Hanya Yanagihara - La gente en los árboles

jueves, 18 de octubre de 2018


«Sin embargo, aunque no tenía experiencia suficiente del mundo para demostrarlo, ya entonces sospeché que los detalles más extraños eran los más prosaicos, y que lo que contamos a los demás para escandalizarlos solo los preparará para percibir lo realmente extraordinario».


Título original: The People in the Trees
Traducción: Regina López Muñoz
Año: 2013
Editorial: Lumen
Páginas: 224


Menciona Rachel Cusk en Prestigio, su novela más reciente, que «la literatura negativa toma buena parte de su poder de un uso temerario de la honestidad». La obra de Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1974) queda definitivamente enmarcada en el ámbito de esta «literatura negativa» en la que nada ni nadie se salva de una honesta y brutal escabechina. Fuimos testigos de ello en Tan poca vida, una de las obras más retorcidamente crueles de la narrativa contemporánea. Ahora, aprovechando el tirón de aquella, Lumen recupera La gente en los árboles, su fantástico debut como escritora. Ya desde sus inicios, Yanagihara bucea en los terrenos más pantanosos de la naturaleza humana para elaborar un estremecedor relato que pone de manifiesto, no solo su talento como artífice de historias, sino su afición por elevar la temperatura del debate.

Nos encontramos aquí con la biografía novelada de A. Norton Perina, un eminente médico que fue galardonado con el Premio Nobel por sus estudios sobre una tribu cuyos miembros gozaban de una incomprensible longevidad. No obstante, sus impresionantes logros y su incomparable contribución a la comunidad científica no evitan que la vida de Norton Perina dé un vuelco cuando uno de sus hijos lo denuncia por un delito de abusos sexuales. El escándalo que suscitan tales acusaciones sirve como punto de partida para que Norton, en colaboración con su colega y amigo Ronald Kubodera, publique unas memorias tan apasionantes como polémicas en las que trata de limpiar su reputación, al tiempo que repasa algunos de los acontecimientos más relevantes de una vida marcada por los hallazgos realizados en la isla que le dio la fama.

Enclavada en mitad del Pacífico, Ivu'ivu es la cuna de una sociedad primitiva que ha logrado prolongar su vida de manera casi milagrosa ingiriendo una especie autóctona de tortuga. Poco a poco, se convertirá además en el refugio de Perina, quien, encandilado por los brutales ritos de la tribu y unos misterios que desafían su fe incondicional en la ciencia, irá estableciendo un vínculo con los indígenas que trasciende la esfera de lo profesional. La narración de Yanagihara, aunque peca de recargada y prolija, transmite un sobrecogedor sentido de la maravilla que nos impulsa a seguir leyendo aun cuando los pasajes de la novela exceden lo turbio. Los padecimientos de Perina, personaje narcisista y problemático donde los haya, se acaban transformando en los nuestros: su secreto y platónico enamoramiento por el director de la expedición, la tormentosa relación con su hermano Owen o el desprecio apenas disimulado que siente por quienes tratan de explotar con fines comerciales un entorno que él considera sagrado.

Así, bajo el disfraz de una obra testimonial, Yanagihara emprende un extenso recorrido por la vida de Perina que pretende realzar las luces y difuminar las sombras. Este detenimiento selectivo nos hace sospechar de la credibilidad de lo narrado de una forma que no pone en duda la veracidad de los hechos, sino la interpretación de los mismos. Yanagihara juega de manera sublime con el dilema de la perspectiva: lo que parece fascinante y digno de estudio en un entorno salvaje, virgen, completamente inexplorado y, por tanto, sujeto a sus propias leyes, es capaz de convertirse en algo deplorable cuando modificamos el contexto. 

Está claro; la tibieza no es uno de los rasgos característicos de Hanya Yanagihara. Las cuestiones que plantea en La gente en los árboles son lo suficientemente candentes como para levantar el mismo número de pasiones que de odios. Independientemente del lado de la balanza por el que cada uno quiera decantarse, es innegable que la literatura de Yanagihara despierta sentimientos intensos. El suyo es un estilo convencional, pero al mismo tiempo sugerente, lleno de matices y dobleces. Su dedo señala con osadía hacia rincones oscuros que el resto de los mortales tratamos de no mirar. La gente en los árboles, si bien no es igual de brillante en todos sus tramos, constituye una lectura absorbente y compleja que nos sumerge de lleno en una historia ante la cual es imposible permanecer indiferente.

PUNTUACIÓN: ★★★☆
  

Garth Greenwell - Lo que te pertenece

miércoles, 17 de octubre de 2018


«Y así sucede, [...] que en el momento mismo en que asumimos la plena conciencia de nosotros mismos lo que experimentamos es una partida y una pérdida que nos pasamos el resto de nuestra vida intentando recuperar».


Título original: What Belongs To You
Traducción: Javier Calvo
Año: 2016
Editorial: Literatura Random House
Páginas: 224


En su primera novela, el escritor norteamericano Garth Greenwell (Louiseville, 1978) elabora una radiografía contemporánea del deseo sexual en la que dicho impulso queda retratado como un mecanismo puramente subyugante. Su protagonista, que comparte ciertas similitudes tanto personales como profesionales con el autor, se deja arrastrar un día hasta los baños del Palacio Nacional de Cultura de Sofía para mantener relaciones con un chico que ejerce la prostitución. El encuentro, a pesar de su carácter furtivo y esporádico, prende la llama de una apasionada obsesión en la que ambos personajes, cada uno a su manera, se debaten entre el amor y la lujuria para tratar de prolongar la mutua conveniencia de estar juntos.

Para el protagonista de la novela, el cuerpo de Mitko, su joven amante, constituye una fuente inagotable de placer. La intensidad irracional de su deseo desemboca en una rendición absoluta que Garth Greenwell describe con extraordinaria fatalidad. Para Mitko, en cambio, su relación con el protagonista de Lo que te pertenece no pasa de la mera transacción. Fascinado por el estilo de vida de este, relativamente acomodado y plagado de artilugios electrónicos que a él le resultan inalcanzables, Mitko corresponde de manera servicial a las insaciables atenciones de su cliente. Aunque entre ambos se acaba estableciendo una especie de vínculo que va más allá de lo comercial, la sombra de la sospecha planea sobre las intenciones de Mitko, provocando que el protagonista, carcomido por la duda, se pregunte hasta qué punto sus sentimientos por el joven son recíprocos o solamente es uno más de los nombres que engrosan su larga lista de «amigos».

Esta primera parte de la novela, sencillamente magnífica, da paso a una segunda en la que el narrador se retrotrae hasta su juventud e infancia en Estados Unidos, criado en el seno de un hogar dividido mientras hace frente al traumático despertar de su sexualidad. Este descubrimiento, marcado por el contundente rechazo de su padre y su mejor amigo, trae aparejado un sentimiento de culpabilidad y autodesprecio que el protagonista de la novela acarreará durante toda su vida, condicionando de manera evidente su infructuosa búsqueda del amor. 

La novela de Greenwell, una de las más brillantes y desgarradoras que he leído este año, es asimismo un retrato inmisericorde de la precariedad emocional de su protagonista, que encaja a su vez con la de un país, Bulgaria, sumido en una profunda recesión económica tras su desastrosa etapa comunista. Mitko, como muchos jóvenes de su generación, siente que el futuro no ofrece ninguna perspectiva halagadora. Se refugia en su faceta de chico conflictivo, huraño —aunque capaz de una conmovedora ternura—, que mercadea con su cuerpo y sus afectos hasta que un generoso benefactor lo «rescate» de los bajos fondos en los que se mueve. El protagonista, muy dispuesto en principio a convertirse en buen samaritano, entiende gracias a una relación caracterizada por la tirantez, la dependencia y los desacuerdos que, quizá, la persona a la que debe ayudar es a sí mismo.

Haciendo gala de un gran virtuosismo estilístico, Lo que te pertenece nos presenta un conflicto comúnmente transitado en la literatura gay, pero aportando una mirada nueva, bastante desoladora. La de Garth Greenwell es una voz deslumbrante que no nos permite ignorar el grito escondido tras sus cautivadores lamentos. A través de una historia difícil de olvidar, Greenwell aborda con una sensibilidad estremecedora la urgencia de un deseo que no habla el lenguaje de la moral ni sabe lo que es la dignidad, pero ante el cual nada es posible sino entregarse sin reservas.   

PUNTUACIÓN: ★

Lisa McInerney - Los milagros de la sangre

lunes, 15 de octubre de 2018


«Pero los hombres que duermen en la calle son alcohólicos, las chicas que te paran para pedirte dinero son alcohólicas; esa es la plaga de Cork, piensa Ryan, y eso no lo ha hecho él. La gente se queda sin trabajo, la gente no puede pagar el alquiler; eso tampoco lo ha hecho él. Y, aún así, cuando sus compatriotas ven resquebrajarse la fachada de la ciudad y echan un vistazo a través de las grietas, al único al que identifican como culpable es a él».


Título original: The Blood Miracles
Traducción: Javier Calvo Perales
Año: 2017
Editorial: Alianza de Novelas
Páginas: 368


Gracias a Los pecados gloriosos, galardonada en 2016 con el Women's Prize por Fiction, Lisa McInerney (Galway, 1981) se convirtió rápidamente en una de las novelistas más destacadas del momento. El debut de McInerney, espoleado por un impetuoso ritmo narrativo, dibujaba las vidas de un grupo de personajes pertenecientes al hampa irlandés, entremezclando diversos hilos argumentales en una sobresaliente obra coral que destacaba por su rabioso desparpajo y un irreverente humor negro. Dos años después, Lisa McInerney regresa en Los milagros de la sangre al desolador escenario de su primer trabajo, dando nuevamente vida a unos personajes atrapados en la decadente espiral de excesos que corroe la ciudad de Cork.

Al contrario que su predecesora, Los milagros de la sangre es una novela mucho menos dispersa y ambiciosa. McInerney deja a un lado la multiplicidad de tramas para centrarse casi exclusivamente en los turbios tejemanejes de Ryan Cusack, un trapichero de veintiún años cuya ascendencia napolitana le permitirá jugar un papel importante en el nuevo proyecto profesional de su jefe, a saber, abrir una jugosa ruta de narcotráfico entre Irlanda e Italia. A pesar de las súplicas de su novia Karine, con la que mantiene una tormentosa relación desde hace seis años, Ryan acepta servir como enlace entre ambas bandas, exponiéndose a una serie de riesgos que podrían poner en peligro tanto su vida como la de su familia.

Sin embargo, Ryan pertenece a una generación desamparada a la que no le importa perder lo poco que tiene. Huérfano de madre y con un padre alcohólico que demuestra su afecto a base de palizas, Ryan busca medrar en una de las pocas esferas donde no se oye hablar ni del futuro ni de la tasa de desempleo. Con abrumadora mordacidad, McInerney ofrece una perspectiva poco halagüeña de la realidad socioeconómica de su país, Irlanda, azotado por una desconfianza ciega en las instituciones y el ruidoso desmoronamiento de los valores tradicionales. Sin duda, un caldo de cultivo idóneo para que florezca el escapismo sintético al que se entregan sin concesiones los protagonistas de la novela. 

Desprovisto de referentes sólidos, Ryan deambula por la vida sin mayor motivación que la de ahogar la culpabilidad en un cocktail de alcohol y estupefacientes. Cuando Karine decide abandonarlo definitivamente —en parte para centrarse en sus estudios y en parte por temor a sus cada vez más violentas reacciones— Ryan descubre una nueva forma de tocar fondo junto a Natalie, una chica tan explosiva como desenfrenada que siente predilección por las juergas nocturnas y el sexo sucio. Gracias a Maureen, una misteriosa mujer que acoge a Ryan en su casa después de encontrarlo semiinconsciente en plena calle, el protagonista de Los milagros de la sangre redescubrirá su talento por la música, una disciplina que le inculcó su madre de pequeño y que parece estar dispuesto a retomar.

Aunque el estilo vibrante y frenético de McInerney —plagado de coloquialismos y diálogos enmarcados en la más pura desesperación— se mantiene intacto en su segunda obra, Los milagros de la sangre me ha parecido que no sobrepasa a Los pecados gloriosos en ningún momento. Es más, diría que incluso le cuesta estar a la altura. A pesar del carácter intrigante y adictivo de la historia, planea sobre las páginas de Los milagros de la sangre cierta falta de profundidad, de lucidez, que se hace especialmente evidente en el tratamiento de los personajes secundarios (casi nulo) y la (en ocasiones) cándida exploración de los bajos fondos de la ciudad de Cork. Con todo, Los milagros de la sangre constituye un complemento interesante (y, lo que es mejor, independiente) al despiadado pero sugerente universo narrativo de Lisa McInerney. 

PUNTUACIÓN: ★★★☆

Maurice Dekobra - La Madona de los coches cama

martes, 9 de octubre de 2018


«—Todos esos detalles son ciertos, doctor —intervino entonces lady Diana—. Tiene usted ahí una idea bastante precisa de mi persona. Ni estoy medio loca ni soy una ninfómana. Vivo la vida como una mujer emancipada que, ya en su pubertad, se liberó de las cadenas de la hipocresía propia de sus compatriotas».


Título original: La Madone des Sleepings
Traducción: Luisa Lucuix Venegas
Año: 1925
Editorial: Impedimenta
Páginas: 304


Un rápido vistazo a las primeras páginas de La Madona de los coches cama aporta pruebas más que suficientes para entender la demoledora repercusión que obtuvo este libro en el momento de su nacimiento. Al fin y al cabo, no todas las novelas abren con su desinhibida protagonista procurando alcanzar el orgasmo en la consulta de un estupefacto psiquiatra. Publicada originalmente en 1925, y después de convertirse en un imbatible bestseller que reportó a su autor popularidad a nivel internacional, la desternillante obra de Maurice Dekobra (París, 1885) ha permanecido agazapada en un discreto tercer o cuarto plano hasta que Impedimenta ha decidido, con muy buen criterio, rescatarla del olvido.

La Madona de los coches cama es, sin ningún género de duda, una de las novelas más hilarantes y descaradas que he leído en mucho tiempo. Su protagonista, lady Diana Wynham, es una despampanante aristócrata escocesa —viuda de un diplomático que hizo fortuna en el negocio del petróleo— cuya mayor satisfacción consiste en escandalizar a la sociedad de su época y protagonizar todo tipo de pervertidas habladurías. Consciente de su incomparable atractivo erótico, Diana abraza su sexualidad con una naturalidad sin precedentes, brincando de cama en cama y dilapidando sin miramientos el remanente de su menguante patrimonio. 

A su lado permanece, a modo de leal mandatario, el príncipe Gérard Séliman, un caballero e infalible seductor que vela por el bienestar de Diana de manera, por increíble que parezca, totalmente altruista. Obligado a escapar de Estados Unidos tras conocerse que mantenía una relación adúltera con sus propia hijastra, Séliman se dedica ahora a beber los vientos por lady Wynham, a la que no se atreve a conquistar por temor a corromper los nobles términos de su relación laboral. Sabedora de su precaria y desesperada situación financiera, lady Wynham urde un descabellado plan para adquirir un campo de pozos petrolíferos —propiedad de su difunto marido— que yace ahora en poder de los bolcheviques soviéticos. Junto al inseparable Séliman, ambos se embarcarán en una descacharrante aventura por media Europa, plagada de espías, revolucionarios sin escrúpulos y amantes despechadas.

A través de un estilo pomposo y exacerbado que casa tremendamente bien con el tono de la novela, Maurice Dekobra elabora en La Madona de los coches cama una historia tan fascinante como impredecible en la que se percibe, bajo ese pretendido humor desenfadado, el escepticismo ideológico del autor ante el surgimiento de la imparable maquinaria comunista. Dekobra reflexiona sobre totalitarismos y diferencias de clase con la socarronería que le caracteriza, pero sin perder ni un ápice de contundencia. La frivolidad recalcitrante de Lady Wynham, así como el romanticismo indiscriminado de Séliman, vertebran la vertiente cómica de una novela que no da la espalda a los episodios más truculentos del período de entreguerras. Concisa, certera y sin ramificaciones innecesarias, esta sensacional novela de Maurice Dekobra evidencia un magistral manejo del hilo narrativo, así como del suspense que lo mantiene vivo desde su planteamiento hasta su frenética conclusión.

PUNTUACIÓN: ★★★★

Peter Cameron - Un fin de semana

lunes, 8 de octubre de 2018


«Se sorprendía a sí mismo aferrándose una y otra vez a las puertas cerradas de la ciudad desierta».


Título original: The Weekend
Traducción: Álvaro Marcos
Año: 1994
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 248


Si tuviera que elaborar una lista con los diez libros que definen mi identidad como lector, Algún día este dolor te será útil estaría indudablemente entre ellos. Por motivos que aún no he conseguido esclarecer del todo, la novela de Cameron se instaló en un lugar profundo de mi corazón, y desde entonces he visto cómo decenas —por no decir cientos— de candidatos han tratado en vano de aproximarse siquiera a lo que significó para mí aquella inolvidable historia. Con las personas pasa un poco lo mismo. Aparecen en nuestras vidas, crean vínculos cuya repercusión es imposible de vaticinar y, en ocasiones, desaparecen de manera trágica, dejando tras de sí un espacio que después nadie puede venir a sustituir. Lo cual, por supuesto, no impide que lo sigamos intentando. Y es que reponerse a la pérdida, continuar hacia delante a pesar del dolor, forma parte indeleble de la voluntad humana.

Un fin de semana, publicada originalmente en 1994, se aproxima a la desbordante complejidad de este proceso desde una perspectiva intimista y, muy en la línea de Cameron, marcada en todo momento por la contención narrativa y una enorme sutileza. Ambientada en el americano estado de Nueva York, Un fin de semana nos pone en la piel de un grupo de amigos que se reúnen en una casa rural en el aniversario de la muerte de Tony: su hermano, John, su cuñada, Marian, y su exnovio, Lyle, que acude con su nueva pareja, Robert, un joven pintor en ciernes con ideas artísticas tan férreas como ingenuas. La presencia de Robert se convierte en el elemento extraño al que Peter Cameron se aferra para desvelar poco a poco las secretas intimidades de los personajes, sus anhelos inconfesables y sus rencillas enterradas bajo una superficie de cordialidad. 

Intercalados en el relato encontramos episodios del pasado que nos ayudan a comprender lo que los personajes callan en la actualidad: la penosa enfermedad de Tony, del que Lyle tuvo que hacerse cargo aun cuando las cosas ya no marchaban bien entre ellos, o las tentativas de suicidio de Marian, para quien la maternidad se ha convertido en tabla de salvación. Todos estos recuerdos enmarañados, agazapados en cualquier esquina de la casa esperando una oportunidad para asaltar a los personajes en sus horas bajas, constituyen el sustrato narrativo del que se nutre Cameron para elaborar una historia tan descorazonadora como auténtica sobre la crueldad del amor, el yugo de la amistad y el ingrato papel que juegan las expectativas en nuestras relaciones interpersonales.

Para alguien, como yo, que siente debilidad por los dramas domésticos, Un fin de semana supone una lectura imprescindible que da buena cuenta de la inteligencia narrativa de su autor. Se trata de una historia conmovedora, tierna en las formas, pero incontestable en sus conclusiones. Una historia, en definitiva, cargada de sensualidad y erotismo, de sangrante verdad y de ocultación de la misma, de la fatalidad crepuscular que va aparejada al final del verano, que es, también, el de todas las cosas. 

PUNTUACIÓN: ★★★★

 
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