Con una elocuencia insólita, Diane expone la sanguinolencia de sus heridas emocionales al sufrir el constante rechazo de Marie, sumida en una depresión profunda tras el parto. La situación se agrava hasta el punto de tener que abandonar el hogar familiar para mudarse a casa de sus abuelos, que se encargarán de criarla con todo el cariño que su madre le niega. No obstante, cuando Marie se vuelve a quedar embarazada, primero de Nicolas y después de Célia, Diane descubre que, al contrario que ella, sus hermanos gozan de una oleada de devoción maternal que abrirá en su interior un abismo de desolación.

Inspirada por un verso de Alfred de Musset, y quizás, de igual modo, por las violentas pasiones que bombean el corazón, Diane decide estudiar cardiología y se convierte en la inseparable pupila de Olivia, una apasionante profesora con la que establecerá un vínculo tan estrecho como peligroso. Junto a Olivia, Diane conocerá la gloria y el reconocimiento, pero también, parece indicarnos Nothomb, la perfidia latente en todas las relaciones humanas. 

En esta novela pequeña pero vigorosa, Nothomb atenta contra los ingenuos preceptos que presuponen la maternidad como una fuente de amor incondicional y nos presenta a un deslumbrante elenco de personajes femeninos que se dedican a derrumbar mitos fuertemente atrincherados. Lejos de instalarse en el rencor y la pesadumbre, el personaje de Diane se caracteriza por la voluntad inquebrantable de no repetir los errores de los que ha sido víctima. A pesar de su tono trágico y de su final «shakespeariano», Golpéate el corazón posee una arrobadora fe en la capacidad del ser humano de sobreponerse al trauma. En la línea de la mejor Nothomb, aunque sin llegar a las cimas de su narrativa, Golpéate el corazón se desliza entre la puerilidad y la grandilocuencia hacia un territorio del que brota una sorprendente madurez.


«Diane dejó de ser una niña en aquel mismo instante. Sin embargo, no se convirtió ni en una adulta ni en una adolescente: tenía cinco años. Se transformó en una criatura desencantada cuya obsesión fue no hundirse en el abismo que esa situación había abierto dentro de su ser».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Julian Barnes - La única historia

miércoles, 20 de febrero de 2019



Título original: The Only Story
Traducción: Jaime Zulaika
Año: 2018
Edición: Anagrama (2019)
Páginas: 240


La colección Panorama de Narrativas de la editorial Anagrama alcanza el millar de títulos gracias a La única historia, novela de Julian Barnes en la que el escritor británico revisita con cierta nostalgia edulcorada algunos temas ya presentes en su icónica —y galardonada con el Premio Booker en 2011— El sentido de un final. El narrador de la obra es un hombre llamado Paul que en el albor de su vida rememora un idilio de juventud que lo marcó para siempre. Durante unas vacaciones de verano en casa de sus padres, Paul, de diecinueve años, ingresa en un club donde formará pareja de tenis con Susan Macleod, una mujer de cuarenta y ocho años, casada y con dos hijas que deslumbra al protagonista por su desenfadada y atrevida personalidad, muy alejada del perfil característico de las mujeres que frecuentan su anodina esfera social. 

La relación de ambos, aunque apasionada, pronto se enfrenta a numerosos estigmas que Paul encara con el idealismo y la ingenuidad propias de su edad, dos herramientas que a Julian Barnes le sirven para revelar de forma demoledora el irreparable desgaste de un amor que parecía indestructible a ojos de sus protagonistas. La inexperiencia de Paul le impide calibrar la situación desde una perspectiva adulta. En su efervescente fantasía romántica, desembarazada por completo de asuntos prácticos y cotidianos, Paul está convencido de que su historia con Susan posee los mecanismos necesarios para desarticular cualquier obstáculo, dese la oposición familiar hasta el aislamiento y la carencia de fondos. Sin embargo, la aparición estelar de elementos como el alcohol, la soledad y el sexo triste dinamitan los cimientos de una relación estructurada sobre la falacia de que sus miembros se conocen a cabalidad.

Empleando su particular audacia y sensibilidad narrativas, Julian Barnes anticipa la conclusión catastrófica de la historia desde sus primeros compases, permitiendo que el carácter trágico y desdichado de los protagonistas, lejos de golpear al final, vaya ensombreciendo poco a poco cada rincón de la narración. Con sus acentuados altibajos emocionales, mezclando la euforia más contagiosa con una pesadumbre existencial, La única historia es un emocionante viaje al pasado a través de la memoria, una lectura absorbente, lacerante y sutil en la que Julian Barnes explora las laberínticas complejidades del amor y su capacidad para forjar —no siempre de manera constructiva— el paisaje interior de las personas. ¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? es la gran cuestión que se plantea el narrador al comienzo de la novela y a la que Julian Barnes trata de responder a lo largo de La única historia en un nuevo y apasionante ejercicio de virtuosismo literario.

PUNTUACIÓN: ★★★☆

Michel Houellebecq - Serotonina

miércoles, 6 de febrero de 2019



Título original: Sérotonine
Traducción: Jaime Zulaika
Año: 2019
Edición: Anagrama
Páginas: 288


Escribir sobre Michel Houellebecq es, cada vez más, como sumergirse en una soporífera redundancia donde todo lo que cabe decir ha sido dicho ya por alguien. El carácter polémico y provocativo de las declaraciones que suele dar el francés se ha convertido en un infalible reclamo para un número creciente de lectores que, lejos de espantarse, aplauden su escandalosa falta de escrúpulos. Otros tantos, por el contrario, se horrorizan ante su visión misántropa y pesimista de la especie humana. En cualquier caso, Houellebecq es un tipo capaz de generar opiniones a mansalva y de todo signo, lo que garantiza siempre un debate intenso alrededor de sus obras.

En Serotonina, publicada en España con una inmediatez inusual respecto a su edición francesa, Houellebecq demuestra que mantiene el pleno control de sus habilidades para escarbar en conciencias ajenas. Para los habituales del escritor galo no parece haber nada nuevo en la historia de Serotonina, narrada en primera persona por un cuarentón desencantado con la sociedad y con el rumbo que ha tomado su vida. Sin embargo, es imposible no recomendar a un autor cuya posible carencia de originalidad parece una nimiedad al lado de su vena castigadora con los vicios de las clases acomodadas. Sumido en una depresión profunda que le empuja a tomar una posición derrotista frente a la continuidad de su existencia vacía y banal, el protagonista de Serotonina emprende un recorrido laberíntico por los momentos más destacados de su biografía amorosa.

Así, el abatido e impotente Florent-Claude reflexiona sobre temas tan dispares como la precariedad del sector agrícola en Francia o la pornográfica decadencia burguesa mientras se lamenta de su disfunción eréctil y llora amargamente su inclinación a sabotear sus propias oportunidades de alcanzar la felicidad. El personaje de Florent-Claude, cuya extrema misoginia, irreverencia y comportamiento autodestructivo esconden, en el fondo, una voluntad de ridiculizar dichas actitudes empleando una brillante vía humorística, se erige como un incómodo recordatorio del hastío vital que predomina entre los miembros de una generación desorientada y, en apariencia, irremisible.

La narrativa de Houellebecq, más fresca y perturbadora que nunca en Serotonina, cumple con creces su objetivo de impresionar, inquirir, molestar e importunar. La suya es una literatura del asco, del desengaño y la pesadumbre, una literatura en pie de guerra que no deja títere con cabeza ni lector impasible y que se pregunta, buscando donde haga falta para encontrar la respuesta, cómo es posible sobrevivir en un mundo donde suceden las cosas que suceden en el nuestro. A pesar del tono lúgubre y lapidario que predomina en su obra, Houellebecq no se abandona por completo a la desesperanza. Ya sea a base de fármacos lobotomizantes o de un demoledor nihilismo, el protagonista de Serotonina se aferra al hilo del que pende su vida en un esfuerzo continuo por satisfacer su necesidad de pertenencia, aun cuando el cuerpo lo que realmente le pide es abrazar la muerte y descansar. Hilarante, impúdica y corrosiva como ella sola, Serotonina es, sin ninguna duda, una lectura altamente recomendable.


«[...] y es así como muere una civilización, sin trastornos, sin peligros y sin dramas y con muy escasa carnicería, una civilización muere simplemente por hastío, por asco de sí misma [...]».


PUNTUACIÓN: ★

Jenny Erpenbeck - Yo voy, tú vas, él va

lunes, 7 de enero de 2019



Título original: Gehen, Ging, Gegangen
Traducción: Francesc Rovira
Año: 2015
Edición: Anagrama (2018)
Páginas: 336


Hay asuntos de actualidad sobre los que parece imposible hablar sin adoptar un tono sensacionalista o melodramático. Sin embargo, la novelista alemana Jenny Erpenbeck (Berlin, 1967), galardonada con el prestigioso Strega italiano por su último trabajo, consigue ahondar con suma perspicacia y total ausencia de maniqueísmo en el drama que viven miles de personas que tratan de llegar a Europa huyendo de situaciones críticas y se encuentran con un continente cerrado a cal y canto, parapetado tras su comodidad burguesa y una aplastante maquinaria burocrática que, lejos de solucionar, denigra y deshumaniza. 


«Richard piensa, pero no se lo dice, que la Tierra es más bien como un vertedero en el que las distintas épocas caen en la oscuridad, se les llena la boca de tierra, se superponen, y una se aparea con la otra para no engendrar nada, y el progreso consiste tan solo en que, de todo eso, los que deambulan por este mundo no saben nada».


El germen de la historia que Jenny Erpenbeck ha querido contar en Yo voy, tú vas, él va reside en un movimiento pro-inmigración que surgió allá por 2012 en la Oranienplatz de Berlin, sede de multitud de concentraciones y revueltas que tenían como objetivo sensibilizar a la población local sobre la situación insostenible de los refugiados. Richard, el protagonista de la novela, es un catedrático recién jubilado que no atraviesa su mejor momento personal. Abandonado por su joven amante y sin ninguna actividad en la que ocupar todo el tiempo libre del que ahora dispone, decide informarse acerca de los acontecimientos que están teniendo lugar en la Oranienplatz tras escuchar en las noticias que un grupo de manifestantes ha decidido acampar allí de forma indefinida.

Cuando Richard se entera de que los jóvenes inmigrantes han sido reubicados en una antigua residencia para ancianos cerca de su hogar, comienza a acudir allí con regularidad para entrevistarse con estos individuos procedentes de países africanos de los que nunca ha oído hablar. Entre la fascinación y el espanto, Richard escucha pacientemente truculentas historias de tribus en guerra, gobiernos corruptos, familias masacradas y travesías suicidas que acaban con decenas de cadáveres flotando a la deriva en el Mediterráneo. A medida que pasan los días, Richard se convierte en testigo de comportamientos volátiles y extenuantes forcejeos con el idioma, descubre anhelos y aspiraciones no muy diferentes de las de cualquier otro ser humano y se presta a ayudar en todo lo que está a su alcance, ya sea ofreciendo clases de piano o financiando latifundios al otro lado del globo.

Cuanto más de cerca observa Richard las vidas de sus nuevos compañeros, más distanciado se siente de sus compatriotas, así como de su absoluta indiferencia y falta de compromiso ante un asunto que no les debería de resultar tan ajeno. Con una solidez argumentativa simplemente demoledora, Jenny Erpenbeck hace un magnífico y mordaz balance entre la situación actual de los refugiados y la de decenas de berlineses que se dejaron la vida intentando franquear el muro que dividía en dos la ciudad. Erpenbeck realiza además un concienzudo repaso de los distintos movimientos de población que ha habido a lo largo de la historia, analiza de manera implacable el papel que juega el Estado en la dificultosa regularización de los inmigrantes y cuestiona la validez de los principios que se esconden tras el concepto actual de ciudadanía. En una época en la que los nacionalismos parecen estrangular cualquier atisbo de razón y de empatía, la relevancia y la inmediatez de historias como la que narra Jenny Erpenbeck, a pesar de su carácter moralista, hacen que Yo voy, tú vas, él va se postule como una lectura absolutamente necesaria.


«¿Y cuál ha sido el mérito de su generación? ¿Cuál es la razón de que ahora las cosas les vayan mucho mejor que, por ejemplo, a esos tres africanos sobre los que acaba de hablar Richard? Ellos, los que están ahí sentados en el sofá, también son niños de la posguerra, así que saben perfectamente que la sucesión entre el antes y el después a menudo sigue leyes muy distintas a las de la recompensa o el castigo. Los efectos no son directos, sino indirectos, piensa Richard, como ya ha pensado a menudo en los últimos años. Los americanos tuvieron sus planes para una mitad de Alemania, y los rusos para la otra mitad. Y ni el bienestar material de una parte ni la economía planificada de la otra puede explicarse por ningún rasgo particular del carácter de los ciudadanos alemanes, que se limitaron a proporcionar el material humano para el experimento político. Así pues, ¿de qué debían sentirse orgullosos?». 


PUNTUACIÓN: ★★★☆

 
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