Reseña "El Rito"

martes, 25 de noviembre de 2014

► Título: El rito
► Autor: Laird Barron
► Saga: -
► Año: 2014
► Editorial: Valdemar
► Páginas: 352
► Precio: 24.00 €

En la periferia de nuestra existencia, acechando desde oscuridades más profundas que el Cosmos y que se extienden más allá del círculo de luz de nuestra hoguera y del calor de la conciencia, existen cosas extrañas... magia negra, cultos abyectos, rituales obscenos y entidades abominables que operan al amparo de las sombras. Los Hijos de la Vieja Sanguijuela llevan con nosotros desde tiempos inmemoriales. Y nos aman.
Donald Miller, geólogo y académico, ha vivido casi toda su afortunada existencia al borde de un abismo, debatiéndose entre una cómoda ignorancia y un secreto enloquecedor. Ahora, al final, todo debe converger. Donald descubrirá los oscuros secretos que se ocultan en los bordes, en los rincones y las grietas de la realidad y de su propia consciencia, desenterrando verdades aterradoras sobre su esposa Michelle, sus mellizos adultos y todo lo que él conoce y en lo que confía. Y es que Donald está a punto de enfrentarse con... El Rito.

Opinión

Siendo un reputado y prolífico escritor de relatos, conocido -en España, cada vez más- tanto por sus planteamientos retorcidos al más puro estilo Lovecraft como por la inimitable personalidad de su sello narrativo, no me cabe duda de que la primera novela de Laird Barron está fundamentalmente motivada por un sentimiento de explorar más allá de lo ya conocido. El talento es una cualidad que viene de serie, pero la inspiración es una musa traicionera a cuyo encuentro ha de irse fuera de los límites establecidos. Ahí, en esa resbaladiza zona de incomodidad, en esa tierra baldía alumbrada por pensamientos e ideas en estado de gestación, es donde el escritor norteamericano emplea todas sus herramientas de espeleólogo para escarbar en busca de un hallazgo inédito. Y vaya si lo consigue. El Rito, quinta entrega de la espectacular colección editada por Valdemar, es ni más ni menos que la consecución casi perfecta de un objetivo claro, ese ansiado descubrimiento que hace a un grupo de expedicionarios retirarse y levantar el campo para volver a casa y recibir los halagos del sector académico.

No obstante, como todos sabemos, el público y la crítica a menudo adoptan posturas irreconciliables. El reconocimiento profesional no siempre va ligado al éxito en términos comerciales. Por eso, si eres de los que han llegado tarde y todavía andan buscando un asiento, si te has perdido entre las líneas de esta reseña o no sabes quién demonios es ese hombre ataviado con un parche en el ojo y cargado de malas intenciones, no pienses que hay motivos para estar preocupado. Presta atención. Solo voy a decirlo una vez. El Rito es probablemente una de las mejores y más divertidas novelas de terror que podrás encontrar este año entre los estantes. Laird Barron ha construido a base de habilidad e ingenio un notable rompecabezas narrativo entre cuyas junturas se percibe el aliento de ominosas deidades extraterrestres, poderosos sacrificios rituales, desenfrenados episodios de enajenación mental y aterradores mitologías que se van transmitiendo generación tras generación. Motivos más que suficientes para no querer perderse uno de los "debuts" más interesantes del último trimestre.  

La primera vez que Donald Miller estuvo a punto de morir fue mientras visitaba México, pero al poco no recordaba nada de aquel suceso, salvo en sueños que se disipaban instantes después de despertar. Sin embargo, su cuerpo sí lo recordaba. Su sangre lo recordaba, y también la savia negra de su subconsciente.

Para ser sinceros, describir el argumento general de El Rito se me antoja una labor tan enrevesada como innecesaria. Estructurados como si fueran un conjunto de relatos breves, los distintos capítulos de la novela se atienen a una trama bastante obvia, pero su peculiar disposición cronológica y la gran variedad tanto de escenarios como de situaciones que presentan los convierten en piezas más o menos independientes, aunque complementarias, de una historia con infinidad de ramificaciones cuya identificación corre a cargo del lector. Así pues, Laird Barron nos introduce en el fascinante universo de El Rito mediante una versión salvajemente macarra de cierto cuento popular para seguir después relatando el extenuante periplo histórico de un anciano geólogo llamado Don Miller, un estudioso que en el ocaso de su vida comienza a recordar episodios bastante turbios de su pasado, fragmentos de memoria muy poco concisos y cubiertos por una sospechosa pátina de amnesia. El olvido, desempeñando su labor como mecanismo de defensa.

Y es que, a base de flashbacks, visiones y momentos de auténtica epifanía, pronto aprenderemos que la vida de Don Miller ha estado marcada por una serie de acontecimientos sobrenaturales que podrían sacar a relucir importantes secretos relacionados con su familia y de paso poner en entredicho su propia cordura. Laird Barron aprovecha el inmenso imaginario cosmológico elaborado por Lovecraft para exponer su particular visión sobre las relaciones conyugales y la devastadora profundidad de sus recovecos, pero también aborda otros temas y preocupaciones comunes con el escritor de Providence (la zambullida de nuestra mente en la locura, la decadencia de opulentas sagas familiares, la usurpación de la consciencia por designio de entidades primigenias) en lo que a todas luces parece un genuino homenaje a la influencia de su extensa producción literaria. Lo bueno de El Rito es que Barron sabe permanecer en todo momento fiel a sus propias señas de identidad, siendo una obra mucho más desquiciada, perturbadora y gráfica que sus insignes predecesoras. Lo malo, que el deshilachado hilo conductor de la novela a veces hace imposible resistir los desbocados bandazos que da la trama. Lo bueno, ese final capaz de ponerte la piel de gallina. Lo malo, la sensación de redundancia que transmiten algunos pasajes intermedios. Otra cosa buena, que el soberbio, lírico y exquisito estilo de Barron engrandece los puntos álgidos de la historia. Y así podría pasarme al menos un par de párrafos más, enumerando las maravillosas virtudes de esta novela debut y resaltando algunos pequeños escollos que me han estorbado un poco durante su lectura, de obligado cumplimiento si eres amante del género al que se adscribe el autor. No en vano, El Rito es probablemente una de las mejores y más divertidas novelas de terror que podrás encontrar este año entre los estantes. Oh, vaya. Prometí que solo iba a decirlo una vez.


Reseña "Los viajeros de la noche"

jueves, 20 de noviembre de 2014

► Título: Los viajeros de la noche
► Autor: Helene Wecker
► Saga: -
► Año: 2014
► Editorial: Tusquets
► Páginas: 512
► Precio: 21.15 €

El impresionante debut de Helene Wecker narra la historia de dos criaturas sobrenaturales en el Nueva York de 1899. Chava es un golem, un ser hecho de arcilla al que dio vida un extraño hombre familiarizado con la magia negra cabalística. Cuando su amo muere a bordo en el trayecto transoceánico desde Europa, queda desorientada y a la deriva mientras el barco sigue su curso hasta el puerto de Nueva York. Ahmad es un genio, un ser de fuego nacido en el desierto de la antigua Siria. Atrapado en un viejo jarro de cobre por un hechicero beduino varios siglos atrás, es liberado por accidente en el taller de un hojalatero del Bajo Manhattan. En su lucha por abrirse camino en ese lugar nuevo y extraño, la golem y el genio procuran encajar con sus vecinos, todos ellos inmigrantes, encubriendo su verdadera naturaleza. Al conocerse por casualidad, las dos criaturas inician una improbable amistad, una unión quebradiza que desafía sus naturalezas opuestas, hasta la noche en que un horrible incidente las devuelve a sus universos respectivos. Sin embargo, una potente amenaza volverá a reunir pronto a ambos: estará en juego su existencia, lo que les obligará a tomar una fatídica decisión.

Opinión

Sorprende que una editorial como Tusquets, entre cuyo catálogo ninguna persona viva ha visto jamás novela similar, decida sacar al mercado una historia con tintes tan marcadamente opuestos a su línea habitual. Pero claro, a veces las apariencias engañan. A veces, un simple frasco de metal encierra en su interior la esencia de un alma condenada. En ocasiones, el rostro más expresivo enmascara en realidad un delicado corazón de piedra. El exterior nunca ha sido representativo de lo que llevamos por dentro, pero el ser humano lleva siglos intentando fingir que los sentimientos se pueden leer a través de la piel como si fuéramos un libro con las tapas abiertas. Precisamente sobre apariencias, autenticidad y la verdadera naturaleza de las cosas habla largo y tendido Helene Wecker en su esperado primer libro, situado a medio camino entre la fantasía de corte oriental y la novela histórica. Los viajeros de la noche es uno de esos afortunados debuts que logran formar bastante ruido desde el momento de su publicación, pero por desgracia también cae en el saco de las obras que, bajo mi punto de vista, no consiguen satisfacer todas esas expectativas que genera.

Leyendo la sinopsis, uno se sentiría tentado a pensar que las criaturas a las que hace referencia el título original de la novela (The Golem and the Jinni) son los únicos -o al menos, los más importantes- protagonistas de la historia, pero más bien son el elemento estructural en torno al que giran la gran cantidad de tramas que ya va abriendo Helene Wecker desde los primeros capítulos. Enseguida conoceremos a Chava, una golem hecha de arcilla que embarca junto al hombre que ordenó su creación en un peligroso viaje a través del océano con destino a Nueva York, ciudad que a finales del siglo XIX ofrecía grandes promesas de prosperidad y bonanza a inmigrantes procedentes de todo el globo. Mientras, por otro lado, seguiremos los pasos de Ahmed, un genio enclaustrado en el cuerpo de un hombre sirio que aparece de improviso en un taller de artesanía -también en Nueva York- tras ser liberado por accidente de su mágica prisión.

Pero recuerda esto: una criatura solo puede alterarse hasta cierto punto a partir de su naturaleza fundamental. Continuará siendo un golem. Tendrá la fuerza de doce hombres. Te protegerá sin pensárselo y dañará a otros para conseguirlo.

Así pues, estos dos seres sobrenaturales irán aprendiendo a base de constancia, esfuerzo y un par de varapalos lo que significa labrarse un camino a través del bullicioso estruendo de la gran ciudad. Chava tendrá que hacer frente a los problemáticos designios de sus habilidades sobrehumanas, como por ejemplo la de escuchar inevitablemente los pensamientos ajenos o su tendencia irreprimible a satisfacer los deseos, peticiones y necesidades de la gente que se encuentra a su alrededor. Ahmed, en cambio, deberá adaptarse al asfixiante confinamiento en una entidad corpórea y a combatir los efectos perjudiciales que tiene sobre su salud exponerse al contacto con el agua. Gracias a una serie de encuentros fortuitos aprenderemos sus diversas reflexiones acerca de temas como el amor, la libertad o la ética y se cuestionarán importantes preceptos de índole religiosa e incluso tradiciones fuertemente arraigadas. Sin embargo, el verdadero reto para estas dos criaturas tan especiales -y a la vez, dominadas por pasiones tan comunes- consistirá en luchar contras los impulsos de sus respectivas naturalezas y hacer perdurar su atípica amistad en un mundo dominado por los prejuicios, la ambición humana y la incapacidad de aceptar lo desconocido como una manifestación diferente pero igual de válida de la misma realidad.

Esto que en principio parece una idea atractiva, entrañable y sumamente enternecedora, no ha terminado de convencerme (como sin duda habréis podido adivinar) a pesar de que empecé leyendo Los viajeros de la noche con un índice de entusiasmo cuando menos considerable. En primer lugar, creo que la novela es demasiado larga para lo que cuenta. Muchos arcos argumentales podrían haberse solucionado de manera bastante más satisfactoria o hasta insertarse en el texto de forma que no supongan un estorbo para la historia principal, sensación que desgraciadamente he experimentado multitud de veces. Por otro lado, y esto no sé si es intención deliberada de la autora, el elemento mágico aquí presente se explota de modo irrisorio, cuando es a todas luces uno de los potenciales más interesantes de la obra; el elemento que mayor juego podría haber aportado en una novela diluida entre un montón de historias paralelas y un tanto anodinas. A su favor, he de decir que Helene Wecker demuestra una sensibilidad especial a la hora de indagar en la psicología de sus personajes o de describir los fabulosos paisajes de esa Nueva York con la que todos hemos soñado alguna vez. Notablemente bien escrita, en definitiva, cargada de buenas intenciones, original en su planteamiento y ambiciosa en su caracterización de toda una época. Pero también flaquea en algunos de los aspectos fundamentales que para mí ha de tener un buen libro, como por ejemplo la consistencia de la trama general o la habilidad de cautivar continuamente al lector mediante dosificar equitativamente el ritmo narrativo. De ahí que al menos la segunda mitad de la novela se me haya hecho tan cuesta arriba. Pero qué le vamos a hacer. Las apariencias no siempre reflejan la verdad completa. Y la arrebatadora belleza del libro, al menos en esta ocasión, no se encuentra precisamente en su interior.


Reseña "La glándula de Ícaro"

miércoles, 19 de noviembre de 2014

► Título: La glándula de Ícaro
► Autor: Anna Starobinets
► Saga: -
► Año: 2014
► Editorial: Nevsky
► Páginas: 224
► Precio: 19.00 €

En su nueva colección de relatos, Anna Starobinets vuelve a llevarnos de la mano a los paisajes reales y mentales sutilmente alterados que destacaban en su primera colección, Una edad difícil. El subtítulo del volumen es El libro de las metamorfosis, y uno de sus principales temas es el cambio y la transformación, los horrores que conllevan, pero también la liberación que pueden aportar. Los relatos nos presentan versiones del mundo en el que vivimos, sutilmente transformadas en algo distinto, o bien nos descubren extraños submundos escondidos bajo una superficie aparentemente normal. Extrañas operaciones, productores de cine cuya humanidad es cuestionada, los sueños y su conexión con el infierno...  En este libro Anna Starobinets expande y consolida su personalísima ficción especulativa de corte psicológico, una guía de valor incalculable para ententer el mundo cada vez más extraño en el que estamos obligados a vivir.

Opinión

Afirma Ismael Martínez Biurrun en el fabuloso prólogo de esta antología que no hay nadie ahora mismo capaz de escribir ficción científica como lo hace Anna Starobinets. Pues bien, solo hace falta asomar la cabeza a uno de los extraordinarios relatos que componen La glándula de Ícaro para darse cuenta de que tal alegato es de una rotundidad tan tajante como incontestable. Pocas veces me había encontrado en un libro ante semejante originalidad de ideas, la envidiable capacidad de plasmarlas con éxito en el papel y esa irreverente falta de escrúpulos que enarbola Starobinets a la hora de abordar sus implicaciones hasta las últimas consecuencias. La escritora rusa contiene un asombroso a la vez que escalofriante universo literario en el interior de su mente inquieta, un alucinante cosmos ontológico capaz de catapultarnos en apenas un segundo a un futuro nada deseable ni prometedor, solo para que podamos comprobar de primera mano el terrible paradero al que hoy nos dirigimos sin propósito aparente de querer cambiar nuestro rumbo.

Sin embargo, el objetivo primordial de Starobinets está muy lejos de la simple y llana admonición. La autora de estos 7 variopintos e inclasificables relatos se atreve a especular con temas que despiertan nuestro más profundo sentido de la responsabilidad, pero por otro lado nos advierte que no existen demasiadas opciones para prevenir los nefastos resultados. Combatir contra lo que no se puede evitar es malgastar recursos no renovables, invertir un esfuerzo valioso en una causa vana y destinada al fracaso. Por eso, Starobinets aboga en todo momento por una rendición total y sin ambages. La adaptación. El cambio. Convertirse en camaleón. La solución a los problemas que plantea la escritora rusa en sus narraciones pasa casi siempre por una transformación elemental, ya sea quirúrgica, orgánica o existencial, que nos haga posible observar el mundo bajo una óptica completamente distinta e incluso descubrir fisuras estructurales en el tejido de una realidad que oculta mucho más de lo que aparenta.

De noche observo las bandas brillantes en las paredes y siento una comezón terrible. Las picaduras de los mosquitos recuerdan a las marcas que dejan los chupetones.
Esta ciudad se ha adherido a mí y me besa con su ávida probóscide manchada de sangre.

Por ejemplo, en La glándula de Ícaro -el relato que da título a la colección- una mujer se enfrenta a la decisión de someter o no a su marido adúltero a una operación para extirpar sus incontrolables impulsos sexuales, una intervención que se realiza de manera preventiva en todos los varones al alcanzar la madurez y que garantiza la no aparición de efectos secundarios adversos. En Siti, una pareja en crisis decide trasladarse a la gran ciudad con el deseo de aumentar su calidad de vida y fortalecer su relación, pero los incesantes ajetreos del estilo cosmopolita pueden llegar a socavar cualquier vínculo afectivo con la misma facilidad de una amante despechada. El parásito es probablemente el relato más perturbador, imaginativo y contundente de todo el libro, un cuento a medio camino entre la ciencia-ficción y el horror psicológico donde se especula con la posibilidad de que la raza humana no sea más que el estado larvario de una entidad... superior. Su lapidario final es el broche de oro a un impresionante ejercicio de inventiva y expresividad lírica.

También hay espacio en La glándula de Ícaro para abordar temas tan recurrentes como los viajes en el tiempo, pero aportando muy interesantes matices que expanden los horizontes del género. En La frontera, un grupo de pasajeros toma asiento en un tren capaz de atravesar cualquier barrera cronológica y dispuesto a dejarte tan pronto en la década de los 80 como en los albores del paleolítico; un hecho extraordinario adquiere aquí el cariz de cotidiano para suscitar el siempre suculento interrogante de ¿a qué momento de tu vida regresarías si tuvieras la oportunidad de hacerlo? Y lo que es más importante aún... ¿para qué? Esto mismo deben de preguntarse a menudo los protagonistas de Delicados pastos, habitantes de un mundo pervertido hasta la médula en el que la longevidad de un individuo viene determinada por el tamaño de su cuenta corriente y la inmortalidad se alcanza transfiriéndose al interior de un cuerpo más joven. Por último, Spoki plantea los serios peligros de encomendar la educación y el cuidado de nuestros hijos a siniestras máquinas interactivas comercializadas por una extraña entidad empresarial. Así pues, ya sea de una forma o de otra, por medio de extraterrestres, insectos gigantes o extravagantes fetiches tecnológicos, Anna Starobinets consigue cautivarnos con su inimitable imaginario personal y un delicioso estilo que aúna belleza, fuerza y profundidad. Estamos ante una antología imprescindible, prácticamente redonda (la longitud de algunos relatos no juega en absoluto a su favor) y que ningún lector dispuesto a descubrir nuevas experiencias debería -en mi opinión- pasar por alto. Eso sí, la decisión final recae en vuestras manos. Vosotros sois los que debéis optar por permanecer en la misma fase... o sumaros a una irreversible y estimulante metamorfosis.


Reseña "El expreso de Tokio"

martes, 18 de noviembre de 2014

► Título: El expreso de Tokio
► Autor: Seicho Matsumoto
► Saga: -
► Año: 2014
► Editorial: Libros del Asteroide
► Páginas: 216
► Precio: 17.95 €

Los cadáveres de un oscuro funcionario y una camarera aparecen una mañana en una playa de la isla de Kyushu. Todo parece indicar que se trata de un caso claro: dos amantes que se han suicidado juntos tomando cianuro.
Pero hay ciertos detalles que llaman la atención del viejo policía local Jutaro Torigai: el difunto se había pasado seis días solo en su hotel y en su bolsillo encontraron un único billete de tren; así que, seguramente, los amantes no habían viajado juntos. Enseguida se descubre también que el funcionario trabajaba en un ministerio en el que se acaba de destapar una importante trama de corrupción; el subinspector Mihara de la Policía Metropolitana de Tokio se hará cargo de la investigación en la que contará con la inestimable ayuda de Torigai.

Opinión

Empiezo a pensar que la inconfundible disposición fisiológica de sus rasgos otorga a los japoneses la posibilidad de ver la realidad bajo un prisma completamente diferente. Esto que bien podría interpretarse como un manido tópico xenófobo acaba adquiriendo visos de absoluta veracidad en base a mi experiencia lectora, pues cada nueva aproximación que realizo a los terrenos de la literatura nipona no hace sino confirmar una sospecha que cada vez se me antoja más indiscutible: Japón tiene un color especial. Y en el caso particular de la novela policíaca, obras tan impactantes como Out, La devoción del sospechoso X y ahora también El expreso de Tokio validan mi teoría de que en el país del Sol Naciente no escatiman a la hora de impregnar originalidad y buen gusto a sus escritos. Considerado por los expertos del género como un clásico irrebatible de la novela negra japonesa, la trepidante historia que aquí nos presenta Seicho Matsumoto es rescatada casi sesenta años después de su publicación para exquisito deleite de quienes no se conforman con cualquier cosa. Así que, ya seas amante apasionado de crímenes y misterios sin resolver o un lector casual al que no le importa devanarse los sesos de vez en cuando con un intrincado jeroglífico narrativo, no lo dudes ni un segundo más. Toma asiento en El expreso de Tokio.

Narrada con gran soltura, intrepidez y deslumbrante pericia desde prácticamente la primera página, la novela de Matsumoto nos introduce en la piel de un viejo sabueso de la policía local llamado Jutaro Torigai que trata por todos los medios de resolver un caso aparente de doble suicidio cometido por una pareja de amantes. Los cadáveres fueron encontrados en una playa y ambos presentan restos de cianuro en su interior, pero existen ciertos detalles relativos a la disposición de los cuerpos y a la relación mantenida por ambas víctimas que no terminan de cuajar con las características de un suicidio cualquiera. Siguiendo sus infalibles instintos detectivescos, y contando con la inestimable ayuda del subinspector Mihara de la Policía Metropolitana de Tokio, Jutaro empezará a tirar del quebradizo hilo de la verdad y pronto se dará cuenta de que existen otros misteriosos implicados en la aparición de los fallecidos.

Jutaro Torigai cerró los ojos. Tras un minuto de reflexión, decidió que no cogería el tren. Salió de la estación y cruzó despacio hasta las tiendas del otro lado de la calle. Quería preguntar una cosa. Tenía un vago presentimiento.

Una de las cosas que más me han llamado la atención de El expreso de Tokio es el logrado efecto de incertidumbre que Matsumoto consigue imprimir a la resolución del caso. Se trata de una novela en la que no sobresale ningún sospechoso por encima de otro, donde las escasas pistas disponibles conducen a vías de investigación absolutamente infructíferas y en la que, cuando por fin parece que las piezas encajan o un descubrimiento inesperado arroja algo de luz sobre el terreno, el escritor desmorona por completo la teoría elaborada y hay que empezar a construirla de nuevo. Esto que parece un factor cuando menos obvio e indispensable en cualquier novela policíaca brilla con muchísima más fuerza en El expreso de Tokio, hasta el punto de inducir al lector a un estado de desconcierto total en el que solo se percibe lo infranqueable del misterio y por momentos uno tiene la sensación de que la imponente maquinaria interna de la novela va a colapsarse en cualquier momento. Matsumoto basa su línea de desarrollo en una cantidad ingente (y exasperante) de datos milimétricos y a menudo contradictorios, pero es precisamente esta minuciosidad extrema tan propia de la cultura nipona la que a la larga convierte la novela en una obra soberbia, extraordinaria y magistral.

Por otro lado, gran parte del encanto que desprende El expreso de Tokio reside no solo en el vertiginoso e inteligente rompecabezas ideado por el autor, sino en la descripción carismática y veraz del ambiente opresivo en el que se desarrolla la novela. Para reflejar al máximo posible la atmósfera asfixiante, la decadencia y la falta de escrúpulos imperantes en ciertos sectores de la sociedad japonesa, Matsumoto introduce una interesante trama de corrupción y delitos financieros que salpican a varios departamentos de su inmenso órgano administrativo. Quizá uno de los aspectos que he echado en falta durante la lectura de El expreso de Tokio y que indudablemente le han restado puntos a la hora de valorarla es una caracterización psicológica más profunda de los personajes protagonistas, a quienes se involucra poco o nada en la evolución de los distintos arcos argumentales en favor, todo hay que decirlo, de una impecable ejecución estilística y narrativa. No obstante, esos pequeños defectos que pudiéramos encontrar en la asombrosa novela de Matsumoto no sobrepasan la categoría de lo anecdótico y ni de lejos nos impiden ver el mensaje fundamental que transmite su sobresaliente conclusión: no hay intriga que dure para siempre en las manos de un concienzudo comisario nipón. No existe misterio impenetrable para la mente privilegiada de un detective cuyos pensamientos viajan a la velocidad del más rápido ferrocarril.


Reseña "Mr. Mercedes"

lunes, 17 de noviembre de 2014

► Título: Mr. Mercedes
► Autor: Stephen King
► Saga: Bill Hodges #1
► Año: 2014
► Editorial: Plaza&Janés
► Páginas: 496
► Precio: 23.90 €

Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche.
De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance. Acto seguido, el coche da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos.
Meses después, Bill Hodges, un policía jubilado, que sigue obsesionado con este caso sin resolver, recibe una carta anónima de alguien que se declara culpable de la masacre.
Brady Hartsfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes, que ahora quiere recuperarla.

Opinión

Parece mentira, pero hace casi un año que Stephen King no se deja caer por la mesa de novedades de nuestro país. Doctor Sueño, la celebrada secuela de El resplandor (obra maestra indiscutible de la literatura contemporánea y de terror) fue mi última aproximación al escritor de Maine; y en esos doce meses transcurridos mi apetito como Lector Constante ha ido acrecentándose de manera exponencial a medida que se aproximaba la fecha de lanzamiento de su último trabajo. Quizá este prolongado distanciamiento con la obra de King me haya hecho perder la perspectiva hasta cierto punto sobre sus virtudes y sus defectos como escritor. Quizá haya propiciado la aparición de sentimientos largo tiempo aletargados. Ahora bien, si hay algo que la lectura de Mr. Mercedes me ha sabido ratificar es que existen ciertas zonas del espectro narrativo que solo King sabe estimular con un éxito estremecedor. El cambio de registro (casi) radical que un lector familiarizado con otras novelas de King podría advertir nada más echar un vistazo a las primeras páginas de Mr. Mercedes se va desvaneciendo poco a poco ante la aplastante evidencia que arrojan sus inconfundibles señas personales. No estamos ante una novela de terror. No estamos ante una novela policíaca. Pero estamos ante una novela que rezuma al 100% el estilo de Stephen King.

El protagonista de la historia es un policía retirado llamado Bill Hodges al que la inactividad propia de la jubilación, la ausencia de fuertes vínculos afectivos y el hastío general que ha invadido su vida le han empujado a coquetear en varias ocasiones con la idea del suicidio. Sin embargo, cuando el responsable de un antiguo caso sin resolver (un fatídico atropello en masa cuyo ejecutor fue denominado por la prensa como el Asesino del Mercedes) se pone en contacto con Bill, el antiguo inspector encontrará el incentivo idóneo para seguir viviendo y emprender un cambio radical en su miserable rutina. Por otro lado, también conoceremos la escalofriante historia de Brady Hartsfield, un joven aparentemente ejemplar, responsable y trabajador que en realidad esconde una personalidad psicótica y desequilibrada, además de un secreto aterrador: él es el Asesino del Mercedes.

Debo decirle que me lo pasé en grande. (Aquí le soy franco.) Cuando "pisé a fondo" y embestí a la muchedumbre de gente con el Mercedes de la pobre señora Olivia Trelawney, ¡se me "empinó" como nunca en la vida! ¿Y puede creerse que el corazón me latía a doscientas pulsaciones por minuto? ¡Pues sí señor!

Así pues, Mr. Mercedes supone la primera y trepidante incursión de Stephen King en los terrenos de la novela policíaca, pero lo hace siempre sin perder ni un ápice de su arrolladora personalidad y ese macabro sentido del humor que en multitud de ocasiones no hace sino aumentar la abrumadora sensación de pánico que transmiten algunas escenas y situaciones. Aunque se trata de una obra que considero francamente bien documentada, el grueso principal de la narración no transcurre a expensas de organismos administrativos, informes policiales y parafernalias detectivescas que en una historia como esta, cuyo peso recae especialmente en los dos personajes antagonistas y en su apasionante persecución mutua, solo entorpecerían el impecable ritmo narrativo que Stephen King ha logrado imprimir a la novela. Tanto Bill Hodges como Brady Hartsfield son protagonistas altamente carismáticos e inolvidables, caracterizados de manera magistral e impregnados de una moralidad ambigua bajo cuya superficie serpentean motivos no del todo justificables. Nada que, viniendo de un escritor especializado en retratar personalidades retorcidas, oscuras e incluso monstruosas, pueda tomarnos por sorpresa a estas alturas.

Eso sí, la impresionante labor de caracterización viene acompañada de un desarrollo argumental no menos espectacular. Stephen King consigue envolverte en la investigación llevada a cabo por Bill Hodges con una facilidad pasmosa mientras la despiadada lucha de poder que mantienen ambos protagonistas se desenvuelve con una intrepidez y un frenesí que hacen imposible elaborar una solución predecible al constante ajetreo narrativo elaborado por el autor. Saber de antemano quién es el asesino elimina por completo el factor misterio de la ecuación, pero también permite explorar otras profundidades de la ponzoñosa psique humana a unos niveles que en cualquier otra circunstancia resultarían molestos o innecesarios. El miedo a perder un ser querido, la felicidad de sentirse amado cuando creías haber perdido para siempre esa oportunidad, o el hecho de que suplir nuestras necesidades emocionales a veces implica incurrir en actos deleznables son algunos de los temas que Stephen King expone con gran acierto a lo largo de Mr. Mercedes. La obsesión insana de Bill por cerrar un caso que lo ha atormentado durante largo tiempo contrasta con la compulsión que muchas veces conduce a Brady a actuar, poniendo dichas actitudes al descubierto que ambos podrían no ser más que las dos caras de una moneda girando constantemente bajo los designios del azar. Como ya apuntaba un poco antes en la reseña, el atractivo fundamental de Mr. Mercedes es poder contemplar esta impagable lucha de titanes en asiento de primera fila, ese intercambio constante de estocadas que se van infligiendo mutuamente en sus egos a través de la red u otro tipo de medios y que irá dejando a su paso un demoledor reguero de víctimas inocentes. El final, lejos de suponer la salida fácil a una peligrosa encrucijada argumental, sienta las bases para un segundo libro que promete ser tan emocionante y pirotécnico como el primero. Y es que ya lo venía advirtiendo el propio autor en las primeras páginas de Mr. Mercedes: "Volverá a hacerlo, porque no puede evitarlo, y tarde o temprano cometerá un error y lo cogeremos". Señor King, te esperamos con los brazos abiertos.


 
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