Violaine Bérot - Caída de las nubes

viernes, 17 de octubre de 2025



► Título original: Tombée des nues
► Traducción: Concha Sánchez Santos, Pablo Martín Sánchez
► Año: 2018
► Edición:  Las Afueras (2025)
► Páginas: 136


Violaine Bérot ha vuelto a mi vida a pesar de que nunca había estado en ella. Sí, leer Caída de las nubes ha sido como despertar el recuerdo aletargado de otra persona o como recibir un abrazo muy familiar de un absoluto desconocido. En una especie de contagio social para el que no estaba vacunado, he heredado el entusiasmo de todos esos lectores que hace un par de años quedaron embelesados con Como bestias hasta convertirlo en el pequeño fenómeno editorial que fue y ahora soy un súbdito más del ejército de fans de la escritora francesa. Y es que la escritura de Bérot es así, torrencial, salvaje, imparable. En un portentoso ejercicio de creatividad formal y contundencia narrativa, Violaine Bérot elabora en Caída de las nubes una devastadora historia de terror que hermana algo tan catártico como el nacimiento de un bebé en una experiencia individual y colectiva, un relato donde los sueños y las entrañas constituyen el sustrato de una maternidad podrida que crece, como un árbol con el tronco torcido, hacia lugares donde no da el sol.

La novela de Bérot se estructura en una sinfonía de estrofas numeradas que admite dos métodos de lectura: uno tradicional, lineal, una cacofonía de voces que articulan y anticipan el carácter trágico de la historia, y otro más atípico, fragmentado, en el que, como en la mítica Rayuela de Cortázar, el lector debe ir ejecutando saltos de trampolín entre las páginas para revivir la reconstrucción de los hechos desde el punto de vista de cada uno de los personajes que intervienen. La elección es libre e irrelevante, y la única certeza es que ninguno de los dos senderos te va a resguardar de la intemperie ni proteger del demoledor testimonio que conforman los habitantes de esta obra tan breve como visceral.

Basculando entre un vibrante lirismo y una concisión expeditiva, por momentos estremecedora, Caída de las nubes narra lo que ocurre cuando un hijo deja de ser una semilla que germina para convertirse en una piedra arrojadiza en manos de una cigüeña homicida. En las inmediaciones de un remoto pueblo de montaña, una mujer llamada Marion da a luz en la bañera de su casa como consecuencia de un embarazo anómalo del que no tenía consciencia. Consternada por un episodio totalmente traumático e inesperado, Marion trata de reconciliar la apacible cotidianidad de su trabajo como cuidadora de cabras con una recién adquirida maternidad que la vida le ha impuesto de manera violenta y que despierta en Marion un rechazo inconfesable. Mientras Marion sigue hospitalizada y se sumerge en una onírica alienación, el resto del pueblo celebra el nacimiento de una niña que reclama como un bien de dominio público.

Violaine Bérot ha escrito una novela fascinante, íntima y personal que se lee con fruición y una adictiva sensación de suspense. Bérot orquesta una obra coral donde se dan cita un padre compungido pero orgulloso de su paternidad, una comadrona que percibe con impotencia los signos de la locura, una profesora entrometida dispuesta a expiar los errores de su pasado, un abuelo incapaz de digerir la noticia con buenos ojos y un pastor tan diligente como entrañable que trata de recomponer los pedazos de una normalidad resquebrajada. Con una prosa lúcida y una admirable economía de recursos, Violaine Bérot caracteriza de forma magistral a un variopinto elenco de personajes que, a pesar de su trazo impresionista, derrochan un carácter arrollador y recogen, con sus omisiones y perspectivas deficientes, todas esas frecuencias inaudibles en las que grita la protagonista de este intenso drama rural.

Del mismo modo en que ver un camión acercándose a ti a toda pastilla no disminuye la fuerza del impacto, Violaine Bérot ha construido una brillante, sensible y polifónica crónica del desarraigo emocional hacia el fruto de tu vientre que estalla en un final poco sorpresivo, pero no por ello menos apoteósico. Caída de las nubes es un libro atrevido, bello e indudablemente singular, un atentado literario contra los preceptos de la feminidad convencional cuya primera y más relevante víctima es la creencia intrínseca en la bondad de ser madre.


«[...] y somos nosotras las que tenemos que estar alerta, las que no podemos dejar a un recién nacido en brazos de un simulacro de madre, de una autómata que reproduce mecánicamente los gestos de una madre sin afecto alguno, se habla poco de ello, pero yo creo que es una de nuestras misiones más importantes, evitar soltar al mundo una bomba de relojería [...]»


★★★☆

John Katzenbach - El psicoanalista

miércoles, 15 de octubre de 2025



► Título original: The Analyst
► Serie: The Analyst #1
► Traducción: Laura Paredes Lascorz
► Año: 2002
► Edición:  Ediciones B (2018)
► Páginas: 464


Publicada originalmente en 2002, puede que El psicoanalista se haya convertido por derecho propio en una de las novelas más emblemáticas del thriller psicológico. Y no es para menos, ya que la premisa de la que parte la famosa novela de John Katzenbach es una de las más potentes e inmediatas que he tenido el placer de leer en mucho tiempo. En ella, nos ponemos en la piel del doctor Frederick Starks, un hombre recién enviudado que, el día de su cumpleaños, recibe en su consulta de Nueva York una amenazadora misiva invitándole a participar en un juego macabro. Bajo el seudónimo de Rumpelstiltskin, el remitente de la carta se presenta como un personaje de su pasado y le ofrece al doctor Starks un terrorífico ultimátum: alguien de su entorno cercano está a punto de sufrir un destino fatídico y la única manera que tiene Frederick Starks de evitarlo es entregando su propia vida como sacrificio expiatorio.

A partir de ese momento, el protagonista de la novela se enzarza en una especie de duelo psicológico en el que contempla con impotencia cómo el anónimo acosador va desmantelando con absoluta impunidad todas las parcelas de su vida. Así, los primeros compases de la obra consisten en una claustrofóbica ostentación de superioridad y ventaja estratégica en la que Rumpelstiltskin, por medio de sofisticadas tretas y con la colaboración de unos estrafalarios secuaces, consigue acorralar a su víctima con el objetivo de arrebatarle las ganas de seguir respirando. Acostumbrado a dirigir las riendas de su vida, Frederick Starks demuestra una pasividad inaudita mientras, incapaz de plantar cara, se ve involucrado en crímenes grotescos, escandalosas acusaciones que pondrán en entredicho su carrera profesional y hasta en un fulminante desfalco.

Detrás de esta entretenida historia de obsesión y venganza, John Katzenbach orquesta una interesante reflexión sobre la capacidad del psicoanálisis para paliar las secuelas del dolor y el trauma. En una retorcida reinterpretación de la relación entre médico y paciente, el escritor norteamericano nos regala una obra que se lee con voracidad donde se exploran los rincones más oscuros de la psique humana y la praxis se convierte en una herramienta de investigación sorprendentemente útil. No es Frederick Starks uno de los protagonistas más carismáticos con los que me he topado —de hecho, la sensación de ir siempre varios pasos por detrás de sus oponentes me ha resultado bastante irritante—, pero lo cierto es que su evolución como personaje, de víctima indefensa a implacable ejecutor, resulta, si bien poco convincente, sin duda muy satisfactoria.

Narrada con pulcritud y buen ritmo, El psicoanalista es una lectura ágil, pero predecible y de poco calado, sobre cómo ciertas voces son acalladas por un sistema culpable de omisión, agente facilitador de máscaras tolerables que permiten a los monstruos seguir caminando entre nosotros con total libertad. Dentro de una obra que no alcanza el sobresaliente en ningún aspecto, cabe destacar la habilidad con la que John Katzenbach consigue mantenerte dentro de la historia a base de colocar al protagonista en situaciones casa vez más desesperadas, obstáculos que van articulando un auténtico arsenal de recursos logísticos y emocionales con los que Frederick tratará de remontar esa tensa partida de ajedrez en la que se está jugando la vida. Amena, accesible y de estructura sobria pero funcional, El psicoanalista no constituirá el culmen de su género, pero pudiera ser un excelente puerto de entrada a la literatura de las viejas rencillas y los nuevos comienzos. A las historias truculentas que apuestan por las segundas oportunidades y que buscan en los márgenes un modo de impartir esa justicia tardía que reside en la mente de todo buen psicópata.


«Tememos que nos maten. Pero es mucho peor que nos destruyan.»


★★☆

Torrey Peters - Detransition, Baby

lunes, 13 de octubre de 2025



► Título original: Detransition, Baby
► Traducción: Cristina Pineda Huertas
► Año: 2021
► Edición:  Levanta Fuego (2025)
► Páginas: 420


Debo confesar que mi experiencia con la realidad transexual se limita a visualizar en bucle antiguas entrevistas en Youtube de La Veneno. Mucho ha cambiado desde aquella trasnochada década de los 90 en la que nos asomábamos a un colectivo invisible como por el agujero de una cerradura, pero lo cierto es que a día de hoy, a pesar del activismo y la sensibilización, las personas trans siguen habitando una identidad liminal que da la sensación de estar permanentemente en plena guerra con el mundo y consigo misma.

Como corresponsal en un territorio hostil, la escritora norteamericana Torrey Peters realiza en su brillante debut literario una aproximación al devastador conflicto que se desata cuando tu idea de ti mismo atenta contra los preceptos de la biología. Y no hablo de los airados designios hormonales de la adolescencia que todos hemos sufrido en nuestras carnes ni de ese eslogan tan manoseado como reduccionista que es el de «nacer en el cuerpo equivocado.» En la novela de Peters, lo trans no es solo la sublimación de una forma disidente de entender y de estar en el mundo, sino una incómoda ignominia que viene a dinamitar todas nuestras enciclopedias medievales sobre género, sexualidad y esa cosa tan rara de criar bebés.

Detransition, Baby cuenta como núcleo narrativo con un enrevesado triángulo de amor bizarro formado por Reese, una mujer trans adicta a seducir a hombres cis casados, Ames, antigua pareja de Reese —con la que mantenía una relación lésbica como Amy antes de transicionar de nuevo a hombre—, y Katrina, actual pareja y jefa de Ames, que se acaba de quedar embarazada en un inesperado giro de los acontecimientos. Esta concepción, más milagrosa que la de la Virgen María, posiciona a los protagonistas ante una disyuntiva vital sin precedentes en la que Torrey Peters expande de manera rompedora, no solo los límites de la familia tradicional, sino la capacidad de los personajes para deconstruir sus anhelos más arraigados, es decir, aquellos que casi nunca nos atrevemos a nombrar.

Alternando entre un pasado traumático y un presente tumultuoso, Reese, Ames y Katrina deberán aprender a navegar una aguas existenciales repletas de marejada. Como si de un devastador seísmo se tratase, la llegada de la criatura sacudirá recuerdos y vivencias enterrados en lo más profundo de los personajes, evidenciando las carencias emocionales de unas vidas marcadas por el prejuicio, la marginalidad, la violencia y esa disociación inherente al proceso de reconstruir un yo fragmentado que para mucha gente no deja de ser un simple fetiche. Sí, la novela de Peters es todo un viaje de autodeterminación y búsqueda de la verdad propia, un recordatorio espinoso de que el camino se hace al andar y de que, en ocasiones, volver sobre tus pasos no es sino el único medio para alcanzar la meta. Con una demoledora autenticidad, Detransition, Baby nos reconcilia con la idea de que sexo y género son, a menudo, dos conceptos irreconciliables, que a veces la versión más fidedigna de nosotros mismos solo se puede ver mirando a través de ojos ajenos.

Haciendo alarde de un escandaloso desprecio por encajar en los moldes de la corrección y los buenos modales, la novela de Peters desmitifica ciertas ideas preconcebidas sobre la experiencia trans y no titubea ni un segundo a la hora de adentrarse en el terreno de la polémica o incluso del tabú. Torrey Peters aborda las complejidades de la maternidad desde una perspectiva inusual y subversiva, atreviéndose a definir el vínculo, no como una imposición genética, sino como una manifestación de la capacidad que tiene lo queer para abarcar un espectro más amplio del amor. Escrita con gracia, frescura, garra y una apabullante inteligencia, Detransition, Baby es una novela con numerosas fortalezas, pero que a menudo me ha dado la sensación de sacrificar la narrativa en pro del ensayo político, haciéndose la carga ideológica de la novela demasiado pesada como para ser soportada por una trama interesante, sin duda, pero un tanto raquítica. A pesar de esta apreciación, Detransition, Baby, constituye una lectura fascinante, educativa y enriquecedora donde lo trans se desentiende de lo tangencial y revela, en manos de Torrey Peters, su cualidad más universal.


«Ella sabía que, en última instancia, no importa cómo te identifiques a ti misma, por lo general sucumbirás a la forma en que el mundo te trata.»


★★★☆

Sheena Patel - Soy fan

sábado, 11 de octubre de 2025



► Título original: I'm a Fan
► Traducción: Regina López Muñoz
► Año: 2022
► Edición:  Alpha Decay (2023)
► Páginas: 240


Si sientes aversión por el modo en que la tecnología ha transformado nuestra manera de relacionarnos, si crees que corren malos tiempos para la lírica y el romanticismo de la era analógica, si te produce cringe la gente que hace oversharing en sus stories, entonces debo decirte que el debut literario de Sheena Patel va a conseguir que quieras desinstalar todas tus redes sociales y lanzar el smartphone por la ventana. Para los que no tengan inconveniente en tener más la mente en la nube que los pies en el suelo, la estupenda novela de Patel es una opción imperdible donde se aborda un problema ancestral que está deteriorando nuestro tejido conectivo. En efecto, el fenómeno fan ha existido desde mucho antes de que nacieran los influencers, pero la realidad es que la gente parece cada vez menos consciente del rastro que deja su huella digital e Instagram se ha convertido en un auténtico Disneyland para acosadores. Partiendo de esta circunstancia, Sheena Patel elabora en Soy fan un espeluznante collage narrativo donde el amor queda retratado como una patología y los vínculos afectivos se ven contaminados sin compasión por ese rasgo definitorio de la generación millennial: la necesidad enfermiza de buscar la validación ajena.

La protagonista de Soy fan es una mujer londinense de unos treinta años, hija de inmigrantes, que consume compulsivamente el contenido digital de «la mujer con la que está obsesionada» porque tiene un lío con «el hombre con el que quiere estar». Esta chica, personalidad vacía de Internet que representa el triunfo de la mediocridad blanca perpetuada a través del privilegio social y económico, permanece totalmente ajena a la existencia de la protagonista, y mucho menos al hecho de que ocupa su mente a todas horas con la rabiosa concentración de un pensamiento intrusivo. Porque ser fan es eso. Es enclaustrar tu identidad en el anonimato. Sí, cada follower es un fiel dispuesto a morir que reza en el altar de un dios ciego. En un sistema demente donde hemos normalizado la capitalización del apego, donde asumimos que individuos mortales acaparen la adoración de millones de personas, ser víctima de una pasión no correspondida, o hasta compartida, parece una neurosis inaceptable, un motivo más que razonable para volarse la tapa de los sesos en riguroso directo.

Haciendo gala de una mordacidad sulfúrica y desprovista de ataduras, Sheena Patel disecciona en este libro las violentas dinámicas sentimentales que rigen la interacción social contemporánea y señala la voraz vigilancia a la que nos entregamos voluntariamente por un puñado de likes. Para los ingenuos que todavía piensan que vivimos en una novela de Dickens, la rabiosa modernidad de Soy fan seguramente sonará chirriante y hasta desagradable, una afrenta a su visión encorsetada de la literatura. Sin embargo, por debajo de su irreverente obscenidad, su estructura desordenada y su recalcitrante abuso de esos neologismos anglosajones que parecen haberse instalado en el lenguaje cotidiano, Soy fan se erige como una obra sensual y electrizante que captura de manera extraordinaria el zeitgeist de nuestro período vital.

Sin duda, la novela de Patel es un relato que estremece, perturba e incomoda, una incursión nada agradable en el paisaje interior de una mujer pisoteada y colonizada por su frustrante deseo de mendigar atención. Atrapada en una espiral de autodesprecio, humillación y sometimiento propiciados por su dependencia emocional hacia un hombre que la ignora, pero nunca lo suficiente, la protagonista de Soy fan constituye una magnífica antiheroína que retrata la desesperación inherente a llevar una relación sin etiquetas, que no es sino otra manera de etiquetar la ausencia absoluta de relación. Sheena Patel ha escrito una novela macarra y libertina, completamente audaz y lúcida, una exploración vibrante de los desequilibrios de poder en el ámbito amoroso que propugna una feminidad marginal, vulnerable, tóxica y a menudo incomprendida, o incluso estigmatizada. Desde una perspectiva de género provocativa y anticapitalista, Sheena Patel radiografía nuestras entrañas insatisfechas en busca de un terrible diagnóstico, una prueba concluyente de que los arañazos y las convulsiones no son sino una defensa, primitiva y visceral, contra nuestra fobia colectiva a la soledad.


«Solo que yo para él no soy nada y para mí misma tampoco, y por eso me quedo, y él disfruta de todas nosotras, saca partido de una multitud de personas y yo trago porque una migaja de él es mejor que nada.»


★★★☆

Peter S. Beagle - El último unicornio

jueves, 9 de octubre de 2025



► Título original: The Last Unicorn
► Traducción: Francisco Jota-Pérez
► Año: 1968
► Edición:  Gran Travesía (2025)
► Páginas: 288


Resulta irónico ver cómo una de las piedras angulares de la fantasía en la década de los 70, un libro inclasificable que habla sobre la muerte de la inocencia y la extinción de nuestra capacidad de soñar, ha quedado relegado en el canon contemporáneo a un discreto segundo plano, por no decir a un clamoroso olvido. Sí, la novela más característica de Peter S. Beagle (Nueva York, 1939), tan única en su especie como el unicornio que la protagoniza, no es sino un ejemplo de profecía autocumplida en el que el escritor norteamericano, quizá sin proponérselo, materializa la desaparición de una forma muy peculiar de relacionarse con el género cuyo testigo, a día de hoy, casi ningún discípulo ha recogido.

Quizá por eso me ha resultado tan interesante y necesaria la recuperación, en pleno 2025, de este clásico iconoclasta que reniega de las convenciones y desprecia las expectativas, un libro heterodoxo que pisa terreno familiar, pero que no se acomoda en los preceptos ni en las tradiciones del imaginario popular. Disponer de nuevo en la estantería de El último unicornio, acompañado además por un moderno lavado de cara, sabe a reivindicación y a debate sobre la continuidad de su vigencia, a mano extendida en una cordial invitación.

Hablando ya de la historia, la obra de Peter S. Beagle nos transporta a un frondoso bosque donde yace, sin saberlo, la última unicornia del mundo. Ensimismada en su eterna labor de engalanar el paisaje y alimentar mitos con su presencia, la unicornia descubre de manera accidental que el ser humano la considera ya un animal que solo habita en las leyendas. Desesperada, la unicornia emprende una partida apremiante hacia los rincones del mundo, dispuesta a averiguar el paradero de sus congéneres y a liberarlos de cualquiera que sea la causa de tan intolerable ausencia.

A lo largo de su periplo, la unicornia se convertirá en la atracción estrella de una caravana de horrores itinerantes, conocerá a un mago incapaz de realizar un solo truco a derechas y experimentará en sus carnes el horror primigenio que el Toro Rojo es capaz de infundir en sus desesperadas presas. La misión de la unicornia se convierte en manos de Peter S. Beagle en un nostálgico rescate de la infancia, un recorrido que es al mismo tiempo tragedia y epopeya, homenaje y transformación. En un tono elegíaco que transmite una enorme añoranza, Peter S. Beagle reformula en sus propios términos el apasionante viaje del héroe y nos regala un hermoso cuento de hadas tan luminoso como terrible en el que coinciden monarcas sin escrúpulos, príncipes repudiados, compañías de bandidos —con cameo de Robin Hood incluido— y pueblos enteros condenados por una maldición de buena fortuna.

Ciertamente, la ambientación de El último unicornio y su capacidad para espolear la imaginación sobresalen dentro de una obra que solo se me ocurre describir como crepuscular. Las poderosas imágenes que invoca Peter S. Beagle cabalgan en el marco de un lenguaje evocador y preciosista, vinculado a la lírica y a las canciones épicas, pero que en la actualidad suena anacrónico, obsoleto. Los personajes, desde el excéntrico Schmendrick hasta la pragmática Molly Grue, parecen más una postura o una idiosincrasia que auténticos individuos con un propósito narrativo. Aunque me he sentido más atraído por el sentimiento invocado que por la lógica de la trama, debo decir que El último unicornio me ha parecido una lectura enormemente carismática, poseedora de un cariz imposible de reproducir, pero esclava de una estética atrapada en el tiempo. No te dejes engañar por su adorno fabulesco. Más que un estímulo para enardecer la creatividad de los más pequeños, el constante lamento de algunos personajes por el reguero de posibilidades perdidas, la urgencia ante el transcurso de los días y la insistencia de ciertos individuos por apehender la eternidad me hacen situar El último unicornio como una obra que se manifiesta en todo su esplendor cuando se aborda, no como incursión, sino como retorno.


«Los grandes héroes necesitan grandes aflicciones y pesares; de no ser así, la mitad de su grandeza pasaría desapercibida.»


★★★

 
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