► Título: Prohibido
► Autor: Tabitha Suzuma
► Saga: -
► Año: 2013
► Editorial: Oz
► Páginas: 384
► Precio: 17.90 €
► Autor: Tabitha Suzuma
► Saga: -
► Año: 2013
► Editorial: Oz
► Páginas: 384
► Precio: 17.90 €
Lochan y Maya siempre se han sentido más amigos que hermanos. Ante la incapacidad de cuidarlos de su madre alcohólica y la ausencia de un padre que los abandonó, los dos jóvenes deben hacerse cargo de sus tres hermanos menores y esconder su situación a los servicios sociales, porque ninguno de los dos es mayor de edad.
La responsabilidad que comparten y las dificultades a las que se enfrentan les unen, hasta empujarlos a enamorarse. Ambos saben que su relación está mal y que no debe continuar, pero al mismo tiempo no pueden controlar sus emociones y la atracción que los domina.
Opinión
Esto que tenemos aquí supuestamente iba a ser la historia de amor del siglo. Un escabroso, desgarrador e incestuoso romance entre dos hermanos unidos por una serie de terribles circunstancias que había cosechado una abrumadora cantidad de reseñas y comentarios positivos por la red, coincidiendo todas ellas en resaltar el fuerte carácter emocional de la novela, el magistral ejercicio narrativo de su autora y el incontenible torrente de sentimientos contradictorios que era capaz de despertar su lectura. Era tal la expectación y el morbo que giraban en torno a la existencia de este libro (sobre todo por la presencia de una trama tan provocadora) que incluso se llegó a dudar de que alguna editorial española se atreviera a comprar sus derechos de publicación. Pero no. Desde el pasado mes de noviembre, Prohibido es una realidad y ahora todos tenemos la inestimable oportunidad de malgastar un buen puñado de horas de nuestra vida en esta bazofia rocambolesca y melodramática que me hace meditar profundamente en qué crímenes habré cometido yo para merecer semejante castigo en forma de culebrón folletinesco.
Juro solemnemente que afronté la lectura de este libro sin prejuicios de ningún tipo. Yo quería que me gustase, quería que me conmoviese, que me escandalizase, quería encontrar todos esos argumentos que miles de lectores alrededor del mundo esgrimen a la hora de calificar esta novela como de imprescindible e inmediata adquisición. Sin embargo, alcanzar esos objetivos resulta sencillamente imposible cuando tienes delante una historia que desde casi la primera página sobrecarga de manera descarada tu capacidad de aproximación a la obra con un tono apesadumbrado, deprimente y un flagrante abuso del fatalismo existencial que aqueja a sus protagonistas. Porque Maya y Lochan no son dos adolescentes cualesquiera, no. Maya y Lochan encarnan todas las desgracias habidas y por haber en la historia de la humanidad. Son un holocausto andante que ha de lidiar con las taras de una familia desestructurada, compuesta por un padre ausente, una madre irresponsable y juerguista hasta la médula y tres hermanos menores cuya supervivencia es una carga que nadie parece estar preparado para soportar.
Por si fuera poco, si a este cúmulo de manidas calamidades que recae sobre la pareja protagonista le añadimos la problemática propia de cualquier escolar (hormonas revolucionadas, irritabilidad, celos injustificados, cambios de humor totalmente espontáneos e inseguridades varias), obtenemos un maravilloso cuadro diagnóstico que apunta hacia una sola dirección: síndrome de la edad del pavo. Y es que la complicada situación doméstica que viven Maya y Lochan no me parece motivo suficiente para justificar ese comportamiento errático, absurdo e infantiloide del que hacen gala estos dos hermanos a lo largo de la novela. Por mucho que Tabitha Suzuma se empeñe en transformar la más sana fraternidad en una perversión tonta y fría del lema 'unidos por la tragedia', hay cosas que necesitan una explicación más o menos seria, y ser testigo de cómo dos personas encuentran refugio la una en la otra para afrontar la dura realidad, para subsistir un día más la miseria cotidiana, es una de ellas.
Lamentablemente, Prohibido es una novela que carece de interés narrativo alguno, de una evolución argumental sólida o de personajes carismáticos -pedir profundidad en este caso es sencillamente inviable- que ayuden a sobrellevar la medianía estilística que padece su autora. Se trata más bien de una historia irrisoria y sensacionalista donde ni los propios protagonistas tienen los conceptos claros (¿me quiere?, ¿no me quiere?, ¿somos hermanos, primos, follamigos?) y se limitan a interpretar escenas subidas de tono, prescindibles a más no poder, que solo pretenden remover al lector por el simple hecho de que se está cometiendo un incesto delante de sus narices. Aun así, la ENORME guinda de ese empachoso e indigesto pastel que es Prohibido se la tiene reservada Suzuma para el final, una mortífera bala de plata que aniquila cualquier posibilidad de aprobar este libro aunque sea por tenerle en cuenta el ¿esfuerzo? de haberlo escrito. Es, sencillamente, el colmo del sinsentido. Un bulo. Un timo. Y como no quiero extenderme ni ensañarme más con una historia que solo me apetece olvidar de una vez por todas, terminaré diciendo que sí, que la leáis. De verdad. La recomiendo muchísimo. Aunque sea por las risas de luego.
Juro solemnemente que afronté la lectura de este libro sin prejuicios de ningún tipo. Yo quería que me gustase, quería que me conmoviese, que me escandalizase, quería encontrar todos esos argumentos que miles de lectores alrededor del mundo esgrimen a la hora de calificar esta novela como de imprescindible e inmediata adquisición. Sin embargo, alcanzar esos objetivos resulta sencillamente imposible cuando tienes delante una historia que desde casi la primera página sobrecarga de manera descarada tu capacidad de aproximación a la obra con un tono apesadumbrado, deprimente y un flagrante abuso del fatalismo existencial que aqueja a sus protagonistas. Porque Maya y Lochan no son dos adolescentes cualesquiera, no. Maya y Lochan encarnan todas las desgracias habidas y por haber en la historia de la humanidad. Son un holocausto andante que ha de lidiar con las taras de una familia desestructurada, compuesta por un padre ausente, una madre irresponsable y juerguista hasta la médula y tres hermanos menores cuya supervivencia es una carga que nadie parece estar preparado para soportar.
Rara vez miro la foto, a pesar de haberla rescatado de la hoguera que hizo mamá. Pero me gusta la sensación de tenerla cerca: es un recordatorio de que aquellos momentos felices no son tan sólo producto de mi imaginación.
Por si fuera poco, si a este cúmulo de manidas calamidades que recae sobre la pareja protagonista le añadimos la problemática propia de cualquier escolar (hormonas revolucionadas, irritabilidad, celos injustificados, cambios de humor totalmente espontáneos e inseguridades varias), obtenemos un maravilloso cuadro diagnóstico que apunta hacia una sola dirección: síndrome de la edad del pavo. Y es que la complicada situación doméstica que viven Maya y Lochan no me parece motivo suficiente para justificar ese comportamiento errático, absurdo e infantiloide del que hacen gala estos dos hermanos a lo largo de la novela. Por mucho que Tabitha Suzuma se empeñe en transformar la más sana fraternidad en una perversión tonta y fría del lema 'unidos por la tragedia', hay cosas que necesitan una explicación más o menos seria, y ser testigo de cómo dos personas encuentran refugio la una en la otra para afrontar la dura realidad, para subsistir un día más la miseria cotidiana, es una de ellas.
Lamentablemente, Prohibido es una novela que carece de interés narrativo alguno, de una evolución argumental sólida o de personajes carismáticos -pedir profundidad en este caso es sencillamente inviable- que ayuden a sobrellevar la medianía estilística que padece su autora. Se trata más bien de una historia irrisoria y sensacionalista donde ni los propios protagonistas tienen los conceptos claros (¿me quiere?, ¿no me quiere?, ¿somos hermanos, primos, follamigos?) y se limitan a interpretar escenas subidas de tono, prescindibles a más no poder, que solo pretenden remover al lector por el simple hecho de que se está cometiendo un incesto delante de sus narices. Aun así, la ENORME guinda de ese empachoso e indigesto pastel que es Prohibido se la tiene reservada Suzuma para el final, una mortífera bala de plata que aniquila cualquier posibilidad de aprobar este libro aunque sea por tenerle en cuenta el ¿esfuerzo? de haberlo escrito. Es, sencillamente, el colmo del sinsentido. Un bulo. Un timo. Y como no quiero extenderme ni ensañarme más con una historia que solo me apetece olvidar de una vez por todas, terminaré diciendo que sí, que la leáis. De verdad. La recomiendo muchísimo. Aunque sea por las risas de luego.
Puntuación
Prohibido, Tabitha Suzuma


















