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Haruki Murakami - La ciudad y sus muros inciertos

miércoles, 17 de septiembre de 2025



► Título original: 街とその不確かな壁
► Traducción: Juan Francisco González
► Año: 2023
► Edición: Tusquets Editores (2024)
► Páginas: 576


Hace quince años tuve mi primera cita con Murakami. Él no lo sabe y probablemente nunca será consciente de ello, pero El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas fue un amor a primera vista que alteró para siempre mi química cerebral. Algo sobre unicornios moribundos y ciudades inexpugnables que existen en una realidad alternativa. Aquella novela inclasificable, paradigma de la quintaesencia murakamiana, supuso mi puerta de entrada a un universo literario que no te deja salir una vez te adentras en él. Un cosmos bizarro donde la añoranza y la melancolía tienen el tamaño de nuestro sistema solar y en el que hombres solitarios se precipitan hacia un vacío existencial a la velocidad de la luz.

La ciudad y sus muros inciertos es, en cierta medida, el hermano gemelo literario de aquella obra publicada en 1985. Misma idea, distinto planteamiento. En esta ocasión, el narrador es un joven de diecisiete años tremendamente enamorado de una chica que está convencida de ser solo una sombra; una réplica, una carcasa desprovista de su verdadero yo, que reside en las profundidades de una ciudad amurallada a la que solo se puede acceder abandonando este mundo y pagando un alto peaje. Poco después, su novia desaparece sin dejar rastro y el protagonista, sumido en la más absoluta incertidumbre y una tristeza que solo habita en las novelas de Murakami, emprende una búsqueda que durará décadas con el objetivo de llegar hasta la infame ciudad donde el tiempo no transcurre, los sueños agonizan en cápsulas cristalinas y la chica perdida aguarda la salvación de un amor juvenil que ya no recuerda.

Puede que la última novela de Murakami no sea precisamente un derroche de originalidad, pero lo que sí deja muy claro es que la fórmula patentada por el escritor japonés puede hacer alarde de músculo narrativo. En La ciudad y sus muros inciertos, los elementos habituales en la obra de Murakami adoptan una configuración inédita para construir una historia cautivadora —una suerte de fábula admonitoria— sobre la huella indeleble que pueden dejar en nosotros las pérdidas tempranas. Sobre cómo solemos transitar una versión idealizada del pasado y cómo la ausencia puede anidar en nuestra identidad hasta convertirse en su característica más reconocible. Si eres un nostálgico empedernido, si peinas canas y te sigues aferrando a ese recuerdo o vivencia adolescente, mantente lo más alejado posible de esta novela porque no lo vas a pasar bien. Sí, Haruki Murakami es la criptonita de los que padecen apego ansioso.

Mezclando realidad y fantasía, sueño y vigilia, sin abandonar nunca el filo de la ambigüedad, Murakami confecciona una obra tan enigmática como imaginativa en la que conviven dos líneas temporales como si fueran cabezas de una quimera. El protagonista, ya entrado en la mediana edad, se verá expulsado de la ciudad amurallada tras un tiempo intentando adaptarse a sus inexplicables mecanismos, momento a partir del cual decidirá trasladarse a una localidad remota para trabajar como director de una biblioteca con la esperanza de descifrar el secreto que le permita volver a cruzar la frontera hacia el otro lado.

Repleta de escenas rocambolescas, sucesos inauditos y personajes estrambóticos que se ocultan tras una fachada impenetrable, La ciudad y sus muros inciertos es una oda a la extrañeza de lo cotidiano. A lo extraño como rutina. Una novela pausada y repleta de simbolismos que es capaz de provocar perplejidad y confusión a partes iguales. Vale, es verdad que Haruki Murakami no ha inventado la rueda. Sin embargo, conserva intacta su capacidad para pulsar los botones correctos. Hay algo inusualmente atractivo en su forma de contar cómo se cuece una olla de pasta o se disponen unas tazas de té sobre la mesa. Aquí la magdalena de Proust es un muffin de arándanos. Y en aquella esquina está el espíritu de un anciano con falda dispuesto a desvelarte los misterios del subconsciente humano. Es raro, lo reconozco. Pero funciona. Y no sé explicar por qué. Solo tengo la certeza de que quiero seguir experimentando esos apasionantes acordes de jazz que solo Murakami es capaz de interpretar.


«Quizás sea este uno de los problemas de lo eterno, de lo permanente, que provocan que se pierdan las referencias y el conocimiento de hacia dónde dirigirse. Y, sin embargo, tal vez sea mejor así, a pesar de todo, porque ¿qué valor tiene un amor que no anhela ni pide eternidad?»


★★★☆

Haruki Murakami - Primera persona del singular

lunes, 14 de marzo de 2022



►Título original: Ichininshou tansu
►Traducción: Juan Francisco González Sánchez
►Año: 2020
►Edición:  Tusquets Editores (2021)
►Páginas: 288


Al reencontrarme con Murakami después de tanto tiempo he podido comprobar que el vínculo que se establece con ciertos escritores no se deteriora con el paso de los años. Es entrar en la primera página de Primera persona del singular y reconocer de inmediato una atmósfera sumamente familiar donde lo mismo encuentras sexo raro que un profundo desconcierto vital. Aunque me gusta mucho más el Murakami de larga distancia, he disfrutado las historias que aparecen en esta nueva colección de relatos donde el autor japonés utiliza el narrador en primera persona para difuminar los límites entre realidad y ficción con el sugerente magnetismo que le caracteriza.

Así, en la evocadora y sensual «Áspera piedra, fría almohada», Murakami sienta el tono que dominará toda la colección por medio de una historia en la que el protagonista relata su desconcertante polvo con una escritora de tankas —un tipo de poesía tradicional japonesa—. Murakami aprovecha el encuentro de los cuerpos para reflexionar sobre nuestro concepto de intimidad y de la extraña pero conmovedora conexión que puede establecerse entre dos individuos que coinciden, a veces, de manera tan momentánea como fortuita. En «Flor y nata», lo que en principio parece una cruel broma se transforma en un revelador acertijo. Tirando de su vena más filosófica, Murakami entreteje un enigmático relato en el que el protagonista trata de resolver un problema de difícil solución.

«Charlie Parker Plays Bossa Nova» es una genial demostración del imaginario murakamiano que pone de manifiesto el potencial de la ficción como creador de universos alternativos. A Murakami le basta un inocente arranque de creatividad para catapultarnos al epicentro de un delirio onírico donde el mundo real y el fantástico convergen en forma de singular relato. Otra de las piezas más destacadas de la colección es «Carnaval», en la que Murakami vuelca su gusto por la música de Schumann y se regodea sin tapujos —y sin importarle lo más mínimo las carencias que se le achacan a la hora de retratar a los personajes femeninos— en la extrema fealdad de una mujer que parece ocultar un lado turbio tras una máscara de refinamiento. Cabe mencionar además la simpática «Confesiones de un mono de Shinagawa», en la que un simio parlante admite robar los nombres de las mujeres de las que se enamora, provocando que estas acaben padeciendo esporádicas lagunas mentales.

Ingeniosa, impredecible y de carácter introspectivo, aunque también algo irregular, Primera persona del singular es una buena colección de relatos que bien pudiera constituir la puerta de entrada idónea al particular universo narrativo de Haruki Murakami. Con frecuencia, los personajes de Murakami se ven zarandeados por la incertidumbre, incapaces de dar una explicación sencilla a cuestiones que para el resto de los mortales pudieran parecer más bien peregrinas. Quizá tenga algo que ver la curiosa tiranía de un lenguaje que tiene una palabra para definir la costumbre de apilar por todas partes los libros que no se leen, pero que encuentra dificultades a la hora de expresar todas las tonalidades de la emoción humana. Para llegar ahí, a ese espacio donde algunos escondemos sentimientos que somos incapaces de nombrar, siempre nos quedará Murakami.


«Quedaríamos expuestos a la intemperie de este mundo despiadado si no nos ocultásemos, en parte al menos, bajo el escudo protector de una máscara.»


PUNTUACIÓN: ★★★

Haruki Murakami - La muerte del comendador (Libro 1)

domingo, 7 de octubre de 2018


«Avanzábamos en la vida no solo con lo que teníamos entre las manos o lo que pudiéramos obtener del futuro. También avanzábamos con lo que ya habíamos perdido».


►Título original: Kishidancho Goroshi
►Traducción: Yoko Ogihara, Fernando Cordobés
►Año: 2017
►Editorial: Tusquets
►Páginas: 480


Haruki Murakami ha vuelto. Pero... ¿acaso ha llegado a irse alguna vez? Los chascarrillos que proliferan cada año a cuenta de las quinielas para el Nobel, unido a los incesantes "rescates" a los que se ve sometida su obra, pueden producir la sensación de que el escritor japonés más polarizado de todos los tiempos nunca ha desaparecido completamente de nuestras vidas. La realidad, como vemos, no es algo tan sencillo de dilucidar. A lo largo de su extenso e inconfundible cuerpo narrativo, Murakami lleva ocupándose de emborronar la frontera entre el mundo de los sentidos y el de las fantasías oníricas hasta conseguir que ambos se solapen como dos caras de una misma moneda. Novelas como Kafka en la orilla, After Dark, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas o, muy especialmente, la orwelliana 1Q84 constituyen hitos contemporáneos del cautivador realismo mágico al que Murakami suele arrojar a sus personajes. 

La muerte del comendador es la última incorporación a esta larga lista de novelas que desafían los patrones establecidos de la literatura convencional. Su anónimo protagonista es un afamado retratista de 37 años que se sumerge en una profunda crisis existencial después de que su pareja le pida el divorcio de manera absolutamente inesperada. Sumido en una devastadora espiral de confusión y tristeza, el narrador se embarca en un errático viaje por carretera en dirección al norte del país, donde finalmente se instala en una casa aislada en mitad de las montañas que pertenece al padre de un viejo conocido suyo. El descubrimiento en el interior del desván de un cuadro titulado La muerte del comendador desencadenará una serie de acontecimientos tan perturbadores como inexplicables que llevarán al protagonista a cuestionarse su propia identidad, caracterizada hasta el momento por la falta de propósito y una anodina pasividad.

Así, el protagonista de La muerte del comendador, que sigue obedeciendo una vez más al marcado perfil de sus predecesores, trata de recomponer los pedazos rotos de su vida impartiendo clases de pintura en un centro asociativo y manteniendo esporádicos encuentros sexuales con algunas de sus alumnas. No obstante, cuanto más trata de evadirse de su pasado, marcado por la pérdida de inspiración artística y por la trágica muerte de su hermana pequeña, más fuerza ejercen sobre él las incógnitas que comienzan a erigirse a su alrededor. La revelación del misterio que supone el cuadro, inspirado en la ópera Don Giovanni de Mozart, acciona una serie de engranajes ocultos en la historia que sencillamente resultan imposibles de ignorar. Con estudiada familiaridad, Murakami nos invita a caer por su particular madriguera de conejo hacia una absorbente madeja de hilos narrativos que, en aras del suspense, no parecen alcanzar ninguna conclusión satisfactoria en este primer volumen de La muerte del comendador.

Por suerte, la fascinante y surrealista escenografía murakamiana no se nutre de soluciones coherentes ni explicaciones racionales, sino que se basta a sí misma para despertar el más absoluto sentido de la maravilla. Solo Haruki Murakami es capaz de mezclar ingredientes tan dispares y conseguir que el conjunto adquiera una despampanante y enigmática solidez. Entre la vigilia y el sueño, Murakami traza mediante motivos recurrentes, sí, pero igual de eficaces, un descorazonador boceto de la absurda condición humana contemporánea, donde la incomprensión, la soledad y la alienación monopolizan cualquier intento de conexión con nuestros semejantes. A falta del segundo volumen, que nos llegará traducido al castellano el próximo mes de enero, este primer libro de La muerte del comendador se me antoja como una excepcional oportunidad de regresar al universo literario de Haruki Murakami y disfrutar de una fórmula vigorizada para la que aún nadie ha encontrado sustitución. 

PUNTUACIÓN: ★★★★

Once títulos para dar la bienvenida al otoño

martes, 25 de agosto de 2015

Lo sé. Quizá es un poco pronto para despedir el verano. De hecho, deshacerme de todo aquello que adoro de la época estival es algo que a día de hoy no me corre ninguna prisa. Por mucho que el calor apriete y los cuerpos suden, por muchos inconvenientes que la gente trate de hacerme ver, hay algo dentro de mi organismo que no está preparado para afrontar otro cambio de estación. Sin embargo, la llegada de cada nuevo curso trae consigo una necesaria e igualmente esperada reapertura del mercado editorial. Una prescripción masiva de libros para superar la nostalgia. La rentrée. Y claro, así todo es más fácil de sobrellevar. Por eso, después de haber indagado minuciosamente los círculos literarios que suelo frecuentar, aquí os dejo una pequeña selección con los lanzamientos editoriales más jugosos del próximo trimestre: 


1. Revival, Stephen King

No es ningún secreto que Stephen King es uno de mis autores favoritos. Por eso, tampoco es de extrañar que cada nuevo lanzamiento del escritor norteamericano sea recibido en este blog con una irreprimible oleada de expectación y entusiasmo. En septiembre llega a nuestras librerías uno de sus últimos títulos publicados: Revival, una inquietante historia con un toque sobrenatural que -me atrevería a decir- se aleja un tanto de su línea de terror clásico y ahonda en la relación que se forja a lo largo de las décadas entre un joven fascinado por la electricidad y un pastor religioso que parece guardar oscuros secretos. ¿Hace falta añadir algo más? No, salvo que nada malo puede salir de una fórmula narrativa como esa. Sin duda, me veréis leyéndolo como un poseso en cuanto se ponga a la venta. 



2. Trece monos, César Mallorquí

El sello de Penguin Random House especializado en literatura fantástica y de ciencia ficción se ha marcado una de las mejores portadas que he visto en lo que llevamos de año para recibir el regreso de César Mallorquí al relato corto, faceta que el escritor catalán ha tardado dos décadas en volver a cultivar tras la aclamada publicación en 1995 de El círculo de Jericó. Según nos cuentan desde la propia editorial, en este volumen Mallorquí añade a su ilustrado sentido de la irreverencia una dura mirada a la condición humana, reflexionando con humor y lucidez, a veces entre carcajadas, sobre la decadencia, la muerte o la falta de valores. Solo habrá que esperar un par de semanas para comprobar qué nos depara el nuevo libro de César Mallorquí, pero mi experiencia previa con otras antologías publicadas por Fantascy me dice que Trece monos es un título al que vale la pena seguirle la pista. 



3. Escucha la canción del viento y Pinball 1973, Haruki Murakami

Parece que las sucesivas candidaturas de Haruki Murakami a recibir el Premio Nobel y la apabullante repercusión mediática que generan sus obras han propiciado algo que parecía imposible hasta ahora: la exportación y comercialización masiva de sus primeros (y menos pulidos) títulos. Recogidas en un único volumen, a partir de octubre tendremos la oportunidad de disfrutar en nuestro país las dos primeras novelas del escritor japonés, dos historias estrechamente relacionadas entre sí y en las que ya se aprecian de manera evidente las inconfundibles señas de su identidad literaria. Sin duda, Escucha la canción del viento y Pinball 1973 supondrá un aperitivo idóneo para aligerar la espera ante la publicación de su siguiente novela.



4. Los interesantes, Meg Wolitzer

La colección contemporánea de Alba Editorial es toda una caja de sorpresas. Su último e inesperado trallazo editorial es Los interesantes, una novela ambiciosa y -como su propio nombre indica- de aspecto muy interesante que nos traslada al Nueva York de los años 70 para seguir las vidas de un grupo de jóvenes intelectuales y acomodados, obnubilados por una serie de aspiraciones tan diferentes como elevadas. A lo largo de sus 600 páginas, Meg Wolitzer entreteje las historias de todos estos personajes en un turbulento tapiz repleto de triunfos, fracasos, amores y esperanzas truncadas que pretende ahondar en esa brecha insalvable que separa la realidad de las expectativas que nos formamos sobre ella. Ganas de que llegue septiembre... ¡aumentando!



5. El hilo azul, Anne Tyler

Es muy probable que la nueva novela de Anne Tyler llegue a nuestro país con un pan debajo del brazo, y es que El hilo azul es uno de los títulos candidatos a alzarse el próximo mes de octubre con el prestigioso Man Booker Prize, uno de los premios más importantes que se conceden actualmente en lengua inglesa. Sin embargo, el atractivo de esta novela va mucho más allá de sus numerosas nominaciones a premios internacionales (también fue finalista en la última edición del Baileys Women's Prize): El hilo azul promete sumergirnos en los complicados entresijos de la dinámica familiar de una forma nunca antes vista, combinando con frescura e inteligencia las luces y sombras que arroja cualquier retrato generacional que se precie.  



6. Pequeño fracaso, Gary Shteyngart

La literatura no siempre es un pasatiempo placentero. Cada nuevo libro que pasa por nuestras manos es una invitación urgente a abandonar nuestra zona de confort. Empujar los límites de lo habitual hacia un lugar desconocido. Descubrir, colonizar, aventurarse. En mi caso, el género de no ficción es una asignatura pendiente con la que poco a poco estoy aprendiendo a convivir. Y este Pequeño fracaso, la autobiografía del que es considerado uno de los autores más divertidos de la literatura norteamericana contemporánea, es una piedra con la que no me importaría tropezar una vez que salga a la calle. La historia de cómo un niño judío experimenta con su identidad mientras aprende a desenvolverse en un mundo vertiginoso y repleto de cambios trascendentales es sencillamente un reclamo que no puedo pasar por alto.



7. El primer hombre malo, Miranda July

La novela debut de Miranda July es uno de los fenómenos literarios que más ruido ha generado durante los últimos meses en los ambientes por los que me muevo. Un estremecedor e irreverente manifiesto narrativo que pone sobre la mesa interesantes cuestiones sobre maternidad, identidad de género, feminismo, sexualidad y relaciones interpersonales, todo ello teñido con una peculiar dosis de humor que podría matar del susto a un lector de carácter conservador. De ella dicen que es la novela más incorrecta y extravagante que se ha escrito en mucho tiempo, dos cualidades que automáticamente estimulan mis centros de atención como si fuera un perro hambriento al que le ponen delante una jugosa chuleta. Así que recordad: El primer hombre malo llegará en octubre. No obstante, yo que vosotros iría poniéndole ya la mirilla...



8. Pureza, Jonathan Franzen

Seamos sinceros: Franzen no es el tipo más simpático del barrio. Su -para algunos, discutible- genialidad narrativa a menudo se ve eclipsada por sus polémicas declaraciones y otros menesteres que poco o nada tienen que ver con su literatura. Sin embargo, al autor de Las correcciones parece que aún no ha dejado de sonreírle la suerte. A pesar de sus deslices mediatizados (o quizás precisamente por eso), la gente continúa sintiendo apego por su delirante pretensión de escribir la Gran Novela Americana. Pureza es su más reciente y ¿exitoso? intento por lograr dicha empresa, una novela ambiciosa en todos los sentidos que nos pondrá en la piel de una joven dispuesta a lo que sea (incluso introducirse en misteriosas organizaciones clandestinas) con tal de averiguar el enigma de su verdadera identidad.



9. Lo que no te mata te hace más fuerte, David Lagercrantz

He aquí una novela que no necesita presentación alguna y que está llamada a convertirse en uno de los libros más vendidos del año. Millenium, la trilogía que consagró al ya fallecido Stieg Larsson como uno de los máximos representantes de la novela negra de origen nórdico, regresa a nuestras estanterías esta misma semana con su cuarta entrega, firmada por el escritor sueco David Lagercrantz. Aunque no confío demasiado en que este nuevo título sepa mantener el nivel que para mí tienen los tres anteriores, no cabe duda de que será todo un placer reencontrarse con los míticos Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, aparte de descubrir a qué nuevas amenazas habrán de enfrentarse para sacar a flote la revista que da nombre a esta saga superventas.



10. A mí no me engañas, Kelly Link

Justo cuando parecía que la obra de esta autora caería en un angustioso olvido, Seix Barral (que además guarda en la despensa novedades de, atención, Salman Rushdie y Don DeLillo) nos sorprende con la publicación de su más reciente colección de relatos. Por fin, alguien que sabe apreciar una buena dosis de fantasía alucinógena. Alguien que se ha dado cuenta de lo que Kelly Link provoca. Si aún no la conocéis, sabed que os estáis perdiendo un tipo muy especial de magia. Los cuentos de Kelly Link son tan pulp como sus portadas, un auténtico hervidero de ideas retorcidas, extraordinarias y un tanto escabrosas que dejan un reguero de víctimas al pasar por tu cerebro: la imaginación, el juicio, la razón, las emociones. Kelly Link es la antítesis de lo inocuo. Todo lo trastoca. Aun así, si creéis estar preparados para asumir el riesgo que conlleva adentrarse en su narrativa, 17 de septiembre es la fecha que debéis anotar en vuestras agendas.



11. Cuentos completos, E. L. Doctorow

Por supuesto, no podía faltar en esta lista el que es uno de los acontecimientos editoriales más importantes del año (podría decirse que hasta de carácter histórico): la recopilación -nunca antes realizada- en un solo volumen de los cuentos completos de E. L. Doctorow, reputado escritor norteamericano que falleció el pasado mes de julio, pocas semanas antes de ver cómo salía a la luz un proyecto en el que él mismo había colaborado para dar los primeros esbozos. Aunque conocía novelas como Ragtime o La feria del mundo, esta edición de los Cuentos completos que publica Malpaso la próxima semana parece una oportunidad perfecta para aproximarse a la producción literaria de este escritor oriundo del Bronx, galardonado hasta en tres ocasiones con el National Book Critics Circle Award y una vez con el National Book Award.



Como podéis comprobar, muchas y muy apetitosas son las novedades que nos esperan tras la vuelta de las vacaciones. Y eso sin contar las obras de arte que suele publicar Impedimenta o el impresionante lavado de cara que Penguin Clásicos sigue imprimiendo a obras clave de la literatura. Pero tranquilos, de eso hablaremos largo y tendido a medida que avancen las semanas. ¿Y vosotros? ¿Con qué libros tenéis pensado afrontar la recta final del año? :)

Reseña "Vampiros y limones"

lunes, 2 de marzo de 2015

► Título: Vampiros y limones
► Autor: Karen Russell
► Año: 2014
► Editorial: Tusquets
► Páginas: 280
► Precio: 19.00 €

En el maravilloso cuento que da título a este volumen, dos vampiros en un limonar inundado de sol intentan desesperadamente saciar su sed de sangre, en una inolvidable parábola sobre la adicción y el ansia, el pavor y el amor mortales. Le siguen siete relatos protagonizados por los más sorprendentes protagonistas: un adolescente (enamorado) que descubre que el universo se comunica con él a través de unos talismanes abandonados en un nido de gaviotas, una comunidad de mujeres que se transforman lentamente en gusanos de seda humanos para tejer delicados hilos extraídos de sus propias entrañas, una masajista que descubre su poder sanador manipulando los tatuajes en el torso de un veterano de guerra...


Hay una versión desactualizada de mí mismo que frunce el ceño cada vez que devoro una colección de relatos. Existe otro yo anterior a este momento poco dispuesto a comprender que las ficciones breves también son capaces de sorprender y cautivar con la misma contundencia que la mejor de las novelas; que las ideas de tamaño bolsillo pueden alcanzar zonas remotas de tu cerebro con mayor facilidad y estimular circuitos emocionales que llevaban mucho tiempo pidiendo una descarga de alto voltaje. Sin embargo, hay gente en el mundo, personas llamadas George Saunders, Kelly Link o -desde ahora también- Karen Russell que parecen haber nacido para dinamitar definitivamente todas tus certezas; individuos malintencionados que vendrán a ponerlo todo patas arriba de un modo que después ni siquiera te apetecerá remediar. Y ahora, gracias a ellos, ese gemelo malvado y escéptico que no creía en cuentos no es más que una pálida sombra encerrada en su propia torre. Porque los ocho relatos aquí reunidos no solo gozan de un poder que va más allá de lo normal; son además el baremo que debería empezar a utilizarse para hacer mediciones en términos de genialidad e inventiva. Ocho pequeñas muestras de un talento ingobernable y feroz que consolidan el carácter transformador de las historias y que convierten a la joven escritora norteamericana en una de las voces contemporáneas más interesantes del panorama internacional.

Así pues, Karen Russell no es más que el nombre escondido tras la leyenda. Detrás de esa fachada de fémina dulce e ingenua vive agazapada una auténtica deidad narrativa. Un ecléctico torbellino de ideas descabelladas que giran y giran sin parar hasta que adquieren su carácter más vil y retorcido ante la atónita presencia del lector. Y de esta constante y descontrolada metamorfosis literaria, sin límites ni normas que coarten de manera alguna su desarrollo, nace una versatilidad que resplandece siempre en su máxima expresión. Los diferentes cuentos que componen la colección son tan opuestos unos de otros que a priori bien pudieran parecer el enloquecido producto de ocho mentes disociadas. No obstante, se percibe en todos ellos la indiscutible firma de una misma voluntad creadora, el leve rastro de un elemento común que dirige y coordina semejante batiburrillo de fórmulas anormales con la pericia propia de un director de orquesta. Como resultado, uno abre Vampiros y limones y le es difícil no enamorarse de ese vampiro abstemio que protagoniza el relato homónimo, un desdichado sucedáneo de Drácula que no responde a ninguno de los mitos que se han forjado a lo largo de los siglos en torno a su diabólica figura. Resulta complicado no prorrumpir en aplausos al terminar 'Devanando para el Imperio' tras haber seguido la historia de unas mujeres que están condenadas a hilar con una fibra extraída de sus propios cuerpos. Uno intenta resistirse, pero al final cae rendido ante la genialidad de 'El establo al final de nuestro mandato', en el que diversos expresidentes de los Estados Unidos se reencarnan en caballos y trazan un disparatado plan para salir de ese purgatorio en forma de establo en el que viven encerrados.

Y, ojo, eso no es más que una pequeña muestra de todo lo que nos espera dentro de esta rocambolesca obra. Sin embargo, no solo cuenta Russell con un indescriptible repertorio de ideas poco convencionales, sino que además dispone de los medios necesarios para llevarlos a buen término con una apabullante tasa de éxito. La autora de Vampiros y limones tiene una habilidad especial para forjar un argumento novedoso, pero también para reinventar la forma en que reaccionamos ante él según nuestro arcaico y anquilosado mapa de respuestas emocionales. Y al final uno se descubre a sí mismo riendo de pena. Llorando de sorpresa o gritando de incertidumbre. Porque nunca sabes lo que va a pasar. No hay pistas ni señales que te indiquen hacia dónde se dirige el camino correcto. Nadie (ni siquiera la propia Karen Russell, estoy seguro) puede prever el final de esas historias que te cautivan ya desde la primera línea. Pero una cosa está clara. Te lo vas a pasar como un enano intentando descubrirlo.



Reseña "Los viajeros de la noche"

jueves, 20 de noviembre de 2014

► Título: Los viajeros de la noche
► Autor: Helene Wecker
► Saga: -
► Año: 2014
► Editorial: Tusquets
► Páginas: 512
► Precio: 21.15 €

El impresionante debut de Helene Wecker narra la historia de dos criaturas sobrenaturales en el Nueva York de 1899. Chava es un golem, un ser hecho de arcilla al que dio vida un extraño hombre familiarizado con la magia negra cabalística. Cuando su amo muere a bordo en el trayecto transoceánico desde Europa, queda desorientada y a la deriva mientras el barco sigue su curso hasta el puerto de Nueva York. Ahmad es un genio, un ser de fuego nacido en el desierto de la antigua Siria. Atrapado en un viejo jarro de cobre por un hechicero beduino varios siglos atrás, es liberado por accidente en el taller de un hojalatero del Bajo Manhattan. En su lucha por abrirse camino en ese lugar nuevo y extraño, la golem y el genio procuran encajar con sus vecinos, todos ellos inmigrantes, encubriendo su verdadera naturaleza. Al conocerse por casualidad, las dos criaturas inician una improbable amistad, una unión quebradiza que desafía sus naturalezas opuestas, hasta la noche en que un horrible incidente las devuelve a sus universos respectivos. Sin embargo, una potente amenaza volverá a reunir pronto a ambos: estará en juego su existencia, lo que les obligará a tomar una fatídica decisión.

Opinión

Sorprende que una editorial como Tusquets, entre cuyo catálogo ninguna persona viva ha visto jamás novela similar, decida sacar al mercado una historia con tintes tan marcadamente opuestos a su línea habitual. Pero claro, a veces las apariencias engañan. A veces, un simple frasco de metal encierra en su interior la esencia de un alma condenada. En ocasiones, el rostro más expresivo enmascara en realidad un delicado corazón de piedra. El exterior nunca ha sido representativo de lo que llevamos por dentro, pero el ser humano lleva siglos intentando fingir que los sentimientos se pueden leer a través de la piel como si fuéramos un libro con las tapas abiertas. Precisamente sobre apariencias, autenticidad y la verdadera naturaleza de las cosas habla largo y tendido Helene Wecker en su esperado primer libro, situado a medio camino entre la fantasía de corte oriental y la novela histórica. Los viajeros de la noche es uno de esos afortunados debuts que logran formar bastante ruido desde el momento de su publicación, pero por desgracia también cae en el saco de las obras que, bajo mi punto de vista, no consiguen satisfacer todas esas expectativas que genera.

Leyendo la sinopsis, uno se sentiría tentado a pensar que las criaturas a las que hace referencia el título original de la novela (The Golem and the Jinni) son los únicos -o al menos, los más importantes- protagonistas de la historia, pero más bien son el elemento estructural en torno al que giran la gran cantidad de tramas que ya va abriendo Helene Wecker desde los primeros capítulos. Enseguida conoceremos a Chava, una golem hecha de arcilla que embarca junto al hombre que ordenó su creación en un peligroso viaje a través del océano con destino a Nueva York, ciudad que a finales del siglo XIX ofrecía grandes promesas de prosperidad y bonanza a inmigrantes procedentes de todo el globo. Mientras, por otro lado, seguiremos los pasos de Ahmed, un genio enclaustrado en el cuerpo de un hombre sirio que aparece de improviso en un taller de artesanía -también en Nueva York- tras ser liberado por accidente de su mágica prisión.

Pero recuerda esto: una criatura solo puede alterarse hasta cierto punto a partir de su naturaleza fundamental. Continuará siendo un golem. Tendrá la fuerza de doce hombres. Te protegerá sin pensárselo y dañará a otros para conseguirlo.

Así pues, estos dos seres sobrenaturales irán aprendiendo a base de constancia, esfuerzo y un par de varapalos lo que significa labrarse un camino a través del bullicioso estruendo de la gran ciudad. Chava tendrá que hacer frente a los problemáticos designios de sus habilidades sobrehumanas, como por ejemplo la de escuchar inevitablemente los pensamientos ajenos o su tendencia irreprimible a satisfacer los deseos, peticiones y necesidades de la gente que se encuentra a su alrededor. Ahmed, en cambio, deberá adaptarse al asfixiante confinamiento en una entidad corpórea y a combatir los efectos perjudiciales que tiene sobre su salud exponerse al contacto con el agua. Gracias a una serie de encuentros fortuitos aprenderemos sus diversas reflexiones acerca de temas como el amor, la libertad o la ética y se cuestionarán importantes preceptos de índole religiosa e incluso tradiciones fuertemente arraigadas. Sin embargo, el verdadero reto para estas dos criaturas tan especiales -y a la vez, dominadas por pasiones tan comunes- consistirá en luchar contras los impulsos de sus respectivas naturalezas y hacer perdurar su atípica amistad en un mundo dominado por los prejuicios, la ambición humana y la incapacidad de aceptar lo desconocido como una manifestación diferente pero igual de válida de la misma realidad.

Esto que en principio parece una idea atractiva, entrañable y sumamente enternecedora, no ha terminado de convencerme (como sin duda habréis podido adivinar) a pesar de que empecé leyendo Los viajeros de la noche con un índice de entusiasmo cuando menos considerable. En primer lugar, creo que la novela es demasiado larga para lo que cuenta. Muchos arcos argumentales podrían haberse solucionado de manera bastante más satisfactoria o hasta insertarse en el texto de forma que no supongan un estorbo para la historia principal, sensación que desgraciadamente he experimentado multitud de veces. Por otro lado, y esto no sé si es intención deliberada de la autora, el elemento mágico aquí presente se explota de modo irrisorio, cuando es a todas luces uno de los potenciales más interesantes de la obra; el elemento que mayor juego podría haber aportado en una novela diluida entre un montón de historias paralelas y un tanto anodinas. A su favor, he de decir que Helene Wecker demuestra una sensibilidad especial a la hora de indagar en la psicología de sus personajes o de describir los fabulosos paisajes de esa Nueva York con la que todos hemos soñado alguna vez. Notablemente bien escrita, en definitiva, cargada de buenas intenciones, original en su planteamiento y ambiciosa en su caracterización de toda una época. Pero también flaquea en algunos de los aspectos fundamentales que para mí ha de tener un buen libro, como por ejemplo la consistencia de la trama general o la habilidad de cautivar continuamente al lector mediante dosificar equitativamente el ritmo narrativo. De ahí que al menos la segunda mitad de la novela se me haya hecho tan cuesta arriba. Pero qué le vamos a hacer. Las apariencias no siempre reflejan la verdad completa. Y la arrebatadora belleza del libro, al menos en esta ocasión, no se encuentra precisamente en su interior.


 
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