Leila Lalami - El hotel de los sueños

viernes, 6 de noviembre de 2026



► Título original: Dream Hotel
► Traducción: Esther Cruz Santaella
► Año: 2025
► Edición:  Sexto Piso (2026)
► Páginas: 400


En El hotel de los sueños, la escritora Leila Lalami (Rabat, 1968) imagina un futuro no muy lejano en el que la criminalidad ha sido relegada al terreno de lo hipotético y un acto indispensable como dormir puede ser constitutivo de delito. Sí, gracias a unos implantes neurológicos diseñados para combatir el insomnio, los ciudadanos han puesto a disposición del mercado la observación de sus pensamientos más íntimos y la interpretación unilateral de lo que estos pueden revelar sobre nosotros. Y las consecuencias no pueden ser menos alentadoras. Olvídate de Freud y las teorías más extendidas del psicoanálisis: en la novela de Lalami, si puedes soñarlo, es porque estás a punto de cometerlo.

La protagonista de El hotel de los sueños es Sara Hussein, una mujer estadounidense de origen marroquí y un pasado trágico que, tras ser interrogada durante un control aeroportuario, es enviada de forma expeditiva a un centro de retención porque el sistema la ha catalogado como una amenaza potencial para la integridad de su marido. Presa de la más absoluta incredulidad, Sara se convierte en rehén de una agencia gubernamental que monitoriza, registra y evalúa su índice de peligrosidad hasta estabilizarlo dentro de unos límites aceptables. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa encerrada, más complicado se vuelve para Sara doblegarse ante las trabas de un régimen que parece sospechosamente interesado en mantenerla entre sus muros.

Así, lo que supuestamente iba a ser una breve estancia de veintiún días se va alargando de forma indefinida como castigo por desobedecer unas normas imposibles de acatar. Imponer moratorias a su condena se convierte en el pasatiempo favorito de Hinton, uno de los guardias que custodian las instalaciones. Por su parte, la beligerancia inicial con la que Sara responde a las provocaciones irá dando paso a una callada resignación enarbolada como desesperado mecanismo de supervivencia. Poco a poco, los contornos del mundo exterior se irán difuminando en la mente de la protagonista, que termina por sumergirse en el rutinario funcionamiento del centro junto a sus compañeras sin renunciar, no obstante, a la ínfima posibilidad de liderar una revolución.

Sin duda, uno de los aspectos más sólidos de El hotel de los sueños es su magnífica ambientación. Leila Lalami ha construido un ecosistema tan claustrofóbico como demencial que da buena cuenta del destino al que parece abocarnos la tendencia a subyugar aspectos fundamentales de nuestra humanidad al abusivo entramado empresarial que nos acorrala. Si el futuro se parece a como lo pinta Lalami, desde luego me niego a aceptar los términos y condiciones. No quiero ver cómo las escuelas se transforman en centros penitenciarios, ni cómo un Estado autoritario incapaz de sostenerse a sí mismo desmantela la libertad del individuo a cambio de una falsa promesa de seguridad. Y todo ello mientras vemos el mundo arder a través de una minúscula ventana con barrotes.

Absorbente, enigmática y tremendamente incisiva, El hotel de los sueños es una novela que se adentra en el terreno de la ficción especulativa para ofrecernos una mirada aleccionadora a grandes inquietudes que nos atenazan en el presente. Aunque no todos sus elementos brillan con la misma intensidad, debo confesar que la odisea administrativa de Sara Hussein por recuperar su antigua vida me ha tenido más que enganchado con sus inesperados giros de guion, su sugerente ambigüedad y un manejo excepcional de la tensión narrativa. No es El hotel de los sueños la obra más innovadora ni la mejor ensamblada, pero sí lo bastante pulida como para destacar por su singularidad. Como si de un puzzle inacabado se tratase, Leila Lalami dispone a nuestro alcance piezas más que suficientes para que podamos discernir la terrible imagen que se adivina en el horizonte. Solo queda esperar que se trate de una simple pesadilla.


«[...] ¿y qué es la libertad si no despojar el yo de la mirada de otros, [...]?»


★★★

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