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Bret Easton Ellis - Los destrozos

martes, 30 de julio de 2024



Título original: The Shards
Traducción: Rubén Martín Giráldez
Año: 2023
Edición:  Random House (2023)
Páginas: 680


Mi primera aproximación a la obra de Bret Easton Ellis (Los Ángeles, 1964) ha sido recibida por numerosos lectores como un triunfal regreso a la mismísima esencia del escritor norteamericano. No sé muy bien qué lugar corresponde a Los destrozos en este canon personal, si se puede entender como una perspectiva innovadora desde la que observar títulos tan emblemáticos como Menos que ceroAmerican Psycho, o si estamos simplemente ante un ejercicio de expiación literaria en el que Easton Ellis purga sus vivencias juveniles, pero lo que sí me ha quedado claro es que Los destrozos es una novela sugerente y provocativa que inmortaliza como nunca antes había visto la urgente desesperación del deseo adolescente.

Los destrozos se erige como una suerte de confesión metaliteraria, la de un escritor de éxito llamado Bret Ellis que narra el turbulento proceso creativo de su último libro y cómo los terroríficos hechos en los que se basa trastornaron para siempre el curso de su vida en el otoño de 1981. Ellis elabora una meticulosa reconstrucción de aquel horror, su germen y su espeluznante culminación, en el que Ellis y su pandilla de amigos de último curso en el prestigioso instituto Buckley vieron sus caminos entrelazados con los de un asesino en serie llamado el Arrastrero que mutilaba de forma grotesca a sus víctimas.

Ellis recrea de manera fascinante la atmósfera fastuosa y autodestructiva de este grupo de jóvenes ricachones en el Los Ángeles de los 80 que alternan las clases de literatura y álgebra con juergas desenfrenadas, sesiones de sexo duro y sobredosis de barbitúricos a ritmo de Icehouse, REO Speedwagon, Soft Cell o Fleetwood Mac. De manera casi milagrosa, Easton Ellis se mantiene erguido en medio de esta vorágine existencial y narra las complicadas dinámicas de amistad, amor y pasión que se configuran, se entretejen y se desgarran continuamente entre los miembros del reparto que conforma la patética ficción en la que se ha convertido la vida de Bret.

Incapaz de asumir públicamente su homosexualidad, Bret mantiene de cara a la galería un noviazgo con la popular Debbie Schaffer, hija de un famoso productor de cine, pero se entrega a relaciones absolutamente pirotécnicas con algunos compañeros que no escatiman a la hora de experimentar y explorar los espinosos senderos del coito entre hombres. Thom Wright, capitán del equipo de fútbol, y Susan Reynolds, ídolo erótico de la mayoría de alumnos, conforman los otros dos vértices de un polígono que saltará por los aires con la llegada a Buckley de Robert Mallory, figura misteriosa e incognoscible que empezará a encarnar las fantasías masturbatorias de Bret hasta un punto que raya en lo enfermizo y que parece guardar relación con la oleada de desapariciones, asesinatos y actos vandálicos que están tomando por fuerza la ciudad.

Mitad thriller policíaco, mitad novela de formación, Los destrozos bien podría calificarse como la sublimación de la estética del embotamiento. Con una prosa narcotizada, casi anodina, Easton Ellis elabora una historia sensual, macabra e hipnótica a partes iguales que gira en torno a la incomunicación, la ausencia de referentes o la desorientación propia de una recién adquirida independencia y que constituye toda una revolución en su flagrante desinterés por estimular al lector. Los destrozos me ha parecido una victoria de la forma sobre el fondo, un relato sobresaliente en su descripción del abrupto final de la juventud de su protagonista —capaz de bascular entre una tristeza crepuscular y la más brutal paranoia— que ojalá me hubiese sabido cautivar en todo momento con la misma intensidad, pero que no por ello resulta menos admirable ni, por supuesto, memorable. 


«Si las canciones trataban, como pensé en su momento, sobre un niño que se convierte en hombre, también trataban ahora, para mí a los cincuenta y seis años, sobre un hombre que seguía siendo un niño».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Ian McEwan - Lecciones

lunes, 15 de enero de 2024



Título original: Lessons
Traducción: Eduardo Iriarte
Año: 2022
Edición:  Anagrama (2023)
Páginas: 584


Que en pleno 2024 podamos seguir leyendo nuevo material de Ian McEwan me parece un milagro del que no se habla lo suficiente. El autor de obras tan emblemáticas como Expiación, Amsterdam o Chesil Beach (al que debe de dolerle la espalda de tanto cargar con el peso de la literatura británica contemporánea), no solo mantiene el nivel al que nos tiene acostumbrados, sino que rompe su propio techo entregando una novela absolutamente monumental en el que constituye su proyecto más largo hasta la fecha y quizá el más ambicioso.

Lecciones nos pone en la piel de Roland Baines, un hombre que desde niño ha acostumbrado a enfrentar todo tipo de crisis, tanto personales como históricas. Hijo de un militar destinado en Trípoli y una mujer atenazada por su pasado trágico, Roland fue arrancado del núcleo familiar por la escalada de un conflicto bélico y aterrizó en un internado a miles de kilómetros de distancia sin hacerse una idea de las guerras que estaba a punto de librar dentro de sus cuartos. Los compases iniciales de la novela, impregnados de un exquisito sabor a Bildungsroman, nos ofrecen una zambullida en esos primeros años de formación, inocencia y múltiples despertares del protagonista, dinamitados de manera tan brutal como cruel por la relación que establece Roland con Miriam Cornell, su profesora de piano. Víctima de una dinámica retorcida y de un flagrante abuso de poder, Roland se entrega a un estremecedor frenesí sexual con la señorita Cornell propiciado en gran medida por la espiral de histeria apocalíptica que tenía como telón de fondo la crisis de los misiles en Cuba. El proceso, narrado con la brillantez y la elegancia habituales en McEwan, resulta particularmente devastador y sus eventuales ramificaciones se extienden por la vida del protagonista como una influencia imborrable.

Décadas después, cuando su mujer —escritora frustrada e hija de alemanes disidentes contra el régimen de Hitler— desaparece sin previo aviso y lo abandona con un hijo a su cargo, Roland deberá enfrentarse a los episodios más oscuros de su trayectoria personal mientras resiste las embestidas políticas y sociales de la segunda mitad del siglo XX. Así, Lecciones nos ofrece un fascinante recorrido por acontecimientos tan relevantes como la caída del Muro de Berlín, el accidente de Chernóbil o la pandemia del COVID-19 contados desde una perspectiva que aúna lo individual y lo colectivo y que certifica con la inconfundible rúbrica de McEwan la capacidad inagotable del ser humano de joderse a sí mismo sin necesidad de un declive internacional. A pesar de su elevado componente de crónica, Lecciones es una narración siempre cercana, situada muy próxima a la voz narrativa y teñida de emotividad, franqueza y empatía en cada una de sus páginas. Llevando por bandera un optimista derrotismo, Roland Baines es uno de los personajes más vívidos, profundos y mejor caracterizados que he leído en mucho tiempo, un perdedor incansable, una ficción tan meticulosa, nítida e íntima que sabe a más realidad que nunca.

Narrada a través de continuos saltos temporales, pero sin perder el hilo conductor en ningún momento, Lecciones encierra verdades fundamentales sobre el amor, la culpa, la memoria y la identidad que en manos de cualquier otro escritor sencillamente serían imposibles de contar. McEwan no titubea a la hora de adentrarse en terreno pantanoso. No le tiembla la mano cuando se trata de remover conciencias ni de incomodar al lector. Y es esa una cualidad que, por su creciente escasez, resulta tanto o más urgente reconocer. Dada su escala descomunal, así como su impecable calidad narrativa, Lecciones no es sino la contundente constatación del imperial talento que Ian McEwan a día de hoy aún conserva.


«Si su vida hasta el momento era un fracaso, como a menudo pensaba, era pese a la generosidad de la historia.»


PUNTUACIÓN: 

Selby Wynn Schwartz - Después de Safo

lunes, 8 de enero de 2024



Título original: After Sappho
Traducción: Aurora Luque
Año: 2022
Edición:  Alianza Editorial (2023)
Páginas: 336


Interpretar la obra de Safo supone enfrentarse a un desconocimiento sustancial de la misma. La historia está llena de vacíos, recovecos y ausencias que dan permiso para la elucubración y la hipótesis, pero la de Safo es quizá una de las incógnitas más sugerentes y trágicas que se conocen en el campo de las artes y la literatura. Figura misteriosa e incognoscible, mujer que entreteje en las sombras los hilos de su destino, Safo se erige en la imaginación colectiva como la cúspide de la feminidad libre, provocadora y sin remordimientos, una voz de sirena que apela con su sensual canto desde una isla de su propia invención.

Los agujereados retazos de su obra poética sirven como fundamento a Selby Wynn Schwartz para elaborar una suerte de biografía novelada acerca de un grupo de artistas, escritoras, actrices, activistas y socialités de finales del siglo XIX y principios del XX que desean trascender las encorsetadas convenciones de su época y convertirse en Safo. La empresa, emprendida en el ámbito de una Europa retrógrada y misógina, parece tan ambiciosa como agotadora. Sin embargo, Después de Safo narra con asombrosa exquisitez la eclosión de este movimiento que comenzó en Lesbos hace cientos de años y que culminaría en los albores del siglo pasado en pleno ascenso de las reivindicaciones feministas, el sufragismo, las reformas integrales del código legal y la reconquista de derechos para las mujeres, pero también del fascismo en Italia y del consiguiente oscurantismo moral que amenazaba con extenderse como una onda expansiva.

Estructurada en forma de viñetas, con una cronología caprichosa y una exuberante prosa teñida de estremecedor lirismo, Después de Safo ahonda en las vidas ficcionalizadas de estas mujeres valientes y pioneras —casi siempre marcadas por la lacra de los abusos, la violencia y el señalamiento— para arrojar luz sobre los resquicios de sus existencias tan vibrantes como turbulentas. Después de Safo es pura exaltación de la sororidad, de la pulsión creativa y del sexo bucólico entre señoras. Es experimentación y éxtasis. Es puro drama entonado por un coro de voces griegas. Es adentrarse en terreno desconocido agarrado de una mano amiga. Es Virginia Woolf gritando que nadie puede imponer cadenas a la libertad de su mente mientras reproduce copias de sus novelas en una imprenta casera. Un refrescante soplo de aire que despeja el ambiente y desempolva las mentes. Una clase magistral sobre cómo remodelar tu nombre y reconstruir tu propia identidad a partir de un montón de ruinas.

Sensual, contundente, embriagadora y cáustica, esta magnífica novela de Selby Wynn Schwartz se disfruta como un retrato impresionista de una época cargada de ilusión y esperanza en el poder del progreso y de la autonomía femenina. Sueños lamentablemente truncados por el estallido de una devastadora guerra mundial que diezmaría cualquier posibilidad real de avance, pero cuyos ecos reverberan hasta nuestros días a través de versos incompletos que nos permiten seguir invocando el anhelo de ser Safo. 


«Los lectores, según Colette, eran como amantes. Los mejores eran atentos, inteligentes, exigentes y promiscuos. Urgía leer abundantemente y bien, buscar precisamente las novelas que nos prohibían y tumbarnos durante horas en la cama con ellas. Deberíamos leer hasta atiborrarnos y saciarnos, nos aconsejó Colette; después de un buen libro hay que chuparse los dedos».


PUNTUACIÓN: ★★★★☆


Natasha Brown - Reunión

jueves, 31 de marzo de 2022



Título original: Assembly
Traducción: Inga Pellisa
Año: 2021
Edición:  Anagrama (2022)
Páginas: 144


La sedición siempre se ve con buenos ojos cuando su objetivo es derrocar ideas restrictivas y anquilosadas, ¿pero cómo recibiríamos la noticia de que nuestro auténtico verdugo siempre ha sido el progreso? La primera novela de Natasha Brown es una impactante y demoledora exploración de esta idea descabellada. Su protagonista, una mujer —como la autora— joven, negra y británica, constituye el epítome del éxito empresarial. No es una persona, es un ideal, y como los expedicionarios que arriesgan su vida para conquistar territorios desconocidos, regresa de su impecable periplo hacia la cúspide para implantar por medio de conferencias supuestamente inspiradoras la semilla de la ambición profesional en cientos de chicas que aspiran a convertirse en lo que es ella.

Sin embargo, en su fuero interno, la protagonista y narradora de Reunión se siente como una perfecta estafadora. Hija de inmigrantes jamaicanos, no ha permitido que su herencia cultural se convierta en un escollo para su ascenso social y económico, meta cuyo galardón es descubrir gracias al Brexit que ahora ninguna patria la reclama. A pesar de sus méritos y de su incuestionable capacidad, sigue siendo el espejismo de una mujer con autoridad, una pantomima orquestada para complacer la conciencia de las masas, la chica a la que todo el mundo mira cuando se acaba el café de la oficina, un par de tetas más que manosear. A través de breves pero punzantes viñetas, Natasha Brown muestra la infernal cotidianidad de la violencia que sufren muchas mujeres, la naturalidad con que se asume en ámbitos como el laboral y las tenebrosas secuelas que provocan en el ánimo de la protagonista cuando debe enfrentarse a una importante decisión médica.

Narrada con agudeza, tremenda amargura y cierto aire de ensayo sobre identidad racial, Reunión es una obra experimental, poco ortodoxa, que juega con las expectativas del lector y lo conduce por arenas movedizas, simulando un suelo firme que te puede arrastrar sin previo aviso a las más oscuras profundidades. La trama, disfrazada de viaje con destino a una fiesta organizada en la campiña inglesa a la que nuestra protagonista acude para conocer a los padres de su novio blanco, juega un papel poco relevante en el encanto de una obra que nace desde la más acuciante rabia por la injusticia y el racismo sistémicos que aún permean las instituciones y la sociedad contemporáneas. Aunque narrativamente no sea un prodigio ni un texto revolucionario, la exposición de motivos aquí reunida posee una arrolladora fuerza combinada que hace de Reunión un debut tan elocuente como rompedor. 


«Sé la mejor. La más trabajadora, la más eficiente. Supera todas las expectativas. Pero, además, sé invisible, imperceptible. No hagas sentir incómodo a nadie. No molestes. Existe solo en negativo, en el espacio alrededor. No quieras ser la protagonista. Pasa desapercibida. Conviértete en el aire.
    Abre los ojos.»


PUNTUACIÓN: ★★

Avni Doshi - Azúcar quemado

miércoles, 30 de marzo de 2022



Título original: Burnt Sugar
Traducción: Raquel Vicedo
Año: 2020
Edición:  Temas de Hoy (2021)
Páginas: 320


Azúcar quemado es la explosiva carta de presentación con la que Avni Doshi (Nueva Jersey, 1982) irrumpió hace un par de años en el panorama literario, llegando a quedar finalista del Premio Booker en 2020. La autora, estadounidense nacida en el seno de una familia de inmigrantes indios, explora la convulsa relación de la protagonista con su madre, una mujer desagradable y severa que comienza a mostrar síntomas de demencia. «Mentiría si dijera que nunca he sentido placer cuando a mi madre le ocurre una desgracia», confiesa Antara en las primeras líneas de una obra que deja bien claras sus intenciones desde el primer momento.

El origen de tan fascinante y compleja agresividad se encuentra en una infancia problemática, marcada por el inexplicable arrebato de su madre de convertirse en la concubina de un gurú religioso, arrastrando a su hija a una vida repleta de miserias y episodios traumáticos. A raíz de esta época humillante, Antara se ha convertido en una persona rencorosa y desapasionada, una mujer encerrada en sí misma que soporta a duras penas una existencia displicente junto a Dilip, su anodino esposo, mientras trata de expurgar a través del arte los demonios de su pasado. La novela, haciendo uso de una cronología desordenada, permite observar la historia familiar de Antara desde diversos ángulos, todo en un intento desesperado de la protagonista de encontrar sentido al errático comportamiento de su madre ahora que la enfermedad está a punto de arrebatarle sus recuerdos.

Empleando una narración fragmentada, Avni Doshi elabora un contundente relato sobre la íntima enemistad que une a madre e hija, derribando a su paso infinidad de mitos que el resto de mortales hemos erigido en torno a este vínculo sagrado. La propuesta, sin duda, me parece llamativa, pero el motivo por el que no he llegado a conectar con ella es la peculiar voz narrativa que articula la historia. Antara es un personaje interesante, repleto de matices y aristas que van desde la provocación hasta el victimismo, pero vive asentada en una aséptica monotonía que empobrece todos los rincones de la novela. Su fijación obsesiva por los olores y fluidos corporales llega a ser irritante, por no mencionar esos momentos totalmente descontextualizados en los que menciona de manera casual cosas como, por ejemplo, que se imagina follando con su padre.

A pesar de sus aspectos negativos, Azúcar quemado no me ha parecido una novela insustancial. Puede que los riesgos narrativos que asume Avni Doshi no sean santo de mi devoción, pero es indudable que estamos ante una obra perspicaz y provocadora que se sale de la norma. Doshi explora de forma poco ortodoxa cómo el trauma configura nuestra identidad y expone los estragos de la apabullante violencia que se ejerce sobre las mujeres en distintos ámbitos, recreando una visión poco halagadora de la india contemporánea y su vestigial remanente del colonialismo británico. Sin el encanto ni la arrolladora fuerza de otras propuestas similares —pienso en los Apegos feroces de Vivian Gornick—, Azúcar quemado es una obra singular y atípica, pero que resulta mucho menos lacerante de lo que pretende ser. 


«En el ashram había vivido sin ella añorándola al mismo tiempo, pero ahora que estábamos juntas avanzaba desorientada hacia el terror, sentía que me había equivocado, que tal vez no la quería ni la necesitaba, solo para acabar volviendo a la idea con la que había vivido toda mi vida, que estar sin ella era el infierno, la desgracia.»


PUNTUACIÓN: ★★

Elena Ferrante - La hija oscura

miércoles, 16 de marzo de 2022



Título original: La figlia oscura
Traducción: Edgardo Dobry
Año: 2006
Edición:  Lumen (2018)
Páginas: 152


Mucho antes de que Rosalía aprendiera a cantar, Elena Ferrante ya sabía lo que era una verdadera motomami. Los mitos que se construyen alrededor de la figura materna llevan siglos entre nosotros, mitos que van desde la absoluta e incuestionable abnegación hasta la renuncia a cualquier tipo de deseo que implique realizarse individualmente, más allá de la progenie. Sin embargo, en La hija oscura, publicada con anterioridad al boom comercial de la saga Dos amigas, Elena Ferrante deconstruye algunas de estas falsas presunciones y se atreve a verbalizar con implacable valentía el lado más vulnerable e irreverente de la maternidad.

En esta breve pero intensa novela de apenas 150 páginas nos encontramos a Leda, una profesora de literatura inglesa, divorciada y madre de dos hijas, que se va de vacaciones a la costa aprovechando que se queda sola una temporada. Un día, en la playa, conocerá a una tumultuosa familia de Nápoles con la que entablará una ambigua relación, quedando fascinada por la pequeña Elena y la muñeca que arrastra consigo a todas partes. Aprovechando el desconcierto que se genera cuando Elena desaparece, Leda roba el juguete de la niña, que pasará a convertirse en el oscuro objeto de sus meditaciones sobre el papel que ha desempeñado a lo largo de su vida como mujer e hija, pero sobre todo como madre. Leda confiesa sin tapujos, por ejemplo, el escollo que supuso el nacimiento de su primera hija para su trayectoria profesional, prometedora, pero condenada a la extinción mientras la de su marido seguía desarrollándose sin obstáculo alguno.

Desde una temperamental inquietud, Leda habla también de las exigencias afectivas, del cansancio constante y de la sensación de estar diluyéndose bajo el peso de la responsabilidad, los desaires, la frustración, la inocente ingratitud de los hijos. Leda habla de la soledad, del imperativo carnal, de la animadversión por el fruto de tu vientre. El desgarrador grito de Leda, transformado en esa vorágine narrativa que solo Ferrante es capaz de desatar, atraviesa las páginas de La hija oscura para iluminar espacios sepultados en la literatura convencional bajo el estigma del tabú. Ferrante nos presenta a su antipática narradora a través de una mirada limpia, desprovista de dogmas y prejuicios, que indaga sin remordimientos en la fantasía irreprimible de abandonar el hogar sean cuales sean las consecuencias. Explosiva, elocuente y repleta de interesantes simbolismos, La hija oscura constituye un apasionante testimonio del talento narrativo de Elena Ferrante y de su inconfundible estilo desenfrenado, vertiginoso y enérgico, pulsión indomable de la que es sin duda una de las escritoras más extraordinarias de la actualidad.


«Las niñas me miraban fijamente. Sentía que sus miradas querían amansarme, pero sentía aún con más fuerza el fulgor de la vida fuera de ellas, nuevos colores, nuevos cuerpos, nueva inteligencia, una lengua que por fin podía poseer como si fuese mi verdadera lengua, y nada, nada que me pareciese conciliable con aquel espacio doméstico desde el que ambas me miraban a la espera. Ah, volverlas invisibles, no sentir ya las exigencias de su carne como demandas más presentes, más poderosas que las mías.»


PUNTUACIÓN: 

Haruki Murakami - Primera persona del singular

lunes, 14 de marzo de 2022



Título original: Ichininshou tansu
Traducción: Juan Francisco González Sánchez
Año: 2020
Edición:  Tusquets Editores (2021)
Páginas: 288


Al reencontrarme con Murakami después de tanto tiempo he podido comprobar que el vínculo que se establece con ciertos escritores no se deteriora con el paso de los años. Es entrar en la primera página de Primera persona del singular y reconocer de inmediato una atmósfera sumamente familiar donde lo mismo encuentras sexo raro que un profundo desconcierto vital. Aunque me gusta mucho más el Murakami de larga distancia, he disfrutado las historias que aparecen en esta nueva colección de relatos donde el autor japonés utiliza el narrador en primera persona para difuminar los límites entre realidad y ficción con el sugerente magnetismo que le caracteriza.

Así, en la evocadora y sensual «Áspera piedra, fría almohada», Murakami sienta el tono que dominará toda la colección por medio de una historia en la que el protagonista relata su desconcertante polvo con una escritora de tankas —un tipo de poesía tradicional japonesa—. Murakami aprovecha el encuentro de los cuerpos para reflexionar sobre nuestro concepto de intimidad y de la extraña pero conmovedora conexión que puede establecerse entre dos individuos que coinciden, a veces, de manera tan momentánea como fortuita. En «Flor y nata», lo que en principio parece una cruel broma se transforma en un revelador acertijo. Tirando de su vena más filosófica, Murakami entreteje un enigmático relato en el que el protagonista trata de resolver un problema de difícil solución.

«Charlie Parker Plays Bossa Nova» es una genial demostración del imaginario murakamiano que pone de manifiesto el potencial de la ficción como creador de universos alternativos. A Murakami le basta un inocente arranque de creatividad para catapultarnos al epicentro de un delirio onírico donde el mundo real y el fantástico convergen en forma de singular relato. Otra de las piezas más destacadas de la colección es «Carnaval», en la que Murakami vuelca su gusto por la música de Schumann y se regodea sin tapujos —y sin importarle lo más mínimo las carencias que se le achacan a la hora de retratar a los personajes femeninos— en la extrema fealdad de una mujer que parece ocultar un lado turbio tras una máscara de refinamiento. Cabe mencionar además la simpática «Confesiones de un mono de Shinagawa», en la que un simio parlante admite robar los nombres de las mujeres de las que se enamora, provocando que estas acaben padeciendo esporádicas lagunas mentales.

Ingeniosa, impredecible y de carácter introspectivo, aunque también algo irregular, Primera persona del singular es una buena colección de relatos que bien pudiera constituir la puerta de entrada idónea al particular universo narrativo de Haruki Murakami. Con frecuencia, los personajes de Murakami se ven zarandeados por la incertidumbre, incapaces de dar una explicación sencilla a cuestiones que para el resto de los mortales pudieran parecer más bien peregrinas. Quizá tenga algo que ver la curiosa tiranía de un lenguaje que tiene una palabra para definir la costumbre de apilar por todas partes los libros que no se leen, pero que encuentra dificultades a la hora de expresar todas las tonalidades de la emoción humana. Para llegar ahí, a ese espacio donde algunos escondemos sentimientos que somos incapaces de nombrar, siempre nos quedará Murakami.


«Quedaríamos expuestos a la intemperie de este mundo despiadado si no nos ocultásemos, en parte al menos, bajo el escudo protector de una máscara.»


PUNTUACIÓN: ★★★

Hervé Le Tellier - La anomalía

viernes, 11 de marzo de 2022



Título original: L'anomalie
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Año: 2020
Edición:  Seix Barral (2021)
Páginas: 368


Los fenómenos catastróficos tienden a enfrentarnos con la ausencia. Pérdidas materiales, humanas. Un vacío de cosas que antes estaban ahí y ya no. ¿Pero cómo se lidia con un suceso que, en lugar de restar, suma? ¿Qué ocurriría si, de repente, un día apareciera en el mundo una persona igual que tú, con los mismos rasgos, genes y recuerdos, dispuesta quizá a reclamar un espacio que hasta entonces solo te pertenecía a ti? De esta premisa tan sugerente parte la novela de Hervé Le Tellier, conocido crítico y editor francés que ha iniciado su carrera como autor de la mejor manera posible: siendo galardonado con el premio Goncourt.

En La anomalía, un Boeing 747 con 243 pasajeros a bordo atraviesa una zona de extremas turbulencias mientras realiza su trayecto desde París a Nueva York. Aunque logra aterrizar en su destino sin graves consecuencias, tres meses después del incidente surge como por arte de magia un avión idéntico, ocupado de manera inexplicable por los mismos tripulantes y pasajeros que realizaron dicha ruta en marzo. Estructurada de manera coral, La anomalía indaga en las vidas de algunos de estos viajeros suspendidos en el tiempo —entre los que se encuentran, por mencionar algunos, un implacable sicario, un escritor que conocerá la fama de manera póstuma, un cantante nigeriano que acaba de lanzar un hit global, un arquitecto entrado en años que trata desesperadamente de conservar a su pareja o una abogada dispuesta a desplumar a los directores de una empresa farmacéutica— mientras los servicios de inteligencia de distintos países tratan de elaborar una hipótesis matemática, religiosa o metafísica que explique esta impactante brecha en el tejido de la realidad.

Pero, ¿qué es, en última instancia, la anomalía? ¿El experimento de una civilización tecnológicamente superior? ¿Un fallo en el funcionamiento de una simulación informática? ¿O un intrincado juego de espejos de carácter metaliterario? Aunque Le Tellier propone sugerentes soluciones al enigma que descansa en el corazón de La anomalía, quizá lo más interesante de la novela sea el pormenorizado estudio psicológico de los personajes, que se enfrentan a su perturbador reflejo y al derrumbamiento de sus más férreos ideales de maneras tan dispares como impredecibles. Salpicada de una fantástica ironía y un despiadado sentido del humor, La anomalía sorprende por su atrevimiento y originalidad, constituyendo una obra enormemente entretenida que, sin explorar en toda su magnitud las cuestiones que plantea, consigue mantener avivado el fuego de la curiosidad hasta su magnífico final.


«¿De qué sirve saber? Siempre es preferible la oscuridad a la ciencia. La ignorancia es buena compañera, y la verdad no trae nunca felicidad.»


PUNTUACIÓN: ★★★

Susanna Clarke - Piranesi

miércoles, 9 de marzo de 2022



Título original: Piranesi
Traducción: Antonio Padilla Esteban
Año: 2020
Edición:  Salamandra (2021)
Páginas: 272


La revolucionaria fórmula de Jonathan Strange y el Señor Norrell supuso un pequeño hito en la historia del género fantástico y un inmenso trampolín para su autora, Susanna Clarke, que se vio catapultada de manera casi instantánea al Olimpo del mundo editorial. 16 años después de su monumental debut —la autora, desde luego, no da puntada sin hilo—, Clarke nos regala una segunda novela inspirada de forma extraordinaria en el legado de un visionario como ella. El universo narrativo que construye Susanna Clarke en Piranesi está muy ligado a los hipnóticos grabados del genio italiano, caracterizados por representar un mundo que hermana lo clásico y lo onírico a través de una arquitectura rocambolesca, repleta de escaleras y pasadizos interminables, ruinosa pero al mismo tiempo vanguardista e inspiradora de asombro.

El escenario en el que se desarrolla la peculiar novela de Clarke imita las ilustraciones de Piranesi con un añadido toque sobrenatural: el protagonista —también llamado Piranesi— deambula por las inmensas Salas de una Casa que parece extenderse hasta el infinito en todas las direcciones, albergando en su interior majestuosas estatuas de mármol, esqueletos inmortalizados en poses extrañas, bandadas de aves mensajeras e incluso océanos que regularmente inundan las estancias con sus arrolladoras mareas. Piranesi no deja de explorar los vastos dominios de la Casa, a la que venera como una suerte de deidad, registrando de manera pormenorizada en sus Diarios toda aquella información llamativa o útil que pueda contribuir a desentrañar los misterios del lugar. Sin embargo, la ominosa presencia del Otro, un ser obsesionado con la búsqueda de un antiguo conocimiento perdido, dará al traste con la ambiciosa labor documental de Piranesi y pondrá de manifiesto la existencia de una verdad que lleva años desenvolviéndose en las sombras.

En Piranesi, Susanna Clarke demuestra con su desbordante imaginación que no hacen falta mamotretos de mil páginas para construir un mundo de fantasía épico capaz de inducirte un embriagador sentido de la maravilla. A través de los ingenuos ojos de Piranesi, Clarke observa lo cotidiano desde un prisma de inocente fascinación y nos atrapa con su embrujo en una atmósfera familiar, pero lo suficientemente adulterada como para resultar mágica. Como ya hiciera Jo Walton en Entre extraños, Susanna Clarke rinde en Piranesi un sentido homenaje a las bondades del género fantástico en general y, muy en particular, a Las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis. El resultado es una novela sencillamente magistral, una historia conmovedora y excitante que se lee a ritmo de thriller y que nos recuerda el poder de la fantasía como refugio último, fuente inagotable de solaz y escapismo, pero también de consuelo. Reconforta saber que, cuando sales de la Casa, algo de la Casa se te queda dentro para siempre.


«Y Tú, ¿Tú quién eres? ¿Quién es la persona para la que escribo? ¿Eres un viajero que ha desafiado las Mareas y recorrido los Suelos Reventados y las Escaleras en Ruinas para llegar a estas Salas, o quizá alguien que habita estas mismas Salas mucho tiempo después de mi muerte?»


PUNTUACIÓN: 

Douglas Stuart - Historia de Shuggie Bain

lunes, 7 de marzo de 2022



Título original: Shuggie Bain
Traducción: Francisco González López
Año: 2020
Edición:  Sexto Piso (2021)
Páginas: 516


Galardonado en 2020 con el Man Booker Prize, el debut literario de Douglas Stuart (Glasgow, 1976) es una de esas novelas necesariamente dolorosas que deberían llevar advertencia de contenido en la cubierta. No hay forma humana de narrar la adicción sin detenerse de manera escrupulosa en sus inhumanas consecuencias, y por eso cualquiera que desee adentrarse en Historia de Shuggie Bain hace bien en abrocharse el cinturón y dejarse los reparos en la puerta. Con el crudo y demoledor conocimiento que solo la experiencia propia parece proporcionar, Douglas Stuart elabora una suerte de novela de formación donde el alcoholismo recalcitrante de su madre y el estigma de los abusos sexuales se convierten en el despiadado molde del protagonista.

Al abrigo de una ciudad gris y depauperada, arrasada por las políticas de Thatcher y el declive del sector industrial, Shuggie crece en el núcleo de una familia desestructurada, formada por una madre que se ahoga en la más absoluta falta de ambición y un padre pendenciero y manipulador que es incapaz de controlar sus impulsos carnales. Para Agnes Bain, divorciada de su primer marido y con tres hijos a su cargo, la búsqueda del amor en brazos de un hombre se solapa con la de un sustento que asegure su futuro. Frustrada por un horizonte de oscuras perspectivas en ambos terrenos, Agnes deambula por la vida como un barril de pólvora a punto de explotar. Así, Historia de Shuggie Bain se convierte muy rápidamente en la historia de Agnes y de su desolador naufragio vital, puede que en la historia universal de quienes entierran la precariedad, la soledad y el trauma en el fondo de una botella.

Como quien salta de un edificio en llamas, Agnes huye de su fatídica realidad precipitándose hacia una espiral autodestructiva y poblada por todo tipo de seres grotescos, desde abyectos pedófilos hasta vecinas entrometidas que defienden como lobas su territorio conyugal. En Historia de Shuggie Bain, Stuart refleja sin medias tintas el infierno y las miserias de la adicción, y cómo repercute no solo en quien la padece, sino en quien la soporta. Contrastando con la desgarradora angustia existencial de Agnes, Shuggie destaca por su conmovedora sensibilidad y su abnegado amor filial, al que se acoge con determinación con el propósito infantil de permanecer junto a su madre incluso en las más terribles profundidades. Por si fuera poco, su carácter afeminado le granjeará todo tipo de insultos, amenazas, vejaciones y, en general, el desprecio de un mundo inmoral que subyuga el más mínimo atisbo de bondad. Dura, contundente y narrada a corazón abierto, Historia de Shuggie Bain es una estupenda y muy sólida primera novela que deja ver trazas de un prometedor talento.


«Agnes no sabía qué responder. Tantos años de alcohol te crean inseguridad. La gente te hace siempre la misma pregunta. ¿Te acuerdas de aquella noche, cuando hiciste esto o aquello? Acabas perdiendo tu propia noción de la realidad. Las cosas que Agnes olvidaba podían ser pequeñas e insignificantes, pero también épicas e infames.»


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Barbara Comyns - El enebro

miércoles, 2 de marzo de 2022



Título original: The Juniper Tree
Traducción: Miguel Ros González
Año: 1985
Edición:  Alba (2019)
Páginas: 280


El enebro, publicado originalmente en 1985, es un curioso retelling de uno de los cuentos más populares —y ciertamente macabros— de los hermanos Grimm. Sin embargo, la malvada madrastra de la historia original es sustituida en la versión de Barbara Comyns (Warwickshire, 1907) por una afable madre soltera que llega a la británica localidad de Richmond tras escapar de un pasado trágico. Acompañada de su hija Marline —fruto de una relación con un inmigrante al que conoció en una fiesta—, Bella Winter encontrará allí trabajo como dependienta en una tienda de antigüedades. Poco después conocerá a los Forbes, un matrimonio que la acogerá amistosamente en su concurrido círculo doméstico. Cuando Gertrude, la esposa, se queda embarazada de manera inesperada, Bella se va implicando cada vez más en las cuitas del núcleo familiar hasta que una terrible desgracia zarandea el hogar de los Forbes con dramáticas e imprevisibles consecuencias. 

Barbara Comyns entreteje entre las páginas de El enebro una historia en apariencia inofensiva pero que se va volviendo más turbia y truculenta a medida que avanzan los capítulos. De espíritu indudablemente gótico, aunque sin la exuberante prosa tan común en este género, El enebro es una novela para mí difícil de acotar. Es intimista y dada a la introspección, pero la voz narrativa, desprovista de entidad, resulta imperturbable y desafectada. Bella Winter, a quien un accidente provocado por su exnovio le dejó una grotesca cicatriz en la cara, narra episodios de lo más perturbador con una impasibilidad que asusta. Las brutales invectivas de su madre, que repudia abiertamente a su nieta por ser negra, se asumen con una naturalidad pasmosa mientras que la protagonista se enreda alegremente en amoríos insustanciales que denotan una acusada necesidad de validación masculina.

Bella Winter en sin duda una narradora, como poco, atípica —en cierto momento llega a asegurar que prefiere una pareja cruel a una que sea tacaña—. La trama, por su parte, está salpicada de incidentes más bien anodinos, de escasa tensión narrativa, donde lo más emocionante que ocurre es la compra de una silla estilo Reina Ana o la aparición de una nueva niñera que es rápidamente despachada como si de un running gag se tratase. En realidad muere mucha gente —muchísima— en la novela, ¿pero qué importancia tiene una simple defunción si lo comparas con el color del estampado de las cortinas? Estos ingredientes componen una receta que no termina de cuajar para mi gusto, con multitud de personajes poco o nada explorados y la sensación de que el objetivo de Comyns de replicar una fábula tremendamente oscura se queda en un intento más bien grisáceo. Quizá el aliciente último de El enebro sea precisamente su afán por destacar la parte luminosa y ajetreada de la vida, el reconfortante bullicio de las cosas y las personas nuevas. Sin embargo, como en la cruda realidad, la esperanza se acaba rindiendo en la novela de Comyns ante los empujones de la locura.


«Encontraron a las urracas picoteando la cadena de oro justo bajo el enebro, y las aves alzaron el vuelo, espantadas, antes de lanzarse en picado contra mí. Fue entonces cuando caí al suelo, entre contorsiones y gemidos, no aplastada por una piedra, sino por mi pobre mente trastornada».


PUNTUACIÓN: ★★☆

Kazuo Ishiguro - Klara y el Sol

martes, 1 de marzo de 2022



Título original: Klara and the Sun
Traducción: Mauricio Bach
Año: 2021
Edición:  Anagrama (2021)
Páginas: 336


Si El gigante enterrado era una pintoresca interpretación del género fantástico, en su primera novela tras ganar el Nobel de Literatura en 2017 Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) se adentra de lleno en el territorio de la ficción especulativa. Y lo hace resuelto, sin titubeos, sin dejar entrever ni un solo segundo la inexperiencia o la inseguridad del primerizo. En realidad, muchos de los temas que Ishiguro aborda en Klara y el Sol ya aparecían en Nunca me abandones, uno de sus trabajos más populares —si no el que más—, pero en esta ocasión no de forma tan intangible ni soterrada. Atrás quedaron las insinuaciones y las sugerentes medias tintas: aquí, robots e inteligencia artificial se dan cita abiertamente para configurar un relato que es más humano que nunca.

La narradora de la novela es Klara, una Amiga Artificial que se alimenta de energía solar y que está destinada a servir como compañía para adolescentes taciturnos. Curiosa, analítica y dotada de una excepcional capacidad de observación, Klara ve pasar los días desde un expositor comercial a la espera de que alguien quede prendada de ella y decida llevársela a casa. Durante los primeros compases de la novela, Klara contempla el mundo que se despliega ante sus ojos virtuales con una mezcla de fascinación e incertidumbre, intercambia impresiones con otra androide llamada Rosa y, en general, se deja sorprender por la indescifrable conducta de las personas que pasan frente a la tienda sin percatarse de su existencia. Sin embargo, la «vida» de Klara da un vuelco cuando finalmente Josie, una niña aquejada por una extraña dolencia, decide comprarla para aliviar su soledad.

A partir de ese momento, Ishiguro pone en marcha los sofisticados engranajes de su maquinaria narrativa y despliega ante el lector una historia tan misteriosa como apasionante, siempre marcada por las sutilezas y los espacios en blanco. Al igual que Klara, asistimos expectantes al devenir de los acontecimientos, tratando de vislumbrar hacia dónde nos lleva de la mano Ishiguro y qué tenebrosas sombras esconden los resquicios de su universo distópico. En Klara y el Sol, Ishiguro exhibe una vez más su característica sensibilidad literaria hilvanando una novela pausada pero emocionante que, aun sin poseer un ápice de originalidad, indaga con audacia en las complejidades de lo que significa ser humano y nos recuerda las dificultades que siempre afrontará la tecnología en su empeño por reproducir todo aquello que nos identifica. La amistad, el amor, el sufrimiento, la maternidad e incluso la espiritualidad… ¿puede todo el espectro de la experiencia humana codificarse en forma de bits? ¿Puede un simple conjunto de algoritmos demostrar más lealtad, compromiso y compasión que un ser de carne y hueso? Aunque la fórmula de Ishiguro deja en el aire más cuestiones de las que resuelve —práctica que quizá ponga de los nervios a más de uno—, puede afirmarse que su efectividad continúa a día de hoy totalmente intacta.  


«Al mismo tiempo, lo que empezaba a tener claro era hasta qué puntos los humanos, en su obsesión por evitar la soledad, hacían maniobras que resultaban muy complejas y difíciles de entender».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Stephen King - Billy Summers

lunes, 21 de febrero de 2022



Título original: Billy Summers
Traducción: Carlos Milla Soler
Año: 2021
Edición:  Plaza & Janés (2021)
Páginas: 648


En su último trabajo, Stephen King (Maine, 1947) aparca ese terror sobrenatural al que nos tiene acostumbrados y se aventura en el trepidante terreno del thriller —camino ya transitado en otros títulos como Mr. Mercedes— imprimiendo, claro está, su particular giro de tuerca. Billy Summers, protagonista de la novela homónima, es un exmarine estadounidense que en sus ratos libres practica el noble arte del asesinato. Billy, al más puro estilo Dexter Morgan, solo se encarga de liquidar a lo que el llama «hombres malos»: criminales, violadores y demás escoria humana que escapa al control del sistema judicial. Y ahora que está finiquitando los detalles de su jubilación, Billy recibe un último encargo que, sin saberlo, va a poner en peligro no solo su impecable carrera como francotirador fugitivo, sino también su propia vida. 

Bajo la identidad de un escritor aficionado llamado David Lockridge, Billy Summers se infiltra en la comunidad donde va a ser ejecutada su siguiente víctima. Los lazos de amistad y camaradería que va entablando con sus nuevos vecinos hacen que Billy cometa alguna que otra torpeza, nada que un exsoldado con un arsenal de recursos a su disposición no pueda solventar. Sin embargo, calzar durante demasiado tiempo unas botas que no son las suyas provoca que a Billy Summers lo acabe engullendo su propio personaje: picado por una repentina pulsión a medio camino entre la curiosidad y el anhelo, Billy decide mimetizarse con el papel que interpreta y comienza a plasmar por escrito un brutal episodio de su niñez que desembocará en la crónica de sus incursiones militares en Faluya durante la guerra de Irak. Así, Stephen King explora mediante un sugerente juego de espejos la función de la literatura como método de exorcismo. Y es aquí donde la novela definitivamente trasciende el mero relato de suspense y se adentra en una narración tan ingeniosa como polifacética.

King ha vuelto a crear un personaje icónico sin apenas despeinarse. Prodigio del camuflaje cibernético y apasionado de la novela naturalista —Billy va siempre acompañado por un ejemplar de Thérèse Raquin—, Summers es un carismático antihéroe a quien su capacidad para ir un paso por delante de sus enemigos no le impide ser víctima de vertiginosos imprevistos ni de perturbadores traumas del pasado. El ritmo de la narración es apasionante, como viene siendo costumbre en King, a pesar de que el recorrido de la trama y los sucesivos giros argumentales sean fácilmente discernibles para los Lectores Constantes del autor. Sin ser una de sus obras más sobresalientes, Billy Summers es una metanovela contundente, sólida y muy entretenida —mantiene el tipo durante sus más de 600 páginas—, en la que King da rienda suelta a su mordaz estilo, rematando la faena con un final extraordinario que deja en ridículo a quienes le acusan de no saber acabar sus historias.


«Piensa que escribir es también una especie de guerra, una en la que el autor lucha contra sí mismo. El relato es aquello que llevas y cada vez que añades algo pesa más».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Tatiana Țîbuleac - El jardín de vidrio

martes, 15 de febrero de 2022



Título original: Grădina de sticlă
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año: 2018
Edición:  Impedimenta (2021)
Páginas: 376


Cuenta la propia autora en el prólogo a la edición española que tal vez El jardín de vidrio «sea un hito en un camino muy largo y accidentado. O tal vez sea un mapa». Y es que el regreso de Tatiana Țîbuleac (Chisinau, 1978) tras deslumbrar con El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes no es sino literatura entendida como herramienta de búsqueda, la pulsión de encontrar tu espacio en un mundo que te repudia cruelmente sin motivo alguno.

Basada en las propias —y terribles— experiencias de la autora, El jardín de vidrio nos pone en la piel de Lastochka, una niña huérfana que es rescatada del orfanato en el que convive diariamente con el horror por una mujer llamada Tamara Pavlovna. Bajo su particular tutela a base de correctivos físicos, Lastochka se gana la vida recogiendo botellas por las calles de la capital moldava, encontrando a su paso un variopinto conglomerado de putas, alcohólicos, enfermos y lisiados que constituyen lo más parecido al concepto de familia que Lastochka ha conocido nunca.

En cada capítulo, breve y violento como una puñalada, Tatiana Țîbuleac esboza un brochazo impresionista del ocaso soviético en el que le ha tocado desenvolverse a la protagonista, relatando escenas de auténtico terror doméstico con su estilo poético y crepuscular tan característico. Al son de Chernóbil y la perestroika, la narración sigue una cronología desbaratada, intercalando episodios de la infancia de Lastochka con acontecimientos posteriores en los que observamos fugazmente su formación como médico o conocemos el destino aciago de muchos personajes. A veces una bofetada nos devuelve al presente, desde el que la narradora, convertida en madre de una criatura maltrecha y abandonada por su pareja, carga contra la indignidad de unos padres invisibles que se deshicieron de ella a muy corta edad.

A pesar de su naturaleza trágica y sus reminiscencias a drama dickensiano, El jardín de vidrio es una novela plagada de momentos absolutamente luminosos y conmovedores. La «perra salvaje» de Lastochka es capaz de pegar unas terribles dentelladas, pero no renuncia a conservar cierto grado de ingenuidad y pureza. El lenguaje es, y no solo en su aspecto formal, uno de los grandes pivotes de la novela. Lastochka, como la propia Țîbuleac, sufre en sus carnes un conflicto de identidad generado por la convivencia en su fuero interno de tres idiomas y dos alfabetos. ¿Se puede amar una lengua aprendida a mamporrazos? ¿Se puede amar, siquiera, en un mundo desprovisto de compasión por sus vástagos más desprotegidos y frágiles? Sensible y caleidoscópica, emotiva y demoledora a partes iguales, El jardín de vidrio muestra con rotunda claridad toda la luz que pueden reflejar los cristales rotos.


«Antes que vivir con vergüenza, Lastochka, mejor vivir con dolor. [...] La vergüenza no te quita nada, te añade algo. Se te clava como una astilla y te llena de pus. La aceptas un segundo y no se olvida de ti por los siglos de los siglos. Te salta al cuello, se te encarama, y ni la muerte te saca de debajo de su pie diabólico.»


PUNTUACIÓN: 

Sally Rooney - Dónde estás, mundo bello

lunes, 14 de febrero de 2022



Título original:  Beautiful World, Where Are You
Traducción: Inga Pellisa
Año: 2021
Edición: Literatura Random House (2021)
Páginas: 328


Cuando leí el debut de Sally Rooney (Castlebar, 1991) en 2018 no me podía llegar a imaginar el fenómeno de masas en el que se acabaría convirtiendo aquella jovencísima y desconocida autora de Conversaciones entre amigos. 4 años y solo otra novela después, aquí estamos, analizando las claves del éxito de una Rooney que, convertida ya en indiscutible estrella del firmamento literario e icono millennial, ha conseguido que su tercer trabajo sea considerado como uno de los acontecimientos editoriales más importantes del año. ¿Ha llegado Sally Rooney para destronar a Hannah Horvath como la voz de una generación? Solo el tiempo dará la respuesta, pero lo que me parece estar fuera de toda discusión es que la narrativa de Sally Rooney, con su asombrosa facilidad para plasmar nuestro paradigma existencial, logra conectar con los sentimientos y preocupaciones más acuciantes de una juventud desencantada y falta de expectativas. 

Y es que los personajes de Dónde estás, mundo bello (título inspirado en un poema de Friedrich Schiller), a pesar de sus circunstancias y antecedentes dispares, coinciden en una turbulenta encrucijada de incertidumbre vital. Alice, que bien podría ser un trasunto literario de la propia Rooney, es una joven escritora que ha dado el pelotazo después de solo dos novelas —adaptación cinematográfica incluida— y que ha huido de su Dubín natal para escapar del bloqueo creativo en el que se halla inmersa. Durante su abrupto retiro en la costa irlandesa, Alice conoce a un chico llamado Felix con el que entabla una dinámica algo tóxica, repleta de equívocos y malentendidos que la hacen cuestionar su capacidad para los afectos. A su vez, Alice mantiene una relación de correspondencia vía e-mail con su amiga de la infancia Eileen, asistente de una revista literaria que, a punto de entrar en la treintena, acaba de sufrir un duro revés emocional justo cuando percibe que su trayectoria profesional parece estar diluyéndose en un futuro incierto. Para colmo, Simon, un viejo conocido de la familia que compagina su labor como asesor parlamentario con las inquietudes espirituales, reaparece en la vida de Eileen para remover asuntos no resueltos del pasado. 

A través de estos cuatro individuos, Sally Rooney construye una ficción de tintes novelescos que gira en torno al amor, la amistad, el sexo con lágrimas y un sinfín de exabruptos emocionales cargados de crítica social y perspectiva de clase. Tanto Eileen como Alice, cuyo sutil distanciamiento es uno de los focos de tensión sobre los que se apoya la historia, sostienen opiniones contundentes sobre temas políticos, religiosos y económicos de candente actualidad. Sin embargo, pronto llegan a cuestionarse la utilidad de mantener ciertas posturas ideológicas cuando ahí fuera, el mundo real parece abocado al desastre. Sugerente, irónica e inesperadamente divertida, Dónde estás, mundo bello es una novela repleta de reflexiones interesantes sobre la condición del mundo contemporáneo, una novela conmovedora e inteligente, de una intimidad casi incómoda, que ahonda en la psicología de los personajes con la precisión de un escalpelo, pero sin renunciar en ningún momento a la bondad, la ternura y la empatía. Ambientada durante los últimos coletazos de un mundo prepandemia que contemplaba, sin saberlo, la llegada del Apocalipsis, la novela de Rooney parece, si no un fiel reflejo, una aciaga precursora de los tiempos que nos ha tocado vivir y de su desazón endémica. Léanla, no es momento de renunciar a tanta belleza. 


«Supongo que podríamos decir que las antiguas formas de estar juntos eran erradas —¡lo eran!— y que no queríamos repetir los mismos errores de siempre —¡no queríamos!—, pero cuando derribamos lo que nos tenía aprisionados, ¿con qué pensábamos reemplazarlo?»


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Lionel Shriver - Propiedad privada

viernes, 12 de febrero de 2021



Título original:  Property. Stories Between Two Novellas.
Traducción: Daniel Najmías
Año: 2018
Edición: Anagrama(2020)
Páginas: 408


Quien haya leído la conocida novela de Lionel Shriver Tenemos que hablar de Kevin tiene idea de lo mordaz y ridículamente sangrante que puede llegar a ser la escritora norteamericana cuando se lo propone. En su nueva colección de relatos, Shriver (Carolina del Norte, 1957) articula una serie de sobresalientes piezas narrativas que giran en torno al concepto de propiedad, bien inmobiliaria o bien sentimental, y deja claro que no ha perdido ni un ápice de su particular derechazo.

En la novela corta «La araña de pie» Shriver disecciona la relación de Jillian y Weston, dos amigos con un alto grado de complicidad y que en el pasado mantuvieron un breve idilio, mientras se pregunta hasta qué punto una relación en apariencia inquebrantable puede soportar el peso de los celos. «El falso plátano autógamo» es un entrañable cuento sobre una mujer que trata de digerir la muerte de su marido mientras arregla el jardín en el que trabajaba, ahora totalmente descuidado,  y que se topará con un obstáculo enraizado en una parcela contigua.  En «Terrorismo doméstico» unos padres deciden que es hora de echar a su hijo treintañero de casa, mientras que en «Cartas robadas» un funcionario de Correos propicia un encuentro con una desconocida después de fisgonear en la correspondencia ajena.

«Tipos de cambio» explora, bajo la sombra de un cheque sin cobrar, la complicada relación de un padre con su hijo; por su parte, «Kilifi Creek», sin duda uno de los relatos más singulares de la colección, narra las peripecias africanas de una joven con flagrante exceso de confianza. Una muestra asombrosa del manejo que hace Shriver de la tensión narrativa y que deriva en una escalofriante composición de terror psicológico. Shriver realiza una hilarante y maquiavélica aproximación a lo sobrenatural en «Recuperación de una propiedad ejecutada», en el que la nueva inquilina de una casa sufrirá el acoso de su antigua dueña. En «Alimañas», una pareja de artistas descubre que una familia de mapaches se ha instalado en un hueco de su edificio, mientras que en «Del paraíso a la perdición», un ejecutivo se pega la vida padre en una isla remota tras cometer un desfalco multimillonario. Pone el broche final a la colección «La Realquilada», en el que Shriver ahonda con abrumadora erudición en el conflicto irlandés al tiempo que Sara, su protagonista, trata sin éxito de desalojar a una compañera de piso. 

Por mucho que se repitan algunos motivos argumentales a lo largo de estas doce historias, la escritura de Shriver te pilla siempre con la guardia baja. Sus personajes son fierecillas aparentemente inofensivas que sacan las uñas cuando un extraño se atreve a cruzar las lindes de su terreno. Haciendo gala de un estilo afilado, prolijo y plagado de sarcasmo y exquisito humor negro, Shriver explora como pocos autores contemporáneos lo saben hacer esa respuesta primitiva del ser humano a la transgresión de su patrimonio. En un tono que podría considerarse admonitorio si no se percibiera el retorcido deleite de la autora ante los dilemas de sus personajes, Shriver airea a lo largo de Propiedad privada todo tipo de rencillas familiares, conflictos de pareja, desacuerdos entre vecinos y disputas territoriales con brutal mala leche y un delicioso sentido del espectáculo. La brecha generacional, la precariedad laboral y económica o el desgaste causado por la convivencia son algunos de los temas recurrentes que Shriver aborda en este libro y que identifica como la fuente de distintos malestares capaces de escalar y convertirse en auténticas declaraciones de guerra. Propiedad privada: léanlo. Y pónganse a cubierto.


«No cabía duda de que cualquier lugar de mala muerte podía parecer impagable siempre y cuando otro pánfilo estuviera dispuesto a disputártelo.»


PUNTUACIÓN: 

 
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