Julian Barnes - La única historia

miércoles, 20 de febrero de 2019



Título original: The Only Story
Traducción: Jaime Zulaika
Año: 2018
Edición: Anagrama (2019)
Páginas: 240


La colección Panorama de Narrativas de la editorial Anagrama alcanza el millar de títulos gracias a La única historia, novela de Julian Barnes en la que el escritor británico revisita con cierta nostalgia edulcorada algunos temas ya presentes en su icónica —y galardonada con el Premio Booker en 2011— El sentido de un final. El narrador de la obra es un hombre llamado Paul que en el albor de su vida rememora un idilio de juventud que lo marcó para siempre. Durante unas vacaciones de verano en casa de sus padres, Paul, de diecinueve años, ingresa en un club donde formará pareja de tenis con Susan Macleod, una mujer de cuarenta y ocho años, casada y con dos hijas que deslumbra al protagonista por su desenfadada y atrevida personalidad, muy alejada del perfil característico de las mujeres que frecuentan su anodina esfera social. 

La relación de ambos, aunque apasionada, pronto se enfrenta a numerosos estigmas que Paul encara con el idealismo y la ingenuidad propias de su edad, dos herramientas que a Julian Barnes le sirven para revelar de forma demoledora el irreparable desgaste de un amor que parecía indestructible a ojos de sus protagonistas. La inexperiencia de Paul le impide calibrar la situación desde una perspectiva adulta. En su efervescente fantasía romántica, desembarazada por completo de asuntos prácticos y cotidianos, Paul está convencido de que su historia con Susan posee los mecanismos necesarios para desarticular cualquier obstáculo, dese la oposición familiar hasta el aislamiento y la carencia de fondos. Sin embargo, la aparición estelar de elementos como el alcohol, la soledad y el sexo triste dinamitan los cimientos de una relación estructurada sobre la falacia de que sus miembros se conocen a cabalidad.

Empleando su particular audacia y sensibilidad narrativas, Julian Barnes anticipa la conclusión catastrófica de la historia desde sus primeros compases, permitiendo que el carácter trágico y desdichado de los protagonistas, lejos de golpear al final, vaya ensombreciendo poco a poco cada rincón de la narración. Con sus acentuados altibajos emocionales, mezclando la euforia más contagiosa con una pesadumbre existencial, La única historia es un emocionante viaje al pasado a través de la memoria, una lectura absorbente, lacerante y sutil en la que Julian Barnes explora las laberínticas complejidades del amor y su capacidad para forjar —no siempre de manera constructiva— el paisaje interior de las personas. «¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?» es la gran cuestión que se plantea el narrador al comienzo de la novela y a la que Julian Barnes trata de responder a lo largo de La única historia en un nuevo y apasionante ejercicio de virtuosismo literario.


«Y el primer amor siempre acontece en la aplastante primera persona. ¿Cómo puede ser de otra manera? Y además en el abrumador presente de indicativo. Tardamos en comprender que existen otras personas y otros tiempos verbales».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Reseñas breves [176 - 179]

jueves, 14 de febrero de 2019



Título original: Sleepless Nights
Traducción: Marta Alcaraz
Año: 1979
Edición: Navona (2018)
Páginas: 216


Aunque de Elizabeth Hardwick se destaca principalmente su papel como editora del New York Review of Books —un rol, desde luego, que no suele estar entre los más mediáticos—, la escritora norteamericana también cultivó el arte de la narrativa. A lo largo de su vida publicó tres novelas, quizá algo desconocidas, de entre las cuales destaca este Noches insomnes que la editorial Navona recupera ahora para deleite de lectores aventurados e inconformistas. Hecha de retales y recuerdos hilvanados a altas horas de la madrugada, la de Hardwick es una obra inclasificable que, lejos de engarzar un argumento complejo, deslumbra por su mirada profundamente conocedora de la naturaleza humana. Al contrario que sus coetáneos masculinos, enzarzados en una competitiva disputa por escribir «la gran —y enrevesada— novela americana», Hardwick, con su trazo impresionista, va capturando reflejos ínfimos de historias ajenas que le sirven para reflexionar de manera magistral sobre el inevitable declive de las relaciones personales y el peso acumulado de los acontecimientos en el transcurso de una vida. Crónica, además, de la subcultura jazzística de los años 50, Noches insomnes me ha impresionado por su arrebatador lirismo y esa incorregible inconcreción que se acaba convirtiendo, ironías del destino, en su atractivo universal.  

★★★☆




Título original: The Soul of Kindness
Traducción: Ana Bustelo
Año: 1964
Edición: Gatopardo (2018)
Páginas: 264


Un alma cándida, novela de Elizabeth Taylor publicada originalmente en 1964, es la confirmación de un talento narrativo sobrenatural. Tal y como hiciera en la fabulosa Una vista del puerto, la escritora británica demuestra en esta novela poseer una incomparable habilidad para desgranar las secretas complejidades de sus personajes, una apasionante galería de individuos que orbitan, esclavizados por la gravedad de su carácter bondadoso e inocente, en torno a la figura de una joven llamada Flora. Incapaz de conceder importancia ni a los problemas propios ni a los ajenos, la angelical protagonista de Un alma cándida pasa como de puntillas por los encontronazos propios de cualquier matrimonio, repartiendo allá por donde pasa consejos beatíficos y derroches de buenas intenciones. Complementan el maravilloso —y prolífico— elenco de personajes su marido Richard, un diligente empresario que en el fondo desprecia a los amigos de su mujer, Kit, un actor aspirante cuya ferviente admiración por Flora acabará convirtiéndose en su perdición, y Patrick, un escritor que no destaca precisamente por su capacidad de observación. Haciendo gala de un delicioso sentido del humor y una dinámica narrativa fundamentada en la prolija observación de lo cotidiano, Elizabeth Taylor nos sumerge en un mundo de trivialidades domésticas que alcanzan en Un alma cándida el esplendor de lo excepcional. 





Título original: La mémoire de l'aire
Traducción: Raquel Vicedo
Año: 2014
Edición: Tránsito Editorial
Páginas: 108


A pesar de su brevedad, La memoria del aire es un libro profundamente perturbador. Su autora, Caroline Lamarche, trata de volcar en él todo el sufrimiento provocado por una experiencia traumática. Esta necesidad de expurgar, de transformar la herida, es el combustible que mantiene en movimiento una narración, por lo demás, entrecortada, fragmentaria, capaz de reflejar del mejor modo posible esa dificultad inenarrable de recrear sobre el papel una antigua relación amorosa intoxicada por los excesos y los abusos. La protagonista, haciendo uso de un lenguaje tan incisivo como conmovedor, se debate entre alucinatorias conversaciones con su propio cadáver y arriesgados juegos de seducción en los que acaba ejerciendo tanto el papel de verdugo como el de víctima. Sin duda, se trata de una lectura difícil que, no obstante, recompensa con creces la valentía de hundirse en ella. La memoria del aire no es, ni mucho menos, una obra excepcional ni revolucionaria. Su atractivo reside, más bien, en la desgarradora fatalidad de su voz, en la contundencia sazonada con sensibilidad que impregna las páginas del texto. Una obra potente e indiscutiblemente viva en la que Caroline Lamarche sale triunfante de la lucha contra el recuerdo.  

★★★★

Ottessa Moshfegh - Mi año de descanso y relajación

martes, 12 de febrero de 2019



Título original: My Year of Rest and Relaxation
Traducción: Inmaculada C. Pérez Parra
Año: 2018
Edición: Alfaguara (2019)
Páginas: 256


Ottessa Moshfegh, escritora norteamericana de ascendencia croata e iraní, irrumpió en el panorama editorial gracias a Mi nombre era Eileen (Alfaguara, 2017), una obra deslumbrante y subversiva que alcanzó cierta notoriedad tras quedar finalista del Man Booker Prize en 2016. En Mi año de descanso y relajación, su tercera novela hasta la fecha, Ottessa Moshfegh firma un trabajo —otra vez— absolutamente brillante con el que confirma los buenos presagios sobre su trayectoria literaria; una carrera que está resultando ser, de momento, tan sólida como prometedora. 

No sé cuál es el secreto de Moshfegh, pero su narrativa existencialista irradia una autenticidad electrizante que se manifiesta en su máxima expresión a la hora de diseccionar el atípico universo femenino de sus protagonistas. Moshfegh apuesta una vez más por mujeres que se salen de la norma y que no tienen reparo en abrazar su lado más perverso. En el caso de Mi año de descanso y relajación, este papel recae sobre una joven neoyorquina que, abrumada por un permanente estado de apatía, decide emprender un radical proceso de hibernación consistente en atrincherarse en su exclusivo apartamento del Upper East Side y atiborrarse de pastillas para dormir. 

A través de este inusual tratamiento contra la realidad, la protagonista y narradora de Mi año de descanso y relajación pretende alcanzar una regeneración tanto física como espiritual que le permita seguir adelante en un mundo que cada vez tiene menos sentido para ella. Sin embargo, lejos de la ansiada purificación, lo que encuentra es un aparatoso declive higiénico. Dotada de un irreverente sentido del humor en el que no cabe lugar para la corrección ni la compostura, la novela de Moshfegh funciona como una especie de diario en el que la protagonista relata todo tipo de experiencias: hilarantes episodios de sonambulismo, surrealistas sesiones de terapia con una doctora que le administra fármacos de forma indiscriminada y breves encontronazos dialécticos con su amiga Reva, quien, desde un pedestal de superioridad moral, se opone firmemente a la decisión de la protagonista de huir de los problemas aunque ella misma se halle inmersa en una humillante relación con su jefe y se meta los dedos hasta la campanilla después de cada comida.

Sin perder ni un ápice de carisma a pesar de pasarse media novela narcotizada, la protagonista de Mi año de descanso y relajación se transforma a sí misma en un experimento antropológico del que merece la pena estudiar todas las conclusiones. Bella durmiente trasnochada, precursora de la abulia y la indolencia emocional de la era millennial, la joven protagonista se erige como una voz disidente que parece, con su rechazo a la vigilia, vaticinar el mundo catastrófico que aguardaba tras el horizonte del año 2000. Sucia, emotiva, descarada, imprevisible y perturbadora... Ottessa Moshfegh entrega en Mi año de descanso y relajación una divertida y muy recomendable novela cuyo mayor defecto es, quizás, pecar de repetitiva, pero que nunca induce a la somnolencia.  


«Y eso era justo lo que quería, que mis sentimientos pasaran como luces que brillan delicadas a través de la ventana, que me sobrepasaran, que iluminasen algo vagamente familiar, luego se desvanecieran y me volvieran a dejar en la oscuridad».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Jamie Quatro - El sermón del fuego

lunes, 11 de febrero de 2019



Título original: Fire Sermon
Traducción: Regina López Muñoz
Año: 2018
Edición: Libros del Asteroide (2019)
Páginas: 248


Maggie, la protagonista y narradora de El sermón del fuego, es una mujer de cuarenta y cinco años que lleva media vida casada con su primer novio, al que conoció en la universidad. Aunque el suyo no es un matrimonio puramente desdichado, siente que el hastío, la insatisfacción y la falta de entendimiento se han instalado en su dormitorio por tiempo indefinido. Al tiempo, Maggie inicia una correspondencia por correo electrónico con James, un famoso poeta con el que mantiene apasionados debates sobre teología y literatura mística. Esta fascinante comunión de ideas e impresiones prende en Maggie una llama que llevaba tiempo apagada, despertando en ella la urgente necesidad de cometer un pecado ante el que su férrea educación religiosa se rebela por completo. 

En su sobresaliente debut como novelista, la escritora estadounidense Jamie Quatro se zambulle en las tempestuosas mareas del deseo sexual desde una perspectiva condicionada por el incesante aguijonazo de la culpa. Desde San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, ningún otro escritor ha probado tan bien como Jamie Quatro que el orgasmo no es más que otra faceta del éxtasis espiritual. Sin embargo, consumado el adulterio, la protagonista de El sermón del fuego se flagela de manera despiadada por su debilidad mientras trata, sin demasiado éxito, de rastrear el origen de su incandescente libido.

La novela de Quatro es, ante todo, de una intensidad espectacular. La autora consigue plasmar el visceral dilema ético de Maggie con una honestidad desgarradora. Provocadoras blasfemias y arrebatos de arrepentimiento se intercalan entre las páginas de El sermón del fuego a través de una cronología inquieta que trata de abarcar en su plenitud la relación intermitente de Maggie y James. El retrato que hace Jamie Quatro de su protagonista, lejos de maniqueísmos y moralinas, es el de una mujer devota que, no obstante, se pregunta por qué Dios exige unos estándares tan elevados a personas que no parecen capaces de resistir los envites del erotismo. 

¿Debe ella aferrarse al resquicio de dignidad que le queda y confesar? ¿Merece la pena sacrificar una existencia apacible por una pasión que recompensa el placer con una conciencia atormentada? A medida que la historia alcanza su conclusión, el carácter aparentemente virginal e inocente de la narradora se va difuminando entre atisbos de una vileza sobrecogedora. Resquicios a los que uno puede asomarse para comprobar, estupefacto, que la culpabilidad puede convertirse en el afrodisíaco definitivo.


«Así que ya ves: no queda nadie con quien poder confesarme. Nadie me escuchará ni me entenderá. Estás tú, y está Dios. Ya no tengo claro si existe alguna diferencia».


PUNTUACIÓN: ★

Michel Houellebecq - Serotonina

miércoles, 6 de febrero de 2019



Título original: Sérotonine
Traducción: Jaime Zulaika
Año: 2019
Edición: Anagrama
Páginas: 288


Escribir sobre Michel Houellebecq es, cada vez más, como sumergirse en una soporífera redundancia donde todo lo que cabe decir ha sido dicho ya por alguien. El carácter polémico y provocativo de las declaraciones que suele dar el francés se ha convertido en un infalible reclamo para un número creciente de lectores que, lejos de espantarse, aplauden su escandalosa falta de escrúpulos. Otros tantos, por el contrario, se horrorizan ante su visión misántropa y pesimista de la especie humana. En cualquier caso, Houellebecq es un tipo capaz de generar opiniones a mansalva y de todo signo, lo que garantiza siempre un debate intenso alrededor de sus obras.

En Serotonina, publicada en España con una inmediatez inusual respecto a su edición francesa, Houellebecq demuestra que mantiene el pleno control de sus habilidades para escarbar en conciencias ajenas. Para los habituales del escritor galo no parece haber nada nuevo en la historia de Serotonina, narrada en primera persona por un cuarentón desencantado con la sociedad y con el rumbo que ha tomado su vida. Sin embargo, es imposible no recomendar a un autor cuya posible carencia de originalidad parece una nimiedad al lado de su vena castigadora con los vicios de las clases acomodadas. Sumido en una depresión profunda que le empuja a tomar una posición derrotista frente a la continuidad de su existencia vacía y banal, el protagonista de Serotonina emprende un recorrido laberíntico por los momentos más destacados de su biografía amorosa.

Así, el abatido e impotente Florent-Claude reflexiona sobre temas tan dispares como la precariedad del sector agrícola en Francia o la pornográfica decadencia burguesa mientras se lamenta de su disfunción eréctil y llora amargamente su inclinación a sabotear sus propias oportunidades de alcanzar la felicidad. El personaje de Florent-Claude, cuya extrema misoginia, irreverencia y comportamiento autodestructivo esconden, en el fondo, una voluntad de ridiculizar dichas actitudes empleando una brillante vía humorística, se erige como un incómodo recordatorio del hastío vital que predomina entre los miembros de una generación desorientada y, en apariencia, irremisible.

La narrativa de Houellebecq, más fresca y perturbadora que nunca en Serotonina, cumple con creces su objetivo de impresionar, inquirir, molestar e importunar. La suya es una literatura del asco, del desengaño y la pesadumbre, una literatura en pie de guerra que no deja títere con cabeza ni lector impasible y que se pregunta, buscando donde haga falta para encontrar la respuesta, cómo es posible sobrevivir en un mundo donde suceden las cosas que suceden en el nuestro. A pesar del tono lúgubre y lapidario que predomina en su obra, Houellebecq no se abandona por completo a la desesperanza. Ya sea a base de fármacos lobotomizantes o de un demoledor nihilismo, el protagonista de Serotonina se aferra al hilo del que pende su vida en un esfuerzo continuo por satisfacer su necesidad de pertenencia, aun cuando el cuerpo lo que realmente le pide es abrazar la muerte y descansar. Hilarante, impúdica y corrosiva como ella sola, Serotonina es, sin ninguna duda, una lectura altamente recomendable.


«[...] y es así como muere una civilización, sin trastornos, sin peligros y sin dramas y con muy escasa carnicería, una civilización muere simplemente por hastío, por asco de sí misma [...]».


PUNTUACIÓN: ★

 
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