Julio Fajardo Herrero - Asamblea ordinaria

martes, 17 de enero de 2017



Título: Asamblea ordinaria
Autor: Julio Fajardo Herrero
Año: 2016
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 224
Valoración: ★★☆


Si entendemos la literatura como una vía para canalizar los problemas que aquejan a la sociedad, un terreno sin restricciones donde volcar la realidad cotidiana y estudiar su impacto en el individuo, no es de extrañar que en los últimos tiempos haya proliferado en el mundo editorial una corriente de obras denominadas como «novelas de la crisis», que es, al fin y al cabo, el acontecimiento reciente que más ha trastocado los cimientos de nuestro país. De esa necesidad por encontrar respuestas ante los tiempos de cambio o, sencillamente, registrar las dimensiones de la catástrofe, nace esta segunda obra de Julio Fajardo Herrero, escritor de origen tinerfeño que en su Asamblea ordinaria nos ofrece una incómoda radiografía de la actual coyuntura social, política y económica españolas.


«Por mucho que ahora mismo esa cantidad para nosotros sea una verdadera fortuna, el hecho de haberla aceptado enseguida no iba a ser más que otro quebradero de cabeza que añadir a la lista de cosas pendientes —otra losa que sumar a lo que ya le debes al banco y a tu madre y a los padres de tu pareja— y desde ese momento te va a tocar componértelas con la noción de que ahora también le debes dinero a un amigo que tampoco es millonario, ni mucho menos. Por eso digo que si te lo ofrecen, aunque no dudo que sea con la mejor intención, en parte es porque también saben que no vas a aceptarlo».


Asamblea ordinaria se compone de tres historias —ambientadas en tres ciudades tan diferentes como Madrid, Zaragoza y Barcelona— que nos pueden resultar desagradablemente familiares: historias de desempleo, precariedad laboral, tensiones domésticas y vidas rotas por culpa del desplome financiero. Esta tres líneas argumentales, que nunca llegan a cruzarse y que se intercalan de manera mecánica en ciclos que con el tiempo resultan un tanto monótonos, están protagonizadas por tres parejas de personajes anónimos que, supongo, pretenden englobar al conjunto de la sociedad para que cualquiera pueda sentirse identificado con ellas.

En el primer caso tenemos a un matrimonio en el que crecen las rencillas porque el marido lleva dos años en paro. El dinero escasea, las deudas se acumulan, y él lo único que parece buscar es porno en Internet y fantasías revolucionarias de la mano de una nueva «mayoría social» que empieza a manifestarse en las calles. Por otro lado, tenemos a un joven trabajador que siente una especie de fascinación obsesiva por su antiguo jefe, un hombre adinerado que trata de ocultar sus malas prácticas empresariales con toneladas de carisma y buenos propósitos. En último lugar, el sobrino que se marcha a vivir a casa de su tía —anciana, viuda y estafada hasta perder sus ahorros— con el fin de ahorrarse el alquiler. El conflicto generacional está servido y nos hace reflexionar sobre la capacidad del ser humano para empatizar e interesarse por el prójimo en tiempos de dificultad.

A nivel formal, Asamblea ordinaria tiene cosas destacables. Julio Fajardo Herrero trabaja muy bien los diferentes registros narrativos (los tres narradores, a pesar de su despersonalización, son perfectamente distinguibles) y su retrato de la actual realidad española es tan certero como preocupante. Su estilo, para mi gusto, innecesariamente enrevesado, fluctúa entre la ironía, la mordacidad y el despecho, entre la admonición y el reproche, entre el desengaño y la frustración, creando una amalgama de reacciones y respuestas ante esta época convulsa que no dejan indiferente a nadie. Otra cosa que alabo es la capacidad del autor para ahondar en los abismos de la crisis sin adoptar posturas políticas determinadas ni que haya eslóganes panfletarios de por medio, involucrándose en las historias pero nunca posicionándose con ninguno de sus protagonistas.


«Por ejemplo ella pensaba mucho en la muerte de su marido, porque la seguía teniendo muy presente, y se acordaba de todas las cosas a las que habían renunciado juntos y por las que se habían sacrificado, siempre tan mentalizados con que llegaría el momento de dejar de trabajar e imaginando esa etapa de sus vidas como lo que debería ser para todo el mundo, un descanso. Los dos se habían deslomado durante más de cuarenta años, a menudo con más de un trabajo cada uno, gastando lo estrictamente necesario siempre con la idea en la cabeza de poder tener un retiro tranquilo —sin derroches, pero también sin pasar apuros—, y todo para que al final a él le encontraran el cáncer justo un año y medio antes de cuando le tocaba jubilarse».


Ahora bien, la lectura de Asamblea ordinaria enfrenta varios escollos importantes, como por ejemplo la ausencia total de tensión narrativa o la escasa, por no decir nula, evolución de los personajes. Asamblea ordinaria es una obra que se apoya demasiado en el lenguaje, en la pomposidad de sus estructuras gramaticales y, en definitiva, parece demasiado interesada en reflejar la elocuencia de su autor más que en enganchar por medio de una trama propiamente dicha. Me parece que está repleta de detalles puntuales y enfoques de lo más interesante, pero que no terminan de adaptarse al formato en el que vienen envueltos. En resumen, una lectura irregular, de sensaciones encontradas, que a pesar de sus buenas cualidades no ha terminado de cuajar del todo conmigo.

Yukio Mishima - El rumor del oleaje

lunes, 16 de enero de 2017



Título original: Shiosai
Traducción: Keiko Takahashi y Jordi Fibla
Año: 1954
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 216
Valoración: ★★★☆


Tras Confesiones de una máscara, prosigo mi incursión en la obra de Yukio Mishima con la que es una de sus obras más conocidas, El rumor del oleaje. Elegante y atmosférica, la novela de Mishima es una entrañable historia de amor primerizo, pero también un hermoso lienzo donde se dibujan las vidas de una pequeña comunidad de pescadores en el Japón inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Con su envolvente y característica prosa, el escritor nipón demuestra una habilidad pasmosa para trasladarte a la remota isla de Utajima y que puedas percibir sus paisajes, costumbres, supersticiones, aromas o incluso el embate de la marea. El mar, de hecho, es una presencia constante en la novela, no solo como medio para ganarse el sustento, sino como entidad de orden divino al que los habitantes de Utajima rinden culto y le dirigen sus peticiones de buena fortuna. 


«El mar era el lugar donde se ganaba la vida, un campo ondulante en el que, en lugar de espigas de trigo mecidas por la brisa, la blanca y amorfa cosecha de olas ondeaba eternamente por encima del azul uniforme de un suelo delicado y productivo».


El romance que surge entre Shinji, un joven curtido en las lides de alta mar que se encarga de proveer para su familia tras la muerte de su padre, y Hatsue, la hija del naviero más rico del pueblo, transmite un enternecedor candor juvenil capaz de sobreponerse a los diferentes obstáculos que les salen al paso. Los breves, intensos y casi siempre clandestinos encuentros que mantienen ambos jóvenes están cargados de un erotismo sutil y ardorosos cruces tanto de palabras como de miradas. Quizá por el pudor propio de la edad, el descubrimiento de nuevas sensaciones o, como el propio Mishima recalca en varias ocasiones a lo largo de la novela, la condición de aislamiento cultural en que se encuentra la isla respecto a otras grandes ciudades expuestas a la ocupación norteamericana, Shinji expresa su desconocimiento en materia de interacción con el sexo opuesto por medio de movimientos tímidos, titubeantes y cohibidos, o incluso de una frustrante inacción que produce desasosiego.


«Los jóvenes de la ciudad aprenden pronto las peculiaridades del amor gracias a las novelas, el cine y otros medios de información, pero en Utajima prácticamente no había modelos que seguir. Así pues, por mucho que meditara al respecto, Shinji no tenía la menor idea de lo que debería haber hecho durante los preciosos minutos transcurridos durante el trayecto entre la torre de observación y el faro, cuando estuvo a solas con ella. No le quedó más que un profundo remordimiento, la sensación de que había dejado de hacer algo importante».


Afortunadamente, no se trata de un amor edulcorado o empalagoso; más bien, Mishima consigue retratar la pasión entre Shinji y Hatsue como una fuerza más de la naturaleza, un impulso puro, pausado pero constante, que acaba agotando la paciencia de sus contrincantes, puliendo el carácter y sacando a relucir lo mejor de cada individuo. Y es que, una vez más, amor y adversidad parecen ir unidos de la mano. Mishima explora los prejuicios de la sociedad en el ámbito matrimonial cuando existe una diferencia de poder adquisitivo entre ambas partes o cuando uno de los miembros se convierte en objeto de conquista por parte de varios contendientes, en este caso, Yasuo, presidente de la Asociación de Jóvenes del pueblo, persuasivo y con dotes de líder, y la ingenua Chiyoko, una chica acomplejada por su fealdad. Los dos se fijarán en Hatsue y Shinji respectivamente, convirtiéndose en los vértices restantes de un explosivo cuadrado amoroso que amenaza con acarrear consecuencias desastrosas. Por si fuera poco, en un momento de la novela Shinji se verá obligado a superar una prueba de mérito que recuerda a las gestas clásicas y que validará o no su derecho al idilio romántico.

En líneas generales, El rumor del oleaje es una obra sencilla, de ritmo pausado y conciencia lírica que seguramente no destaque por ser una de las más brillantes del autor, pero que reporta una lectura reconfortante y placentera donde se apela fervientemente a los valores tradicionales, así como al espíritu de superación (ese «empuje» del que hace gala Shinji) tan característico del pueblo japonés. Me ha gustado sobre todo el trabajo de ambientación, perfecto para familiarizarse con los pormenores de la vida marítima, y la tierna historia de amor que surge entre los protagonistas, que si bien se aleja mucho de ser extraordinaria, goza de un arrebatador encanto que, eso sí, no es tan fácil de encontrar.

#AdoptaUnaAutora: Louise Erdrich, una introducción

domingo, 15 de enero de 2017


Louise Erdrich es un nombre que siempre ha estado presente durante mis indagaciones en busca de nuevas lecturas. Sin embargo, no ha sido hasta la aparición de la iniciativa Adopta una autora que me he animado por fin a leer su obra.

Erdrich, nacida en Little Falls, Minnesota, el 7 de junio de 1954 (pero criada en Dakota del Norte), goza de una fantástica reputación en los Estados Unidos y ha estado ligada a lo largo de su carrera a multitud de premios y reconocimientos. Su debut literario, Filtro de amor (1984), fue galardonado con el National Book Critics Circle Award. Aunque es La casa redonda (2012), premiada con el National Book Award, uno de sus títulos más emblemáticos y conocidos. Todo ello sin mencionar la cantidad de veces que ha sido finalista de otros muchos premios importantes, entre ellos el Pulitzer. 

Uno de los rasgos más interesantes de su extensa y amplia trayectoria literaria (Erdrich ha cultivado multitud de géneros, desde la novela hasta la poesía, pasando por el ensayo, el relato autobiográfico y los cuentos infantiles) es la incorporación de su identidad cultural como objeto de análisis y de debate literario. Louise Erdrich es descendiente de nativos americanos, hija de madre Chippewa y padre germano-estadounidense (ambos profesores), y en sus libros se hace eco de las dificultades y retos a los que han de hacer frente los miembros de la comunidad nativo-americana o de ascendencia mestiza en un mundo que choca radicalmente con los preceptos de su cultura, raíces y mitología. Esta necesidad de explorar su herencia amerindia cristalizó durante su época universitaria en Dartmouth, donde fue una de las primeras mujeres en ser allí admitidas y donde también conoció a su futuro marido, Michael Dorris, director del departamento de estudios nativo-americanos en aquel momento. Junto a él escribió el primer capítulo de lo que más tarde se convertiría en Filtro de amor, un anticipo que se llevó los 5000 dólares que concedía el Nelson Algren Award y que se transformó en el pistoletazo de salida de una carrera sembrada de éxitos profesionales.

En el aspecto formal, Louise Erdrich estructura sus obras a modo de relatos conectados entre sí que no obedecen a un orden cronológico, recordando al estilo de grandes escritores como Alice Munro y William Faulkner. Gran parte de la narrativa de Erdrich se sitúa en la misma reserva ficticia de Dakota del Norte, desde donde nos ofrece a través de múltiples perspectivas episodios de la vida de diferentes clanes cuyos destinos se entrecruzan durante generaciones. Es precisamente este cuerpo de novelas el que le ha reportado mayores elogios a Louise Erdrich, llegando a ser considerada a lo largo de las últimas décadas como una de las voces más importantes y necesarias del panorama estadounidense por sus excepcionales reflexiones sobre el amor, el dolor, la culpa y los lazos familiares.

Sin duda, Louise Erdrich es una autora muy prolífica de la que aún me queda mucho por descubrir. Espero conseguirlo durante los próximos meses, para lo cual me embarcaré en la lectura de sus textos publicados en castellano, indagando en sus entrevistas y profundizando en los temas que aborda con tanta seriedad y conocimiento de primera mano. Estoy seguro de que la mía será una adopción muy, pero que muy interesante, y espero que me acompañéis en ella mientras dure.

De momento, ya está en el horno la reseña de Filtro de amor. ¡Nos vemos!


Louise Erdrich


Novelas

Filtro de amor (1984)
La Reina de la Remolacha (1986)
Huellas (1988)
The Crown of Columbus [con Michael Dorris] (1991)
Bingo Palace (1994)
Tales of Burning Love (1997)
The Antelope Wife (1998)
El último informe del padre Damien (2001)
El coro de maestros carniceros (2003)
Four Souls (2004)
The Painted Drum (2005)
Plaga de palomas (2008)
El juego de la sombra (2010)
La casa redonda (2012)
LaRose (2016)

Relatos

El descapotable rojo y otras historias (2009)

Literatura infantil

Grandmother's Pigeon (1996)
The Birchbark House (1999)
The Range Eternal (2002)
The Game of Silence (2005)
The Porcupine Year (2008)
Chickadee (2012)
Makoons (2016)

Poesía

Jacklight (1984)
Baptism of Desire (1989)
Original Fire: Selected and New Poems (2003)

No ficción

Route Two [con Michael Dorris] (1990)
The Blue Jay's Dance: A Birthyear (1995)
Books and Islands in Ojibwe Country (2003)

Ensayo

Two Languages in Mind, But Just One in the Heart (2000)

Reseñas breves [155 - 157]

viernes, 13 de enero de 2017



►Título original: Our Souls at Night
►Traducción: Cruz Rodríguez Juiz
►Año: 2015
►Editorial: Literatura Random House
►Páginas: 144
►Valoración: ★★★


Kent Haruf era hasta ahora un completo desconocido para mí. La primera obra suya de la que oigo hablar es precisamente una póstuma. Sin embargo, en contra de lo que dicta la experiencia, no hay en Nosotros en la noche ni rastro de chapucero oportunismo editorial. Más bien, la última novela de Haruf constituye una extraordinaria demostración de sobriedad narrativa que esconde en su interior una historia tierna y conmovedora como pocas.

El planteamiento es repentino y demoledor: una tarde, Louis recibe la visita de su vecina Addie, una mujer que, como él, lleva mucho tiempo viuda. Esta le propone pasar juntos la noche, solo para hablar, para combatir la soledad. Aunque al principio se muestra reticente, sorprendido, Louis finalmente acepta. A partir de ahí, se convierte en una auténtica delicia contemplar cómo se desenvuelven ambos protagonistas en el silencio de la noche, desnudándose mutuamente en un proceso que poco o nada tiene que ver con el sexo y sí mucho con la calidez de los cuerpos en contacto.

La inusual relación de Louis y Addie, cuyos términos permanecen velados al resto del mundo, comienza a despertar comentarios desafortunados y gestos de desaprobación por parte de sus más allegados, convirtiéndose su atípica amistad en un objetivo a abatir para quienes se aferran a lazos convencionales. Sencilla y de atmósfera diáfana, Nosotros en la noche contiene profundas reflexiones sobre el amor y los prejuicios a los que deben hacer frente quienes lo encuentran en la vejez. Más allá de escenas o diálogos memorables, el poso que deja su lectura es una sensación acogedora, entrañable, una candidez impropia de las circunstancias que, no obstante, Kent Haruf hace encajar como anillo al dedo hasta su contenida y, aún así, trascendental conclusión. Maravillosa y recomendable joya.




►Título original: The Sense of an Ending
►Traducción: Jaime Zulaika
►Año: 2011
►Editorial: Anagrama
►Páginas: 192
►Valoración: ★★★


Sin apenas despeinarse, Julian Barnes ha escrito una de las novelas más fascinantes que he leído en mucho tiempo. La primera parte de El sentido de un final me ha parecido sublime, imperial, narrada de manera prodigiosa y pulcra. Podemos decir que el premio Man Booker no le fue otorgado en vano. En ella conoceremos a un trío de adolescentes maravillosamente pedantes (Tony, Colin y Alex) que reflexionan en clave filosófica sobre la amistad, el amor, el despertar sexual, la historia y el sentido de la vida mientras observamos cómo les afecta la incorporación al grupo de un cuarto miembro llamado Adrian, personaje de trasfondo trágico y gran intelecto cuyo repentino suicidio marcará para siempre el transcurso de sus vidas.

La segunda parte se centra más en describir la relación tóxica que mantuvo Tony, el narrador, con su primera novia, Veronica, una chica posesiva y enfermiza de la que no salió bien parado. Décadas más tarde, la sombra de Veronica reaparece en la vida de Tony en forma de testamento: unos diarios que pertenecieron a Adrian y que Veronica se niega a entregarle. ¿Contendrán esos diarios la clave para entender los motivos del suicidio de Adrian? A medida que la historia avanza y las amistades se dispersan, el tono de la novela se ensombrece y los fracasos y los desengaños se suceden en una obra que condensa de forma magistral la complejidad de las relaciones humanas y revela el efecto transformador del paso del tiempo, así como el engañoso filtro de la memoria.

En definitiva, El sentido de un final me ha parecido una novela brillante, cautivadora, profunda y tremendamente inspiradora, narrada además con un gusto exquisito y que te hace reflexionar largo y tendido sobre las vueltas que da la vida o de cómo este incesante girar nos transforma sin que apenas nos demos cuenta o cuando ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto.  




►Título original: Grief Is The Thing With Feathers
►Traducción: Milo Krmpotić
►Año de edición: 2016
►Editorial: :Rata_
►Páginas: 144
►Valoración: ★★★☆


La «novela» de Max Porter adopta en su recorrido diferentes formas para hablar de un tema tan trillado como el duelo por la muerte de un ser querido en un tono que rebosa originalidad y frescura. En ella, un padre y sus dos hijos reciben la visita de un cuervo simbólico —bastante cachondo, por cierto— que les ayuda a lo largo del texto a superar la pérdida de la madre/esposa, enfrentándoles con su indescriptible sufrimiento y el vacío que deja la ausencia de una forma entrañable y visceral, emotiva y desgarradora de maneras inesperadas. Homenajeando la producción literaria de Emily Dickinson y Ted Hughes, Max Porter elabora una historia donde el lenguaje destaca por su elasticidad y melódica cadencia, sobreponiéndose a la estructura fragmentada del texto y alcanzando a describir sentimientos que las palabras normalmente no pueden expresar. El duelo es esa cosa con alas me ha parecido una lectura muy sugerente y dolorosa por sus implicaciones, más que por su capacidad para tocar ciertas teclas emocionales. Es un texto poético que se presta a múltiples interpretaciones, cambiante, camaleónico, alejado de la narrativa convencional, pero siempre estimulante y estremecedor. Uno de esos libros de los que se puede sacar tanto o más provecho en sucesivas lecturas.

Resumen de lecturas: diciembre 2016

martes, 10 de enero de 2017


Hola, lectores. Mi resumen de diciembre es cualquier cosa menos un resumen, y es que 31 días de lectura aplicada dan para mucha tela que cortar. No ha sido un mes especialmente activo en cuanto a publicación de reseñas, pero las pocas que he escrito han sido casi todas sobre libros maravillosos que de una manera u otra se han colado en mi lista de mejores lecturas. Por lo demás, un mes bastante satisfactorio, sembrado de muchos libros que me han encantado y que paso a detallaros a continuación: 

Lecturas

Olga Tokarczuk, Sobre los huesos de los muertos
Harry Parker, Anatomía de un soldado


Kazuo Ishiguro, El gigante enterrado
Ralf Rothmann, Muerte en primavera


Sophie Divry, Cuando el diablo salió del baño
Ariel Bosi, Todo sobre Stephen King
Jon Krakauer, Hacia rutas salvajes


Louise Erdrich, Filtro de amor
Wallace Stegner, En lugar seguro


Becky Chambers, The Long Way to a Small Angry Planet
Brian K. Vaughan, Paper Girls #1 - #4
Ian McEwan, La ley del menor
Lisa McInerney, Los pecados gloriosos
Angelika Schrobsdorff, Tú no eres como otras madres
Chinua Achebe, Todo se desmorona
Milena Busquets, También esto pasará
Junot Díaz, La maravillosa vida breve de Óscar Wao


Ta-Nehisi Coates, Entre el mundo y yo
Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer


Destacados


Uno de los primeros libros que cayeron en diciembre fue el cacareado debut de Becky Chambers, The Long Way to a Small Angry Planet, y he de decir que resultó ser todo un descubrimiento. La novela de Chambers es un emocionante space opera protagonizado por la variopinta tripulación de una nave que se dedica a excavar agujeros de gusano en el tejido de la galaxia, conectando puntos distantes de un universo absolutamente fascinante que destaca por su vivacidad y riqueza. Las distintas razas que crea la autora, cada una con sus apasionantes peculiaridades en materia de sexo, cultura, religión, lenguaje y organización social, dan para debatir y cuestionar nuestra percepción del mundo de formas que solo la ciencia ficción permite. El caso es que he acabado perdidamente enamorado del complejo entramado espacial que crea Chambers y de sus inolvidables personajes, así que os la recomiendo muchísimo si buscáis una lectura refrescante, provocativa y que se salga de lo convencional.

Por otro lado, este mes leí las cuatro primeras entregas de la maravillosa Paper Girls, nueva serie del creador de Saga. En la línea nostálgica/sobrenatural que se ha disparado este año gracias a Stranger Things, Paper Girls nos trae una historia sobre cuatro adolescentes macarras que se toman la tarea de repartir el periódico como si fuera una operación militar. Todo marcha medianamente bien hasta que en la noche de Halloween se desata el apocalipsis y las cuatro se ven lanzadas a una bizarra sucesión de acontecimientos. Aunque no me ha dado tiempo a profundizar demasiado en los personajes, la línea argumental es deliciosamente caótica y estoy deseando retomarla lo antes posible. 

Otra lectura que me encantó, escandalizó y sorprendió a partes iguales fue La ley del menor, la última novela de McEwan. A mí este señor ya me tenía completamente ganado con Expiación, pero lo cierto es que gracias a esta novela se postula como uno de mis escritores favoritos. McEwan, en su afán de incomodar y hacer reflexionar al lector, nos trae una historia cruda y repleta de recovecos sobre una jueza que ha de intervenir en el caso de un adolescente menor de edad que rechaza una transfusión de sangre por sus convicciones religiosas. Fiona, tan implacable como admirada por sus compañeros de profesión, no atraviesa su mejor momento personal. Esta circunstancia hará que se involucre en el caso más de lo debido, complicando las ya de por sí retorcidas ramificaciones éticas que explora McEwan a lo largo de la obra. Breve, pero muy impactante, directa como un puñetazo, La ley del menor es una novela sobresaliente y emotiva, una demostración contundente de que el autor británico se halla en plena forma como narrador.

La mejor lectura del mes (y una de las mejores del año) ha sido, cómo no, La guerra no tiene rostro de mujer. Todo lo bueno que se diga sobre este libro es poco. Alexiévich se relega a sí misma a un segundo plano y da voz a lo largo del libro a cientos de mujeres de origen soviético que lucharon de un modo u otro en la Segunda Guerra Mundial. Los testimonios, los recuerdos, las experiencias... todo resulta sobrecogedor e impactante hasta límites insospechados, quizá porque esta obra nos enseña un lado desconocido, menos romántico y más cruento, de lo que significa participar en una guerra, y no solo en el frente. La guerra no tiene rostro de mujer es un libro devastador, memorable en cada una de sus páginas. Un libro que sí, te deja machacado y con la fe en la humanidad hundida en un nivel muy bajo, pero cuya experiencia bien vale la pena porque difícilmente se puede escribir otro libro que logre igualarla.

Y por último, una pequeña y sorprendente decepción. Así es. La última novela de Kazuo Ishiguro, autor de las célebres Nunca me abandones y Los restos del día, supone una extraña y no del todo satisfactoria revisión del mito artúrico que pretende, supongo, homenajear la literatura de género fantástico. Emplazada en un tierra poblada por dragones, ogros y caballeros legendarios sobre la que se cierne una misteriosa niebla capaz de borrar la memoria de sus habitantes, El gigante enterrado es una obra arriesgada y atípica, protagonizada por un matrimonio de ancianos —Axl y Beatrice— que parte en busca de su hijo y encuentra un montón de obstáculos en el camino. Haciendo uso de un narrador no fiable que contradice y confunde constantemente los hechos expuestos con anterioridad, Ishiguro pretende construir un profundo discurso sobre la perdurabilidad del amor, las cicatrices de la guerra, la memoria y la identidad que acaba convirtiéndose en una farragosa diatriba, interesante como propuesta, pero torpemente ejecutada. Los personajes obedecen en su mayoría a meros arquetipos y el estilo, ramplón, repetitivo y espeso hasta límites soporíferos, tampoco supone un aliciente para embarcarse en la lectura de esta aventura donde los secretos y las múltiples interpretaciones se van acumulando hasta un final acelerado. 

 
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