► Autora: Suzanne Collins
► Año de publicación: 2012
► Género: Novela, juvenil, distopía
► Editorial: Molino
► Páginas: 416
► PVP: 16.00
Katniss Everdeen ha sobrevivido a Los juegos del hambre. Pero el Capitolio quiere venganza. Contra todo pronóstico, Katniss Everdeen y Peeta Mellark siguen vivos. Aunque Katniss debería sentirse aliviada, se rumorea que existe una rebelión contra el Capitolio, una rebelión que puede que Katniss y Peeta hayan ayudado a inspirar. La nación les observa y hay mucho en juego. Un movimiento en falso y las consecuencias serán inimaginables.
Opinión
Segundas partes. Esas dos palabras pueden llegar a producir muchos escalofríos de miedo en un lector que haya disfrutado enormemente con una lectura bastante memorable, pero también te puede producir un intenso hormigueo de placer en todo el cuerpo si estás a punto de retomar una de las trilogías más famosas de los últimos años. Y aunque a la hora de tener el libro delante no importa realmente a qué grupo perteneces, hay una cuestión que siempre queda sin resolver, y es que el dicho de que segundas partes nunca fueran buenas existe por algo, ¿o no?
Después de esta innecesaria introducción -mis disculpas- y tras haber leído decenas de reseñas que ponían el libro por las nubes y más allá incluso, tengo que reconocer que yo sí que me siento condicionada a la hora de escribir esto. Por lo tanto, y antes de ir más allá, espero que nadie se me tire a la yugular para acabar con mi vida después de leer esta reseña que será simplemente una de tantas que hay en la red.
Si en algo estamos todos de acuerdo, pero quizás con distinto grado de entusiasmo, es que sin duda Los juegos del Hambre ha sido una lectura memorable en prácticamente todos los aspectos. Y es que mientras unos la consideran una novela perfecta en su totalidad, otros creen que un final un tanto distinto habría marcado la diferencia entre una lectura bastante buena, y una novela perfecta con una conclusión totalmente apoteósica. Pero dejando de lado el cómo podría haber sido y no fue finalmente, si hay algo que caracterizó bastante bien a la primera parte de esta trilogía fue su capacidad de enganchar al lector hasta límites extremos, ya sea por la prosa de su creadora, o bien por la fuerza de su protagonista, y que muchos autores hoy en día intentan imitar. Y es que Katniss Everdeen se ha convertido en la protagonista perfecta que todo autor desearía dotar a su novela. Con un listón tan sumamente alto, y una historia bastante bien hilada, era de esperar que las expectativas para la esperadísima segunda parte fuese igual, o incluso más altas. Y aunque abrí el libro creyendo que En llamas iba a sorprenderme casi tanto como el anterior, tras devorar el libro de prácticamente una sentada debo reconocer que finalmente el sentimiento que prima en el ambiente es más bien de creciente decepción, a pesar de que esté entremezclado con la calidez de haber disfrutado de una buena lectura. Pero no por ello dejará de ser eso, una franca decepción.
Si tenemos en cuenta los distintos acontecimientos que suceden a lo largo del Tour de la Victoria que lleva a nuestros ganadores, Katniss Everdeen y Peeta Mellark, a visitar los doce distritos, los rumores de una posible rebelión que estará cada vez más presente en el espíritu de los ciudadanos de los distintos distritos, y el inesperado giro de acontecimientos como consecuencia del Vasallaje de los Veinticinco, sinceramente no entiendo la necesitad que sintió Suzanne Collins de añadirle una serie de elementos más que ridículos a la relación entre Peeta y Katniss y que no tienen ni pies ni cabeza. Todo el tema del Vasallaje me ha parecido un despropósito argumental, una treta de escritor principiante destinada a repetir los esquemas del primer libro y alargar de manera prescindible una historia que sencillamente debería haberse desarrollado de manera distinta. Otro de los aspectos en los que En llamas es muy similar a Los Juegos del Hambre es en lo que yo considero sus puntos fuertes: la fuerza presente en la prosa de Suzanne y la personalidad de Katniss son cosas que siguen gustando al lector, pero incluso en este aspecto me ha dado la sensación de que tanto en Los Juegos del Hambre como en su continuación, a Katniss la mueven los mismos principios de siempre, no se percibe una evolución drástica en su personalidad ni en la del resto de personajes a pesar de los obstáculos enfrentados. Por no decir que las escenas de acción, punto fuerte de su predecesora, ahora resulta que flojean.
Si en algo estamos todos de acuerdo, pero quizás con distinto grado de entusiasmo, es que sin duda Los juegos del Hambre ha sido una lectura memorable en prácticamente todos los aspectos. Y es que mientras unos la consideran una novela perfecta en su totalidad, otros creen que un final un tanto distinto habría marcado la diferencia entre una lectura bastante buena, y una novela perfecta con una conclusión totalmente apoteósica. Pero dejando de lado el cómo podría haber sido y no fue finalmente, si hay algo que caracterizó bastante bien a la primera parte de esta trilogía fue su capacidad de enganchar al lector hasta límites extremos, ya sea por la prosa de su creadora, o bien por la fuerza de su protagonista, y que muchos autores hoy en día intentan imitar. Y es que Katniss Everdeen se ha convertido en la protagonista perfecta que todo autor desearía dotar a su novela. Con un listón tan sumamente alto, y una historia bastante bien hilada, era de esperar que las expectativas para la esperadísima segunda parte fuese igual, o incluso más altas. Y aunque abrí el libro creyendo que En llamas iba a sorprenderme casi tanto como el anterior, tras devorar el libro de prácticamente una sentada debo reconocer que finalmente el sentimiento que prima en el ambiente es más bien de creciente decepción, a pesar de que esté entremezclado con la calidez de haber disfrutado de una buena lectura. Pero no por ello dejará de ser eso, una franca decepción.
"Él me rodea con un brazo automáticamente, y yo me siento como si estuviera de nuevo en la cueva, acurrucada a su lado, intentando entrar en calor."
Si tenemos en cuenta los distintos acontecimientos que suceden a lo largo del Tour de la Victoria que lleva a nuestros ganadores, Katniss Everdeen y Peeta Mellark, a visitar los doce distritos, los rumores de una posible rebelión que estará cada vez más presente en el espíritu de los ciudadanos de los distintos distritos, y el inesperado giro de acontecimientos como consecuencia del Vasallaje de los Veinticinco, sinceramente no entiendo la necesitad que sintió Suzanne Collins de añadirle una serie de elementos más que ridículos a la relación entre Peeta y Katniss y que no tienen ni pies ni cabeza. Todo el tema del Vasallaje me ha parecido un despropósito argumental, una treta de escritor principiante destinada a repetir los esquemas del primer libro y alargar de manera prescindible una historia que sencillamente debería haberse desarrollado de manera distinta. Otro de los aspectos en los que En llamas es muy similar a Los Juegos del Hambre es en lo que yo considero sus puntos fuertes: la fuerza presente en la prosa de Suzanne y la personalidad de Katniss son cosas que siguen gustando al lector, pero incluso en este aspecto me ha dado la sensación de que tanto en Los Juegos del Hambre como en su continuación, a Katniss la mueven los mismos principios de siempre, no se percibe una evolución drástica en su personalidad ni en la del resto de personajes a pesar de los obstáculos enfrentados. Por no decir que las escenas de acción, punto fuerte de su predecesora, ahora resulta que flojean.
En llamas sigue siendo bajo mi punto de vista un buen libro, una visión de futuro realmente impactante y que invita a la reflexión, pero como continuación, deja bastante que desear. Confieso que los impedimentos que me he encontrado a lo largo de En llamas no han podido frenar mis ganas de seguir con la lectura, y tengo que reconocer que uno de los motivos que han inducido tanta prisa en mí por acabar el libro fue la necesidad de saber si era acaso verdad que después de todo, lo único con lo que me iba a encontrar tras sus más de cuatrocientas páginas era una burda imitación que pretendía repetir el éxito de su anterior entrega a costa de sacrificar la innovación, la creatividad y el factor sorpresa. ¿Lo fue al final? A nivel personal, creo que sí. Y es que parece ser que superar la calidad de Los Juegos del Hambre cuesta, incluso si eres su propia autora.
Puntuación
En llamas








