Mostrando entradas con la etiqueta saga familiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta saga familiar. Mostrar todas las entradas

Martine Desjardins - La cámara verde

lunes, 12 de febrero de 2018



►Título original: La Chambre verte
►Traducción: Luisa Lucuix Venegas
►Año: 2016
►Editorial: Impedimenta
►Páginas: 256


«Estaba segura de que terminarían encontrando el cadáver». Así de contundente comienza La cámara verde, último trabajo de la escritora canadiense Martine Desjardins. La promesa de un misterio que nace en la primera página y se resuelve en la última es sin duda un gancho eficaz. No obstante, su fantástico desenlace no es el único aliciente para leer la novela de Desjardins. La cámara verde, galardonada con el premio Jacques-Brossard de Ciencia Ficción y Fantasía, es una lectura dinámica en todo su desarrollo, pródiga en golpes de efecto y tremendos giros narrativos. Los personajes que la habitan atesoran sus secretos como quien guarda la combinación de una caja fuerte, sellando el pasado en una estancia acorazada donde almacenar todo ese material inflamable que se acumula con el paso de los años.

Ultrajes, traiciones, castigos inhumanos... La familia Delorme tiene muchas cosas que ocultar en relación a su fortuna, amasada, no gracias a la dedicación y el esfuerzo, sino al pillaje y la racanería. El patriarca de los Delorme, un astuto campesino llamado Prosper, logró vender sus tierras a precio de oro cuando la Canadian Northern pretendía extender por todo el país su monstruoso proyecto ferroviario. A partir de ese momento, el dinero se transformó en la religión de los Delorme, cuyos miembros, consagrados ahora a la particular liturgia de conservar sus riquezas, serán capaces de cometer auténticas atrocidades en nombre de la Santa Economía.

Louis-Dollard, primogénito del fallecido Prosper, fantasea con la idea de apostar a los caballos. Sin embargo, su esposa Estelle, para quien «malgastar» constituye un verbo execrable, se lo impide a base de reprimendas inapelables. La de Estelle es una política de austeridad suprema que deja en bragas el ascetismo de los monjes tibetanos. Controladora, obsesiva y totalitaria en el ejercicio de sus funciones, Estelle es una mujer sin escrúpulos que ha olvidado por completo el significado de la compasión y la caridad. Con mano de hierro dirige las vidas de quienes la rodean, convirtiendo a sus tres cuñadas, Mórula, Gástrula y Blástula, en meras subordinadas y a su hijo Vincent en una pieza de tablero cuyo valor está supeditado al de una buena dote matrimonial. Por eso, cuando Estelle descubre que la joven Penny Sterling se ha lucrado de manera descomunal gracias a las ventas de un popular juego de mesa, tratará por todos los medios de conseguir que sea su nuera.

Plagada de sátira y de un perturbador humor negro, La cámara verde es una fábula aleccionadora sobre las consecuencias de la avaricia llevada al extremo, un relato mordaz, cáustico y dotado de cierta impasibilidad que resta dramatismo a las brutalidades que se llevan a cabo en sus páginas. A medio camino entre el thriller gótico y la tragedia shakesperiana, La cámara verde apoya un pie en los terrenos del género fantástico al seleccionar la mansión de los Delorme como voz narradora omnisciente que va desentrañando los peculiares vínculos afectivos de los personajes —así como sus escabrosos antecedentes— mientras lamenta el avance de su deterioro físico. Empleando un lenguaje rico y señorial, más cercano al de la novela victoriana que al de la narrativa contemporánea, Martine Desjardins nos deleita con una intrigante historia de celos, odios y ambición desmedida donde la naturaleza humana se revela en su más absoluta miseria y mezquindad. Otra rara avis de Impedimenta para lectores que disfruten navegando a contracorriente. 


«Pero una casa no tiene más alma que la de sus ocupantes, y apenas me reconocerán. Me habré convertido en una extraña para ellos. Les parecerá incluso que nunca han vivido aquí.
¿Puedo desearles algo mejor?»


PUNTUACIÓN: ★★★☆

Yaa Gyasi - Volver a casa

lunes, 16 de octubre de 2017



►Título original: Homecoming
►Traducción: Maia Figueroa Evans
►Año: 2016
►Editorial: Salamandra
►Páginas: 384
►Valoración: ★★★½


El debut de Yaa Gyasi ha sido sin ninguna duda uno de los títulos más celebrados de la pasada temporada literaria. Hay algo en el interior de sus páginas que acelera el corazón, vapulea el estómago y estremece profundamente los sentidos. En efecto, la narrativa de Gyasi apela a las entrañas porque de nada sirve hablar de cadenas a quien nunca las ha llevado puestas. Sin embargo, el dolor es un lenguaje universal que la autora de origen ghanés domina aquí con la pasión de un primerizo y la habilidad de un escritor mucho más experimentado. 

Volver a casa es una novela que sorprende no solo por su particular estructura, sino por la magnitud de su escala. A través de dos líneas argumentales que discurren de forma paralela, Gyasi compacta unos dos siglos de historia contemporánea que narran el origen y la expansión de los movimientos esclavistas por toda la costa suroccidental de África. Una de las cosas que más me han llamado la atención de la novela es que Gyasi no obvia el hecho de que las propias tribus africanas contribuyeron a fomentar el tráfico de prisioneros gracias a sus rivalidades y constantes guerras fratricidas. Partiendo de esa base, Gyasi construye en Volver a casa un emocionante relato generacional constituido por sendas ramas familiares que parten de una misma raíz: Effia y Esi, dos hermanas que nunca llegan a conocerse, pero cuyos destinos estarán estrechamente ligados a lo largo de toda la novela. 

Si bien cada capítulo de Volver a casa constituye una entidad narrativa independiente, con su propio planteamiento, nudo y desenlace, sí que podemos encontrar nexos que entrelazan varias de las historias de maneras inesperadas, a veces en forma de personaje recurrente, a veces en forma de símbolo que permanece un tiempo sumergido y reaparece cuando menos te lo esperas para golpearnos con todo su significado. Aunque Gyasi maneja este recurso de modo sobresaliente, el hecho de presentar cada capítulo desde la perspectiva de un personaje diferente hace que algunos de ellos queden desdibujados y que la obra se vea aquejada de cierta repetitividad. 

No obstante, la sensación que predomina leyendo Volver a casa es la de estar ante un texto profundamente trabajado, valedor de una de las voces literarias más ambiciosas y prometedoras que han surgido en los últimos años. Gyasi aborda tanto la lacra de la esclavitud como la complejidad de las relaciones familiares bajo distintas configuraciones sociales con una embriagadora sutileza que resalta los momentos de mayor carga emocional. El efecto de esta simbiosis perfecta entre sensibilidad y arrojo da como resultado una obra estimulante y polifacética, genialmente hilada e imposible de consumir en pequeñas dosis. El amplio elenco de personajes que encontramos a lo largo de Volver a casa conforma un todo mayor que la suma de sus partes. De manera incontestable, Yaa Gyasi demuestra que las luchas individuales pueden convertirse en el germen de un arrollador movimiento colectivo capaz de cambiar el mundo. O que el hogar no es tanto el sitio de donde uno viene sino aquel donde decidimos depositar nuestro corazón. En cualquier caso, el mensaje inspirador de Volver a casa prevalece sobre los desgarradores cimientos de su narrativa, convirtiéndose el debut de Yaa Gyasi en uno de los títulos más interesantes y necesarios que ha dado de sí este año.

Louise Erdrich - La Reina de la Remolacha

jueves, 10 de agosto de 2017



►Título original: The Beet Queen
►Traducción: Carlos Peralta
►Año: 1986
►Editorial: Siruela
►Páginas: 340
►Valoración: ★★★☆


Sin duda alguna, La Reina de la Remolacha tiene uno de los arranques más sombríos que recuerdo haber leído en mucho tiempo. En tan solo una decena de páginas, un hombre muere asfixiado como resultado de un accidente laboral, tres hermanos son abandonados por su madre —que se da a la fuga con un acróbata aéreo mientras realiza uno de sus espectáculos itinerantes—, un bebé es robado y un chico de catorce años mantiene relaciones sexuales con un desconocido en un vagón de tren. Nuestros comienzos ciertamente nos moldean como personas. El eco de una infancia atribulada puede reverberar en el transcurso de los años hasta agriar el carácter más de lo soportable. No obstante, si algo nos recuerda la fantástica novela de Louise Erdrich es que cada herida, por muy profunda que sea, encuentra su propia manera de cicatrizar.

Los tres hermanos mencionados al principio toman enseguida caminos divergentes que, sin embargo, no dejan de entrecruzarse durante toda la novela (atrapando a otros muchos personajes entre sus redes). La pequeña Mary Adare, por ejemplo, se hospedará en la carnicería de sus tíos, inmersa en un ambiente de austeridad, compitiendo con su prima Sita por los afectos de quienes les rodean y engendrando así una rivalidad que, lejos de apaciguarse, irá adquiriendo todo tipo de retorcidas manifestaciones. En sueños, Mary rememora una y otra vez la repentina huida de su madre, Adelaide, y fantasea con la idea de asesinarla. Su mezquindad es directamente proporcional al rencor que guarda. No es de extrañar, por tanto, que se acabe comportando de forma huraña y que, al recibir una postal firmada por Adelaide, le conteste en nombre de su tía diciendo que sus tres hijos han muerto de hambre.

La novela de Erdrich está repleta de estos malentendidos, sean o no intencionales. Cartas que se escriben y nunca se envían... cartas que se escriben y nunca se leen... o incluso cadáveres a los que todo el mundo toma por seres conscientes. La falta de comunicación es una constante que traza de manera sorprendente los destinos de quienes viven entre las páginas de La Reina de la Remolacha. Otro rasgo característico, y que es denominador común en todas las obras de Erdrich, es la aparición de fenómenos sobrenaturales y ritos relacionados con la comunidad Chippewa (aunque aquí, al contrario que en Filtro de amor, la mayoría de personajes no sean de origen nativo). Ya sea por medio de visiones, «milagros», sueños de difícil interpretación o el interés casi patológico de Mary por la quiromancia, la esfera religiosa y/o de lo paranormal está presente en el mismo corazón de la novela, aunque no siempre sea evidente.

Lo que sí es evidente es la increíble destreza de Louise Erdrich a la hora de construir personajes y añadirles capas, a pesar de que la propia estructura de la novela, compartimentada en multitud de narradores y saltos temporales, complique la tarea. Este detalle me parece especialmente manifiesto en el personaje de Karl Adare, que tras permanecer en el más absoluto de los anonimatos durante buena parte de la historia, regresa a ella de manera impetuosa para poner la trama patas arriba. Al contrario que su hermana Mary, Karl no solo ha perdonado a su madre, sino que llega a comprender sus motivos. Sin embargo, ser misericordioso no le libra de sufrir una total incapacidad para establecer relaciones afectivas sólidas, incapacidad que radica sin duda en el traumático abandono que sufrió de pequeño. Sus pasiones son violentas, agitadas, impredecibles e incontrolables. Con mujeres o con hombres. De su efímera aventura con Celestine James, mejor amiga de Mary, nacerá una niña llamada Dot (a la que conocimos en Filtro de amor), llegada para inundar con su rebeldía y malos modales un hogar ya de por sí bastante convulso.

A partir de ese momento, Louise Erdrich elabora una fascinante exploración de los lazos familiares que indaga en distintas facetas de la maternidad, la identidad y el amor (en todas sus variantes y peculiares complicaciones), y aborda la posibilidad de que estemos condenados a repetir los errores de nuestros antepasados. Si bien el resto de la novela palidece en comparación con un primer tercio sencillamente memorable, La Reina de la Remolacha me ha parecido en líneas generales una obra muy recomendable, un vertiginoso drama familiar salpicado de lirismo, imágenes hipnóticas y un retorcido sentido del humor que se desarrolla a lo largo de cuatro décadas emocionantes, todo ello con la Gran Depresión y posterior industrialización de áreas rurales como telón de fondo. Un perfecto aperitivo, a fin de cuentas, para adentrarse en la obra de una autora que lleva décadas cautivando a la crítica norteamericana. Ahora entiendo que de forma muy merecida.


Anteriormente en #AdoptaUnaAutora:


-Louise Erdrich, una introducción

-Reseña de Filtro de amor (próx.)









 
Generación Reader © 2012