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Top 20: Los mejores libros de 2015

martes, 29 de diciembre de 2015




Si pensabais que abrir los regalos de Navidad es el momento más emocionante del año, siento deciros que aquí llega mi lista con las mejores lecturas de 2015. La verdad es que en esta ocasión no me ha costado mucho seleccionar qué títulos debían aparecer y cuáles era mejor dejar fuera; en general, ha sido un año de buenas lecturas, pero de pocas (relativamente) que lograran alcanzar el grado de sobresaliente o incluso el de obra maestra. Sí, ya sabéis, libros que trascienden cualquier tipo de valoración bien argumentada y se venden mejor diciendo eso de "más os vale salir cagando leches a por un ejemplar". Como siempre, habrá quien se eche las manos a la cabeza al ver en este ranking según qué novelas. También puede que añoréis ciertos libros de los que me habéis estado oyendo hablar maravillas. Sea como sea, lo importante aquí es compartir y contrastar opiniones. Adelante, abramos debate. Expresad vuestra conformidad o vuestro descontento. No os dejéis dentro ni una sola gota de bilis que os haya podido quedar tras las cenas familiares. Y por supuesto, muchas gracias a todos los que día a día, un año más, se pasan por el blog y le dan vida con sus visitas y comentarios. No os quepa duda de que convertís mis entradas en algo más que un simple hobby. ¡Nos vemos en 2016!



20. Marian Engel - Oso

A lo largo de Oso, la escritora canadiense Marian Engel demuestra poseer una infrecuente habilidad para transformar los aspectos más pérfidos de su novela en un acto de hermosa y arrebatadora naturalidad. Así pues, afirmar que esta estupenda obra trata sobre una mujer que mantiene encuentros carnales con un espécimen animal resulta tan superficial como inexacto. Más bien, Marian Engel elabora en torno a la figura de su protagonista (una mujer entristecida, solitaria, frustrada por sus decepcionantes relaciones con los hombres y por el rumbo errante que ha tomado su vida) un emocionante y cautivador relato sobre la feminidad, la necesidad de afecto y la importancia de recuperar las formas más elementales de comunicación. Leer más.



19. David Mitchell - Mil otoños

Me cuesta ser objetivo al hablar de David Mitchell, un autor que solo me ha regalado experiencias extraordinarias gracias a su exquisito estilo y el constante espíritu de innovación que imprime a sus novelas. Una ingeniosa revolución narrativa que no siempre persigue el progreso ni la evolución formal, sino la simple búsqueda de perspectivas más amplias. Y en ese sentido, cada nuevo proyecto en el que se embarca el autor británico se acaba convirtiendo en un éxito triunfal. Mil otoños es prueba evidente de ello, una novela emotiva, rotunda y sincera que tira de mecanismos bastante convencionales para contar una historia que sin duda ya nos suena. Sin embargo, Mitchell consigue desplegar aquí los distintos hilos argumentales de un modo que cautiva por su arrebatadora belleza y un poliédrico mejunje de voces narrativas. El resultado, un libro sencillamente asombroso.



18. Peter Cameron - Aquella tarde dorada

Los libros de Peter Cameron se leen como el discurso tambaleante de un adolescente con problemas de autoestima. A veces no sabes muy bien lo que quiere decir. A veces cuesta arrancarle las palabras adecuadas. Sus historias están labradas en el incómodo silencio de quien precisa andarse un buen rato por las ramas antes de soltar una revelación brutal. Sin embargo, todos esos escollos presentes en el canal comunicativo derivan en un magistral estudio de campo sobre las relaciones interpersonales que solo un escritor como Cameron podría llevar a cabo. Pocos autores son capaces de emocionar tanto haciendo empleo de tan pocos recursos narrativos, pero el estadounidense nos deleita una vez más con una novela que nos hará viajar hasta los confines del continente sudamericano para conocer de primera mano los entresijos de una peculiar familia lastrada por la pérdida. 



17. John Berendt - Medianoche en el jardín del bien y del mal

A lo largo de este libro, John Berendt elabora un minucioso y radiográfico retrato de Savannah, ciudad de Estados Unidos que se convirtió en el centro de todas las miradas al verse salpicada por un auténtico desfile de escándalos relacionados con un caso de asesinato. Sin perder en ningún momento su elevada capacidad de observación, la deliciosa, elocuente y exuberante exposición de los hechos ni la habilidad para ahondar en la laberíntica personalidad de los involucrados, Berendt consigue encandilarte con su novela desde prácticamente el primer brochazo, ese que habla de sibaritas amantes del arte, viejas damas ricachonas, individuos que pasean a perros invisibles, estafadores que se libran de cualquier responsabilidad judicial gracias a su desmesurado carisma, abogados sin escrúpulos, drag queens de sofocante labia, chaperos, prostitutas, drogadictos, exclusivas fiestas de etiqueta y rencillas de apariencia inofensiva que, no obstante, permanecen apaciblemente en la sombra, incubándose hasta que llegue el momento idóneo de eclosionar. Leer más.



16. Jennifer Egan - El tiempo es un canalla

La ganadora del Premio Pulitzer Jennifer Egan construye en El tiempo es un canalla una magnífica composición de historias cortas (ambientadas mayoritariamente en los cercados de la industria musical) que supera en todos los sentidos a la suma de sus partes. Cada capítulo constituye en sí mismo un núcleo argumental autosuficiente, pero que además juega un papel solapado en el propósito de contemplar el grueso de la obra como un ente sólido, compacto y al mismo tiempo amalgamado. Personajes que en cierto punto de la novela son protagonistas indiscutibles aparecen más tarde como meros secundarios bajo apariencia, motivos y circunstancias completamente inesperadas, proponiendo un juego narrativo muy seductor que Jennifer Egan lleva a cabo de manera inteligente, sagaz y con sobrado desparpajo.



15. Mo Yan - Sorgo rojo

Existen novelas que no logran satisfacer tus expectativas y existen otras que consiguen sobrepasarlas por completo. Tal es el caso de Sorgo rojo, novela del Nobel chino Mo Yan que a través de varias generaciones de una misma familia nos sumerge en las profundidades de la China rural y su turbulenta historia reciente. Empleado como símbolo, ideología y estandarte político, el sorgo domina cada rincón de esta historia con su presencia intemporal, manchando las páginas de sangre, vino y entrañas en un espectáculo tan cruel como hermoso donde se mezclan tradición, modernidad y mitología de un modo sencillamente sublime. 



14. Frederik Pohl - Pórtico

Considerada todo un clásico de la ciencia ficción, Pórtico narra el descubrimiento de una base de operaciones extraterrestre horadada en el interior de un remoto asteroide, acontecimiento que supondrá el empuje definitivo para que la humanidad se inicie en una serie de misteriosos e inescrutables viajes espaciales. A través del escalofriante testimonio de su protagonista conoceremos la atmósfera asfixiante y fatídica que reinaba en las instalaciones de dicha base, los asombrosos (pero escasos) hallazgos que a tan alto coste realizaban sus tripulantes y seremos espectadores de un lento pero firme proceso de degeneración sexual que acabará condicionando el carácter de no pocos personajes. Su trepidante ritmo narrativo, la inteligencia con que están hiladas todas las tramas y el certero perfil psicológico que hace Frederik Pohl de su narrador principal convierten a Pórtico en una sobresaliente novela. Leer más.



13. Haruki Murakami - Hombres sin mujeres

Ningún cambio radical ni revolucionario hay por descubrir en esta última tanda de relatos que nos trae el escritor japonés: sus personajes transitan los mismos y solitarios flujos narrativos, dejando a su paso un perturbador rastro de tristeza, melancolía y alienación especialmente contraindicado para individuos en bajo estado de ánimo. Ahora bien, tal y como indica su título, existe en Hombres sin mujeres la intención de entrelazar el conjunto de historias bajo un mismo leit motiv ; una omnipresente ausencia femenina que ejerce como aparato detonador de todos esos sentimientos que afloran sin cesar a lo largo de la antología. Emociones raras, complejas, incomprensibles y desconocidas se van acumulando a lo largo de Hombres sin mujeres en una especie de marea que lentamente se desborda y te ahoga.



12. Brian K. Vaughan & Fiona Staples - Saga. Volume Five

Capítulo a capítulo, Saga continúa haciendo méritos para ganarse el título de mejor novela gráfica que actualmente te puedes echar a la cara. Impactante, rocambolesco, impredecible, alocado y desmedido, este quinto volumen -al igual que sus antecesores- ofrece una auténtica (y literal) orgía de sensaciones y personajes conceptualmente hilarantes. El sueño húmedo de cualquier aficionado a las space opera no presume ni mucho menos de tener un argumento revolucionario, pero su fascinante imaginería visual y la exquisita anarquía temática que reina entre sus páginas convierten el proyecto de Brian K. Vaughan y Fiona Staples en un producto de adquisición obligatoria para cualquiera que ya crea haberlo leído todo.



11. Karen Russell - Vampiros y limones

Los numerosos cuentos de corte fantástico y sobrenatural que componen esta colección son tan diferentes unos de otros que a priori pudieran parecer el enloquecido producto de ocho mentes disociadas. No obstante, se percibe en todos ellos la indiscutible firma de una misma voluntad creadora, el leve rastro de un elemento común que dirige y coordina semejante batiburrillo de fórmulas anormales con la pericia propia de un director de orquesta. Karen Russell no solo cuenta con un indescriptible repertorio de ideas poco convencionales, sino que además dispone de los medios necesarios para llevarlos a buen término con una apabullante tasa de éxito. Leer más.



10. Robert Coover - Ciudad fantasma

No resulta fácil averiguar si la historia que nos propone aquí Robert Coover se mueve entre los límites de la genialidad o de la locura. Si todos esos pistoleros, sheriffs, sanguinarios forajidos y libidinosas damas de salón que campan a sus anchas por las desérticas calles de la población que da título al relato no son en realidad producto de alguien al que se le ha ido la mano con los psicotrópicos. Ciudad fantasma es, por decirlo de algún modo, un potente western alucinógeno en el que su protagonista (un forastero errante que acaba siendo engullido por un espejismo en forma de ciudad) es víctima de las más estupefacientes aventuras. Un particular homenaje a las historias del salvaje oeste americano en el que Coover, haciendo alarde de una espectacular y desviada imaginación, dispara imparables ráfagas de humor negro, casquería e indudable mala leche.



9. Nathaniel Hawthorne - La letra escarlata

La célebre novela de Hawthorne se postula casi de inmediato como un emocionante y extraordinario estudio sobre la conciencia, el pecado y la culpabilidad, tan completo y certero que quita el hipo. No es de extrañar que Hester Prynne sea considerada una de las principales heroínas de la literatura contemporánea: su entereza, valor y honestidad a la hora de afrontar la acusación de adulterio que lleva marcada sobre el pecho no hacen sino revelar las entrañas podridas de una sociedad injusta e hipócrita. Y si a un argumento potente le sumamos la excepcional maestría narrativa de su autor, palpable en todas y cada una de las páginas de La letra escarlata, obtenemos como resultado una obra sublime que se disfruta en cada línea, en cada giro inesperado de la trama y en cada vibrante alegato de unos personajes realmente inolvidables.



8. Philip Roth - Pastoral americana

En Pastoral americana, lo que comienza siendo un sentido homenaje a la figura de un hombre al que Nathan Zuckerman -narrador recurrente en muchas novelas de Roth- admiraba de pequeño, acaba degenerando poco a poco en un retrato visceral y poco halagüeño sobre un individuo decrépito y repleto de imperfecciones. Y aunque dicha biografía constituye por sí sola un estupendo aliciente para disfrutar de esta magnífica novela, repleta de pasajes, escenas y personajes fascinantes, lo que hace de Pastoral americana un libro realmente significativo es su amplio campo de dobles lecturas, siendo quizá la más importante de ellas la que habla de Estados Unidos como ese ser desmitificado que todo el mundo se empeña en alabar, pero que en realidad solo proyecta sombras turbias y siniestras.



7. John Kennedy Toole - La conjura de los necios

Basándome en lo mucho que me ha gustado este libro, me atrevería a decir que la muerte prematura de John Kennedy Toole nos ha privado de la que podría haber sido una de las mejores producciones literarias del siglo XX. Con sus constantes impertinencias, broncas, fanfarronadas y salidas de tono, Ignatius Reilly está considerado por muchos (y a partir de ahora, también por mí) como uno de esos personajes absolutamente memorables que se convierten en referente inmediato de toda la literatura posterior. La acidez de la que hace gala mediante sus constantes invectivas es solo comparable a la de los reflujos gástricos que tanto le molestan, mientras que el desdén con el que no tiene reparos en dirigirse incluso a su propia madre es solo una porción del que él mismo recibe cuando afirma estar escribiendo la obra literaria definitiva. Divertida, socarrona y sin ocultar nunca su cara satírica, La conjura de los necios es una novela que no debería faltar en ninguna estantería.



6. Hanya Yanagihara - A Little Life

Lo de Hanya Yanagihara es de una crueldad sin límites. Ella no conoce la compasión ni la misericordia. Sostiene cuidadosamente el corazón de sus personajes solo hasta que tiene la oportunidad de espachurrarlo entre sus dedos y depositar los restos en el fondo de un sumidero. Pocas veces a lo largo de mi trayectoria como lector he sentido de manera tan intensa, tan íntima, tan real, los acontecimientos que se desarrollaban ante mí. Pocas veces había tenido la oportunidad de cuestionar con tanta crudeza cuáles son los límites razonables de la amistad y el amor, o en qué punto se convierten en propios los dolores ajenos. Y A Little Life, novela controvertida donde las haya, ofrece la maravillosa posibilidad de experimentar todo eso. Leer más.



5. Eleanor Catton - Las luminarias

Las luminarias reúne todas las características narrativas que estimulan mis centros de placer. Es ambiciosa, detallista, sofisticada e hipnótica. Onírica, pero solo de una forma sugerente, sin llegar a levantar del todo los pies del suelo. Posee una estructura laberíntica en la que resulta tan fácil como placentero perderse. Parte de un planteamiento convencional (imitando la tradición estilística de la novela victoriana) al que la autora después le infunde una vibrante e innovadora perspectiva. Además, por ella deambulan infinidad de personajes absolutamente carismáticos e inolvidables, de esos marcados y que dejan marca, solapando en su camino multitud de tramas (cada cual más enrevesada que la anterior) que consiguen mantener siempre alto el nivel de tensión narrativa. Leer más.



4. David Foster Wallace - Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer

En realidad, cualquiera de los libros de David Foster Wallace que han pasado por mis manos este año posee cualidades suficientes como para figurar en esta lista. Pero si he de escoger solo uno, sin duda me decanto por esta hilarante crónica en la que el genio estadounidense, a bordo de un crucero en apariencia inofensivo, destripa sin contemplaciones la cara más amarga de la industria recreativa. En manos de Foster Wallace, lo familiar se transforma en hostil, lo asombroso en terrorífico y algo que a primera vista solo tiene la finalidad de entretenerte acaba poblando tus peores pesadillas. Impregnado de esa corrosiva sátira con la que suele amenizar sus escritos, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer supone una inapelable prueba más del superdotado instinto analítico que hizo del fallecido escritor norteamericano todo un icono de su generación.



3. Herman Melville - Moby Dick

La travesía del Pequod en busca de la legendaria ballena blanca es mucho más que una simple novela de aventuras salpicada de infumables circunloquios enciclopédicos sobre la anatomía de los cetáceos. Es un bombardeo constante de maestría narrativa y virtuosismo estilístico que resuena con la contundencia de las epopeyas clásicas, ofreciendo al lector un incomparable estudio de la naturaleza humana a través de sus más profundos miedos, deseos y obsesiones. Sin duda, hay que estar muy mentalizado para leerla, pero Moby Dick supone un titánico esfuerzo que te enriquece como lector de una forma desmesurada y tras el cual difícilmente volverás a aproximarte a una novela de la misma manera.



2. Tom Spanbauer - Yo te quise más

Sin apenas proponérselo, Yo te quise más se ha erigido como el epicentro de mis furores más íntimos. Desvelar demasiados detalles de la trama supondría arruinar gran parte de su encanto. Por lo tanto, me limitaré a decir que el solo recuerdo de sus recovecos argumentales basta para hacer saltar chispas a mi alrededor. No, no estoy exagerando. Enfrentarse a la narrativa de Spanbauer es un arriesgado acto de sumisión en el que tú te entregas a la historia que está ocurriendo delante de tus ojos y rezas con todas tus fuerzas para no salir escaldado. Pero ¡oh!, amigos, rezar sirve de poco. Una vez que empiezas a leer, no existe escapatoria posible: ya te has convertido en otra víctima más de Spanbauer y su triángulo de amor bizarro.



1. Thomas Pynchon - El arco iris de gravedad

Pues sí. Thomas Pynchon escribió en 1973 el mejor libro de 2015. El enigmático autor norteamericano derrama sobre las páginas de El arco iris de gravedad un inconmensurable torrente de luz que poco a poco se va descomponiendo en todos los colores del espectro. Sin embargo, la intensidad del reflejo provoca en gran cantidad de curiosos una ceguera que vuelve inapreciable la absoluta genialidad de esta obra maestra. Es cierto, nuestro ojo es un mecanismo vulnerable ante los destellos de una novela que demuestra en todo momento su flagrante desprecio por las pautas convencionales que rigen la construcción de una historia. Pero tampoco se puede alterar el orden natural de lo que aquí ha escrito Pynchon (una irreductible e hilarante amalgama de paranoias alucinógenas, teorías desquiciadas y conspiraciones políticas de carácter global) y seguir conservando ni siquiera un leve rastro de su magnífica complejidad. Tal y como escribió William H. Gass en su prólogo a Los reconocimientos, "Los grandes libros no pueden explicarse. Una explicación -en realidad, cualquier explicación- lo profanaría, ya que a lo que una obra de arte se opone es precisamente a la reducción". Y la de Pynchon es sin duda una novela que escapa a todo tipo de definiciones y mecanismos que traten de imponerle disciplina. Por eso, lo que considero más recomendable es lanzarse a la lectura de este libro sin pensar en los efectos nocivos de esa fuerza primordial que tira de nuestro cuerpo hacia el suelo. Sin echar siempre mano de guías, intérpretes ni aclaraciones vanas de algo que carece por completo de sentido. Sin andar buscando constantemente asideros cuando lo realmente divertido es saltar y dejarse arrastrar por el vacío.


Top 10: Los mejores libros de 2015 [enero-junio]

lunes, 6 de julio de 2015

Recomendar un libro es siempre una actividad de alto riesgo. Al fin y al cabo, por mucho que la literatura tenga propiedades mensurables, ninguna historia produce el mismo efecto en todas las personas. Ni siquiera encomendarse a la experiencia personal es un método infalible para garantizar el éxito a la hora de escoger lecturas. Sin embargo, parece que no nos cansamos de escuchar opiniones ajenas. Conservamos la esperanza de encontrar a toda costa una joya enterrada entre el ensordecedor bullicio del sector editorial. Sin duda, toda ayuda es poca. Por eso, un año más, con la intención de despejar esas dudas que nos acosan cuando vamos a la librería, he decidido hacer balance en forma de lista de todo eso que ha conseguido removerme las entrañas durante los seis primeros meses de 2015. Casualidad o no, ninguno de los diez títulos que quería enseñaros hoy ha sido publicado este año, así que he decidido restringir el acceso a la lista para que solo aparezcan obras realmente representativas de lo que nos ha deparado esta primera mitad de 2015 (aunque en el repaso anual sí que incluiré todos los libros de años anteriores). ¿Les echáis un vistazo? 


Deseo que venga el Diablo es un libro susceptible de causar estupor, vergüenza, controversia y admiración. No cuesta ningún trabajo adivinar por qué el primer libro de Mary MacLane causó tanto revuelo en el momento de su publicación ni por qué sigue haciéndolo hoy, más de un siglo después de que cierta joven canadiense de apenas diecinueve años consiguiera encandilar a medio mundo y escandalizar al otro medio cabalgando a lomos de su desproporcionado ego. A pesar de su inmadurez, su recalcitrante complejo de superioridad y una pesadumbre vital que roza la depresión clínica, el autorretrato que realiza Mary MacLane en Deseo que venga el Diablo destila en todo momento un asombroso genio narrativo que brilla a la hora de abordar temas como el feminismo, la sexualidad o la muerte bajo la forma de experiencia que anhela ser abrazada. Su magnífico estilo poético y su arrojadiza franqueza consiguen dinamitar cualquier tipo de prejuicio o barrera que podamos plantar ante el repelente-entrañable narcisismo de MacLane. Lo cual es toda una suerte, ya que solo así seremos capaces de contemplar en todo su esplendor la inflamable excentricidad de esta fémina rebelde y la conmovedora perspicacia que ya demostraba a su edad. Una lectura inimitable, genuina y por supuesto, muy recomendable.


La recientemente publicada antología de Ángel Luis Sucasas sirve para constatar de manera definitiva que la literatura prospectiva no solo goza en la actualidad de un saludable estado de gracia, sino que además es posible encontrar auténticos caudales de talento literario dentro de nuestras propias fronteras. El inclasificable corpus de textos que compone esta colección así lo revela, pues derrocha a través de sus páginas una apabullante y retorcida imaginación que se alimenta de sí misma con el objetivo de empujar los límites del género hasta el terreno de la más salvaje experimentación. Tomando como punto de partida algunos convencionalismos, lugares comunes y motivos que siguen la tradición del relato fantástico, Sucasas elabora un sobrecogedor e incomparable multiverso donde convergen historias de corte mística, paranormal o incluso legendaria que reúnen características propias del realismo mágico, el weird, el terror y la ciencia ficción más hard. Relatos verdaderamente dispares e impredecibles donde quedarás a merced de hombres lobo, brujas, espíritus vengativos, magos sin escrúpulos y extrañas deidades anteriores al propio universo. ¿Quién en su sano juicio va a querer rechazar una oportunidad como esa?


Cabría suponer que, a estas alturas del partido, poco o nada nuevo hay que añadir sobre las características que hacen del escritor británico uno de los autores más excepcionales que podemos encontrar dentro del género al que se adscriben sus novelas, pero lo cierto es que la extravagante fórmula ideada por Crispin, que supone combinar una erudición literaria muy próxima a la pedantería con los vertiginosos trasiegos detectivescos que hacían de estas historias un exitoso entretenimiento popular, continúa siendo hoy día fuente inagotable de momentos que revitalizan nuestra percepción sobre las historias de misterio. Gracias a las agudas observaciones de Fen, la constante incertidumbre que se cierne sobre las páginas de la novela, el estilo pulcro, exquisito y siempre aliñado con una nota de humor corrosivo del que hace gala Edmund Crispin o el aluvión de referencias intertextuales que se encuentran salpicadas por el libro, la lectura de El misterio de la mosca dorada se convierte en un auténtico deleite que estimula la sensibilidad literaria de los lectores más exigentes y permite a otros más conformistas disfrutar plenamente de una obra que no por ser accesible resulta menos sobresaliente.


Como de costumbre, Fata Libelli nos ofrece en Homo homini lupus una antología extraordinaria (en el sentido más estricto de la palabra) donde el escritor inglés aporta numerosas muestras de su inimitable inventiva, esas ideas retorcidas y extrañas que poseen la asombrosa capacidad de revelar facetas ocultas de la naturaleza humana. O inhumana. Porque uno lee los cuentos de Shearman y sabe que algo ha cambiado en su interior de manera irreversible. Algo ha hecho click. Algo grotesco y desagradable, pero en el fondo, reconocible. Y crees que todo puede ir bien hasta que descubres que estás en el Infierno junto al perro de Hitler, que tus ruidosos vecinos son en realidad unos maniquíes de plástico, que tu hija de dos años se ha quedado embarazada o que Santa Claus ha convertido a tu padre en un adorable y majestuoso reno. En definitiva, descubrir qué tiene preparado Shearman a la vuelta de cada página es experimentar un nuevo tipo de placer literario en el que verás estimulado todo tu espectro emocional. A veces, varios registros al mismo tiempo. Por eso, más vale que os hagáis pronto con este excepcional libro de relatos, una auténtica joya del género fantástico que os hará vivir experiencias narrativas extremas y completamente nuevas.


Laurie Colwin demuestra en Tantos días felices que tocar la fibra sensible de la gente es más un arte que una ciencia: una disciplina fortuita, caprichosa y casual en la que no existen reglas, estándares ni procedimientos universalmente aceptados para desvelar qué oscuro motor impulsa nuestras decisiones en el terreno sentimental. Al fin y al cabo, si viviéramos en un mundo dominado por la lógica y la fría racionalidad, ninguno de los personajes que habitan la novela de Colwin mantendría una relación duradera con su correspondiente pareja. No obstante, es precisamente en esa ausencia de cosas en común, en ese colosal choque de caracteres, en esa incomprensión y desconocimiento mutuos, donde reside el atípico encanto de una historia que bucea en grandes temas como el amor, la amistad, la familia o la búsqueda permanente de la felicidad. Repleto de líneas brillantes, diálogos dinámicos, personajes completamente fascinantes dada su complejidad y un estilo que conjuga a la perfección sobriedad y sensibilidad literaria, Tantos días felices es una obra realmente sorprendente e imbuida de una personalidad desbordante.


Antes de que alguien lo pregunte: sí, todo ese ruido en torno a Lo contrario de la soledad me parece plenamente justificado. Lejos de engendrar su publicación, estoy seguro de que el inesperado fallecimiento de Marina de algún modo la aceleró, que su voz estaba destinada a escucharse más a tarde o más temprano como el discurso enérgico e inspirador de una joven brillante, ingenua, enamorada, idealista, inexperta y aún así, en plena sujeción de esas riendas vitales con las que algunos a su edad todavía aprendemos a lidiar. A lo largo de los textos reunidos en Lo contrario de la soledad podemos disfrutar de Marina Keegan en dos vertientes muy diferentes, pero igualmente notables: como escritora de relatos, Marina se desenvuelve con facilidad a través de historias que revelan su versatilidad y su amplitud de registros, dando vida en ellos a personajes un tanto confundidos, desorientados o dotados de cierta extrañeza que buscan alcanzar por diversos medios el entendimiento de sus circunstancias. En su faceta de ensayista, Keegan hace gala de una sólida y sin duda precoz capacidad de análisis a la hora de razonar sobre temas muy dispares. Vale, puede que en ocasiones Keegan deje escapar un estilo jovial en exceso e incluso algo inmaduro, pero es precisamente esta falta de pretensiones más allá de su alcance, esa aceptación consecuente y plena de su propia edad lo que hace latir este libro con tanta fuerza, llegando además a convertirse en una de las lecturas que más me han emocionado en este 2015.


Solo hace falta echar un vistazo al primer relato de los doce que componen Nuevo destino para darse cuenta de que, como buen soldado que fue, Phil Klay conoce un par de trucos para desarmar a su oponente antes de que este tenga tiempo ni siquiera de parpadear. Aunque su estilo evidencia algunas muestras de inexperiencia y sus tácticas narrativas podrían calificarse de sobrias o incluso rudimentarias (perceptibles sobre todo en lenguaje austero, árido y soez de los personajes), las historias de Klay cumplen con eficacia el objetivo para el que han sido concebidas: explorar de primera mano y desde un punto de vista que cuenta con escasos precedentes la experiencia más visceral del conflicto, las secuelas tanto físicas como emocionales que es capaz de dejar o la ingente cantidad de cuestiones morales, políticas y éticas que se ponen sobre la mesa a la hora de abordar un tema tan revulsivo. Haciendo uso de un chocante humor negro y sin exhibir en ningún momento esos recalcitrantes alardes de patriotismo al que se inclinan no pocos paisanos, el escritor estadounidense explora con franqueza las conflictivas relaciones humanas y sorprende rotundamente en su total desenvoltura a la hora de bucear en la dimensión psicológica de sus personajes, casi siempre sumidos en la resignación, la ansiedad y el espanto. Sin duda, la lectura de este libro me ha parecido una experiencia instructiva, enriquecedora, recomendable y muy merecedora de su flamante National Book Award.


Ciudad fantasma es uno de esos libros que deberían venir acompañados de prospecto. De una guía interactiva, una madeja de hilo dorado, algo donde agarrarse antes de ser empujados sin compasión al vertiginoso escenario construido por el autor. Porque uno a veces se acomoda. Piensa que lo ha visto todo. Que conoce todos esos trucos y artificios narrativos que han desfilado por la historia de la literatura. Pero luego vienen individuos como el señor Coover dispuestos a sacarse, no un conejo, sino un elefante de la chistera. Y claro, te pilla un poco desprevenido. Tanto, que no sabes si la historia que nos propone aquí Robert Coover se mueve entre los límites de la genialidad o de la locura. Si todos esos pistoleros, sheriffs, sanguinarios forajidos y libidinosas damas de salón que campan a sus anchas por las desérticas calles de la ciudad que da título al relato no son en realidad producto de un chute psicotrópico que a alguien se le ha ido de las manos. Ciudad fantasma es, por decirlo de algún modo, un potente western alucinógeno en el que su protagonista (un forastero errante que acaba siendo engullido por un espejismo en forma de ciudad) es víctima de las más estupefacientes aventuras. Un particular homenaje a las historias del salvaje oeste americano en el que Coover, haciendo alarde de una espectacular y desviada imaginación, dispara imparables ráfagas de humor negro, casquería e indudable mala leche.


Existe en la inimitable prosa de Edna Ferber una indiscutible calidez emocional que la hacen merecedora de nuestros más entusiastas elogios, una exquisita y universal atemporalidad narrativa que convierten sus historias en minuciosas radiografías de la naturaleza humana, tan válidas en la actualidad como un par de siglos atrás. Por esa razón, hablar acerca de esta estupenda novela constituye a su vez un necesario ejercicio reivindicativo. Con su rigurosamente retratado trasfondo histórico, su apasionante progresismo ideológico y su enternecedora a la par que tenaz protagonista, ¡Así de grande! no tiene nada que envidiar a esos grandes dramas decimonónicos que consiguen atrapar al lector mediante una dosis precisa de gracilidad estilística y estudiada cotidianidad. Porque, en efecto, la novela de Ferber no se caracteriza por su ritmo trepidante ni por sus demoledores giros de guión. Aquí nadie se levanta de entre el público para interrumpir una boda ni tiene que hacer frente a los devastadores efectos de un desastre natural. Aún así, ¡Así de grande! no deja en ningún momento de ser una arriesgada aventura que nos hará contener el aliento o sufrir por el destino aciago de sus protagonistas. Al fin y al cabo, no existe mayor odisea que la de abrirse paso por la vida.


He de confesar que no esperaba mucho de esta novela. Quizá por dicha ausencia de expectativas o porque realmente la obra de Lena Andersson es un librazo como la copa de un pino, lo cierto es que Apropiación indebida me ha parecido de lo mejor que ha caído en mis manos desde que empezó el año: una historia fascinante y perturbadora a partes iguales que pormenoriza con un elevado grado de precisión el encaprichamiento obsesivo de una joven poeta y ensayista sueca con un artista sobre el que le encargan dar una conferencia. A primera vista no parece nada especial ni revolucionario, pero el verdadero encanto de la novela reside en el fabuloso tratamiento -entre lo irónico y lo cáustico, rozando siempre lo inmisericorde- que hace Andersson de unos personajes complejos, cautivadores y logrados hasta el extremo. Moviéndose entre la ficción convencional y el ensayo más sesudo, Apropiación indebida retrata sin atisbo alguno de romanticismo la cara más amarga del amor -el no correspondido- y refleja como nunca antes había visto las desesperadas artimañas psicológicas a las que solemos recurrir para vestir de realidad una relación que solo existe en nuestra imaginación (por mucho que estemos empeñados en afirmar lo contrario). Absorbente, perversa, erudita y magistralmente escrita, Apropiación indebida es, en definitiva, una de esas lecturas que debéis adquirir sin contemplaciones ni excesivas vueltas de hoja. Leedla. Y punto.

Una extensa e innecesaria declaración sobre lo que (probablemente) va a ocurrir aquí en 2015

martes, 6 de enero de 2015

No sé cómo ha pasado. Desconozco los detalles del proceso. Pero 2015 ya está aquí entre nosotros, paseándose a sus anchas como ese invitado que nadie conoce y todo el mundo corre a saludar. ¡Oh! Es el rey de la fiesta... Por desgracia, al final las luces se apagan. La música cesa. El amor está en el aire, pero se escapa por una ventana. Y nos convencemos de que todo ira bien tras este trámite necesario, que solo es cuestión de arrancar una hoja del calendario, de cambiar una cifra por otra al escribir la fecha. Borrón y cuenta nueva. Te apuntas al gimnasio. Aprendes un nuevo idioma. Dejas de fumar. Sin embargo, alcanzar un acuerdo contigo mismo es el más tramposo de los contratos. Soy demasiado perverso para tener una lista de buenos propósitos. Así que este año no pienso sentarme a planificar doce meses de fracasos anticipados. Me niego a malgastar la última hoja de la libreta diseñando metodologías completamente obsoletas que no sepan alimentar mi motivación. Por eso, esta vez he dejado que los demás hagan los deberes por mí. Voy a chutarme un poco de vitalidad ajena para superar esta terrible abstinencia de la mía propia. Me subiré a muy pocos carros este año, sujetándome bien fuerte durante el viaje y vigilando constantemente el trayecto para no caerme a medio camino. Otra vez. Y ahora, sin más dilación, una extensa e innecesaria declaración sobre lo que (probablemente) va a ocurrir aquí en 2015. Bienvenidos.

Uno de estos proyectos en los que me he embarcado de manera totalmente espontánea e inesperada es el 'Brandon Sanderson infinito', un descabellado especial dedicado al autor que abarcará todo el mes de enero y que constará de numerosas reseñas, artículos, entrevistas e incluso sorteos. Lo organiza Alexander, del blog Donde acaba el infinito, y si queréis conocer más detalles sobre lo que os deparará este tipo de locuras que "a veces crecen y acaban descontrolándose", podéis pasaros por el post de presentación que os dejo aquí.


¿No queríais caldo? Pues toma tres tazas.


Otro de los desafíos a largo plazo que durante el pasado año más alegrías me depararon fue el elaborado por Pablo, la mente oscura y maquinadora que escribe en el Blog del Lector Empedernido. Se trata ni más ni menos que del Man Pulitzer Book Award Project, un reto absolutamente estimulante y fantástico que, como ya avancé en su momento, se halla actualmente finiquitando las páginas de El arco iris de gravedad. Mi participación en este reto conjunto está más que asegurada a lo largo de 2015, y más sabiendo ya que los próximos títulos seleccionados son Las luminarias, de Eleanor Catton, Pastoral americana, de Philip Roth y Beloved, de Toni Morrison. Bueno, al menos esas son nuestras intenciones.

El Comité de Libros Chungos renueva por una segunda temporada.


Y en tercer lugar, la temeridad suprema. El Desafío en mayúsculas. El año de David Foster Wallace. En Novelas y otras historias nos invitan con toda la buena fe del mundo y la inocencia de no saber dónde se mete uno a terminar la obra completa del escritor norteamericano (más otro par de libros centrados en la figura del autor) antes de este mismo diciembre. ¿Quién dijo miedo? No voy a extenderme en detalles sobre dicho reto porque nos lo explican muy bien en esta entrada informativa, la cual os animo encarecidamente a visitar si y solo si os consideráis con la fortaleza mental de resistir estructuras sintácticas que abarcan páginas enteras. 


-Hola, soy David. Voy a destruir vuestra vida.


Otra de las grandes cuestiones que han estado ocupando mi mente durante la preparación de esta misma entrada viene a raíz de un vídeo que vi en el canal AliciaReads donde sale a relucir un candente e interesante tema de discusión: la variedad a la hora de leer. Siempre me he considerado un lector versátil, sin prejuicios y abierto a todo tipo de experiencias literarias, pero lo cierto es que en los últimos años me he dado cuenta de la inexactitud de esa premisa a medida que probaba autores, géneros y corrientes hasta el momento desconocidos para mí. También era de los que consideraban aspectos como la raza, el sexo o la nacionalidad de un autor variables que no determinaban en absoluto mi preferencia a la hora de escoger lecturas o de interesarme por libros nuevos. Pero se produce la extraña (o no) casualidad de que un porcentaje muy alto de las novelas que cayeron en mis manos a lo largo de los últimos 3 años (los mismos que lleva activa mi cuenta en Goodreads) han sido escritas por hombres blancos de procedencia inglesa o estadounidense. También me dio por comprobar cuántos libros leí el año pasado cuyo autor/a fuera de origen africano. La respuesta es un escalofriante uno. Un libro que para colmo tiene la desdicha de titularse Americanah

Este hecho no es malo en sí y no obedece tanto a una cuestión de mera coincidencia con gustos o ideologías personales como a una cuestión de exposición. De cobertura mediática. Leemos por norma general lo que lee la comunidad anglosajona. Lo que produce la comunidad anglosajona. Pero lo realmente preocupante es que ignoramos todo lo demás. Y quiero que eso cambie, aún más si cabe. De esta especie de responsabilidad lectora, unida por supuesto a mi curiosidad innata e insaciable, nace el deseo de expandir mi zona de confort hacia poco habituales fronteras. Es uno de los escasos compromisos literarios que estoy dispuesto a adoptar este año, perder el miedo a lo desconocido. Para ello, he elaborado una lista con autores de diversas nacionalidades que no suelen figurar con frecuencia en mi lista de adquisiciones y es mi intención en 2015 leer un libro de cada uno de esos escritores. Y ahora, utilizando mi mejor tono de sugestión subliminal, yo os pregunto: ¿no os parece una iniciativa sumamente atractiva y enriquecedora que es imposible rechazar?



Chinua Achebe: Todo se desmorona.

Chimamanda Ngozi Adichie: Medio sol amarillo.

Nadine Gordimer: El conservador.

J.M. Coetzee: La infancia de Jesús.



Orhan Pamuk: Cevdet Bey e hijos.

Jhumpa Lahiri: La hondonada. (Bueno, esta es un poco trampa porque la autora en realidad es británica, pero el sentimiento indio está ahí).

Ahmet Hamdi Tanpınar: Paz.

Rohinton Mistry: Un perfecto equilibrio.



Julio Cortázar: Rayuela.

Laura Restrepo: Delirio.

Mario Vargas Llosa: La Fiesta del Chivo.

Gabriel García Márquez: Cien años de soledad.



Anna Starobinets: El vivo.

Vladimir Nabokov: Pálido fuego.

Leonid Dobychin: La ciudad de N.

Vladimir Sorokin: El día del opríchnik.



Yiyun Li: A Thousand Years of Good Prayers.

Mai Jia: El don.

Liu Cixin: The Three-Body Problem.

Mo Yan: Sorgo rojo.

Eh... en fin... deseadme suerte.


También le he estado dando muchas vueltas a un posible y definitivo cambio en las puntuaciones. De momento la idea se halla en un aletargado y nada peligroso estado de gestación, pero cada vez me siento más inclinado a tomar como referente el desapasionado y tradicional sistema de estrellas por la comodidad que supone tener una escala de valores más restringida. A este probable y todavía indeterminado cambio se sumarán un par de variaciones en la forma de redactar las reseñas. Tenía por costumbre intercalar entre párrafo y párrafo alguna que otra cita significativa extraída de la novela, pero el actual órgano legislativo de España me considera un malvado transgresor de la propiedad intelectual, un ladrón y una muy, muy mala persona por llevar a cabo dicha actividad delictiva. Aprovecharé esta circunstancia para plantearme otra forma de escribir reseñas, una que me permita expresar todo lo que me apetece destacar de un libro (casi) a la misma velocidad con la que los leo. 

A este respecto, una cosa que ya he empezado a hacer en 2015 es escribir un breve comentario en Goodreads inmediatamente después de haber terminado una lectura, como por ejemplo este. Espero que esto me sirva para poder comparar de un modo objetivo mis impresiones sobre cada libro entre el momento de finalizarlo y el de elaborar su posterior reseña, por no mencionar que así ningún título de los que pasen por mis manos en los próximos meses se librará de ver publicada en la red la correspondiente opinión que me despierta. Lo cual me recuerda que... oh, sí. Solo me queda una cosa más por decir: a partir de ahora voy a ser más despiadado que nunca (siempre y cuando la ocasión lo merezca, eso sí). Preparaos para lo que se avecina. La maldad será trendy en 2015.





 
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