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30 días leyendo [1ª semana]

viernes, 4 de julio de 2014


Como todos sabréis, el pasado lunes 23 de junio dio comienzo el desafío '30 días leyendo' que organizaba Beleth, del blog Book Eater. Contra todo pronóstico, el balance de esta primera semana se puede calificar como sencillamente extraordinario, pues no solo he conseguido llevar al día el número previsto de lecturas, sino que lo he sobrepasado con comodidad. Lo que sí llevo fatal -subrayemos esta palabra- es el ritmo de publicación de reseñas; y como no quiero que los libros escogidos para el reto se pierdan en el limbo de Blogger ni nada por el estilo, aquí tenéis un breve comentario sobre todas y cada una de las novelas que he ido leyendo a lo largo de esta primera semana:



1. La hierba roja, Boris Vian - ½

Mi primer contacto con el polifacético escritor francés ha estado repleto de interrogantes, suspicacias narrativas y un alucinógeno halo de fascinación que me llevaba continuamente a cuestionar todo lo que estaba leyendo. La hierba roja es, sin lugar a dudas, una lectura asombrosa y onírica, pero quizá demasiado complicada como para estrenarse con la efervescente prosa de Vian. La novela sigue los pasos, sueños e inquietudes amorosas de cuatro personajes un tanto excéntricos y cautivadores, entre los que destaca el ingeniero Wolf por su importante implicación en la trama; construir una extraña máquina capaz de rememorar los episodios más decisivos en la vida de un individuo a costa de borrarlos para siempre una vez abandonado su interior. Las posibilidades, imaginaos, son enormes, pero Boris Vian decide abordar cuestiones de profundo calado existencial desde una perspectiva autobiográfica que invita a la reflexión mediante el desbarajuste de nuestra realidad cotidiana. '¿Quién soy?', '¿Qué hago aquí?', o '¿De qué me ha servido recorrer este largo camino?' son preguntas que despiertan en todos nosotros una innegable incomodidad. Las respuestas que ofrece esta novela, sin embargo, no son más fáciles de asimilar.


2. Ni de Eva ni de Adán, Amélie Nothomb - 

Sorprende de esta historia la franqueza, generosidad y capacidad de análisis que demuestra su autora a la hora de escarbar en los más profundos recovecos de sí misma. Amélie Nothomb relata entre las páginas de esta deliciosa novela su experiencia como profesora de francés en territorio nipón y de cómo llegó a encarnar el cliché menos innovador de la historia al enamorarse irremediablemente de un alumno llamado Rinri. Ni de Eva ni de Adán es una novela por donde va desfilando ante nuestra expectante mirada todo el espectro de emociones humanas conocidas; es una obra impregnada de cierta ironía, descarada, divertida, melancólica, estimulante, lírica y por momentos, desgarradora. Siempre íntima. No solo evidencia el inconfundible sello narrativo de Nothomb, sino que ofrece una visión particularmente lúcida sobre esa aterradora belleza muerta que impregna las relaciones efímeras. ¿Es necesario recalcar lo recomendable de su lectura?


3. Fulminada, Jennifer Bosworth - 

Aunque la premisa de la que parte pueda parecer atractiva, Fulminada no es más que un refrito adolescente de otras muchas novelas previas, aglutinadas en torno a un concepto indudablemente innovador, pero tratada de manera efectista y poco sorprendente. Profecías apocalípticas, romances instantáneos, tormentas eléctricas que otorgan superpoderes al estilo Misfits, un insulso elenco de personajes y una penosa labor de worldbuilding se dan cita en una historia que desprende un infumable tufillo religioso imposible de procesar. Aun así, Fulminada no ha sido una lectura del todo catastrófica; cuenta a su favor con un ritmo vertiginoso y una prosa resultona. Poco más tiene que ofrecer Jennifer Bosworth en esta obra que carece de aliciente alguno para ser convertida en trilogía. Aun así, si sientes una irremediable tentación de leer Fulminada, no vendría mal que le dieses una oportunidad; entretiene lo justo como para no acabar saliendo por la ventana. 


4. Juego y distracción, James Salter - 

Por mucho que Salter emplee un lenguaje demasiado explícito, por muchas escenas de sexo desenfrenado, cercano al sometimiento, que haya entre sus páginas y por mucho que a veces su autor dé la impresión de anteponer la vulgaridad al erótico influjo de la insinuación, Juego y distracción me ha parecido una novela sugerente y evocadora de las que cada vez quedan menos. Dos jóvenes apasionados, un testigo silencioso de su incontrolable affaire y toda la campiña francesa dispuesta a ser recorrida son los elementos que constantemente interactúan a lo largo de una historia que destaca mucho más por lo que calla que por lo que cuenta. James Salter elabora en este libro un fantástico rompecabezas de amor y deseo donde el poder de la imaginación juega un papel esencial e insustituible, una maravillosa obra repleta de belleza, sensualidad y también de la impotencia (literal y metafórica) que despierta en nosotros la persecución de objetivos ya inalcanzables. Sin duda alguna, seguiré investigando de cerca la obra de este escritor.


5. Máquinas del tiempo, Nina Allan - 

Nina Allan nos ofrece en Máquinas del tiempo una estupenda novela corta estructurada en forma de cinco relatos y un breve epílogo, capaces de reinventar completamente nuestra concepción de los viajes espacio-temporales gracias a su innovadora puesta en escena y al irresistible encanto de su estilizada prosa. Cada uno de los relatos supone una perspectiva fascinante y complementaria de una única historia principal, una obra que sorprende de manera constante al lector espabilado con innumerables guiños, paradojas y misterios aparentemente inexplicables cuya interpretación no queda por completo cerrada. Pero Máquinas del tiempo no solo destaca por ser una notable obra de ciencia-ficción; Nina Allan también demuestra conocer en profundidad las inquietudes mundanas del ser humano o las emociones más arraigadas que subyacen bajo la pátina de lo prohibido. Y por supuesto, la escritora británica sabe muy bien lo que somos capaces de hacer con tal de reparar ese descomunal sentimiento de pérdida que por desgracia, tal y como le ocurre al protagonista de Máquinas en el tiempo, a veces nos toca experimentar.


6. Constance, Patrick McGrath - ½

La idea previa que me había hecho de Constance es opuesta a lo que he acabado encontrándome en el interior de la última novela escrita por Patrick McGrath, pero lo cierto es que esa distancia a veces insalvable entre expectativa y realidad no tiene por qué ser necesariamente mala. De hecho, al final he disfrutado bastante con este relato desquiciante y obsesivo de una mujer fatale que no parece capaz de superar sus traumas familiares y acaba trasladándolos a su actual matrimonio con un hombre que no deja de acumular fracasos con el sexo femenino. La sombra de una infancia infeliz, unas dificultosas relaciones parentales y un secreto que amenaza con destruir la estabilidad emocional de Constance se combinan a la perfección para entretejer un atractivo drama psicológico, oscuro, enfermizo y con una espectacular labor de ambientación (Nueva York, años 60, decadencia urbanística), pero que resulta un tanto irregular en su desarrollo. Aún así, la considero una lectura bastante recomendable.


7. La mujer loca, Juan José Millás - ½

No sé muy bien qué oscuros designios del destino hicieron que este libro acabase en mis manos, pero agradezco enormemente a las fuerzas del universo que lo hayan puesto en mi camino. Qué novela tan fantástica, tan alucinógena y tan demencial. Y qué divertida. Julia, la protagonista, es una mujer que desde el primer momento no parece estar muy bien de la cabeza: ha comenzado a estudiar gramática porque está enamorada de su jefe (que es filólogo además de encargado en una pescadería) y por las noches recibe la visita de palabras o frases que no están correctamente escritas. La locura que padece Julia acaba impregnando hasta el más mínimo rincón de la novela, de forma que veremos al propio Millás sufriendo un desdoblamiento de personalidad que lo conduce a convertirse en un personaje de la historia. Imaginativa, imprevisible, dotada de una sensibilidad extrema y escrita con desbordante maestría, La mujer loca es un asombroso ejercicio de creatividad que te dejará muy satisfecho si lo que buscas es una lectura atípica.


8. Ácronos Vol. 2, Varios autores - 

Curiosa propuesta narrativa de gran variedad argumental, estilística y estética en la que participan prestigiosos autores de ámbito internacional (S.J. Chambers, Eduardo Vaquerizo, Concepción Perea o Rodolfo Martínez) y otros no tan conocidos, pero a los que se les agradece el esfuerzo. Los relatos que se encuentran compilados en esta antología exploran los límites del subgénero conocido como steampunk desde una perspectiva bastante tradicional e inspirada en otras muchas influencias previas, por lo que no me ha dado la sensación de estar ante un conjunto rompedor o remotamente original. Es cierto que algunos relatos constan de un arrebatador encanto victoriano, ideas ciertamente prometedoras y que incluso varios de ellos hibridan con relativo éxito multitud de géneros que bajo otras circunstancias no pegarían ni con cola, pero en general me ha sabido a poco esta inmersión en los terrenos de la ficción mecanizada. Creo sinceramente que el steampunk goza de suficientes herramientas como para ofrecer relatos de mayor calidad.


9. Diez, Gretchen McNeil - ½

Revisión del clásico Diez negritos cuya autora bien podría habernos ahorrado el insufrible lastre de su existencia absolutamente insustancial. Una isla prácticamente desierta, una invitación a la fiesta más salvaje de la temporada y un grupo adolescente de hormonas vergonzosamente hiperdesarrolladas que van siendo despachados poco a poco ante la indiferente mirada del lector. No lo vamos a negar, la propuesta de Gretchen McNeil tiene cierto encanto noventero heredado de los slashers hollywodienses que incentiva de forma considerable su lectura, pero la trama está tan pésimamente explicada, los personajes son tan infinitamente odiosos (¿hay un asesino en la casa? ¡qué importa eso estando el protagonista tan bueno!) y el giro final resulta tan rebuscado, ineficaz e incongruente con el resto de la novela que la lectura de Diez acaba convirtiéndose en una tortura interminable de la que saldrás con los ojos doloridos de tanto ponerlos en blanco. 


10. El cielo es azul, la tierra blanca, Hiromi Kawakami - ½

Mi afición por la literatura japones no conoce límites. Me encanta todo lo relacionado con el país del sol naciente, las conversaciones veladas a la orilla de un río, los encuentros fortuitos que ponen patas arriba la rutina cotidiana y los personajes absolutamente entrañables (o desquiciados, según el libro que te toque) que suelen pulular por entre las páginas de casi cualquier título japonés. Sin embargo, eso no quita que de vez en cuando tenga el desafortunado placer de toparme con una historia incapaz de transmitirme algo más allá de una inamovible indiferencia. Y tal ha sido el caso de El cielo es azul, la tierra blanca, una obra agraciada con momentos de relativa brillantez que habla sobre el reencuentro entre un viejo profesor y su antigua alumna, inmersa ahora en una profunda desorientación vital. Lamentablemente, no he conectado demasiado con la premisa, ni con los personajes, ni con el resto de elementos narrativos que en otras ocasiones han conseguido fascinarme tanto. 




Y esto es, a grandes rasgos, lo que han dado de sí las siete primeras jornadas del desafío. Espero volver la semana que viene con un nuevo resumen de las lecturas correspondientes, pero mientras seguiré leyendo todo lo que pueda. ¡Hasta pronto!

Reseña "El cielo es azul, la tierra blanca"

miércoles, 16 de octubre de 2013

Casi todas las novelas de Haruki Murakami, Kyoichi Katayama, Yasunari Kawabata, Banana Yoshimoto, Keigo Higashino y ahora Hiromi Kawakami. Son ya algunas las novelas que he tenido el placer de leer que se engloban en la categoría de literatura japonesa y que tanto nos fascina a muchos de nosotros. Especial, diferente, que sabe tocar las fibras sensibles del alma con una delicadeza y cuidados únicos. Profunda pero simple al mismo tiempo. Bucea en todo tipo de temas pero no se olvida de los más importantes, los que nos conectan a todos nosotros. El amor, la pérdida, la soledad, el paso del tiempo, el significado de la vida... la muerte. A veces puede parecer que todas las novelas pertenecientes al género son iguales. Pero quien piense eso realmente comete un craso error. Cada una de ellas, al igual que el autor que les dio vida, son únicas y originales, y es que aunque dos novelas puedan parecerse en muchísimos aspectos, no existen dos iguales. Y eso los japoneses saben conseguirlo muy bien. En esta ocasión, Hiromi Kawakami nos presenta una de esas novelas, de las que tocan las fibras sensibles del alma, en las que todos  podemos encontrar un pedacito de nosotros mismos. 
El cielo es azul, la tierra blanca, ese título tan sugerente, llamativo y extraño, es la presentación ante todo de una atípica historia de amor, aunque eso vendrá más tarde, mucho más tarde. El cielo es azul, la tierra blanca es el relato de una mujer adulta que a veces no deja de ser una niña pequeña, caprichosa, mimada, y que en su continua soledad -que no notaba a simple vista-, solo quiere ser amada por alguien de forma simple y absoluta. Lo cierto es que Tsukiko es un personaje muy difícil de describir y eso es claramente algo bueno. Es muy fácil decir los fallos que tiene un personaje, pero cuando los fallos en sí forman parte de la personalidad del mismo, la cosa se complica. Y es que como la novela en sí, Tsukiko es un cúmulo muy amplio de sentimientos, de sensaciones, de recuerdos y posibilidades. Es en su continua imperfección, en su frialdad e indiferencia hacia el mundo que la rodea -que en un primer momento asocié por alguna extraña razón con una mala caracterización de la misma-, donde reside principalmente su belleza. Es por sus defectos, sus caprichos, su forma de ver el mundo, sus manías y gustos poco femeninos, y esa escondida necesidad de la que no somos conscientes -ni ella misma tampoco- hasta bien comenzada la novela, por lo que me gusta tanto. Pero aparte de ser la historia de Tsukiko, es también la del maestro, su maestro, un hombre solitario como ella, y con quien comparte un pedacito de su pasado en común por haber sido su profesor de literatura mientras ella era una niña.

Un día, estos dos seres solitarios separados por la línea de la edad, coinciden sin querer en la misma taberna, sin percatarse uno del otro hasta que se reconocen. Un saludo, un par de palabras amables, una invitación a otra ronda, y un hasta pronto, maestro. Así es como comienza nuestra novela a grandes rasgos. Mientras vamos conociendo más sobre Tsukiko la presencia del profesor se hará cada vez más latente a raíz de su extraña amistad. Una amistad sin silencios incómodos ni tensiones en el ambiente, extraña a simple vista, pero más real que muchas otras que he visto. Pero de un modo gradual, y sobre todo en el último tercio de la novela, esa relación sufrirá un ligero giro de acontecimientos. Convirtiéndose así en un extraño anhelo que Tsukiko al principio es incapaz de comprender. Plagado de posibilidades, de sentimientos desgarradores y deseos que se convierten en impotencia y rabia. De riñas, de peleas sin sentido y una recta final que aunque hasta un punto resulta predecible, no le quita el encanto al conjunto general. Sin olvidar, claro está, de todos estos temas de los que os hablaba al principio, y es que una buena novela japonesa que no nos recuerde el peso de la soledad, la fugacidad de la felicidad entre nuestros dedos, nuestras pérdidas más dolorosas y el paso cercano de la muerte, no es una novela japonesa. Ah, y el desgarrón en el alma también, que por poco me olvido.

Ahora bien, tampoco os voy a mentir, es una novela japonesa en toda regla, lo que conlleva un desarrollo lento, a veces de un parecido muy monótono, a veces quizás un poco aburrido. Por lo tanto si ese tipo de lecturas no os gusta, quizás encontréis en El cielo es azul, la tierra blanca una novela aburrida, sin encanto, falta de carisma y una pérdida de tiempo total y absoluta. Sin embargo si realmente os gustan ese tipo de lecturas, o si os gustan los riesgos o tenéis simple curiosidad por la razón que sea El cielo es azul, la tierra blanca, es una novela que en mi opinión se disfruta una vez acabada y no durante su lectura, pudiendo ser un proceso largo -me llevó más tiempo leerlo del que me gustaría-. Pero es justo cuando has acabado con ella -y no antes- mientras vas dando vueltas a esto y lo otro, cuando te das cuenta de la verdadera belleza que se esconde detrás de sus páginas. Lenta, pausada, pero de una belleza palpable, que deja una huella dulce y amarga en la memoria, sin duda alguna es una novela altamente recomendable para todos aquellos que disfrutan con ese tipo de lecturas. Quizás un poco similar a la prosa de Kyoichi Katayama, pero tiene un regusto curioso al finalizarla, deja una huella más profunda, más perdurable que las demás. No se me ocurre otro modo mejor de describirla.


El cielo es azul, la tierra blanca de Hiromi Kawakami
-Acantilado -2009 -216 páginas -18,00€



Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.

 
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