Reseñas breves [73-75]

lunes, 16 de febrero de 2015

Montauk, Max Frisch
DeBolsillo - 152 páginas - ★★

Puede que no fuera su faceta de escritor una inspiración puramente vocacional, pero lo cierto es que Max Frisch es considerado hoy día uno de los autores contemporáneos más influyentes de la literatura alemana. Producto de su larga trayectoria profesional e incluso vital nace esta novela experimental, de carácter autobiográfico y abiertamente estético en la que Frisch desmitifica un sinfín de escenas, imágenes y conversaciones aparentemente aleatorias que van desde lo anecdótico hasta lo trascendental. Narrada por un escritor famoso que se encuentra de gira promocional por Estados Unidos e inicia un apasionado romance con una empleada de su editorial, Montauk es una emotiva reflexión que versa sobre el amor, la amistad, el trabajo de escritor y la primacía del recuerdo frente a la extenuante vorágine del día a día. A lo largo de sus páginas, el narrador va desgranando los aspectos más relevantes de su vida con una nostalgia y melancolía palpables, amén de un refinado estilo que en ausencia de alicientes argumentales se acaba convirtiendo en la mejor parte de una historia demasiado peregrina para mi gusto. Salpicada de momentos realmente memorables, la obra del autor de origen suizo no consigue, sin embargo, trascender ningún tipo de experiencia literaria previa ni conmover por medio de sus hermosas e inconexas ideas. Para ser sinceros, no es que fuera la de Frisch una historia excesivamente emocionante.


La pandilla de Asakusa, Yasunari Kawabata
Seix Barral - 296 páginas - ★★½

Leer a Yasunari Kawabata siempre es un placer... pero a decir verdad, no es esta su novela más afortunada. De hecho, es una de las más tempranas y experimentales, una narración modernista y muy fragmentada que nos lleva a pasear por las sórdidas callejuelas del barrio de Asakusa (escenario de importancia fundamental en la vida del autor) en compañía de personajes rocambolescos y lugares de una belleza tóxica. Una de las cosas que más llaman la atención de esta obra es su carácter multidisciplinar, la gran variedad de narradores que parecen ir repartiéndose la historia por turnos y la aparente ausencia de un hilo conductor sólido que mantenga aglutinada la trama. Kawabata consigue capturar a la perfección el modo en que las bulliciosas y ajetreadas calles de Asakusa se disputan en todo momento nuestra atención mediante sus sonoros reclamos, desplazando el foco narrativo hacia un lado u otro a medida que surgen de entre sus resquicios diferentes personajes y anécdotas. Sí, La pandilla de Asakusa evidencia de manera prematura el inconfundible sello personal de Kawabata, pero también carece por completo de la complejidad, la resonancia estilística y las hermosas imágenes narrativas de otros trabajos posteriores como País de nieve, Lo bello y lo triste, Mil grullas o La casa de las bellas durmientes. Aún así, sigue siento una lectura no exenta de cierto encanto que los ya acostumbrados a la prosa de Kawabata sabrán reconocer en algún capítulo que otro. 


A ciegas, Josh Malerman
Minotauro - 288 páginas - ★★

Josh Malerman se presenta en el mundo editorial con una de las propuestas más atractivas y prometedoras que he tenido el placer de leer en mucho tiempo... y también una de las peor ejecutadas. Parte de un escenario opresivo y paranoico en el que un desconocido incidente de carácter viral está provocando que gente alrededor de todo el globo enloquezca sin razón aparente y decida atacar a otras personas o a sí mismas. Dicho fenómeno pasará con el tiempo a convertirse en objeto de especulaciones tan variadas como pintorescas, llegándose a la conclusión de que la mejor opción para evitar ponerse en contacto con el misterioso suceso (proveniente de no se sabe dónde) es ponerse una venda en los ojos de manera indefinida. De esta manera, Malerman va relatando el inquietante proceso de degeneración sensorial (y social) al que se ve sometido un pequeño grupo de personajes encerrados en una siniestra cabaña. La novela consta además de una línea temporal paralela que se desarrolla tres años más tarde y que está protagonizada por Malorie, una de las personas que residían en la mencionada cabaña, y sus dos hijos, a los que ha adiestrado de manera concienzuda (y bastante inverosímil, por qué no decirlo) para que sepan desenvolverse en el mundo inhóspito que les rodea sin tener que recurrir al sentido de la vista. Y poco más se puede contar de la novela porque poco más ocurre en ella. Aunque consta de algunos pasajes escabrosos y momentos bastantes logrados, la sensación general que transmite A ciegas no es ni mucho menos la de ser una novela de terror, sino más bien un pastiche pop de ideas recicladas y sustos de pacotilla que se sustenta única y exclusivamente en la poca información manejada por el lector (información que en última instancia revela ser de una inutilidad estupefaciente). 'Pasable' como poco, 'entretenida' como mucho; A ciegas es una novela estándar, básica, superficial, sin nada nuevo que ofrecer a pesar de su enorme potencial.



Reseña "Grasshopper Jungle"

domingo, 15 de febrero de 2015

Título: Grasshopper Jungle
Autor: Andrew Smith
Año: 2014
Editorial: Dutton Books
Páginas: 432
Precio: 10.99 $

Sixteen-year-old Austin Szerba interweaves the story of his Polish legacy with the story of how he and his best friend , Robby, brought about the end of humanity and the rise of an army of unstoppable, six-foot tall praying mantises in small-town Iowa.
To make matters worse, Austin's hormones are totally oblivious; they don't care that the world is in utter chaos: Austin is in love with his girlfriend, Shann, but remains confused about his sexual orientation. He's stewing in a self-professed constant state of maximum horniness, directed at both Robby and Shann. Ultimately, it's up to Austin to save the world and propagate the species in this sci-fright journey of survival, sex, and the complex realities of the human condition.


La de Andrew Smith es con toda seguridad una de las apuestas narrativas más valientes, excitantes y arriesgadas que se han publicado en nuestro país dentro de la literatura juvenil (y no ese bodrio inútil que es Prohibido). Mucha gente sucumbirá ante la tentación de ir corriendo a descalificar el tono subversivo, vulgar, grosero y deliberadamente repetitivo que con alarmante frecuencia emplea Andrew Smith a lo largo de Grasshopper Jungle, pero lo cierto es que estarán pasando por alto el valor de su arrolladora autenticidad y la inconfundible impronta de su estilo propio. Pero no adelantemos acontecimientos. La historia principal de Grasshopper Jungle (traducido en nuestro país por la editorial Hidra como Jungla de saltamontes) narra las desventuras de un trío adolescente sexualmente confuso que intenta sobrevivir a un extraño apocalipsis desatado por mantis gigantes mientras el resto de la ciudad permanece ajena a su inminente extinción. ¿Interesante o no? Sin embargo, la cantidad de hilos argumentales secundarios que surgen a partir de esa llamativa premisa resulta tan caótica como fecunda y consigue que te acabes replanteando el verdadero propósito de Andrew Smith a la hora de escribir esta novela. El propio autor describe mediante esta bellísima comparación la laberíntica estructura que sigue la obra:

I love how you tell stories. I love how, whenever you tell me a story, you go backwards and forwards and tell me everything else that could possibly be happening in every direction, like an explosion. Like a flower blooming.

Así, como una explosión, como una flor que se abre en todas direcciones, el protagonista, Austin Szerba, emprende una interesante labor de espeleología narrativa (a priori, imposible de realizar) que es más bien una reconstrucción fehaciente de todo lo que ha ido sucediendo de manera simultánea en aquellos lugares relacionados de un modo u otro con la horda de bichos antropófagos que están arrasando la pequeña ciudad de Iowa donde él mismo reside. Gracias a la ubicuidad artificial de Austin (característica que está muy bien explicada en la novela) conoceremos una gran multitud de historias, actuales o provenientes de otras épocas, que poco a poco irán revelando su conexión con la trama principal. Pero, lo que es aún más destacable, Grasshopper Jungle consigue retratar con lacerante franqueza los (a veces repulsivos, a veces incomprensibles) recovecos de la juventud y de sus inherentes impulsos sexuales, explorando abiertamente los deseos y curiosidades más perversos de los personajes mediante un lenguaje que sobrepasa lo explícito y roza lo morboso. Por eso, no es de extrañar que veamos al protagonista pensando constantemente en imágenes de índole sexual, besando a otro chico, haciendo un trío con su novia y su mejor amigo, frecuentando locales de dudosa reputación, palpando la textura de sus testículos o recreándose en fantasías de todo tipo. Aún así, más allá de su lado oscuro y sórdido, la novela de Smith es un magnífico estudio sobre el amor, la amistad y la identidad, sobre la pérdida de contacto con la realidad y la alienación que pudiera sucedernos a cada uno en circunstancias extremas donde no hay espacio para reflexionar en todos los cambios que se están produciendo a nuestro alrededor. En ese sentido, Grasshopper Jungle deja muy a las claras que no hacen falta peligrosas radiaciones nucleares, erupciones volcánicas ni gigantescas monstruosidades transgénicas para experimentar de primera mano el horror de ver el mundo enloquecer y desmoronarse hasta sus últimas consecuencias. Todos hemos tenido que lidiar con nuestro propio apocalipsis al entrar en la adolescencia.



Reseña "Los lanzallamas"

miércoles, 11 de febrero de 2015

Título: Los lanzallamas
Autora: Rachel Kushner
Año: 2014
Editorial: Galaxia Gutenberg
Páginas: 432
Precio: 22.00 €

Dos escenarios: el Nueva York de los años setenta, una ciudad sin dinero, despojada de su base industrial, llena de basura, cuyas áreas del centro se convirtieron en zonas abandonadas, llenas de artistas, delincuentes y adinerados en busca de emociones extremas; y la Italia de 1977, cuando la juventud se radicalizaba enfrentada a todo hasta llegar al terrorismo de las Brigadas Rojas.
Y una protagonista: una chica apasionada por las motos, que quiere ser artista y a quien todo el mundo traiciona.
Los lanzallamas comienza con un asesinato y acaba con una desaparición. Entre uno y otra, Reno, su protagonista, va dando bandazos entre preguntas incómodas sobre la libertad y el sentido de las cosas, el poder y la identidad, las graves consecuencias de las acciones políticas y el material insignificante con el que componemos nuestras vidas. Historia de amor y novela de formación a la vez, Los lanzallamas es una obra profunda y radical, fascinante y conmovedora que sigue relampagueando en la mente del lector meses después de terminada su lectura.


Con más o menos ímpetu, aquí todos hemos sido advertidos de los peligros que tiene jugar con fuego. Aprendemos a través de la experiencia que prender una llama puede provocar graves quemaduras; somos conscientes de su gran capacidad para hacer la materia desaparecer. En ese sentido, la segunda novela de Rachel Kushner es material de alto contenido inflamable. Finalista en el año 2013 del National Book Award, Los lanzallamas es una obra ardiente y explosiva, un festival de pirotecnia narrativa al que nadie en su sano juicio se atrevería a acercarse con una cerilla. Sin embargo, con frecuencia tendemos a olvidar que el fuego también renueva y purifica; que, adoptando ciertas medidas preventivas, el más virulento estallido puede convertirse en un hermoso e imponente espectáculo digno de admiración. Por eso, para sacar el máximo partido a la extraordinaria novela de Kushner, es necesario realizar ciertas aclaraciones previas: primero, que no estamos ante una novela convencional. No narra una historia, sino dos; varias más, quizá. No sigue los restrictivos dictados de una cronología habitual. No se deja domar fácilmente. De hecho, cualquier atisbo de normalidad y sentido común, el más mínimo rastro de similaridad que puedas establecer con otras novelas, es lo que menos tarda en arder entre las páginas de Los lanzallamas. Todo reducido a un humeante montón de cenizas.

Segundo, no has de fiarte por completo de lo que cuenta. Rachel Kushner juega constantemente con la verdad y la mentira, con la fantasía y el delirio, para configurar el relato global de un paisaje narrativo fragmentado hasta la médula. Y se divierte mucho con ello. Bajo el apasionado romance de su protagonista -una estudiante de Bellas Artes y enamorada de las motos apodada Reno- con un seductor activista italiano, subyace una auténtica plétora de historias que se bifurcan adelante y atrás en el tiempo como distintos focos de un incontrolable incendio. Así, a modo de extraña mezcla entre reconstrucción histórica y novela de iniciación, Los lanzallamas nos conduce por el rocambolesco y decadente escenario artístico de Nueva York a finales de los años 70, así como por las calles de una Roma agitada por las revueltas estudiantiles, cada vez más inclinadas hacia un radicalismo político casi imposible de contener. A lo largo de sus páginas irán desfilando una serie de personajes cada cual más fascinante y carismático que el anterior, entre los que destaca especialmente la joven Reno, una muchacha idealista, impetuosa y de carácter un tanto trágico cuya ingenuidad en el terreno amoroso le causará más de un quebradero de cabeza. Y es que el enorme talento de Rachel Kushner a la hora de escribir reside no solo en su capacidad para dotar a sus personajes de una fuerza y voluntad arrolladoras, sino también en la potencia y mordacidad de sus diálogos, en la facilidad que tiene para ir salpicando el relato de frases (o incluso párrafos) absolutamente memorables o en el extraordinario acompañamiento musical del que goza en todo momento la narración: rugido de motores, chillido de llantas sobre el asfalto, la vida que pasa a nuestro lado como un proyectil imparable a punto de explotar. El resultado, desde luego, no puede ser más brillante. Así que id a por Los lanzallamas. Sin reparos, sin titubeos, sin dudas ni contemplaciones. Toda esa dinamita no puede quedarse dentro.



Reseña "El marciano"

martes, 10 de febrero de 2015

Título: El marciano
Autor: Andy Weir
Año: 2014
Editorial: Ediciones B
Páginas: 408
Precio: 21.00 €

Seis días atrás el astronauta Mark Watney se convirtió en uno de los primeros hombres  en caminar por la superficie de Marte. Ahora está seguro de que será el primer hombre en morir allí. La tripulación de la nave en que viajaba se ve obligada a evacuar el planeta a causa de una tormenta de polvo, dejando atrás a Mark tras darlo por muerto. Pero él está  vivo, y atrapado a millones de kilómetros de cualquier ser humano, sin posibilidad  de enviar señales a la Tierra. De todos modos, si lograra establecer conexión, moriría mucho antes de que el rescate llegara.
Sin embargo, Mark no se da por vencido; armado con su ingenio, sus habilidades y sus conocimientos sobre botánica, se enfrentará a obstáculos aparentemente insuperables.
Por suerte, el sentido del humor resultará ser su mayor fuente de fuerza. Obstinado en seguir con vida, incubará un plan absolutamente demencial para ponerse en contacto con la NASA.


Tengo la sensación de haber leído esta novela bajo los azotes de una huracanada tormenta de polvo. De haber sufrido interferencias, oleadas de ruido blanco, un error fatal en la transmisión. Algo debe de andar funcionando muy mal en mis mecanismos receptivos cuando casi todo el mundo dice ver en esta novela una de las mayores aportaciones que se han hecho al género de la ciencia ficción en los últimos años y yo, por más empeño que le pongo, solo logro divisar los borrosos contornos de su supuesta grandeza. ¿Qué lugar en la historia puede ocupar una obra que aparta a un lado cualquier atisbo de espíritu especulativo, que se deja arrastrar por un esquema narrativo previsible y formulario, que pierde la complicidad emocional con el lector a pasos agigantados tal y como pierde combustible inútilmente una nave sin rumbo? Uno no muy distinguido, me imagino. No obstante, no hay por qué abortar misión antes de tiempo. No apretéis el botón rojo demasiado pronto. El marciano errante de Andy Weir guarda un par de trucos en la manga de su traje aeroespacial, unos cuantos movimientos inesperados que hacen del debut novelístico del escritor norteamericano un producto de entretenimiento bastante respetable, aun cuando falla en su propósito de hacerse destacar.

En primer lugar, El marciano se trata de una novela tremendamente adictiva. Y no en el sentido de ligera, rápida o vertiginosa. Al contrario, Andy Weir nos sorprende nada más empezar con un imponente mazacote de datos técnicos sobre campos como la ingeniería, botánica o el siempre interesante universo de las reacciones químicas que, si bien sorprende y estimula a un lector familiarizado con dichas materias, pudiera resultar demasiado agobiante para alguien primerizo por su exhaustiva minuciosidad. Abandonado en la superficie del planeta rojo por su compañeros de misión y dado en consecuencia por muerto, el protagonista de El marciano va anotando en distintas entradas de diario sus intentos desesperados de sobrevivir en un entorno tan extremo y hostil mientras trata de hallar un modo con el que ponerse en contacto de nuevo con la Tierra. Y es sobre todo esa componente de máximo riesgo que nunca nos abandona y ese ritmo -casi taquicárdico- propio de una novela de aventuras lo que hace de El marciano una lectura indudablemente absorbente y entretenida (en su mayor parte). Sin embargo, esta característica, en principio positiva, acaba convirtiéndose en una espada de doble filo al no saber el autor dosificar las consecuencias de cada nuevo giro y de cada nuevo imprevisto, dando al final la sensación de que el náufrago intergaláctico de Weir nunca llega a estar en verdadero peligro. Hablando por cierto del protagonista, es este momento de confesar que pocas veces he tenido el placer de sufrir el incesante martilleo de una voz narrativa tan irritante y sobreactuada. Para ser un personaje que aguanta tanto peso dentro de la trama, Mark Watney es un tipo de lo más cargante y ni siquiera goza de una caracterización profunda (parece que solo le gusta contar chistes fáciles y poco más), sino que se limita a resolver con una desapasionada frialdad los problemas de índole logística que se le van presentando. Y el final... dios mío, qué final tan apresurado y anticlimático. Una conclusión buenrollista, tan esperanzadora como inverosímil, que viene a ensalzar... ¿qué? ¿La bondad ontológica del ser humano? ¿La necesidad de crear un programa espacial cooperativo que involucre a todas las naciones del mundo? No lo sé, en realidad. Supongo que será otra de las cosas que se me han quedado colgadas de esta novela, de este Robinson Crusoe made in NASA que sin duda alguna podría haber dado mucho más de sí.



IMM 59#

domingo, 8 de febrero de 2015




Lo sé. Lo reconozco. Llevo durante mucho tiempo viviendo inmerso en una especie de lapsus necesario, un período sabático durante el cual he decidido prescindir del estímulo visual al que por aquí estábamos todos acostumbrados. Han pasado dos meses desde la última vez que hice inventario de mis adquisiciones literarias, pero lo cierto es que ahora tengo material suficiente como para resarcirme y publicar de un solo golpe varias ediciones de esta veterana sección. Sin embargo, no voy a hacerlo. No, no voy a transigir. No voy a tirar por la borda toda esa contención que tanto trabajo me ha costado cultivar. No quiero acaparar vuestra valiosa atención con toneladas de libros bonitos o con párrafos repletos de frases rimbombantes. No os quiero ruborizar en público ni haceros tartamudear. Así que no esperéis encontrar gran cosa. Al menos, no todavía. Pues, como se suele decir, esto no ha hecho más que empezar:




1. Las buenas intenciones, Amity Gaige: Aunque poco elegante, darse a la fuga es solo otra forma de afrontar los problemas. Huir, perderse, evaporarse, desaparecer. Todo está permitido si se persigue una buena causa. Nada es reprochable si en realidad lo que cuenta es la intención con que se hace. Al menos, ese es el argumento que esgrime en esta aclamada novela la escritora norteamericana Amity Gaige, quien ha realizado un desesperado y emocionante viaje por la memoria en el que su protagonista narra, ya desde la cárcel, los motivos que lo condujeron a transgredir la ley secuestrando a su propia hija.  

2. Pista negra, Antonio Manzini: La colección Salamandra Black va creciendo poco a poco con títulos que no solo conforman una apuesta coherente y sólida, sino que parecen ir incrementando en calidad sin ningún tipo de obstáculo. El cuarto componente de este sello es el primero de los casos protagonizado por el subjefe de policía Rocco Schiavone, personaje caracterizado -según dicen- por su irresistible carisma y su inteligencia supina. 




3. Pastoral americana, Philip Roth: Alguien debería consultar cuál es el mayor número de libros escritos por Philip Roth que alguien tiene en casa sin leer porque existen posibilidades bastante amplias de que el próximo año veáis mi cara estampada en el Libro Guinness de los Records. Afortunadamente, Pastoral americana es el título escogido por los integrantes del Man Pulitzer Book Award para leer durante el mes de febrero, por lo que ya tengo excusa perfecta para estrenarme con la obra de un autor que comparte con Murakami la desdicha de ser eterno candidato al Nobel. 

4. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, David Foster Wallace: O cómo un gigantesco crucero de recreo puede convertirse en la mayor pesadilla lúdica de toda la historia y de paso servir como inspiración para el afilado y subversivo intelecto del escritor norteamericano que más está rentabilizando su trágico fallecimiento. Sea como sea, Foster Wallace es siempre una apuesta segura, y teniendo en cuenta que me he embarcado en un proyecto para leer toda su obra en 2015, la adquisición de este ejemplar estaba más que confirmada.




5. Vampiros y limones, Karen Russell: Sin duda, una de las mejores y más estimulantes colecciones de relatos que he leído en mucho tiempo. La fértil imaginación de Karen Russell es un descontrolado tiovivo de luces y colores donde las ideas más extravagantes se ponen a dar vueltas y más vueltas hasta adquirir un carácter de lo más retorcido. Ocho cuentos extraordinarios que ahondan en lo cotidiano y hablan de la naturaleza humana a través de criaturas mitológicas. Sencillamente imprescindible.

6. El libro de Jonah, Joshua Max Feldman: El primer asteroide de 2015 cae con rotundidad sobre la ciudad de Nueva York y sus tempestuosos vendavales empresariales. Joshua Max Feldman debuta con una divertida fábula de resonancias bíblicas en la que su protagonista trata por todos los medios de sobrevivir en un mar plagado de tiburones mientras una serie de alucinaciones amenazan con convertirlo en una especie de profeta moderno. ¿Puede tener mejor pinta? No lo creo.




7. Asedio y tormenta, Leigh Bardugo: Sombra y hueso es una novela que me gustó mucho y de la que guardo un recuerdo casi impecable. Me lo acabé prácticamente de una sentada y además figura entre mis mejores lecturas de 2013, así que era de esperar que acabara comprando su continuación, ambientada en el mismo universo oscuro, tétrico y de evidentes influencias soviéticas que su predecesora. Si se parece en algo a la primera parte, Asedio y tormenta promete estar plagada de acción, magia, aventuras y criaturas fantásticas, combinación irresistible donde las haya.

8. Seraphina, Rachel Hartman: Justo cuando pensaba tener superada la etapa de los dragones, va Nocturna y publica este libro extraordinariamente bonito que ha hecho reavivar el fuego de dichas criaturas legendarias. En su interior, Rachel Hartman nos descubre un fascinante universo donde dragones y humanos conviven en una frágil tranquilidad... situación que está a punto de cambiar cuando la joven protagonista descubra que un miembro de la familia real ha sido asesinado. 




9. Lo que dijo Harriet, Beryl Bainbridge: Si hay algo que me impulsa irremediablemente a poner la mirilla sobre un cierto libro es que este lleve puesto encima la etiqueta de 'controvertido'. Siento una terrible e insana fascinación -restringida al ámbito literario, eso sí- por temas que el más común de los humanos no dudaría en describir como sórdidos, desagradables o repulsivos. Lo siento, no lo puedo evitar. Por eso, teniendo en cuenta que Lo que dijo Harriet reúne todos esos calificativos y que incluso tuvo dificultades en su época para ser publicado, me resultaba inconcebible pasar por alto esta inquietante novela basada en un caso real de dos niñas que seducen a un hombre mayor y acaban siendo cómplices de un horrible crimen.

10. El Levante, Mircea Cărtărescu: No creo estar equivocado cuando digo que Cărtărescu es el escritor rumano de mayor trascendencia en nuestro país. Al buen puñado de obras que ya tiene editadas en España por la editorial Impedimenta, este mes se une El Levante, una ambiciosa epopeya de resonancias homéricas y deudora del Ulises de Joyce que realiza un interesante recorrido por la historia de la literatura rumana. 




11. La trama nupcial, Jeffrey Eugenides: Aunque al principio sea duro de asimilar, todos los indicios señalan que existe una regla de proporcionalidad inversa entre la calidad de un novelista y el número de obras que tiene publicadas. Pensad en Jeffrey Eugenides. Pensad en Donna Tartt. ¿Es casualidad que en ambos casos el lanzamiento de cada obra se produzca con la frecuencia de una conjunción astral? ¿Tiene cualquier otro escritor la capacidad de provocar taquicardias, desmayos y sudoraciones incontrolables con tanta facilidad? Lo dudo mucho. Por eso, no es de extrañar que cada nuevo título que saca Eugenides al mercado sea recibido con los honores propios de un héroe militar. No te sientas raro si al coger uno de sus libros notas que todo gira más rápido a tu alrededor, si todo te aísla. No eres el único que oye un tímido susurro provocado por el roce de sus páginas; una suave e hipnótica voz que suplica: quédate. A sus órdenes, señor Eugenides. 

12. Franny y Zooey, J.D. Salinger: No hay nada mejor en esta vida que ser adolescente, estar enfurecido y leer a Salinger. El autor norteamericano ejemplifica de manera perfecta ese tipo de escritor del que habla Holden Caulfield en El guardián entre el centeno, de esos a los que te gustaría poder llamar 'amigo' y telefonear cuando más quisieras. Porque sí, porque Salinger sabe captar con una asombrosa economía de recursos la rebeldía intrínseca, la apasionada dedicación con que se puede acometer una tarea, la disconformidad universal, las irritantes contradicciones y las preocupaciones vitales que todos hemos experimentado de manera u otra. Y a lo largo de esta obra, que es en realidad una combinación de relato y novela corta estrechamente relacionados entre sí, Salinger demuestra una vez más su incontestable genialidad mediante personajes inolvidables, diálogos brillantes y escenas teñidas de una sobrecogedora angustia. 


 
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