Mostrando entradas con la etiqueta Juvenil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juvenil. Mostrar todas las entradas

John Green - Mil veces hasta siempre

martes, 21 de noviembre de 2017



►Título original: Turtles All The Way Down
►Traducción: Noemí Sobregués
►Año: 2017
►Editorial: Nube de tinta
►Páginas: 304
►Valoración: ★½


Jeffrey Eugenides escribió en Las vírgenes suicidas la que para mí es una de las frases más míticas de la literatura contemporánea y una de las que mejor captan el sentimiento de angustia adolescente. Mientras sutura los cortes que se acaba de hacer en las muñecas, el médico de la pequeña Cecilia asegura que la joven no tiene edad suficiente para saber lo dura que es la vida, a lo que, impasible, la menor de las hermanas Lisbon responde: «Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años». Ciertamente, la juventud puede estar plagada de pensamientos inquietantes. Algunos de ellos —la mayoría, a decir verdad— atravesarán nuestro cerebro de manera fugaz. Otros, sin embargo, corren el peligro de instalarse en cómodas circunvoluciones, anidando de manera sutil pero imparable hasta hacernos creer que han estado ahí desde siempre. 

Aza, la protagonista de la última novela de John Green, es una chica de instituto que se ve acosada constantemente por este tipo de pensamientos, a los que, de manera muy apropiada, denomina «intrusivos». Aza cree que su cuerpo es un mero recipiente cuyo control le será arrebatado por los millones de microorganismos que se alojan en él. Tiene una herida en el dedo a la que no para de cambiarle el vendaje por si se le infecta. Además, siempre anda navegando por Internet en busca de síntomas que le permitan saber si ha contraído una enfermedad letal. Como cabe imaginar, estar encerrado en la mente de Aza es un suplicio constante. Su trastorno obsesivo compulsivo es un obstáculo que le impide relacionarse de manera sana con los demás y consigo misma, una inmensa fuerza centrífuga que absorbe su identidad hasta el punto de lograr que Aza se plantee la posibilidad de no ser real, sino un personaje de ficción.

Tal y como ocurría en Bajo la misma estrella, John Green vuelve a utilizar la enfermedad de su protagonista como principal foco de atención narrativa. Aunque la trama de Mil veces hasta siempre se fragmenta en una amplia variedad de hilos argumentales (que incluye la búsqueda de un multimillonario desaparecido en extrañas circunstancias), la novela de Green acaba girando una y otra vez en torno a los mismos temas y motivos, entendiéndose como tales los terribles padecimientos de Aza, así como el sentimiento de culpa que la embarga por no poder comportarse de manera «normal» con su madre, con su mejor amiga o con el hijo del magnate desaparecido, al que Aza conoce desde hace tiempo, pero al que le perdió la pista con los años y que ahora despierta en ella un nuevo interés.  

Como es de esperar en una novela de John Green, Mil veces hasta siempre está sembrada de personajes que hablan como si fueran galletitas chinas de la suerte y que viven angustiados por profundos dilemas existenciales, lo que en términos johngreenianos viene a significar la amistad, el amor, la muerte, la incomprensión y la preocupación por el futuro. Todo lo que enamora a sus fans y saca de quicio a sus detractores está felizmente presente entre las páginas de este nuevo libro. La misma artificialidad disfrazada de ingenio, la misma insistencia en hacer de todos y cada uno de los seres que hay sobre la faz de la tierra alguien único, especial e irrepetible, la misma necesidad de trascender a costa de enhebrar generalidades y lugares comunes. 

Green representa de manera fidedigna los procesos mentales que intervienen en una enfermedad de este tipo, pero fracasa estrepitosamente a la hora de engarzarlos en una historia que despierte el interés. Mil veces hasta siempre adolece de una estructura tanto o más repetitiva que los pensamientos de su protagonista, demasiado enfrascada en sí misma como para ser capaz de resolver el misterio que plantea la trama. He perdido la cuenta de las veces que Aza describe sus obsesivos tics como una espiral que se cierra sobre sí misma. La sutileza, al fin y al cabo, nunca ha sido uno de los rasgos característicos de John Green. Sin embargo, sí que he echado en falta la energía emocional que, a pesar de sus irritantes estereotipos, sí poseían otras obras de Green como Bajo la misma estrella. Sin la arrebatadora complicidad y firmeza de carácter que poseían Hazel y Gus, las inquietudes de Aza quedan sepultados bajo el usual manto de autocompasión y victimismo con el que se suelen cubrir los personajes de John Green. Está claro, pues, que el doctor de la familia Lisbon no es el único que desconoce lo que significa ser una niña de trece años.

Mike Lightwood - El fuego en el que ardo

jueves, 28 de enero de 2016


► Título original: -
► Traducción: -
► Año de publicación: 2016
► Editorial: Plataforma Neo
► Páginas: 384



¡Señoras y señores! ¿Es usted homosexual y no encuentra personajes literarios que lo representen? ¿Está cansado de ver reducida su orientación a un mero estereotipo? ¿Pensaba que nunca llegaría el día en que sus intereses, inquietudes y problemas, totalmente diferentes al del resto de seres humanos, se convertirían en el tema central de una novela juvenil? ¡Pues está de enhorabuena! Ha llegado a su vida El fuego en el que ardo, la novela que hizo llorar a David Levithan. Es tan única, tan original, tan innovadora y rompe tantos moldes que deberían hacérsela llegar inmediatamente a escritores como David Leavitt, Sarah Waters, Andrew Smith, Stephen Chbosky, Benjamin Alire Sáenz, Caitlin Moran, Tom Spanbauer, Jamie O'Neill, Patrick Ness, Peter Cameron, Miranda July, Jeanette Winterson, Christopher Isherwood, James Baldwin, Oscar Wilde o Pier Paolo Pasolini para que aprendan cómo se deben tratar de manera adecuada los asuntos que despiertan el interés del público LGBT. ¿Series como Glee, Queer as Folk, Banana o Looking? ¿Películas como Weekend, Lilting o A Single Man? Todo basura en comparación con lo que uno aprende de esta reveladora y magistral novela. Sin lugar a dudas, El fuego en el que ardo está llamada a convertirse en la nueva enciclopedia gay. 

O algo así es lo que sucedería en un universo paralelo. En el nuestro, de momento, lo único que puedo decir sobre El fuego en el que ardo es que ha cumplido todas y cada una de las expectativas que tenía puestas en ella. Que son, exactamente, cero. Pero claro, uno es humano y el morbo que da leer la obra de un autor al que conoces y con el que interaccionas era superior a mí. Bajo la premisa que he desarrollado en el párrafo anterior, Mike Lightwood nos trae una historia pretenciosa a más no poder que ¡al fin! da voz a todos aquellos jóvenes que alguna vez han sufrido maltrato, insultos o vejaciones por motivo de su condición sexual. Óscar, el protagonista, es un adolescente que asegura vivir en un infierno. Sus compañeros se burlan de él, le pegan chicles en el asiento, le escriben mensajes humillantes en el libro de matemáticas y, cuando se ponen calentitos, incluso lo acorralan en el baño y lo apalean. Para colmo, su padre es un ser inhumano que anda todo el día a la gresca sin motivo ninguno y que se dedica a someter a su familia a base de gritos, amenazas y bofetadas. Incapaz de soportar esta situación, Óscar se afeita, digooo, se hace numerosos cortes en brazos y piernas que le ayudan a sobrellevar el dolor. ¿Hola? ¿Willow, estás ahí?

El dolor es intenso y amargo, más de lo que estoy acostumbrado, y no puedo evitar soltar un gruñido y abrir los ojos de golpe en contra de mi voluntad. La sangre comienza a manar de inmediato y se extiende por el agua como la luz del sol que se derrama por el cielo al atardecer.

La idea está bien, eso de radiografiar el sufrimiento humano en situaciones extremas, condenando de paso el acoso escolar. Me parecía cuando menos interesante saber cómo abordaba el tema del bullying alguien que es conocido por liderar en redes sociales auténticas campañas de desprestigio y abusos. Lástima que se haya hecho ya millones de veces y su intento no aporte absolutamente nada al conocimiento acumulado a través de los años. Por no decir que la forma de tratar el tema de las automutilaciones me parece vergonzosa e ignorante (o como mínimo mal documentada) y en más de una ocasión se puede percibir al autor haciéndose la picha un lío con la sexualidad de algunos personajes. Es lo que tiene tanta entrada y salida del armario, que se pierde el norte. Tampoco me gusta el tono de "el drama por el drama" que impregna la historia. Óscar es un personaje asentado en el victimismo más profundo, un chico que durante toda la novela parece clamar a los cuatro vientos ¡¡¡MIRADME, ESTOY SUFRIENDO!!! en plan emo, sin posibilidad de que sus sentimientos se deduzcan a partir de lo narrado. Si la intención del autor era entristecer, conmover o despertar empatía, meternos sus penas por el gaznate no es la alternativa más indicada.

Pero claro, la falta de sutileza es una constante que campa a sus anchas por las páginas de El fuego en el que ardo. Mike Lightwood padece un caso agudo de síndrome de John Green, que consiste en confundir la voz narrativa con la propia, o dicho de otro modo, esconderse detrás de un personaje para emitir ideas o convicciones personales, normalmente acompañadas por severos juicios de valor que desprenden un insistente tufillo a superioridad moral. Es como si todo en esta novela tuviera un sospechoso cariz autobiográfico que no sé si es intencionado o una proyección subconsciente. Y claro, esto es una cosa que te saca bastante de la narración. Te saca a hostias. ¿O acaso es necesario señalar de repente que el doblaje de las películas es un añadido degradante o que las personas incapaces de ver una película subtitulada son poco menos que retrasadas? Se puede estar de acuerdo o no, pero la forma de exponerlo no encaja con la escena ni tiene sentido dentro de la historia porque no aporta nada. ¿A santo de qué viene decir que uno de los libros favoritos de cierto personaje es Jungla de saltamontes, novela que —casualmente— Mike se ha encargado de traducir? ¿Qué pinta Begoña Oro en medio de una conversación de Whatsapp? ¿A cuánto está la mención en una novela?

Retrato robot de Óscar

Las referencias explícitas son también uno de los aspectos más destacados de El fuego en el que ardo. Además de los ya citados ejemplos, cada capítulo viene acompañado por fragmentos de canciones populares, que pueden ir desde Shakira a Lady Gaga, pasando por Adele, Halsey, Muse, Conchita Wurst (!!!), Taylor Swift, Beyoncé, Edurne (!!!), Troye Sivan o Demi Lovato (influencias bastante limitadas, como podéis comprobar). Un detalle curioso, sin relevancia, con el que los miembros de la generación Youtube seguramente chorrearán de placer, pero en el que yo dejé de fijarme en el décimo capítulo por pura saturación. Entremedias, Lightwood adereza un poco la lectura mediante numerosos comentarios sobre libros, películas, series y otros elementos de la cultura popular que reflejan el bagaje marcadamente mainstream de su autor. En ese sentido, se podría catalogar El fuego en el que ardo como el Ready Player One de la literatura LGBT: una novela de escaso valor literario, pero que hará las delicias de su público objetivo. Solo que Ready Player One es mucho mejor.

¿Y qué decir del argumento? Se me había olvidado comentarlo porque apenas existe. Se trata de algo tan simple como que chico conoce a chico en clase de judo, se intercambian los teléfonos porque sí y a continuación se enamoran perdidamente a través de las conversaciones de Whatsapp más ridículas, absurdas y surrealistas que he tenido la oportunidad de presenciar en mi vida. Aunque, ya puestos, se agradece tener una excusa para poder pasar las páginas más rápido. El chico se llama Sergio, por cierto. Y claro, Sergio es guapo, simpático, gracioso, comprensivo, altruista y, en definitiva, jodidamente perfecto. Todo lo que el protagonista estaba soñando. Su tabla de salvación. La variable que determina si esa noche al llegar a casa se corta las muñecas o no (porque claro, como todo el mundo sabe, los trastornos psicológicos se curan con *:・゚✧amor✧・゚:*). ¿Se nos deleita acaso con una debida introducción del personaje o una exploración de su personalidad o sus circunstancias? ¡Acabáramos! No somos dignos de ello. Y lo que ocurre con Sergio se hace extensible al resto de personajes. La madre, el padre, la hermana, ese amigo incondicional de Óscar que le defiende de los matones con un tranquilizador "no te preocupes, ya se cansarán": todos ellos no son más que nombres puestos encima de un folio que cumplen su conveniente función en el debido momento y después no dejan el más mínimo poso.

Cucu! (cantaba la rana)

Pero para qué quieres personajes secundarios, ese molesto aunque necesario relleno, cuando tienes un protagonista sobre el que puedes descargar todo el trasiego de la novela. ¿Qué puede salir mal? Pues, para empezar, puede ocurrir que te hartes de ver cómo se le van agotando las distintas formas de dramatizar. A esto le añades contradicciones a mansalva (¿cómo te atreves a acusar a alguien de ser un pervertido segundos después de confesar que te encanta observar a tus compañeros en las duchas para, acto seguido, meterte en el baño a hacerte una paja?; o ¿por qué dices que un personaje es el primer chico gay al que conoces si diez páginas atrás afirmabas lo mismo sobre otro personaje?), un discurso moralizante y forzado hasta la médula, intervenciones inverosímiles, licencias poéticas que chirrían como el aterciopelado resplandor de un lucero en el fulgurante firmamento, un gaydar que funciona como la versión masculina de la diosa interior de Anastasia Steele y la repetición obsesiva de las mismas y las mismas y las mismas ideas una y otra vez. Y otra más de regalo. La repetición, que es la madre de la retención. Ya se sabe. Remata la faena una edición repleta de curiosidades, entradas de blog, tweets, emojis, páginas en negro, dibujitos... lo que sea para enmascarar las carencias narrativas del texto.

En definitiva, El fuego en el que ardo es una novela que vive de la exageración, una obra atiborrada de topicazos, sobredimensionada y vacía que va de subversiva y peca de mojigata. Porque vamos, las dos escenas contadas que hay de sexo no las censuran ni en Heidi. Se nota que está hecha con ilusión y sentimiento, pero esas dos cualidades no bastan para escribir una buena historia, una que merezca la pena ser contada. ¿"El fuego en el que ardo ya no me quema la piel"? ¿"Gris como mi alma"? ¿"Los lobos que aparecieron en el camino ya han sido derrotados, y sus cabezas cuelgan ahora de mi pared"? ¿"Soy fuego, soy luz, soy radiactivoman"? Lo siento, pero por mucho que los booktubers de turno se empeñen en demostrar lo contrario, ser escritor es mucho más que meterse en la piel de una quinceañera rematadamente cursi. Esto daba para subirlo a Wattpad y poco más. No obstante, estoy convencido de que los interesados en esta... obra quedarán fascinados, embelesados, maravillados y se les hará el chichi Pepsi Cola leyendo cada página de El fuego en el que ardo aunque le hagan falta siete correcciones como una casa. Conmigo, eso sí, no ha cuajado en absoluto. 



Joe Abercrombie - Medio mundo

miércoles, 20 de enero de 2016


► Título original: Half the World 
► Serie: Mar Quebrado, #2
► Traducción: Manu Viciano
► Año de publicación: 2015
► Editorial: Fantascy
► Páginas: 448



Muchos lectores aseguran que la incursión de Joe Abercrombie en los terrenos del young adult es todo un acierto. Una puerta de entrada al brutal universo narrativo del escritor británico mucho más amena, asequible y compacta que esa ristra de tochos a los que nos tiene acostumbrados desde que empezó a publicar. Sin embargo, he de decir que a mí me está costando congeniar con esta nueva trilogía juvenil más de lo deseable. Si la lectura del primer volumen de la serie se vio enturbiada por un serie de reticencias que me salían al paso cada pocas páginas, esta especie de continuación indirecta de Medio rey no hace sino acentuar dichas sensaciones negativas.

Mi principal problema con la trilogía en general es algo que, lo reconozco, se escapa de las competencias que le corresponden al autor. No me gusta el tono considerablemente suavizado de la narración. No lo compro. No me adapto. Es una exigencia ineludible cuando quieres dirigir tu obra a un determinado tipo de público, pero lo cierto es que, después de haber saboreado la brutalidad y sanguinario desparpajo de sus novelas para "adultos", todo lo que se cuece en los fogones de Medio mundo me resulta de una mediocridad inocente y naíf. Por otra parte, y esto sí que se puede achacar a un acomodamiento impropio de Abercrombie, la simplificación del hilo argumental y la falta de ambición o estilo que recorre las páginas me hace perder el interés por una trama previsible e insustancial, así como por unos personajes diseñados tan concienzudamente para caer en gracia que acaban provocando el efecto contrario.

Un hombre que dedica toda su atención a hacer el bien y ninguna a las consecuencias... —el padre Yarvi levantó su mano contrahecha y apretó su único dedo retorcido contra el pecho de Brand—. Es un hombre peligroso.

Y ahora pensaréis:

"—Que sí, que vale. Pero que me expliques de qué va el libro".

Pues bien. Tras los acontecimientos que marcan el final de Medio rey, la trama de este segundo libro avanza unos cuantos años y nos traslada a un clima de tensión e inestabilidad política que parece abocado sin remedio a la guerra. Las distintas naciones que rodean el Mar Quebrado se hallan inmersas en una serie de confabulaciones, intrigas y alianzas cuyo objetivo es librarse de los efectos colaterales que una posible rebelión contra el Alto Rey podría tener. No obstante, para Espina y Brand, los dos jóvenes protagonistas de Medio mundo, existen otros problemas mucho más mundanos que requieren atención inmediata y eclusiva. No morir, por ejemplo. Y es que Espina, una soldado muy habilidosa, aunque menospreciada por sus congéneres a causa de su condición femenina, ha sido condenada a muerte por acabar accidentalmente con la vida de un compañero mientras luchaban en el cuadro de entrenamiento. Brand, cuya nobleza y pronunciado sentido de la justicia guían la mayoría de sus movimientos, sabe que este percance ha sido en realidad una trampa dirigida contra Espina y tratará por todos los medios de sacarla del embrollo. Sin embargo, no imagina que intentar arreglar las cosas solo servirá para cambiar su propia situación a peor.

Menos mal que está Yarvi, ya convertido en astucioso maestro de la clerecía, para solucionar el entuerto y embarcarse con ambos personajes en un viaje suicida a la otra punta del mapa con el objetivo de configurar —desde las sombras, y para su propia ventaja— el nuevo e intrincado escenario internacional. Este periplo, como era de esperar, es el recurso narrativo en el que se basa Abercrombie para elaborar en torno a Espina y Brand un conato de evolución que, desde luego, a buen puerto no llega. En contra de lo que opina la mayoría, a mí no me parece que haya química entre estos dos personajes. Veo en ellos una relación forzada no, lo siguiente, arquetípica y completamente incongruente. Sus respectivas voces narrativas, atiborradas de observaciones comunes y aforismos de mercadillo, carecen por completo de interés. Todo maravilloso, oiga.

Sin embargo, hay algo que sí me ha gustado mucho de Medio mundo (y de la trilogía en general), y es su lograda ambientación. Creo que Joe Abercrombie tiene una capaciad inaudita para transportarte con la imaginación a lugares muy similares a los de nuestro mundo, pero imbuidos de una atmósfera singular y tremendamente envolvente, salpicada con pequeños estallidos de magia. Las pocas escenas de acción que hay repartidas por Medio mundo están narradas con pericia y un acertado enfoque cinematográfico que facilita su seguimiento al lector. Quizá he echado en falta algo más de carnaza en este sentido, la desfachatez, comicidad y carencia de compasión que son marca de la casa cuando se cruzan las espadas, pero teniendo en cuenta que este es el aspecto más sobresaliente de la novela, tampoco me voy a quejar más. A pesar de todo, Medio mundo me ha resultado una novela amena, funcional, correcta, escrita por un autor que normalmente es de todo menos correcto; y esa es quizá la espinita que se me queda clavada. Por lo demás, estoy seguro de que casi cualquier aficionado a la fantasía disfrutará con este libro igual que ya lo han hecho miles de lectores por todo el globo e igual que lo he hecho yo con otras impresionantes historias de Abercrombie. 



Patrick Ness - The Rest of Us Just Live Here

viernes, 15 de enero de 2016


► Título en castellano: Los demás seguimos aquí
► Año de publicación: 2015
► Editorial: Walker Books
► Páginas: 352
► Comprar: Book Depository



No me cansaré nunca de decirlo: Patrick Ness me parece uno de los escritores más interesantes del panorama juvenil actual. Un auténtico soplo de aire fresco que barre de un plumazo todos esos tópicos presentes en la literatura young adult más popular y revitaliza mis esperanzas de seguir encontrando publicaciones decentes dentro de este mercado. En este último libro, Ness se adentra en los terrenos de la ficción especulativa, repitiendo la fórmula que con tanto éxito ha explotado en otras ocasiones, y nos ofrece un fantástico relato en el que, por primera vez, los superhéroes juegan un papel secundario. 

Porque, en efecto, a lo largo de este libro podrás encontrar fantasmas, vampiros, ladrones de cuerpos y todo tipo de criaturas sobrenaturales que se dedican a sembrar el pánico de forma cíclica en una localidad estadounidense donde chavales con poderes, a quienes sus compañeros de clase se dirigen en tono despectivo como los "indies", sacrifican sus fuerzas, y hasta en ocasiones sus propias vidas, para combatir dichos peligros mediante los métodos más inesperados. Sin embargo, olvídate de las frenéticas escenas de acción, las trepidantes persecuciones y los combates a vida o muerte entre el elegido de turno y su siempre carismático antagonista. En The Rest of Us Just Live Here, la fantasía es solo una excusa, un matiz, el telón de fondo de este rocambolesco escenario en el que Patrick Ness reflexiona sobre otro tipo de batallas, no menos extraordinarias.

Our town is just like your town. Schools, family-themed restaurants, lots of cars. There's a bunch of huge churches clustered together, trying to blend in with all the family-themed restaurants, because salvation is as easy as chicken wings, I guess.

Los protagonistas de esta novela son un grupo de jóvenes normales y corrientes, esto es, sin la solemne obligación de salvar constantemente el mundo, que afrontan juntos su último año de instituto ante la perspectiva de graduarse y no volver a estar unidos como pandilla. Esta tesitura supone el caldo de cultivo idóneo para hacer crecer entre ellos diversas tensiones, rencillas y malentendidos, que no son sino el producto de una terrible combinación de miedo y hormonas. Miedo a las responsabilidades que conlleva pertenecer a la esfera de los adultos, miedo a ver cómo lo que en un tiempo eran lazos estrechos se van desatando a una velocidad pasmosa y miedo a no confesar sus sentimientos a tiempo, antes de ser fulminados por una raza alienígena o un rayo de luz azulada al lado del cual el bombardeo de Hiroshima parece una mascletá.

Y es que a veces, las dificultades de la vida diaria requieren de una fuerza sobrehumana para ser superadas. Creo que Patrick Ness desarrolla estupendamente esta línea de argumentación por medio de un excelente monólogo interior y el gran esbozo de unos personajes, no solo divertidos, agudos y carismáticos, sino también dotados de una fuerte personalidad. Por otra parte, Ness aborda aquí cuestiones que son especialmente complicadas de hacer frente a una edad temprana, como por ejemplo trastornos psíquicos y alimenticios, homosexualidad, desintegración familiar o, atención, el baile de fin de curso, sin perder nunca la seriedad que merecen, pero haciéndolo desde una perspectiva fresca, libre y desenfadada.

La nota original y más traviesa de la novela la pone cada comienzo de capítulo, en el que Ness resume en un par de líneas muy esclarecedoras el destino de esos indie kids que van cayendo como moscas en su lucha por salvar la ciudad de una nueva amenaza y cómo esta trama subterránea explica muchas de las cosas que les ocurren a los auténticos protagonistas. Puede que la historia, lo que subyace bajo el contexto paranormal de la premisa, peque de ser un poco estándar y pierda ese carácter experimental que sí tienen otras novelas del autor —siendo el ejemplo más notorio su maravillosa trilogía Chaos Walking—, pero The Rest of Us Just Live Here, a pesar de todo, me ha parecido una muy buena novela juvenil, muy entretenida y madura, que utiliza un entorno fantástico para indagar en problemas, desde luego, bastante reales. Una prueba más de que, tal y como mencionaba al principio, Patrick Ness es, en lo que se refiere a literatura juvenil, un valor seguro.



Literatura juvenil para no tirarse de los pelos

miércoles, 6 de enero de 2016




Lo sé. Tengo fama de vilipendiar la literatura juvenil. Un poquito merecida, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo, que la mayoría de títulos Young Adult que despuntan en la actualidad me parezcan una basura comercial, intrascendente e inútil, no significa que desmerezca la importante labor que desempeñan este tipo de libros en la formación de un individuo. Sería un hipócrita si lo hiciera, pues yo mismo me inicié en el hábito de la lectura con novelas infantiles y juveniles; las más apropiadas, obviamente, para fomentar a esa edad el interés por la literatura.

Por eso, hoy quiero hablaros de los que son algunos de mis autores favoritos en este campo cada vez más amplio. Soy consciente de que faltan muchísimos escritores de los que se consideran esenciales, así que aprovecho para solicitar vuestras bien intencionadas recomendaciones en lo que a literatura juvenil se refiere y así voy ampliando repertorio. Eso sí: por favor, absténgase fans de John Green, Cassandra Clare y sucedáneos. No tengo el cuerpo ahora mismo para disgustos. Y dicho eso, ahora sí, comenzamos:



J.K. Rowling

Su lugar en esta lista es evidente, obligatorio e incuestionable. Y es que la escritora británica ha demostrado como ninguna otra que lograr calidad literaria y éxito comercial no son objetivos incompatibles. Tenga 15, 20, 30 o 50 años, Harry Potter siempre ocupará un lugar honorífico en mi corazón de lector gracias a las incontables horas de entretenimiento proporcionadas, la solidez de los valores que transmite y su capacidad de diseccionar a las mil  maravillas las inquietudes típicas de nuestra etapa adolescente.



C.S. Lewis

Las crónicas de Narnia es una de esas sagas que comencé a leer alentado por el inminente estreno de la adaptación cinematográfica, pero a lo largo de sus siete volúmenes descubrí mucho más de lo que nunca pudiera haber imaginado. Aventuras inolvidables, personajes absolutamente fascinantes y decisiones argumentales de esas que te parten el corazón a cachitos son solo algunas de las cosas que te puedes encontrar en esta alegórica obra maestra de Lewis. ¡Larga vida a Aslan!



Patrick Ness

Patrick Ness es a la literatura juvenil lo que Stephen King al género de terror: un maestro contemporáneo. Sus novelas parten de una idea tan potente como estrafalaria, pero lo mejor de todo es que sabe conducirlas siempre de un modo asombroso, promoviendo la reflexión sin faltar nunca al entretenimiento. Me resulta totalmente incomprensible que las editoriales españolas no estén dándose de bofetadas para poder editar sus novelas en nuestro país.



John Corey Whaley

Con solo dos novelas en el mercado (y otra terminándose de calentar en el horno), John Corey Whaley ha ganado importantes premios literarios y ha conseguido distinguirse de otros duros competidores con obras arriesgadas que sobresalen principalmente por su originalidad y estimulante desarrollo. Reconocedlo: ¿a quién no le gustaría leer una historia acerca de un chico al que un buen día le insertan la cabeza en un cuerpo que no es el suyo? Pues gracias a Whaley, ya podéis hacerlo.



Andrew Smith

Andrew Smith es algo así como un Chuck Palahniuk apto para menores. Suya es una de las novelas más mamarrachas y conceptualmente divertidas que he tenido el placer de leer este año, un único acercamiento a su obra que, no obstante, me parece suficiente excusa para recomendarla sin dudar a los cuatro vientos. Es casi seguro que en 2016 caerá otro (o varios más) de sus libros, así que no dudéis en darle también una oportunidad si aún no habéis tenido tiempo de hacerlo. Quedaréis muy sorprendidos... o muy horrorizados.



Laura Gallego

Sé que mucha gente no soporta los libros de esta autora. Ni yo mismo sé qué pasaría si decidiera revisitar hoy día esos mundos que una vez me tuvieron cautivado. Sin embargo, sería injusto no reconocer la gran influencia que ha tenido Laura Gallego en mi formación como lector y lo mucho que disfruté devorando una y otra vez sus libros cuando era joven más pequeño. Además, confieso que cada nuevo lanzamiento de Laura sigue despertando mi interés por encima de muchos otros escritores consagrados. ¿Y no es ese un logro bastante considerable?


Menciones especiales:

Serie Los Cinco Guardines,  Anthony Horowitz
El guardián entre el centeno, J.D. Salinger
Tormenta, Jay Kristoff
Desconexión, Neal Shusterman
Sombra y hueso, Leigh Bardugo
La era de huesos, Samantha Shannon



Cosillas que tengo en el punto de mira:


Rainbow Rowell


Arcoíris Rowell es una de las escritoras más populares de la actualidad entre el público juvenil. Hace un tiempo leí Eleanor & Park y ¡sorpresa!, confieso que me gustó bastante. Sin dejarme una huella super profunda, me pareció un libro tierno, dulce, simpático y adoré la ambientación ochentera de la historia. No me importaría repetir este año con la autora, a ver si corro la misma suerte.



Philip Pullman


El único recuerdo que tengo de esta trilogía, una de las más célebre de la literatura juvenil, es aquella vergonzosa película que estrenaron bajo el nombre de La brújula dorada. No obstante, producto de uno de esos arranques que a veces me dan, me he planteado desterrar para siempre ese mal sabor de boca leyendo de una vez por todas la famosa saga de Pullman. Aunque habiendo tantas ediciones y tan preciosas, no sé por cuál me acabaré decantando...



Ned Vizzini


Vizzini no es un autor muy conocido en nuestro país, pero en el mundo anglosajón tiene decenas de miles de lectores. Su carrera tampoco es que sea muy dilatada: un par de novelas, algunos relatos sueltos y poco más es lo que nos queda después de que el escritor acabara con su vida hace unos cuantos años como consecuencia de sus graves trastornos psíquicos. Tengo el gusanillo de averiguar cómo aborda Vizzini temas como la depresión o los pensamientos suicidas desde una perspectiva adolescente, así que muy posiblemente le dé una oportunidad en los próximos meses.


Pues hasta aquí ha llegado este pequeño especial de literatura juvenil. Ahora contadme vosotros: ¿qué opináis de estos autores? ¿Tenéis alguna sugerencia infalible que me haga recuperar la fe en el género? ¡Nos vemos!

Reseña "Un Lun Dun"

viernes, 26 de junio de 2015

► Título: Un Lun Dun
► Autor: China Miéville
► Año: 2015
► Editorial: Oz
► Páginas: 416
► Precio: 19.90 €

Alondres es Londres a través del espejo, un País de las Maravillas urbano de extrañas delicias y donde acaban todas las cosas perdidas y rotas, y también las personas rotas y perdidas. Alondres es un lugar donde las palabras están vivas, donde una selva se esconde detrás de la puerta de una casa común, jirafas carnívoras acechan en las calles y unas nubes de sueños oscuros queman el mundo.
Alondres es una ciudad a la espera de su héroe, cuya llegada fue profetizada hace mucho tiempo, establecida para siempre en las páginas de un libro que sabe hablar.
Un día Zanna y su amiga Deeba encuentran la entrada secreta que lleva del Londres que conocemos a esta extraña ciudad, Alondres. Parece que por fin la antigua profecía se está cumpliendo. Y entonces, las cosas empiezan a ir realmente mal.


Por si alguien no lo sabía, China Miéville es uno de esos autores que suenan todos los años en las quinielas de los principales premios de género. Habiendo leído Embassytown, obra capital de la ciencia ficción en lo que llevamos de década (sí, es así de buena, creedme), no resulta para nada extraño. Sin embargo, Miéville no es de los que se conforman con resguardarse al abrigo de un solo triunfo. Al contrario, aquella historia de lenguajes imposibles y extraterrestres incomprendidos no es más que una simple etapa dentro de una carrera plagada de proyectos narrativos interesantes y revolucionarios. Un Lun Dun es el más reciente que se ha publicado en nuestro país, una versión paralela, alucinada e imaginativa hasta extremos imposibles del Londres contemporáneo donde Miéville nos invita a cruzar las barreras de lo inverosímil, con destino a una ciudad en la que se está gestando el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Ya desde la primera página, Miéville consigue cautivarnos con un tándem de jóvenes y carismáticas protagonistas que, hilando una serie de extraños acontecimientos, descubren la existencia de esa ciudad anómala llamada Alondres, espejo -y espejismo- del emblemático País de las Maravillas creado por Carroll, solo que unos cuantos grados más letal y siniestro. A partir de ese momento, Zanna (encarnación de una antigua profecía que augura la salvación de Alondres por medio de una niña extraordinaria) y su amiga Deeba, se verán empujadas a vivir una serie de aventuras que tienen como objetivo liderar una revolución contra el maligno Esmog, una nube tóxica de humo y basura que pretende reducir a cenizas todo lo que encuentre a su paso. El planteamiento, que suena un tanto trasnochado, se beneficia continuamente de la enfermiza, juguetona e imposible imaginación del autor, característica que se manifiesta sobre todo en la creación de unos personajes, escenarios y demás componentes narrativos muy originales y vistosos. El estilo de Miéville, célebre por sus cabriolas e impenetrables giros lingüísticos, se muestra en esta ocasión mucho más asequible y domesticado, como corresponde, claro está, a una novela destinada al público juvenil. Otra baza más que juega en favor de Miéville a lo largo de Un Lun Dun es que el escritor consigue mantener muy vivos toda esa fascinación y asombro iniciales que despiertan las calles de Alondres hasta el práctico desenlace de la novela. No exagero cuando digo que el universo de Un Lun Dun está, junto a Narnia, la Tierra Media o incluso Hogwarts, muy bien posicionado en la lista de lugares ficticios a los que no me importaría irme a vivir.

Ahora bien, la excelente ambientación de la obra se ve lastrada por una segunda mitad que, en mi opinión, abandona el buen camino marcado por la primera y se enfrasca en un recorrido argumental que bebe de demasiados clichés. El perfil psicológico de algunos personajes, el trasfondo de no pocos elementos que solo se mencionan de pasada y la relación -rebosante de química- entre ambas protagonistas daban sin duda como para un tratamiento mucho más profundo, pero Miéville decide optar en su lugar por un esquema narrativo que es a la vez homenaje y parodia de esa figura heroica destinada a superar una serie de obstáculos con el objetivo de alcanzar un objeto superpoderoso sin el cual, por supuesto, no es posible derrotar al villano de turno en el enfrentamiento final. Un poco decepcionante, viniendo de Miéville. Aún así, no cabe duda de que Un Lun Dun supone una lectura muy recomendable, amén de una fuente de entretenimiento continuo, perfecto para formar a jóvenes lectores, pero igualmente idóneo para el público adulto. La creatividad retorcida, desbordante y siempre sorprendente de China Miéville es motivo suficiente como para lanzarse de cabeza a cualquiera de sus libros. Dicho en otras palabras: si os gustan las aventuras, las estéticas arriesgadas y la fantasía urbana con un toque onírico, no tenéis excusa válida para perderos el increíble viaje al que nos invita Un Lun Dun.   



Reseña "El rithmatista"

miércoles, 27 de mayo de 2015

► Título: El rithmatista
► Autor: Brandon Sanderson
► Saga: El rithmatista #1
► Año: 2015
► Editorial: Ediciones B
► Páginas: 448
► Precio: 19.00 €

Más que nada en la vida, Joel quiere ser uno de los Rithmatista. Elegidos en una misteriosa ceremonia, estos tienen el poder de infundir vida a figuras bidimensionales y, además, son la única defensa de la humanidad contra unas despiadadas criaturas que amenazan todas las islas americanas dejando un reguero de cadáveres a su paso.
Pero cuando varios estudiantes para Rithmatista empiezan a desaparecer, con visibles muestras de violencia física, Joel es designado como ayudante del profesor que investiga dichos casos. De pronto, el chico se encuentra tras la pista de un descubrimiento inesperado, que cambiará su mundo para siempre.


Aunque la fantasía ha sido siempre uno de mis géneros predilectos, lo cierto es que en los últimos años me las he apañado para permanecer completamente ajeno (no de manera premeditada, ni mucho menos) a ese abrumador fenómeno literario denominado Brandon Sanderson. Si echamos mano de las publicaciones que se han editado en la última década para establecer un ranking con lo mejor de lo mejor, es seguro que el escritor norteamericano conseguiría colar por lo menos un par de obras suyas en los puestos más altos de la lista (a escoger con toda probabilidad entre Elantris, El aliento de los dioses o la trilogía Nacidos de la bruma). Y por supuesto, algo tendrá que tener el 'muchacho' para que hayan delegado en él la enorme responsabilidad de finalizar una saga con las características y la complejidad de La rueda del tiempo. Sin embargo, por algún extraño motivo, conmigo no ha terminado de cuajar. De los cinco libros que he leído hasta ahora escritos por Sanderson, solo uno -El Camino de los Reyes- me ha parecido verdaderamente sobresaliente y digno de todas esas alabanzas que se le atribuyen; el resto, historias más o menos logradas, entretenidas y muy imaginativas, enmarcadas en una amplia variedad de registros, pero desde luego nada memorables. 

Por desgracia, El rithmatista tampoco es el mejor candidato disponible para juzgar el talento narrativo de Sanderson como de primera categoría. Destinado a un público más bien juvenil, el primer volumen de esta nueva serie pretende acercarnos a un universo ucrónico, tan fascinante como original, en el que los Estados Unidos son un archipiélago de islas interconectadas por gigantescos raíles y donde existe una disciplina conocida como Rithmática que permite librar una especie de duelos mediante líneas y criaturas de tiza pintadas en el suelo. Es de reconocer que el sistema mágico ideado aquí por Sanderson es sumamente creativo, sólido, sujeto a una férreo código de normas y aún así, repleto de infinitas posibilidades, pero no parece ser suficiente motivo para sostener una trama un tanto insípida y unos personajes nada interesantes que son la viva imagen del estereotipo. Como por ejemplo Joel, el protagonista, un joven de bajo estrato social que compensa su incapacidad para la práctica de la Rithmática con una inteligencia envidiable y un conocimiento casi absoluto de las reglas que rigen su teoría. Por otro lado, tenemos a Melody, una joven rithmatista que encarna precisamente la situación contraria: su talento a la hora de trazar con tiza complicados dibujos viene acompañado por un profundo desinterés hacia todo aquello que esté relacionado con dicho arte. No obstante, a pesar de sus diferencias, ambos personajes se verán empujados -junto a uno de sus profesores- al centro de una truculenta oleada de asesinatos que sacude la Academia rithmática y tendrán que hacer acopio de todas sus destrezas para hacer frente a una peligrosa amenaza proveniente de tierras remotas.

Si bien las ideas que maneja Sanderson a la hora de plantear la historia de El rithmatista son muy buenas, la ejecución de las mismas deja bastante que desear. El retrato de los personajes no va mucho más allá del simple arquetipo y en las pocas ocasiones en que pretende dotarles de trasfondo, lejos de lograr profundidad, consigue deformar o incluso exagerar los rasgos que ya conocíamos. El antes mencionado sistema de magia posee una riqueza impresionante, pero también carece por completo de cualquier espectacularidad narrativa. Además, la trama de misterio que estructura el desarrollo de la novela me ha resultado banal, pobre, muy floja, por no decir que a Sanderson se le olvida explicar detalles de importancia fundamental sobre la construcción del universo en el que se desarrolla la historia. No sé si esos detalles están reservados para posteriores entregas de la serie, pero la sensación que transmite de buenas a primeras es la de estar en presencia de una historia poco madurada y con lagunas considerables. En definitiva, El rithmatista me ha parecido una novela con momentos puntuales de relativa brillantez, beneficiada por una edición interior muy vistosa, pero salpicada de flaquezas que quizá podríamos perdonar en un escritor novato. No es el caso de Sanderson. Así que no tengo muy claro si continuaré leyendo las andanzas de Joel, Melody y compañía, pero mientras me lo pienso, probaré suerte con alguna de sus novelas más aclamadas. A ver si consigo captar de un vez por todas eso que todo el mundo ha visto.


Reseñas breves [92-95]

martes, 19 de mayo de 2015

Reconexión, Neal Shusterman
Anaya - 488 páginas - ★★★½

Aprovechando que se acaba de publicar en nuestro país el tercer volumen de esta maravillosa saga, hoy me apetece hablar de Reconexión y de los motivos que me llevan a considerar la serie de Neal Shusterman una de las mejores que se pueden encontrar actualmente en el panorama juvenil. El escritor norteamericano nos presenta un mundo fascinante y al mismo tiempo aterrador en el que la erradicación del aborto ha dado lugar a que los seres humanos nazcan con la posibilidad de ser desconectados al llegar a la adolescencia para convertirse en simples bancos de órganos. De un modo u otro, los protagonistas de la historia -Connor, Risa y Lev- son condenados a la desconexión, pero tras una serie de afortunados imprevistos narrados en el primer libro, logran escapar de su aciago destino y transformarse así en símbolos de una incipiente rebelión. En Reconexión asistimos a un espectacular desarrollo de todas esas tramas presentes en la anterior novela y se nos ofrece la oportunidad de profundizar en las complejas cuestiones de índole moral que se plantean. Porque sí, amigos, además de ser un libro cargado de acción, intriga y ritmo ágil, Reconexión se caracteriza por ahondar sin medias tintas en las implicaciones éticas e incluso políticas de lo que el sistema ideado por Shusterman lleva a cabo con la población. Si a todo esto le añadimos nuevos personajes que se complementan de manera antagónica con nuestros protagonistas, una impredecible línea argumental rebosante de sorpresas y la dificultad que supone abordar profundas inquietudes filosóficas con un estilo sencillo pero contundente, tenemos como resultado un libro indudablemente tan bueno como el primero. Como ya decía, sí queréis probar una serie juvenil diferente, original y de calidad, Neal Shusterman tiene buenas noticias para vosotros. 


El lector del tren de las 6.27, Jean-Paul Didierlaurent
Seix Barral - 200 páginas - ★★

Aunque no ha logrado dejarme un sabor de boca demasiado bueno, si algo es digno de alabar en lo que respecta a la novela del francés Jean-Paul Didierlaurent, sin duda se trata de su imaginativa atmósfera narrativa, un compendio bastante interesante de personajes, escenas e imágenes -entre truculentas y sugerentes- que pretenden transformar los aspectos más desesperantes de la realidad cotidiana en una suerte de cuento fantástico donde el villano a vencer es la propia pérdida del entusiasmo por la vida y el arma empuñada, cómo no, nuestra preciada literatura. El lector del tren de las 6.27 es una novela que comienza siendo curiosa y cautivadora, protagonizada por un amante de los libros que paradójicamente trabaja destruyéndolos y cuya forma de entretenerse durante sus desplazamientos en tren consiste en ir leyendo en voz alta fragmentos de una novela diferente cada día. Sin embargo, a medida que avanza la historia, la novela se enreda en una especie de ridícula gesta contemporánea que tiene como objetivo reunir al protagonista con su princesa encerrada, no en una torre, sino en los baños de un gigantesco centro comercial. No me parece un mal giro, que conste, pero desde luego me parece mal llevado. La forma en que este se desarrolla no tiene mucho sentido, resulta arcaica además de predecible y aporta una sensación de sopor e infantilismo al conjunto de la novela. El lector del tren de las 6.27 es una obra ligera, algo edulcorada, entretenida la mayor parte del tiempo y podría gustarte si eres persona que disfruta leyendo ese tipo libros que hablan sobre libros. No obstante, todo hay que decirlo, a mí no me ha satisfecho en absoluto.


Escapada, Alice Munro
DeBolsillo - 344 páginas - ★★★★

Escapada es la segunda colección de relatos de la escritora canadiense que cae en mis manos y no viene sino a confirmar las extraordinarias sensaciones que me produjo la primera. Alice Munro es una autora que sin duda domina con maestría el arte del relato. Sabe mucho más que tú de esto. Por eso, lo mejor que se puede hacer para disfrutar de sus narraciones breves con la intensidad que merecen es dejarse las preguntas en la puerta. Olvida qué, cómo o dónde está sucediendo la acción. No te molestes en saber quién es esa persona que se esconde tras la voz narradora. Munro tiene todas las respuestas, pero ella decide el momento de dártelas. Mientras, déjate envolver por su sugerente y emotiva atmósfera. Paladea su prosa elaborada, luminosa y estratégicamente dispersa. Y por supuesto, protégete bien, porque los relatos que se encuentran a lo largo de Escapada son como bestias salvajes merodeando a tu alrededor, esperando el momento adecuado para desgarrarte las entrañas con un certero zarpazo. Siempre tratando de derribar los mitos erigidos en torno al universo femenino, Munro explora en el interior de sus personajes usando métodos y herramientas de espeleóloga, sacando a relucir la verdad que subyace bajo esa máscara de contención e impotencia esculpida por el paso del tiempo. Protagonizadas por mujeres opuestas a cualquier prototipo o convención, las historias de este volumen mezclan lo cotidiano con lo extraordinario, abordan temas como el amor y sus infinitas complicaciones, la aceptación de la muerte, las relaciones materno-filiales, la memoria o la azarosa fatalidad del destino y demuestran que cualquiera de nosotros podría ser el personaje principal de su propia y heroica epopeya vital. Emocionante, impredecible, emotiva, sobrecogedora... Escapada es una antología enormemente recomendable, ideal para tomar contacto con la autora si aún no has tenido la oportunidad de hacerlo.


El asesinato de Margaret Thatcher, Hilary Mantel
Destino - 256 páginas - ★★½

Y de una antología que me ha enamorado por completo, nos vamos a otra que me ha roto un poco el corazón. Autora de aclamadas novelas y premiada en varias ocasiones con el prestigioso Man Booker Prize, Hilary Mantel es, junto a Zadie Smith y J.K. Rowling, una de las escritoras británicas más influyentes de la actualidad. Sin embargo, su impresionante trayectoria literaria no ha servido en este caso para hacerme disfrutar de unos relatos que considero inusualmente insulsos. Exceptuando solo dos, ninguno de ellos ha conseguido despertar en mí más que un leve alzamiento de ceja. Y no es que sean malos relatos; lo que ocurre es que no me interesaba en lo más mínimo la ejecución de los mismos, ni la estética, ni los personajes, ni ya puestos, la temática. Aunque se palpa en cada página la tremenda calidad literaria del contenido y el interesante (por no decir estrambótico) punto de vista que Mantel adopta en ellos para tratar temas como la infidelidad conyugal, la intolerancia, las relaciones entre personas del mismo sexo, la violencia doméstica o ese remilgado interés que posee la clase media británica por guardar siempre las apariencias (aun a costa de exhibir una flagrante hipocresía e ignorancia), El asesinato de Margaret Thatcher ha logrado conectar conmigo en muy pocos momentos. Aún así, a pesar de que mi aproximación en distancias cortas a la obra de Hilary Mantel solo se puede calificar como decepcionante, no me cabe duda de que volveré a darle una oportunidad a la autora con alguna de sus novelas.

Reseña "La sangre del Olimpo"

jueves, 12 de marzo de 2015

► Título: La sangre del Olimpo
► Autor: Rick Riordan
► Saga: Los héroes del Olimpo #5
► Año: 2015
► Editorial: Montena
► Páginas: 464
► Precio: 16.95 €

Los tripulantes del Argo II han salido victoriosos de sus misiones, pero están lejos de derrotar a Gea, la madre Tierra. Ella ha conseguido alzar a todos sus gigantes y planea sacrificar a dos semidioses en la festividad de Spes: necesita su sangre, la sangre del Olimpo, para despertar. Por otro lado, la legión romana del Campamento Júpiter, liderada por Octavio, está cada día más cerca del Campamento Mestizo. La Atenea Partenos deberá dirigirse al oeste para impedir la guerra entre los campamentos, mientras el Argos II navega hacia Atenas... ¿Cómo podrán los jóvenes semidioses derrotar a los gigantes de Gea? Ya han sacrificado demasiado, pero si Gea despierta... será el final.


No me gustan las despedidas. No, nunca me verás en la terminal de un aeropuerto agitando un pañuelo humedecido por las lágrimas ni pronunciando un memorable discurso de partida ante una multitud enrojecida por la emotividad del momento. No siento afinidad ni simpatía hacia todos esos ritos y ceremonias sociales que sirven para formalizar el punto final de una historia con la que he convivido durante mucho tiempo. Pero a veces (más de las que me gustaría, en realidad), participar de todas estas convenciones resulta tan inevitable como necesario. Sobre todo en el caso de la saga literaria que hoy nos ocupa, una voluminosa serie de cinco libros concebida como un spin-off de aquella otra tan famosa y elogiada que tenía como protagonista al joven Percy Jackson. Los héroes del Olimpo (El héroe perdido, El hijo de Neptuno, La marca de Atenea, La casa de Hades, La sangre del Olimpo) termina por fin, y lejos de sentirme inclinado a sentir pena o nostalgia por todos esos personajes e historias que no tendrán continuación de momento, claro. Dadle un poco de tiempo al pobre Riordan, celebro casi con euforia el desenlace de una saga que llega a la meta en forma de agónica letanía, deslustrada, desgastada y sin fuelle.

Y es que, como ya venía advirtiendo en las reseñas de los anteriores libros, la fórmula narrativa de Rick Riordan no aguanta el tirón que supone una saga de cinco volúmenes. En esta quinta entrega de la serie, los protagonistas de la misma parecen tener que enfrentarse a ligeras variaciones de las mismas aventuras que han ido viviendo a lo largo de libros anteriores, sin que esto suponga una evolución palpable en el desarrollo global del argumento ni en el carismático (aunque arquetípico) carácter de los personajes. La sangre del Olimpo no es más que un enésimo batiburrillo de escenas frenéticas, enfrentamientos con bestias legendarias, espíritus, gigantes y dioses enfurecidos un tanto caóticos e imprevisibles, los ¿divertidos? chascarrillos propios del autor, y un sinnúmero de cameos narrativos que involucran al vasto panteón grecolatino. Y aunque nada de esto me pilla por sorpresa, la historia de este último libro no presume de los alicientes necesarios para querer devorar las casi 500 páginas que tiene, como sí hacían quizá las otras. Teniendo en cuenta que se trata de una esperadísima conclusión, Rick Riordan ha cometido un clamoroso patinazo a la hora de crear un conflicto que resulte de interés al lector, pues no logra establecer en ningún momento esa previsible atmósfera de tensión que pide a gritos una historia tan ambiciosa y llena de potencial como esta. Más bien todo lo contrario; los últimos capítulos de La sangre del Olimpo parecen un simple trámite burocrático que el autor intenta solventar de forma apresurada y completamente aséptica. Una pena, tener que decir adiós de esta manera a una saga -hasta ahora- bastante entretenida, versátil y atractiva, sin duda de las más recomendables dentro del panorama juvenil actual. ¿Entendéis ahora por qué no me gustan las despedidas?



Reseña "Grasshopper Jungle"

domingo, 15 de febrero de 2015

► Título: Grasshopper Jungle
► Autor: Andrew Smith
► Año: 2014
► Editorial: Dutton Books
► Páginas: 432
► Precio: 10.99 $

Sixteen-year-old Austin Szerba interweaves the story of his Polish legacy with the story of how he and his best friend , Robby, brought about the end of humanity and the rise of an army of unstoppable, six-foot tall praying mantises in small-town Iowa.
To make matters worse, Austin's hormones are totally oblivious; they don't care that the world is in utter chaos: Austin is in love with his girlfriend, Shann, but remains confused about his sexual orientation. He's stewing in a self-professed constant state of maximum horniness, directed at both Robby and Shann. Ultimately, it's up to Austin to save the world and propagate the species in this sci-fright journey of survival, sex, and the complex realities of the human condition.


La de Andrew Smith es con toda seguridad una de las apuestas narrativas más valientes, excitantes y arriesgadas que se han publicado en nuestro país dentro de la literatura juvenil (y no ese bodrio inútil que es Prohibido). Mucha gente sucumbirá ante la tentación de ir corriendo a descalificar el tono subversivo, vulgar, grosero y deliberadamente repetitivo que con alarmante frecuencia emplea Andrew Smith a lo largo de Grasshopper Jungle, pero lo cierto es que estarán pasando por alto el valor de su arrolladora autenticidad y la inconfundible impronta de su estilo propio. Pero no adelantemos acontecimientos. La historia principal de Grasshopper Jungle (traducido en nuestro país por la editorial Hidra como Jungla de saltamontes) narra las desventuras de un trío adolescente sexualmente confuso que intenta sobrevivir a un extraño apocalipsis desatado por mantis gigantes mientras el resto de la ciudad permanece ajena a su inminente extinción. ¿Interesante o no? Sin embargo, la cantidad de hilos argumentales secundarios que surgen a partir de esa llamativa premisa resulta tan caótica como fecunda y consigue que te acabes replanteando el verdadero propósito de Andrew Smith a la hora de escribir esta novela. El propio autor describe mediante esta bellísima comparación la laberíntica estructura que sigue la obra:

I love how you tell stories. I love how, whenever you tell me a story, you go backwards and forwards and tell me everything else that could possibly be happening in every direction, like an explosion. Like a flower blooming.

Así, como una explosión, como una flor que se abre en todas direcciones, el protagonista, Austin Szerba, emprende una interesante labor de espeleología narrativa (a priori, imposible de realizar) que es más bien una reconstrucción fehaciente de todo lo que ha ido sucediendo de manera simultánea en aquellos lugares relacionados de un modo u otro con la horda de bichos antropófagos que están arrasando la pequeña ciudad de Iowa donde él mismo reside. Gracias a la ubicuidad artificial de Austin (característica que está muy bien explicada en la novela) conoceremos una gran multitud de historias, actuales o provenientes de otras épocas, que poco a poco irán revelando su conexión con la trama principal. Pero, lo que es aún más destacable, Grasshopper Jungle consigue retratar con lacerante franqueza los (a veces repulsivos, a veces incomprensibles) recovecos de la juventud y de sus inherentes impulsos sexuales, explorando abiertamente los deseos y curiosidades más perversos de los personajes mediante un lenguaje que sobrepasa lo explícito y roza lo morboso. Por eso, no es de extrañar que veamos al protagonista pensando constantemente en imágenes de índole sexual, besando a otro chico, haciendo un trío con su novia y su mejor amigo, frecuentando locales de dudosa reputación, palpando la textura de sus testículos o recreándose en fantasías de todo tipo. Aún así, más allá de su lado oscuro y sórdido, la novela de Smith es un magnífico estudio sobre el amor, la amistad y la identidad, sobre la pérdida de contacto con la realidad y la alienación que pudiera sucedernos a cada uno en circunstancias extremas donde no hay espacio para reflexionar en todos los cambios que se están produciendo a nuestro alrededor. En ese sentido, Grasshopper Jungle deja muy a las claras que no hacen falta peligrosas radiaciones nucleares, erupciones volcánicas ni gigantescas monstruosidades transgénicas para experimentar de primera mano el horror de ver el mundo enloquecer y desmoronarse hasta sus últimas consecuencias. Todos hemos tenido que lidiar con nuestro propio apocalipsis al entrar en la adolescencia.



Reseña "El teorema Katherine"

lunes, 19 de enero de 2015

► Título: El teorema Katherine
► Autor: John Green
► Año: 2014
► Editorial: Nube de tinta
► Páginas: 320
► Precio: 14.95 €

Según Colin Singleton, existen dos tipos de persona: los que dejan y los que son dejados. Él, sin duda, pertenece al segundo. Su última ex, Katherine XIX, no es una reina, sino la Katherine número diecinueve, que le ha roto el corazón. Para escapar de su mal de amores, y con el propósito de hallar un teorema que explique la maldición de las Katherine, Colin emprende junto a su amigo Hassan una aventura que le llevará a Gutshot, un pueblecito de Tennessee, y a la sospecha de que en la vida la inteligencia no siempre es la mejor compañera de viaje.


Racionalizar el amor es una empresa ambiciosa. Tratar de reducir sentimientos primarios a un conjunto de fórmulas, gráficos, variables y ecuaciones pudiera parecer a simple vista un ejercicio tan tentador como evasivo para quien acaba de sufrir una decepción romántica, pero lo cierto es que aún hoy día existen fenómenos interpersonales que el intelecto humano no es capaz de comprender en su totalidad. ¿Por qué me ha dejado? ¿Qué es lo que he hecho mal? ¿Podré algún día sobreponerme a esta ruptura? Siempre surgen las misma preguntas, pero no siempre se obtienen las mismas respuestas. Ni siquiera en el caso de Colin Singleton, un chaval inquisitivo y superdotado que obra en poder de una ignominiosa proeza: a lo largo de su vida ha sido dejado nada más y nada menos que por diecinueve chicas, todas ellas caracterizadas por el improbable denominador común de llamarse Katherine. Sin embargo, cansado de sufrir una decepción tras otra, Colin trata de elaborar un intrincado modelo matemático que le permita averiguar los motivos de sus abundantes fracasos previos y predecir con la mayor exactitud posible el éxito (o no) de futuros escarceos amorosos.

Hasta aquí la idea suena más o menos bien. Más o menos. Pero la aplastante realidad de la novela es que John Green consigue transformar la interesante premisa de la que parte El teorema Katherine en un infumable pastiche adolescente de proporciones tan considerables como -a la postre- poco sorprendentes. Es que en serio, no hay por dónde cogerla. Aburrida, insulsa, monótona, soporífera, pretenciosa y repetitiva. Todo, absolutamente todo aspecto de la historia desprende una insoportable artificiosidad sin límites que solo busca poner de manifiesto la recalcitrante pomposidad de su autor mediante trilladas autoparodias y chistes que solo deben de entender al otro lado del Atlántico. Los personajes, amén de planos e irritantes en grado sumo, hacen gala de una petulancia exacerbada (especialmente aguda en el caso del protagonista) y una preocupante angustia existencial más propia de caballeros decimonónicos que de teenagers aferrados a sus iPhones. Tampoco consigo entender de dónde provienen adjetivos como 'ingenioso', 'inteligente' o 'divertido' cuando se habla de esta obra en particular, ya que mi experiencia leyendo El teorema Katherine consiste principalmente en una interminable ristra de resoplidos, muecas de consternación y sesiones continuas de poner los ojos en blanco cada vez que mis retinas topaban con un "jopido" esto, "jopido" lo otro (¿es esta otra muestra del desternillante e indiscutible sentido del humor que desprende la novela?). Aún me siguen doliendo un poco los globos oculares cuando miro de reojo. Y podría seguir así un par de horas más, escribiendo párrafos y párrafos sobre todo lo que no me ha gustado de El teorema Katherine (aunque acabaría mucho antes diciendo lo que sí), despotricando salvajemente contra el estilo rancio y forzado del autor o su tendencia a impartir clases de filosofía barata a través de borregos narcisistas que solo viven para criticar a los demás desde sus posiciones moralmente superiores. Pero no voy a hacerlo. Así que no sé. Leedla si os apetece. Es John Green. ¿Qué mas se puede decir?



 
Generación Reader © 2012