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Stephen King - Billy Summers

lunes, 21 de febrero de 2022



Título original: Billy Summers
Traducción: Carlos Milla Soler
Año: 2021
Edición:  Plaza & Janés (2021)
Páginas: 648


En su último trabajo, Stephen King (Maine, 1947) aparca ese terror sobrenatural al que nos tiene acostumbrados y se aventura en el trepidante terreno del thriller —camino ya transitado en otros títulos como Mr. Mercedes— imprimiendo, claro está, su particular giro de tuerca. Billy Summers, protagonista de la novela homónima, es un exmarine estadounidense que en sus ratos libres practica el noble arte del asesinato. Billy, al más puro estilo Dexter Morgan, solo se encarga de liquidar a lo que el llama «hombres malos»: criminales, violadores y demás escoria humana que escapa al control del sistema judicial. Y ahora que está finiquitando los detalles de su jubilación, Billy recibe un último encargo que, sin saberlo, va a poner en peligro no solo su impecable carrera como francotirador fugitivo, sino también su propia vida. 

Bajo la identidad de un escritor aficionado llamado David Lockridge, Billy Summers se infiltra en la comunidad donde va a ser ejecutada su siguiente víctima. Los lazos de amistad y camaradería que va entablando con sus nuevos vecinos hacen que Billy cometa alguna que otra torpeza, nada que un exsoldado con un arsenal de recursos a su disposición no pueda solventar. Sin embargo, calzar durante demasiado tiempo unas botas que no son las suyas provoca que a Billy Summers lo acabe engullendo su propio personaje: picado por una repentina pulsión a medio camino entre la curiosidad y el anhelo, Billy decide mimetizarse con el papel que interpreta y comienza a plasmar por escrito un brutal episodio de su niñez que desembocará en la crónica de sus incursiones militares en Faluya durante la guerra de Irak. Así, Stephen King explora mediante un sugerente juego de espejos la función de la literatura como método de exorcismo. Y es aquí donde la novela definitivamente trasciende el mero relato de suspense y se adentra en una narración tan ingeniosa como polifacética.

King ha vuelto a crear un personaje icónico sin apenas despeinarse. Prodigio del camuflaje cibernético y apasionado de la novela naturalista —Billy va siempre acompañado por un ejemplar de Thérèse Raquin—, Summers es un carismático antihéroe a quien su capacidad para ir un paso por delante de sus enemigos no le impide ser víctima de vertiginosos imprevistos ni de perturbadores traumas del pasado. El ritmo de la narración es apasionante, como viene siendo costumbre en King, a pesar de que el recorrido de la trama y los sucesivos giros argumentales sean fácilmente discernibles para los Lectores Constantes del autor. Sin ser una de sus obras más sobresalientes, Billy Summers es una metanovela contundente, sólida y muy entretenida —mantiene el tipo durante sus más de 600 páginas—, en la que King da rienda suelta a su mordaz estilo, rematando la faena con un final extraordinario que deja en ridículo a quienes le acusan de no saber acabar sus historias.


«Piensa que escribir es también una especie de guerra, una en la que el autor lucha contra sí mismo. El relato es aquello que llevas y cada vez que añades algo pesa más».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Lionel Shriver - Propiedad privada

viernes, 12 de febrero de 2021



Título original:  Property. Stories Between Two Novellas.
Traducción: Daniel Najmías
Año: 2018
Edición: Anagrama(2020)
Páginas: 408


Quien haya leído la conocida novela de Lionel Shriver Tenemos que hablar de Kevin tiene idea de lo mordaz y ridículamente sangrante que puede llegar a ser la escritora norteamericana cuando se lo propone. En su nueva colección de relatos, Shriver (Carolina del Norte, 1957) articula una serie de sobresalientes piezas narrativas que giran en torno al concepto de propiedad, bien inmobiliaria o bien sentimental, y deja claro que no ha perdido ni un ápice de su particular derechazo.

En la novela corta «La araña de pie» Shriver disecciona la relación de Jillian y Weston, dos amigos con un alto grado de complicidad y que en el pasado mantuvieron un breve idilio, mientras se pregunta hasta qué punto una relación en apariencia inquebrantable puede soportar el peso de los celos. «El falso plátano autógamo» es un entrañable cuento sobre una mujer que trata de digerir la muerte de su marido mientras arregla el jardín en el que trabajaba, ahora totalmente descuidado,  y que se topará con un obstáculo enraizado en una parcela contigua.  En «Terrorismo doméstico» unos padres deciden que es hora de echar a su hijo treintañero de casa, mientras que en «Cartas robadas» un funcionario de Correos propicia un encuentro con una desconocida después de fisgonear en la correspondencia ajena.

«Tipos de cambio» explora, bajo la sombra de un cheque sin cobrar, la complicada relación de un padre con su hijo; por su parte, «Kilifi Creek», sin duda uno de los relatos más singulares de la colección, narra las peripecias africanas de una joven con flagrante exceso de confianza. Una muestra asombrosa del manejo que hace Shriver de la tensión narrativa y que deriva en una escalofriante composición de terror psicológico. Shriver realiza una hilarante y maquiavélica aproximación a lo sobrenatural en «Recuperación de una propiedad ejecutada», en el que la nueva inquilina de una casa sufrirá el acoso de su antigua dueña. En «Alimañas», una pareja de artistas descubre que una familia de mapaches se ha instalado en un hueco de su edificio, mientras que en «Del paraíso a la perdición», un ejecutivo se pega la vida padre en una isla remota tras cometer un desfalco multimillonario. Pone el broche final a la colección «La Realquilada», en el que Shriver ahonda con abrumadora erudición en el conflicto irlandés al tiempo que Sara, su protagonista, trata sin éxito de desalojar a una compañera de piso. 

Por mucho que se repitan algunos motivos argumentales a lo largo de estas doce historias, la escritura de Shriver te pilla siempre con la guardia baja. Sus personajes son fierecillas aparentemente inofensivas que sacan las uñas cuando un extraño se atreve a cruzar las lindes de su terreno. Haciendo gala de un estilo afilado, prolijo y plagado de sarcasmo y exquisito humor negro, Shriver explora como pocos autores contemporáneos lo saben hacer esa respuesta primitiva del ser humano a la transgresión de su patrimonio. En un tono que podría considerarse admonitorio si no se percibiera el retorcido deleite de la autora ante los dilemas de sus personajes, Shriver airea a lo largo de Propiedad privada todo tipo de rencillas familiares, conflictos de pareja, desacuerdos entre vecinos y disputas territoriales con brutal mala leche y un delicioso sentido del espectáculo. La brecha generacional, la precariedad laboral y económica o el desgaste causado por la convivencia son algunos de los temas recurrentes que Shriver aborda en este libro y que identifica como la fuente de distintos malestares capaces de escalar y convertirse en auténticas declaraciones de guerra. Propiedad privada: léanlo. Y pónganse a cubierto.


«No cabía duda de que cualquier lugar de mala muerte podía parecer impagable siempre y cuando otro pánfilo estuviera dispuesto a disputártelo.»


PUNTUACIÓN: 

Joyce Carol Oates - Un libro de mártires americanos

lunes, 18 de enero de 2021



Título original: A Book Of American Martyrs
Traducción: José Luis López Muñoz
Año: 2017
Edición: Alfaguara (2017)
Páginas: 824



La escritora estadounidense Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938) aborda en esta colosal novela una de las cuestiones más polémicas y divisivas de la sociedad contemporánea; un tema, el aborto, capaz de encender a masas enfervorecidas que, desde sus particulares trincheras, libran en la novela de Oates una cruenta guerra ideológica de consecuencias tan imprevisibles como demoledoras. En medio de esta contienda de proporciones -y repercusiones- bíblicas, Luther Dunphy se erige como el particular soldado mesiánico que, arrebatado por visiones divinas, la emprende a tiros contra un reconocido médico abortista, Augustus Voorhees, frente a la puerta de la clínica donde practica impunemente el «asesinato de inocentes». 

Tras un espectacular arranque, Oates pasa a profundizar en la vida de Dunphy, elaborando un retrato bastante minucioso que nos habla de una vida desdichada y contradictoria en su mayor parte, una vida poblada de frustraciones, culpabilidad religiosa y episodios de violencia inusitada que se ocultan tras una artificial pátina de hombre familiar, virtuoso e intachable. Justo cuando la construcción de Dunphy como personaje no me podía estar pareciendo más estereotipada y maniquea, Oates le da un vuelco a la novela y nos pone en la piel de Naomi Voorhees, la hija del médico asesinado. A través de un compendio de textos, entrevistas, recuerdos y otros fragmentos, tanto verídicos como imaginados, Naomi trata de reconstruir la vida de su padre a modo de documental, perfilando el idealismo político de Augustus Voorhees y su compromiso con los derechos de las mujeres como una suerte de obsesiva cruzada personal que acabará desintegrando el hogar de Naomi.

Es entonces cuando te das cuenta de que, más que una novela sobre el aborto y su posible o no legitimación, Joyce Carol Oates parece haber escrito una crónica brutal sobre dos familias desestructuradas por las decisiones de sus líderes. Los mártires pagan con sus vidas, parece apuntar Oates, pero las consecuencias definitivamente se ensañan con los supervivientes. La novela recorre las trayectorias paralelas de Naomi y Dawn, hijas respectivas de Gus y Luther, desde la complicada adolescencia, marcada por la inestabilidad, la precariedad y el rencor estratificado, hasta la entrada en la edad adulta, no menos benévola con las protagonistas. Tras escapar del lugar donde asesinaron a su padre y de la posterior avalancha mediática, Naomi emprende el camino de regreso hasta el origen de su dolor, no se sabe muy bien si en busca de venganza, de consuelo o de iluminación. Por su parte, Dawn, que parece haber heredado la íntima conexión espiritual de su padre con las deidades cristianas, se convertirá en una emergente estrella del boxeo femenino. 

No hay duda de que Un libro de mártires americanos contiene momentos de sobrecogedora dureza y deslumbrante crítica. La mirada de Oates resulta certera e implacable en su análisis de la sociedad estadounidense más lobotomizada y creo que, en líneas generales, es una novela sólida y bien resuelta, teniendo en cuenta las dimensiones que tiene. No obstante, no he disfrutado de su lectura como me gustaría, en parte por la desconexión que he sentido con el conflicto de los personajes principales, en parte porque el estilo me resultaba a menudo demasiado artificioso y superfluo. El clímax de la novela, aunque predecible, pone un fantástico broche final a una obra valiente y ambiciosa que conseguirá poner en entredicho cualquier ángulo desde el que te acerques a ella.


«Lo «impersonal» es nuestra salvación. Es donde todos nos encontramos, lo que rompe la soledad del yo.»


PUNTUACIÓN:  ★★☆

Reseñas breves [186 - 187]

miércoles, 19 de junio de 2019



Título original: The Sparsholt Affair
Traducción: Gemma Rovira
Año: 2017
Edición: Anagrama (2019)
Páginas: 504


La última novela del escritor británico Alan Hollinghurst (galardonado en 2004 con el Man Booker Prize por su famosísima La línea de la belleza) arranca en 1940, cuando un apuesto y atlético David Sparsholt aterriza en la elitista universidad de Oxford e inmediatamente logra captar la atención de un grupo de jóvenes literatos que se disputarán sus atenciones de manera más o menos homoerótica. Mientras Londres se desgarra entre bombardeos, los jóvenes protagonistas de El caso Sparsholt exploran los placeres de la cultura, la amistad y el deseo, abonando el terreno narrativo sobre el que Hollinghurst construye una ambiciosa saga que recorre más de medio siglo de vida británica hasta detenerse en la actualidad. En esta fascinante crónica social, Hollinghurst inmortaliza los vaivenes de la frágil moral británica a través de cinco partes que componen un complejo y caleidoscópico prisma. Lo que en un principio tiene flecos de autobiografía literaria bastante mojigata y cándida se convierte en una agitada exploración de la sexualidad y los frustrantes afectos masculinos en el que Johnny, hijo de Sparsholt, trata de encontrar su lugar en el mundo mientras le persiguen las sombras de un escándalo sexual en el que estuvo envuelto su padre. A pesar de su carácter ambiguo y de no mantener nunca un rumbo fijo, El caso Sparsholt se revela a así misma como una lectura tremendamente adictiva y sofisticada, una obra subyugante e impredecible que vuelve a colocar a su autor como una de las figuras más destacadas del momento.

PUNTUACIÓN: ★★★☆




Título original: Enigma Variations
Traducción: Inmaculada C. Pérez Parra
Año: 2017
Edición: Alfaguara (2019)
Páginas: 320


Arropada por el arrollador éxito de la adaptación cinematográfica de Llámame por tu nombre, Variaciones Enigma se publica finalmente en castellano haciendo frente al reto de satisfacer unas elevadísimas expectativas que los que caímos rendidos ante la honestidad kamikaze de Aciman no estamos dispuestos a bajar. En cierto sentido, la historia de Variaciones Enigma guarda notables semejanzas con el bestseller del escritor de origen alejandrino, conservando, aunque solo en momentos puntuales, las mejores características de la prosa de Aciman. El protagonista de Variaciones Enigma es un joven llamado Paul que al comienzo de la novela regresa al pueblo de su infancia en la costa italiana donde experimentó, de manera confusa y precipitada, los mágicos e inflamables cosquilleos del primer amor. El final abrupto y frustrado de la historia, junto a las demoledoras revelaciones que trajo consigo, parecen acompañar a Paul durante el resto de su vida, marcando sus relaciones posteriores con el hierro de la insatisfacción y la falta de iniciativa. Haciendo gala de esa sensibilidad visceral que le caracteriza, Aciman desciende a los infiernos del deseo frustrado para retratar como solo él sabe la angustia que atenaza a su protagonista, víctima de un insaciable y sórdido anhelo por los pliegues más recónditos de la carne. Aunque posee escenas de una fuerza arrolladora, Variaciones Enigma no sobresale como un conjunto sólido; al contrario, se trata de una novela irregular, autocomplaciente, falta de inspiración e incluso rayana en el narcisismo más atroz. Un intento fallido de emular una fórmula irrepetible.

PUNTUACIÓN: ★★

Robert Stone - Dog Soldiers

martes, 21 de mayo de 2019



Título original: Dog Soldiers
Traducción: Mariano Antolín, Inga Pellisa
Año: 1974
Edición: Malastierras (2019)
Páginas: 382


La editorial Malastierras inauguraba el mes pasado su prometedor catálogo con la muy aclamada Dog Soldiers, mítica novela de Robert Stone que fue galardonada en 1975 con el National Book Award y cuya traducción a cargo de Mariano Antolín e Inga Pellisa, con prólogo de Rodrigo Fresán, ya fue publicada en 2010 por la desaparecida Libros del Silencio. El protagonista de Dog Soldiers es un escritor de medio pelo llamado John Converse que se desplaza hasta Saigón con el objetivo de documentarse para su próxima novela, pero que ha terminado inmerso en el mundo del hampa vietnamita. Converse, que transporta de un lado para otro un maletín cargado de heroína, describe la degradación y el infierno provocado por la guerra con sorprendente sobriedad, sin recrearse de manera exhibicionista en las atrocidades del conflicto, pero haciendo muchísimo hincapié en las devastadoras consecuencias que se derivan de presenciarlas. 

Tras una serie de peripecias que involucran casas de prostitución y un atentado contra las oficinas de Hacienda que le podría haber costado la vida, Converse se pone en contacto con un exmarine y antiguo compañero llamado Ray Hicks, nihilista acérrimo y lector incondicional de Nietzsche, al que delega su mercancía para que la custodie durante el tiempo que tarde Converse en regresar a casa. Ya de vuelta en América, Converse descubre que su mujer, Marge, y su amigo Hicks, perseguidos por un grupo de federales corruptos, se han dado a la fuga con el paquete, dando el pistoletazo de salida a un frenético recorrido por California en el que Robert Stone ofrece su visión sin paliativos del escenario alucinógeno en el que Estados Unidos se hallaba inmerso tras su desastrosa gestión del conflicto bélico.

A lo largo de Dog Soldiers, Robert Stone refleja de manera perfecta el impacto que supuso para la sociedad estadounidense la guerra de Vietnam y estructura su novela como una suerte de road movie cuyos protagonistas afrontan la misma ordalía lisérgica que los soldados en el frente. La paranoia y la angustia existencial que consumen a los personajes no son tanto producto de sus adicciones (que también), sino consecuencia lógica del dinamitado sueño americano. En Dog Soldiers, Estados Unidos aparece magníficamente representado como una extensión mental de la jungla vietnamita, un territorio demencial y despojado de toda moral que parece puntuar como campo de batalla mucho más alto que el propio país asiático.

La propuesta de Robert Stone es sólida y tremendamente amena. Los personajes, desorientados y sin rumbo, siempre al límite de la desesperación y la derrota, entierran su preocupación por el futuro incierto bajo sublimes chutes de ácido que les mantienen solo un paso por delante de la muerte. «Si pudiera rezar», confiesa Marge en cierto momento de la novela, «le pediría a Dios que dejara caer la bomba encima de todos nosotros, de nosotros y de nuestros hijos, y nos aniquilara por completo. Así dejaríamos de necesitar esto y de necesitar lo otro. De necesitar droga y de necesitar amor y de necesitar las gilipolleces de los demás y sus putos rollos, joder». Por medio de una prosa hierática y a la vez mordaz, Stone deja entrever momentos de auténtico pánico al contemplar el deslucido rostro de la Norteamérica perdedora y manifiesta esa evidencia ante la que Converse, Hicks y Marge se niegan continuamente a rendirse: que el verdadero enemigo está más cerca de lo que creen.


«En cuanto a la droga, pensó Converse, y a los adictos..., si en el mundo va a seguir habiendo elefantes perseguidos por hombres que vuelan, la gente naturalmente va a querer colocarse». 


PUNTUACIÓN: ★★★☆
    

Anne Tyler - El baile del reloj

lunes, 8 de abril de 2019



Título original: Clock Dance
Traducción: José Luis López Muñoz
Año: 2018
Edición: Lumen (2019)
Páginas: 344


En El baile del reloj, su trabajo más reciente hasta la fecha, la novelista norteamericana Anne Tyler —galardonada en 1989 con el Premio Pulitzer— se propone retratar la vida de una mujer llamada Willa a través de tres momentos definitorios que marcarán para siempre su carácter. Tyler, una narradora eficiente que se caracteriza por la sobriedad y la pulcritud, escoge tan bien sus herramientas y domina con tanta inteligencia el trazo de su protagonista que uno intuye fácilmente el dibujo completo a pesar de los numerosos espacios en blanco que hay en el lienzo. 

El primero de esos episodios se remonta a la infancia de Willa en un pequeño pueblo de Arizona, una época de períodos apacibles que se veían interrumpidos de forma imprevisible por el temperamento volátil de su madre. Cuando, tras uno de sus esporádicos estallidos de cólera, la madre de Willa desaparece sin dar señales de vida, la posibilidad de que su huida sea definitiva adquiere un peso tangible que ensombrece el hogar familiar. Los desajustes en la rutina que conlleva para Willa este acontecimiento inesperado —las incesantes lágrimas de su hermana pequeña, los platos que se acumulan en el fregadero, el abatimiento pintado en el rostro de su padre— abren una grieta por la que atisba, sin comprender, el complejo y enmarañado mundo de las frustraciones adultas.

Diez años más tarde, mientras viaja con su novio de la Universidad en un vuelo de regreso a casa, Willa se ve sorprendida por otro suceso desconcertante: el pasajero que viaja a su lado le clava una pistola en el costado y la amenaza con disparar. Aunque la escena se resuelve de manera casi milagrosa, Willa queda afectada por una profunda desazón que la acompaña mucho tiempo después de aterrizar. Cuando le cuenta lo ocurrido a sus padres, su novio Derek, que poco antes le ha pedido matrimonio precipitadamente, trata de desacreditarla sugiriendo que exagera los detalles de su relato. El subsiguiente clima de tensión, al que la madre de Willa contribuirá, cómo no, con su nada disimulado rechazo hacia el novio de su hija, desencadenará una respuesta alarmante por parte de la protagonista.

La tercera de las instantáneas que conforman la primera parte de El baile del reloj nos presenta a una Willa entrada ya en la mediana edad, haciendo frente a la trágica muerte de su marido en un accidente de tráfico. Viuda y madre de dos hijos adolescentes, Willa se encuentra a sus cuarenta años en un grado absoluto de aturdimiento del que intenta escapar retomando el contacto con su hermana y su padre, siluetas desdibujadas que evocan viejos tiempos y viejos traumas.   

Estos tres apasionantes fragmentos de la vida de Willa constituyen el sustrato del que se nutre la segunda mitad de la novela, caracterizada por uno de esos imposibles giros del destino que impulsan las historias de Paul Auster. Así, tras recibir la llamada de una desconocida, Willa se verá atravesando el país para hacerse cargo de Denise, una exnovia de su hijo Ian, y de la hija de esta, una niña asombrosamente precoz llamada Cheryl cuyo febril desparpajo encandila a todo el que se cruza con ella. La aparición de Denise y Cheryl en la vida de Willa, así como del resto de miembros que integran su pintoresco vecindario, insufla en la protagonista un torrente de frescura al que Willa no tiene ninguna intención de renunciar pese la incordiante insistencia de Peter, su segundo marido. Poco a poco, Willa se va involucrando en cuitas ajenas que le reconfortan mucho más que las propias, desgranando secretos, traiciones y lealtades e integrándose a hurtadillas en una comunidad que le recuerda la urgencia de renunciar a la pasividad que lleva arrastrando desde su juventud.

Anne Tyler desarrolla este conflicto de manera sutil, vehiculando la historia a través de una cotidianidad anestésica que ella misma hace saltar por los aires con algún que otro hachazo argumental. Tyler es de las que emplean la distracción antes de noquearte, lo cual no empaña el carácter esperanzador de la novela, marcada por un ritmo pausado y la reveladora claridad de su prosa al abordar temas como el miedo a la vejez y la muerte, la soledad, la insatisfacción vital y el efecto incapacitante que puede provocar un hogar roto, propagándose a través de las décadas como ondas en un estanque. Aunque su segunda mitad no es, ni de lejos, tan brillante y sobrecogedora como la primera, El baile del reloj transmite una sólida sensación de conjunto que Anne Tyler remata bordando un final sobresaliente, propio, sin duda, de una narradora sabia, elegante y experimentada.



«Se preguntaba si sus hijos seguirían en contacto con ella después de emanciparse. ¿Recordarían su infancia con afecto o habrían estado acumulando rencores? Ella se había esforzado al máximo en ser una buena madre, lo que para ella significaba ser una madre predecible. Se había propuesto que a sus hijos nunca tuvieran que preocuparles sus estados de ánimo; que jamás tuvieran que mirar por la mañana a hurtadillas en el dormitorio de su madre para saber qué tal les iba a ir durante el día. No conocía a ninguna otra mujer cuyo principal objetivo fuera que siempre se supiese de antemano lo que cabía esperar de ella».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Reseñas breves [180 - 182]

lunes, 4 de marzo de 2019



Título original: Die Herren
Traducción: Joaquín de Aguilera
Año: 1961
Edición: Periférica & Errata Naturae (2018)
Páginas: 576


Tras la cálida acogida de Tú no eres como otras madres, el tándem editorial formado por Periférica y Errata Naturae vuelve a trabajar codo con codo en Hombres, el interesante debut con el que Angelika Schrobsdorff logró causar un revuelo en su país. No cabe duda de que la voz de Eveline Clausen, trasunto literario de la propia Angelika, posee la furia arrebatadora de la juventud y un hipnótico desparpajo que convierte el relato de sus peripecias sentimentales en un fascinante testimonio de la Europa desolada por la Segunda Guerra Mundial. El carácter volátil y frívolo de la protagonista, acostumbrada a un estilo de vida inusual —familia desestructurada y atípica, exilio en el extranjero debido al origen judío de su madre—, se erige como el principal encanto de una novela por la que van desfilando todos los hombres que han ido dejando huella en la vida de Eveline. Desde oficiales del ejército a directores de cine, pasando por el padre ausente y multitud de intermitentes escarceos, los muchos depositarios del amor de Eveline van fraguando en la joven una visión decepcionante e insatisfactoria, algo desesperada, de las relaciones humanas. Lo único que me ha sabido a poco de este Hombres, muy perjudicado, sin duda, por la lectura previa de Tú no eres como otras madres, es su estilo pobre, austero, muy pálido y desprovisto de reflexiones en comparación con su obra posterior. Un debut rompedor, sí, pero al que se le nota demasiado la inexperiencia narrativa de la autora.

PUNTUACIÓN: ★




Título original: Crudo
Traducción: Albert Fuentes
Año: 2018
Edición: Alpha Decay (2019)
Páginas: 128


Los tiempos que nos ha tocado vivir son bien jodidos y, si pensamos en todo el armamento nuclear que un idiota como Trump tiene a su disposición, probablemente los últimos. Kathy, la protagonista de Crudo, reflexiona sobre el apocalíptico estado actual del mundo mientras ultima los preparativos de una boda que, dadas las circunstancias, parece absurda e intrascendente. Haciendo un repaso de acontecimientos tan recientes como el Brexit, el resurgimiento fascista en lugares como Charlottesville o la oleada de inmigración que recorre Europa, Olivia Laing entrega una obra transgresora y divertida cuyos personajes, quebrantados por la inquietud y el desasosiego que el futuro incierto les provocan, hacen de su adicción a las redes sociales una suerte de escapatoria contra la demencia. Crudo es, a pesar de su voluntad universal, una experiencia profundamente millennial, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Absténganse de ella firmes defensores de la narrativa tradicional y lectores poco habituados a que los párrafos parezcan transcripciones de un timeline tuitero.

PUNTUACIÓN: 




Título original: Olive Kitteridge
Traducción: Rosa Pérez Pérez
Año: 2008
Edición: Duomo Ediciones (2018)
Páginas: 352


Galardonado en 2009 con el Premio Pulitzer, el tercer trabajo de Elizabeth Strout es una de esas obras poco frecuentes que hacen del gusto por la cotidianidad su herramienta más certera. Trece son los relatos aglutinados en esta magnífica novela que desgrana las vidas —mucho más agitadas y sorprendentes de lo que parece a simple vista— de los habitantes de un pueblo de Nueva Inglaterra; y Olive Kitteridge, una profesora de secundaria ampliamente temida por su irritante mal carácter, el hilo con el que Strout aprieta las costuras del apasionante microcosmos literario creado para la ocasión. Cada capítulo de Olive Kitteridge, que constituye una entidad independiente pero milagrosamente engarzada en el conjunto, ofrece la perspectiva de un personaje diferente con el que Strout da buena cuenta de las transformaciones sufridas en el pueblo a lo largo de las décadas, de las fluctuaciones en las relaciones de sus habitantes, los secretos, los accidentes, las infidelidades, momentos de entrañable y reveladora intimidad o deslumbrante lucidez que se convierten, con el paso del tiempo, en auténticos hitos vitales. Haciendo alarde de un magistral dominio de la elipsis y de una reconfortante calidez humana —Strout es siempre compasiva con sus personajes a pesar de sus errores—, la autora de Me llamo Lucy Barton, Todo es posible y Los hermanos Burgess entrega, recordando a grandes figuras como Kent Haruf o Marilynne Robinson, una novela absolutamente maravillosa e inolvidable.


PUNTUACIÓN: 

Katie Kitamura - Una separación

martes, 26 de febrero de 2019



Título original: A Separation
Traducción: Ana Mata Buil
Año: 2017
Edición: Literatura Random House (2018)
Páginas: 240


La protagonista de Una separación es una mujer anónima de mediana edad que descubre, gracias a una llamada de su suegra, que su marido, con el que hace tiempo que ya no convive, ha desaparecido durante un viaje a Grecia. Incapaz de confesarle a su familia política la realidad de su matrimonio —a saber, que llevan seis meses separados y que tiene intención de pedirle el divorcio—, la narradora se convertirá en la encargada de trasladarse a la remota villa del Peloponeso en la que fue visto por última vez su marido para dar pie a una búsqueda tan enigmática como incierta.

Katie Kitamura emplea esta insólita circunstancia para ahondar en los cimientos de una relación marcada sobre todo por la inconcreción surgida como consecuencia del distanciamiento mutuo. La protagonista, envarada en un hotel de escasa clientela en una zona devastada por los incendios estivales, pasa los días reflexionando sobre las causas de su separación, del lento pero imparable declive que factores como el desgaste emocional, la disparidad de objetivos y la aparición de terceras personas sin duda han propiciado. Como casi cualquier suceso inesperado, la repentina desaparición de Christopher, no exenta de sorprendentes revelaciones, sacude por completo la visión que tenía la protagonista de su expareja, poniendo de relieve facetas desconocidas e interrogantes nunca planteados durante los cinco años que duró su vida en común.

Kitamura aprovecha este recurso con notable destreza y construye a través de analíticas cavilaciones una especie de thriller psicológico que, a pesar de su acentuada falta de ritmo, nos arrastra hacia un clima cada vez más tenso y sofocante. Con sutil magnetismo, la novela nos sumerge en el laberíntico monólogo interior de una protagonista que, absorta en una pasividad desesperante, estudia el comportamiento errático de los trabajadores del hotel o la impecable manifestación pública de duelo que ejecutan las plañideras del lugar, a quienes su marido estudiaba de manera concienzuda como parte de la documentación para su próximo libro. Con una prosa que recrea la retorcida —y no siempre evidente— mordacidad de autoras como Gillian Flynn o Deborah Levy, Katie Kitamura entrega una novela estimulante y sugerente acerca de nuestra capacidad para ocultarnos a plena vista de nuestros seres más cercanos.


«De lo que quiero hablar aquí es del fracaso natural de una relación, incluso de una que durante un tiempo fue muy buena. Al fin y al cabo, ¿qué es una relación sino dos personas? Y entre dos personas siempre habrá sitio para las sorpresas y los malentendidos, cosas que no pueden explicarse. Quizá otra forma de decirlo es que, entre dos personas, siempre habrá sitio para la falta de imaginación».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Ottessa Moshfegh - Mi año de descanso y relajación

martes, 12 de febrero de 2019



Título original: My Year of Rest and Relaxation
Traducción: Inmaculada C. Pérez Parra
Año: 2018
Edición: Alfaguara (2019)
Páginas: 256


Ottessa Moshfegh, escritora norteamericana de ascendencia croata e iraní, irrumpió en el panorama editorial gracias a Mi nombre era Eileen (Alfaguara, 2017), una obra deslumbrante y subversiva que alcanzó cierta notoriedad tras quedar finalista del Man Booker Prize en 2016. En Mi año de descanso y relajación, su tercera novela hasta la fecha, Ottessa Moshfegh firma un trabajo —otra vez— absolutamente brillante con el que confirma los buenos presagios sobre su trayectoria literaria; una carrera que está resultando ser, de momento, tan sólida como prometedora. 

No sé cuál es el secreto de Moshfegh, pero su narrativa existencialista irradia una autenticidad electrizante que se manifiesta en su máxima expresión a la hora de diseccionar el atípico universo femenino de sus protagonistas. Moshfegh apuesta una vez más por mujeres que se salen de la norma y que no tienen reparo en abrazar su lado más perverso. En el caso de Mi año de descanso y relajación, este papel recae sobre una joven neoyorquina que, abrumada por un permanente estado de apatía, decide emprender un radical proceso de hibernación consistente en atrincherarse en su exclusivo apartamento del Upper East Side y atiborrarse de pastillas para dormir. 

A través de este inusual tratamiento contra la realidad, la protagonista y narradora de Mi año de descanso y relajación pretende alcanzar una regeneración tanto física como espiritual que le permita seguir adelante en un mundo que cada vez tiene menos sentido para ella. Sin embargo, lejos de la ansiada purificación, lo que encuentra es un aparatoso declive higiénico. Dotada de un irreverente sentido del humor en el que no cabe lugar para la corrección ni la compostura, la novela de Moshfegh funciona como una especie de diario en el que la protagonista relata todo tipo de experiencias: hilarantes episodios de sonambulismo, surrealistas sesiones de terapia con una doctora que le administra fármacos de forma indiscriminada y breves encontronazos dialécticos con su amiga Reva, quien, desde un pedestal de superioridad moral, se opone firmemente a la decisión de la protagonista de huir de los problemas aunque ella misma se halle inmersa en una humillante relación con su jefe y se meta los dedos hasta la campanilla después de cada comida.

Sin perder ni un ápice de carisma a pesar de pasarse media novela narcotizada, la protagonista de Mi año de descanso y relajación se transforma a sí misma en un experimento antropológico del que merece la pena estudiar todas las conclusiones. Bella durmiente trasnochada, precursora de la abulia y la indolencia emocional de la era millennial, la joven protagonista se erige como una voz disidente que parece, con su rechazo a la vigilia, vaticinar el mundo catastrófico que aguardaba tras el horizonte del año 2000. Sucia, emotiva, descarada, imprevisible y perturbadora... Ottessa Moshfegh entrega en Mi año de descanso y relajación una divertida y muy recomendable novela cuyo mayor defecto es, quizás, pecar de repetitiva, pero que nunca induce a la somnolencia.  


«Y eso era justo lo que quería, que mis sentimientos pasaran como luces que brillan delicadas a través de la ventana, que me sobrepasaran, que iluminasen algo vagamente familiar, luego se desvanecieran y me volvieran a dejar en la oscuridad».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Jamie Quatro - El sermón del fuego

lunes, 11 de febrero de 2019



Título original: Fire Sermon
Traducción: Regina López Muñoz
Año: 2018
Edición: Libros del Asteroide (2019)
Páginas: 248


Maggie, la protagonista y narradora de El sermón del fuego, es una mujer de cuarenta y cinco años que lleva media vida casada con su primer novio, al que conoció en la universidad. Aunque el suyo no es un matrimonio puramente desdichado, siente que el hastío, la insatisfacción y la falta de entendimiento se han instalado en su dormitorio por tiempo indefinido. Al tiempo, Maggie inicia una correspondencia por correo electrónico con James, un famoso poeta con el que mantiene apasionados debates sobre teología y literatura mística. Esta fascinante comunión de ideas e impresiones prende en Maggie una llama que llevaba tiempo apagada, despertando en ella la urgente necesidad de cometer un pecado ante el que su férrea educación religiosa se rebela por completo. 

En su sobresaliente debut como novelista, la escritora estadounidense Jamie Quatro se zambulle en las tempestuosas mareas del deseo sexual desde una perspectiva condicionada por el incesante aguijonazo de la culpa. Desde San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, ningún otro escritor ha probado tan bien como Jamie Quatro que el orgasmo no es más que otra faceta del éxtasis espiritual. Sin embargo, consumado el adulterio, la protagonista de El sermón del fuego se flagela de manera despiadada por su debilidad mientras trata, sin demasiado éxito, de rastrear el origen de su incandescente libido.

La novela de Quatro es, ante todo, de una intensidad espectacular. La autora consigue plasmar el visceral dilema ético de Maggie con una honestidad desgarradora. Provocadoras blasfemias y arrebatos de arrepentimiento se intercalan entre las páginas de El sermón del fuego a través de una cronología inquieta que trata de abarcar en su plenitud la relación intermitente de Maggie y James. El retrato que hace Jamie Quatro de su protagonista, lejos de maniqueísmos y moralinas, es el de una mujer devota que, no obstante, se pregunta por qué Dios exige unos estándares tan elevados a personas que no parecen capaces de resistir los envites del erotismo. 

¿Debe ella aferrarse al resquicio de dignidad que le queda y confesar? ¿Merece la pena sacrificar una existencia apacible por una pasión que recompensa el placer con una conciencia atormentada? A medida que la historia alcanza su conclusión, el carácter aparentemente virginal e inocente de la narradora se va difuminando entre atisbos de una vileza sobrecogedora. Resquicios a los que uno puede asomarse para comprobar, estupefacto, que la culpabilidad puede convertirse en el afrodisíaco definitivo.


«Así que ya ves: no queda nadie con quien poder confesarme. Nadie me escuchará ni me entenderá. Estás tú, y está Dios. Ya no tengo claro si existe alguna diferencia».


PUNTUACIÓN: ★

Tara Westover - Una educación

martes, 8 de enero de 2019



Título original: Educated
Traducción: Antonia Martín
Año: 2018
Edición: Lumen (2018)
Páginas: 472


Aunque la premisa me picó la curiosidad, confieso que me decidí a leer Una educación movido principalmente por la tremenda popularidad que ha alcanzado a lo largo de este año. La autobiografía novelada de Tara Westover (Idaho, 1986) es uno de esos títulos de ubicuidad probada que no cesan de acosarte con su presencia hasta que aterrizan en tu biblioteca. Pero, ¿quién es Tara Westover y por qué ha causado tanto revuelo su historia? 

Una educación es una obra tan fascinante como estremecedora donde la autora narra su difícil infancia en el seno de una familia compuesta por siete hijos y unos padres que decidieron vivir apartados de la civilización. El padre de Tara, un pastor mormón obsesionado con el Apocalipsis, se erige desde las entrañas del relato como una presencia autoritaria y despiadada que, en su irracional convencimiento de estar siendo perseguido por el gobierno federal, no permite que sus hijos acudan a la escuela, vayan al médico o tomen medicinas. Acuciado por todo tipo de delirios y teorías conspiratorias, el cabeza de familia retiene a su mujer e hijos en un ecosistema rudimentario, sometiéndolos a largas jornadas de trabajo rural que, con los medios disponibles, se vuelven tan agotadoras como peligrosas. La insistencia en mantener un estilo de vida autosuficiente, apartado del sistema, provoca entre otras cosas que una simple negligencia pueda convertirse en una catástrofe letal. 

Con una claridad desgarradora, Westover describe lo que significa crecer y desarrollarse en un mundo sin referencias. A raíz de su incorporación al coro de la localidad, donde empezará a tomar contacto con otros niños de su edad, Tara descubre el alcance de su ignorancia y las consecuencias de su aislamiento. Poco a poco, impulsada por su propia necesidad y por el ejemplo de sus hermanos mayores —que consiguieron escapar de la tiranía paterna y labrarse un futuro más o menos apacible— Tara expresa su deseo de sacarse el título de secundaria y prepararse para el acceso a la Universidad, renunciando así a las paupérrimas lecciones que imparte su madre en casa. Esta decisión sacude por completo los cimientos del hogar, provocando una oleada de represalias que Tara Westover narra en su libro con una honestidad tan brutal como conmovedora.

Sin embargo, el camino que recorre Tara Westover a lo largo de Una educación es mucho más que el de la analfabeta que consigue colarse en una de las universidades más prestigiosas del mundo (trayectoria cuya credibilidad, por cierto, ha puesto en duda más de un lector). Creo que el principal atractivo de Una educación, y lo que convierte, en definitiva, la obra de Tara Westover en una narración inspiradora capaz de cautivar a tanta gente es su forma de reconocer el papel fundamental de la enseñanza en la formación del individuo. Gracias a la educación que Tara Westover se labra a base de dedicación inquebrantable, la autora consigue los medios para romper las cadenas que la atan a su pasado, del que manan todos sus miedos, inseguridades y carencias afectivas. Sin los sentimentalismos ni los exacerbados momentos de lucidez que se suelen asociar a la literatura intimista, Una educación sobresale como el emocionante y valiente testimonio de una autora revelación: una mujer que aprendió, por encima de todo, a ser ella misma.


«Cuando acudió por Navidad vi que leía un libro titulado Los miserables y concluí que debía de ser la clase de obra que leían los universitarios. Me compré un ejemplar con la esperanza de aprender algo de historia y de literatura, pero no fue así. Era imposible, porque no distinguía la ficción del telón de fondo verídico. Napoleón me pareció tan real como Jean Valjean. No había oído hablar de ninguno de los dos».


PUNTUACIÓN: ★

Meg Wolitzer - La buena esposa

martes, 20 de noviembre de 2018



Título original: The Wife
Traducción: Enrique de Hériz
Año: 2003
Edición: Alba Editorial (2018)
Páginas: 272


Joan Castleman viaja a bordo de un avión rumbo a Helsinki cuando decide, tras más de cuarenta años de matrimonio, que va a abandonar a su marido, un célebre escritor norteamericano que se dirige con ella a la capital finlandesa para optar a uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo. Harta de ejercer el papel de esposa complaciente, Joan rememora los puntos culminantes de una vida en común marcada en todo momento por la meteórica trayectoria profesional de Joe, a quien la clamorosa falta de talento no le ha impedido forjarse una reputación a la altura de los más grandes autores de su tiempo. 

Bajo esta sensacional premisa, Meg Wolitzer (Nueva York, 1959) construye una de las novelas más contundentes y rabiosamente divertidas que se han escrito sobre la íntima rivalidad del matrimonio. La voz de Joan Castleman, afilada como la hoja de un hacha, se erige sobre los oscuros episodios de su relación con Joe —a quien conoció cuando era profesor suyo en la Universidad— para denunciar la enfermiza dinámica de una sociedad patriarcal que impulsa la mediocridad masculina mientras aplasta la despampanante creatividad de las mujeres.

Así, gran parte de lo que ocurre en la novela de Wolitzer viene a señalar, a través del sardónico filtro de su narradora, las desmoralizantes consecuencias de llevar una vida a la sombra. Joan, ingenua e impresionable en su juventud, se deja seducir por las cautivadores clases de literatura que imparte Joe. Poco a poco, Joan perfecciona su técnica narrativa, desarrollando un estilo propio y con personalidad que la ayuda a ver claramente las embarazosas carencias de su mentor. De forma tímida pero reveladora, Joan se va abriendo paso en el círculo literario de la universidad, lo suficiente como para llegar a escuchar el estremecedor testimonio de una escritora ya publicada que la insta con energía a desistir de sus aspiraciones literarias. 

Con el paso del tiempo, ambos, profesor y alumna, se embarcan en una relación adúltera que significará para Joan el abandono de sus estudios, así como la huida precipitada hacia un futuro incierto y, ante todo, inhóspito. A pesar de la tenacidad y el espíritu de sacrificio de Joan, es Joe quien termina dando el campanazo con su primera novela, cuyas extraordinarias ventas terminan propiciando el salto a la fama de su autor. A partir de ese momento, Joan se convierte en un mero satélite que gira alrededor de la voluntad de su marido, quedando relegada al poco agradecido papel de esposa benévola que, como tanta otras que encuentra a lo largo de su vida, debe ignorar los continuos y apenas disimulados affaires de su marido o la desatención de sus responsabilidades paternales. 

Escrita desde la más supurante frustración (hay látigos menos lacerantes que algunos párrafos de este libro), La buena esposa es una novela completamente absorbente que te mantiene atrapado hasta su inesperada conclusión. Sobresale además la excepcional caracterización de sus personajes y la descripción tan certera que hace Meg Wolitzer de un anquilosado y recalcitrante ambiente literario. Haciendo gala de una deslumbrante inteligencia narrativa, Wolitzer se aproxima con cautela, pero sin aminorar nunca el paso, a las lóbregas profundidades de un matrimonio en el que una vez hubo amor, pero del que ya solo quedan rencor, reproches y necesidad de venganza. El lento deterioro de la relación, así como los corrosivos mecanismos que lo ponen en marcha, queda registrado en este libro explosivo que se encuentra sin ninguna duda entre los mejores que podréis encontrar este año.


«Todo el mundo sabe cómo permanecen las mujeres al pie del cañón, cómo inventan planes en sus sueños, recetas, ideas para un mundo mejor, y luego los pierden cuando se acercan a la cuna en plena noche, o de camino al supermercado, o en el baño. Los pierden mientras alisan el sendero por el que sus maridos y sus hijos trotarán serenamente toda su vida».


PUNTUACIÓN: ★

Lisa Halliday - Asimetría

martes, 13 de noviembre de 2018



Título original: Asymmetry
Traducción: Berta Monturiol
Año: 2018
Edición: Alfaguara
Páginas: 320


Asimetría, la primera novela de Lisa Halliday, es un impactante ejercicio de originalidad literaria que desafía la capacidad del lector para mantenerse a flote en un mar de turbias aguas narrativas. Quien busque asideros y terrenos conocidos en el fascinante debut de Halliday, que deje de perder el tiempo: ninguno de los tres actos en los que se divide la novela guarda semejanzas reseñables entre sí. No obstante, como no podría ser de otra manera, existe una profunda conexión subyacente que los mantiene estrechamente relacionados y refuerza su entidad unitaria. Cuáles son los términos de esa unidad es una incógnita que permanece oculta hasta el final de la historia, si bien es continuamente insinuada a quien sepa recoger las migas esparcidas por Lisa Halliday a lo largo del relato. 

«Insensatez», la primera de estas tres piezas, tiene como protagonista a Alice, una ingenua asesora editorial de veinticinco años que se embarca en una relación amorosa con Ezra Blazer, escritor de renombre, mucho mayor que ella, y que a todas luces parece un trasunto literario del mismísimo Philip Roth. Desde el primer momento, Ezra se aprovecha del carácter impresionable de Alice para imponer su voluntad en una relación desigual donde Halliday, con extrema pericia, pone de manifiesto los asimétricos mecanismos de poder a los que se ve sometida la joven. 

Como en el cuento de Carroll, Alice atraviesa una tenebrosa madriguera de conejo hacia un país en el que abunda de todo menos las maravillas, renunciando por el camino a sus aspiraciones profesionales y su satisfacción personal hasta dar con una existencia vacía y monótona donde las horas se deshacen entre interminables partidos de béisbol, pornográficas sesiones de fotografía y un running gag que se repite hasta la extenuación. Sin apenas proponérselo, Alice se ve absorbida por el ajetreo vital de Ezra: sus tratamientos médicos, sus declaraciones en prensa e incluso los entresijos pasados de su vida personal... todo lo que mana del escritor, consolidado ya en una esfera de la que Alice se esfuerza por formar parte, acaba eclipsando cualquier tentativa de alterar la dinámica en la que se hallan inmersos.

En «Locura», tanto el tono como el escenario de la novela se ven sacudidos por un giro radical. Aquí Halliday nos pone en la piel de Amar Yaafari, un ciudadano estadounidense de origen iraquí que es retenido en el aeropuerto de Heathrow cuando se dirigía a una cita en Londres con un amigo suyo. Mientras responde una y otra vez a las insidiosas preguntas de los agentes de inmigración, Amar rememora algunos episodios de su infancia y juventud, transcurridas a caballo entre la opulencia relativa del sueño americano y la cruda realidad de un país acribillado por la guerra. Por medio de elaboradas y contundentes reflexiones sobre temas como política, medicina, religión y ética, vamos descubriendo en Amar a una persona profundamente cultivada y comprometida con las causas sociales, un individuo inteligente, despierto y moralmente responsable que, no obstante, no consigue escapar de los prejuicios derivados de algo tan arbitrario como su origen.

La tercera y última parte, titulada «Los discos de la isla desierta de Ezra Blazer», emula un conocido programa de entrevistas en el que, por fin, aunque de manera velada, se ponen de manifiesto los hilos invisibles de la novela, permitiendo que nos adentremos en la extraordinaria estructura narrativa orquestada por Lisa Halliday a lo largo de Asimetría

Por sí sola, la proeza técnica de Halliday resulta cuando menos admirable. Las cuestiones que plantea sobre el proceso de creación literaria, los límites de la imaginación y la capacidad del escritor para recrear conciencias ajenas sin perder ni un ápice de credibilidad son, igualmente, dignas de elogio. Sin embargo, no soy capaz de afirmar que he disfrutado con la lectura de Asimetría. Estamos ante uno de esos casos en los que la torpe ejecución de la obra deslustra la idea sensacional que hay tras ella. La inconsistencia de temas y voces narrativas presentes en Asimetría ha lastrado en gran medida mi implicación con los personajes y con las historias que cuentan, aun cuando percibía entre el denso follaje que es la prosa de Lisa Halliday destellos aislados de erudición estilística. A pesar de todo, no me arrepiento de haber apostado por este libro. Creo que es una propuesta arriesgada, valiente, fresca e innovadora, aunque ofrezca una sensación de conjunto algo insatisfactoria, como de proyecto inacabado, sin rematar. No hay duda de que Lisa Halliday es una escritora de grandes recursos, una voz prometedora a la que no voy a perder de vista, por más que mi primer contacto con ella haya estado ensombrecido por todo tipo de claroscuros.


«Pero incluso alguien que se gane la vida con la imaginación al final está siempre sometido a una misma limitación: puede ver en el espejo el tema que prefiera, desde el ángulo que más le guste; incluso puede mirar y quedarse fuera del cuadro, que es lo mejor para desnarcisar la mirada; pero no puede soslayar que siempre es él quien sostiene el espejo».


PUNTUACIÓN: ★

Jesmyn Ward - La canción de los vivos y los muertos

jueves, 8 de noviembre de 2018



Título original: Sing, Unburied, Sing
Traducción: Francisco González López
Año: 2017
Edición: Sexto Piso (2018)
Páginas: 260


Con su tercera novela, Jesmyn Ward (1977) ha logrado la proeza de convertirse en la primera persona que recibe por segunda vez el National Book Award, premio que quizá sea el más importante que se concede en Estados Unidos a nivel literario. Ya lo obtuvo en 2011 con Salvage the Bones —Quedan los huesos, (Siruela, 2013)— y desde entonces parece que Ward no ha hecho más que sumar miembros a ese coro de adeptos que ahora alaban La canción de los vivos y los muertos. En esta ocasión, por desgracia, me veo a mí mismo como la nota discordante. 

La novela de Ward, bebedora de influencias como William Faulkner o Toni Morrison en su agria descripción de la Norteamérica sureña, nos presenta una historia ciertamente desgarradora que gira en torno a una familia desestructurada: Jojo, de 13 años, vive en casa de sus abuelos maternos junto a su hermana menor, Kayla, un bebé que apenas articula palabra pero vomita mucho a lo largo del libro, y su madre, Leonie, una chica negra, esnifadora ocasional de cocaína y poco probable candidata a progenitora del año, que cometió la torpeza de caer rendida ante los encantos de Michael, un chico blanco que actualmente cumple condena en la cárcel. La abuela de Jojo, enferma de cáncer, domina las conversaciones y los silencios de los personajes como el incesante presagio de una catástrofe. A su vez, Pa, el abuelo de la familia, carga sobre sus hombros, no solo con casi todas las responsabilidades domésticas, sino también con un pasado trágico y un secreto desolador. 

Ante la inminente puesta en libertad de Michael, Leonie, espoleada por su apremiante necesidad de reencontrarse con el padre de sus hijos, emprende un tumultuoso viaje por carretera al que se suman los fantasmas de Given, un hermano de Leonie que fue asesinado impunemente, y de Richie, un niño que compartió estancia en la penitenciaría de Parchman con el abuelo de Jojo. Jesmyn Ward se sirve de este surrealista periplo para abordar el candente conflicto racial enraizado en la historia de Estados Unidos. Desde los abusos y las vejaciones sufridos por Pa en prisión cuando era joven, donde permaneció durante años sin haber infringido ninguna ley, hasta la persecución y el rechazo que padeció Leonie por atreverse a mezclar su sangre con la de un hombre de distinta raza, la novela de Ward pone de manifiesto los distintos grados de brutalidad a los que deben hacer frente los miembros de la comunidad negra en un mundo que los blancos han hecho a su medida. 

Contra la injusticia y la parcialidad, los personajes de La canción de los vivos y los muertos se encomiendan a la tradición, la memoria, el linaje, la pervivencia de las costumbres. Los cadáveres regresan, no solo para acosar a los vivos con su presencia, sino para ayudarles a encontrar fuerza interior en momentos de crisis. La novela de Ward es una catarsis continua que, no obstante, adolece de una desalentadora falta de tensión narrativa. Los toques de realismo mágico que Ward imprime a la novela son los momentos de mayor lucidez y resonancia estilística en una obra que, por lo demás, se caracteriza por una alarmante inanidad. La canción de los vivos y los muertos recuerda de forma clamorosa —y no muy agradable— a Beloved, libro del que tampoco disfruté demasiado y de cuya sombra la novela de Ward no ha podido escapar. Si bien soy capaz de advertir las buenas cualidades del libro, su lectura se me ha hecho tediosa, ardua, estéril e insatisfactoria. Todo lo que justamente no busco en una novela.


«Vio más allá de la piel color café solo, de los ojos negros, de los labios ciruela, y me vio a mí, a mí. Vio la herida andante que yo era, y vino a ser mi bálsamo».


PUNTUACIÓN: ★★

Hanya Yanagihara - La gente en los árboles

jueves, 18 de octubre de 2018


«Sin embargo, aunque no tenía experiencia suficiente del mundo para demostrarlo, ya entonces sospeché que los detalles más extraños eran los más prosaicos, y que lo que contamos a los demás para escandalizarlos solo los preparará para percibir lo realmente extraordinario».


Título original: The People in the Trees
Traducción: Regina López Muñoz
Año: 2013
Editorial: Lumen
Páginas: 224


Menciona Rachel Cusk en Prestigio, su novela más reciente, que «la literatura negativa toma buena parte de su poder de un uso temerario de la honestidad». La obra de Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1974) queda definitivamente enmarcada en el ámbito de esta «literatura negativa» en la que nada ni nadie se salva de una honesta y brutal escabechina. Fuimos testigos de ello en Tan poca vida, una de las obras más retorcidamente crueles de la narrativa contemporánea. Ahora, aprovechando el tirón de aquella, Lumen recupera La gente en los árboles, su fantástico debut como escritora. Ya desde sus inicios, Yanagihara bucea en los terrenos más pantanosos de la naturaleza humana para elaborar un estremecedor relato que pone de manifiesto, no solo su talento como artífice de historias, sino su afición por elevar la temperatura del debate.

Nos encontramos aquí con la biografía novelada de A. Norton Perina, un eminente médico que fue galardonado con el Premio Nobel por sus estudios sobre una tribu cuyos miembros gozaban de una incomprensible longevidad. No obstante, sus impresionantes logros y su incomparable contribución a la comunidad científica no evitan que la vida de Norton Perina dé un vuelco cuando uno de sus hijos lo denuncia por un delito de abusos sexuales. El escándalo que suscitan tales acusaciones sirve como punto de partida para que Norton, en colaboración con su colega y amigo Ronald Kubodera, publique unas memorias tan apasionantes como polémicas en las que trata de limpiar su reputación, al tiempo que repasa algunos de los acontecimientos más relevantes de una vida marcada por los hallazgos realizados en la isla que le dio la fama.

Enclavada en mitad del Pacífico, Ivu'ivu es la cuna de una sociedad primitiva que ha logrado prolongar su vida de manera casi milagrosa ingiriendo una especie autóctona de tortuga. Poco a poco, se convertirá además en el refugio de Perina, quien, encandilado por los brutales ritos de la tribu y unos misterios que desafían su fe incondicional en la ciencia, irá estableciendo un vínculo con los indígenas que trasciende la esfera de lo profesional. La narración de Yanagihara, aunque peca de recargada y prolija, transmite un sobrecogedor sentido de la maravilla que nos impulsa a seguir leyendo aun cuando los pasajes de la novela exceden lo turbio. Los padecimientos de Perina, personaje narcisista y problemático donde los haya, se acaban transformando en los nuestros: su secreto y platónico enamoramiento por el director de la expedición, la tormentosa relación con su hermano Owen o el desprecio apenas disimulado que siente por quienes tratan de explotar con fines comerciales un entorno que él considera sagrado.

Así, bajo el disfraz de una obra testimonial, Yanagihara emprende un extenso recorrido por la vida de Perina que pretende realzar las luces y difuminar las sombras. Este detenimiento selectivo nos hace sospechar de la credibilidad de lo narrado de una forma que no pone en duda la veracidad de los hechos, sino la interpretación de los mismos. Yanagihara juega de manera sublime con el dilema de la perspectiva: lo que parece fascinante y digno de estudio en un entorno salvaje, virgen, completamente inexplorado y, por tanto, sujeto a sus propias leyes, es capaz de convertirse en algo deplorable cuando modificamos el contexto. 

Está claro; la tibieza no es uno de los rasgos característicos de Hanya Yanagihara. Las cuestiones que plantea en La gente en los árboles son lo suficientemente candentes como para levantar el mismo número de pasiones que de odios. Independientemente del lado de la balanza por el que cada uno quiera decantarse, es innegable que la literatura de Yanagihara despierta sentimientos intensos. El suyo es un estilo convencional, pero al mismo tiempo sugerente, lleno de matices y dobleces. Su dedo señala con osadía hacia rincones oscuros que el resto de los mortales tratamos de no mirar. La gente en los árboles, si bien no es igual de brillante en todos sus tramos, constituye una lectura absorbente y compleja que nos sumerge de lleno en una historia ante la cual es imposible permanecer indiferente.

PUNTUACIÓN: ★★★☆
  

 
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