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Lucía Solla Sobral - Comerás flores

martes, 13 de enero de 2026



► Título original: —
► Traducción: —
► Año: 2025
► Edición:  Libros del Asteroide (2025)
► Páginas: 248


La protagonista de Comerás flores sabe muy bien que a veces las expectativas juegan malas pasadas. El debut narrativo de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), ítem omnipresente en las listas de mejores novelas del año, se ha convertido sin ninguna duda en uno de los títulos más cacareados de 2025. Corría el riesgo, por tanto, de tropezarme con un libro que no supiera mantener el tipo o que cediera ante el peso de los elogios recibidos. Sin embargo, después de haberme zambullido en la propuesta de Solla Sobral, estoy convencido de que Comerás flores es, probablemente, la novedad que mejor ha soportado el no siempre agradecido filtro de la publicidad.

Comerás flores es una obra primeriza, si no excepcional, por lo menos indudablemente solvente. Diría que incluso con atisbos de excelencia. En ella conocemos a Marina, una chica que transita las corrientes del duelo por la muerte de su padre mientras trata, con pie titubeante, de abrirse paso por el complicado mundo de los adultos. Desde su destartalado piso de universitaria, que comparte con su amiga del alma Diana, Marina relata su desazón existencial y sus pequeños tropiezos cotidianos como si preparase el terreno para el embrollo amoroso en el que está a punto de meterse.

Sin apenas esfuerzo, Jaime actuará como el catalizador para el trastorno de Marina. Seducida por el encanto de los hombres que maceran su atractivo en un aura de sofisticación y éxito profesional, Marina experimenta un torrente de lujuria que la arrastra hacia una espiral sin retorno. Pronto, la distancia de veinte años que separa a Marina de su flamante novio eclipsará por completo el furor de haber saboreado las mieles del amor. Y es que, a pesar de su carisma y su irreprochable figura pública, Jaime acaba sometiendo a la protagonista a los desconcertantes vaivenes de una relación dependiente, marcada por los celos tóxicos, la necesidad de control y el estallido de silenciosas violencias que erosionan la convivencia, la autoestima y hasta la propia vida.

En Comerás flores, Lucía Solla Sobral ha perfeccionado una voz tan singular como desgarradora que no hace sino relatar con urgencia y desasosiego la experiencia de haberse perdido a una misma en la vorágine de una pasión desigual. Marina encarna de manera sumamente vívida la figura de alguien que va sacrificando en nombre del amor parcelas cada vez más significativas de su vida hasta acabar con su identidad completamente desahuciada y una lista de pertenencias con tendencia a la baja. En la novela de Solla Sobral, el lenguaje —impulsivo, atropellado, crudo, poético— se adapta con asombrosa gracilidad a la tonalidad emocional de la narradora, sirviendo como vehículo de una atmósfera asfixiante y claustrofóbica donde el terror se confunde con el afecto y el estómago se transforma en un espeluznante cementerio de felicidad aniquilada.

A pesar de su dureza, o quizá precisamente por eso, el magnífico debut de Lucía Solla Sobral me ha encantado de principio a fin. Se lee con compulsividad adolescente, pero goza de una reposada madurez narrativa y una honestidad fiera, rebelde, vulnerable. Comerás flores es un festival de literatura sin paliativos, una exultante celebración de la amistad, el hogar y los vínculos familiares como vértebras sobre las que se estructuran la construcción de nuestro yo más íntimo, asideros a los que aferrarse cuando el mundo viaja a 200 kilómetros por hora y los sentimientos le arrebatan el control a la razón. Puede que la autora no haya inventado la rueda en este libro —¿acaso queda ya algo que inventar?—, pero su visión genuina y la absoluta autenticidad que desprende su prosa hacen de Comerás flores una novela sólida y muy pertinente sobre cómo la ingenuidad y la inexperiencia constituyen el combustible de una depredación que a menudo es indistinguible del deseo. 


«Y me pregunto si tiene sentido algo. Estudiar aquello, trabajar de esto otro, mudarme, esa relación que fue tan bonita tan lejos tan difícil, o esa otra que rueda tan rápido que tengo miedo a que se resquebraje por el camino y vaya soltando pedazos y que todos los pedazos sean míos.»


★★★★

Anita Brookner - Hotel du Lac

sábado, 8 de noviembre de 2025



► Título original: Hotel du Lac
► Traducción: Catalina Martínez Muñoz
► Año: 1984
► Edición:  Libros del Asteroide (2025)
► Páginas: 200


Ganadora del Premio Booker en 1984, la novela más emblemática de Anita Brookner (Londres, 1928) es un canto a la actitud contemplativa que demuestra no ser necesario un aluvión de giros argumentales ni un ritmo frenético para elaborar una historia absolutamente emocionante y cautivadora. Y es que la vida, por mal que nos pese, se compone en su mayoría de momentos intrascendentes y personajes que se cruzan en nuestro camino sin dejar el más mínimo rastro. Sin embargo, la banalidad no siempre implica irrelevancia y no hay combustible más útil para la imaginación que una fachada de inutilidad. Gracias a su talento desbordante para convertir lo superfluo en un auténtico manantial de sustrato narrativo, Anita Brookner nos regala en Hotel du Lac una fantástica novela sobre el encanto de lo cotidiano cuya falta de grandiosidad se convierte, paradójicamente, en un signo inconfundible de grandeza.

La protagonista de Hotel du Lac es una escritora de novelas románticas que aterriza en esta encantadora pensión suiza a modo de exilio forzado después de protagonizar un escandaloso episodio en su Inglaterra natal. Edith Hope, cuyo mayor pecado es haberse salido momentáneamente de su personaje, se refugia en la escritura de su próxima obra mientras se convierte en observadora infatigable de un pintoresco grupo de huéspedes. Hope, víctima de la curiosidad y una incansable deformación profesional, fantasea sobre las dinámicas que rigen entre sus improvisados compañeros de residencia —en su mayoría mujeres— a medida que comienza a sufrir el tirón de la gravedad hacia el núcleo de sus existencias tan trágicas como carentes de esperanza.

Entre los personajes más extravagantes del hotel encontraremos a Iris Pusey, una dama ricachona que dilapida la fortuna de su difunto marido como método de procesar el duelo y que junto a su anodina hija Jennifer forma un dúo de marujas entrometidas dispuestas siempre a monopolizar la conversación. Su rival más enconada es Monica, una mujer de mediana edad que sufre un trastorno alimenticio y va acompañada a todas horas por su escandaloso perro Kiki, mientras que complementa el reparto madame de Bonneuil, una anciana aparcada en el hotel como si fuera un trasto viejo porque la mujer de su hijo no soporta la idea de convivir con ella.

Así, Edith, que firma sus novelas como Vanessa Wilde en honor a su escritora de referencia, poco a poco se convertirá en la confidente de los inquilinos del Hotel du Lac mientras trata de ordenar los pedazos de una vida amorosa que se desmorona entre sus dedos porque, quién lo diría, manejar los asuntos de otros no te hace un entendido en los tuyos. Sí, en las novelas de Anita Brookner, la ficción no parece una herramienta para descodificar mejor la realidad, sino un mecanismo para evadirla, y es esa tensión entre nuestra capacidad para fabular vidas ajenas y nuestra imprecisión a la hora de hacerlo con rigor donde reside uno de los encantos más llamativos de Hotel du Lac.

En las delicadas y elegantes manos de Anita Brookner, el Hotel du Lac aparece como un personaje más de la novela, un espacio crepuscular y anacrónico donde acuden, en las postrimerías del verano, no viajeros que vienen a hacer turismo fuera de temporada, sino almas perdidas en busca de reconocimiento. La estancia en el hotel se presenta para Edith como la última oportunidad de reconducir su vida, anclada en un dilema de difícil resolución: entregarse a una plácida farsa junto a un hombre que le promete estabilidad y libertad creativa o conformarse con las migajas de un romance tan apasionado como insatisfactorio. Entrañable, luminosa, de corte minimalista, pero plagada de brillantes reflexiones, Hotel du Lac constituye una lectura pausada e introspectiva donde poder sentir entre un puñado de extraños la más reconfortante familiaridad.


«Mentía bien, sin pretensiones: a veces pensaba que el tiempo que pasaba urdiendo las tramas de sus novelas había sido una preparación para esto, su aventura final, su fantasía hecha realidad.»


★★★☆

Rachel Cusk - Desfile

viernes, 5 de septiembre de 2025



► Título original: Parade
► Traducción: Catalina Martínez Muñoz
► Año: 2024
► Edición:  Libros del Asteroide (2025)
► Páginas: 184


Que Rachel Cusk (Canadá, 1967) es una de las escritoras contemporáneas más prodigiosas del panorama literario es una idea que comenzó a fraguarse en mi mente cuando se publicó el primer volumen del tríptico que forman A contraluz (2014), Tránsito (2016) y Prestigio (2018), momento en el que quedé totalmente estupefacto ante tal derroche de originalidad estructural y proeza estilística. Desfile, su más reciente trabajo, no viene sino a confirmar que Cusk continúa en la cúspide de su creatividad narrativa y que adentrarse en su literatura supone practicar un salto de fe hacia territorios revestidos de familiaridad, pero que observamos con una perspectiva inédita. Cusk es epítome de experimentación, inconformismo e intelectualidad narrativa y su prosa presenta siempre un desafío similar al de escalar una montaña en cuya cima aguarda la esperanza de una recompensa. Quizá preguntarse de qué va esta novela sea una cuestión absolutamente banal. Quizá sea la clave que le da sentido a todo. Y es precisamente esa ambigüedad, esa carencia de asideros y lugares seguros, lo que confiere a la artesanía de Cusk una categoría de excepcional superioridad.

Como si de un puzzle se tratase —uno donde la imagen a reconstruir parece imposible de vislumbrar al principio—, Desfile está dividida en cuatro partes que tendremos que encajar para resolver la incógnita que descansa en las profundidades de la novela: ¿quién es G? En la primera parte, G es un artista que un día decide pintar sus cuadros del revés. A pesar del éxito y el aplauso de la crítica, su esposa empieza a sentirse contrariada al ver su propio rostro invertido en el lienzo, lo que suscita una tensión y un desdoblamiento que desembocan, sin relación de causa aparente, en un acto de extrema violencia. G es también una pintora que se marcha de casa para emprender una nueva vida. Sus obras cosechan un caudal de elogios, pero también la desaprobación de su marido, creando así un clima doméstico tan incómodo como fatídico. Más tarde, G se presenta como un director de cine que trata de reconciliar el vínculo con su madre recién fallecida. Sumido en dolorosos recuerdos, meditaciones y súbitos estallidos de lucidez emocional, G reflexiona sobra una relación marcada por la privación de amor. 

G es, en definitiva, un personaje que contiene multitud de personajes, un sujeto fluido y en constante evolución que Rachel Cusk utiliza como recipiente para volcar extraordinarias reflexiones sobre la identidad, la maternidad, las dinámicas de poder, las diferencias de género, la feminidad y la creación artística entendida como un sometimiento a la tiranía de la subjetividad. En un punto determinado de la novela, un grupo de individuos relacionados con el mundo de las artes conversan alrededor de una mesa sobre la carrera de G, sobre el impacto de su obra, sus ramificaciones y su posible significado. Y es entonces cuando uno se pregunta hasta qué punto cada uno de nosotros es dueño de su propio relato, si nuestra historia es un conjunto finito y concreto de experiencias determinadas, o si, por el contrario, no somos más que el producto de la imaginación defectuosa de los demás.

Lo que más me fascina de las novelas de Cusk, y ese es un rasgo que palpita con más fuerza que nunca en Desfile, es su incapacidad para aferrarse a una sola interpretación. Creo que, sea cual sea el sentido de lo que cuenta la autora, el simple hecho de navegar las páginas hace que la travesía merezca la pena y es por eso que nunca me cansaré de invitar a la gente a que se suban al barco de Cusk. A pesar de que las conexiones entre las distintas partes de la obra son más bien opacas, cada una de las iteraciones de G me ha parecido más vibrante y repleta de aristas que la anterior, manteniendo mi interés en todo momento por continuar una lectura tan asombrosa como provocativa que cabalga a lomos de una prosa exquisita, rotunda, pulida, con cada elemento de la misma minuciosamente cincelado en su sitio. No es Desfile, ni por asomo, una obra de fácil acceso, pero para aquellos aventurados que busquen un reto, en la literatura de Rachel Cusk podrán encontrar una galería inagotable de pinturas rocambolescas, ansiosas por ser miradas. 


«Una artista se casa con un artista porque ve sus propias ambiciones reflejadas en él. Cree que como él es artista le permitirá serlo a ella: cree que es el único que la comprenderá. Pero un artista quiere una esclava, y cuando se casa con una artista consigue el premio doble de una esclava que lo considera un genio.»


★★★★☆

Maggie O'Farrell - Hamnet

jueves, 24 de febrero de 2022



►Título original: Hamnet
►Traducción: Concha Cardeñoso
►Año: 2020
►Edición:  Libros del Asteroide (2021)
►Páginas: 346


«Si estás casada y tu marido se muere, entonces eres viuda. Y si a un niño se le mueren los padres se convierte en un huérfano. Pero ¿cómo se dice lo que me pasa a mí?». Incógnita. Incertidumbre. Ausencia. En la última novela de Maggie O’Farrell (Coleraine, 1972), sin duda la más laureada de su carrera, el vacío tiene nombre propio y se llama Hamnet. Aunando sensibilidad y belleza, la escritora británica realiza aquí una conmovedora incursión en el proceso de duelo por la muerte de un hijo, una experiencia sísmica que modifica la orografía emocional de quien lo padece y que el resto de los mortales solo podemos atrevernos a imaginar. Y eso es precisamente lo que hace O’Farrell: suponer, fabular, rellenar con sus «vanas especulaciones» los huecos de una biografía nunca narrada: la del hijo varón de Shakespeare, que falleció a corta edad como consecuencia de la peste y abonó así el terreno donde florece la literatura. 

La de O’Farrell es, y se nota desde la primera página, una novela muy particular. Su estilo frondoso, metafórico, plagado de ungüentos, árboles, aves y bayas silvestres, convierten a Hamnet en una novela fundamentalmente sensorial, de arquitectura barroca y prosa eufórica que más bien parece poesía. Contrasta el lirismo y el tono de epopeya con su sencillez estructural: dos líneas temporales que convergen en la muerte del hijo y que nos permiten ir conociendo a los satélites que giran a su alrededor. De entre ellos, destaca sin duda Agnes, la madre, figura a la que O’Farrell reivindica concediéndole los momentos más brillantes y estremecedores de la novela. Su fascinante comunión con la naturaleza, así como una comprensión casi mística del alma humana, despiertan tanto los recelos de quienes la rodean —en especial de su insoportable madrastra— como las acusaciones de brujería. 

Al contrario de lo que pudiera suscitar su título, Hamnet es una obra que poco o nada tiene que ver con el imaginario Shakespeariano. Se trata, más bien, de una novela de índole universal, entre bucólica y perturbadoramente tétrica, a medio camino del romanticismo y la salvaje crudeza del medievo. La tragedia que probablemente inspiró al bardo inglés para escribir su trabajo más célebre cae, en manos de O’Farrell, en un cierto grado de mediocridad en tanto que transita únicamente obviedades y lugares comunes sobre el dolor y la angustia producidos por la muerte. En este sentido, Hamnet me ha parecido muy poco impactante y sí muy sorprendente su falta de innovación. La considero una lectura potente y bastante recomendable, pero deja, a mi entender, el regusto amargo de ser simplemente una historia corriente narrada de un modo inusual. 


«Lo que se nos da se nos puede quitar en cualquier momento. La crueldad y la devastación nos aguardan a la vuelta de cualquier esquina, dentro de un arcón, detrás de una puerta: saltan sobre una en cualquier momento como un ladrón o un bandido».


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Nadia Terranova - Adiós fantasmas

lunes, 19 de octubre de 2020



►Título original: Addio fantasmi
►Traducción: Celia Filipetto
►Año: 2018
►Edición: Libros del Asteroide (2020)
►Páginas: 232



Escribió Stephen King que «volver al sitio donde uno ha crecido es como hacer una de esas descabelladas pruebas de contorsionista: meterse los pies en la boca y tragarse a uno mismo, hasta que nada queda». En ese sentido, Adiós fantasmas, de la siciliana Nadia Terranova (Mesina, 1978), es un exquisito ejercicio de autofagia circense en el que Ida, la narradora y protagonista de la novela, deconstruye de manera desgarradora un pasado del que nunca ha logrado recuperarse. 

Alentada por la urgente necesidad de su madre, Ida abandona su hogar en Roma y un matrimonio en el que comienza a brotar la insatisfacción, para regresar a la casa de su adolescencia, un edificio ruinoso, de techo hundido y humedades en las paredes que la madre de Ida se ha empeñado en reformar con el fin de ponerlo en venta. A medida que el polvo de las habitaciones se sacude y los radiadores se desatascan, la memoria de Ida fluye entre los objetos abandonados que la rodean y las grietas causadas por la repentina desaparición de su padre, enfermo de depresión, más de veinte años atrás. «La muerte es un punto y seguido», afirma Ida, «mientras que la desaparición es la falta de punto, de cualquier signo de puntuación al final de las palabras. Quien desaparece rediseña el tiempo, y un círculo de obsesiones envuelve a quien sobrevive». 

La gran obsesión de Ida es enterrar el recuerdo de su padre, que adquiere en Adiós fantasmas la forma de una ausencia feroz y de tinte casi mitológico capaz incluso de poblar las pesadillas. A medida que renacen viejos episodios de la niñez de Ida, también lo hacen antiguas rencillas sin resolver, capítulos traumáticos y volátiles reproches entre madre e hija que bien podrían estar extraídos de cualquier novela de Elena Ferrante. Adiós fantasmas no es, ni mucho menos, una novela comedida, pero tampoco es un festival de nostalgia lacrimógena. Más bien, Nadia Terranova escribe conjugando intensidad y delicadeza en una simbiosis perfecta.

La historia de Ida en Adiós fantasmas es un emocionante y vertiginoso relato de reconstrucción, un viaje a través de los recuerdos que expresa la capacidad de la memoria no solo para conformar la identidad, sino para repararla. Su lectura, a la par que vibrante, plantea incómodas cuestiones que encuentran en su recta final resoluciones aún más incómodas. ¿Por qué algunas vivencias son tan livianas y otras pesan tanto como una losa? ¿Cuánto de lo que ocurría a su alrededor decidió ignorar Ida, tan centrada como estaba en su propio sufrimiento? Tierna y visceral a partes iguales, Adiós fantasmas es, sin duda, una de las novelas más sorprendentes y conmovedoras que he leído en mucho tiempo.


«La memoria es un acto creativo: elige, construye, decide, excluye; la novela de la memoria es el juego más puro que tenemos».


PUNTUACIÓN: ★★★★

Reseñas breves [183 - 185]

martes, 14 de mayo de 2019




►Título original: Il diavolo nel cassetto
►Traducción: Carlos Gumpert
►Año: 2018
►Edición: Gatopardo (2019)
►Páginas: 136


En la última obra del italiano Paolo Maurensig (Gorizia, 1943), un editor de prestigio encuentra entre un montón de objetos olvidados un manuscrito en el que su autor, novelista en ciernes que acudía en Suiza a un congreso de psicoanálisis en calidad de consultor editorial, declara haber entrado en contacto con un sacerdote convencido de que el diablo camina entre los seres humanos con forma de hombre. A continuación, el religioso pasa a narrarle un truculento y perturbador episodio en el que una colonia de aspirantes a escritores fue sacudida por la aparición de un misterioso benefactor que, gracias a su codiciado certamen literario, consiguió enemistar a toda una comunidad de vecinos consumidos por la vanidad. Con ritmo de thriller y constantes guiños al Fausto de Goethe, Un asunto del diablo nos invita a reflexionar de manera brillante sobre los recovecos más oscuros de la narrativa, el origen del mal o la naturaleza intrínsecamente maligna de los impulsos que guían la creación literaria. «¿Qué es lo que induce a las personas a escribir, más que este vago temor de no haber hecho lo suficiente para garantizarnos una secuela de vida?». Breve pero contundente, Un asunto del diablo constituye una provocativa sátira sobre el mundo editorial, así como una impactante meditación sobre el incierto, aunque innegable, poder de la literatura.

PUNTUACIÓN: ★★★☆




►Título original: I am, I am, I am
►Traducción: Concha Cardeñoso
►Año: 2018
►Edición: Libros del Asteroide (2017)
►Páginas: 272


Tras las novelas Tiene que ser aquí (2017) y La primera mano que sostuvo la mía (2018), Libros del Asteroide vuelve a apostar por Maggie O'Farrell (Coleraine, 1972) con Sigo aquí, un volumen de relatos autobiográficos en los que la autora irlandesa describe diecisiete experiencias cercanas a la muerte. Entre soberbias reflexiones sobre la fragilidad y el carácter azaroso de la vida, Maggie O'Farrell se nutre de estos (a veces, en sentido literal) roces con la muerte para trazar un fascinante recorrido por su vida que, paradójicamente, no hace sino acrecentar el inmenso terror y el extrañamiento que nos produce establecer un encuentro con la parca. Bajo títulos como «Cuello», «Pulmones», «Intestinos» o «Sangre», O'Farrell revela la dimensión altamente corporal de la obra y nos narra cómo se libró por puro milagro de ser asesinada por un depredador sexual, de desangrarse durante un parto, de ser apuñalada en plena exhibición por un lanzador profesional de cuchillos, de ahogarse en varias ocasiones arrastrada por la marea o de ver morir a su hija en sus brazos, víctima de un shock anafiláctico en mitad de la campiña italiana. Manifestando una sensibilidad inaudita para hermanar momentos verdaderamente dramáticos con un finísimo sentido del humor y una reconfortante ligereza, O'Farrell hace de Sigo aquí una de las lecturas más recomendables del momento. 

PUNTUACIÓN: ★★★★




►Título original: Vara în care mama a avut ochii verzi
►Traducción: Marian Ochoa de Eribe
►Año: 2016
►Edición: Impedimenta (2019)
►Páginas: 256


Si no recuerdo mal, el propio Enrique Redel, director editorial de Impedimenta, calificó este libro como el mejor debut literario que había leído nunca. Pudiera uno pensar que detrás de esta osadía se esconde la comprensible euforia de un padre que habla de su hijo. Pero lo cierto es que, después de haber leído la sobrecogedora novela de Tatiana Ţîbuleac (Chisináu, 1978), estoy muy cerca de atreverme a afirmar lo mismo. El testimonio de Aleksy, un pintor atormentado que rememora —como parte de su terapia psiquiátrica— el último verano que pasó con su madre, posee una brutal carga emotiva capaz de sumirte en el más profundo vacío existencial. Aturdido por la pérdida de su hermana pequeña y los múltiples desencantos de una vida marcada por la crudeza y el abandono, Aleksy arremete de manera indiscriminada contra los esfuerzos de su madre por forjar una relación amable con él antes de que el cáncer se la lleve. «Comprendí que se acercaba el final. Mi madre había comenzado en ese momento el viaje hacia el lugar en el que se encuentra ahora. Hacia su estrella en la Osa Menor, hacia su campo de girasoles suspendido en el cielo o tal vez hacia otro universo, donde existe tan solo un Mar Entero de Esmeralda, que de vez en cuando se desmigaja y llega a otros mundos en forma de ojos verdes». Desapacible, áspera, pero acuñada con un estremecedor lirismo que se palpa en cada página, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes es una obra absolutamente imprescindible en el que la rabia y la impotencia adquieren su dimensión más íntima y conmovedora.

PUNTUACIÓN: ★★★★☆

Jamie Quatro - El sermón del fuego

lunes, 11 de febrero de 2019



►Título original: Fire Sermon
►Traducción: Regina López Muñoz
►Año: 2018
►Edición: Libros del Asteroide (2019)
►Páginas: 248


Maggie, la protagonista y narradora de El sermón del fuego, es una mujer de cuarenta y cinco años que lleva media vida casada con su primer novio, al que conoció en la universidad. Aunque el suyo no es un matrimonio puramente desdichado, siente que el hastío, la insatisfacción y la falta de entendimiento se han instalado en su dormitorio por tiempo indefinido. Al tiempo, Maggie inicia una correspondencia por correo electrónico con James, un famoso poeta con el que mantiene apasionados debates sobre teología y literatura mística. Esta fascinante comunión de ideas e impresiones prende en Maggie una llama que llevaba tiempo apagada, despertando en ella la urgente necesidad de cometer un pecado ante el que su férrea educación religiosa se rebela por completo. 

En su sobresaliente debut como novelista, la escritora estadounidense Jamie Quatro se zambulle en las tempestuosas mareas del deseo sexual desde una perspectiva condicionada por el incesante aguijonazo de la culpa. Desde San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, ningún otro escritor ha probado tan bien como Jamie Quatro que el orgasmo no es más que otra faceta del éxtasis espiritual. Sin embargo, consumado el adulterio, la protagonista de El sermón del fuego se flagela de manera despiadada por su debilidad mientras trata, sin demasiado éxito, de rastrear el origen de su incandescente libido.

La novela de Quatro es, ante todo, de una intensidad espectacular. La autora consigue plasmar el visceral dilema ético de Maggie con una honestidad desgarradora. Provocadoras blasfemias y arrebatos de arrepentimiento se intercalan entre las páginas de El sermón del fuego a través de una cronología inquieta que trata de abarcar en su plenitud la relación intermitente de Maggie y James. El retrato que hace Jamie Quatro de su protagonista, lejos de maniqueísmos y moralinas, es el de una mujer devota que, no obstante, se pregunta por qué Dios exige unos estándares tan elevados a personas que no parecen capaces de resistir los envites del erotismo. 

¿Debe ella aferrarse al resquicio de dignidad que le queda y confesar? ¿Merece la pena sacrificar una existencia apacible por una pasión que recompensa el placer con una conciencia atormentada? A medida que la historia alcanza su conclusión, el carácter aparentemente virginal e inocente de la narradora se va difuminando entre atisbos de una vileza sobrecogedora. Resquicios a los que uno puede asomarse para comprobar, estupefacto, que la culpabilidad puede convertirse en el afrodisíaco definitivo.


«Así que ya ves: no queda nadie con quien poder confesarme. Nadie me escuchará ni me entenderá. Estás tú, y está Dios. Ya no tengo claro si existe alguna diferencia».


PUNTUACIÓN: ★★★★

Kaouther Adimi - Nuestras riquezas. Una librería en Argel

jueves, 10 de enero de 2019



►Título original: Nos richesses
►Traducción: Manuel Arranz
►Año: 2018
►Edición: Libros del Asteroide (2018)
►Páginas: 192


Nuestras riquezas, de la joven escritora Kaouther Adimi (Argel, 1986), pertenece a una especie de subgénero literario que nunca caerá en desuso porque se alimenta de un sentimiento imperecedero: sí, esa febril nostalgia que cualquier amante de la lectura ha experimentado al sumergirse entre las páginas de un libro que habla sobre otros libros. Nuestras riquezas es una obra que estruja hasta la última gota, sin ningún tipo de remordimiento, ese pasteloso romanticismo que nos hace venerar la mera proximidad de un manuscrito. Con suma artesanía narrativa, un lenguaje seductor y un tono que atrapa desde la primera escucha, Kaouther Adimi nos invita a pasear por las abarrotadas calles de Argel hasta el 2 bis de la calle Hamani, antigua calle Charras, donde un emprendedor e idealista Edmond Charlot abrió en 1936 una librería de préstamo llamada Las Verdaderas Riquezas.

El relato de Adimi, una biografía novelada del prestigioso editor parisino, está compuesto de tres hilos argumentales que se trenzan a lo largo de la obra hasta formar un delicioso y vibrante fresco donde la librería actúa como epicentro de la narración. Proyecto editorial, estandarte político, refugio para desamparados, testigo de acontecimientos históricos y cuna de escritores como André Gide o Albert Camus, Las Verdaderas Riquezas constituye en sí misma un fascinante personaje que, olvidada ya su época de mayor gloria, está a punto de ser convertida por su nuevo propietario en un puesto dedicado a la venta de buñuelos.

Mientras desaloja las pocas pertenencias que quedan allí, Ryad, un joven ingeniero recién llegado de París que no siente el más mínimo interés por la literatura, irá descubriendo —gracias, sobre todo, a los testimonios de los vecinos— la estrecha conexión existente entre la librería y las gentes del lugar. Intercalado con el relato del presente, encontramos extractos del diario de Edmond Charlot donde se recogen, entre otras cosas, los tortuosos inicios comerciales de la librería, las desavenencias de Charlot con sus socios o el esfuerzo titánico que implicaba llevar a cabo dirigir todas las actividades relacionadas con la recepción, corrección, traducción y publicación de cada nuevo título. El crecimiento lento pero constante, la inevitable llegada de los premios y posterior reconocimiento... de todo ello da cuenta el apasionante diario de Charlot, al que ni los problemas para hacer frente a los pagos, ni la censura, ni el estallido de la Segunda Guerra Mundial, ni el hecho de estar robando cada vez más tiempo a su familia consiguieron arrebatarle la ilusión por estar al frente de Las Verdaderas Riquezas. 

En Nuestras riquezas, lo individual se engarza con lo colectivo de manera sublime. Kaouther Adimi nunca pierde la perspectiva histórica del relato, sino que añade, junto a las de Ryad y Charlot, una tercera capa narrativa que actúa como voz en off y proporciona tridimensionalidad al contexto. El pueblo argelino, en masa, adquiere gracias a Adimi una representación necesaria, una plataforma donde escenificar la historia sangrienta de un país menospreciado por los franceses desde la violenta apropiación de sus tierras y que fue arrastrado interesadamente al conflicto bélico en nombre de una patria que después se desentendió. El conjunto, a pesar de su aparente carácter desarticulado, posee una solidez y una potencia realmente contundentes, haciendo de Nuestras riquezas una de las radiografías metaliterarias más absorbentes, comprometidas y, por encima de todo, enriquecedoras de los últimos años.


«Así es como yo concibo mi trabajo. El escritor tiene que escribir, el editor tiene que dar vida a los libros. No veo límites a esta idea. La literatura es demasiado importante como para no dedicarle todo mi tiempo».


PUNTUACIÓN: ★★★★

Rachel Cusk - Prestigio

martes, 23 de octubre de 2018


«Solo sabía que el sufrimiento llevaba aparejado una especie de honor, si eras capaz de sobrevivir, y que te permitía establecer una relación más íntima con la verdad, al menos en apariencia, aunque en realidad tal vez fuera idéntica a la lealtad de quedarse siempre en el mismo sitio».


►Título original: Kudos
►Traducción: Catalina Martínez Muñoz
►Año: 2018
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 224


Después de A contraluz (2014) y Tránsito (2017), Prestigio, de la escritora canadiense Rachel Cusk (Toronto, 1967), supone la culminación de una apasionante trilogía en la que su autora, haciendo alarde de una originalidad sin precedentes, se propone derribar los límites de la ficción a la que estamos habituados. 

La revolución de la que habla Cusk es mucho más sutil y bastante más efectiva que la de aquellos que proponen trasforman la novela contemporánea en un batiburrillo de hipervínculos multimedia. El secreto reside en el punto de vista. Al contrario de lo que sucede en la mayoría de títulos, en Prestigio el mundo no se nos revela a través de los ojos de su protagonista, sino que es el mundo, más bien, quien define desde fuera los contornos de Faye, su silenciosa observadora. 

El de Faye es un aprendizaje soterrado: su papel es el de mera espectadora, una vasija a la que cualquiera puede acercarse y verter su historia personal con una sorprendente confianza. Cusk emplea estos relatos satélite para reflexionar de manera brillante sobre la propia vida de su protagonista: escritora, divorciada y con dos hijos, la «narradora» de Prestigio guarda numerosos parecidos con los de su ente creador. Se me escapa si la retorcida, cáustica y mordaz visión de Faye sobre la dinámica de los círculos editoriales es solamente un recurso literario o una más de estas semejanzas. En cualquier caso, el competitivo mundo de los escritores queda aquí diseccionado de forma no muy favorecedora a medida que Faye se va desenvolviendo en el festival literario al que se dirige al comienzo de la novela.

A su paso por las distintas actividades que se organizan, desde participar en conferencias hasta conceder entrevistas, Faye se irá cruzando con un serie de personajes —editores, autores, periodistas, transeúntes— de los que Rachel Cusk se sirve para exponer agudas e inteligentes observaciones sobre temas, bien de candente actualidad —el agitado escenario político de la Europa post-Brexit—, o bien de interés universal —la complejidad de las relaciones familiares—. 

Para Cusk, el ser humano es literatura orgánica. La identidad, un tipo especial de ficción que está tan cerca de la verdad como de la mentira, pero que ha de ser, ante todo, honesta. Sus páginas rebosan erudición y maestría en el arte de contar historias, si bien lo hace de una manera que puede despertar reticencias en quienes solo se dejan seducir por estructuras convencionales. El virtuosismo estilístico de Rachel Cusk atrapa al lector que se permite sacrificar la verosimilitud y la naturalidad de los diálogos en aras de la emotividad analítica de sus textos. Cuando se trata de Cusk, de poco sirve juzgar según los parámetros tradicionales. Prestigio es lo que queda cuando un escritor se desprende de la trama, de las profusas descripciones y del trazado psicológico de los personajes: un artefacto radiofónico que transcribe vida ajenas y las disfraza como propias. Una genialidad, en definitiva, para la que aún no existe competencia.      

PUNTUACIÓN: ★★★★★

Peter Cameron - Un fin de semana

lunes, 8 de octubre de 2018


«Se sorprendía a sí mismo aferrándose una y otra vez a las puertas cerradas de la ciudad desierta».


►Título original: The Weekend
►Traducción: Álvaro Marcos
►Año: 1994
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 248


Si tuviera que elaborar una lista con los diez libros que definen mi identidad como lector, Algún día este dolor te será útil estaría indudablemente entre ellos. Por motivos que aún no he conseguido esclarecer del todo, la novela de Cameron se instaló en un lugar profundo de mi corazón, y desde entonces he visto cómo decenas —por no decir cientos— de candidatos han tratado en vano de aproximarse siquiera a lo que significó para mí aquella inolvidable historia. Con las personas pasa un poco lo mismo. Aparecen en nuestras vidas, crean vínculos cuya repercusión es imposible de vaticinar y, en ocasiones, desaparecen de manera trágica, dejando tras de sí un espacio que después nadie puede venir a sustituir. Lo cual, por supuesto, no impide que lo sigamos intentando. Y es que reponerse a la pérdida, continuar hacia delante a pesar del dolor, forma parte indeleble de la voluntad humana.

Un fin de semana, publicada originalmente en 1994, se aproxima a la desbordante complejidad de este proceso desde una perspectiva intimista y, muy en la línea de Cameron, marcada en todo momento por la contención narrativa y una enorme sutileza. Ambientada en el americano estado de Nueva York, Un fin de semana nos pone en la piel de un grupo de amigos que se reúnen en una casa rural en el aniversario de la muerte de Tony: su hermano, John, su cuñada, Marian, y su exnovio, Lyle, que acude con su nueva pareja, Robert, un joven pintor en ciernes con ideas artísticas tan férreas como ingenuas. La presencia de Robert se convierte en el elemento extraño al que Peter Cameron se aferra para desvelar poco a poco las secretas intimidades de los personajes, sus anhelos inconfesables y sus rencillas enterradas bajo una superficie de cordialidad. 

Intercalados en el relato encontramos episodios del pasado que nos ayudan a comprender lo que los personajes callan en la actualidad: la penosa enfermedad de Tony, del que Lyle tuvo que hacerse cargo aun cuando las cosas ya no marchaban bien entre ellos, o las tentativas de suicidio de Marian, para quien la maternidad se ha convertido en tabla de salvación. Todos estos recuerdos enmarañados, agazapados en cualquier esquina de la casa esperando una oportunidad para asaltar a los personajes en sus horas bajas, constituyen el sustrato narrativo del que se nutre Cameron para elaborar una historia tan descorazonadora como auténtica sobre la crueldad del amor, el yugo de la amistad y el ingrato papel que juegan las expectativas en nuestras relaciones interpersonales.

Para alguien, como yo, que siente debilidad por los dramas domésticos, Un fin de semana supone una lectura imprescindible que da buena cuenta de la inteligencia narrativa de su autor. Se trata de una historia conmovedora, tierna en las formas, pero incontestable en sus conclusiones. Una historia, en definitiva, cargada de sensualidad y erotismo, de sangrante verdad y de ocultación de la misma, de la fatalidad crepuscular que va aparejada al final del verano, que es, también, el de todas las cosas. 

PUNTUACIÓN: ★★★★

Tom Perrotta - La señora Fletcher

miércoles, 28 de marzo de 2018


«Podía acostarse con él, incluso enamorarse de él, pero ¿dónde le llevaría eso? A ningún sitio en el que no hubiera estado ya, eso lo tenía clarísimo. Y ella quería otra cosa, algo diferente, aunque estaba por ver exactamente el qué. Lo único que tenía claro era que el mundo era muy grande y ella sólo había rascado la superficie».


►Título original: Mrs. Fletcher
►Traducción: Mauricio Bach
►Año: 2017
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 368


Aunque La señora Fletcher es su obra más reciente, Tom Perrotta es principalmente conocido por ser el autor de Ascensión, la novela en la que se basa la aclamada serie de HBO The Leftovers. La extraordinaria adaptación de Damon Lindelof, indiscutible obra maestra de la narrativa contemporánea, es una de las experiencias televisivas más intensas que he tenido la oportunidad de vivir en la última década. En consecuencia, me lancé a la lectura de La señora Fletcher como un poseso, esperando encontrar, si no el mismo material literario, uno que se aproximara con bastante exactitud. 

Perrotta retoma en esta novela el escenario post-apocalíptico de su anterior trabajo y reajusta las dimensiones del relato de manera drástica. En lugar de un evento global que de manera inexplicable hace desaparecer al 2 % de la humanidad, los cataclismos de La señora Fletcher ocurren a una escala mucho más reducida y tienen repercusiones mucho menos perceptibles, al menos a primera vista.

El primero de ellos se produce cuando Eve Fletcher, una mujer divorciada que trabaja como directora de actividades en una residencia para ancianos, se queda sola después de que su hijo Brendan se marche de casa para empezar su primer curso en la universidad. La accidentada salida de Brendan desencadena un auténtico alud emocional que despierta la curiosidad de Eve en materias tan improbables como el porno lésbico y la disforia de género. Brendan, por su parte, contempla con creciente preocupación el descomunal abismo que se abre entre la realidad de la experiencia universitaria y sus obsoletas expectativas repletas de juergas y excesos.

Tras demostrar que se puede estar tan perdido y desorientado a los cuarenta y seis que a los dieciocho, madre e hijo se embarcan en sendas crisis existenciales que ponen de manifiesto la inquietante volatilidad de las relaciones afectivas en los tiempos de Tinder e Instagram, donde la sexualidad se vive de manera exacerbada y desechar a alguien de tu vida está al alcance de un solo deslizamiento con el dedo. Tom Perrotta es un escritor que parece haberse especializado en diseccionar las inquietudes y contradicciones de la clase media estadounidense, y La señora Fletcher no es sino un paso de gigante en esa dirección. 

La novela, marcada por una despampanante modernidad en materia de raza, género y sociedad, baila sobre el cuchillo de doble filo que son sus problemáticos personajes, ávidos de una forma de comunicación que les permita intimar sin necesidad de implicarse. No obstante, a pesar de su comportamiento deplorable, se reconoce en ellos la soberbia labor de construcción realizada por Perrotta. Inteligente, divertida y extrañamente conmovedora, La señora Fletcher relata con implacable mordacidad el proceso de autodescubrimiento de su protagonista, una mujer movida por la firme determinación de no renunciar a ninguna de todas esas emocionantes experiencias que la vida dispone ante ella.

PUNTUACIÓN: ★★★   

Reseñas breves [172 - 175]

martes, 27 de febrero de 2018



►Título original: Little Deaths
►Traducción: Beatriz Galán Echevarría
►Año: 2017
►Editorial: Malpaso
►Páginas: 360


Ruth Malone, una joven camarera de Queens, descubre que sus hijos han desaparecido en mitad de la noche. Pasa poco tiempo hasta que encuentran el cadáver de Cindy, la pequeña de cuatro años, estrangulado en una zanja. Su hermano Frankie, de cinco, aparece muerto no mucho después. Aunque la ciudad se estremece por la tragedia de Ruth, esta madre de vida licenciosa se irá convirtiendo poco a poco en la principal sospechosa de ambos crímenes. Inspirándose en el polémico caso de Alice Crimmins, ocurrido en Nueva York a mediados de los 60, Emma Flint elabora en Muertes pequeñas un intenso thriller que pone de manifiesto el injustificado nivel de hipocresía que aflora en nuestra sociedad cada vez que alguien apunta a una mujer con el dedo. Ante la ausencia de pistas concluyentes, el caso se estanca. La investigación se paraliza. Y de repente, cualquier movimiento de Ruth se interpreta como una inequívoca declaración de culpabilidad. Con su impasibilidad inquebrantable, su promiscuidad irreverente y su absoluto desprecio por las convenciones de la época, Emma Flint traza en Muertes pequeñas un inusual perfil de heroína que soporta con relativa estoicidad la implacable sentencia que se dicta sobre ella dentro y fuera de los juzgados. Sensual y oscura, dinámica y contundente, Muertes pequeñas es una impactante historia sobre moralidades difusas y dobles varas de medir. Una obra recomendable que expone las grandes contradicciones de una época, en cierto sentido, no muy distinta a la de hoy. 

★★★




►Título original: Sexe et mensonges
►Traducción: Malika Embarek López
►Año: 2017
►Editorial: Cabaret Voltaire
►Páginas: 224


El apabullante éxito de Canción dulce ha facilitado sin duda que nos sigan llegando obras de Leila Slimani a nuestro idioma. La más reciente es Sexo y mentiras, un impactante y revelador estudio de la sexualidad marroquí que Slimani construye a partir de numerosas entrevistas con, sobre todo, distintas mujeres del país. Atrapado entre el tradicionalismo religioso y el deseo urgente de renovación, Marruecos se erige, según Slimani, como un inmenso campo de batalla en lo que concierne al ámbito sexual. Una tierra convulsa donde la práctica convive con el desconocimiento de sus mecanismos. Donde todo se prohíbe en la calle, pero nada se castiga de puertas para adentro. Este desdoblamiento cultural genera unos conflictos y frustraciones que Leila Slimani analiza en su libro sin atisbo de mojigatería, permitiéndonos entrar en los sucios dormitorios de un país que enarbola el pudor y la pureza moral como banderas. Sexo y mentiras es una lectura apasionante que genera asombro y curiosidad, pero también estupor por los rudimentos emocionales que se desprenden de sus páginas. Profunda y enriquecedora, Sexo y mentiras constituye una lectura fantástica, especialmente recomendable para quienes quieran sorprenderse de su propia ignorancia en materia de sociedad, religión y política marroquíes. 

★★★★




►Título original: —
►Traducción: —
►Año: 2016
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 144


Lucas Pereyra es un escritor argentino entrado en la cuarentena que debe compaginar su vocación con otros trabajos menos satisfactorios pero más lucrativos. Su último contrato con una editorial española le garantiza fondos para una buena temporada, pero debe viajar hasta Montevideo para recogerlo. Una vez allí, Lucas tratará de reencontrarse con Magalí Guerra, una fogosa veinteañera con la que casi tuvo una aventura el año anterior. Ahora, sumido en plena crisis matrimonial y azuzado por un deseo incontrolable, Pereyra pretende consumar lo que quedó suspendido en su último encuentro con la uruguaya. Sin embargo, a veces la vida juega malas pasadas y Pereyra deberá pasar por el trance de descubrir que su imaginación puede haber avivado algo que en realidad nunca estuvo vivo. Aunque los primeros compases de La uruguaya se me atragantaron ni más ni menos que por su inconfundible cadencia hispana, la novela de Pedro Mairal acaba contagiando al lector la hipnótica fascinación que siente el protagonista por la chica que da título a la obra. En el transcurso de un solo día, Mairal se las arregla para confeccionar un pintoresco retrato de la capital uruguaya, así como una minuciosa cartografía de la desesperación amorosa que sufre el protagonista. Lujuria, soledad, más nostalgia de algo que nunca fue. Sin duda, una combinación inflamable que hace de La uruguaya una fantástica reflexión sobre ese matrimonio inseparable que son amor y pérdida.

★★★☆




►Título original: Salt Water
►Traducción: Regina López Muñoz
►Año: 1998
►Editorial: Errata Naturae
►Páginas: 168


A Charles Simmons le debo el milagro de haber vivido el mejor verano de mi vida en pleno mes de febrero. Lo que consigue en Agua salada es de una inteligencia narrativa inaudita, el resultado de un instinto extraordinario para escarbar en el corazón del relato hasta encontrar una belleza sin igual. Porque de una novela que comienza anunciado la muerte del padre no se puede esperar nada reconfortante. Sin embargo, con muy pocos elementos, Simmons va tejiendo una maravillosa historia que narra el descubrimiento del primer amor con el soplido del viento, el reflejo del sol en la arena y el incesante envite de las olas como telón de fondo. Michael es un chaval de 15 años que veranea con sus padres en Bone Point, un cabo estadounidense en el que se realizaban prácticas militares durante la Segunda Guerra Mundial. Allí conocerá a Zina, una chica algo mayor y mucho más resuelta que le enseñará a relacionarse con las mujeres y a descodificar las señales que indican un peligroso deterioro del tejido familiar. A base de fiestas en la playa, paseos en barco y lecciones de poesía, Michael y Zina establecen un poderoso vínculo del que se nutren todos los demás hilos de la historia. Mientras el fin del verano se cierne sobre ellos, las pasiones adolescentes, y también las adultas, precipitarán una serie de acontecimientos de esos que mueven continentes y derriban inocencias. La de Simmons es una obra habitada por personajes y diálogos inolvidables, cargada de poderosas imágenes, más que de grandes palabras. Y quizá es precisamente ese el motivo de que su impronta sea tan desoladora y profunda.  

★★★★☆

Anita Brookner - Un debut en la vida

lunes, 22 de enero de 2018



►Título original: A Start in Life
►Traducción: Catalina Martínez Muñoz
►Año: 1981
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 232


Hoy día, las mesas de novedades parecen estar plagadas de «jóvenes promesas» que inician su carrera literaria a edades bien tempranas. Sin embargo, por muy notoria que sea su originalidad o frescura, la precocidad pocas veces puede competir contra la voz de la experiencia. El caso de Anita Brookner, prestigiosa escritora británica que en 1984 ganó el Man Booker Prize por su obra Hotel du Lac, demuestra que un debut tardío no es sinónimo de una trayectoria efímera. Al contrario, con más de una veintena de libros a sus espaldas, Anita disfrutó de un prolongado período creativo a pesar de que su primera novela, la que hoy nos ocupa, viera la luz cuando la autora tenía 53 años.

Teniendo en cuenta la enorme calidad de su obra, sorprende cuando menos el poco mimo que esta ha recibido en nuestro país. No obstante, como bien sabe la heroína de Brookner, hay cosas que solo se entienden con el paso del tiempo. «A sus cuarenta años, la doctora Weiss comprendió que la literatura le había destrozado la vida», es la rotunda y contundente afirmación con la que Anita Brookner nos presenta la historia de Ruth Weiss, una solitaria e introvertida profesora que se halla inmersa en la redacción de su tesis sobre las mujeres en la obra de Balzac. Para saber cómo puede alguien llegar a esa conclusión tan chocante habrá que esperar hasta el final de la novela, pues Brookner, tras una breve introducción, nos retrotrae hasta la infancia de Ruth en el barrio londinense de Oakwood Court.

Hija de un librero con no demasiado olfato para los negocios y de una histérica actriz cuya carrera languidece entre papeles de cada vez menor importancia, Ruth crece al amparo de los libros, educándose en los profundos dilemas morales que plantean las obras de autores como Tolstói, Dickens o Flaubert. Tras la muerte de su autoritaria abuela, Ruth es testigo de cómo el matrimonio de sus padres se desmorona, recayendo sobre ella la responsabilidad de mantener la familia unida cuando la convivencia se inclina hacia un inevitable colapso. Maggie Cutler, una incorregible e irónica viuda que los padres de Ruth contratan para que se ocupe de las tareas domésticas, y Anthea, una alocada amiga que hace las veces de consejera sentimental, se convierten en los pilares sobre los que se apoya Ruth en ausencia de otros referentes más sólidos. El egoísta infantilismo de sus padres, George y Helen, así como la negativa a resolver sus propios problemas, contrastan de forma cómica con la seriedad de Ruth, cuyo rito de paso a la madurez consiste en descubrir la abismal diferencia entre lo que ha aprendido de sus lecturas y lo que el mundo real tiene reservado para ella.

El desengaño, tanto vital como amoroso, es uno de los grandes temas que aborda Anita Brookner en esta obra, de ritmo pausado pero exquisita complejidad. Un debut en la vida es una fascinante novela de personajes que atraviesan el ojo clínico de la autora británica para revelarnos la devastadora fragilidad del romanticismo literario. Víctima de su abnegación, de su compromiso con las cargas familiares, las virtudes de Ruth terminan propiciando su declive personal, echando por tierra prometedores noviazgos y proyectos laborales de categoría. Sentirse identificado con su tragedia es casi un imperativo, una obligación inconsciente que nos hace admirar la capacidad de Brookner para intercalar el pesimismo que sobrevuela la historia con la luminosidad de su prosa. Caracterizada por su espíritu analítico, Un debut en la vida es una lectura sorprendente, enriquecedora y extrañamente divertida, como contar un chiste en un funeral. Por supuesto, no todo el mundo apreciará la retorcida satisfacción que se obtiene de soltar una carcajada en presencia de un cadáver. Para el resto, esta magnífica novela de Anita Brookner puede suponer un auténtico oasis de felicidad, un inesperado hallazgo que, lejos de destrozarte la vida, conseguirá hacerla más llevadera.


«En silencio, algunas tardes, con la cabeza apoyada en la mano, dejaba que el atardecer invadiera poco a poco su salita de estar y pensaba una vez más en la obra en la que se la había confiado un papel tan exigente».

PUNTUACIÓN: ★★★★½ 

 
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