Ian McEwan - Lo que podemos saber

martes, 27 de octubre de 2026



► Título original: What We Can Know
► Traducción: Eduardo Iriarte
► Año: 2025
► Edición:  Anagrama (2026)
► Páginas: 384


En su nuevo trabajo, el escritor británico Ian McEwan (Aldershot, 1948) imagina un futuro donde los esfuerzos de la humanidad por preservar el planeta han resultado en un estrepitoso fracaso. De nada, parece advertir McEwan, servirán el día de mañana las medidas actuales para contener las consecuencias del cambio climático o las manifestaciones por frenar el avance de las fuerzas políticas extremas: al final, después de un cataclismo meteorológico global y un conflicto nuclear cuya sombra ya nos sobrevuela, la diezmada población de la Tierra se verá obligada a subsistir bajo una nueva y sombría realidad donde Nigeria ostenta el monopolio de las comunicaciones e Inglaterra se ha convertido en un inmenso archipiélago disputado por guerrillas.

En este contexto tan lúgubre como plausible, donde los recursos escasean y la naturaleza se abre paso para enmendar los destrozos provocados por el hombre a lo largo de tantos siglos, Ian McEwan se pregunta sobre la pertinencia de investigar y analizar el pasado como herramienta para entender el presente. Los historiadores nunca han sido reconocidos por desempeñar una labor especialmente utilitaria, pero en la novela de McEwan, lo cierto es que desenmarañar intrigas e incógnitas personales sobre individuos que llevan décadas bajo tierra adquiere los tintes de una actividad superflua que roza la banalidad obscena.

No obstante, para el protagonista de Lo que podemos saber, bucear en las aguas de un buen archivo biográfico constituye algo más que un simple escapismo necesario. En el caso de Thomas Metcalfe, su pasión por la figura del poeta Francis Blundy y su esposa Vivien adquiere la forma de un impulso obsesivo por resolver un misterio que ha sido sepultado por el paso del tiempo. Corre el año 2014. Blundy, figura de innegable prominencia y muy cuestionables formas, celebra junto a un grupo de familiares y amigos la que llegará a conocerse como la Segunda Cena Inmortal, una velada teñida de claroscuros en la que Francis recita una pieza lírica que jamás será publicada y de la que no llegará a conservarse ninguna copia. Sin embargo, a raíz de la impresión causada entre los asistentes y la inesperada repercusión posterior de dicho encuentro, el poema titulado «Una Corona para Vivien» se convierte en el secreto mejor guardado de la obra de Blundy y un tesoro que Thomas Metcalfe está decidido a desenterrar cueste lo que cueste.

Así, Lo que podemos saber se erige como una absorbente, apasionante y fidedigna reconstrucción, no solo de la vida de Francis Blundy y su vertiginoso contexto histórico, sino la de una mujer, Vivien, condenada a vivir bajo la alargada sombra de su marido. A estar, por decirlo de algún modo, congelada en la vitrina del tiempo como un personaje eternamente secundario, a merced del genio. Haciendo alarde de un apabullante pulso narrativo y una inteligencia demoledora, McEwan explora las vidas fabuladas de estos inolvidables personajes y pone de relieve las trabas de la investigación académica a la hora de abordar un período que parece no despertar interés y en el que la inabarcable cantidad de material que usamos para documentar nuestra cotidianidad se convierte, más que en una ayuda, en un monumental estorbo.

¿Hasta qué punto podemos inferir la identidad de una persona a partir de los recuerdos que deja? ¿Cuántos hechos considerados doctrina se derrumbarían si alterásemos la propiedad del relato? Embelesado por los cantos de sirena de Francis y Vivien Blundy, el protagonista de Lo que podemos saber no podrá escapar de la tentación que persigue a todo nostálgico empedernido: renunciar a un mundo soñado que hace palidecer la realidad o habitarlo hasta las últimas consecuencias. Demostrando que es uno de los novelistas más solventes, inventivos y preciados de la actualidad, Ian McEwan nos propone un sugerente y laberíntico juego narrativo que se lee con absoluta compulsividad y donde queda retratada de forma totalmente trágica la cara más traicionera de la memoria. 


«Diluida y diseminada en múltiples millares de versiones impresas de mí misma, me fundí con las letras y ya no era yo en absoluto. Lo que quedaba no era siquiera una mujer sino una convención poética, la sombra de una mujer en las paredes de la caverna de la imaginación de un hombre.»


★★★★☆

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