Ayòbámi Adébáyò - Quédate conmigo

lunes, 19 de marzo de 2018


«A veces pienso que tenemos hijos porque queremos que cuando ya no estemos haya alguien que le explique al mundo quiénes éramos».


►Título original: Stay With Me
►Traducción: Irene Oliva Luque
►Año: 2017
►Editorial: Gatopardo
►Páginas: 336


Ayòbámi Adébáyò (Lagos, 1988) es una de esas nuevas voces que están contribuyendo a que la literatura procedente de Nigeria cobre cada vez mayor protagonismo dentro del panorama internacional. Aunque Quédate conmigo es solo su primera novela, la autora ya ha sido saludada como una de las revelaciones literarias más interesantes de la actualidad. Puede que la de Ayòbámi Adébáyò no sea una propuesta innovadora ni revolucionaria, pero su visión aciaga y sin aditivos acerca de la maternidad y el papel de la mujer en una sociedad marcada por unos valores tradicionales es sin duda uno de los relatos más desgarradores que podrás leer en mucho tiempo. 

Quédate conmigo arranca en el año 2008. Yejide es una mujer abatida por el sufrimiento que abandona su hogar para marchar al encuentro de su esposo. Sabemos que la relación hace tiempo que no marcha bien y que la sombra de la pérdida se cierne sobre la distancia que los separa. Sin más dilación, la novela nos hace retroceder más de dos décadas, dejando un montón de interrogantes suspendidos en el aire. Corre el año 1985 y Nigeria se ve sacudida por los tempestuosos vientos de la inestabilidad política. Yejide es apenas una joven recién entrada en la veintena que recibe la inesperada visita de dos familiares dispuestos a cambiarle la vida. En vista de sus infructíferos esfuerzos por quedarse embarazada, algunos parientes han acordado buscar una segunda esposa para Akin, su marido, alguien capaz de cumplir con sus responsabilidades conyugales y engendrar el esperado hijo que perpetúe la estirpe.

La llegada de Funmi supone igualmente la llegada de los celos, de la vergüenza, de la humillación. Yejide se siente desplazada, amenazada por la simple existencia de una competidora que se disputa con ella la atención y los afectos de su pareja. Aunque Yejide impide que Funmi se instale con ellos en casa, el hogar sufre de inmediato una irreparable fractura. Akin, mostrándose siempre tierno y comprensivo, se esfuerza por mitigar el dolor de Yejide sin renunciar al imperativo de las costumbres. Yejide, por su parte, desarrolla una obsesión patológica que la empujará a adoptar medidas desesperadas bajo la promesa de lograr la fecundidad.

Este convulso escenario se convierte en el punto de partida sobre el que Ayòbámi Adébáyò traza los destinos de unos individuos atormentados, doblegados por el peso de unas expectativas que nunca se llegan a cumplir. La historia de Quédate conmigo avanza como un torbellino hacia el peor de los desenlaces posibles, quedando el lector desprotegido ante los constantes envites de la tragedia. Aún así, la esperanza no es algo que muere entre las páginas de Quédate conmigo. La novela de Adébáyò mantiene un perfecto equilibrio entre los brutales golpes de la realidad y la convicción de que se puede seguir adelante a pesar del dolor. Impecable es también el desarrollo de la acción y el de los personajes, discurriendo ambas líneas en armoniosa sincronía hasta que un nuevo volantazo argumental sacude los cimientos de todo lo que creíamos conocer. 

Adébáyò gestiona el conflicto de manera sensacional y administra la tensión narrativa con una pericia sencillamente extraordinaria. Con gran sensibilidad y economía de medios, Ayòbámi Adébáyò carga contra una bucólica y primitiva percepción de la maternidad que no deja hueco para la libertad, sino para la abnegación exclusiva y la esclavitud al fruto del vientre. Tomando lo mejor de escritores como Chinua Achebe y Chimamanda Ngozi Adichie, Ayòbámi Adébáyò ha creado una novela de gran despliegue emocional que atrapa en buena parte por la descarnada honestidad de su prosa, pero también por la complejidad de las cuestiones que plantea. Quédate conmigo expone la fragilidad de las relaciones domésticas, sustentadas por hilos invisibles y acuerdos tácitos, y pregunta cuánto estarías dispuesto a sacrificar en nombre de la felicidad de los demás. Sin duda, Quédate conmigo es un excelente debut que nos recuerda la importancia de dar visibilidad a otras formas de ser madre.

PUNTUACIÓN: ★★★★

Berta Vias Mahou - Una vida prestada

jueves, 15 de marzo de 2018


«¿Qué soy? ¿Qué he sido? Un monstruo que ha dedicado su vida a inmortalizar todo lo que encontraba a su alrededor. Sí. Soy una máquina. Y mi corazón es una cámara».


►Título original: —
►Traducción: —
►Año: 2018
►Editorial: Lumen
►Páginas: 216


Aún recuerdo cuando saltó a los medios el extraño caso de Vivian Maier. Mientras se documentaba para escribir un libro sobre la historia de Chicago, el artista y productor de cine John Maloof adquirió un archivo de fotografías que ocultaban el extraordinario talento de Maier, una mujer de mirada insólita que por falta de recursos no llegó a revelar casi ninguno de los 100.000 negativos encontrados en el lote. El crítico e historiador Allan Sekulla advirtió rápidamente el valor artístico de las fotografías y en un breve lapso de tiempo Vivian Maier pasó a convertirse en una figura de culto que, como tantas otras, recibió de manera póstuma el reconocimiento que sin duda merecía en vida.

Pocos detalles se conocen acerca de la biografía de Vivian Maier, salvo que fue hija de judíos exiliados y que trabajó de niñera para familias acomodadas durante la mayor parte de su itinerante estancia en los Estados Unidos. En Una vida prestada, la escritora Berta Vias Mahou (Madrid, 1961) trata de ahondar en esos misteriosos abismos adonde los historiadores no llegan, rellenando los espacios de una existencia relegada al anonimato de la que solo quedan sombras y reflejos furtivos. 

¿Puede alguien darse a conocer enteramente mediante su arte? ¿Qué parte de la auténtica Vivian Maier queda plasmada en sus enigmáticos autorretratos? El número de incógnitas desperdigadas en el relato de Maier es solo comparable al deseo de despejarlas. En esta obra de apenas extensión, Berta Vias Mahou acomete dicha tarea con resultados francamente desconcertantes. A pesar de la libertad que proporciona el lienzo en blanco, Una vida prestada parece carecer de elemento especulativo. La reconstrucción de sus andanzas callejeras, cámara en mano, en busca de una escena digna de ser inmortalizada queda ensombrecida por una serie de decisiones narrativas que han entorpecido mi inmersión en la historia. 

La alternancia entre primera, segunda y tercera persona no es la más incómoda de ellas. Más bien, el principal escollo que he encontrado durante la lectura de Una vida prestada es su estilo atropellado, fragmentario, plagado de oraciones disparadas como una ráfaga de instantáneas que no dejan espacio a la construcción de un hilo narrativo. Puede que Una vida prestada no sea nada despreciable como homenaje, pero como novela adolece de una flagrante falta de ritmo, de conflicto, de tensión narrativa y de personajes vívidos. 

De las incendiarias reflexiones puestas en boca de Maier sobre la sociedad norteamericana y la corrupción incrustada en el mundo del arte, se desprende un espíritu inconformista que no quiso medrar en la escena neoyorquina a costa de sacrificar su inconfundible personalidad. Maier, movida quizá por un sentimiento de desarraigo y desapego por las posesiones materiales, poseía una fe inquebrantable en el atractivo de los bajos fondos. Sus fotografías capturan a menudo la sordidez y el desencanto de los márgenes. Se dedicó a recorrer medio mundo en busca de almas solitarias y despojadas como ella, atrapadas hoy día en forma de 100.000 recuerdos donde caben todo tipo de hipótesis y fabulaciones. En ese sentido, Una vida prestada desprende el regusto amargo de la oportunidad perdida.

PUNTUACIÓN: ★☆

Aurora Bertrana - Paraísos oceánicos

lunes, 12 de marzo de 2018


«Y envueltos en la soledad infinita perdemos la noción de la época y del tiempo. Nos embriagamos de luz, de paisaje, de silencio y de olvido».


►Título original: —
►Traducción: —
►Año: 2017
►Editorial: :Rata_
►Páginas: 304


Aurora Bertrana (Gerona, 1892) fue una escritora que gozó de gran popularidad en la sociedad española gracias a la narración de sus viajes por países exóticos. Desaparecidas por mucho tiempo, sus fascinantes crónicas se pueden encontrar de nuevo en librerías gracias a esta completísima edición de :Rata_, que incluye multitud de contenido adicional pensado para engalanar la obra de Bertrana como sin duda merece. Entre otras cosas, podemos encontrar entre las páginas de Paraísos oceánicos una sucinta biografía, un fragmento de sus memorias, fotografías de sus andanzas por las exuberantes islas del Pacífico y una más que necesaria explicación del impacto que supuso el intrépido y aventurero estilo de vida de Aurora para las mujeres de la época. 

Incapaz de someterse a los dictados que la sociedad y su propia familia marcaban para ella, Aurora rehuye en todo momento tradiciones y convencionalismos. En los años 20 emprendió una gira musical por Europa durante la cual conoció a su futuro marido, un ingeniero eléctrico que fue invitado a participar en la construcción de una nueva central en la Polinesia francesa. Los tres años que duró su estancia allí son el sustrato del que se nutre este libro, marcado por una incesante sensación de descubrimiento, de novedad, que se traduce en largas y nutridas descripciones de todo en cuanto Aurora posaba su mirada. 

Me gusta pensar en Aurora Bertrana como una especie de expedicionaria nacional, encomendada a la misión de empujar los límites del mundo conocido para todos aquellos que vivían presos en un país falto de imaginación. Sus intensos y vívidos retratos del paisaje tahitiano, impregnados de cierto aire enamoradizo, transmiten un espléndido candor juvenil que enternece precisamente por sus carencias narrativas. La reiteración es una constante en Paraísos oceánicos y la falta de vocabulario un mal menor que no consigue atrapar todos los matices de azul que tiñen las aguas de Bora-Bora o Papeete. Bertrana, sin embargo, demuestra en este libro que no se necesitan grandes recursos para narrar en alta definición. Su estilo transmite el frescor de la brisa oceánica y la humedad de la vegetación. Bertrana testifica, no solo acerca de la hipnótica geografía, sino sobre las llamativas costumbres indígenas y la tragedia que supuso la aparición del hombre blanco para la subsistencia de su cultura primigenia. 

Los «sabios» de la época han señalado la falta de espíritu crítico como un defecto que lastra la valoración de Paraísos oceánicos. A este respecto, no puedo estar más de acuerdo con la escritora y traductora Jenn Díaz, quien menciona en uno de los textos complementarios de la obra que «las costuras del primer libro de la autora catalana son visibles porque pueden serlo, porque deben serlo, es un libro hermoso tal y como está escrito». La ingenuidad, inexperiencia e intrepidez de Aurora Bertrana resuenan como el eco de una tierra virgen y constituyen el contrapunto idóneo a la violenta dinámica tribal que rige entre la población autóctona. Paraísos oceánicos es un cautivador relato sobre playas de arena blanca, pechos al aire y danzas orgiásticas alrededor del fuego. Un libro de asombrosos contrastes que sirve para redefinir nuestra perspectiva del mundo y en el que la autora captura con pasmosa facilidad el espíritu irrecuperable del suelo nunca pisado. Desde las páginas de Paraísos oceánicos se eleva el lamento de un Edén encontrado y, por tanto, perdido.

PUNTUACIÓN: ★★★☆

Andrés Barba - República luminosa

jueves, 8 de marzo de 2018


«La sonrisa de ese niño me perturbó porque confirmaba que había habido una conexión entre nosotros, que algo que había comenzado en mí había terminado en él». 


►Título original: —
►Traducción: —
►Año: 2017
►Editorial: Anagrama
►Páginas: 192


La infancia es una mancha nebulosa en la memoria. Un terreno salvaje que en su momento no nos lo parece tanto y del que la mayoría partimos despreocupados, olvidando sus misteriosos abismos. Quizá por eso las novelas que abordan el tema de la infancia ejercen sobre muchos lectores, entre los que me incluyo, un magnetismo tan subyugante. Porque nos ofrecen la impagable oportunidad de reconquistar sus plazas fuertes, de aproximarnos al paraíso perdido de nuestra niñez desde una óptica mucho más reveladora. 

República luminosa, ganadora de la última edición del Premio Herralde de Novela, es una gran historia sobre infancias rememoradas que pone al descubierto la sordidez de ser niño. Andrés Barba entreteje una crónica fascinante sobre un acontecimiento que sacudió la vida de una pequeña localidad tropical, narrada más de dos décadas después de que sucedieran. La comunidad de San Cristóbal, enclavada entre lo que parece una impenetrable selva amazónica y las corrientes de agua marrón del río Eré, se vio sobrecogida por la aparición repentina de 32 niños que se dedicaron a sembrar el caos y la violencia en fugaces ráfagas de una crueldad indescriptible. El narrador, un joven funcionario de Asuntos Sociales que se vio involucrado en la investigación de los crímenes, relata con gran desasosiego su experiencia de los hechos, alumbrados por la nueva luz que otorga el paso del tiempo.

A lo largo de breves capítulos en los que Barba demuestra un impresionante dominio de la tensión narrativa, República luminosa va fluctuando entre las tenebrosas fabulaciones del protagonista y la exposición rigurosa de cuantos datos se pudieron corroborar. Repudiados por la sociedad, criados en un ambiente de absoluta decadencia y perversión, los infames niños de San Cristóbal se erigen como un incómodo recordatorio de que no todo marcha sobre ruedas en esta desmesurada burbuja capitalista en la que vivimos. Con refrescante economía de recursos, Barba sabe crear una espeluznante atmósfera a medio camino entre lo rural y lo cosmopolita donde la corrupción física y moral de sus habitantes se convierte en la ponzoña que acaba infectando a los más indefensos.
  
Sin duda, lo más terrorífico de los monstruos es reconocerse en ellos. Si los niños son un espejo de los adultos, no es de extrañar que los personajes de República luminosa se defiendan espantados de su propio reflejo. Descubrir la facilidad con la que se echa a perder la inocencia deja una huella difícil de borrar, una profunda sensación de desarraigo, de pérdida, para la que no se puede hallar solaz. Andrés Barba ha creado una novela oscura y sombría en la que se escucha el incesante latido de un corazón negro. Mística, fabulosa, inquietante, República luminosa es una lectura muy recomendable que va incrementando de intensidad hasta alcanzar una conclusión anticipada, pero no por ello menos sublime. Merece la pena no perderla de vista.

PUNTUACIÓN: ★★★☆

Andrei Kurkov - Muerte con pingüino

martes, 6 de marzo de 2018


«Pero Misha le había traído su propia soledad y ahora el resultado eran dos soledades complementarias, que daban más la impresión de interdependencia que de amistad».


►Título original: Smert' Postoronnego
►Traducción: Mario Grande y Mercedes Fernández
►Año: 1996
►Editorial: Blackie Books
►Páginas: 288


Publicada por primera vez en español hace más de una década, Muerte con pingüino reaparece este año de la mano de Blackie Books con una imagen renovada y, por qué no decirlo, mucho más vistosa. La primera novela de Andrei Kurkov sin duda llama la atención por su inusual premisa: el zoo de Kiev se ha quedado sin fondos y no puede hacerse cargo de los animales que alberga, así que decide emprender una campaña para invitar a la adopción de sus inquilinos, entre los que se encuentra un melancólico pingüino llamado Misha. Viktor, un aspirante a escritor sin familiares ni amigos con los que relacionarse, decide llevárselo de allí, quizá, con la intención de apaciguar su soledad. Sin embargo, Misha no es precisamente el alma de la fiesta. Caracterizado por un solemne desánimo existencial, Misha se limita a deambular por los pasillos de la casa de Viktor sin otro pasatiempo que comer filetes de pescado crudos y emitir de vez en cuando singulares quejidos. 

En una Ucrania postsoviética atenazada por la inflación, el elevado índice de criminalidad y el desmoronamiento de las instituciones, Viktor y Misha se erigen como representantes idóneos de un país que parece enarbolar la tristeza por bandera. Para colmo, Viktor encuentra trabajo como redactor de esquelas (o estelas, como se las denomina en la novela de Kurkov) sobre personajes ilustres que aún no han fallecido. Justo cuando parece que el argumento de Muerte con pingüino no puede volverse más pintoresco, las personas sobre las que escribe Viktor empiezan a ser asesinadas en lo que a todas luces parece una suerte de cacería orquestada por alguna organización criminal. 

Así, en apenas un par de capítulos, Kurkov nos sorprende traspasando los límites del absurdo una y otra vez, testando la frontera entre credibilidad y verosimilitud en un extraño proyecto literario que destaca sobre todo por su atmósfera plomiza y decadente. A lo largo de Muerte con pingüino, Andrei Kurkov nos conduce por un impredecible periplo siberiano donde nunca se sabe con certeza lo que va a ocurrir, pero se intuye que no será nada especialmente bueno. A caballo entre la esperanza y el desasosiego, Kurkov escribe sobre personajes entumecidos que conocen todas las formas imaginables de pasar frío. Aunque su intervención en la novela es mínima, el carismático Misha ejerce una poderosa influencia sobre todos los que se encuentran a su alrededor, convirtiéndose en una especie de catalizador que descongela el corazón y pone en marcha reacciones inesperadas. 

Quizá sea este el mayor logro de una novela que, por lo demás, me ha resultado inerte y distante. La personalísima fórmula de Kurkov es una propuesta arriesgada que se basa en la alternancia de contrastes: luminosa y oscura, violenta y acogedora, Muerte con pingüino es una obra que tiene altas probabilidades de no caer en gracia o de hacerlo por motivos no del todo racionales. En cualquier caso, es una alternativa que se sale de lo convencional, una rara avis donde no caben las medias tintas y a la que cualquier lector se puede aproximar sin miedo a quedar indiferente.

PUNTUACIÓN: ★★

 
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