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Dan Simmons - Hyperion

jueves, 11 de febrero de 2016


► Título original: Hyperion
► Serie: Los Cantos de Hyperion, #1
► Traducción: Carlos Gardini
► Año de publicación: 1989
► Editorial: Ediciones B
► Páginas: 648



Si bien mi primer contacto con la obra de Dan Simmons fue bastante sorprendente y satisfactorio, nada en dicha lectura hacía presagiar, desde luego, que Hyperion iba a suponer semejante chute de epicidad literaria. Al igual que lo fueron, en su momento, la saga de la Fundación de Asimov o el ciclo de novelas protagonizadas por Ender, los Cantos de Hyperion supone uno de esos pilares fundamentales de la ciencia ficción que cualquier aficionado a dicho género (o que crea serlo sin haberse sumergido en la historia que aquí narra Simmons) debería tachar lo antes posible de su lista de lecturas pendientes.

No, no exagero. Todo aspecto de esta novela hace justicia a las magnitudes que en ella se manejan. Por mucho que suene a tópico, Simmons nos atrapa desde la primera páginas con una historia ambiciosa, absorbente y absolutamente trepidante que cautiva, como no tardamos en descubrir, por la enormidad de su calibre. El escenario, un planeta moribundo y distante que se ha convertido en el centro estratégico de distintas facciones interestelares en guerra, entre las que se encuentran una raza de humanos modificados genéticamente para soportar condiciones extremas y una alianza compuesta por inteligencias artificiales que conspiran secretamente en favor de intereses desconocidos. Y en mitad de esta situación límite, un variopinto grupo de siete peregrinos se disponen a desembarcar en Hyperion, epicentro del conflicto, con el objetivo de poner en marcha un antiguo rito religioso que los llevará hasta el Alcaudón, temible y misteriosa criatura legendaria que es venerada por muchos como un auténtico dios.

Las palabras encauzan nuestros pensamientos hacia infinitas sendas de autoengaño, y el hecho de que pasemos la mayor parte de nuestra vida mental en mansiones cerebrales construidas con palabras insinúa que carecemos de la objetividad necesaria para comprender la terrible distorsión de la realidad que provoca el lenguaje.

Una de los rasgos más interesantes de Hyperion reside en que su desarrollo es, por definirlo de alguna manera, retrospectivo. Entre el principio y el final de la novela apenas ocurren acontecimientos significativos. Sin embargo, las historias que se esconden tras cada personaje, que por turnos ellos mismos nos van contando y explican, en gran medida, los motivos de su peregrinaje, constituyen el núcleo narrativo más apasionante, sólido y mejor estructurado que he tenido la oportunidad de leer en mucho tiempo. Como en el Decamerón o Los cuentos de Canterbury, cada capítulo de la novela se centra en un único individuo y adopta el estilo y tono característicos de quien los protagoniza, ya sea un sacerdote que relata en sus diarios su estancia entre los miembros de una comunidad salvaje, un soldado que cae víctima de un apasionado romance con una mujer aparentemente irreal o un poeta camorrista que es capaz de despertar poderosas e inexplicables fuerzas a través de su obra.

Pero no todo queda ahí. La intertextualidad de esta novela alcanza cotas realmente impresionantes en lo que parece ser por parte de Dan Simmons una especie de homenaje a la literatura universal, y a la obra de John Keats en particular. Esta cualidad de Hyperion no solo se percibe en sus similitudes con otras corrientes y estructuras narrativas previas, sino en la asombrosa y detallada construcción de un universo fascinante, complejo, cautivador y con una personalidad inconfundible que se va expandiendo a un ritmo casi exponencial con cada nuevo relato que nos ofrecen sus protagonistas. Aunque cada línea argumental funciona como una entidad independiente, la visión que nos ofrecen sobre el futuro de la humanidad, las organizaciones políticas y religiosas que la gobiernan o sus expectativas de supervivencia frente a otras especies con las que cohabitan se aprecia mucho mejor en forma de conjunto. 

A lo largo de sus más de 600 páginas, Simmons no para de emocionar, sorprender y estimular la imaginación del lector gracias a la elevada componente especulativa de la que, como buena obra de ciencia ficción, Hyperion presume, y que no solo se centra en colonización de otros espacios y viajecitos a la velocidad de la luz, sino en complicados conceptos que involucran interesantes paradojas temporales, lógicas e incluso biológicas. Sin duda, el escritor norteamericano ha diseñado una obra sencillamente magistral, contundente, poliédrica, intrigante y cuyo ritmo coge desde la primera página una pronunciada curva ascendente hasta desembocar en un frustrante coitus interruptus, imposible de digerir si no tienes el segundo tomo bien a mano (cosa que, por suerte, a mí no me ocurre). En definitiva, Hyperion es, por méritos propios, una obra capital dentro del género y una de las que más me han gustado en lo que llevamos de año. Y ahora que Nova las ha reeditado en muy alta calidad con las cubiertas originales, tenéis una oportunidad de oro para sumergiros —de nuevo o por primera vez— en esta espectacular saga.



Reseña "Medio rey"

martes, 26 de mayo de 2015

► Título: Medio rey
► Autor: Joe Abercrombie
► Saga: El Mar Quebrado #1
► Año: 2015
► Editorial: Fantascy
► Páginas: 384
► Precio: 18.90 €

Yarvi, el hijo menor del rey, nació con una malformación en una mano que ha llevado a todo el mundo a considerarlo «medio hombre». Por eso, en lugar de convertirse en guerrero como los demás varones de su estirpe, se ha dedicado a estudiar los secretos de la Clerecía. En la víspera de la última prueba, llega la noticia de que su padre y su hermano han sido asesinados, por lo que él es el nuevo rey.
Pero tras una terrible traición a manos de sus seres más queridos, Yarvi se encontrará solo, en un mundo regido por la fuerza física y los corazones fríos. Incapaz de llevar armadura o de levantar un hacha, deberá afilar su mente. Cuando se junta a su alrededor una extraña hermandad de almas perdidas, descubrirá que esos compañeros inesperados tal vez puedan ayudarle a convertirse en el hombre que quiere ser. 


Había mucha expectación por leer en nuestro país lo nuevo de Joe Abercrombie, autor británico surgido de esa nueva ola de escritores que están llamados a renovar el género fantástico. De momento va por buen camino, pues su estilo sangriento e implacable, el alucinante tratamiento que hace de todos sus personajes y ese toque refrescante de fantasía light que imprime a sus historias de corte bélico le han convertido en el principal impulsor (solo por detrás de George RR Martin) de ese subgénero denominado grimdark sea lo que sea eso que tan de moda parece haberse puesto. Sin embargo, este Medio rey con el que Abercrombie pretende aproximarse a un público más juvenil, si bien aglutina las características más reconocibles del autor, se sitúa en realidad muy lejos de otras obras suyas enormemente aclamadas como los tres volúmenes de La Primera Ley, Los Héroes o Tierras rojas. Adiós a la casquería narrativa, los personajes moralmente complejos y las escenas subiditas de tono. Abercrombie pisa el freno y nos ofrece en Medio rey una historia de ambición, traiciones, venganza e intrigas políticas... para toda la familia.

Sin duda, una de las cosas que más me han gustado de esta novela es que no se detiene en prolegómenos ni presentaciones innecesarias. Rápido, directo y al grano, Abercrombie desarrolla el planteamiento de toda la historia en apenas una decena de páginas, sin que por ello parezca precipitado ni uno solo de los movimientos que se producen en los primeros compases del libro. El protagonista, Yarvi, es el hijo menor del rey, un joven marcado por una deformidad congénita que le ha impedido formarse como guerrero y le ha llevado a abrazar en su lugar los preceptos de la Clerecía, ciencia a través de la cual pretende obtener una gran sabiduría. Sin embargo, de repente su padre y su hermano son asesinados y Yarvi pasa a convertirse en el centro de una taimada conspiración que pretende, no solo apartarle del trono, sino también acabar con su vida. Aunque a duras penas, Yarvi logrará sobrevivir a la traición, decidido a partir de ese momento a cobrarse su particular y meditada revancha.

El argumento, es cierto, no es nada del otro mundo, pero nunca ha sido la originalidad de sus historias el punto fuerte de Abercrombie. Más bien, el escritor británico muestra su mejor versión en el esbozo de unos personajes memorables y en la articulación de diversas tramas que confluyen siempre de manera brillante sobre la base de algunos clichés frecuentes en el género, bazas estas que por desgracia no destacan con la suficiente intensidad a lo largo de la novela. Yarvi parece ser el único individuo medianamente interesante que hace acto de presencia en la historia, pues el resto de compañeros que se unen a la causa del derrocado rey no son sino meras comparsas que de vez en cuando le zurran la badana a los malos que van encontrando y cuyas motivaciones para hacer tal o cual cosa no siempre están del todo claras. La trama, por su parte, me ha parecido simplona, lineal y bastante desaprovechada, errores que afortunadamente se solucionan de manera, digamos... sobresaliente en el último tercio de la obra. De hecho, es ese frenético e impredecible tramo final repleto de sorpresas y giros inesperados -pero coherentes- lo que ha salvado a Medio rey de ser calificada por mi parte como 'decepcionante'. 

En líneas generales, el 'debut' de Joe Abercrombie en el ámbito juvenil me ha provocado más reservas que otra cosa. Aún así, no se puede negar que estamos ante una buena novela de aventuras, una historia sencilla, asequible y nada rebuscada, aunque entretenida, con personalidad y dotada de gancho. Está claro que, si la comparamos con otras novelas superventas que compiten por el mismo tipo de público, Medio rey sale ganando por goleada, pero no puedo evitar que me invada cierto sabor agridulce cuando pienso en el increíble potencial que posee Abercrombie para habernos ofrecido una obra mucho más espectacular (como, de hecho, ya tiene). ¿La recomiendo? Sí, por supuesto. Quizá como aperitivo antes de adentrarse en el fascinante, brutal e inmisericorde universo narrativo -el de verdad, el auténtico- de Joe Abercrombie.



Reseña "Los nombres muertos"

viernes, 22 de noviembre de 2013

► Título: Los nombres muertos
► Autor: Jesús Cañadas
► Saga: -
► Año: 2013
► Editorial: Fantascy
► Páginas: 576
► Precio: 18.90 €

En 1919, el escritor Howard Phillips Lovecraft escribió el relato "El Sabueso". En sus páginas se mencionaba por primera vez el Necronomicón, un tomo de magia negra rodeado de una siniestra leyenda.
Doce años después, la viuda de un multimillonario neoyorquino convence a H. P. Lovecraft de que lidere una expedición para encontrar el supuesto libro maldito.
Acompañado de los escritores Frank Belknap Long (Los perros de Tíndalos) y Robert Erwin Howard (Conan), Lovecraft se embarcará en una búsqueda desde su Providence natal hasta el Londres de la moribunda sociedad Golden Dawn o el Berlín de entreguerras, pasando por mortíferos acantilados portugueses o ruinas enterradas bajo la ciudad de Damasco.

Opinión

Dejando a un lado su variopinto y estupendo catálogo, una de las características más admirables del sello Fantascy es que ha decidido apostar por las novelas de producción nacional desde sus mismos inicios, dando un incondicional apoyo tanto a escritores debutantes (véase Concha Perea y su fantástica obra La corte de los espejos) como a otros autores no tan primerizos que siguen engrosando su lista de títulos publicados a golpe de ingenio, virtuosismo narrativo y un gran e innegable talento en el arte de contar historias. Este último caso es el del escritor gaditano Jesús Cañadas, una joven promesa de la ficción española que tras haber colaborado en numerosas revistas y antologías de género y presentar su primera novela en 2011 (titulada El baile de los secretos), regresa en esta ocasión al mundo editorial con una obra titulada Los nombres muertos; una forma realmente fresca, retorcida e impredecible de rendir homenaje a una de las figuras más importantes no solo dentro del género de terror, sino también de la literatura universal.

La casa se desperezaba. Era la última en despertarse del vecindario, y lo hacía al revés que el resto de las casas. Comenzaba por el tejado, como un ligero temblor en la chimenea que habría sido alarmante en otras circunstancias, quizá en otro país. Luego se extendía por los tablones amarillos, longitudinales y gastados algunos, otros remendados a lo largo de los años.

Los nombres muertos, a parte de ser una trepidante historia repleta de aventuras, intriga y criaturas sobrenaturales que escapan a nuestra comprensión, podría decirse que pertenece a ese extraño y todavía no reconocido grupo de novelas protagonizadas por personajes históricos en las que se pretende cancelar parte de la deuda que hemos contraído con ellos a través de sus trabajos y donde en cada página se respira una arrebatadora nostalgia teñida de gratitud. Y es que en la novela de Cañadas nos encontraremos nada más y nada menos que al insigne H.P. Lovecraft y a otros colegas de profesión, como por ejemplo Frank Belknap Long (Los perros de Tíndalos) o Robert Erwin Howard (Conan), enfrascados por encargo de una viuda moribunda en la búsqueda del legendario volumen conocido como el Necronomicón, un supuesto tomo de magia negra que el protagonista de Los nombres muertos conoce a la perfección, ya que fue él quien lo mencionó por primera vez en uno de sus relatos.
      Así pues, a lo largo de la novela nos veremos inmersos en un viaje apasionante y ajetreado a partes iguales que nos llevará por rincones tan dispares del globo como la Providence natal de Lovecraft, Londres, Portugal o Damasco, siempre tras la pista de un libro infame capaz de hacer realidad los más inimaginables horrores. Sin embargo, y aunque pueda parecer algo contradictorio, no es precisamente la trama de la novela y su irregular evolución lo que más me ha gustado de Los nombres muertos. De hecho, si lo comparamos con el extraordinario don de escritura del que aquí hace alarde Jesús Cañadas o con el impresionante elenco de personajes que pululan por todo el libro, nos daremos cuenta de que no brilla tanto el contenido de la novela como la forma que tiene el autor de contarlo.

Es en ese instante cuando la criatura que me tiene preso pronuncia mi nombre. Yo solo puedo levantar la vista hacia ella, y el horror absoluto de reconocer un rostro perteneciente a mi pasado donde antes no había más que negrura solo puede compararse a la sensación que experimento cuando me suelta y caigo, caigo, caigo.

Porque sí, es cierto que la historia de Los nombres muertos está bien formulada y muy bien documentada, entretiene lo suficiente como para querer ir desgranando los distintos hilos argumentales que se van desplegando ante nuestros ojos y la inclusión de diversos puntos de vista es bastante acertada, además de que proporcionan dinamismo, complejidad y solidez al conjunto de la novela. Pero también es cierto que la trama principal de Los nombres muertos para mi gusto no termina de explotar, que no se le saca totalmente partido a los distintos géneros de los que bebe el libro y que me han enamorado mucho más el exquisito estilo de Cañadas, su apabullante dominio del léxico o el enorme carisma que derrochan los personajes, desde un hilarante Lovecraft -al que le sienta como un guante la decisión de apartarlo en ciertas escenas a un plano secundario- hasta la sensacional Sonia Greene, encantadora exmujer del escritor que termina uniéndose a la cruzada literaria de los protagonistas y eclipsando en casi todo momento la participación del resto en la historia.
    En definitiva, Los nombres muertos es una novela que me ha sorprendido mucho a pesar de sus pequeñas deficiencias, es una obra terriblemente oscura, divertida y extravagante que sabe imponerse a otros muchos títulos que se ofertan gracias a su inconfundible sello. Desde luego, la lectura de Los nombres muertos constituye un acercamiento muy interesante a la figura de H.P. Lovecraft que no dejará indiferente a nadie y que ejemplifica de manera perfecta la gran influencia que tuvo su obra a lo largo de las décadas posteriores. Pero sin duda es también un hito fundamental en la carrera de Jesús Cañadas como novelista, una forma absorbente, atrevida y elegante de darse a conocer a un mayor número de personas para dejar bien claro que este autor merece sin más remedio que le deis una oportunidad. Porque si no lo hacéis, Cthulhu vendrá a por vosotros.

Los nombres muertos, Jesús Cañadas


Reseña "Ready Player One"

martes, 1 de octubre de 2013

► Título: Ready Player One
► Autor: Ernest Cline
► Año de publicación: 2011
► Género: Novela, juvenil, aventuras
► Editorial: Ediciones B
► Páginas: 464
► PVP: 18.00 €
► ISBN: 9788466649179

Estamos en el año 2044 y, como el resto de la humanidad, Wade Watts prefiere mil veces el videojuego de OASIS al cada vez más sombrío mundo real. Se asegura que esconde las diabólicas piezas de un rompecabezas cuya resolución conduce a una fortuna incalculable. Las claves del enigma están basadas en la cultura de finales del siglo XX y, durante años, millones de humanos han intentado dar con ellas, sin éxito. De repente, Wade logra resolver el primer rompecabezas del premio, y, a partir de ese momento, debe competir contra miles de jugadores para conseguir el trofeo. La única forma de sobrevivir es ganar; pero para hacerlo tendrá que abandonar su existencia virtual y enfrentarse a la vida y al amor en el mundo real, del que siempre ha intentado escapar. 

Opinión

Mil cosas había oído hablar de este libro, pero ninguna mala. Estamos ante una de esas historias poco frecuentes que en su debido momento te encuentras hasta en la sopa, una novela debut del escritor estadounidense Ernest Cline que consiguió alzarse como uno de los lanzamientos más prometedores de la temporada y que se extendió como la pólvora entre el púbico geek gracias a su arrebatadora apuesta asentada en la subcultura del videojuego y en general todo aquello que hizo de los 80' una década para recordar. De hecho, tras dos años desde su publicación, Ready Player One continúa suscitando el interés del gran público hasta el punto de haber sido escogido por los lectores de este blog como el libro del mes, en una pequeña pero demoledora muestra de lo que el boca a boca, las buenas reseñas y el irresistible encanto de la estética ochentera son capaces de obrar incluso meses después de que esta novela dejara de estar en auge.
     Así pues, comencé esta andadura bastante ilusionado, con las expectativas por las nubes y preparado para experimentar algún tipo de aventura extrasensorial que justificara el disparatado nivel de satisfacción que cosechaba Ready Player One allá por donde pasaba. Sin embargo, después de haber devorado dicha obra en apenas unos días y posteriormente intentar digerir la explosión de sentimientos encontrados que me produjo su lectura, solo me queda encomendarme a los más elevados poderes de la literatura para solicitar amparo y protección ante los proyectiles que me puedan arrojar por decir que, admitámoslo, este libro tampoco es para tanto.

De principio a fin duraba poco más de cinco minutos, y en los días y semanas que siguieron se convertiría en el documento audiovisual más analizado de la historia. [...] Todos los miembros de mi generación llegaríamos a aprendernos de memoria el mensaje de Halliday, de cabo a rabo.

Ready Player One nos traslada al año 2044, a un futuro completamente desolador donde la humanidad pasa las horas evadiéndose de los problemas que la azotan en un paraíso de esparcimiento irreal denominado OASIS, una utopía de ensueño construida a base de cables, circuitos e impulsos eléctricos en la que cada persona tiene la oportunidad de vivir bajo cualquier apariencia una existencia alternativa, repleta de criaturas fantásticas, magia, aventuras y otras posibilidades infinitas. Ahora bien, la repentina muerte sin herederos de James Halliday, uno de los socios fundadores de OASIS, dará comienzo a una trepidante carrera virtual por encontrar el codiciado Huevo de Pascua que se halla oculto en algún lugar de ese mundo ficticio, y de esa manera convertirse en poseedor de la inmensa fortuna del magnate. En medio de esta especie de fiebre colectiva que desatará el anuncio de Halliday, un chico de 18 años llamado Wade Watts se convertirá en el primer jugador de OASIS que logre dar con la primera pista, y por tanto, en una de las personas más perseguidas de toda la red.
      Basta y sobra decir que el primer trabajo de Ernest Cline es sin ninguna duda una propuesta llamativa, fascinante y frenética, pero no es ni de lejos la novela revolucionaria que promete a simple vista. No es el primer libro, cómic, película o cualquier otro producto de entretenimiento que se atreve a explorar el concepto de realidad virtual ni que describe con tanta meticulosidad el abismal universo de los videojuegos, su arrollador impacto en la sociedad y en las relaciones humanas o su más que evidente función de vía escapatoria ante los abrumadores mazazos de realidad a los que nos vemos abocados continuamente. Lo que sí hace Ready Player One realmente bien (y en eso ninguna otra novela es capaz de igualarla) es conjugar los distintos elementos que la componen en una suerte de coctelera pop donde encontraras decenas, cientos de referencias a la música, la filmografía, la parrilla televisiva y el catálogo consolero de la época, influencias que los más nostálgicos disfrutarán, apreciarán y agradecerán en sumo grado, pero que a mí me han resultado un tanto anacrónicas.

En la vida real, yo no era más que un ermitaño antisocial. Un recluso. Un geek pálido y obsesionado con la cultura pop. Un agorafóbico sin amigos, sin contactos humanos. Era solo otra alma triste, perdida y solitaria, que malgastaba su vida en un videojuego mitificado.

Si bien es cierto que las entretenidas correrías virtuales de Wade y su pequeña pandilla de aliados alientan en todo momento a seguir con la lectura, no se puede pasar por alto que el valor literario de la novela queda ensombrecido por un estilo ramplón y repleto de trucos efectistas, una trama demasiado lineal para la cantidad de posibilidades que están a disposición del autor y un conjunto de personajes en general poco definidos. Predecible hasta el hartazgo, superficial, inverosímil, carente de tensión narrativa: Ready Player One no plantea problemática alguna en su desarrollo porque los protagonistas son enciclopedias andantes que lo tienen todo resuelto en cuestión de segundos. Y aun así... a poco que te guste la temática de la novela, con que hayas pasado horas y horas delante del televisor jugando a la videoconsola o echando moneditas en una fluorescente sala de recreativos, de seguro serás capaz de pasar por alto esa larga lista de faltas que tiene la historia y sucumbir sin ningún tipo de complicaciones ante el irreprimible magnetismo de Ready Player One, su cautivadora atmósfera retro y su tan bien logrado bagaje cultural. Y es que Ernest Cline no ha escrito una buena novela: ha escrito una novela guay, una novela nada convencional, una novela dirigida a una clase de público muy concreta. Y si tienes la enorme suerte de pertenecer a ese grupo, estás de enhorabuena. Porque lo vas a pasar en grande.

Puntuación

Ready Player One


Reseña "Los Doce"

lunes, 9 de septiembre de 2013

► Título: Los Doce
► Autor: Justin Cronin
► Año de publicación: 2013
► Género: Novela, misterio, terror
► Editorial: Umbriel
► Páginas: 800
► PVP: 22.00 €
► ISBN: 9788492915316

El mundo ha sido arrasado por hordas de vampiros mutantes y dirigidos por "los doce", los primeros infectados. La humanidad subsiste en enclaves aislados en un planeta que se ha convertido en territorio hostil. Unos pocos personajes intentan, como pueden, sobrevivir en el caos.
Mientras tanto, Amy y sus compañeros siguen combatiendo para salvar lo que queda de la humanidad, sin saber que el enemigo ha evolucionado y que ahora tienen cómplices entre los hombres, decididos a crear un nuevo orden mucho más siniestro que la extinción total. Ahora, la única esperanza es acabar con los doce virales primigenios, los que se infectaron en primer lugar, aunque para eso haya que pagar el precio definitivo.

Opinión

Paciencia. Grandes dosis de esta elevada virtud he tenido que cultivar a lo largo de los tres dolorosos años que han transcurrido de la publicación de El pasaje, impresionante novela post-apocalíptica protagonizada por vampiros creados a partir de un virus bacteriológico que causó un enorme revuelo apenas salió al mercado, que le ha valido a Justin Cronin la expresa recomendación de una figura tan grande dentro del género de terror como es Stephen King y que, por suerte o por desgracia, como lector me marcó para siempre. Así que no esperes encontrar en esta reseña el más mínimo rastro de objetividad literaria. No te fíes si no quieres de mi inmediata exhortación a que dejes cualquier lectura que tengas empezada y salgas corriendo a por un ejemplar de ambas novelas, ni de mi discutible criterio empañado por el traicionero filtro de los sentimientos, pero lo cierto es que Los Doce, segundo capítulo de la trilogía que previsiblemente concluirá el año que viene en The City of Mirrors, es una de las novelas más trepidantes, extraordinarias, imprevisibles y desconcertantes que he tenido el placer de leer en lo que llevamos de año. 

El primero caminará entre vosotros disfrazado de hombre virtuoso, la maldad oculta en su interior; y acontecerá que contraerá una enfermedad y adquirirá la apariencia de un demonio, una apariencia terrible a la mirada. Y será el padre de la destrucción, y le llamarán el Cero.

Al igual que ocurría en El pasaje, los primeros compases de la novela transcurren durante el cataclismo viral que da origen a la práctica desaparición de la especie humana, con la salvedad de que en esta ocasión ya no contamos con el punto de vista de Amy, Wolgast o la hermana Lacey, sino que ahora nos pondremos en la piel de Bernard (El Último Resistente de Denver), un excombatiente militar atrincherado en el ático de un edificio que se hará famoso gracias a los vídeos que cuelga en Internet sobre la catástrofe, de April, una adolescente de carácter fuerte que hará todo lo posible por proteger a su hermano o de Lila, esposa de un prestigioso cardiólogo que a raíz de un ataque sufrido en el hospital parece haber perdido por completo la cordura. Por supuesto, durante este breve episodio inicial no faltarán buenas dosis de acción, apariciones estelares, cambios frenéticos de ritmo, detalles de notable relevancia para la trama futura o revelaciones que te dejarán sencillamente estupefacto, clavado en el sillón con los ojos abiertos como platos.
    Sin duda, parece que Cronin no ha desoído las quejas de quienes le recriminaban a El pasaje un cambio demasiado brusco de escenario en el momento álgido de la primera parte, pues la transición que en este libro tiene lugar entre ambas líneas temporales es mucho más comedida, asequible, extensa en su justa medida y lo suficientemente temprana como para no interrumpir el desarrollo lógico de la historia en el punto de máxima tensión narrativa. Y es que si de algo gusta el escritor afincado en Texas es de infundir angustia e incertidumbre en el lector, a ser posible mediante frases lapidarias, constantes amenazas a tu personaje favorito, intrincadas vueltas de tuerca argumentales y un omnipresente halo de misterio que no hace sino sumergir al lector en un desquiciante mar de perplejidad bajo el que no se haya casi ninguna de las respuestas que plantea Cronin en su novela.

Llegaron, deslizándose desde la oscuridad. Primero uno, y después otro y otro, formando una falange luminosa, acuclillados en el límite de las sombras. Y en su mente oyó las voces, siempre las voces, las voces y la pregunta:
    ¿Quién soy yo?

En líneas generales, Los Doce da continuidad a la mayoría de líneas argumentales que se quedaron colgando de un hilo (y vaya hilo ¿eh?) al final de El pasaje, pero no de forma inmediata, sino cinco años después de lo ocurrido en la primera parte. Los distintos personajes que conformaban el grupo principal de la novela se hallan ahora dispersados por diversos rincones de la geografía estadounidense, en algunos casos siendo sometidos a un sorprendente a la vez que drástico cambio de personalidad, en otros, emprendiendo un extraño proceso de autodescubrimiento o sufriendo los típicos avatares que podrían esperarse de una buena novela coral. En cualquier caso, queda claro que Justin Cronin no ha dejado en este libro lugar al aburrimiento: aunque a veces de forma solapada, en Los Doce están pasando cosas constantemente, sucesos que en ocasiones rozan lo místico y que nos mantendrán en todo momento en un estado de paranoia total, elaborando retorcidas teorías, conspiraciones y posibles cambios de rumbo que pueda tomar la historia cuando menos te lo esperes.
     Sin embargo, lo que realmente hace de Los Doce una obra tan altamente recomendable no solo dentro de su género sino para un tipo muy amplio de público es el rebosante talento narrativo del que hace gala Cronin a lo largo de sus páginas: su estilo exuberante, vibrante, lírico y metafórico, así como el indiscutible tono religioso que adquieren muchas de sus escenas, añaden un potente toque de magnetismo a la obra y contribuyen enormemente a conseguir el carácter épico que pretende imprimir el autor. Los Doce no es una simple novela de vampiros: Justin Cronin realiza una magnífica revisión del clásico mito y además proporciona elementos de su propia cosecha que enriquecen muchísimo la narración. Tampoco estamos ante una novela de supervivencia cualquiera: a través de sus incomparables personajes, la belleza trastornada de los paisajes que en ella se describen o el contexto hermético y militarizado en el que transcurre gran parte del libro, Cronin nos deleita con un estudio minucioso de la naturaleza humana, abarcando temas como la pérdida de fe, el ansia de inmortalidad, la redención o el sacrificio a lo largo de su nada despreciable longitud, sin filosofar demasiado ni descuidar aspectos más terrenales y al mismo tiempo fundamentales como podría ser un simple y emocionante tiroteo. En definitiva, Los Doce me ha parecido una novela sublime, un tanto insatisfactoria a nivel explicativo y desde luego no tan buena como su antecesora, pero sin duda alguna el tipo de experiencia lectora que resulta sumamente memorable y significativa, una continuación muy digna que sirve de aperitivo para el final de una saga sobre la cual ya han recaído todos mis elogios y que se ha alojado en un privilegiado e inamovible lugar de mi corazón. Repito: cualquier atisbo de objetividad es pura coincidencia.

Puntuación

Los Doce


Reseña "El pistolero"

lunes, 1 de octubre de 2012

"El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él". Con esta mítica frase da comienzo una de las obras más importantes dentro de la extensa producción narrativa de Stephen King. El pistolero, originalmente conocido como La hierba del diablo, supone una breve pero intensa introducción a la saga de La Torre Oscura, una colosal heptalogía que a pesar de haberse definido como el Magnum Opus del escritor norteamericano, no ha conseguido calar tan hondo entre el gran público como otras de sus apocalípticas novelas. Quizá sea porque entre unas cosas y otras ha necesitado cerca de treinta años para terminar su gran proyecto literario, pero ahora que al fin las siete novelas que componen el grueso de La Torre Oscura están esperando pacientemente en la estantería, es imposible perderse la oportunidad de adentrarse en este mundo poblado por la incomparable imaginación de King.

Título: El pistolero
Autor: Stephen King
Año de publicación: 1982 (2010)
Género: Novela, aventuras
Editorial: DeBolsillo
Páginas: 304
PVP: 8.95
ISBN: 9788499081984

Sinopsis

En un mundo extrañamente parecido al nuestro Roland Deschain de Gilead persigue a su enemigo, el hombre de negro. Roland, solitario, quizá maldito, anda sin descanso a través de un paisaje triste y abandonado. Conoce a Jake, un chico de Nueva York pero de otro tiempo, y ambos unen sus destinos. Ante ellos están las montañas. Y mucho más allá, la Torre Oscura...

Opinión

Desde que me hice el año pasado con el mastodóntico IT [Eso] -juro que algún día lo volveré a leer y haré la reseña- comprar una novela de Stephen King se ha convertido para mí en un placer absoluto. Y una de las principales razones que me llevan a afirmar tal cosa es que incluso antes de empezar a sumergirte en este particular universo creado por King hay detalles que ya amortizan la compra de sus libros. La Torre Oscura no es solamente una saga de fantasía épica que ha sobrecogido de asombro a miles de lectores por todo el globo, es también un extenso capítulo (tanto como los siete volúmenes que ocupa) de la vida del escritor. Por ello, con motivo de la reedición en 2003 de lo que hoy conocemos como El pistolero, Stephen King dedica en sus primeras páginas un breve y más que interesante prólogo sobre lo que se esconde tras las páginas de la serie, así como algunas experiencias y curiosidades relacionadas con ella. También se nos explican los motivos por los que King consideró oportuno introducir algunos cambios en la primera versión de El pistolero hasta llegar al libro que hoy podemos tener en nuestras manos.
     Sin embargo, lo verdaderamente importante para el público es la historia en sí, y en ese aspecto he de decir que El pistolero es cuando menos, un libro poco común. Todo comienza cuando Roland Deschain, último perteneciente a una legendaria casta de combatientes especializados en la lucha con pistolas, inicia la persecución de un enemigo conocido como el hombre de negro, una persecución de proporciones descomunales a través de lo que en la novela es descrito como "la apoteosis de todos los desiertos". Nos hallamos en un mundo extraño, un mundo que parece haberse "movido", un mundo yermo, desolado, convaleciente, un mundo que se encamina hacia una destrucción inevitable.

"Eres el último aventurero del mundo. El último cruzado. ¡Cómo debe de complacerte eso, Roland! Pero no te imaginas lo cerca que estás de la Torre, ahora, mientras reanudas tu búsqueda. Mundos giran en torno a tu cabeza."

La magnitud de los acontecimientos que describe King a lo largo de la novela se hace palpable en todo momento, esa sensación de aventura épica está más que conseguida gracias a la habilidad que tiene el escritor oriundo de Maine para insertar frases breves, pero cargadas de contenido. El hombre de negro se presupone desde el mismo principio como un poderoso rival, un personaje que ejerce su papel como encarnación del mal de forma espléndida y que a pesar de no pronunciar ni una sola palabra hasta bien entrada la novela, desprende un carisma difícil de contener. A medida que Roland continúa su avance por parajes cada vez más inhóspitos, el hombre de negro parece más inalcanzable y la misión del pistolero va perdiendo su significado. Es entonces cuando Roland cruzará sus pasos con los de Jake, un chico que acaba de aparecer en ese mundo al que pertenece Roland, pero que guarda recuerdos de una vida anterior, en otro tiempo, en otro lugar. A partir de entonces Roland y Jake se convertirán en inseparables y la acción se irá intercalando entre sucesos en el presente, escenas que protagonizó durante la búsqueda del hombre de negro y momentos de su niñez, algunos relativos a su duro aprendizaje como miembro de una estirpe sagrada.
     Lo cierto es que el libro contiene pasajes realmente brillantes, pero para ser sinceros, son pasajes que se ven entorpecidos por la extrema lentitud de su desarrollo. Se nota que Stephen King ha creado un mundo fascinante, complejo y lleno de particularidades que seguramente iremos descubriendo en las próximas entregas de la Torre Oscura, pero para tratarse del primer libro, la cantidad de información nueva que recibe el lector es descomunal. Hay muchos vocablos a los que cuesta encontrarle sentido, muchos nombres de personas y de lugares que en un principio no somos capaces de ubicar. Y por si fuera poco, los constantes cambios de escenario ralentizan el ritmo de la novela, que no es que sea muy trepidante.

"-¿Y el chico? ¿Jake?
-...
-¡Háblame del chico!
-El chico es tu puerta al hombre de negro. El hombre de negro es tu puerta a los tres. Los tres son tu camino a la Torre Oscura."

En definitiva, El pistolero me ha parecido una novela ligeramente inconexa y poco fluida, aunque si hay algo que ayude a mitigar esa sensación casi constante de no saber qué narices estás leyendo es que a parte de ser una historia no muy extensa, está escrita de forma atrayente, adictiva. Abundan los elementos fantásticos y mitológicos, así como alguna que otra referencia bíblica que imprimen aún más fuerza a las aventuras de Roland y de Jake en pos del mago, sirviente y sacerdote que se hace llamar el hombre de negro. En El pistolero encontrarás criaturas extrañas como hombres con cabeza de cuervo, muertos vivientes, oráculos, espíritus malévolos, profecías lapidarias, vestigios de una antigua civilización como puede ser la nuestra y rincones inolvidables que se caracterizan por su misticismo y por su carácter hipnótico, todo ello aderezado con un toque de western post-apocalíptico que resulta irresistible.
   Por otro lado, conforme nos vamos acercando al final de la novela, el ritmo se dispara y los acontecimientos se precipitan de forma imprevisible. El encuentro último con el hombre de negro, a parte de que me pareció lo mejorcito de todo el libro, revelará la auténtica misión de Roland y nos proporcionará pistas sobre la verdadera naturaleza de la Torre Oscura y de lo que esta magnífica saga nos depara a aquellos que quieran continuar con ella. Como ya he dicho antes, a pesar de no ser un comienzo redondo, El pistolero deja entrever un horizonte prometedor, el inicio de una epopeya concebida por King para relacionar muchas de sus otras obras y reunirlas en una sola que de seguro mejorará en próximos capítulos. ¿Cómo acabará este extraordinario periplo protagonizado por el bueno de Roland? Aun no lo sé, pero no dudéis ni por un segundo que llegaré hasta el final para poder contarlo.

Puntuación

El pistolero



 
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