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Yiyun Li - En la naturaleza las cosas crecen

domingo, 11 de enero de 2026



► Título original: Things in Nature Merely Grow
► Traducción: Virginia Higa
► Año: 2025
► Edición:  Chai Editora (2025)
► Páginas: 154


En la naturaleza las cosas crecen es, posiblemente, el libro de memorias más inaccesible que se haya publicado nunca. Un libro que duele antes de abrirlo, difícil de abordar por el simple motivo de su existencia. Ni siquiera la curiosidad mórbida compensa la inmensa desolación que supone aproximarse al abismo al que nos arroja la autora. Y es que, en este breve pero impactante volumen, Yiyun Li (Pekín, 1972) nos habla con una entereza que no deja de sorprender sobre la experiencia de perder a sus dos hijos adolescentes, Vincent en 2017 y James en 2024, después de que ambos cometieran suicidio en circunstancias similares.

A pesar del inconcebible horror que supone para unos padres atravesar un duelo como ese, Yiyun Li consigue encontrar fuerzas de flaqueza para escribir sobre la muerte de sus hijos con una claridad emocional e intelectual que son dignas de admiración. En una especie de híbrido narrativo que mezcla autobiografía y ensayo, Yiyun Li reflexiona, mirando en el espejo de la literatura, la desconcertante proximidad entre la razón y la locura que se hace evidente cuando tienes que dar sepultura a tu descendencia. Lejos de ser un texto de superación, pues la autora rechaza con ahínco tal posibilidad, Yiyun Li ha elaborado una obra demoledora y certera que se lee como un acto de aceptación radical, un manifiesto contra la esclavitud del sufrimiento que pasa por abrazar el vacío inconmensurable y aprender a vivir en él.

En la naturaleza las cosas crecen es asimismo un intento necesario por entender lo que tantas veces escapa a la comprensión. Gracias a la escritura sorprendentemente sosegada y evocadora de Yiyun Li, las páginas de este libro sirven como espacio para reconstruir la personalidad arrolladora y ciertamente compleja de sus hijos, no tanto con la intención de retenerlos, sino con la esperanza de apaciguar la culpa por no haber sido capaz de detectar su determinación de abandonar el mundo. Yiyun Li habla con voz calmada, pero atronadora, sobre los entresijos de la ausencia, de las limitaciones de la escritura para capturar los matices de la emoción, así como de sus propias y estremecedoras batallas en el campo de la salud mental a propósito de una relación de absoluto sometimiento a los exabruptos de una madre maltratadora.

Existe en el tono de Yiyun Li una voluntad tan inquebrantable, una autoridad tan imponente desde su condición de víctima de unas circunstancias atroces, que la lectura de En la naturaleza las cosas crecen se paladea con cierta solemnidad funeraria. A pesar de los hechos tan dramáticos en las que se basan, las memorias de Yiyun Li irradian una cualidad luminosa, incluso esperanzadora. Hay aquí mucha desmitificación del duelo, de los incómodos rituales que representan las partes involucradas en el proceso, de las impertinencias y lugares comunes que suceden cuando no se sabe exactamente qué decir y la mejor opción que se nos ocurre es sencillamente no decir nada.

Afortunadamente, detrás del ensañamiento mediático, las declaraciones desafortunadas y los agravios escondidos tras una fachada de buenas intenciones, Yiyun Li encuentra razones para celebrar la amistad auténtica, la creación literaria y la ejemplar resiliencia de la naturaleza como refugios contra el malestar insoportable de los golpes y desdichas que trae la vida. Desprovista por completo de autocompasión y sentimentalismos, En la naturaleza las cosas crecen es una indagación sin paliativos en el núcleo mismo de los mecanismos que hemos desarrollado para sobrevivir al trauma, una observación lúcida, inspiradora, visceral y convincente —diría, incluso, incontestable— que nos permite vislumbrar un reino al que las palabras, por desgracia, no llegan. 


«No quiero un punto final para mi tristeza. La muerte de un hijo no es una ola de calor o una tormenta de nieve, no es una carrera de obstáculos que hay que correr y ganar, tampoco una enfermedad aguda o crónica de la que hay que recuperarse. ¿Qué es el duelo más que una palabra, un atajo, una simplificación de algo mucho más grande que esa palabra?»


★★★★★

Abigail Thomas - Lo que viene después... y que te guste

domingo, 16 de noviembre de 2025



► Título original: What Comes Next and How to Like It
► Traducción: Regina López Muñoz
► Año: 2015
► Edición:  Errata Naturae (2025)
► Páginas: 320


En el tercer volumen de sus memorias —Lo que cabe en un instante (Errata Naturae, 2024), Una vida de tres perros (Errata Naturae, 2023)—, la escritora norteamericana Abigail Thomas desgrana un episodio de su vida al que pocas personas pueden ponerle palabras. ¿Cómo se afronta el descubrimiento de que tu mejor amigo mantiene una aventura con tu hija? ¿Cómo se habla de la ciega negligencia que permite a la traición abrir una grieta tan profunda? Pues, por supuesto, no hablando de ello en absoluto. No sin pasarlo antes por el esclarecedor filtro de la literatura. Poseedora de una sabiduría casi ancestral, Abigail Thomas demuestra conocer perfectamente cómo operan los intrincados mecanismos del recuerdo y las historias que nos contamos a nosotros mismos, ofreciendo en Lo que viene después... y que te guste un emocionante ejercicio de narrativa mayúscula donde los momentos complicados de la vida prevalecen como el terreno del que brota la verdad más pura.

Lo que viene después... y que te guste aborda de manera absolutamente libre de ataduras la rocambolesca amistad de Abigail Thomas con el conocido agente literario Chuck Verrill —representante durante muchísimos años de nada más y nada menos que Stephen King—. Esta relación, entrañable, cautivadora y de una tonalidad casi romántica, se verá puesta a prueba cuando Thomas descubra, previa confesión de Verrill, que su alma gemela lleva un tiempo teniendo un lío con su hija Catherine. A través de viñetas que capturan escenas tan cotidianas como sobrecogedoras, Thomas reflexiona sobre el carácter indescifrable de la vida y las relaciones humanas mientras recoge pensamientos sencillamente deslumbrantes que giran en torno al amor, la confianza, la felicidad, el perdón y el arrepentimiento.

Aun con la presencia de episodios ciertamente oscuros, las memorias de Abigail Thomas irradian una fascinante luz. La autora norteamericana entremezcla su ambiciosa labor autobiográfica con su faceta artística, salpicando capítulos de una sombría implicación emocional con arrebatadoras imágenes sobre su proceso creativo a la hora de pintar. En las páginas de Lo que viene después... y que te guste resuenan los pasos de una familia efervescente, cuyos miembros entran y salen de escena a voluntad de la autora para dejar constancia de impresiones deslavazadas pero duraderas. Sin embargo, cuando Catherine sea diagnosticada con un cáncer bastante agresivo, la hija pequeña de Thomas dejará de ser en un mero satélite para convertirse en su dramático centro de gravedad.

Lo que viene después... y que te guste es, en gran medida, un acto de rebeldía contra el paso del tiempo y su ímpetu destructivo, empeñado en borrarlo todo. Desde la atalaya de la vejez y un alcoholismo mal disimulado, Abigail Thomas consigue plasmar con una genialidad indiscutible la absurda arbitrariedad de la memoria, capaz de obviar años y personas enteras mientras se aferra a detalles en apariencia insignificantes que, no obstante, acabamos atesorando como amuletos de un valor incalculable. Gracias a este magnífico volumen de visiones tan fugaces como indelebles, he podido adentrarme en la existencia de una mujer apasionante, inteligente, lúcida y mordaz que indaga en su pasado como recurso para extraer fuerzas con las que encarar el futuro y su inseparable presagio de muerte.

Apasionada de los hombres y los perros a partes iguales —a veces resultan indistinguibles unos de otros—, Abigail Thomas rescata de vivencias absolutamente devastadoras algunas de las enseñanzas más perspicaces y profundas del libro, como si tocar el trauma con los dedos fuese el catalizador de un entendimiento sublime. Y es ese quizá el artificio mejor logrado de una obra extraordinaria, conmovedora, humana a rabiar y completamente recomendable de principio a fin: la impresión de que su autora, tras toda una vida recorriendo escarpadas cimas y hondonadas en penumbra, está menos perdida e indefensa que cualquiera de nosotros.


«Odio el orden cronológico. [...] La idea de que ha pasado esto y luego esto otro y luego esto y lo de más allá, la implacable sucesión de acontecimientos y emociones engarzadas sólo porque los días se suceden y forman semanas que se suceden y se convierten en meses y años, consolida el hecho de que el único fin lógico para el orden cronológico es la muerte.»


★★★★

Tara Westover - Una educación

martes, 8 de enero de 2019



►Título original: Educated
►Traducción: Antonia Martín
►Año: 2018
►Edición: Lumen (2018)
►Páginas: 472


Aunque la premisa me picó la curiosidad, confieso que me decidí a leer Una educación movido principalmente por la tremenda popularidad que ha alcanzado a lo largo de este año. La autobiografía novelada de Tara Westover (Idaho, 1986) es uno de esos títulos de ubicuidad probada que no cesan de acosarte con su presencia hasta que aterrizan en tu biblioteca. Pero, ¿quién es Tara Westover y por qué ha causado tanto revuelo su historia? 

Una educación es una obra tan fascinante como estremecedora donde la autora narra su difícil infancia en el seno de una familia compuesta por siete hijos y unos padres que decidieron vivir apartados de la civilización. El padre de Tara, un pastor mormón obsesionado con el Apocalipsis, se erige desde las entrañas del relato como una presencia autoritaria y despiadada que, en su irracional convencimiento de estar siendo perseguido por el gobierno federal, no permite que sus hijos acudan a la escuela, vayan al médico o tomen medicinas. Acuciado por todo tipo de delirios y teorías conspiratorias, el cabeza de familia retiene a su mujer e hijos en un ecosistema rudimentario, sometiéndolos a largas jornadas de trabajo rural que, con los medios disponibles, se vuelven tan agotadoras como peligrosas. La insistencia en mantener un estilo de vida autosuficiente, apartado del sistema, provoca entre otras cosas que una simple negligencia pueda convertirse en una catástrofe letal. 

Con una claridad desgarradora, Westover describe lo que significa crecer y desarrollarse en un mundo sin referencias. A raíz de su incorporación al coro de la localidad, donde empezará a tomar contacto con otros niños de su edad, Tara descubre el alcance de su ignorancia y las consecuencias de su aislamiento. Poco a poco, impulsada por su propia necesidad y por el ejemplo de sus hermanos mayores —que consiguieron escapar de la tiranía paterna y labrarse un futuro más o menos apacible— Tara expresa su deseo de sacarse el título de secundaria y prepararse para el acceso a la Universidad, renunciando así a las paupérrimas lecciones que imparte su madre en casa. Esta decisión sacude por completo los cimientos del hogar, provocando una oleada de represalias que Tara Westover narra en su libro con una honestidad tan brutal como conmovedora.

Sin embargo, el camino que recorre Tara Westover a lo largo de Una educación es mucho más que el de la analfabeta que consigue colarse en una de las universidades más prestigiosas del mundo (trayectoria cuya credibilidad, por cierto, ha puesto en duda más de un lector). Creo que el principal atractivo de Una educación, y lo que convierte, en definitiva, la obra de Tara Westover en una narración inspiradora capaz de cautivar a tanta gente es su forma de reconocer el papel fundamental de la enseñanza en la formación del individuo. Gracias a la educación que Tara Westover se labra a base de dedicación inquebrantable, la autora consigue los medios para romper las cadenas que la atan a su pasado, del que manan todos sus miedos, inseguridades y carencias afectivas. Sin los sentimentalismos ni los exacerbados momentos de lucidez que se suelen asociar a la literatura intimista, Una educación sobresale como el emocionante y valiente testimonio de una autora revelación: una mujer que aprendió, por encima de todo, a ser ella misma.


«Cuando acudió por Navidad vi que leía un libro titulado Los miserables y concluí que debía de ser la clase de obra que leían los universitarios. Me compré un ejemplar con la esperanza de aprender algo de historia y de literatura, pero no fue así. Era imposible, porque no distinguía la ficción del telón de fondo verídico. Napoleón me pareció tan real como Jean Valjean. No había oído hablar de ninguno de los dos».


PUNTUACIÓN: ★★★★

Marta Rebón - En la ciudad líquida

viernes, 19 de enero de 2018



►Título original: -
►Traducción: -
►Año: 2017
►Editorial: Caballo de Troya
►Páginas: 416


Marta Rebón es una de las traductoras del ruso con más experiencia y reconocimiento a sus espaldas que hay en nuestro país. Sin embargo, como cualquiera de nosotros, Marta es muchas cosas más. Es también una fotógrafa diligente, algo que se percibe en las numerosas instantáneas que irrigan el texto de En la ciudad líquida. Es una viajera inquieta, exploradora hasta las últimas consecuencias de los nuevos territorios que pisa. Biógrafa comprometida, logra transmitir una profunda admiración por las vidas de aquellos escritores que han determinado en gran medida los contornos de su identidad.


En efecto, la literatura es un movimiento sísmico que configura nuestro paisaje interior. De igual manera, En la ciudad líquida se puede describir como el concienzudo esfuerzo de su autora por dibujar un mapa que refleje esa geografía íntima. Es, ante todo, un libro inclasificable, caracterizado por la libertad total que supone traspasar los límites que imponen etiquetas y definiciones. Crónica europea de la represión, libro de memorias, cuaderno de viajes, bitácora de lecturas... En la ciudad líquida es un texto camaleónico que cambia constantemente de forma, manteniéndose fiel al espíritu disidente de los novelistas y poetas que pueblan sus páginas, pero dejando entrever en todo momento un ardoroso y fervor por la lectura y el oficio de traducción, a veces denostado dentro de los propios círculos editoriales.

Cada capítulo de En la ciudad líquida aborda un motivo distinto, ya sea una etapa específica de su itinerario vital o la arquitectura emocional de ciudades por las que Marta Rebón nos acompaña como experta guía turística. A orillas del Nevá conoceremos una San Petersburgo fantasmagórica que ejerció sobre Dostoievski su magnético influjo. De Argel emana un arrullo desértico que enamoró a Camus por su capacidad para hacerle experimentar el auténtico silencio. Tánger, Oporto, Quito, Moscú, Nueva York... escenarios crepusculares que en el libro de Rebón adquieren una cualidad etérea, atemporal. En la ciudad líquida erige además un lugar privilegiado para la poesía de mujeres como Elizabeth Bishop y Anna Ajmátova, enmarcando su obra inmortal en el relato de sus respectivas tragedias personales. Tragedias que se unen a las de otros muchos escritores revolucionarios que fueron víctimas de la aplastante censura soviética y que Marta Rebón disecciona en su libro con meticuloso rigor.

Conmovedor en su intensidad, apasionante en su desorden, En la ciudad líquida constituye una lectura especialmente recomendada para bibliófilos empedernidos y feligreses de la literatura rusa en general. Marta Rebón nos ofrece con su libro la posibilidad de realizar simultáneamente un maravilloso viaje horizontal, más allá, y vertical, más adentro, hacia las profundidades de la memoria y el lenguaje, esos grandes y con frecuencia visitados países que, no obstante, en ocasiones nos siguen resultando completos desconocidos. 


"No amo a los justos, a aquellos que jamás cayeron, que nunca dieron un traspié, pues la suya es una virtud muerta, de escaso valor. A ellos no se les revela la belleza de la vida".

  PUNTUACIÓN: ★★★★

Vivian Gornick - Apegos feroces

miércoles, 17 de enero de 2018



►Título original: Fierce Attachments
►Traducción: Daniel Ramos Sánchez
►Año: 1987
►Editorial: Sexto Piso
►Páginas: 224


El género autobiográfico no es uno en el que suela aventurarme con mucha frecuencia. Sin embargo, las memorias de Vivian Gornick, que han permanecido inéditas en castellano desde su publicación original en 1987, han recibido demasiada atención de los medios literarios como para pasar desapercibidas. Nombrado en 2017 como mejor libro del año por el Gremio de Libreros de Madrid, Apegos feroces ha logrado la inusual proeza de aunar el beneplácito de esos habituales antagonistas que son crítica y público. Sin duda, la honestidad brutal que recorre las páginas de Apegos feroces explica en gran medida este fenómeno. Sentir que lo narrado nace de las entrañas es una característica esencial que deben reunir los trabajos de ficción, pero se convierte en absolutamente imprescindible cuando el autor se elige a sí mismo como objeto de estudio.

En el caso de Gornick, es la problemática relación con su madre lo que acapara el foco de interés narrativo, una relación áspera, puntiaguda, marcada por la falta de entendimiento y unos violentos arrebatos de exaltación emocional. Gornick relata su infancia en el neoyorquino barrio del Bronx como hija de obreros judíos y describe su educación sentimental como una contienda entre dos formas diferentes de entender el amor: la de su madre, tradicional, absoluta e incondicional, y la de su vecina Nettie, una mujer despampanante que abraza y emplea a conveniencia el influjo erótico que ejerce, en un sentido sexual, sobre los hombres y, en otro más profundo, fascinante e hipnótico, también sobre las demás mujeres.

Gornick crece así entre los intersticios del espectro romántico, demasiado instruida como para conformarse con lo que implica el papel de esposa tradicional, pero no lo suficientemente liberada de las cadenas que impone su percepción heredada. Estas impresiones del pasado se intercalan a lo largo del relato con los paseos que efectúa Gornick en tiempo presente con su madre, ya octogenaria, por las calles de Nueva York, paseos en los que la autora norteamericana reflexiona sobre su contribución al movimiento feminista mientras describe, entre otras cosas, su historial amoroso o su necesidad, a veces imperiosa, de verter las ideas sobre el papel. Siempre, eso sí, bajo la escrutadora y reprobatoria mirada de su madre, ente inseparable e insustituible de su propia identidad.

Apegos feroces constituye una apasionante y cautivadora exploración de las tensiones materno-filiales, pero también un examen concienzudo de la posición en la que se hallaban las mujeres de toda una generación. Mujeres inconformistas, entrometidas, abnegadas, inspiradoras, que odian a sus maridos, mujeres que se gritan «puta» en el rellano de la escalera, que aparecen, se van, pero nunca sin dejar huella. Del retrato tan vívido e intenso que hace Vivian Gornick de la figura materna se desprende un talento narrativo poco común, una compulsión rayana en lo obsesivo que trata por todos los medios de purgar los demonios presentes en el vínculo que las une. Esta dicotomía, esta angustia engendrada por amar lo que nos duele, es el feroz apego que consume a Vivian Gornick y que la escritora norteamericana utiliza como combustible de su narración. El de Gornick es un estilo inflamable, una llama que prende, no para consumir, sino para iluminar, para desatarse de aquello que la constriñe. Más allá de lo que cuenta, lo que hace de Apegos feroces un libro tan sobresaliente es la voz que se emplea para contarlo, una voz que a veces grita y otras susurra, pero que en todo momento seduce.


"Sangre, gritos, cristales rotos a ambos lados de la puerta. Esa tarde pensé: «Una de las dos va a morir a causa de este apego»".

PUNTUACIÓN: ★★★★

Angelika Schrobsdorff - Tú no eres como otras madres

martes, 13 de diciembre de 2016



Título original: Du bist nicht so wie andre Mütter
Traducción: Richard Gross
Año: 1992
Editorial: Periférica & Errata Naturae
Páginas: 592
Valoración: ★★★★




Tú no eres como otras madres es quizá uno de los libros que más revuelo han causado en nuestro país durante el presente curso. Y con razón. La obra de Angelika Schrobsdorff es una apasionante reconstrucción de la vida de su madre, Else Kirschner, durante el Berlín de los años 20 y el auge del nazismo en Alemania. Unas memorias elaboradas décadas después del fallecimiento de su protagonista que dan buena cuenta de una época vertiginosa, cambiante y que no hacía presagiar bajo ningún concepto el sombrío curso de los acontecimientos posteriores.

Else, criada en el seno de una familia perteneciente a la burguesía judía, mostró desde pequeña un visceral rechazo por las convenciones de su época tanto en materia religiosa como en lo personal, negándose firmemente a representar el papel que los de su clase habían preparado para ella y rechazando los preceptos de su identidad judía. Determinada a perseguir contra viento y marea un ideal que en el libro —una biografía con sabor a novela— se define como «lo completamente distinto», Else es descrita como un auténtico e imparable torbellino que no se detenía ante nada ni nadie cuando sus objetivos entraban en juego; una mujer, precursora de muchas otras, que antepuso su libertad y el individualismo por encima de todo, aun cuando eso conllevara consecuencias indeseables.


«Y en lo que se ha producido y sigue produciéndose dentro de mí, en lo que he pensado y sentido, mejor ni entro. Eso tiene que salir poco a poco, tiene que decantarse primero y dilucidarse».


La primera mitad del libro detalla con todo lujo de detalles el despertar vital de Else en el seno de una sociedad absorta en un único objetivo: disfrutar el momento. Las fiestas, los bailes, las orgías y, en general, el ambiente de celebración y florecimiento artístico que inundaba por aquel entonces la escena berlinesa traspasan el papel gracias a la vivacidad de Angelika Schrobsdorff como escritora y su habilidad para capturar la esencia de la época. Esta parte, a su vez, constituye el núcleo duro de la vida de Else, pues fue entonces cuando conoció y se enamoró de los tres hombres que se convertirían en los padres respectivos de sus tres hijos.

Ciertamente, Else Kirschner no fue una madre convencional. A partir de sus propios recuerdos y del ingente material manuscrito dejado por su progenitora, Schrobsdorff elabora el retrato de una madre incapacitada para asumir las responsabilidades que conlleva el mantenimiento de un hogar, pero entregada como ninguna otra a la tarea de amar a sus hijos y establecer atípicas relaciones de afecto. Sin embargo, la irrupción de Hitler en el poder transformó para siempre los ánimos y las expectativas de toda la nación, los de Else incluida. Sorprendida por la espiral de violencia y odio que empezó a recorrer las calles de Berlín, de repente Else se ve amenazada por unos orígenes de los que siempre renegó. En compañía de sus dos hijas menores, siendo Angelika una de ellas, Else se ve obligada a emigrar hacia la capital de Bulgaria con la esperanza de empezar una nueva vida en el exilio, sin saber que los estragos de la Segunda Guerra Mundial no tardarían en alcanzarla.


«—Y tú, mamá, ¿qué persona fuiste en tu juventud?
—Una que hoy desearía no haber sido. Y debes tener cuidado de que no te pase lo mismo».


En resumidas cuentas, Tú no eres como otras madres constituye un testimonio valiente, valioso y por momentos estremecedor. Me ha parecido muy interesante el enfoque que da la autora tanto a la vida de su madre como a la suya propia, extensión de la primera en tanto que ha estado intensamente marcada por su estela. La obra de Angelika Schrobsdorff es, además, una aproximación novedosa, al menos para mí, al devastador efecto y repercusión posteriores del Holocausto judío, narrado esta vez lejos de los campos de concentración y, sin embargo, tanto o más cerca del sufrimiento causado. La narración de Schrobsdorff está plagada de reflexiones y comentarios brillantes sobre el amor, la amistad, la maternidad y la identidad personal, y de como estas fuerzas se comban bajo el peso de los demoledores reveses que da la vida. Al fin y al cabo, la mujer en torno a la que gira la narración, ese incontenible elemento de la naturaleza que no se amedrenta nunca, acaba siendo consumida por sus desgracias y la de su familia, abocada a una muerte prematura. No obstante, siempre nos quedará este magnífico libro, recordatorio de que una vez vivió una mujer igual de magnífica e inspiradora.  

Luisgé Martín - El amor del revés

jueves, 3 de noviembre de 2016


«A menudo lo pienso aún: si en ese tiempo hubiera sido feliz, como quería, hoy estaría muerto. Y nunca tengo la certeza de qué prefiero».

Sin atender a razones de época y lugar, la homosexualidad ha acarreado consigo numeroso estigmas. Desde la humillación y el rechazo social hasta la condenación religiosa, sentirse atraído por personas del mismo sexo supone exponerse a un alud de padecimientos que no todo el mundo está preparado para soportar. En su último libro, una suerte de autobiografía novelada que explora sin tapujos aspectos íntimos y sórdidos relacionados con su identidad sexual, Luisgé Martín profundiza en las raíces de todos estos miedos compartidos. Sin duda influenciado por su férrea educación religiosa y la moral ultraconservadora que predominaba en la España de los años 70 y 80, Luisgé narra de manera desoladora los sentimientos de culpabilidad y extrañeza que empezaron a embargarlo durante la niñez, cuando sintió en su interior el nacimiento de esa pulsión maldita que lo acompañaría el resto de su vida.

El temor casi patológico a ser descubierto y la imposibilidad de asimilar su orientación sexual son los dos principios que guían la narración durante estos primeros compases de la historia, una adolescencia, como reconoce el propio autor, malgastada en tratar de luchar contra la naturaleza de sus impulsos carnales mientras el resto del mundo se embarcaba sin contemplaciones en amoríos lícitos. Fue este un tiempo precioso y jamás recuperado que hizo fermentar en el seno del escritor madrileño diversos trastornos y asperezas que moldearon su carácter y dificultaron enormemente la tan ansiada búsqueda de la felicidad. Porque si de algo trata El amor del revés, más que de las hercúleas luchas personales del autor, es precisamente de esa inalcanzable felicidad a la que aspiran, sin importar edad o condición, quienes han sido víctimas de pasiones prohibidas.

Luisgé Martín ha elaborado en El amor del revés una emocionante y universal crónica de los sufrimientos que conlleva el amor y de las estructuras que construimos en torno a su ideal perfecto, un mapa emocional surcado de profundas simas y desfiladeros desde los que muchas veces, en lugar de esperanza, se contempla un vacío infinito. Luisgé habla largo y tendido de los hombres que, con mayor o menor trascendencia, han pasado por su vida y lo hace siempre sin restricciones ni perímetros de seguridad, enfocando justo al centro de la herida en un valeroso ejercicio de honestidad y generosidad personal. Lejos de mostrarse indulgente o autocompasivo, Luisgé se desnuda con la naturalidad que proporciona la experiencia y nos invita a hacer un recorrido por los cuartos oscuros de su corazón, donde se acumulan a partes iguales recuerdos y efluvios.

Así pues, entre pornográficas diapositivas de la escena madrileña y trágicas relaciones de amor no correspondido, asistimos al paulatino pero firme proceso de transformación que sufre el autor a lo largo de sus memorias: una espectacular metamorfosis inversa en la que pasa de ser una asquerosa cucaracha repudiada incluso por sí misma hasta un ser humano pleno, digno y que, aun a pesar de su enconada descreencia en el triunfo del amor, ha acariciado la felicidad y ha soñado intensamente todo lo que no pudo vivir.  



Título: El amor del revés
Autor: Luisgé Martín
Año: 2016
Editorial: Anagrama
Páginas: 280
Valoración: ★★★★★





Maya Angelou - Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

jueves, 20 de octubre de 2016


Además de una célebre escritora, poeta y activista norteamericana, Maya Angelou es referida en multitud de ocasiones como una de las voces más importantes e influyentes de su generación. Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado es la primera de las siete autobiografías noveladas que Angelou escribió antes de morir en 2014 y que nos permiten asomarnos a los recovecos de su tormentosa infancia con una autenticidad y entereza desgarradoras. El libro, narrado con una sorprendente luminosidad a pesar de su carácter plomizo y deprimente, comienza relatando cómo con tan solo tres años fue enviada junto a su hermano Bailey, de cuatro, a vivir con su abuela en un pequeño pueblo de Arkansas donde la población negra sufría constantes humillaciones y desprecios.

No hace falta explicar que, en una época previa a la revolución que supusieron los movimientos por los derechos civiles (Maya Angelou nació en 1928), ser negro era sinónimo de exclusión, maltrato y escasez de oportunidades, por no decir de esclavitud. Los prejuicios y la desigualdad anidaron pronto en el maleable corazón de Angelou, quien llegó a interiorizar las numerosas injusticias que observaba día a día como algo, no solo aceptable, sino merecido. Aún así, estos primeros compases del libro no se caracterizan precisamente por su carácter reivindicativo, sino que muestran de forma sobrecogedora la profunda influencia de dichas ideas nocivas en el carácter de la escritora, que en más de una ocasión se describe a sí misma como una niña apocada, encerrada en sí misma, algo más contestataria e indisciplinada en compañía de su hermano Bailey, por quien desarrolla una devoción absoluta, además de una relación entrañable de comprensión y entendimiento fraternal basada en el ejercicio continuado de diversas fechorías.

Si bien el proceso de desarrollo de una muchacha sureña negra es doloroso, la sensación de estar fuera de lugar es como el óxido de la navaja que amenaza con cortarte el cuello.
  Es un insulto innecesario.

Sin embargo, poco imaginaba la pequeña Marguerite Johnson por aquel entonces que la etapa más oscura de su corta vida no había pasado, sino que estaba a punto de llegar. Tras ser reclamados de nuevo por dos completos desconocidos que aseguraban ser sus padres, los dos hermanos se mudaron a San Luis para experimentar el episodio más triste y demoledor que se recoge en la obra. Y es ahí, precisamente en el clímax emocional del libro, cuando Maya Angelou se muestra más sobria y contenida que nunca, sobrevolando el desastre sin regodearse en las víctimas ni reparar en las catastróficas consecuencias. Y es también en ese mismo punto cuando uno percibe la grandeza de Maya Angelou como narradora, cómo construye las escenas y entreteje los diálogos de manera que todo queda perfectamente compacto y cohesionado, transformando las profundas grietas de los personajes en simples cicatrices que son mucho más fáciles de observar.

El resto del libro no es menos admirable: y es que, sea cual sea el tema que trate, ya sea cuestionando su propia sexualidad incipiente, describiendo la retorcida complejidad de las relaciones familiares, refugiándose en la lectura como vía de curación o clavándole las garras al racismo más arraigado, Maya Angelou posee una voz cálida y reconfortante, ingenua a veces, que te transporta inmediatamente a donde ella quiere, como ella quiere. En líneas generales, Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado me ha parecido una lectura agradable, apasionante por momentos, y que encierra gran cantidad de lecciones sobre cómo afrontar el mundo desde la perspectiva de una auténtica superviviente. Además, puede ser una opción más que provechosa ahora que las tensiones raciales en un país como Estados Unidos parecen estar más candentes que nunca desde hace más de medio siglo. Quizá algún día alcancemos ese ansiado estado de libertad, justicia e igualdad para todos los ciudadanos. De momento, no obstante, el pájaro sigue cantando en su jaula.



Título original: I Know Why the Caged Bird Sings
Traducción: Carlos Manzano
Año: 1969
Editorial: Libros del Asteroide
Páginas: 352
Valoración: ★★★½





James Rhodes - Instrumental

domingo, 7 de febrero de 2016


► Título original: Instrumental
► Traducción: Ismael Attrache
► Año de publicación: 2015
► Editorial: Blackie Books
► Páginas: 288



Esta va a ser, probablemente, la reseña más irrelevante que he escrito en el blog durante los últimos cuatro años. No es que considere mi opinión de poca o ninguna importancia (algún resquicio de autoestima me queda), pero lo cierto es que se han dicho tantas cosas y de tantas formas distintas sobre Instrumental desde el momento de su publicación que he perdido cualquier esperanza de aportar un pequeño matiz de originalidad a todo lo que ya se puede encontrar en las hemerotecas. Podría salirme del tiesto, claro, nadar a contracorriente, desmentir la opinión popular y decir que Instrumental es sensiblero, melodramático y emocionalmente manipulador. Pero no sería más que una vulgar mentira.

Cuando se trata de libros que aparecen hasta en la sopa, como es el caso de Instrumental, uno tiende de manera natural a la reticencia, la desconfianza, la improbabilidad estadística de satisfacer todas esas expectativas que inevitablemente se generan. Sin embargo, las desgarradoras memorias de James Rhodes, prestigioso concertista británico que ha participado en varios documentales para televisión y está llamado a regenerar la industria musical clásica gracias a su rompedor enfoque, constituyen un ejemplo incontestable de que, a veces, las críticas unánimes están absolutamente justificadas. 

Pues ahí lo tenéis. Mi club de la lucha particular. Tal como Tyler Durden nos ha enseñado, la primera regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha. Y yo no lo hice. Durante casi treinta años. Pero ahora sí. Y si sois de las personas que creen que no debería hacerlo, que os den por culo.

No obstante, la lectura de este libro no está exenta de cierto peligro. Su temática, obviamente, es un detonante que puede despertar los impulsos más irracionales por parte del lector. Pero es quizá el método de escritura que practica Rhodes, un brutal ejercicio de honestidad, ironía e intensidad visceral, lo que hace de Instrumental un auténtico hito en el terreno de la autobiografía. Y es que, tal y como él mismo nos cuenta, James Rhodes fue sometido desde los 6 años a un prolongado período de violaciones por parte de su profesor de gimnasia, un calvario que se extendió a lo largo de toda su infancia sin que docentes o familiares se percataran de ello a pesar de las secuelas tanto físicas como emocionales que Rhodes sufrió. Los ecos de aquel terrible trauma se propagaron por toda su adolescencia —cuando Rhodes comenzó a desarrollar una relación de dependencia hacia el alcohol, las drogas y, posteriormente, las autolesiones con cuchillas— hasta su vida adulta, marcada por largas temporadas de depresión y ansiedad, comportamientos autodestructivos, intentos de suicidio, trastornos mentales e internamientos en centros psiquiátricos.

Así pues, la primera parte del libro es un impactante y desinhibido descenso al infierno personal de Rhodes, que viene a ser, a grandes rasgos, el equivalente emocional de ponerse delante de un camión cisterna desplazándose a toda velocidad por una autovía y dejar que te atropelle sin contemplaciones. Sin embargo, a pesar del dolor, la desolación y profunda tristeza que transmiten estos compases iniciales, el testimonio de James Rhodes se devora con una fruición morbosa que desafía nuestros niveles de tolerancia ante el sufrimiento ajeno. Justo cuando piensas que ya está bien, que ya se ha acabado todo y a partir de ese momento la vida del célebre pianista va a dar un vuelco a mejor, Rhodes te sorprende con desgracias aún más extremas. Aún así, Instrumental no da en ningún momento la sensación de ser un libro sensacionalista o de crueldad gratuita. No. Nada más lejos. La crueldad de esta obra es un peaje necesario para comprender aunque sea una ínfima parte de sus horribles experiencias, una medida para poder calibrar el poder regenerador de la música, que es, en palabras del propio autor, la única razón por la que continúa vivo. 

En efecto, la música es el otro gran tema que ocupa las páginas de Instrumental. Cada capitulo del libro está introducido por un breve comentario sobre algún compositor o intérprete de música clásica en el que Rhodes realiza sorprendentes reflexiones y destaca la universalidad de su lenguaje o la profunda capacidad de unos pocos genios para inspirar sentimientos únicos que, como en el caso del autor, consiguen sacarnos a flote cuando nos encontramos en la más absoluta miseria. Puede que sea demoledor, incómodo, perturbador, sí, pero también es necesario. En Instrumental, James Rhodes consigue transformar la rabia, asco e indignación iniciales en un liberador relato que destila esperanza, agradecimiento y un incondicional amor por la música. Es un libro que, sin duda alguna, es capaz de dejar, no una huella, sino una profunda cicatriz. ¿Y no son estas las obras que más merecen la pena leer?



Reseñas breves [80-82]

viernes, 20 de marzo de 2015

Antes de que los cuelguen, Joe Abercrombie
Alianza Editorial - 784 páginas - ★★★½

Antes de que los cuelguen es la segunda entrega de la trilogía que ha consagrado definitivamente a Joe Abercrombie como uno de los mejores escritores de fantasía que existen en la actualidad. Su extraordinaria habilidad para describir personajes carismáticos, verosímiles, profundos y de moral discutible hace que sus mastodónticos mamotretos se esfumen entre nuestras manos sin que apenas nos demos cuenta. También contribuye a este extraño fenómeno la asombrosa orquestación llevada a cabo por Abercrombie de todos esos hilos argumentales que transcurren de forma simultánea en la novela, tramas tan apasionantes como adictivas que se van entrecruzando lentamente, pero de manera significativa, entre espectaculares despliegues de estrategia militar, intrigas palaciegas e interesantes explicaciones acerca de la magia que aún yace latente en el universo de la Primera Ley. Y aunque tanto los diversos arcos argumentales como los personajes que les dan apoyo permanecen igual de geniales, divertidos y saludables que siempre, quizá este segundo libro peca más de transitorio en su desarrollo, como si Abercrombie estuviese solamente interesado en anticipar los acontecimientos que darán pie al desenlace de la saga, en lugar de experimentar con las enormes posibilidades que ofrece esta etapa intermedia. A pesar de ello, Antes de que los cuelguen sigue siendo un libro estupendo, una muy buena continuación cargada de tensiones, diálogos brillantes, brutalidad narrativa, demoledoras reflexiones y un despiadado sentido del humor que sirve para iluminar los momentos más oscuros de la historia. Espero con ansias devorar la tercera y última parte.


Deseo que venga el Diablo, Mary MacLane
Seix Barral - 224 páginas - ★★★½

Este libro es, no sé cómo decirlo de otra manera, lo más ridículamente divertido que he leído en mucho tiempo. Este libro es susceptible de causar estupor, vergüenza, controversia y admiración. Este libro ha hecho que me enamore de una mujer muerta. Porque Mary MacLane fue una escritora valiente, arriesgada, apasionante y apasionada, la estridente voz de una generación, la Hannah Horvath de hace un siglo, una chica que guardaba fuego en su interior y que, lejos de intentar sofocarlo, lo utilizó para prender el mundo que la rodeaba. Y es que leyendo tan solo un par de páginas de este Deseo que venga el Diablo, no cuesta ningún trabajo adivinar por qué el primer libro de Mary MacLane causó tanto revuelo en el momento de su publicación ni por qué sigue haciéndolo hoy, más de un siglo después de que cierta joven canadiense de apenas diecinueve años consiguiera encandilar a medio mundo y escandalizar al otro medio cabalgando a lomos de su desproporcionado ego. A pesar de su inmadurez, su recalcitrante complejo de superioridad y una pesadumbre vital que roza la depresión clínica, el autorretrato que realiza Mary MacLane en Deseo que venga el Diablo destila en todo momento un asombroso genio narrativo que brilla a la hora de abordar temas como el feminismo, la sexualidad o la muerte como experiencia que anhela ser abrazada. Su magnífico estilo poético y su arrojadiza franqueza consiguen dinamitar cualquier tipo de prejuicio o barrera que podamos plantar ante el repelente narcisismo de MacLane. Lo cual es toda una suerte, ya que solo de ese modo seremos capaces de contemplar en todo su esplendor la inflamable excentricidad de esta fémina rebelde y la conmovedora perspicacia que ya demostraba a su edad. Una lectura inimitable, genuina y por supuesto, muy recomendable.


El don, Mai Jia
Destino - 480 páginas - ★★

Si os digo la verdad, tenía bastantes esperanzas puestas en esta novela. Sobre todo por aquello de que la criptografía y la teoría de códigos son temas que me apasionan. Además, el libro venía precedido por unas apabullantes cifras de venta en su país de origen (aunque bien pensado, despachar 15 millones de libros en China debe de ser más fácil que la tabla del uno) y una avalancha de críticas positivas. Pero después de haberlo leído, solo cabe en mi mente una pregunta: ¿cómo narices se las apañó el autor para tardar más de una década en escribir... esto? No digo que sea una mala novela, no, pero cuando menos es decepcionante. El don narra la biografía de Rong Jinzhen, un joven genio de las matemáticas con nulas habilidades sociales y un trágico pasado familiar, un prodigio muy codiciado por los académicos de su tiempo que entrará a formar parte del servicio de inteligencia militar chino por su capacidad de descifrar códigos aparentemente inquebrantables ¿alguien ha dicho Turing?. A simple vista pudiera parecer una historia interesante, pero lo cierto es que El don carece completamente de cualquier aliciente narrativo más allá de su vertiginosa estructura en forma de thriller, la cual hace mucho más llevadera esa irritante abundancia de tópicos de la que hace gala esta novela. Las -pocas, no vayamos a asustar al personal- explicaciones matemáticas que aparecen salpicadas a lo largo del libro son de una superficialidad entre irrisoria y ofensiva, los personajes aparecen tratados como meros arquetipos (quizá el único que se escapa de esta valoración es el propio protagonista, del que conoceremos en profundidad su obsesión enfermiza por los números y la soledad e introspección que eso conlleva) y el argumento en sí promete una apasionante trama de suspense que en realidad nunca llega a despegar. El resultado, un libro sin pretensiones, sencillo, ligero y ameno, pero también bastante prescindible.


Reseñas breves [76-79]

jueves, 26 de febrero de 2015

Lo que dijo Harriet, Beryl Bainbridge
Impedimenta - 240 páginas - ★★½

Existe una etapa en el período de crecimiento humano que parece ser propicia para la maquinación de fechorías y travesuras varias. Una tendencia, en muchos casos resulta hasta perturbadora, que suele alcanzar cotas delictivas cuando se tiene la suerte de poseer un compañero de juegos dispuesto a convertirse en tu cómplice silencioso. Sin ir más lejos, las dos jóvenes protagonistas de Lo que dijo Harriet obedecen a este siniestro perfil psicológico que resulta de circunscribir a la esfera adolescente comportamientos y ambiciones propios de edades más tardías. En efecto, el amor no es un pasatiempo apto para todos los públicos, pero no nos debemos de extrañar si la anónima narradora que pone voz a la novela de Beryl Bainbridge describe y analiza con impropia minuciosidad la magnitud de sus más oscuros anhelos. Cual núbiles lolitas de aspecto cándido, pero sin una pizca de escrúpulos en realidad, ella y su manipuladora amiga Harriet pasarán unas inolvidables vacaciones de verano trazando el mapa de su sexualidad floreciente; un plan cuya consecución exitosa pasa por embelesar a un infeliz hombre casado al que apodan el Zar y hacerle sucumbir ante sus recién descubiertos encantos. Dicho así, pudiera parecer que estamos ante una historia cuando menos rocambolesca, impúdica y provocativa, pero lo cierto es que esta novela, basada en un caso real que conmocionó a la sociedad inglesa de su época, no ha conseguido transmitirme ese carácter transgresor y subversivo que en principio prometía. La perversa y venenosa relación que existe entre amabas protagonistas es sin duda lo mejor de una obra que destaca sobre todo por su lenguaje refinado y su exquisita capacidad de insinuación, más bien que por su discutible repulsividad. No obstante, me ha gustado leerla, tiene momentos realmente brillantes por los que merece recibir una oportunidad.


Las buenas intenciones, Amity Gaige
Salamandra - 288 páginas - ★★★

Aunque trata temas complicados y de difícil aproximación, esta estupenda novela de Amity Gaige ha sabido transmitirme muy buenas sensaciones durante su lectura. La escritora norteamericana nos sitúa en Las buenas intenciones en la piel de un hombre llamado Eric Kennedy que, ya desde la cárcel, le escribe un larga confesión a su exmujer relatando los motivos que le llevaron a secuestrar a la hija de ambos, de solo seis años, y emprender con ella un último viaje desesperado con el que saciar su instintivo sentido protector. Además de eso, la novela contiene numerosos episodios de la vida de Kennedy que ayudan enormemente a explicar su, en ocasiones, incomprensible comportamiento, su disociación con los valores norteamericanos tradicionales, sus profundos problemas de identidad y el inevitable decaimiento de su relación con Laura, la madre de su hija; todo ello a través de un sugerente juego narrativo donde entran en acción los maleables recuerdos de su protagonista. Emotiva, evocadora, sincera, apasionada... Las buenas intenciones se debate entre un entrañable tono paternalista y otro más mordaz y cáustico, idóneo para cuando su protagonista afila la lengua en materia de tectónica familiar. Sin embargo, en ambos casos Amity Gaige sabe sacar lo mejor de una historia simple, cotidiana hasta la médula y que podría haberse quedado en la más absoluta mediocridad, para ofrecernos en lugar de eso una novela sólida, madura, en la que merece la pena invertir unas cuantas horas. Yo lo hice y la verdad es que me ha dejado bastante satisfecho.


Ritos funerarios, Hannah Kent
Alba Editorial - 368 páginas - ★★★

Inspirándose en la historia real de Agnes Magnúsdóttir, la última mujer que fue ejecutada en Islandia allá por el siglo XIX acusada de participar en un doble homicidio, Hannah Kent ha escrito una novela realmente descorazonadora que vira hacia el lado más inhóspito y sombrío de la naturaleza humana. Brillante y tétrica a partes iguales, Ritos funerarios supone una reconstrucción ficticia (pero muy bien documentada) de los últimos días de la vida de Agnes, gracias a la cual podremos conocer de primera mano el angustioso y opresivo rechazo del que era objeto por parte de sus inmisericordes coetáneos, así como los recurrentes remordimientos que atormentaban su conciencia. Por otro lado, la novela narra los ímprobos esfuerzos de un joven sacerdote que se ha propuesto ayudar a Agnes a alcanzar el arrepentimiento a través de estériles conversaciones de índole espiritual. Sin embargo, como poco a poco iremos aprendiendo, no es Agnes la más interesada en evitar un hipotético tormento eterno, sino que esta mujer apasionada y tozuda a partes iguales prefiere comprender y aceptar el dolor actual. En ese sentido, Ritos funerarios constituye una soberbia reflexión sobre temas como la muerte, el sentimiento de culpa o la salvación del alma. Una obra lírica, arriesgada (no todas las partes de la novela son igual de exitosas) y repleta de matices que logra conservar en todo momento la inconfundible huella de su personalidad nórdica, además de penetrar en el interior de sus personajes hasta las capas más profundas, tal y como se adentra la escarcha por los serpentinos resquicios de un terreno agrietado. Bastante entretenida y recomendable.


Nobles y rebeldes, Jessica Mitford
Libros del Asteroide - 318 páginas - ★★★½

Para quien a estas alturas aún no lo sepa, la extremadamente peculiar familia Mitford constituía a principios del siglo pasado uno de las clanes aristocráticos más influyentes y respetados del establishment británico, un reputado linaje no exento de ciertas tribulaciones que llegó a ocupar largos reportajes en las crónicas de sociedad y a ser reconocido en terreno internacional por los espectaculares escándalos que protagonizaban sus irreverentes hijas. En Nobles y rebeldes, es la propia Jessica Mitford (quinta en orden de prioridad) quien nos cuenta a modo de memorias sus entrañables años de niñez y adolescencia en el seno de tan excéntrica familia. La camaleónica relación que mantenía con cada una de sus hermanas, su enconado desprecio hacia un sistema de educación arcaico, anquilosado y retrógrado que dejaba el progreso académico muy lejos del alcance de las mujeres o su apasionante entrada y posterior ascenso en la escala social inglesa son solo algunos de los temas que Jessica aborda en su libro desde una perspectiva fascinante, irónica y por momentos desternillante. Sin llegar en ningún punto a resultar abrumador, Nobles y rebeldes también ejerce un inevitable repaso al efervescente mapa político que se estaba gestando durante los convulsos años previos a la Segunda Guerra Mundial y describe el modo en que los distintos miembros de la familia se vieron obligados a adoptar ciertas medidas estratégicas en función de si su ideología era afín o no al imparable ascenso del régimen nazi. Pero, sin duda, lo mejor de esta maravillosa obra (si bien a partir de la segunda mitad pierde un poco de su lustre inicial) es dejarse hipnotizar por la cadenciosa voz de Jessica Mitford, el arrebatador desparpajo con el que ridiculizaba todo tipo de convenciones y normas de protocolo, y disfrutar con la gran cantidad de experiencias y anécdotas únicas que experimentó en sus primeros años de vida. O en otras palabras: ya estáis tardando en haceros con él.



Reseñas breves [67-69]

jueves, 4 de diciembre de 2014

Steelheart, Brandon Sanderson
Ediciones B - 416 páginas - ★★★½

Brandon Sanderson es un escritor que despacha libros como si fueran panes. Y empieza a ser un poco difícil esto de distinguir entre sus distintas trilogías, segundas trilogías, spin-off's, relatos, segundas partes de relatos, sagas, trilosagas, spin-trilogías off-relatos... bueno, ya me entendéis. El caso es que Steelheart es la primera parte de una serie protagonizada por algo así como cazadores de superhéroes que en realidad son supervillanos que en realidad son humanos normales y corrientes a los que una anomalía cosmológica conocida como Calamity les otorgó habilidades fuera de lo común. Estamos ante una interesante variación de ese recurrido mito engendrado por Marvel o DC en el que los buenos salvan el planeta y se llevan a la chica guapa de turno, una historia un tanto típica pero planteada desde un punto de vista muy original, muy bien narrada y que se desarrolla con una envidiable intrepidez. La desenvoltura con la que Sanderson es capaz de describir a los principales protagonistas o el trasfondo histórico de la novela es la propia de un escritor sobradamente experimentado; no así la decepcionante simplicidad argumental del libro, el exagerado maniqueísmo de algunos personajes, los innecesarios vaivenes finales de la trama o esa conclusión completamente anticlimática y abrupta que da pie a la segunda entrega de esta enésima trilogía. Vaya por delante que Steelheart es un libro que me ha gustado bastante, muy entretenido, dinámico y gráfico, pero carente de profundidad, contundencia narrativa y alardes estilísticos. Como un cómic de cuatrocientas y pico páginas.


El libro de las pruebas, John Banville
Alfaguara - 240 páginas - ★★

A ver. Cómo lo digo. Ah, sí. Menudo bodrio. Desde el principio de los tiempos, John Banville ha sido destinatario de loas, alabanzas y elogios muy por encima de sus posibilidades. Tanto, que incluso ha sido el elegido para reinterpretar a una de las figuras más importantes y representativas de la literatura norteamericana con el consecuente cabreo de sus fans más acérrimos (aunque a mí me gustó, he de admitir). Es cierto que el autor irlandés ganador del Man Booker Prize y el Príncipe de Asturias tiene un don innato para la escritura, que posee un estilo prodigioso, bello, etéreo e inimitable. Pero de nada sirven su finura técnica ni su empalagoso virtuosismo narrativo si lo que estoy leyendo es tan interesante como un puñetazo en el estómago. Al menos, esa es la sensación que tenía cada vez que pasaba una página de El libro de las pruebas. La de ser invadido por el más soporífero, palpitante, doloroso y casi tangible aburrimiento. La novela, que está narrada por un intelectual psicótico, narcisista, presuntuoso y pedante hasta la náusea (imaginad un soliloquio de varias horas interpretado por el actor secundario Bob), es en realidad la confesión escrita y aclaratoria de un criminal que cometió un asesinato para intentar dar solución a un problema todavía mayor. Esta circunstancia, que se conoce prácticamente desde el inicio de la novela, es en realidad una excusa empleada por Banville para poner al servicio de su innegable valía como escritor un supuesto estudio sobre la condición humana y las múltiples atrocidades que genera, una suerte de batiburrillo existencialista donde se percibe una leve intención de incomodar al lector por medio de la precariedad y la bajeza de nuestros instintos más arraigados, pero que en realidad molesta por la flagrante inanidad de su contenido. Lo "bueno" de El libro de las pruebas es que se trata de una de sus obras más tempranas, por lo que aún conservo un resquicio de esperanza en mi propósito de encontrar un libro suyo que haga válidas todas esas buenas críticas que recibe. A ver si con Antigua luz se aclara un poco este oscuro panorama...


No soy ese tipo de chica, Lena Dunham
Espasa - 296 páginas - ★★★½

Lena Dunham es una de mis personas favoritas. Viendo cualquier episodio de la serie que protagoniza, uno difícilmente podría establecer una separación clara entre la Lena auténtica y el histriónico papel que interpreta en la pequeña pantalla. Y eso mola. Ella en general mola. Muchos la tachan de sensacionalista, de pirada o de incluso enarbolar un falso feminismo en pos de seguir alcanzando cierta trascendencia en los medios. Pero este libro, escrito totalmente desde las entrañas, narrado con un descacharrante sentido del humor, una arrebatadora sinceridad y una absoluta falta de escrúpulos tan encomiable como censurable, no es sino la confirmación definitiva de que la excentricidad característica de Lena Dunham está terriblemente lejos de ser impostada. Siguiendo una estructura muy dispar, Dunham nos desvela a través de los episodios más (y menos) trascendentales de su vida todas esas facetas aún no descubiertas de su personalidad poliédrica y multidisciplinar. El sexo, la amistad, el trabajo, la familia, la comida y sus frecuentes trastornos psicológicos conforman el grueso de este simpático libro de memorias donde Dunham analiza a la vez que descubre la importancia de esos distintos aspectos en su formación como persona, desnudándose para sus lectores de una manera completamente distinta a como nunca antes lo había hecho en televisión: íntima, cómplice, consentida, aceptando sus complejos con una naturalidad ya inherente y tendiendo una mano a todos esos outsiders que, como ella, conviven al borde de una sociedad basada en estereotipos. Lo que sí he echado en falta durante su lectura es algo del genio, la garra y la inspiración que Lena ha convertido en su firma, pero en líneas generales No soy ese tipo de chica ha satisfecho cómodamente mis expectativas y merece sin duda que le deis una oportunidad. 

 
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