No sé cómo ha pasado. Desconozco los detalles del proceso. Pero 2015 ya está aquí entre nosotros, paseándose a sus anchas como ese invitado que nadie conoce y todo el mundo corre a saludar. ¡Oh! Es el rey de la fiesta... Por desgracia, al final las luces se apagan. La música cesa. El amor está en el aire, pero se escapa por una ventana. Y nos convencemos de que todo ira bien tras este trámite necesario, que solo es cuestión de arrancar una hoja del calendario, de cambiar una cifra por otra al escribir la fecha. Borrón y cuenta nueva. Te apuntas al gimnasio. Aprendes un nuevo idioma. Dejas de fumar. Sin embargo, alcanzar un acuerdo contigo mismo es el más tramposo de los contratos. Soy demasiado perverso para tener una lista de buenos propósitos. Así que este año no pienso sentarme a planificar doce meses de fracasos anticipados. Me niego a malgastar la última hoja de la libreta diseñando metodologías completamente obsoletas que no sepan alimentar mi motivación. Por eso, esta vez he dejado que los demás hagan los deberes por mí. Voy a chutarme un poco de vitalidad ajena para superar esta terrible abstinencia de la mía propia. Me subiré a muy pocos carros este año, sujetándome bien fuerte durante el viaje y vigilando constantemente el trayecto para no caerme a medio camino. Otra vez. Y ahora, sin más dilación, una extensa e innecesaria declaración sobre lo que (probablemente) va a ocurrir aquí en 2015. Bienvenidos.
Uno de estos proyectos en los que me he embarcado de manera totalmente espontánea e inesperada es el 'Brandon Sanderson infinito', un descabellado especial dedicado al autor que abarcará todo el mes de enero y que constará de numerosas reseñas, artículos, entrevistas e incluso sorteos. Lo organiza Alexander, del blog Donde acaba el infinito, y si queréis conocer más detalles sobre lo que os deparará este tipo de locuras que "a veces crecen y acaban descontrolándose", podéis pasaros por el post de presentación que os dejo aquí.
¿No queríais caldo? Pues toma tres tazas.
Otro de los desafíos a largo plazo que durante el pasado año más alegrías me depararon fue el elaborado por Pablo, la mente oscura y maquinadora que escribe en el Blog del Lector Empedernido. Se trata ni más ni menos que del Man Pulitzer Book Award Project, un reto absolutamente estimulante y fantástico que, como ya avancé en su momento, se halla actualmente finiquitando las páginas de El arco iris de gravedad. Mi participación en este reto conjunto está más que asegurada a lo largo de 2015, y más sabiendo ya que los próximos títulos seleccionados son Las luminarias, de Eleanor Catton, Pastoral americana, de Philip Roth y Beloved, de Toni Morrison. Bueno, al menos esas son nuestras intenciones.
El Comité de Libros Chungos renueva por una segunda temporada.
Y en tercer lugar, la temeridad suprema. El Desafío en mayúsculas. El año de David Foster Wallace. En Novelas y otras historias nos invitan con toda la buena fe del mundo y la inocencia de no saber dónde se mete uno a terminar la obra completa del escritor norteamericano (más otro par de libros centrados en la figura del autor) antes de este mismo diciembre. ¿Quién dijo miedo? No voy a extenderme en detalles sobre dicho reto porque nos lo explican muy bien en esta entrada informativa, la cual os animo encarecidamente a visitar si y solo si os consideráis con la fortaleza mental de resistir estructuras sintácticas que abarcan páginas enteras.
-Hola, soy David. Voy a destruir vuestra vida.
Otra de las grandes cuestiones que han estado ocupando mi mente durante la preparación de esta misma entrada viene a raíz de un vídeo que vi en el canal AliciaReads donde sale a relucir un candente e interesante tema de discusión: la variedad a la hora de leer. Siempre me he considerado un lector versátil, sin prejuicios y abierto a todo tipo de experiencias literarias, pero lo cierto es que en los últimos años me he dado cuenta de la inexactitud de esa premisa a medida que probaba autores, géneros y corrientes hasta el momento desconocidos para mí. También era de los que consideraban aspectos como la raza, el sexo o la nacionalidad de un autor variables que no determinaban en absoluto mi preferencia a la hora de escoger lecturas o de interesarme por libros nuevos. Pero se produce la extraña (o no) casualidad de que un porcentaje muy alto de las novelas que cayeron en mis manos a lo largo de los últimos 3 años (los mismos que lleva activa mi cuenta en Goodreads) han sido escritas por hombres blancos de procedencia inglesa o estadounidense. También me dio por comprobar cuántos libros leí el año pasado cuyo autor/a fuera de origen africano. La respuesta es un escalofriante uno. Un libro que para colmo tiene la desdicha de titularse Americanah.
Este hecho no es malo en sí y no obedece tanto a una cuestión de mera coincidencia con gustos o ideologías personales como a una cuestión de exposición. De cobertura mediática. Leemos por norma general lo que lee la comunidad anglosajona. Lo que produce la comunidad anglosajona. Pero lo realmente preocupante es que ignoramos todo lo demás. Y quiero que eso cambie, aún más si cabe. De esta especie de responsabilidad lectora, unida por supuesto a mi curiosidad innata e insaciable, nace el deseo de expandir mi zona de confort hacia poco habituales fronteras. Es uno de los escasos compromisos literarios que estoy dispuesto a adoptar este año, perder el miedo a lo desconocido. Para ello, he elaborado una lista con autores de diversas nacionalidades que no suelen figurar con frecuencia en mi lista de adquisiciones y es mi intención en 2015 leer un libro de cada uno de esos escritores. Y ahora, utilizando mi mejor tono de sugestión subliminal, yo os pregunto: ¿no os parece una iniciativa sumamente atractiva y enriquecedora que es imposible rechazar?
Chinua Achebe: Todo se desmorona.
Chimamanda Ngozi Adichie: Medio sol amarillo.
Nadine Gordimer: El conservador.
J.M. Coetzee: La infancia de Jesús.
Chimamanda Ngozi Adichie: Medio sol amarillo.
Nadine Gordimer: El conservador.
J.M. Coetzee: La infancia de Jesús.
Orhan Pamuk: Cevdet Bey e hijos.
Jhumpa Lahiri: La hondonada. (Bueno, esta es un poco trampa porque la autora en realidad es británica, pero el sentimiento indio está ahí).
Ahmet Hamdi Tanpınar: Paz.
Rohinton Mistry: Un perfecto equilibrio.
Laura Restrepo: Delirio.
Mario Vargas Llosa: La Fiesta del Chivo.
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad.
Vladimir Nabokov: Pálido fuego.
Leonid Dobychin: La ciudad de N.
Vladimir Sorokin: El día del opríchnik.
Yiyun Li: A Thousand Years of Good Prayers.
Mai Jia: El don.
Liu Cixin: The Three-Body Problem.
Mo Yan: Sorgo rojo.
Eh... en fin... deseadme suerte.
También le he estado dando muchas vueltas a un posible y definitivo cambio en las puntuaciones. De momento la idea se halla en un aletargado y nada peligroso estado de gestación, pero cada vez me siento más inclinado a tomar como referente el desapasionado y tradicional sistema de estrellas por la comodidad que supone tener una escala de valores más restringida. A este probable y todavía indeterminado cambio se sumarán un par de variaciones en la forma de redactar las reseñas. Tenía por costumbre intercalar entre párrafo y párrafo alguna que otra cita significativa extraída de la novela, pero el actual órgano legislativo de España me considera un malvado transgresor de la propiedad intelectual, un ladrón y una muy, muy mala persona por llevar a cabo dicha actividad delictiva. Aprovecharé esta circunstancia para plantearme otra forma de escribir reseñas, una que me permita expresar todo lo que me apetece destacar de un libro (casi) a la misma velocidad con la que los leo.
A este respecto, una cosa que ya he empezado a hacer en 2015 es escribir un breve comentario en Goodreads inmediatamente después de haber terminado una lectura, como por ejemplo este. Espero que esto me sirva para poder comparar de un modo objetivo mis impresiones sobre cada libro entre el momento de finalizarlo y el de elaborar su posterior reseña, por no mencionar que así ningún título de los que pasen por mis manos en los próximos meses se librará de ver publicada en la red la correspondiente opinión que me despierta. Lo cual me recuerda que... oh, sí. Solo me queda una cosa más por decir: a partir de ahora voy a ser más despiadado que nunca (siempre y cuando la ocasión lo merezca, eso sí). Preparaos para lo que se avecina. La maldad será trendy en 2015.































