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Iván Turguénev - Primer amor

lunes, 27 de octubre de 2025



► Título original: Первая любовь
► Traducción: Natalia Dvórkina
► Año: 1860
► Edición:  Alianza Editorial (2018)
► Páginas: 128


El amor es un maestro cruel y hay lecciones que no se olvidan en la vida. Primer amor, del escritor ruso Iván Turguénev, puede que sea la constatación más demoledora de que enamorarse es un acto autodestructivo donde el corazón se transforma sin previo aviso en una auténtica bomba de relojería. Sí, tu pecho es una cámara de carne dispuesta a reventar al menor descuido y nadie te garantiza que la explosión vaya a ser de felicidad. Lo único que puedes hacer es ponerte a resguardo en un sitio donde no salpiquen mucho las vísceras.

El protagonista de Primer amor no es más que una víctima colateral de esa organización terrorista llamada deseo. La novela, tan breve como un suspiro de nostalgia, arranca con un grupo de caballeros relatando sus primeras experiencias amorosas. Sin embargo, cuando le llega el turno a Vladímir Petróvich, el narrador echa mano de sus notas para poner orden a una tragedia que la memoria no es capaz de articular sola. A partir de ese momento, el recuerdo toma el testigo de la narración y nos vemos retrotraídos a la adolescencia de Vladímir, cuando su mundo quedó alterado para siempre gracias a la química inolvidable de las primeras veces.

Tras un viaje efectuado junto a sus padres a la dacha familiar, Vladímir, de dieciséis años, queda inmediatamente prendado de la inquilina que acaba de establecerse en una casa vecina, una princesa caída en desgracia que acumula pretendientes con la misma rapidez con la que suben las pulsaciones del protagonista. Con sus acentuados encantos soviéticos, las generosas atenciones que prodiga y su cautivadora coquetería, la enigmática y voluptuosa Zinaída Aleksándrovna planta enseguida en el impresionable Vladímir la semilla de una fijación tan entrañable e inocente como condenada a la tragedia.

Junto al maquiavélico conde Malevski, el doctor Lushin, el poeta Maidánov, el capitán retirado Nirmatski o el húsar Belovzórov, Vladímir compite en juegos amañados con el objetivo de ganarse un hueco en el corazón de Zinaída. Haciendo un uso magistral de la elipsis y la perspectiva, Turguénev deja entrever de manera sutil lo que al joven protagonista de Primer amor se le escapa debido a su inocencia y traza en esta novela una línea paralela entre el ascenso del romanticismo juvenil y la caída de un régimen social del que los protagonistas no son sino anacrónicos vestigios vivientes. Un enamoramiento febril, una relación tumultuosa con el padre, un hogar caracterizado por elocuentes silencios, oportunas ausencias y acaloradas discusiones nocturnas... desde bien pronto, Primer amor dispone las piezas de un elegante puzzle narrativo que, a pesar de su minimalismo, consigue mantener el interés hasta su emocionante y demoledora conclusión.

En apenas un centenar de páginas, esta fantástica y atemporal obra de Turguénev encapsula de forma sobrecogedora el poder absolutista del descubrimiento del amor y su capacidad para arruinarnos la vida por completo. En una de sus canciones más conocidas, La Oreja de Van Gogh escribía: «Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan solo el primero». ¿Pero cuáles son las repercusiones de errar el tiro? ¿Se puede aspirar a una segunda oportunidad en cuestiones del corazón o todas las personas que vengan detrás son solo para olvidar las huellas inabarcables del primer amor? En una de sus últimas intervenciones, un ya desengañado Petróvich asegura: «No quisiera que se volviera a repetir, pero me consideraría infeliz si no lo hubiera experimentado.» Y creo que no existe respuesta más convincente que esa para resumir el desolador aprendizaje de entender que el auténtico dolor proviene de no haber vivido.


«También yo... ¿en qué confiaba, qué esperanzas albergaba, qué prometedor futuro preveía si despedí tan solo con un suspiro, con una sensación de tristeza la estela de mi primer amor que había pasado ante mis ojos por un instante?»


★★★★

Thomas Hardy - Jude el oscuro

martes, 29 de marzo de 2022



►Título original: Jude the Obscure
►Traducción: Francisco Torres Oliver
►Año: 1895
►Edición:  Alba Editorial (2018)
►Páginas: 552


Jude el oscuro me ha dejado con la serotonina regular. No me extraña que sea la última novela publicada de Thomas Hardy (Stinsford, 1840), porque después de escribir algo así solo te queda retirarte y esperar a la muerte. La obra, que transcurre en el ficticio condado inglés de Wessex, es algo así como la versión emo de Grandes esperanzas. Su protagonista, Jude Fawley, es un campesino huérfano que sueña con escapar de su aldea natal y seguir los pasos de su profesor, el señor Phillotson, con el fin de convertirse en un hombre ilustrado. Para ello, y con la única ayuda de su fuerza de voluntad, Jude estudia concienzudamente a los clásicos, se hace con voluminosos libros de humanidades y brega en la oscuridad de la noche con Homero, Tucídides y las lenguas muertas. Se convierte, con tesón y diligencia, en un alumno ejemplar de bachillerato. Sin embargo, el sueño universitario de Jude se va al garete cuando Arabella, una lagarta de mucho cuidado, lo enreda en la trampa del matrimonio aduciendo un embarazo que en realidad no existe.

Jude se convierte de la noche a la mañana en un supuesto padre de familia desesperado por encontrar trabajo y sus aspiraciones intelectuales quedan sepultadas bajo el axioma de la responsabilidad conyugal. Aunque Arabella termina confesando el engaño y Jude le da con la puerta en las narices, el joven Fawley acabará aprendiendo una amarga lección que es, en realidad, el epicentro moral y narrativo de la novela: lo que Dios ha unido bajo yugo, argumenta Hardy, ningún hombre lo puede separar. Así, cuando Jude inicia una relación medio incestuosa —¡y adúltera!— con su prima Sue Bridehead, ambos se enfrentarán al repudio de una comunidad dogmática y mojigata que los considera una simple y llana abominación carente de lugar en el mundo. La respuesta de Hardy a esta afrenta es la burla. Gran parte de la novela es una deliciosa sátira de la encorsetada institución matrimonial —a la que Hardy critica y ridiculiza sin pudor—, pero también constituye una interesante reflexión sobre el poder del contrato social, así como de su capacidad para someter incluso a los más férreos disidentes. Aunque Jude y Sue se esfuerzan por vivir su apasionado romance al margen de las convenciones populares, nada tienen que hacer contra el impasible Goliat de la ley humana.

Jude el oscuro es una novela profundamente trágica. Sus personajes, de fascinante trazo y minuciosa caracterización, caen víctimas de las más atroces y caprichosas circunstancias. Jude se refugia en el alcohol y Sue en la desesperación espiritual, sin que ninguno de ellos parezca tener reservado un final feliz a pesar de sus nobles intenciones. Para Hardy, la razón, siempre contraria a los imperativos del deseo, es como una soga que se va enroscando de manera inexorable en torno al cuello de los protagonistas, y lo cierto es que consigue plasmar en el texto esa sensación angustiante de manera tan sublime como sobrecogedora. La novela fue tachada en su momento de obscena y escandalosa, quizá porque se atrevía a poner frente al espejo cosas que la sociedad de la época prefería ignorar felizmente, quizá porque avanzaba ideas feministas que aún tardarían tiempo es cristalizar. A mí, desde luego, me ha parecido una novela extraordinaria, más que por su revolucionario argumento o su estilo profuso, por la sencillez y la contundencia de la verdad que se esconde tras su extremo pesimismo.


«La gente sigue casándose porque no puede resistirse a las fuerzas naturales, aunque muchos se dan cuenta perfectamente de que tal vez están comprando el placer de un mes con la desdicha de toda una vida.»


PUNTUACIÓN: ★★★★

Reseñas breves [112-114]

jueves, 21 de enero de 2016


► Título: Un vaso de cólera
► Autor: Raduan Nassar
► Título original: Um copo de cólera
► Traducción: Juan Pablo Villalobos
► Año de publicación: 1978
► Editorial: Sexto Piso
► Páginas: 80



No se me ocurren muchos libros que, en tan solo 80 páginas, sean capaces de hacerte atravesar tantos estados anímicos diferentes, amor y odio incluidos. Pero lo cierto es que la novela de Raduan Nassar, uno de los escritores más prestigiosos de las letras brasileñas, consigue empujarte —a pesar de sus más y sus menos— hacia un torbellino de sensaciones y profundas imágenes literarias que tiene como epicentro una pareja asentada en la más absoluta toxicidad. La trama es prácticamente nula: un hombre cínico y retrógrado llega a casa, folla con su mujer, notablemente más joven, inteligente y segura de sí misma, y después discuten de forma acalorada. Sin embargo, la contundencia de sus argumentos, la visceral atmósfera que te hace respirar y la profundidad de sus dobles lecturas la convierten en una obra poderosa e inusual que logra dejar un poso en el lector. Un poso bastante perturbador, de hecho. El flujo de conciencia empleado por Nassuar, compulsivo, atolondrado, impenetrable por momentos, hace pensar de manera inmediata en Los santos inocentes de Delibes o incluso en el Ulises de Joyce. Sin embargo, la atrocidad de los pensamientos y la carga enormemente erótica de su prosa es particularidad suya. No estamos, ni por asomo, ante una novela cómoda o fácil de leer, pero a mí me ha parecido una experiencia sorprendente, atípica, enriquecedora y que merece, al menos, gran visibilidad.






► Título: La costilla de Adán
► Autor: Antonio Manzini
► Título original: La costola di Adamo
► Traducción: Regina López y Julia Osuna
► Año de publicación: 2014
► Editorial: Salamandra
► Páginas: 256



Segunda entrega de la serie que protagoniza el carismático/insufrible subjefe de policía Rocco Schiavone, agente justiciero -atormentado por el fallecimiento de su mujer- que se toma los procedimientos judiciales por el pito del sereno. Es quizá este, su protagonista, el atractivo principal de una historia que, en términos argumentales, anda un poco escasita. La de La costilla de Adán me ha parecido una trama de investigación correcta, entretenida, pero también bastante facilona y corriente, sin muchos vaivenes ni quebraderos de cabeza, que se resuelve de manera bastante conveniente y casi epifánica cuando quedan ya pocas páginas para el final. Una mujer aparece ahorcada en su domicilio en lo que a todas luces (inesperado e ingenioso juego de palabras relacionado con el arma homicida) parece un simple atraco que se les terminó yendo de las manos a los delincuentes. No obstante, Schiavone, que siempre hila fino, se huele que algo raro hay e inicia unas particulares pesquisas para desentrañar los detalles del caso que no encajan. Entremedias podemos escuchar (metafóricamente hablando) los constantes gruñidos e impertinencias de Schiavone, quien se considera ofendido y tocado en sus partes íntimas por las razones más irrisorios que se os puedan imaginar. Aunque, claro, motivos para la amargura no le faltan: una esposa muerta que le visita por las noches, la culpa, el remordimiento, el frío característico del Valle de Aosta, la añoranza por su ciudad natal... si no fuera por el inmenso caudal de testosterona que, rozando el límite de lo soportable, desprenden Schiavone y sus coleguillas de oficina, diría que es un personaje capaz de despierta cierta lástima. Pero no es el caso. Así que si buscáis una lectura ligera, sin pretensiones, y sois capaces de soportar grandes dosis de misoginia... este es vuestro libro.






► Título: La vuelta del torno
► Autor: Henry James
► Título original: The Turn of the Screw
► Traducción: Alejandra Devoto, Jackie DeMartino y Carlos Manzano
► Año de publicación: 1898
► Editorial: Libros del Asteroide
► Páginas: 184



Necesaria y apasionante actualización del clásico jamesiano Otra vuelta de tuerca, novela gótica por antonomasia en la que, os lo aseguro, lo que menos miedo da son los fantasmas. En este relato de apariencia dócil e inofensiva, Henry James nos propone un sugerente juego de espejos donde realidad y alucinación se vuelven indistinguibles a ojos de nuestra protagonista... hasta que resultan imposibles de diferenciar también para el lector. La novela comienza con un grupo de lo que hoy serían colaboradores de Cuarto Milenio reunidos en un casona sombría y tétrica, dispuestos a ponerse los unos a los otros los pelos como escarpias con historias de miedo. Un espectro por aquí, un niño muerto por allí... todo parece ir a las mil maravillas. Pero alguien, como queriendo elevar el nivel de cague hasta límites insospechados, se saca de la manga un manuscrito redactado por un mujer muerta desde hace veinte años en el que relata su traumática experiencia como institutriz de dos desvalidos huérfanos. Durante su estancia en la casa, todo tipo de fenómenos sobrenaturales, misterios con connotaciones sexuales, apariciones y paranoias varias marcan el devenir de los acontecimientos y de su relación con el resto de personajes, haciéndonos dudar cada vez con mayor intensidad de su cordura, lucidez y fiabilidad como narradora. Casi que se puede sentir el torno al que hace referencia el título de la novela presionando contra el cráneo de la institutriz, sometiéndolo a más y más estrés a medida que la historia da una nueva vuelta. Un estilo exquisito (a ello contribuye la magnífica traducción a tres bandas), ambientación muy lograda y grandes dosis de ambigüedad literaria son solo algunos de los ingredientes que hacen de este relato una pieza imprescindible para los amantes del terror y de lo grotesco. A mí, por lo menos, me ha parecido sublime y no hace sino aumentar mis ganas de seguir conociendo la obra del autor. 



Reseña "Kokoro"

jueves, 15 de enero de 2015

► Título: Kokoro
► Autor: Natsume Sōseki
► Año: 2014
► Editorial: Impedimenta
► Páginas: 304
► Precio: 19.95 €

Kokoro («corazón», en japonés) narra la historia de una amistad sutil y conmovedora entre dos personajes sin nombre, un joven y un enigmático anciano al que conocemos como «Sensei». Atormentado por trágicos secretos que han proyectado una larga sombra sobre su vida, Sensei se abre lentamente a su joven discípulo, confesando indiscreciones de sus días de estudiante que han dejado en él un rastro de culpa, y que revelan, en el abismo aparentemente insalvable de su angustia moral y su lucha por entender los misterios del amor y el destino, el profundo cambio cultural de una generación a la siguiente que caracterizó el Japón de principios del siglo XX.


Por mucho que uno crea saberse experto en literatura japonesa, por más que uno trate de abarcar el inmenso canon nipón leyendo casi de manera compulsiva textos de autores como Yasunari Kawabata, Yukio Mishima, Osamu Dazai, Haruki Murakami o Kenzaburo Oé, la única conclusión firme a la que llegas es que siempre te saldrá al paso una de esas novelas marcadas oportunamente con la etiqueta de 'clásico imprescindible' que son necesarias para comprender a cabalidad los resquicios de una mentalidad tan fascinante como, en ocasiones, impenetrable. Siempre hay un autor disidente que permanece agazapado en un rincón de la estantería, esperando su turno para descubrirte nuevos ámbitos de una cultura que ya pensabas haber domado, pero que de repente te suelta una poderosa coz. En mi caso, ese autor se llama Natsume Sōseki, y la obra que ha inaugurado mi aproximación a su aclamada producción literaria en el centenario de su publicación es Kokoro, un término muy característico de la idiosincrasia japonesa que aparentemente resulta fácil de traducir, pero difícil de interpretar en toda su abstracta y emotiva complejidad.

Marcada por un contexto histórico revulsivo y trascendental en el que Japón tuvo que hacer frente a cambios profundos, Kokoro trata de reflejar en la desgarradora introspección de sus personajes el estado de ánimo general imperante en aquella época. Protagonizada asimismo por individuos cargados de angustia que permanecen anónimos en todo momento, la novela de Sōseki describe en sus inicios la espontánea e improbable amistad que surge entre un estudiante universitario y un hombre mayor al que se alude solamente como Sensei. La conmovedora (a menudo ambigua) relación que mantienen estos dos personajes a lo largo de la novela deriva en una serie de cambios drásticos en la vida de ambos; algunos con el propósito de enmendar errores recién cometidos, otros con el objetivo de sacar a flote sucesos trágicos largo tiempo enterrados. Y a medida que la historia se desenvuelve ante nuestros ojos con los inconfundibles rasgos de una sentida confesión, Sōseki va soltando por todas las páginas hermosas pinceladas de su estilo vibrante y acogedor. Íntima, demoledora y repleta de pasajes que desprenden una turbadora belleza, Kokoro es una muy buena novela que habla sobre el amor y la amistad en sus menos amables facetas, sobre nuestra relación con la muerte, la culpa y el sufrimiento que nos sobreviene por la pérdida de algo querido e irreemplazable. Afortunadamente, el idioma no se convierte en un obstáculo insalvable a la hora de apreciar los matices de todo lo que quiere transmitir Sōseki en esta novela. Al fin y al cabo, cada lengua posee sus propias palabras. Pero el dolor es un conocimiento universal.



Reseñas breves [61-63]

miércoles, 29 de octubre de 2014

El maestro y Margarita, Mijaíl Bulgákov
Nevsky - 528 páginas - ★★★★½

Hasta ahora, mis escasos conocimientos en el campo de la literatura rusa no incluían esta -lo puedo decir ya- obra maestra de Mijaíl Bulgákov. Gracias a la maravillosa edición (que a parte de una espectacular portada contiene ilustraciones de Alfonso Rodríguez Barrera en su interior) que Ediciones Nevsky ha sacado este año a la luz, he podido disfrutar como sin duda se lo merece de una novela excepcionalmente bien escrita, divertida, socarrona, inteligente y que ofrece una visión tan profunda como interesante sobre la Rusia soviética del período entre guerras. Mezclando elevadas dosis de un humor que solo puedo calificar como diabólico y un devastador realismo que pone en evidencia las crudas circunstancias de la época, El maestro y Margarita narra nada más y nada menos que el advenimiento de Satán y su cuadrilla de lacayos demoníacos a la ciudad de Moscú, lugar que al príncipe de las tinieblas le parece idóneo para organizar un baile de alta sociedad en el que abrir las puertas del Infierno. De forma paralela, Bulgákov se arma a lo largo del relato de toda la irreverencia posible y realiza en tono de sátira un detallado recorrido por los principales movimientos, clases e ideologías imperantes en la sociedad rusa, meditando a su vez en los diferentes aspectos de la condición humana -tales como el amor, la fe, la cordura, el odio o la pasión por la literatura- que hacen de nuestra especie una entidad tan laberíntica, apasionante y contradictoria. Emotiva, deslumbrante y cargada de poderosísimas reflexiones existenciales, El maestro y Margarita constituye una de los clásicos contemporáneos más completos y satisfactorios que se pueden encontrar en las librerías. Ya estáis tardando en leerlo.


La historia de mis dientes, Valeria Luiselli
Sexto piso - 160 páginas - ★★½

Raro. Extraño. Inusual. Único. Muchos adjetivos diferentes para describir una misma sensación: la de estar completamente desnudo e indefenso ante una novela que pulveriza cualquier expectativa que hayas podido formarte sobre ella. La autora, una mexicana llamada Valeria Luiselli que en ciertos círculos literarios saltó a una repentina y merecida fama gracias a su obra Los ingrávidos, pone a disposición del público un relato extravagante, a veces jocoso, brillante y alegórico, pero completamente experimental en el fondo. Su protagonista es un "cantador" de subastas apodado Carretera que comienza relatando sus experiencias profesionales hasta descubrirnos el ambicioso propósito que se trae entre manos: subastar las historias que hacen cobrar a los objetos su auténtico valor y significado. Aunque La historia de mis dientes goza de ciertos pasajes interesantes, curiosas ilustraciones, personajes bautizados en nombre de célebres escritores o pensadores y frases tan contundentes como las del interior de una galleta china, el carácter excesivamente arriesgado de la trama o su recalcitrante posmodernidad acaban convirtiéndose en rasgos marginales de la novela. Demasiados delirios narrativos para mi gusto.


Lexicón, Max Barry
Ediciones B - 432 páginas - ★★★★

Lexicón es con toda probabilidad una de las lecturas más ambiguas, extrañas y jeroglíficas que he tenido la oportunidad de leer durante este año. Sin embargo, al contrario que en el caso de La historia de mis dientes, la propuesta narrativa de Max Barry sí ha acabado convenciéndome de que más allá del cascarón estético se encuentra una historia en la que merece la pena indagar. Lo primero que llama la atención del libro es su peculiar estructura (o mejor dicho, la carencia de ella); una sucesión aparentemente deshilvanada de recortes periodísticos, entrevistas, conversaciones en foros de internet y todo tipo de documentos escritos que se intercalan con capítulos propiamente dichos a un ritmo desembarazado por completo de cualquier cronología. La historia que empieza a intuirse en cuanto el lector va ensamblando las piezas disponibles a su alcance tiene algo que ver con espeluznantes asociaciones clandestinas, conspiraciones, amoríos adolescentes, pueblos abandonados por una sospechosa y repentina radiactividad, una especie de academia tipo Hogwarts donde alumnos que adoptan nombres de poetas aprenden a manipular el lenguaje y -en ocasiones- un desesperante halo de secretismo que impregna hasta el más mínimo rincón de la novela. Max Barry, concediendo especial protagonismo al poder bélico de la palabra, así como a su enorme influencia en nuestra percepción, asimilación y transformación de la realidad, ha remendado a partir de retazos narrativos e imágenes fragmentadas una asombrosa parábola sobre nuestra sociedad mediatizada, una tremenda oda a la desinformación que juguetea con nuestra sugestionable memoria, engancha hábilmente por su lograda cualidad de thriller y acaba enamorándonos sin remedio -al menos en mi caso- gracias a la rotunda genialidad de las ideas que pone sobre la mesa.


Reseña "El gran Gatsby"

viernes, 5 de julio de 2013

► Título: El gran Gatsby
► Autor: F. Scott Fitzgerald
► Año de publicación: 2008
► Género: Novela, drama, romance
► Editorial: Debolsillo
► Páginas: 192
► PVP: 8.95 €
► ISBN: 9788497936606

Esta es la historia del millonario hecho a sí mismo, Jay Gatsby, a quien sólo le mueve una obsesión: recuperar un amor de juventud. Pero Daisy es hoy una muchacha que forma parte de una sociedad frívola y aburrida de sí misma, una criatura encantadora y también dañina. Un magnífico retrato de heroicidad en un mundo decadente.

Opinión

Lo primero que tengo que decir es que El gran Gatsby no es una novela que se pueda definir con extrema facilidad. De hecho, en su conjunto me ha producido sensaciones muy contradictorias, pues por un lado tengo que reconocer que era un libro que andaba deseando leer desde hace mucho tiempo, por lo que mis expectativas no eran precisamente bajas que digamos, pero al leer las primeras páginas me percaté de que tenía un cierto saborcillo a la prosa de Murakami (fue el traductor de la obra en su país natal, por si no lo sabéis), cosa que me alegró enormemente y aumentó aún más mis enormes ganas ya de por sí de catar sus escasas páginas. Ahora bien, sintiéndolo mucho, aunque cumple en cierta medida con las expectativas que le tenía, no es exactamente lo que yo me esperaba.

Ambientado en los años veinte, y publicado en una fecha similar, El gran Gatsby es una novela que destaca por no andarse con florituras innecesarias a la hora de narrarnos su historia, la historia de un hombre que todos conocen y nadie parece conocer en realidad, y es que Gatsby, el eje central de la obra aunque en un principio no lo parece, es uno de esos personajes que se esconden bajo un halo de misterio sin resolver, enigmático, inteligente, divertido, y perdidamente rico, pero por otro lado, solo y abandonado, perseguido por un pasado que (al principio) solo él conoce. Y es que por todos estos detalles y alguno que otro más, la pregunta que acompaña al lector desde el primer momento de tener un ejemplar entre sus manos hasta prácticamente el final de la obra viene a ser la misma: ¿Quién es realmente ese Gatsby?

Creía que yo sabía mucho, porque sabía cosas diferentes de las suyas... Bueno; me encontraba allí, lejos de mis ambiciones, enamorándome más a cada minuto, y... de repente, no me importó. ¿De qué me servía hacer grandes cosas si lo pasaba mejor contándole a ella lo que haría?

A esa pregunta intenta respondernos con suma sencillez pero a modo de cuentagotas nuestro narrador, Nick Carraway, un joven que está a punto de cumplir la treintena y al que por desgracia tampoco llegamos a conocer en profundidad (por falta de espacio, me imagino), pero que será de gran importancia para la obra, ya que aparte de ser nuestro narrador que se ocupará de situarnos en esa Nueva York de los años veinte, de mostrarnos la alta sociedad de la época, tan marcada por esas fiestas y que tanto caracterizan también a nuestro querido Gastby, será casi el único medio que tendremos a nuestra disposición para conocer realmente a Gatsby. Y es que a causa de esas fiestas que tanto le gusta dar a Gatsby, y a las que Nick tendrá la suerte de ser invitado por el propio anfitrión, comenzará una peculiar e íntima relación de amistad entre los dos, pero también será un modo para que nosotros logremos conocer la verdad sobre Gatsby y no esa cantidad desorbitada de rumores que giran entorno a su persona, o la forma en que logró amasar su fortuna. Sin embargo, el verdadero quid de la cuestión, o mejor dicho, de esta novela, aparece cuando conocemos las verdaderas intenciones de Gatsby hacia nuestro Nick, pues parece ser que tanto nosotros como Gatsby lo usaremos con el mismo fin, como un instrumento, un mero mecanismo para llegar a algo mucho mayor: nosotros, para conocer a Gatsby, él, para recuperar al amor de su vida.

Así pues, sin prácticamente percatarme de ello en un principio, me encontré con una novela que había cambiado de enfoque de un modo bastante drástico, pasando de relatar el entorno de la alta sociedad de los años veinte y un desesperado intento de conocer la verdadera esencia de Gatsby, a una historia tierna, triste y conmovedora, siendo un conjunto de sucesos un tanto desafortunados los que nos conducirán a su vez, inevitablemente, a ese final que uno conoce desde el principio. Pero sin duda alguna, lo que más me ha gustado de ese segundo arco argumental es la fuerza y la simpleza que emplea F. Scott Fitzgerald a la hora de transmitir al lector los verdaderos sentimientos de Gatsby: sus miedos, sus temores, el anhelo de recuperar algo que realmente nunca fue suyo o la esperanza de un posible futuro pero sin olvidar nunca de dónde procede uno, pues todo ello y más es en realidad lo que define al gran Gatsby. Pero por otro lado, tengo que reconocer que me he sentido un tanto decepcionada por el conjunto en general, ya que al principio me resultó un tanto monótono y que no parecía que me estuviese conduciendo a ninguna parte, haciéndome preguntarme cuánto tiempo más tardaría en aparecer ese fantástico Gatsby del que todo el mundo habla. También encontré una profundidad un tanto escasa y la personalidad inexistente de muchos de sus personajes, por lo que no es en general lo que me esperaba de una novela tan archiconocida. Sin embargo, El gran Gatsby es al mismo tiempo una excelente historia para conocer el corazón humano en su total esplendor, una novela que aunque en un principio me defraudó, finalmente resultó ser un poco más de lo que me esperaba. Y es que Gatsby es un personaje que merece la pena conocer a toda costa.

Puntuación 

El gran Gatsby


Reseña "El guardián entre el centeno"

viernes, 28 de septiembre de 2012

Hay libros que por su manifiesta originalidad, su carácter revolucionario o por casualidades intrínsecas de la vida, son considerados grandes clásicos de la literatura prácticamente desde el momento de su publicación. La grandeza de El guardián entre el centeno reside sobre todo en el espectacular impacto que produjo en la sociedad norteamericana la salida al mercado de este pequeño gran atlas de la psicología adolescente, impacto cuyo eco siguió resonando casi con la misma fuerza durante varias décadas más. Tanto es así, que la obra de Salinger no solo se ha convertido en lectura obligada y novela de culto para  millones de jóvenes y otros que no lo son tanto, sino que además, El guardián entre el centeno lleva siendo objeto de estudio en los institutos estadounidenses desde hace ya mucho tiempo. ¿Qué tiene este libro que 60 años después de su primera edición aún sigue deslumbrando a infinidad de lectores por todo el globo? Te invitamos a descubrirlo.

Título: El guardián entre el centeno
Autor: J.D. Salinger
Año de publicación: 1951 (2010)
Género: Novela, drama, clásicos
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 288
PVP: 9.00
ISBN: 9788420674209

Sinopsis

Las peripecias del adolescente Holden Caulfield en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, muy lejos de la visión almibarada que imperaba de la adolescencia hasta entonces, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo.

Opinión

Una de las primeras cosas que me vino a la mente justo antes de empezar El guardián entre el centeno fue ese sentimiento de angustia ante la posibilidad de no disfrutar con un libro de semejante calibre. Y es que cuando se trata de leer novelas tan conocidas, aclamadas y significativas dentro de la historia de la literatura, es inevitable que surjan este tipo de preocupaciones. ¿Será tan bueno como dicen? ¿Me mirarán con cara de pánico si digo que no me gustó el libro? ¿No será que el título en cuestión está demasiado sobrevalorado y que su éxito reside tan solo en una serie de circunstancias fortuitas, enmarcadas en una situación social, económica o política determinada? Es cierto que hay muchas obras que se devalúan con el tiempo y que la aportación de algunas novelas al mundo de las letras sólo se puede entender dentro de su contexto histórico correspondiente, pero un rasgo llamativo de El guardián entre el centeno es que lejos de limitarse a profundizar en los conflictos propios de la América rancia y conservadora de los años 50, los problemas que asolan a su protagonista continúan vigentes hoy día, poniendo de manifiesto una verdad incontestable y duradera: la sociedad cambia, pero el individuo no.

"Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso."

Holden Caulfield es el ejemplo perfecto de adolescente, no incomprendido, sino que no comprende. Es un chaval de diecisiete años, perteneciente a una familia adinerada, que acaba de ser expulsado por enésima vez de la escuela, repudiado por un sistema educativo inflexible, ineficaz e insatisfactorio. Aunque por su aspecto físico pudiera aparentar más años de los que en realidad tiene, lo cierto es que su comportamiento y su manera de ser evidencian una inmadurez palpable. La relación con sus padres tampoco es que sea muy boyante, y ante la posibilidad de que lo envíen a una academia militar cuando se enteren de su enésimo tropiezo académico, Holden decide escaparse de la escuela en la que pasa sus últimos días de vacaciones y emprende un viaje a Nueva York que le llevará a explorar algunos de los aspectos más íntimos de su persona.
      A través de los pensamientos e impresiones de Holden acerca del mundo y de las personas que le rodean, observamos una más que notable capacidad para señalar cualidades como la hipocresía, el narcisismo o la falsedad, un concepto que se repite en numerosas ocasiones a lo largo de la novela hasta el punto de rozar la exasperación. La falsedad de la que habla Holden a lo largo de la historia poco tiene que ver con lo que entendemos nosotros por dicho término; se trata de una referencia a todo comportamiento que esté mínimamente regido por normas o convenciones sociales, acuerdos que el joven protagonista no entiende y que rechaza de plano. También se explora de manera profunda la curiosidad sexual de Holden  mientras el chico se desenvuelve de forma ineficaz en el terreno de las relaciones amorosas, un campo en el que a pesar de sus impulsos propios de la edad, no parece estar demasiado cómodo ni tener las ideas demasiado claras. En su camino Holden se cruzará con muchos personajes, algunos nuevos y otros relacionados directamente con su pasado o con algún familiar, que le aportaran distintos puntos de vista sobre el mundo adulto, pero al contrario que en otras historias similares, no se aprecia en El guardián entre el centeno una evolución clara del protagonista, quien al final de la novela padece exactamente las mismas carencias propias de la edad que al comienzo de la misma.

"-Este tipo de caída a la que creo que te diriges es de un tipo muy especial, terrible. Al que cae no se le permite ni oír ni sentir que ha llegado al fondo. Sólo sigue cayendo y cayendo."

Esta gran variedad de temas y situaciones resulta mucho más atractiva teniendo en cuenta el lenguaje rudo, desenfadado y provocador que emplea Salinger a lo largo de la novela. Otro rasgo que llama la atención pero que si no te acostumbras puede parecer enervante, es el limitado vocabulario del que hace gala Holden. A lo largo de los capítulos no dejarás de encontrarte expresiones del tipo "tío", "jo", "por el amor de Dios", "falso" y el siempre crispante "y eso". Aunque por debajo de sus expresiones vulgares y su absoluta incapacidad para exponer sus ideas de forma ordenada, se esconde una personalidad simplemente arrolladora. Crítico, contradictorio, mentiroso, apasionado, impulsivo, solitario, melancólico, Holden Caulfield muestra un manifiesto desprecio hacia el sistema y sus rígidas reglas, imitando patrones de conducta que él mismo repudia. Por otro lado, el protagonista de El guardián entre en el centeno muestra una completa devoción hacia sus hermanos y hacia los niños pequeños en general, tratando por todos los medios de proteger esa inocencia infantil que él está empezando a perder.
     Descubrir el porqué del título, inspirado en un poema de Robert Burns que guarda relación con algunos temas tratados en la obra de Salinger, ha sido todo un acontecimiento, pues una de las cosas que más me han gustado de la novela es la gran cantidad de simbolismos relacionados con el paso del tiempo, las responsabilidades del mundo adulto y el drama de hacerse mayor que en ella aparecen. Es cierto que pudiera ser difícil acostumbrarse al particular estilo narrativo de Salinger y que en más de una ocasión te entren ganas de abofetear al protagonista, pero El guardián entre el centeno me ha parecido en definitiva una novela deliciosa, de aprendizaje, una suerte de manual donde cada página encierra lecciones maravillosas, una historia para reflexionar largas horas, un libro con cuyo protagonista resulta prácticamente imposible no sentirse identificado. Por estas y muchas otras cosas, está claro que su encumbrada posición dentro de la cultura popular está más que justificada. Aunque si la has leído y no te ha gustado (puede que incluso la odies), no te sientas como un bicho raro. Después de todo, quizá lo peor de la novela sea la desmesurada leyenda que le precede. 

Puntuación

El guardián entre el centeno



Especial Clásicos #4: J.D. Salinger

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuando Jerome David Salinger cumplió su sueño de ser escritor, poco podría imaginarse él en aquella época la fama que lograría obtener con sus escritos ni la repercusión que tendrían sus novelas incluso muchos años después de ser publicadas. Salinger ha conseguido con su fiel retrato de la sociedad en la que vivía convertirse en la voz de muchos jóvenes descontentos, inadaptados o incomprendidos que lejos de buscar una explicación del mundo que les rodea, buscan primero una explicación de sí mismos. 

Jerome era hijo de Solomon Salinger, director de una empresa que se dedicaba a la importación de carnes y quesos europeos, y de Marie Jillich, de ascendencia alemana. Cuando Salinger nació su familia ya tenía una posición acomodada y a pesar de la gran depresión de 1929, se trasladaron en 1932 a un lujoso apartamento de Manhattan. Su no muy brillante expediente académico hizo que sus padres lo internaran en 1934 en la Academia Militar Valley Forge, donde se graduó en 1936. En otoño de ese mismo año se matriculó en la Universidad de Nueva York para estudiar arte y, tras un semestre sin demasiado provecho, su padre le ofreció viajar a Europa para aprender idiomas e iniciarse en el negocio de la importación. En unos momentos de extrema tensión en Europa pasó casi un año entre Austria y Polonia. En Viena vivió con una familia judía, que muy probablemente no sobrevivió al Holocausto, y con cuya hija, a la cual le dedicó en 1947 el relato A girl I knew, mantuvo el primer romance serio del que se tengan noticias. Sus primeros intentos de publicar un relato no salieron demasiado bien, así que Salinger decidió intentarlo con historias más convencionales; había estallado la Segunda Guerra Mundial y escribió The hang of it, glosando las virtudes de la vida militar.

El 7 de diciembre de 1941 Japón atacó Pearl Harbor provocando la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Salinger se alistó en el ejército en abril de 1942 y después de ser destinado a funciones que le resultaron frustrantes, sus previos conocimientos de francés y alemán añadidos a su experiencia europea hicieron que lo reclutara el servicio de contraespionaje militar. Al finalizar la guerra, sus experiencias en el campo de batalla le habían impactado profundamente y, posiblemente afectado por lo que hoy se denomina estrés postraumático, solicitó voluntariamente tratamiento y fue ingresado en julio en un hospital de Nuremberg. Es muy probable que también visitase Viena para encontrar a la familia con la que había vivido hace unos años solo para descubrir que todos, incluida la hija de la que se había enamorado, habían muerto en campos de concentración. La huella emocional que le dejaron estos hechos se percibe en algunos de sus relatos, especialmente Un día perfecto para el pez plátano, sobre un ex soldado suicida, y también Para Esmé, con amor y sordidez, narrado por un soldado traumatizado.

The Catcher in the Rye, conocida en castellano como El cazador oculto en 1961 y como El guardián entre el centeno a partir de 1978, fue su primera novela corta. Fue publicada en 1951 y se hizo muy popular entre los críticos y jóvenes. Es, por otro lado, una novela que ha sido curiosamente citada como favorita por algunos asesinos en serie y otros inadaptados. Posteriormente, Salinger publicó las colecciones de relatos Nine Stories en 1953; Franny y Zooey, en 1961; y en 1963 una colección de novelas cortas Raise High the Roof Beam, Carpenters y Seymour: An introduction, protagonizados por la disfuncional familia Glass. Las mentes ágiles y poderosas de hombres perturbados y la capacidad redentora que los niños tienen en las vidas de estos es uno de los temas principales de las obras de Salinger.

¡Que te doy!
Después de haber obtenido la fama y la notoriedad con El guardián entre el centeno, Salinger se convirtió en un eremita, apartándose del mundo exterior y protegiendo al máximo su privacidad. Intentó por todos los medios escapar de la exposición al público y de la atención del mismo. Cuando supo de la intención del escritor británico Ian Hamilton de publicar una biografía que incluía cartas que Salinger había escrito a amigos y a otros escritores, Salinger interpuso una demanda para detener la publicación del libro. Uno de los resultados no intencionados de este juicio fue que muchos de los detalles de la vida privada de Salinger salieron a la luz pública a través de las  transcripciones del juzgado. Finalmente, falleció de muerte natural el 27 de enero de 2010, pero su producción literaria y la incontestable influencia de sus obras en las vidas de mucha gente le han ganado un importante puesto en la historia de la literatura. Que no es poco.

«Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida.»



Ilustración de Holden Caulfield

Reseña "Nada"

viernes, 25 de mayo de 2012

Hace mucho tiempo que quería leer esta novela, pero por un motivo u otro, al final siempre acababa dejándola de lado. Ahora, gracias al Reto 10 Clásicos en el que estoy inmerso, por fin se me ha presentado una oportunidad perfecta para saciar mi apetito lector y al mismo tiempo disfrutar de un buen compendio de literatura proveniente de otras épocas. Al principio tenía miedo de no poder estar a la altura de lo que este reto exige, acostumbrado como estaba a los típicos best-sellers que se devoran en un par de días pero que no dejan ningún tipo de huella en nuestra biblioteca personal ni gozan del espíritu crítico y de crecimiento interior que sí vemos perfectamente reflejado en otro tipo de novelas más cercanas al perfil de lector casual. Sin embargo, a día de hoy no puedo estar más que satisfecho con la elección de los títulos pertenecientes a este desafío. Lejos de resultar aburridos, arcaicos o anticuados, he descubierto que el ser humano sigue teniendo los mismos problemas y las mismas inquietudes (salvando las distancias, claro) que hace 20, 50 o 100 años, y que lo único que cambia con el paso del tiempo es, quizá, la forma de narrarlos.

Título: Nada
Autor: Carmen Laforet
Año de publicación: 2010 (1944 en la ed. original)
Género: Novela, clásicos
Editorial: Austral
Páginas: 304
PVP: 7.95
ISBN: 9788423342792

Sinopsis

Andrea llega a Barcelona para estudiar Letras. Sus ilusiones chocan, inmediatamente, con el ambiente de tensión y emociones violentas que reina en casa de su abuela. Andrea relata el constante entre este sórdido microcosmos familiar -pobado de seres heridos y violentos- y la frágil cordialidad de sus relaciones universitarias, centradas en la bella y luminosa Ena. Finalmente, los dos mundos se encuentran y chocan con violencia.

"¡Cuántos días inútiles! Días llenos de historias, demasiadas historias turbias. Historias incompletas, apenas iniciadas e hinchadas ya como una vieja madera a la intemperie. Historias demasiado oscuras para mí. Su olor, que era el podrido olor de mi casa, me causaba cierta náusea... Y sin embargo, habían llegado a constituir el único interés de mi vida."

Opinión

Pocas veces había leído un libro que se pareciera en lo más mínimo a este que acabo de terminar. Haciendo honor a su nombre, podríamos decir que a lo largo de sus 200 y pico páginas no ocurre absolutamente nada en la casa de la calle Aribau. Con esto no quiero decir que el libro se aburrido, ni mucho menos. La joven protagonista de esta historia es Andrea, una adolescente que acaba de llegar a Barcelona después de haber pasado una temporada en un pueblo en compañía de su familia materna y que ahora se dispone a iniciar su andadura universitaria. Mientras tanto, Andrea se aloja con la familia de su padre, una serie de extraños personajes consumidos por los horrores de la guerra que ahora viven inmersos en una densa capa de rencor, desconfianza e ira.
    Su abuela es una mujer que carga con demasiados años a sus espaldas y cuya voluntad se halla totalmente anulada por el carácter díscolo de sus hijos, la tía Angustias parece perseguir un único objetivo: amargar la existencia de cuantos la rodean a base de regañinas. Los tíos de Andrea, Juan y Román, no podrían ser más diferentes entre sí: el primero sufre constantes accesos de ira, dirigidos principalmente a su mujer y a su hijo, que mantienen en vilo al resto de la casa. Román, sin embargo, es un ex-soldado poseedor de una vena artística bastante bien desarrollada, un bohemio atormentado que en sus ratos libres, cuando no está de viaje Dios sabe dónde, se dedica a pintar cuadros o a tocar el piano. A pesar de sus contrastes, tanto Juan como Román son dos seres atormentadas por un pasado en común, sostenido en precario equilibrio, continuamente amenazando con derrumbarse sobre los habitantes de la calle Aribau.

"«Si aquella noche —pensaba yo— se hubiera acabado el mundo o se hubiera muerto uno de ellos, su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo.» Así suele suceder en las novelas, en las películas, pero no en la vida... Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace..."

En contraposición al tragicómico mundo familiar, Andrea nos irá contando sus primeras experiencias como alumna universitaria, un mundo diametralmente opuesto a aquel al que está acostumbrada, pero igual de fascinante. Muy pronto trabará amistad con Ena, una chica perteneciente a la clase alta de la sociedad barcelonesa, por la que Andrea comienza a cultivar una poderosa admiración. A partir de ese momento, seremos testigos de cómo los dos mundos en los que se ha zambullido Andrea se van entrelazando mágicamente, dando pie a una serie de conflictos que harán sacudir los sentimientos más arraigados de la joven estudiante. Como ya he dicho al principio, Nada es una novela en la que la acción brilla por su ausencia. Todo se reduce a al transcurrir constante de los días, y mientras vamos pasando las páginas, lo único que encontramos en ellas son hechos cotidianos (con alguna que otra excepción) acompañados de las interesantes reflexiones de Andrea.
     Lejos de parecer un tostonazo sin parangón, Nada se caracteriza por hacer alarde de una narración pausada pero absorbente, un ritmo constante, una prosa enigmática y bella que te mantendrá pegado a la historia aunque tú no quieras. De hecho, durante la lectura de Nada me he encontrado con varios momentos intrascendentes a más no poder, pero la increíble forma que tiene Laforet de transmitir las vivencias de Andrea, el magistral uso que hace del lenguaje y la pasmosa habilidad para hilar unas palabras con otras, hacen que no puedas abandonar la lectura. Ciertamente, potenciar la calidad narrativa en detrimento del argumento es un arma de doble filo. Habrá gente a la que las frases, en ocasiones tan recargadas, les suponga una distracción, mientras que a otros les parecerá un importante aliciente para suplir la falta de acción.

"Bajé las escaleras, despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada."

Mención aparte merece el espectacular personaje de Andrea. Carmen Laforet ha elaborado una personalidad tan compleja, contradictoria y cargada de los sentimientos encontrados propios de la adolescencia, que no pocos pensamos en el carácter autobiográfico de la protagonista. Me atrevería a pensar que las correrías de Andrea en Barcelona podrían estar cimentadas en la propia experiencia de Laforet, lo cual no deja de ser una mera suposición. El resto encontraréis en Andrea una chica peculiar,  libre, rebosante de vitalidad y cargada de los sueños que a todos nos acompañan en la juventud. A pesar de su ritmo irregular y de las frecuentes diatribas de los personajes, la lectura de Nada ha significado para mí una experiencia enriquecedora, completamente recomendable para todo aquel que quiera perderse en los ajetreos de las vidas ajenas. En Nada encontrarás una novela inolvidable, marcada por una protagonista en la que todos nos podemos ver reflejados, una historia de la que se pueden extraer lecciones vitales sin morir del aburrimiento, todo un clásico de la literatura de posguerra que destila calidad y melancolía por los cuatro costados. Un libro en el que, por primera vez, nada significa todo.

Puntuación

4/5

Conmovedora

Especial Clásicos #3: Carmen Laforet

miércoles, 23 de mayo de 2012

Aunque ya han pasado más de 70 años, uno de los episodios más trágicos y trascendentes de la historia española, cuyas terribles consecuencias se prolongaron durante varios años más, aún perdura en la memoria de muchos supervivientes marcados por tan desgarradora huella. La Guerra Civil que dividió nuestro país, aquella que devastó ciudades y almas, que cambió el destino de toda una nación, siempre ha sido un terreno bastante bien cultivado en cuanto a literatura se refiere, sustentado casi siempre en los innumerables testimonios de aquellos que tuvieron el dudoso honor de vivir en esa época. Relegadas a un desmerecido segundo plano quedaron las historias de muchas mujeres que, a pesar de no haber portado un arma en su vida, lucharon  por sus ideales desde la oscuridad del olvido, con la fiereza, el coraje y la desesperación de quien siente miedo por su vida. Nuestra protagonista de hoy, la escritora catalana Carmen Laforet, solo tenía 14 años de edad cuando estalló la Guerra Civil en España, pero aun no siendo más que una joven soñadora recién salida de la adolescencia, con la cabeza repleta del frescor y la vivacidad que la acompañaban, supo reflejar de manera excepcional el estado en el que se sumió una ciudad como Barcelona (al igual que tantas otras) tras semejante oleada de sufrimiento y destrucción.

Nacida en Barcelona el día 6 de septiembre de 1921, cuando tenía dos años de edad su familia se trasladó a vivir a la isla de Gran Canaria (Islas Canarias), y allí transcurrió su infancia y adolescencia. A los 18 años, justo al acabar la guerra civil española volvió a Barcelona a casa de sus abuelos y allí empezó a estudiar la carrera de Filosofía y Letras. Tres años más tarde se trasladó a Madrid donde en unos meses escribiría Nada que, aunque no es una novela estrictamente autobiográfica, es el fruto de sus experiencias en esos años. Cuando escribió Nada, que obtuvo el primer Premio Nadal, tenía 22 años y el éxito que obtuvo en plena juventud marcó su carrera de escritora. Nada fue considerada la mejor novela española contemporánea y el libro más vendido del momento. Recibió también el Premio Fastenrath, de la Real Academia de la Lengua Española en 1948, y el conjunto de elogios que incluía artículos firmados por Juan Ramón Jiménez, Ramón Sender,  Azorín, y otros intelectuales de la época demuestran el impacto que dentro y fuera de nuestras fronteras tuvo la publicación de un libro que revolucionó el panorama literario de la posguerra española. Actualmente Nada está considerado como un clásico, se reedita de manera continua, es estudiada en los departamentos de español de todo el mundo, ha sido traducida a numerosos países y le ha asegurado a Carmen Laforet un puesto de honor en la historia de la narrativa española.

Cuando se habla de Carmen Laforet siempre se destacan tres cosas: es la autora de Nada, recibió el prestigioso premio Nadal e inmediatamente se hace alusión al silencio en el que culminó su carrera de escritora. Pero si bien es cierto que Laforet se retiró voluntariamente del mundo literario, de sus envidias, enemistades y rencillas, y que se la puede considerar una escritora poco prolífica, publicó otras excelentes novelas: en 1952  apareció La isla y los demonios, que tiene como protagonista a una adolescente, Marta Camino, basándose en su propia experiencia juvenil en Las Palmas de Gran Canaria. La mujer nueva (1955) que ganó el Premio Menorca de Novela de 1955 y el Premio Nacional de Literatura de 1956, narra la aventura espiritual de la protagonista y su conversión al catolicismo. En 1963 publicó La insolación. Esta última novela formaba parte de una triología Tres pasos fuera del tiempo que no llegó a completarse. El segundo tomo Al volver la esquina, que ella no se había decidido a publicar, se editó póstumamente en el año 2004. Escribió además, siete novelas cortas, veintidós cuentos, narraciones de viaje e innumerables artículos para periódicos y revistas.

Carmen Laforet se casó en 1946 con el periodista y crítico literario Manuel Cerezales con el que tuvo cinco hijos, aunque el matrimonio se separó en 1970. En 2003 se publicó Puedo contar contigo, que contiene la relación epistolar entre Carmen Laforet y el escritor Ramón J. Sender, un total de 76 cartas en las que la escritora le cuenta sobre su vida familiar, los hijos, sus dificultades de ser y escribir como mujer, la inseguridad frente a su obra de la que se muestra muy crítica.
Su paulatino distanciamiento de la vida pública se aceleró debido a una enfermedad degenerativa que afectaba a la memoria y que la dejo sin habla en los últimos años de su vida, hasta que finalmente Carmen Laforet murió en Madrid el 28 de febrero de 2004. Su legado literario no es muy extenso, pero la prodigiosa calidad con la que narraba sus obras la catapultó inmediatamente a la fama. Ahora sus historias  permanecen en las estanterías de mucha gente para recordar al mundo que, aunque Carmen acabó perdiendo tristemente sus recuerdos, su talento jamás desaparecerá en el olvido.

"Todo aquello que un novelista vive o siente, servirá de combustible para la hoguera insaciable que es su mundo de ficción."

Reseña "1984"

sábado, 21 de abril de 2012

1984. El año en el que pudimos jugar por primer vez al Tetris, ver Terminator y Karate Kid en el cine, escuchar el Like a Virgin de Madonna en la radio y asistir al funeral de Truman Capote o al nacimiento de Scarlett Johansson. En 1984 Brunéi obtuvo su independencia definitiva, EE.UU. y el Vaticano reanudaron sus relaciones diplomáticas, Svetlana Savitskaya se convirtió en la primera mujer en dar un paseo espacial y se celebraron los Juegos del Hambre Olímpicos de Los Ángeles. Sin duda alguna el año 1984 estuvo cargado de acontecimientos importantes en prácticamente todos los campos, pero cuando hablamos de literatura, este año adquiere un significado muy especial. 1984 es la última y más impactante obra del escritor británico George Orwell, quien harto del imperialismo del que hacía ostentación su país, las guerras que sacudieron la primera mitad del siglo XX y la difusión del totalitarismo por gran parte del mapa europeo, vaticinó con casi 40 años de antelación un futuro tétrico y regido por un estado absoluto en el que la sociedad ha perdido toda capacidad para gobernarse a sí misma.

Título: 1984
Autor: George Orwell
Año de publicación: 2010 (1949 en la ed. original)
Género: Novela, distopía
Editorial: Austral
Páginas: 370
PVP: 7.95
ISBN: 9788423342310

Sinopsis

Londres, 1984: Winston Smith decide rebelarse contra un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento. Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O'Brien. Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O'Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas del siglo XX. 

"No creo que podamos cambiar el curso de los acontecimientos mientras vivamos. Pero es posible que se creen algunos centros de resistencia,[...] de modo que la generación siguiente pueda recoger la antorcha y continuar nuestra obra."

Opinión

Hacer la reseña de un libro como 1984 es poco menos que una hazaña. El libro trata temas tan diversos, de una manera tan atractiva y profunda, que si quisiéramos hacer un estudio más o menos completo de la novela, tendríamos material como para escribir otro libro de la misma extensión. Sin embargo, el tema central sobre el que gira esta fantástica obra se puede observar a simple vista: nos encontramos en 1984, inmersos en un mundo consumido por las constantes guerras entre las 3 superpotencias que dominan el mapa: Eurasia, Oceanía y Asia Oriental. Winston Smith es un funcionario que trabaja en uno de los Ministerios en los que se divide el gobierno de Londres y que sirven para obedecer la voluntad del Partido, organismo que rige todo aspecto de la sociedad creada por Orwell. A medida que avanzan los días, Winston está cada vez menos convencido de la efectividad y el buen hacer del Partido, así que decide rebelarse contra un gobierno cuyo único objetivo es adoctrinar a sus ciudadanos, eliminar cualquier rastro de pensamiento racional y suprimir las libertades del individuo. Sin embargo, la rebelión parece ser un acto condenado al fracaso desde su mismo comienzo, pues el Partido tiene instaladas en cada casa, en las calles, y en los centros de entretenimiento una serie de telepantallas a través de las cuales vigilan a la población, asegurándose de que nada ni nadie pueda interferir en sus fraudulentas actividades.

"El verdadero poder, el poder por el que tenemos que luchar día y noche, no es poder sobre las cosas, sino sobre los hombres."

Además de las telepantallas, el Partido se sirve de otras instituciones emblemáticas para someter la voluntad de los ciudadanos, como por el ejemplo el Gran Hermano, un personaje cuyo rostro severo empapela los rincones de Londres y está impreso hasta en el reverso de los billetes y las monedas, un ser que inspira temor pero que la gente se ve obligada a amar, un ente que te persigue con la mirada allá donde vayas, haciéndote recordar de manera permanente que todos y cada uno de tus movimientos son registrados por las más altas autoridades. Por si no fuera suficiente, también existe lo que Orwell denomina en su libro, la Policía del Pensamiento, un cuerpo de seguridad que detiene a todo aquel que comete un delito con sus pensamientos revolucionarios. Como se puede comprobar, en 1984 no se puede dar un paso sin el consentimiento del Partido: la única esperanza para los desobedientes y los inconformistas es una organización secreta y hermética llamada la Hermandad, que reúne a los principales líderes de la oposición y que presuntamente lucha desde el más absoluto anonimato para frenar las pretensiones totalitaristas del estado y derrocar al gobierno actual.
     Durante los Dos Minutos de Odio, un evento que se organiza con regularidad y que sirve para desatar los instintos más bajos del ciudadano hacia sus enemigos en la guerra, Winston conoce a O'Brien, un hombre enigmático que le servirá para ponerse en contacto con la Hermandad. Días después conoce a Julia, una joven que también trabaja para el Ministerio, en otro de sus departamentos, y que siente una repulsión parecida hacia todo lo que tenga que ver con el gobierno. En el mismo instante en que se conocen, ambos experimentan una repentina e incontrolable atracción, un impulso impropio de una sociedad donde los sentimientos son reprimidos y el deseo carnal fuertemente castigado. La novela de Orwell no cuenta nada más que con estos pocos personajes principales, pero el escritor ha sabido imprimirles una personalidad arrebatadora. Los diálogos son más bien escasos hasta la parte final de la novela, pues la historia se desarrolla principalmente a través de las cavilaciones del propio Winston. A pesar de ello, los diálogos están muy bien cuidados, son coherentes, necesarios y están dotados de interesantes reflexiones.

"-¿Por qué brindaremos esta vez? -dijo, sin perder su tono irónico-. ¿Por el despiste de la Policía del Pensamiento?¿Por la muerte del Gran Hermano?¿Por la humanidad?¿Por el futuro?-Por el pasado -dijo Winston.-Sí, el pasado es más importante."

Muy pocas cosas se le pueden reprochar a 1984. Desde su primera página, Orwell te absorbe con una prosa sencilla pero efectiva, y en algunas ocasiones el propio protagonista incluye el tratamiento de "usted", haciendo que el lector se vea aún más envuelto en esta magnífica narración. Lo único que parece ponerle una nota triste a la lectura de 1984 es que en ocasiones se hace algo repetitivo, insistiendo en conceptos que ya se han explicado con anterioridad. Además, hay un capítulo en el que se explican los principios fundamentales del Ingsoc (Inglés Socialismo) que se me ha hecho un poco denso, una lectura que requiere de toda tu atención si no quieres perder el hilo de lo que se está contando.
     Sin embargo, 1984 me ha parecido un libro absolutamente imprescindible, una historia a la que le tenía muchísimas ganas por su buena fama y al mismo tiempo muchísimo miedo por si me defraudaba después de tantas expectativas o por si la carga ideológica que contenía llegaba a ser abrumadora. Finalmente nada de esto ha ocurrido y sólo me queda confirmar 1984 como una de las mejores novelas que he leído últimamente y de la que cualquier persona a la que le guste leer, es capaz de disfrutar. Como bien se dice, la variedad de lecturas que se pueden hacer de 1984 es prácticamente infinita, incluso a día de hoy gran cantidad de lectores como yo siguen asombrándose ante semejante derroche de calidad, convirtiendo este libro en una fuente inagotable de discusión y debate. Lo que para Orwell era un futuro turbio y desolador allá por los años 40, es para nosotros un pasado distante que por fortuna no llegó a cumplir las predicciones del escritor. Nosotros no vivimos controlados por nuestro gobierno, no hay cámaras de seguridad vigilando las calles, no existe el Gran Hermano, los países no se alzan en guerra unos contra otros, la gente no trata de rebelarse contra la autoridad ni la clase política se regodea de los padecimientos ajenos. ¿O sí?

Puntuación

1984


Impresionante

 
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