Decir que mi primer encuentro con Paul Auster fue satisfactorio sería quedarme corta, muy corta. Aunque había oído maravillas sobre sus dotes literarias, no fue hasta junio de año pasado cuando por fin decidí darle una oportunidad con La trilogía de Nueva York, y lo cierto de lo único que me arrepiento ahora es de no haber leído el libro mucho antes. Aunque sub_zero ya os comentó en el blog sobre otras de sus creaciones, y con unos resultados más que satisfactorios también, tengo que decir que la novela que nos ocupa hoy, es, sin duda alguna, una de las historias más brillantes que he tenido el placer de leer en toda mi vida. Y dudo mucho que esté exagerando al decir esto, o que me deje arrastrar por mis emociones para afirmarlo, y es que ningún libro había conseguido hasta ahora sorprenderme hasta el punto de gritar un «¡No puede ser!» y seguir robándome exclamaciones hasta su inevitable final. Así pues, ¿por qué es diferente del resto La trilogía de Nueva York? Cierto que es una pregunta un tanto difícil de contestar, pues mientras siento una impetuosa necesidad de deshacerme en halagos tanto hacia su autor como a la obra en general, a la vez dudo mucho que sea capaz de explicar correctamente qué es lo que hace de La trilogía de Nueva York un libro tan especial. Lo único que puedo hacer es ir por partes.
Y es que para empezar
se trata de un único libro pero que efectivamente en su interior esconde una completa trilogía, una trilogía que tiene que ver mucho con la ciudad de Nueva York, y una trilogía que soy incapaz de describir con facilidad.
Ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada, componen esta
peculiar obra maestra en forma de tres relatos, y a primera vista, sin ninguna relación entre sí. Como son bien escasas las veces ante las que nos encontramos con esta peculiar separación, creo que lo mejor que puedo hacer es adelantaros unas pocas palabras para poneros en ligero contacto con la situación, y después ya pasaré a comentar brevemente mis impresiones generales del conjunto.
Ciudad de cristal:
Daniel Quinn es un escritor para el que la vida ha perdido todo el sentido. Tras la muerte de su esposa y su hijo su vida se basa en escribir historias policíacas otrogándole a su personaje la vida que a él se le escapa por momentos. Abandonado por sí mismo y por los demás, su vida dará un drástico giro cuando por equivocación una asustada mujer le llame en mitad de la noche en busca de un tal,
Paul Auster detective privado. Sin embargo y tras la continua insistencia de la desconocida, ya sea por aburrimiento o por capricho del destino, Quinn o Auster, decidirá seguirle el juego para ver de qué va todo esto. Así es como Quinn conocerá a Peter Stillman, esposo de la susodicha y un personaje demasiado peculiar para describirlo en pocas palabras, cuyos primeros años de vida fueron un verdadero infierno, y cuya existencia pende de un hilo por las razones que no os voy a revelar.
Fantasmas es
uno de los relatos más extraños pero a la vez originales que he leído en muchísimo tiempo. En esta ocasión conoceremos a tres personajes, Azul, Blanco y Negro -efectivamente, todos los personajes y hasta algunos lugares tienen nombre de colores- un detective privado, un escritor y el vigilado, serán los encargados de conducirnos por medio de este curioso universo creado por Auster y que explora los escondites más recónditos de la psique humana por medio de otra historia con tintes detectivescos.
La habitación cerrada:
Un personaje sin nombre un día recibe la llamada de la esposa de su mejor amigo comunicándole que éste anda desaparecido. Aunque dicho así no pueda parecer algo altamente atrayente, poco a poco
la historia se irá complicando debido a la petición del desaparecido de publicar sus novelas o una carta que pondrá todo el mundo de nuestro protagonista patas arriba.
Y lo más importante de todo, en La habitación cerrada todo por fin tendrá su explicación.
Paul Auster es un autor que vale la pena probar aunque sea una vez en la vida, ya sea por curiosidad o por cualquier otro motivo, normalmente parece ser que le odias o amas. A decir verdad
La trilogía de Nueva York es un libro un poco complicado de leer, aunque complicado quizás no sea la palabra justa para describirlo, pues ni me imagino lo que supuso para el autor escribirlo. La pega que le veo a la novela,
lo único malo que puedo sacarle, es que hay partes que pueden parecen un poco pesadas para el lector y que por ello merme su curiosidad por saber qué pasará a continuación. Por otro lado, los tintes detectivescos quizás no sean del agrado de todos y puedan parecer hasta aburridos. Sin embargo
los compases finales de las tres historias son sin duda brillantes. Si hasta prácticamente el final la novela me había gustado, ya sea por el estilo tan particular del autor y con el que describe tan bien la soledad y los miedos de sus personajes o la historia en sí,
la recta final fue sin duda... memorable. Recalcando lo que ya os había dicho al principio,
nunca me había encontrado con un desenlace tan impactante, y es que el giro tan inesperado de los acontecimientos seguido del punto y final de esta trilogía es sin duda una de las mayores creaciones que leeré jamás. Aunque sinceramente espero encontrarme muchas más novelas que estén a su altura, sin embargo será una de mis favoritas en cuanto a complejidad, estilo o sus desdichados personajes que comparten el mismo destino.
Poco me queda por añadir ya, brillante, magistral, enigmática y que te mantiene pegado una vez que te enganchas, y un desenlace para el que me faltan las palabras, lo único que se me ocurre decir ahora es que
La trilogía de Nueva York es una lectura imprescindible para cualquier amante del género o lector en general.
Puntuación
La trilogía de Nueva York