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Agustín Gómez Arcos - El cordero carnívoro

sábado, 25 de octubre de 2025



► Título original: —
► Traducción: —
► Año: 1975
► Edición:  Cabaret Voltaire (2007)
► Páginas: 384


Repudiada y perseguida por la censura, la narrativa de Agustín Gómez Arcos no es sino otro ejemplo más de literatura expatriada que prosperó fuera de nuestras fronteras mucho antes de encontrar, en una especie de compensación cósmica, una segunda oportunidad. Y no es para menos, ya que mi primera aproximación a la obra de este escritor de origen almeriense ha supuesto el descubrimiento de un grito demasiado escandaloso para los sensibles oídos de la represión franquista. Hijo bastardo de Lorca y Nabokov, Agustín Gómez Arcos realiza en El cordero carnívoro un controvertido y magistral alegato a favor de lo sórdido, una alegoría con rostro de realismo rural donde el sentido del decoro se ofrece como sacrificio expiatorio al dios profano del amor entre hermanos.

La historia de El cordero carnívoro arranca con el nacimiento de un muchacho en el seno de una familia de la burguesía andaluza que, tras el final de la guerra civil, se halla inmersa en el declive propio de la derrota. Incapaz de abrir los ojos, el protagonista despierta un profundo e irracional rechazo en la madre, Matilde, que durante los primeros dieciséis días de la vida del niño se prepara para realizar un fastuoso peregrinaje religioso en un intento de exorcizar el alma condenada de su hijo. En esta atmósfera de estupor exaltado, Antonio, el primogénito, se convertirá en el protector de su hermano menor, despertando en él un ávido sentimiento de fraternidad degenerada que servirá como combustible para el fuego de una pasión inmoral.

Completan el elenco de personajes Clara, una irreverente ama de llaves cuyo marido fue asesinado en la guerra; Carlos, el padre, un abogado republicano que recibe a sus clientes en el despacho de su casa mientras languidece escuchando por la radio los cantos victoriosos del bando nacional; don Pepe, un profesor disidente que no duda en impartir sus lecciones con violencia, y don Gonzalo, un cura pedófilo que inquiere con satisfacción acerca de las impúdicas relaciones engendradas tras las puertas cerradas de esa habitación pecaminosa donde se profesa una fe nueva.

Así, la amplia hacienda familiar donde transcurre la práctica totalidad de la novela, constituye un claustrofóbico ecosistema que viene a representar la España fracturada, arcaica y mojigata que se expandió durante décadas por todo el país como un letal virus de posguerra. A través de las distintas dinámicas e interacciones entre los personajes, Agustín Gómez Arcos recrea de manera magnífica la opresión y el oscurantismo de una época abyecta donde el Estado perpetra un inexorable exterminio y la Iglesia, colaboradora necesaria de la masacre, queda retratada como una institución fundamentalmente vil y corrupta. Sí, más allá de su naturaleza absolutamente perversa, el indescriptible y perturbador éxtasis sexual y espiritual del protagonista en brazos de su hermano Antonio se percibe como la solución grotesca al escarnio de habitar una nación fratricida.

Sin duda, El cordero carnívoro es mucho más que una simple historia de incesto gay. Detrás de la provocación y el alboroto evidentes, Agustín Gómez Arcos practica una excelsa alfarería con el lenguaje que está repleta de símbolos e imágenes completamente arrebatadoras y que nace de la más desatada —y desacomplejada— libertad creativa. Prisionero en una extraña simbiosis de inocencia y descaro, el protagonista de esta obra inclasificable, siempre alternando entre el papel de víctima y verdugo, plasma su ilícita formación amorosa con una sensibilidad que evoca repulsión y sensualidad a partes iguales. Crónica de caricias ardientes y anhelos políticos frustrados, El cordero carnívoro desafía cualquier autoridad —seglar o eclesiástica— que se interponga para constatar que lo prohibido no es sino el nombre que tiene el régimen dominante de bautizar todo lo que le resulta incómodo.


«Y este amor, más vivo que nunca, no está abocado a la muerte porque procede de la fuerza del pecado.»


★★★★★

Reseñas breves [172 - 175]

martes, 27 de febrero de 2018



►Título original: Little Deaths
►Traducción: Beatriz Galán Echevarría
►Año: 2017
►Editorial: Malpaso
►Páginas: 360


Ruth Malone, una joven camarera de Queens, descubre que sus hijos han desaparecido en mitad de la noche. Pasa poco tiempo hasta que encuentran el cadáver de Cindy, la pequeña de cuatro años, estrangulado en una zanja. Su hermano Frankie, de cinco, aparece muerto no mucho después. Aunque la ciudad se estremece por la tragedia de Ruth, esta madre de vida licenciosa se irá convirtiendo poco a poco en la principal sospechosa de ambos crímenes. Inspirándose en el polémico caso de Alice Crimmins, ocurrido en Nueva York a mediados de los 60, Emma Flint elabora en Muertes pequeñas un intenso thriller que pone de manifiesto el injustificado nivel de hipocresía que aflora en nuestra sociedad cada vez que alguien apunta a una mujer con el dedo. Ante la ausencia de pistas concluyentes, el caso se estanca. La investigación se paraliza. Y de repente, cualquier movimiento de Ruth se interpreta como una inequívoca declaración de culpabilidad. Con su impasibilidad inquebrantable, su promiscuidad irreverente y su absoluto desprecio por las convenciones de la época, Emma Flint traza en Muertes pequeñas un inusual perfil de heroína que soporta con relativa estoicidad la implacable sentencia que se dicta sobre ella dentro y fuera de los juzgados. Sensual y oscura, dinámica y contundente, Muertes pequeñas es una impactante historia sobre moralidades difusas y dobles varas de medir. Una obra recomendable que expone las grandes contradicciones de una época, en cierto sentido, no muy distinta a la de hoy. 

★★★




►Título original: Sexe et mensonges
►Traducción: Malika Embarek López
►Año: 2017
►Editorial: Cabaret Voltaire
►Páginas: 224


El apabullante éxito de Canción dulce ha facilitado sin duda que nos sigan llegando obras de Leila Slimani a nuestro idioma. La más reciente es Sexo y mentiras, un impactante y revelador estudio de la sexualidad marroquí que Slimani construye a partir de numerosas entrevistas con, sobre todo, distintas mujeres del país. Atrapado entre el tradicionalismo religioso y el deseo urgente de renovación, Marruecos se erige, según Slimani, como un inmenso campo de batalla en lo que concierne al ámbito sexual. Una tierra convulsa donde la práctica convive con el desconocimiento de sus mecanismos. Donde todo se prohíbe en la calle, pero nada se castiga de puertas para adentro. Este desdoblamiento cultural genera unos conflictos y frustraciones que Leila Slimani analiza en su libro sin atisbo de mojigatería, permitiéndonos entrar en los sucios dormitorios de un país que enarbola el pudor y la pureza moral como banderas. Sexo y mentiras es una lectura apasionante que genera asombro y curiosidad, pero también estupor por los rudimentos emocionales que se desprenden de sus páginas. Profunda y enriquecedora, Sexo y mentiras constituye una lectura fantástica, especialmente recomendable para quienes quieran sorprenderse de su propia ignorancia en materia de sociedad, religión y política marroquíes. 

★★★★




►Título original: —
►Traducción: —
►Año: 2016
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 144


Lucas Pereyra es un escritor argentino entrado en la cuarentena que debe compaginar su vocación con otros trabajos menos satisfactorios pero más lucrativos. Su último contrato con una editorial española le garantiza fondos para una buena temporada, pero debe viajar hasta Montevideo para recogerlo. Una vez allí, Lucas tratará de reencontrarse con Magalí Guerra, una fogosa veinteañera con la que casi tuvo una aventura el año anterior. Ahora, sumido en plena crisis matrimonial y azuzado por un deseo incontrolable, Pereyra pretende consumar lo que quedó suspendido en su último encuentro con la uruguaya. Sin embargo, a veces la vida juega malas pasadas y Pereyra deberá pasar por el trance de descubrir que su imaginación puede haber avivado algo que en realidad nunca estuvo vivo. Aunque los primeros compases de La uruguaya se me atragantaron ni más ni menos que por su inconfundible cadencia hispana, la novela de Pedro Mairal acaba contagiando al lector la hipnótica fascinación que siente el protagonista por la chica que da título a la obra. En el transcurso de un solo día, Mairal se las arregla para confeccionar un pintoresco retrato de la capital uruguaya, así como una minuciosa cartografía de la desesperación amorosa que sufre el protagonista. Lujuria, soledad, más nostalgia de algo que nunca fue. Sin duda, una combinación inflamable que hace de La uruguaya una fantástica reflexión sobre ese matrimonio inseparable que son amor y pérdida.

★★★☆




►Título original: Salt Water
►Traducción: Regina López Muñoz
►Año: 1998
►Editorial: Errata Naturae
►Páginas: 168


A Charles Simmons le debo el milagro de haber vivido el mejor verano de mi vida en pleno mes de febrero. Lo que consigue en Agua salada es de una inteligencia narrativa inaudita, el resultado de un instinto extraordinario para escarbar en el corazón del relato hasta encontrar una belleza sin igual. Porque de una novela que comienza anunciado la muerte del padre no se puede esperar nada reconfortante. Sin embargo, con muy pocos elementos, Simmons va tejiendo una maravillosa historia que narra el descubrimiento del primer amor con el soplido del viento, el reflejo del sol en la arena y el incesante envite de las olas como telón de fondo. Michael es un chaval de 15 años que veranea con sus padres en Bone Point, un cabo estadounidense en el que se realizaban prácticas militares durante la Segunda Guerra Mundial. Allí conocerá a Zina, una chica algo mayor y mucho más resuelta que le enseñará a relacionarse con las mujeres y a descodificar las señales que indican un peligroso deterioro del tejido familiar. A base de fiestas en la playa, paseos en barco y lecciones de poesía, Michael y Zina establecen un poderoso vínculo del que se nutren todos los demás hilos de la historia. Mientras el fin del verano se cierne sobre ellos, las pasiones adolescentes, y también las adultas, precipitarán una serie de acontecimientos de esos que mueven continentes y derriban inocencias. La de Simmons es una obra habitada por personajes y diálogos inolvidables, cargada de poderosas imágenes, más que de grandes palabras. Y quizá es precisamente ese el motivo de que su impronta sea tan desoladora y profunda.  

★★★★☆

 
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