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IMM 60#

domingo, 12 de abril de 2015




Vaya, un IMM más que se publica en domingo. Qué sorpresa, ¿eh? Estoy seguro de que no os lo esperabais. Mientras os reponéis un poco del susto, he de aprovechar estas líneas introductorias para explicar que llevo tanto tiempo sin preparar este tipo de entradas que estoy a punto de olvidar cómo se hacen. Y eso que oportunidades de ponerme a escribir no me han faltado, pues, en algún momento de los últimos meses, ha dado comienzo en mi interior un escalofriante proceso de transición entre una persona que lee libros y otra que gusta más de comprarlos y dejar que se acumulen. Pero no puedo evitarlo. Mis ojos son como dos agujeros negros que absorben toda esa luz irradiada por las estanterías que transito. Demasiadas novedades interesantes, demasiados clásicos imprescindibles, demasiado material al alcance. No obstante, prometo esforzarme a partir de ahora por hacer más hueco en el calendario para todos esos textos ya adquiridos que suplican tener un momento a solas conmigo. Por ahora, os enseño un buen puñado de libros que sí han pasado por mis manos desde que comenzó el año. ¡Allá vamos!:




La primera tanda se compone de estas tres blanquecinas novelas, tan dispares unas de otras como las impresiones que me han dejado. Las doce tribus de Hattie fue más bien una lectura tibia, cargada de algunos momentos brillantes, pero en general de ritmo irregular y demasiado fragmentada. Deseo que venga el Diablo fue, por el contrario, un apasionante libro de memorias cuya voz narrativa desprende una fuerza insólita y un tragicómico sentido del humor que deja entrever las preocupaciones existenciales de su protagonista. Por último, Apropiación indebida, una auténtica y muy positiva sorpresa que describe con indescriptible malicia el grado de obsesión que somos capaces de alcanzar en el ámbito amoroso. 




A continuación, tres pequeñas joyas que son desde luego tan bonitas por dentro como por fuera. La quinta esquina, de Izraíl Métter, una autobiografía novelada que desprende emotivos recuerdos sobre la infancia y la juventud de su autor entre las opresivas garras de la Rusia soviética. ¡Así de grande!, premio Pulitzer en 1925, es un retrato de la Norteamérica rural previa a la llegada del siglo XX que sobresale por sus magníficos personajes y la emocionante historia de superación que narra. Finalmente, Matemos al tío, una perturbadora comedia negra en la que un niño tiene que hacer frente a las tentativas de asesinato de su tío, que pretende convertirse en destinatario único de su cuantiosa herencia. 




Algunos de los lanzamientos más potentes que he leído en lo que se refiere a literatura de género han sido: La música del silencio, una obra muy esperada que aparentemente amas u odias, y que para mí supuso una completa decepción; La Guerra Larga, continuación de la saga que abre La Tierra Larga y que terminé solo unos días antes de que se diera a conocer el fallecimiento de Terry Pratchett; por último, Aceptación, la brillante y magistral culminación de la trilogía escrita por VanderMeer que pone ¿fin? a los misterios engendrados en torno a la existencia del Área X.




El siguiente trío de lecturas viene encabezado por Beloved, de Toni Morrison. Puede que la autora tenga en su poder todos los premios habidos y por haber, pero mi acercamiento a su obra solo puede calificarse como decepcionante. Espero que sus otras novelas sepan quitarme el sabor agridulce que me dejó esta. El padre infiel, una de las últimas novedades de Libros del Asteroide, sí que me sorprendió gratamente. Se trata de una novela arriesgada, atípica y por momentos repulsiva, pero sin duda alguna merece la pena leerla. En último lugar, Montauk, de Max Frisch. De carácter autobiográfico y abiertamente estético, la novela contiene un sinfín de escenas, imágenes y conversaciones aparentemente aleatorias que van desde lo anecdótico hasta lo trascendental y que nos ayudan a elaborar una visión de conjunto sobre la vida del autor.




También he leído en los últimos meses novelas muy atrevidas y transgresoras que rozan casi lo experimental. Por ejemplo, en Última sesión, Marisha Pessl nos introduce en el oscuro universo cinematográfico de Stanislas Cordova a través de una investigación (fotografías, entrevistas, informes policiales y páginas web incluidas) que gira en torno al suicidio de su hija. 10:04 es la última novela de Ben Lerner, un trabajo arriesgado y vanguardista con un interesante componente de metaficción. F, de Daniel Kehlmann, no se queda atrás en cuanto a lecturas raras o poco convencionales. Se trata de un libro bastante curioso que gira en torno a la rocambolesca historia familiar de los hermanos Friedland y de cómo intentan afrontar la ausencia de su padre embarcándose en proyectos personales de índole fraudulenta. 




Y por fin, el Alfa de esta camada. La indiscutible joya de la corona. El libro que sigue haciéndome salivar aun meses después de haberlo terminado y que sin ningún tipo de duda copará uno de los primeros puestos en mi lista con lo mejor del año. Más que una simple novela, Las luminarias es el extraordinario puzzle astrológico que le valió a la escritora neozelandesa Eleanor Catton el récord de ser la persona más joven en ganar el prestigioso Man Booker Prize. Podría extenderme durante horas si hiciera falta sobre las impresionantes dotes de esta novela, sobre el incomparable estilo de la autora, el magistral retrato que hace de todos los personajes que protagonizan la historia o la complejísima estructura interna de la obra. Pero para eso ya tenéis la reseña que hice en su día. De momento, es hora de que me despida. Hasta el próximo IMM, claro. 

Reseña "Las doce tribus de Hattie"

lunes, 12 de enero de 2015

Título: Las doce tribus de Hattie
Autor: Ayana Mathis
Año: 2014
Editorial: Salamandra
Páginas: 288
Precio: 19.00 €

Cincuenta años después de la abolición de la esclavitud, dos millones de personas abandonaron los estados sureños de Estados Unidos para establecerse en las grandes ciudades del Norte. El fenómeno, conocido como la Gran Migración, supuso un cambio radical en la sociedad norteamericana, así como en las vidas de las personas que lo protagonizaron. Y entre ese ingente caudal humano se sitúa la joven protagonista, Hattie Shepherd, que huye de Georgia para instalarse en Filadelfia en busca de un futuro mejor. Sin embargo, el destino pondrá a prueba sus ilusiones. Tras perder a sus dos primeros hijos, Hattie dará a luz a nueve niños más, a quienes criará con férrea determinación, guiada por el propósito de preparar a su prole para las dificultades que habrán de afrontar en un mundo implacable con los más débiles.


Aunque yo era muy pequeño, aún recuerdo cuando mi abuela me contaba historias y divertidas anécdotas sobre su infancia en la casa que compartía con sus padres y otros nueve hermanos. Desde entonces siempre me he preguntado cómo era posible que una mujer pudiera llegar a concebir una decena de hijos sin dejarse las entrañas en el paritorio, o dónde se hallaba la paciencia necesaria para convivir con semejante número de individuos sin estar permanentemente al borde de un ataque de nervios. ¿Existía en mi bisabuela un apego desproporcionado por los dolores propios del alumbramiento? ¿Qué porción de amor y atención maternal le correspondía reclamar a cada uno de estos bulliciosos vástagos? Nunca nadie me ha facilitado las respuestas. Sin embargo, leer Las doces tribus de Hattie ha sido lo más cerca que he estado en toda mi vida de arrojar un poco de luz sobre tales cuestiones sin resolver. Ambientada en los albores del movimiento conocido como la Gran Migración norteamericana, la "novela" de Ayana Mathis narra la historia de una joven negra llamada Hattie Shephard que a lo largo de su vida se verá involucrada en un largo historial de penalidades. Pero lo realmente curioso e interesante de esta obra es que llegaremos a saber de esos problemas y sufrimientos a través de sus once hijos, protagonistas indiscutibles de los diversos relatos más o menos independientes que componen el debut de la escritora estadounidense.

Cada uno de los capítulos se centra en la historia personal (y a menudo dramática) de uno o dos descendientes de Hattie y todos ellos nos van aportando reveladoras pistas sobre el trasfondo social de la época de una manera demoledora aunque nada sutil. Desde las vejaciones, burlas y trato discriminatorio de que eran objeto los miembros de la comunidad afroamericana hasta temas como la homosexualidad, la aceptación de la muerte, la violencia doméstica, el papel fundamental de la religión en el desarrollo de una identidad compartida por la población negra, la guerra de Vietnam o los fuertes desequilibrios emocionales que se generan como consecuencia de un hogar inestable. Sin embargo, la brevedad y eclecticismo de estos relatos es un factor que a menudo me impedía establecer una conexión fuerte con los personajes. Al no existir un hilo conductor ni un denominador común (más alla de la velada omnipresencia de Hattie) entre estas historias, no he llegado a sentir especial empatía ni interés por lo que me estaban contando. Sí me ha gustado, en cambio, el tratamiento anticonvencional que hace Ayana Mathis de la figura materna, concebida en este caso como mártir más que como mujer entregada de buena voluntad a la crianza de sus hijos, amarrada a sus responsabilidades domésticas y a un marido pendenciero. Me recordó en varias ocasiones a la magnífica Eva Khatchadourian en Tenemos que hablar de Kevin: fría, desapegada, insatisfecha y oprimida por unas terribles circunstancias, condenada a sepultar sus propios deseos, anhelos y expectativas bajo una pesada losa formada por las exigencias de su rol familiar. En definitiva, Las doce tribus de Hattie ha sido una lectura amena, salpicada de momentos bastante buenos -aunque esparcidos de manera irregular- y de la que me gustaría resaltar tanto su descorazonador comienzo como ese final cargado de emotividad, de amargura que explota por culpa de tenerla tanto tiempo contenida. Lástima que el resto de la novela no esté a la misma altura.



 
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