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Kingsley Amis - Lucky Jim

lunes, 30 de abril de 2018


«Así son las cosas. Atribuirlas a la suerte no las hace menos ciertas ni les resta importancia».


►Título original: Lucky Jim
►Traducción: Eder Pérez Garay
►Año: 1954
►Editorial: Impedimenta
►Páginas: 384


Jim Dixon necesita un golpe de suerte. A punto de terminar el curso universitario, su puesto como profesor agregado de Historia Medieval pende de un hilo. Para asegurar su continuidad, Dixon reclama desesperadamente la aprobación de su jefe de departamento, un ampuloso y ensimismado catedrático al que no parece importarle lo más mínimo el futuro de su colega ni el brillante artículo sobre la «Alegre Inglaterra» que podría granjearle el favor de la comunidad académica. Para colmo, Jim se encuentra algo ajetreado tratando de mantener a flote su tormentosa relación con Margaret, una mujer histérica y dada al dramatismo que se recupera de un intento de suicidio motivado por la ruptura con su anterior pareja. 

Publicada por primera vez en 1954, Lucky Jim constituye el sorprendente e hilarante debut novelístico de Kingsley Amis, escritor británico que llegó a convertirse en uno de los más significativos de su generación y padre del también escritor Martin Amis. Ganador del premio Somerset Maugham, Lucky Jim está considerado como una de los libros más divertidos del siglo XX y una especie de prototipo que prefiguró la novela de campus. Sin duda, parte de su magnífico encanto reside en la concatenación de desgracias que le ocurren a su protagonista y que le entorpecen, cuando no le impiden, la consecución de sus elevadas aspiraciones profesionales y personales. 

Jim Dixon es un personaje peculiar, un tipo cuya seguridad en sí mismo roza el engreimiento ególatra, pero que en ningún momento resulta antipático ni desagradable, quizá precisamente por su monumental torpeza a la hora de desenvolverse en la esfera social. Kingsley Amis creó para su novela a un memorable fracasado que tan pronto se ve domeñado por la prudencia como espoleado por unos deseos irrefrenables de enzarzarse a puñetazos. Amante incorregible de los cigarrillos y las pintas de cerveza, el «afortunado» Jim se cruza a lo largo de la novela con un sinfín de contratiempos que elevan la comicidad y el tono burlesco de la historia hasta niveles peligrosos para el diafragma.

Ambientada en algún momento poco después de la Segunda Guerra Mundial, la historia de Lucky Jim no está exenta de cierta crítica a las maneras encorsetadas de la sociedad inglesa, firmemente asida a costumbres y tradiciones ancladas en un pasado mohoso que los miembros del claustro universitario de la novela vienen a representar. A pesar del férreo inmovilismo social de sus congéneres, Dixon pretende hacerse un hueco destacado en la vida del campus sin reflexionar en el obstáculo que podrían suponer sus accidentadas resacas, los enconados enfrentamientos con Bertrand Welch, el hijo de su jefe, o sus exasperantes devaneos amorosos con la bella y escurridiza Christine. ¿Está el triunfo de sus pretensiones determinado por la suerte o depende de una aritmética retorcida en la que dos fallos suman un acierto? Cualquier cosa puede pasar en esta alocada e impredecible novela de Kingsley Amis.

PUNTUACIÓN: ★★★☆

James McBride - El pájaro carpintero

viernes, 29 de septiembre de 2017



►Título original: The Good Lord Bird
►Traducción: Miguel Sanz Jiménez
►Año: 2013
►Editorial: Hoja de Lata
►Páginas: 452
►Valoración: ★★★★


La literatura que aborda el período esclavista en los Estados Unidos acostumbra a tener un tono apesadumbrado, plomizo, que no pretende sino armonizar con los horrores que dicha institución supuso para los que vivieron aplastados por su yugo. Después de afrontar obras tan desgarradoras y emocionalmente exigentes como Beloved, Entre el mundo y yo, Volver a casa y, más recientemente, El ferrocarril subterráneo, parece casi un alivio encontrar un libro que se aleje de brutales padecimientos y sea capaz de recrear una atmósfera liviana o incluso jocosa bajo tan terribles circunstancias. 

La novela de James McBride, galardonada en 2013 con el National Book Award, logra con creces su objetivo y sorprende entre otras cosas por el absoluto desparpajo de su voz narrativa. La hilarante autobiografía ficticia de Henry Cebolla Shackleford, un niño esclavo que pasó a formar parte del peculiar escuadrón comandado por el legendario abolicionista John Brown en los años previos a la Guerra de Secesión (1861 - 1865), constituye un relato vibrante y lleno de vida que intercala episodios de una terrible violencia con diálogos y escenas sencillamente descacharrantes. Cebolla cuenta en primera persona, y haciendo uso de un particular dialecto que se ha reproducido de manera excelente en su traducción al castellano, sus alocadas andanzas junto a Brown y sus compañeros, quienes lo toman de manera errónea por una chica y aseguran que la presencia de Cebolla en el grupo les garantizará la victoria en su temeraria cruzada contra la esclavitud. 

Al más puro estilo Tom Sawyer y Huckleberry Finn, las aventuras de Cebolla Shackleford contenidas en El pájaro carpintero están plagadas de pillerías y malentendidos que le supondrán a nuestro protagonista más de un quebradero de cabeza. McBride crea un personaje absolutamente fascinante, un niño deslenguado, despistado y vivaz que cuestiona todo lo que ve a su alrededor sin llegar a encontrar nunca una explicación convincente para sus infortunios. Sus observaciones sobre la esclavitud se alejan mucho del habitual maniqueísmo. Cebolla, en su enternecedora ingenuidad e inexperiencia, se erige como portavoz de un pueblo que no concibe la libertad ni tampoco la desea porque no sabría qué hacer con ella. Así mismo, McBride explora con todo lujo de detalle las consecuencias de vivir bajo un disfraz de manera constante. El conflicto de Cebolla entre su identidad interna y su apariencia externa cristaliza a lo largo de la novela en un sinfín de frustraciones que no solo afectan a su relación con el sexo opuesto sino a la que mantiene con sus congéneres masculinos. 

En general, El pájaro carpintero es una novela que oscila entre lo dinámico y lo vertiginoso, entre lo cómico y lo dramático. No obstante, McBride sujeta en todo momento las riendas de la narración y demuestra un prodigioso dominio de los tiempos que no se suele ver muy a menudo. También es una obra que abraza tanto lo mundano como lo espiritual, haciendo alarde de un importante simbolismo religioso que McBride no duda en caricaturizar, ya sea por medio de peroratas ininteligibles, citas bíblicas extraídas de libros que no existen o interminables sesiones de oración que Cebolla escucha de manera estoica. A pesar de su descreimiento en la capacidad del Señor para llevar a cabo Su voluntad, Cebolla no deja espacio para que brote ni el menor atisbo de desesperanza. Su carácter luchador y el convencimiento que demuestra en sus ideales resultan tiernos e inspiradores al mismo tiempo. Y aun cuando no sea posible alcanzar aquello en lo que creemos, la maravillosa historia de Henry Cebolla Shackleford nos invita a entender el fracaso como un éxito aplazado. Un proyecto en el que las generaciones futuras podrán trabajar justo desde donde nosotros lo hemos dejado.

Stephen Benatar - La vida soñada de Rachel Waring

viernes, 18 de marzo de 2016


► Título original: Wish Her Safe at Home
► Traducción: Jon Bilbao
► Año de publicación: 1982
► Editorial: Impedimenta
► Páginas: 336



Por muchos planes, metas y proyectos de futuro que uno trace, la vida siempre se abre paso a golpe de sorpresas. Una enfermedad, un accidente repentino, una trágica muerte... En el caso de Rachel Waring, protagonista de esta novela que el año pasado la editorial Impedimenta incorporó a su excelente catálogo, el acontecimiento que marca un punto de inflexión en su apacible (quizá demasiado) forma de vida es ni más ni menos que una herencia inesperada. Un buen día, Rachel se encuentra con la noticia de que una tía lejana le ha dejado en heredad una mansión georgiana en la ciudad de Bristol. Así que, ni corta ni perezosa, decide abandonar su lánguida existencia en la capital, dejando atrás un trabajo insatisfactorio y una compañera de piso que no comparte su entusiasmo por la vida, y se traslada a su nuevo hogar, cargando sus maletas con todo tipo de esperanzas, ambiciones y expectativas de triunfo.

Hasta aquí todo bien. La vida soñada de Rachel Waring parece una de esas típicas novelas británicas plagadas de costumbrismos, personajes entrañablemente excéntricos y mucho té con pastas. Sin embargo, Stephen Benatar es de todo menos tradicional. Su novela, rescatada de entre los muertos por un oportuno crítico estadounidense que la calificó como una de las mejores obras literarias inglesas producidas en la segunda mitad del siglo XX, ahonda de una forma original, atrevida y sobre todo descacharrante en temas como el ingenio, la creatividad y el carácter deformante de los sueños que uno se empeña en alcanzar.

"Todos estos encantos externos —dijo— y un corazón que rebosa poesía, dulzura y deleite." Estaba maravillado por un combinación tan portentosa. "Mi Rachel, mi adorada, mi todo. Llevas flores frescas en el coño." Se inclinó y las regó con sus lágrimas.

Rachel Waring es, sin duda, una de las voces narrativas más disparatadas, chocantes y controvertidas con las que me he topado en mucho tiempo. Encarnando la figura de eterna soltera, cuarentona, desesperada por saborear las mieles del amor a la manera pasional y desenfrenada que está acostumbrada a recrear en su cabeza, Rachel hace todo lo posible por encajar en esa nueva y prometedora coyuntura social que la herencia de su flamante mansión —sumada a una cuantiosa cantidad de libras— le abre ante sí. Toda ella es entusiasmo, vivacidad y optimismo, y así nos lo hace notar en cada momento. Sin embargo, sus planes incluyen aspectos tan poco ortodoxos como seducir al vicario local o embarcarse en un desenfrenado romance con un filántropo que lleva varios siglos muerto. 

Es entonces cuando uno se da cuenta de que la euforia con la que Rachel se entrega a medrar social y profesionalmente posee ciertos rasgos enfermizos. Que los sueños, por desgracia, se han transformado en delirio. Aún así, resulta cuando menos fascinante adentrarse en la mente de la protagonista e intentar discernir qué parte de realidad se esconde tras sus fantasías, mientras al fondo uno percibe el lento pero firme avance de su proceso degenerativo. Las ficciones de Rachel van mucho más allá de sus simples aspiraciones literarias y constituyen un elemento ciertamente perturbador y desasosegante que incrementan su profundidad como personaje. A esto debemos añadir una caracterización sumamente vivaz, alocada y por momentos desbordante, plagada de observaciones tan divertidas como impertinentes, declamaciones continuas, salidas de tono, proposiciones descabelladas e intermitentes desconexiones con la realidad.

En efecto, el mundo interior de Rachel es mucho más exuberante, dinámico y repleto de posibilidades que su homólogo externo. No obstante, eso es algo —y ahí radica principalmente la gracia de la novela— que el lector va descubriendo poco a poco, degustando cada paso del procedimiento. Este ajetreo narrativo por el que nos conduce Stephen Benatar en La vida soñada de Rachel Waring pudiera resultar en determinados casos bastante confuso y frustrante si solo atendemos al verborreico flujo de conciencia de su protagonista. Pero, sabiendo distinguir la paja del grano, podemos encontrarnos ante una lectura muy entretenida y satisfactoria, una obra inusual, arriesgada y sorprendente que, a pesar de su contundente mensaje, nos invita a perseguir nuestros más arraigados anhelos... o dejarnos perseguir por ellos. 



Gail Parent - Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York

martes, 1 de diciembre de 2015

► Título original: Sheila Levine is Dead and Living in New York
► Autor: Gail Parent
► Traducción: Zulema Couso
► Año de publicación: 1972
► Editorial: Libros del Asteroide
► Páginas: 288


No cabe duda de que el tiempo ha tratado injustamente a Sheila Levine. Aunque en su día gozó de gran popularidad, su nombre acabó regresando al reino de las sombras a la espera de obtener algún día el reconocimiento que desde luego merece. Y es que, por sorprendente que pueda parecer, existe toda una ristra de iconos televisivos que deben su nacimiento y posterior salto al estrellato a este singular personaje de Gail Parent. Sheila Levine es ni más ni menos lo que obtendrías de una mezcla cuyos ingredientes principales fueran la Hannah Horvath de Girls, la Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York -eso sí, desprovista de su impresionante vestidor- y una Bridget Jones que en lugar de entradas de diario fuera por ahí escribiendo notas de suicidio.

Porque, en efecto, Sheila Levine ha dejado de sentir aprecio por la vida. De ascendencia judía, Sheila acaba de sobrepasar la treintena y los implacables dictámenes de su generación indican que su persistente estado de soltería es muestra inequívoca de que ha fracasado como mujer. Sus numerosos intentos de encontrar marido han terminado siempre de forma inesperada o incluso bochornosa. Así que, harta de imposiciones y esperanzas frustradas, cansada de perseguir un objetivo que constantemente se le escapa, Sheila ha decidido poner fin a todo, no sin antes explicar con pelos y señales los motivos que la han empujado a tomar tan contundente determinación.

Ahora bien, no tenéis de qué preocuparos. A pesar del siniestro y un tanto rocambolesco carácter de su premisa, Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York se postula como firme candidato a convertirse en uno de los libros más divertidos del año. Dado el tono satírico, hiperbólico y sin tapujos de la novela, es difícil no atragantarse de la risa cada vez que la protagonista eleva alguna de sus innumerables quejas en lo que respecta a sus problemáticas interacciones con el sexo masculino. Con un estilo mordaz, provocativo e irónico, Gail Parent elabora un certero retrato de la condición femenina a través de las experiencias de Sheila en diferentes etapas de la vida, desde la niñez y su temprana asimilación del matrimonio como un objetivo fundamental para asegurarse un buen estatus hasta la pérdida de la virginidad en su adolescencia, más turbulenta y casquivana de lo que cabría imaginar a simple vista.

"¿Qué es eso de que no deje que los chicos me toquen ya sabes dónde, mamá? Da gustito que te toquen ya sabes dónde."

Ya entrada en la madurez, tratando de alcanzar por todos los medios la independencia económica, Sheila irá acumulando decepciones amorosas en su apartamento de Nueva York mientras se rodea de supuestas amigas que a ojos de Sheila no son más que competencia a la hora de captar novios potenciales. Las fiestas a las que acude o las que ella misma organiza se transforman rápidamente en cotos de caza, los viajes que realiza por el viejo continente derivan en una especie de turismo sexual sujeto a todo tipo de aventuras y cualquier conversación casual con el vecino del 5º es susceptible (según Sheila) de desembocar en una pedida de mano que le proporcione el alivio deseado. Sin embargo, la insalvable frontera entre realidad y expectativas es una constante temática que acompaña a Sheila en todo momento de la historia. Su imaginación es su peor enemiga. Partiendo de esa base, Gail Parent se las ingenia para que su desconsuelo sea nuestra fuente de satisfacción, y lo hace con una comicidad inapelable. El artefacto narrativo de la novela es como una inmensa y disparatada composición de skecthes que sí, pecan de recurrentes y giran en torno a lugares comunes, pero siempre consiguen encontrar nuevas formas de provocar esa ansiada reacción que es la risa.

Al menos, ese ha sido mi caso. Aunque hay ciertas partes de la novela que brillan más que otras, Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York es en líneas generales una obra muy divertida y recomendable, sobre todo si estás familiarizado con esos personajes femeninos al borde de la histeria de los que Gail Parent es referencia directa. Puede que hayan pasado más de cuarenta años desde que este mítico personaje viera la luz por primera vez, pero su recuperación no puede ser a día de hoy más oportuna. Así que haceos un favor y leedla. Porque, señoras y señores: Sheila Levine no está muerta... está más viva que nunca.



Reseñas breves [96-99]

viernes, 29 de mayo de 2015

Pista negra, Antonio Manzini
Salamandra Black - 256 páginas - ★★½

Frío, soledad, pequeñas comunidades rurales y cadáveres enterrados en la nieve. Enarbolando dichos elementos como carta de presentación, es imposible no remitirse a esa época en la que el género noir parecía ser patrimonio única y exclusivamente de las regiones nórdicas. Sin embargo, la primera novela de Antonio Manzini que se publica en nuestro país poco o nada tiene que ver con parajes helados y apellidos impronunciables. En Pista negra, la acción se desarrolla alrededor de una remota localidad de los Alpes italianos donde el subjefe de policía Rocco Schiavone investiga un caso de presunto asesinato al que ha sido asignado como penitencia por su mala conducta. Aunque quizá 'mala conducta' no sea la expresión más apropiada para definir el carácter agrio, cenizo y despectivo que identifica al siempre deslenguado Schiavone, un hombre atormentado por una gran pérdida que trata de minimizar su pesada carga emocional embistiendo verbalmente a diestro y siniestro, solicitando los servicios de incontables prostitutas e incluso traicionando los valores de su propia profesión mediante el tráfico de drogas. Sin duda, Rocco Shiavone es un personaje interesante, profundo y carismático, pero estas virtudes se convierten rápidamente en problemas cuando eclipsan por completo el desarrollo de una trama policial bastante rudimentaria que no logra despertar suficiente interés como para desear su pronta resolución. Por esa misma razón, Pista negra me ha parecido una lectura amena y correcta, un inicio de saga prometedor, pero nada brillante ni innovador. Espero que la próxima entrega protagonizada por Schiavone esté más trabajada en ese sentido.


Vente a casa, Jordi Nopca
Libros del Asteroide - 224 páginas - ★★½

No sé si han sido las enormes ganas que tenía de leer esta colección de relatos o la intachable reputación que se ha labrado la editorial que la publica a base de ofrecernos libros espectacularmente bonitos (tanto por dentro como por fuera), pero lo cierto es que las historias de Jordi Nopca, a pesar de todo ese murmullo que están generando por la red, no han conseguido calarme muy hondo. El escritor catalán nos ofrece en Vente a casa la posibilidad de allanar un narrativo edificio de viviendas donde tras cada puerta se esconde una mirada genuina a las complicaciones del amor y a los intrincados designios por los que se guían las relaciones familiares o de pareja en un escenario azotado por la crisis económica. Relatos como por ejemplo el que da título a la colección o ese maravilloso 'Navaja suiza' en el que Nopca disecciona de manera sorprendente y casi macabra el declive de un matrimonio cuyos miembros comparten afición por los viajes y la literatura hacen que la lectura de Vente a casa merezca la pena. No obstante, en líneas generales me ha resultado una selección bastante irregular, impregnada de una molesta sensación de transitoriedad causada por todas esas referencias contemporáneas que escayolan la narración en torno a un momento y situación sociopolítica muy determinados. Además, algo que me ha parecido cuando menos irritante es que muchos cuentos adolecen de un final indigno que no se corresponde con el notable talento literario manifestado por el autor a lo largo de todo el relato. Definitivamente, Vente a casa no ha estado a la altura de mis expectativas, pero aun así la encuentro una obra dotada de cierto encanto y plagada de momentos muy emotivos que podría encontrar en cualquiera de vosotros a un admirador mucho más efusivo que yo. 


Kwaidan, Lafcadio Hearn
Valdemar - 368 páginas - ★★★½

Sí, lo admito. Soy de esas personas que ven un libro mínimamente relacionado con Japón y se lanzan a por él sin contemplación ninguna. A estas alturas no creo haber sorprendido a nadie, pero el que aún no me conozca ha de saber que siento una irreprimible y a veces preocupante filiación nipona. Y si a esto le añades un elemento de tipo terrorífico, la salivación se multiplica de manera exponencial. Pero a pesar de mis elevadas exigencias, he tenido la suerte de encontrar en el interior de este magnífico volumen que recopila la obra completa de Lafcadio Hearn (figura de vital importancia en la difusión internacional del folclore, mitos y cuentos populares japoneses) todo lo que buscaba. Aunque hay ciertos aspectos estéticos que no me han terminado de convencer, interpretaciones libres que hace el propio Hearn sobre la cultura oriental y el hecho de que algunos cuentos estén a medio terminar, el conjunto de la obra me ha parecido de una calidad y relevancia indudables. Entre las páginas de Kwaidan hallaremos infinidad de historias de carácter trágico o aleccionador protagonizadas por demonios, fantasmas, divinidades sintoístas, espíritus vengativos  y otras criaturas sobrenaturales que pudieran pillar desprevenido a todo aquel que esté familiarizado con la visión occidentalizada del terror japonés que hoy día ofrece la industria del entretenimiento. Plagada de notas, referencias, explicaciones aclaratorias y rematada por una excelente introducción que resume la biografía del autor y contextualiza su obra, esta edición de los cuentos escritos por Lafcadio Hearn es una auténtica pieza de coleccionista que ningún amante del género de terror (no digamos ya de lo japonés) debería pasar por alto. Avisados estáis. 


Cuando te envuelvan las llamas, David Sedaris
Literatura Random House - 304 páginas - ★★★

No me gustan los libros que se autodenominan 'humorísticos'. Principalmente porque no me suelen hacer ni pizca de gracia; los encuentro artificiosos, absurdos, forzados y casi siempre ridículos. Preguntadle a un tal Safier. Casi puedo oír desde aquí las risas enlatadas. Sin embargo, gracias a Cuando te envuelvan las llamas he conseguido dar con una excepción milagrosa. Y es que David Sedaris resulta más divertido y natural cuanto más trata de ocultar las pretensiones cómicas de sus relatos. Lo que hace que estas pequeñas historias de corte autobiográfico que se hallan reunidas en Cuando te envuelven las llamas resultan tan exitosas es el genial enmascaramiento narrativo efectuado por su autor -aquel que ha estado sujeto a las mismas-, ese esfuerzo por vestir de cotidianidad una serie de experiencias a medio camino entre lo trágico y lo absurdo que bien podrían estar hiperbolizadas hasta la náusea, pero sin embargo alcanzan un grado idóneo de comicidad, contención e ironía. De esta manera, leyendo el libro de Sedaris uno puede bucear en sus recuerdos de juventud en el seno de una familia numerosa, en la exploración de su homosexualidad o en los desternillantes encontronazos con gente de todo tipo que ha sufrido a lo largo de su vida sin tener que pararse en todo momento a pensar dónde está el chiste o cuál es la anécdota más estúpida. Es entonces cuando uno descubre la dimensión humana de la obra, al hombre parapetado tras la fachada de humorista. Y se ríe. Porque si, porque es imposible no sentirse en cierto modo identificado con las historias de Sedaris, porque uno, en perspectiva, descubre que la carcajada es la mejor forma de afrontar el lado agridulce de la vida y porque, al fin y al cabo, no existe a día de hoy criatura más apropiada para la sátira que el mismísimo ser humano.


Reseñas breves [67-69]

jueves, 4 de diciembre de 2014

Steelheart, Brandon Sanderson
Ediciones B - 416 páginas - ★★★½

Brandon Sanderson es un escritor que despacha libros como si fueran panes. Y empieza a ser un poco difícil esto de distinguir entre sus distintas trilogías, segundas trilogías, spin-off's, relatos, segundas partes de relatos, sagas, trilosagas, spin-trilogías off-relatos... bueno, ya me entendéis. El caso es que Steelheart es la primera parte de una serie protagonizada por algo así como cazadores de superhéroes que en realidad son supervillanos que en realidad son humanos normales y corrientes a los que una anomalía cosmológica conocida como Calamity les otorgó habilidades fuera de lo común. Estamos ante una interesante variación de ese recurrido mito engendrado por Marvel o DC en el que los buenos salvan el planeta y se llevan a la chica guapa de turno, una historia un tanto típica pero planteada desde un punto de vista muy original, muy bien narrada y que se desarrolla con una envidiable intrepidez. La desenvoltura con la que Sanderson es capaz de describir a los principales protagonistas o el trasfondo histórico de la novela es la propia de un escritor sobradamente experimentado; no así la decepcionante simplicidad argumental del libro, el exagerado maniqueísmo de algunos personajes, los innecesarios vaivenes finales de la trama o esa conclusión completamente anticlimática y abrupta que da pie a la segunda entrega de esta enésima trilogía. Vaya por delante que Steelheart es un libro que me ha gustado bastante, muy entretenido, dinámico y gráfico, pero carente de profundidad, contundencia narrativa y alardes estilísticos. Como un cómic de cuatrocientas y pico páginas.


El libro de las pruebas, John Banville
Alfaguara - 240 páginas - ★★

A ver. Cómo lo digo. Ah, sí. Menudo bodrio. Desde el principio de los tiempos, John Banville ha sido destinatario de loas, alabanzas y elogios muy por encima de sus posibilidades. Tanto, que incluso ha sido el elegido para reinterpretar a una de las figuras más importantes y representativas de la literatura norteamericana con el consecuente cabreo de sus fans más acérrimos (aunque a mí me gustó, he de admitir). Es cierto que el autor irlandés ganador del Man Booker Prize y el Príncipe de Asturias tiene un don innato para la escritura, que posee un estilo prodigioso, bello, etéreo e inimitable. Pero de nada sirven su finura técnica ni su empalagoso virtuosismo narrativo si lo que estoy leyendo es tan interesante como un puñetazo en el estómago. Al menos, esa es la sensación que tenía cada vez que pasaba una página de El libro de las pruebas. La de ser invadido por el más soporífero, palpitante, doloroso y casi tangible aburrimiento. La novela, que está narrada por un intelectual psicótico, narcisista, presuntuoso y pedante hasta la náusea (imaginad un soliloquio de varias horas interpretado por el actor secundario Bob), es en realidad la confesión escrita y aclaratoria de un criminal que cometió un asesinato para intentar dar solución a un problema todavía mayor. Esta circunstancia, que se conoce prácticamente desde el inicio de la novela, es en realidad una excusa empleada por Banville para poner al servicio de su innegable valía como escritor un supuesto estudio sobre la condición humana y las múltiples atrocidades que genera, una suerte de batiburrillo existencialista donde se percibe una leve intención de incomodar al lector por medio de la precariedad y la bajeza de nuestros instintos más arraigados, pero que en realidad molesta por la flagrante inanidad de su contenido. Lo "bueno" de El libro de las pruebas es que se trata de una de sus obras más tempranas, por lo que aún conservo un resquicio de esperanza en mi propósito de encontrar un libro suyo que haga válidas todas esas buenas críticas que recibe. A ver si con Antigua luz se aclara un poco este oscuro panorama...


No soy ese tipo de chica, Lena Dunham
Espasa - 296 páginas - ★★★½

Lena Dunham es una de mis personas favoritas. Viendo cualquier episodio de la serie que protagoniza, uno difícilmente podría establecer una separación clara entre la Lena auténtica y el histriónico papel que interpreta en la pequeña pantalla. Y eso mola. Ella en general mola. Muchos la tachan de sensacionalista, de pirada o de incluso enarbolar un falso feminismo en pos de seguir alcanzando cierta trascendencia en los medios. Pero este libro, escrito totalmente desde las entrañas, narrado con un descacharrante sentido del humor, una arrebatadora sinceridad y una absoluta falta de escrúpulos tan encomiable como censurable, no es sino la confirmación definitiva de que la excentricidad característica de Lena Dunham está terriblemente lejos de ser impostada. Siguiendo una estructura muy dispar, Dunham nos desvela a través de los episodios más (y menos) trascendentales de su vida todas esas facetas aún no descubiertas de su personalidad poliédrica y multidisciplinar. El sexo, la amistad, el trabajo, la familia, la comida y sus frecuentes trastornos psicológicos conforman el grueso de este simpático libro de memorias donde Dunham analiza a la vez que descubre la importancia de esos distintos aspectos en su formación como persona, desnudándose para sus lectores de una manera completamente distinta a como nunca antes lo había hecho en televisión: íntima, cómplice, consentida, aceptando sus complejos con una naturalidad ya inherente y tendiendo una mano a todos esos outsiders que, como ella, conviven al borde de una sociedad basada en estereotipos. Lo que sí he echado en falta durante su lectura es algo del genio, la garra y la inspiración que Lena ha convertido en su firma, pero en líneas generales No soy ese tipo de chica ha satisfecho cómodamente mis expectativas y merece sin duda que le deis una oportunidad. 

Reseñas breves [19-21]

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La luz fantástica, Terry Pratchett
DeBolsillo - 280 páginas - 6.95€

Aunque hace más de un año que me atreví a comenzar la gigantesca saga del Mundodisco, aún tenía el recuerdo de lo que ocurría en El color de la magia bien fresco en mi memoria. Lo cual ha sido una suerte, porque La luz fantástica es por lo visto la única novela perteneciente a la saga que continúa la historia exactamente donde se quedó en el anterior libro, con el estrambótico mago Rincewind y su acompañante Dosflores cayendo por el borde del Mundodisco hacia un paradero desconocido. Sin embargo, en esta ocasión los habitantes del universo concebido por Terry Pratchett tienen problemas más graves en los que pensar: una estrella roja que no hace presagiar nada bueno ha aparecido en el firmamento y los astrólogos del Disco temen que se avecina la destrucción completa de su mundo. Sorprendente, hilarante y mucho más entretenida que su predecesora, La luz fantástica reúne en su interior una gran variedad de temas y situaciones típicas de las novelas de fantasía que son satirizadas sin compasión para perverso deleite de los aficionados al género. Con una trama mucho más disparatada y un desarrollo impecable de los personajes principales, el segundo volumen de esta particular bilogía iniciada en El color de la magia supone una muy interesante introducción al complejo funcionamiento del Mundodisco y en líneas generales, una estupenda novela de acción, hechizos imposibles y un delicioso sentido del humor que recorre cada una de las páginas.



Ritos iguales, Terry Pratchett
DeBolsillo - 272 páginas - 6.95€

Siguiendo el orden cronológico de publicación, el siguiente libro de la saga es Ritos iguales, un título que en el inglés original plantea un evidente debate sobre derechos, igualdad de oportunidades y prejuicios de género que se amplía de manera profunda en el transcurso de la novela. La historia comienza cuando un mago que vive sus últimos momentos llega a un pequeño pueblo situado en las Montañas del Carnero y decide nombrar a un sucesor entregándole su cayado. El problema es que el niño escogido, nacido el octavo de un octavo hijo (característica que determina inequívocamente su aptitud para la magia), es en realidad una niña llamada Eskarina. Puesto que la magia no es considerada por los magos del Mundodisco una materia apta para mujeres, Esk finalmente recibirá instrucción de una bruja campestre llamada Yaya Ceravieja hasta que su incontenible poder la obligue a buscar plaza en la Universidad Invisible. Como es de suponer por la sinopsis, el primer libro de la denominada "saga de las Brujas" deja a un lado el ritmo frenético y los desternillantes chascarrillos de sus anteriores entregas para enzarzarse en una discusión un tanto estéril (aunque en su época no lo habría sido tanto) acerca del poder femenino y el anacronismo de nuestra sociedad machista. Aunque ha sido una lectura indudablemente amena, he echado en falta algo más de comicidad, de chaladura, de matices más oscuros en los personajes y de diversidad argumental. No obstante, a lo largo de Ritos iguales se intuye en la figura de Yaya Ceravieja un personaje con muchísimo potencial y un enorme carisma, por lo que estoy deseando ver cómo evoluciona esta serie en particular.



Mort, Terry Pratchett
DeBolsillo - 288 páginas - 7.95€

Y para concluir, el comienzo de una de las sagas más queridas y admiradas por los lectores del Mundodisco. Aunque ya hizo un breve acto de aparición en novelas anteriores (me está viniendo a la mente una escena muy concreta de El color de la magia) la Muerte que ronda más allá de los dominios del Disco es una de las representaciones más tronchantes, disparatadas y memorables de este personaje que he leído nunca. Tanto es así, que te pasas más de media novela esperando una nueva intervención suya. Pero en este caso, la Muerte cede su incuestionable protagonismo a un despreocupado joven llamado Mort (casualidades de la vida) que por circunstancias tan azarosas como desafortunadas pasará a convertirse en su aprendiz de manera inmediata. Pero claro, eso comporta ciertos riesgos y responsabilidades. Y es que segar vidas no es un trabajo nada fácil, pero lo que Mort está a punto de descubrir es que un solo fallo en su tarea de eliminar a la gente adecuada puede acarrear un auténtico desgarro en el tejido de la realidad. Vamos, lo que viene siendo un follón de mil pares de narices. En esta ocasión, Terry Pratchett vuelve a elevar un peldaño la calidad de sus novelas ambientadas en el Mundodisco para regalarnos una historia frenética, vertiginosa e impredecible que nunca sabes bien por dónde va a salir. Muerte, vida, paradojas temporales, realidades alternativas, resurrecciones y reencarnaciones varias, reunidas en un solo tomo de apenas 300 páginas que empieza de manera sublime y termina de forma brutal, aunque por medio haya un par de escenas que se me hayan hecho demasiado descafeinadas. Por lo demás, Mort es una obra genial que vuelve a demostrarnos el inmenso poder creativo y la portentosa imaginación del escritor británico.


Reseña "El canto del cisne"

lunes, 21 de enero de 2013

Hace unos cuantos meses se coló en mi estantería un tal Gervase Fen, profesor de literatura afincado en Oxford que junto a su infatigable compañero Richard Cadogan jugaba a resolver en sus ratos libres los más estrafalarios casos que podían caer en manos de la policía británica. Lo cierto es que La juguetería errante, tercera de las muchas novelas protagonizadas por el investigador inglés y primera que se publicó en España gracias a la editorial Impedimenta, fue una lectura deliciosa, estimulante y en general, una auténtica sorpresa. Dado el rotundo éxito que cosechó su anterior entrega, puedo afirmar sin temor a equivocarme que El canto del cisne supone uno de los regresos más esperados de la presente temporada, un nuevo y excitante misterio que viene dispuesto a ejercitar nuestro lado más detectivesco.

Título: El canto del cisne
Autor: Edmund Crispin
Año de publicación: 2012
Género: Novela, misterio, policíaca
Editorial: Impedimenta
Páginas: 280
PVP: 19.95
ISBN: 9788415578222

Sinopsis

Cuando una encopetada compañía de ópera recala en Oxford para poner en marcha la primera producción posbélica de Los maestros cantores de Núremberg, de Wagner, la felicidad que reina en el ambiente pronto quedará ensombrecida por la aparición del odioso y molesto tenor Edwin Shorthouse. Todo el mundo tiene un motivo personal para odiar con toda su alma a Shorthouse, pero ¿quién de los presentes será tan torpe como para acabar con él ahorcándole y apuñalándole en su propio camerino, cerrado por dentro? Como dice Edmund Crispin en la primera línea de esta perspicaz novela: «Pocas criaturas hay en el mundo más estúpidas que un cantante».

Opinión

Como ya he dicho, y no me canso de repetirlo, tras lo mucho que me gustó La juguetería errante esta saga protagonizada por el profesor y detective Gervase Fen merecía indiscutiblemente una segunda oportunidad. Aunque se introducen bastantes elementos novedosos tanto en la trama, como en el desarrollo del caso y su posterior resolución, El canto del cisne es asimismo una novela de grandes ausencias: en esta ocasión no aparecen (ni desaparecen) jugueterías, tampoco abogados insufribles ni herederos sin escrúpulos, pero quizá la presencia que más se echa en falta es la de Richard Cadogan, antiguo compañero de Fen, sufridor nato y paciente de muchas y muy extrañas vicisitudes. La inconfundible nota de humor que suponía esta pareja detectivesca era uno de los principales motivos que me llevaron a continuar leyendo la serie, así que me llevé un chasco considerable al saber que el poeta Cadogan no aparecería en esta continuación inmediata de los sucesos acontecidos en La juguetería errante.


-Querida mía, ¿qué ocurre?
-Es solo... un miedo tonto... -dijo, y los tres se dieron cuenta de que estaba a punto de llorar-. Verás, es que... alguien ha estado a punto de envenenarme.

    Sin embargo, el sentido del humor innato de Edmund Crispin sigue estando presente en El canto del cisne, novela que en contra de lo acostumbrado, no comienza con la aparición de un cadáver en los emplazamientos más insospechados, sino con el relato de lo que se cuece en el seno de una compañía teatral formada por personajes tan variopintos y bien cincelados como el apuesto Adam Langley, actor de incipiente reputación, su querida Elizabeth Harding o el insoportable Edwin Shorthouse, cantante de elevadas aspiraciones que verá prontamente interrumpida su carrera al estrellato al darse la desafortunada circunstancia de que alguien lo mata. Sin embargo, lo más extraño del crimen es que se produjo en el propio camerino de la víctima, cerrado a cal y canto y cuando no había nadie más dentro. Ante la imposibilidad de dar con el asesino, el profesor Gervase Fen se introducirá de lleno en el caso, siempre dispuesto a dar su peculiar punto de vista, aderezar la trama con su hilarante toque personal y redirigir la investigación hacia los derroteros más inauditos, por lo que el no saber en qué momento la historia puede dar un cambio brusco continúa siendo uno de sus rasgos más característicos y al mismo tiempo de los más atractivos.

Pocas criaturas hay en el mundo más estúpidas que un cantante. Es como si el ajuste milimétrico de la laringe, la glotis y los senos bucofaríngeos que se precisa para la generación hermosos tuviera que venir acompañado casi invariablemente -oh, cuán inescrutables son los caminos de la Providencia- de la estulticia propia de un ave de corral.

Pero sin duda alguna, lo que más me ha llamado la atención de El canto del cisne es que a medida que aparecen más pistas y se van conociendo más detalles del asesinato, el número de sospechosos no se reduce, sino que va en aumento. Todo el mundo tiene motivos para haber actuado contra Edwin ya sea por su endiablado carácter, su desesperante comportamiento durante los ensayos, su encubierta y a la vez polémica relación amorosa o simplemente por hacerse con su papel en la función, por lo que las ganas de saber cómo se resolverá finalmente el caso se disparan conforme se acerca el final. Edmund Crispin ha sabido hilar con maestría una trama intensa, impredecible, repleta de giros argumentales y además, salpicada de numerosas referencias a las más importantes piezas del género dramático y a los más destacados compositores de la época. Quizá lo que menos brille de todo el conjunto sea precisamente el final, por ser un tanto atropellado y confuso, aunque muy coherente con las pistas proporcionadas durante el resto del libro. Pero si os gustó La juguetería errante, en El canto del cisne encontraréis una excelente continuación que vuelve a reunir todo lo bueno del primer caso, confirmándose así como una de las sagas detectivescas  más prometedoras del panorama actual. Si aún no habéis tenido el privilegio de adentraros en los misterios del gran Gervase Fen, ánimo, el asesino os anda esperando.  

Puntuación

El canto del cisne


Reseña "La juguetería errante"

lunes, 2 de julio de 2012

El género detectivesco, ya sea en su vertiente clásica o en la procedente de la fusión con la temática policíaca, ha sido un siempre un terreno muy prolífico, elogiado y víctima de numerosos remakes audiovisuales cuyo objetivo primordial era el de dar a conocer los extravagantes casos de personajes míticos como Sherlock Holmes, Miss Marple o Hércules Poirot a un público más desacostumbrado a sostener una novela. ¿Quién no ha visto algún episodio de la absolutamente fascinante Detective Conan o ha disfrutado con la camaleónica capacidad del Inspector Gadget para salir airoso de cualquier situación? Pues bien, ahora se suma a la lista el profesor de literatura Gervase Fen, protagonista de una larga serie de libros y algunas historias cortas que se escribieron entre los años 1944 y 1979.    Fiel a la estética de los 50, rebosante del particular sentido del humor anglosajón y un caso que bien podría estar entre los archivos de Expediente X, La juguetería errante abre un interesante ciclo que personalmente espero continuar muy pronto.


Título: La juguetería errante
Autor: Edmund Crispin
Año de publicación: 2011 (1946)
Género: Novela, misterio
Editorial: Impedimenta
Páginas: 320
PVP: 22.20
ISBN: 9788415130208

Sinopsis

Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y en su lugar, lo que encontrará será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de la más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Opinión

Me embarqué en la lectura de este libro con bastante expectación porque, entre otras cosas, hacía mucho tiempo que no leía una novela de misterio o que tuviera una trama mínimamente detectivesca. Por si fuera poco, La juguetería errante es la tercera parte de una serie de novelas protagonizadas por el mismo personaje, y mucho me temía que a pesar de las advertencias que me inducían a pensar lo contrario, pudiera haber detalles relacionados con otras historias que a un lector principiante seguramente le pasarían inadvertidas. Sin embargo, no es así. La juguetería errante, como su nombre muy bien indica, constituye un único caso que se plantea, se desarrolla y se resuelve en único libro, si bien es muy palpable que tanto Richard Cadogan, intento frustrado de poeta y detonante de una más que heterodoxa investigación, así como Gervase Fen, personaje a caballo entre Sherlock Holmes y el profesor Layton, ya se conocían antes de esta primera página. 

"Miró desesperadamente a derecha y a izquierda. Una farmacia y una tienda de retales. Más allá, por la derecha, había una carnicería, una lechería y una papelería; y a la izquierda, un minorista de cereales, una sombrerería y otra farmacia. La juguetería había desaparecido."

Una vez hechas las presentaciones, nos introducimos de lleno en el misterio de la juguetería desaparecida. Acompañados en todo momento por el cómico tándem Cadogan-Fen, asistimos a un intenso y a veces atolondrado tour por las calles de Oxford en busca de la más ínfima pista que pueda ayudar a resolver el caso que se nos propone. A medida que avanza la historia descubrimos que la mujer asesinada es la sobrina y única heredera de una extravagante anciana que fue víctima de un atropello. Como la mujer no vivió el tiempo suficiente como para recamar el dinero, los derechos de herencia se transfieren a una serie de individuos que la mujer rica conoció poco antes de morir, convirtiéndose en los principales sospechosos de un elaborado complot cuyo único objetivo era el de llenarse los bolsillos. Así pues, lo que ya de por sí parecía un misterio de lo más extraño, se complica hasta límites insospechados con la aparición de múltiples personajes nuevos y una jerga legal que, si bien no es demasiado intrincada, pudiera llegar a convertirse en una distracción.
     Los personajes de la novela son una gran baza en su favor. La prudencia exagerada de Richard Cadogan y la absoluta falta de reparo mostrada por el profesor Fen a la hora de saltarse las normas contrastan de forma hilarante, un ejemplo perfecto de ese característico humor británico que destilan todas y cada una de las páginas de La juguetería errante. Con un estilo elegantemente elaborado, un vocabulario nutrido y sin perder en ningún momento el dinamismo del que hace gala desde el primer capítulo, Edmund Crispin nos conduce deliciosamente por un terreno que cada vez se va volviendo más pantanoso. La historia contiene varios giros argumentales, en su mayoría narrados con gran impacto, y llega un momento en el que se pierde por completo el perfil de sospechoso principal que tanto gusta en la novela policíaca. Da la sensación de que Crispin ha querido mantener guardado el mejor secreto (el de la culpabilidad) demasiado tiempo, un hecho que no deslustra el resultado final pero que a mi entender, resta credibilidad a una novela que ha estado tan bien conducida durante casi todo su transcurso.

"Bueno, creo que es mejor que vaya a la policía -dijo Cadogan-. Si hay algo que detesto en el mundo es esas novelas en las que los personajes no van a la policía cuando no tienen ninguna maldita razón para no hacerlo."

Otro de los rasgos que más me han llamado la atención de La juguetería errante es la facilidad que tiene Crispin para reírse de sí mismo y satirizar los tópicos más presentes en el género detectivesco, como muestra la cita mencionada anteriormente. El libro además contiene gran cantidad de referencias literarias, mitológicas o históricas, evidenciando el gran intelecto y el saber hacer de un buen escritor como es Crispin. En definitiva, la primera aventura de Gervase Fen y compañía me ha resultado una novela fresca, entretenida, divertida, sorprendente y estoy deseando que Impedimenta se de prisa en dar continuidad a esta saga porque estoy ansioso por conocer (y dar a conocer) los próximos casos de un investigador tan carismático y poco profesional. 

Puntuación

La juguetería errante



 
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