Recuerdo perfectamente el día que me hice con esta novela. Es más, aún guardo el ticket de compra (en algún lugar indeterminado, debo confesar). No fue el único libro que se vino a casa aquella mañana. Claire se queda sola y Por amor a Isis, un inesperado obsequio por haber rescatado dos ejemplares en edición de bolsillo de la estantería. Recuerdo con pasmosa claridad, a pesar de que han transcurrido casi tres años, que la banda sonora de este libro fue 'Underclass Hero', dónde lo adquirí, con quién estaba cuando lo hice y también la emocionante expectación que me invadía por no poder esperar a descubrir todo lo que iba a depararme mi primer contacto con la obra de Stephen King, qué terribles secretos aguardaban tras cada una de sus 1500 páginas, qué promesas, sueños, terrores y esperanzas infantiles se escondían bajo el subsuelo de una infame ciudad llamada Derry (I ♥ Derry), todavía desconocida para mí.
Con el paso del tiempo he descubierto que todos estos pedazos de información son de una importancia vital. Tristemente, me he dado cuenta de que la memoria es frágil, tramposa y escurridiza, que cuesta demasiado esfuerzo conservarla intacta y que a veces, incluso en el caso de las más significativas, nuestras experiencias pasadas no son tal y como las solemos evocar. Por eso, volver (bajar) a las podridas alcantarillas de
It (Eso) no ha sido tanto un regreso como un redescubrimiento, un viaje que
Sileny,
Miyu y yo hemos emprendido con entusiasmo para vivir de nuevo esta magnífica novela de amor, amistad, coraje y horror, para buscar entre un millón de retazos confusos la verdadera historia que descansa bajo esta maraña de recuerdos.
Volver al sitio donde uno ha crecido es como hacer una de esas descabelladas pruebas de contorsionista: meterse los pies en la boca y tragarse a uno mismo, hasta que nada queda. No se puede hacer, y cualquiera en su sano juicio debería alegrarse de que no sea posible.
Bill, escritor de relatos de terror, casado con una espectacular actriz. Richie, el Hombre de las mil voces, prestigioso DJ y humorista radiofónico. Ben, multipremiado arquitecto de proyección internacional. Stan, empresario judío, podrido de dinero. Eddie, taxista de celebridades. Beverly, diseñadora con una prometedora carrera a sus pies. Todos llevan una existencia tranquila a primera vista, una vida exitosa pero en cierto modo turbulenta, marcada por una infancia traumática en la que tuvieron que hacer frente al mal más abyecto, una criatura de pesadilla que se dedicaba a devorar niños en su ciudad natal. Aunque acabaron venciendo a este terrorífico enemigo, juraron en su juventud que si alguna vez aquello que los acechaba volvía a las andadas, regresarían para destruirlo definitivamente. Y, en efecto, la bestia conocida como Eso ha comenzado un nuevo ciclo de crímenes. Por lo tanto, Mike, único miembro de Los Perdedores que permaneció en Derry en calidad de guardián, ha convocado al resto de la antigua pandilla con el objetivo de matarlo o morir en el intento.
Muchos de los que aún no hayáis tenido la oportunidad de abordar este mastodonte literario, pensaréis que, siendo un libro de Stephen King,
It (Eso) es una historia pensada para hacer pasar miedo y que en ella abundarán escenas sangrientas, crueles, repulsivas y desagradables. No estáis equivocados. De hecho, si la idea de un payaso asesino atemorizando a las gentes de un pequeño pueblo ficticio emplazado en el estado de Maine no fuera suficientemente aterradora, basta pensar en que las víctimas de este monstruo son apenas unos niños para tener ganas de encerrarse en un sótano y no salir en una buena temporada. Sin embargo, no es esta aparente morbosidad el atractivo ni el tema principal de
It (Eso). Stephen King aborda cuestiones profundas, esenciales y conmovedoras que van más allá de la simple carnaza sentimental, y lo hace con una endiablada inteligencia —amén de un dominio absoluto, incontestable y demoledor del ritmo narrativo— que demuestra su especial sensibilidad a la hora de esbozar la personalidad y el comportamiento de unos personajes espectaculares, elaborar de forma maestra el paisaje de una ciudad que adquiere vida propia a medida que nos adentramos en su oscuro interior y, sobre todo, impregnar al texto de una arrebatadora nostalgia, añoranza por las cosas que dejamos atrás y remordimientos por culpa del abrumador peso que en ocasiones arrastramos desde la niñez.
Tal vez -pensó- no existen los buenos y los malos amigos; tal vez solo hay amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos. Tal vez también valga la pena morir por ellos, si así debe ser. No hay buenos amigos ni malos amigos, sólo personas con las que uno quiere estar, necesita estar; gente que ha construido su casa en nuestro corazón.
La novela discurre entre dos líneas temporales situadas en el verano de 1958 y el año 1985, dos fechas que marcan la infancia y la edad adulta de los protagonistas y que se van intercalando de forma periódica a lo largo de todo el libro para darnos a conocer progresivamente detalles que explican bajo qué circunstancias se fueron conociendo los niños hasta formar el grupo completo, cómo vivían acosados día tras día por sus temores (miedo a los abusones del colegio, miedo a sus padres maltratadores, miedo a sufrir daño, miedo a la muerte, miedo a la incomprensión, miedo a confesar sus más íntimos sentimientos) y de qué manera exponer la intensidad de sus vivencias compartidas sacará a relucir muchos recuerdos que una vez decidieron olvidar. Dada su impresionante extensión, tampoco faltan capítulos en los que se ahonda en la historia de la ciudad o que narran acontecimientos alejados del nudo grueso de la trama pero que ayudan en grado sumo a comprender la inmensa complejidad de la novela, siempre salpicada de escenas e imágenes tan impactantes como perturbadoras.
Sin duda,
It (Eso) es una obra imposible de describir en unos pocos párrafos. Es un relato que posee tal cantidad de lecturas, disfrutable a tantos niveles, tan entrañable, adulta, sólida, bien escrita y poseída por un abrumador tono épico (véase la Apocalíptica batalla a pedradas, el rito de Chüd o la huida de Neibolt Street) que podría seguir extendiéndome
ad infinitum alabando sus innumerables virtudes o describiendo la forma en que esta historia dejó su huella indeleble en mi interior. Así pues, lo único que puedo aconsejar es que no te dejes intimidar por su fachada terrorífica o por la mala prensa de ese payaso que en el transcurso de los años se ha convertido en todo un icono cultural, porque
It (Eso) es además una obra memorable e imprescindible en mayúscula que ensalza y forja valores de gran calado y que disecciona las raíces de nuestros miedos más primigenios como ninguna otra es capaz. Un libro que se encuentra entre los mejores que nunca haya tenido el placer de probar y que, al igual que ocurre con los amigos de la infancia, una vez se interna en tu corazón ya no se puede sacar jamás. No lo dudes. Ven. Aquí abajo... todos flotamos.