► Título original: —
► Traducción: —
► Año: 2025
► Edición: Libros del Asteroide (2025)
► Páginas: 248
La protagonista de Comerás flores sabe muy bien que a veces las expectativas juegan malas pasadas. El debut narrativo de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989), ítem omnipresente en las listas de mejores novelas del año, se ha convertido sin ninguna duda en uno de los títulos más cacareados de 2025. Corría el riesgo, por tanto, de tropezarme con un libro que no supiera mantener el tipo o que cediera ante el peso de los elogios recibidos. Sin embargo, después de haberme zambullido en la propuesta de Solla Sobral, estoy convencido de que Comerás flores es, probablemente, la novedad que mejor ha soportado el no siempre agradecido filtro de la publicidad.
Comerás flores es una obra primeriza, si no excepcional, por lo menos indudablemente solvente. Diría que incluso con atisbos de excelencia. En ella conocemos a Marina, una chica que transita las corrientes del duelo por la muerte de su padre mientras trata, con pie titubeante, de abrirse paso por el complicado mundo de los adultos. Desde su destartalado piso de universitaria, que comparte con su amiga del alma Diana, Marina relata su desazón existencial y sus pequeños tropiezos cotidianos como si preparase el terreno para el embrollo amoroso en el que está a punto de meterse.
Sin apenas esfuerzo, Jaime actuará como el catalizador para el trastorno de Marina. Seducida por el encanto de los hombres que maceran su atractivo en un aura de sofisticación y éxito profesional, Marina experimenta un torrente de lujuria que la arrastra hacia una espiral sin retorno. Pronto, la distancia de veinte años que separa a Marina de su flamante novio eclipsará por completo el furor de haber saboreado las mieles del amor. Y es que, a pesar de su carisma y su irreprochable figura pública, Jaime acaba sometiendo a la protagonista a los desconcertantes vaivenes de una relación dependiente, marcada por los celos tóxicos, la necesidad de control y el estallido de silenciosas violencias que erosionan la convivencia, la autoestima y hasta la propia vida.
En Comerás flores, Lucía Solla Sobral ha perfeccionado una voz tan singular como desgarradora que no hace sino relatar con urgencia y desasosiego la experiencia de haberse perdido a una misma en la vorágine de una pasión desigual. Marina encarna de manera sumamente vívida la figura de alguien que va sacrificando en nombre del amor parcelas cada vez más significativas de su vida hasta acabar con su identidad completamente desahuciada y una lista de pertenencias con tendencia a la baja. En la novela de Solla Sobral, el lenguaje —impulsivo, atropellado, crudo, poético— se adapta con asombrosa gracilidad a la tonalidad emocional de la narradora, sirviendo como vehículo de una atmósfera asfixiante y claustrofóbica donde el terror se confunde con el afecto y el estómago se transforma en un espeluznante cementerio de felicidad aniquilada.
A pesar de su dureza, o quizá precisamente por eso, el magnífico debut de Lucía Solla Sobral me ha encantado de principio a fin. Se lee con compulsividad adolescente, pero goza de una reposada madurez narrativa y una honestidad fiera, rebelde, vulnerable. Comerás flores es un festival de literatura sin paliativos, una exultante celebración de la amistad, el hogar y los vínculos familiares como vértebras sobre las que se estructuran la construcción de nuestro yo más íntimo, asideros a los que aferrarse cuando el mundo viaja a 200 kilómetros por hora y los sentimientos le arrebatan el control a la razón. Puede que la autora no haya inventado la rueda en este libro —¿acaso queda ya algo que inventar?—, pero su visión genuina y la absoluta autenticidad que desprende su prosa hacen de Comerás flores una novela sólida y muy pertinente sobre cómo la ingenuidad y la inexperiencia constituyen el combustible de una depredación que a menudo es indistinguible del deseo.
«Y me pregunto si tiene sentido algo. Estudiar aquello, trabajar de esto otro, mudarme, esa relación que fue tan bonita tan lejos tan difícil, o esa otra que rueda tan rápido que tengo miedo a que se resquebraje por el camino y vaya soltando pedazos y que todos los pedazos sean míos.»
★★★★





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