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Reseña "Los viajeros de la noche"

jueves, 20 de noviembre de 2014

Título: Los viajeros de la noche
Autor: Helene Wecker
Saga: -
Año: 2014
Editorial: Tusquets
Páginas: 512
Precio: 21.15 €

El impresionante debut de Helene Wecker narra la historia de dos criaturas sobrenaturales en el Nueva York de 1899. Chava es un golem, un ser hecho de arcilla al que dio vida un extraño hombre familiarizado con la magia negra cabalística. Cuando su amo muere a bordo en el trayecto transoceánico desde Europa, queda desorientada y a la deriva mientras el barco sigue su curso hasta el puerto de Nueva York. Ahmad es un genio, un ser de fuego nacido en el desierto de la antigua Siria. Atrapado en un viejo jarro de cobre por un hechicero beduino varios siglos atrás, es liberado por accidente en el taller de un hojalatero del Bajo Manhattan. En su lucha por abrirse camino en ese lugar nuevo y extraño, la golem y el genio procuran encajar con sus vecinos, todos ellos inmigrantes, encubriendo su verdadera naturaleza. Al conocerse por casualidad, las dos criaturas inician una improbable amistad, una unión quebradiza que desafía sus naturalezas opuestas, hasta la noche en que un horrible incidente las devuelve a sus universos respectivos. Sin embargo, una potente amenaza volverá a reunir pronto a ambos: estará en juego su existencia, lo que les obligará a tomar una fatídica decisión.

Opinión

Sorprende que una editorial como Tusquets, entre cuyo catálogo ninguna persona viva ha visto jamás novela similar, decida sacar al mercado una historia con tintes tan marcadamente opuestos a su línea habitual. Pero claro, a veces las apariencias engañan. A veces, un simple frasco de metal encierra en su interior la esencia de un alma condenada. En ocasiones, el rostro más expresivo enmascara en realidad un delicado corazón de piedra. El exterior nunca ha sido representativo de lo que llevamos por dentro, pero el ser humano lleva siglos intentando fingir que los sentimientos se pueden leer a través de la piel como si fuéramos un libro con las tapas abiertas. Precisamente sobre apariencias, autenticidad y la verdadera naturaleza de las cosas habla largo y tendido Helene Wecker en su esperado primer libro, situado a medio camino entre la fantasía de corte oriental y la novela histórica. Los viajeros de la noche es uno de esos afortunados debuts que logran formar bastante ruido desde el momento de su publicación, pero por desgracia también cae en el saco de las obras que, bajo mi punto de vista, no consiguen satisfacer todas esas expectativas que genera.

Leyendo la sinopsis, uno se sentiría tentado a pensar que las criaturas a las que hace referencia el título original de la novela (The Golem and the Jinni) son los únicos -o al menos, los más importantes- protagonistas de la historia, pero más bien son el elemento estructural en torno al que giran la gran cantidad de tramas que ya va abriendo Helene Wecker desde los primeros capítulos. Enseguida conoceremos a Chava, una golem hecha de arcilla que embarca junto al hombre que ordenó su creación en un peligroso viaje a través del océano con destino a Nueva York, ciudad que a finales del siglo XIX ofrecía grandes promesas de prosperidad y bonanza a inmigrantes procedentes de todo el globo. Mientras, por otro lado, seguiremos los pasos de Ahmed, un genio enclaustrado en el cuerpo de un hombre sirio que aparece de improviso en un taller de artesanía -también en Nueva York- tras ser liberado por accidente de su mágica prisión.

Pero recuerda esto: una criatura solo puede alterarse hasta cierto punto a partir de su naturaleza fundamental. Continuará siendo un golem. Tendrá la fuerza de doce hombres. Te protegerá sin pensárselo y dañará a otros para conseguirlo.

Así pues, estos dos seres sobrenaturales irán aprendiendo a base de constancia, esfuerzo y un par de varapalos lo que significa labrarse un camino a través del bullicioso estruendo de la gran ciudad. Chava tendrá que hacer frente a los problemáticos designios de sus habilidades sobrehumanas, como por ejemplo la de escuchar inevitablemente los pensamientos ajenos o su tendencia irreprimible a satisfacer los deseos, peticiones y necesidades de la gente que se encuentra a su alrededor. Ahmed, en cambio, deberá adaptarse al asfixiante confinamiento en una entidad corpórea y a combatir los efectos perjudiciales que tiene sobre su salud exponerse al contacto con el agua. Gracias a una serie de encuentros fortuitos aprenderemos sus diversas reflexiones acerca de temas como el amor, la libertad o la ética y se cuestionarán importantes preceptos de índole religiosa e incluso tradiciones fuertemente arraigadas. Sin embargo, el verdadero reto para estas dos criaturas tan especiales -y a la vez, dominadas por pasiones tan comunes- consistirá en luchar contras los impulsos de sus respectivas naturalezas y hacer perdurar su atípica amistad en un mundo dominado por los prejuicios, la ambición humana y la incapacidad de aceptar lo desconocido como una manifestación diferente pero igual de válida de la misma realidad.

Esto que en principio parece una idea atractiva, entrañable y sumamente enternecedora, no ha terminado de convencerme (como sin duda habréis podido adivinar) a pesar de que empecé leyendo Los viajeros de la noche con un índice de entusiasmo cuando menos considerable. En primer lugar, creo que la novela es demasiado larga para lo que cuenta. Muchos arcos argumentales podrían haberse solucionado de manera bastante más satisfactoria o hasta insertarse en el texto de forma que no supongan un estorbo para la historia principal, sensación que desgraciadamente he experimentado multitud de veces. Por otro lado, y esto no sé si es intención deliberada de la autora, el elemento mágico aquí presente se explota de modo irrisorio, cuando es a todas luces uno de los potenciales más interesantes de la obra; el elemento que mayor juego podría haber aportado en una novela diluida entre un montón de historias paralelas y un tanto anodinas. A su favor, he de decir que Helene Wecker demuestra una sensibilidad especial a la hora de indagar en la psicología de sus personajes o de describir los fabulosos paisajes de esa Nueva York con la que todos hemos soñado alguna vez. Notablemente bien escrita, en definitiva, cargada de buenas intenciones, original en su planteamiento y ambiciosa en su caracterización de toda una época. Pero también flaquea en algunos de los aspectos fundamentales que para mí ha de tener un buen libro, como por ejemplo la consistencia de la trama general o la habilidad de cautivar continuamente al lector mediante dosificar equitativamente el ritmo narrativo. De ahí que al menos la segunda mitad de la novela se me haya hecho tan cuesta arriba. Pero qué le vamos a hacer. Las apariencias no siempre reflejan la verdad completa. Y la arrebatadora belleza del libro, al menos en esta ocasión, no se encuentra precisamente en su interior.


IMM 56#

domingo, 2 de noviembre de 2014

"In my mailbox" es una sección nacida en Pop culture Junkie y que se extendió gracias a The story siren. Consiste en mostrar cada cierto tiempo los últimos libros adquiridos, ya sea comprados, regalados o enviados por parte de alguna editorial.





Una semana más, una hoja del calendario menos. Noviembre empieza como a mí me gusta, con un buen puñado de libros bajo el brazo. Aunque hice un pacto conmigo mismo en el que me comprometía a no adquirir más de lo estrictamente necesario, todos hemos aprendido estos últimos días que hay un truco detrás de cada trato. Lo reconozco, las brujas se han llevado este año mis buenos propósitos. ¿O será que la llegada del otoño ha disparado en mi interior algún tipo de mecanismo encargado de regular la voracidad lectora? Sea como sea, no perdamos más tiempo en presentaciones inútiles. Aquí tenéis los libros que me van a acompañar durante la recta final de este 2014:


1. El devorador de calabazas, Penelope Mortimer: Aunque el título y la temática del libro no tienen absolutamente nada que ver con la noche de Halloween, encuentro la novela de Mortimer el mejor modo de inaugurar este IMM porque existen cosas mucho más terroríficas que un puñado de espíritus furiosos. Y si no lo creéis, comprobad vosotros mismos en esta genial novela de la escritora británica hasta que punto la maternidad desenfrenada y el servilismo conyugal de su protagonista pueden convertirse en la peor de las pesadillas. 


2. Tiempo de sembrar piedras, Tim Powers: Tras los recién publicados La fuerza de su mirada y Ocúltame entre las tumbas, Gigamesh publica esta breve colección de relatos que nos introducen en el delirante universo literario de Tim Powers. Romances bibliófilos, viajes espacio-temporales y multitud de criaturas legendarias sobrevuelan las páginas de esta antología, bastante recomendable para no iniciados en la narrativa del escritor estadounidense.


3. Galveston, Nic Pizzolatto: En tan solo ocho episodios, True Detective se ha convertido por méritos propios en serie de culto, objeto de veneración y efectivo reclamo publicitario. Por eso, no es de extrañar que la ficción televisiva de Pizzolatto permanezca unida a su debut literario aun cuando realmente no tengan nada que ver en muchos aspectos. Galveston ofrece una interesante visión del género noir que atrapa por su planteamiento, entretiene por sus personajes, pero no termina de convencer a quienes esperábamos algo más de un guionista cuya leyenda le precede. O le lastra.   


4. Autoridad, Jeff VanderMeer: Imposible no haber oído hablar de Southern Reach a estas alturas. La entrega ecuatorial de esta fantástica trilogía nos resuelve algunas dudas que se plantearon en la primera parte, pero también siembra el terreno de nuevas e inquietantes cuestiones. Aprovechando que Aceptación sale a la venta la próxima semana, podréis leer la reseña de este libro de aquí a unos días. 


5. El expreso de Tokio, Seicho Matsumoto: La literatura japonesa parece repartirse en nuestro país con exuberante sobreabundancia, por lo que ninguna editorial que se precie debería carecer en su catálogo de la correspondiente porción. En el caso de Libros del Asteroide, Matsumoto abre la veda con un clásico de intriga policíaca cuya combinación de elementos psicológicos, sociales y políticos "marcaron una nueva época en la novela negra japonesa".


6. El chef, Simon Wroe: Odio los programas de cocina. Con toda mi alma. Odio esa nueva oleada de pretenciosos críticos gastronómicos y odio ver la parrilla televisiva asfixiándose entre un montón de fogones que solo vienen a calentar contenidos ultracongelados. Sin embargo, la literatura siempre me ha parecido un medio necesario para aproximarme a todo aquello por lo que siento un rechazo visceral. ¿Y qué mejor que un chef retirado con ínfulas de escritor para sacar a relucir los trapos sucios de un pub británico donde los cuchillos vuelan entre plato y plato? La polémica está servida. 


7. Los viajeros de la noche, Helene Wecker: Hay libros que recaen sobre ti como una maldición. Descubres su existencia por culpa de un asaltante que despliega sobre ti todos sus poderes sugestivos, anhelas su posesión a pesar de los terribles peligros a los que te expone, y una vez que lo tienes entre tus manos, solo quieres señalar al culpable y gritar: ¡tú! ¡fuiste tú quien me enseñó a soñar con ese gélido paisaje! Puede que el debut de Helene Wecker haya llegado más tarde que otros, pero sin duda se va a colocar entre las primeras posiciones de mi lista de próximas lecturas. ¿O es que conocéis a alguien que haya podido resistirse a los encantos de dos criaturas legendarias que llegan a Nueva York y entablan una imposible amistad? Pues eso.


8. Vestigios, Hugh Howey: Tras Espejismo y Desolación, Vestigios constituye la esperada conclusión de otra trilogía bastante conocida que nos empuja cientos de años en el futuro a un panorama ciertamente desolador. Mucho me temo que tanto especular sobre el ocaso de nuestra raza pueda precipitar ese final a todas luces inevitable. Mientras tanto, Hugh Howey nos ofrece una novela muy esclarecedora para hacer más llevadera -y verosímil- nuestra desaparición definitiva. 


9. Canciones de amor a quemarropa, Nickolas Butler: Reseñado recientemente en el blog, el debut de Nickolas Butler es una historia dotada de una sensibilidad extrema, un ritmo ágil y un desarrollo tan elocuente como perfectamente equilibrado que ensalza el valor de la amistad, el amor y la vida en un entorno rural. Difícil no sucumbir ante la genialidad de su prosa y la demoledora credibilidad de sus personajes. Todo un must otoñal.


10. La noche de los judíos vivientes, Igor Ostachowicz: Inclasificable. Irreverente. Extrema. La noche de los judíos vivientes no es la típica historia de zombies ni un refrito sentimentaloide de novelas ambientadas en el Tercer Reich. De hecho, es la antítesis de lo típico en todos los sentidos interpretables. Creo estar en disposición de decir que no me he echado a la cara novela más rara en toda mi vida (y eso que van unas cuantas). Pero ya paro. Reseña pronto. Y ya sacaréis entonces vuestras propias conclusiones.


11. El heraldo de la tormenta, Richard Ford: Novela escogida para la última edición del Reto 10x10 que hemos organizado unos cuantos blogueros. Podéis conocer más detalles sobre esta iniciativa aquí, aunque ya os puedo adelantar que lo he terminado y que me ha parece un título bastante prescindible para lo que suele haber dentro del género al que se adscribe. 


12. La verdad y otras mentiras, Sascha Arango: Otro debut literario, el de Sascha Arango, es una interesante mezcla entre comedia de enredos e investigación policial que juega constantemente con la paranoia del lector y altera su visión de los acontecimientos a medida que la verdad va imponiéndose en esta especie de juego narrativo. Sorprendente, adictiva y perfectamente desarrollada, aunque con un tercio final algo más irregular, es una lectura bastante recomendable. 


13. Los vivos y los muertos, Joy Williams: Ella, Williams, apareció sin apenas hacer ruido para acabar trastocándolo todo. Para poner el mundo patas arriba y enseñarnos que todo lo aprendido no era más que un vil engaño consensuado por nuestros padres. Como los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. Los personajes que deambulan entre ambas esferas a lo largo del libro tampoco creen en misticismos infantiles ni patrañas perpetuadas generación tras generación. Joy Williams representa la ruptura, la pérdida de inocencia respecto al mundo que nos rodea y las leyes que lo rigen. Es ahí, en esa fractura, en esa falla que separa lo humano de lo ultraterreno, donde reside la absoluta genialidad de esta obra maestra que se ha convertido de pleno derecho en una de las mejores lecturas del año. Y está aquí, de vuelta. Reclamando su trono para reinar sobre el resto de la manada.


Y una vez más, hasta aquí llega el IMM de hoy. ¿Habéis tenido la oportunidad de leer alguno de estos libros? ¿Cuáles son los que más os llaman la atención? Nos vemos en la próxima entrega de In my mailbox.

 
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