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Rachel Cusk - Tránsito

martes, 14 de noviembre de 2017



►Título original: Transit
►Traducción: Marta Alcaraz
►Año: 2017
►Editorial: Libros del Asteroide
►Páginas: 224
►Valoración: ★★★★½


En la primera página de Tránsito, la protagonista de la novela de Rachel Cusk —a la que ya conocimos en A contraluz— recibe un esotérico correo electrónico que promete advertirle sobre importantes acontecimientos que le aguardan en el futuro. Aunque evidentemente se trata de un mensaje automatizado y, casi con toda seguridad, de carácter fraudulento, la casual destinataria no puede evitar preguntarse con un asomo de duda hasta qué punto influirán los astros en su vida. Las mejores historias de ficción atentan contra nuestras creencias más arraigadas y suelen plantear dilemas de difícil resolución: ¿cómo es posible que la literatura, un artefacto, por definición, fabricado a base de falsedades e imposturas, de acontecimientos imaginados por una mente febril y alejado de toda ciencia, sirva para labrar el camino directo hacia la verdad más pura? 


"Lo más reconfortante, sostenía él, era que ese coro oceánico no estuviera ligado a persona alguna, que pareciera venir de todas partes y, a la vez, de ninguna. A mucha gente esa idea podía parecerle desquiciante, lo sabía, pero para él, la erosión de la individualidad era también la erosión de la capacidad de hacer daño".


Aunque la propia autora reconoce haber extraído de sus propias experiencias la inspiración necesaria para escribir este libro, cada vez me siento más inclinado a pensar que las historias basadas en hechos reales se ajustan a todo menos a la realidad. Al fin y al cabo, las personas de carne y hueso también somos construcciones literarias. Encadenados para siempre a los límites de nuestra perspectiva, la identidad, la memoria y la personalidad se convierten en narraciones subjetivas que carecen de sentido sin un contexto que les dé significado. ¿Quién soy yo, sino el resto de dividirme entre todas las personas que han pasado por mi vida? 

Rachel Cusk expone esta idea de manera sobresaliente a lo largo de Tránsito. En lugar de emplear la introspección y el monólogo interior para desarrollar al personaje principal, Cusk deja caer el peso de la narración sobre elementos externos que nos permiten desentrañar la biografía de nuestra protagonista con mucho más tino del que ella misma, aun siendo escritora, se podría permitir. Ni siquiera su nombre se menciona hasta bien entrado el final de la novela, apenas una breve exhalación que constituye el clímax de una escena cargada de tensión e intensidad sexual. Los pocos detalles que se conocen de su vida sentimental tampoco es que sean muy halagüeños: divorciada, sin blanca, y con dos hijos en edad problemática de los que cuidar, la protagonista de Tránsito regresa a su Londres natal con el objetivo de construirse una existencia nueva y más prometedora. 

Allí se encontrará, entre otros, con una antigua pareja que parece irle mucho mejor que a ella, una vecina ostensiblemente hostil y un equipo de albañiles extranjeros que trabajarán arduamente para reformar su casa hasta los cimientos. Cada uno de estos personajes esconden tras de sí una particular historia que la protagonista de Tránsito analiza de manera brillante por medio de concienzudas, agudas y mordaces reflexiones. 


"Repuse que, en mi opinión, la mayoría de los matrimonios funcionaban como dicen que funcionan los relatos, gracias a la suspensión de la incredulidad".


El estilo literario de Rachel Cusk, en la línea de la erudición y la intelectualidad académica, combinadas de manera inimitable con una elevada carga emocional, no era en absoluto desconocido para mí. Ya me dejé deslumbrar bastante con su anterior obra. Aún así, la contundente cadencia de su prosa y la demoledora fuerza de su discurso se mantienen en mejor forma que nunca y, como consecuencia, se han llevado por delante cualquier resistencia que pudiera ofrecer. Cusk habla de temas grandilocuentes con la misma soltura y conocimiento de causa que de asuntos cotidianos, no menos dolorosos ni preocupantes. La suya es una narrativa que se adapta igual de bien a ambos contornos, permitiéndonos al resto de simples mortales indagar en espacios de la orografía sentimental que no son de fácil acceso. Leyendo Tránsito he sentido cosas que no sabía que existían. He cruzado un umbral hacia un mundo de experiencias estimulantes y enriquecedoras. En manos de Cusk, temas como el amor, la soledad, la falta de comunicación, la pervivencia del pasado o la extenuante complejidad de las relaciones humanas alcanzan un esplendor nuevo. Una maravillosa revelación del poder que ejerce la literatura en nuestra formación como individuos.

Jeanette Winterson - El mundo y otros lugares / La niña del faro

martes, 5 de enero de 2016


► Título original: The World and Other Places
► Traducción: Alejandro Palomas
► Año de publicación: 1998
► Editorial: Lumen
► Páginas: 224



Si hay algo que he podido comprobar a lo largo de las diecisiete piezas que componen esta colección de relatos es que Jeanette Winterson tiene la capacidad de intercalarse a sí misma en una gran variedad de facetas: desde el realismo más visceral e íntimo hasta la mitología clásica, pasando por escenarios de corte futurista y cuentos eróticos que destilan una pasión desenfrenada, El mundo y otros lugares es un compendio bastante heterogéneo de los temas, ideales e inquietudes cotidianas que estimulan la creatividad de esta autora británica.

Ya sé que soy un barco que hace aguas, pero ¿hace falta que me lo recuerden a diario?

Por ejemplo, en "Veinticuatro horas en la vida de un perro", relato que abre la antología, Winterson disecciona de manera tan cruda como emocionante el dilema interno de una mujer que ha de renunciar a la compañía de un entrañable canino por motivos que cualquiera de nosotros pudiera juzgar de irrisorios, pero que -tal y como vamos descubriendo- son de vital importancia para ella. La historia que más me ha impactado, sin ninguna duda, es "La poética del sexo", un deslumbrante relato narrado en retrospectiva acerca de dos mujeres que son víctimas de una insaciable apetencia sexual, descrita aquí como motor y fuerza artística que inunda las páginas de sugerentes, amén de atípicas, figuras literarias.

Ahora bien, aparte de los dos ejemplos anteriores, apenas hay cuatro o cinco relatos que me hayan dejado un poso significativo; la mayoría de historias me han parecido banales e inconsecuentes, un simple ejercicio de buen estilo salpicado de ideas atractivas y alguna que otra frase contundente, pero que Winterson no llega a solventar de manera satisfactoria. No obstante, El mundo y otros lugares es una obra tan amplia y variopinta, mezcla de conceptos tan fascinantes y diversos, que es prácticamente imposible no encontrar elementos en la atípica imaginería de Jeanette Winterson que no despierten de algún modo u otro tu atención. Como conjunto no me ha parecido un título destacable, es cierto, pero aún así este libro supone un método idóneo para meter los dedos del pie en las aguas narrativas de la autora si acaso no te atreves a zambullirte de lleno en una de sus novelas.





► Título original: Lighthousekeeping
► Traducción: Alejandro Palomas
► Año de publicación: 2004
► Editorial: Lumen
► Páginas: 208



Aunque la escritora británica y yo no empezamos con buen pie, La niña del faro me ha parecido un auténtico despliegue de sensibilidad literaria y refinamiento en el arte de fabricar historias, notablemente superior en todos los sentidos a los cuentos que se pueden hallar en el volumen El mundo y otros lugares. Valiéndose de una niña huérfana que ejerce como voz narradora, Winterson entreteje a lo largo de esta novela una laberíntica red de relatos en los que brilla sobre todo la reconfortante calidez de su prosa y el significado tan personal que Winterson es capaz de imprimir al lenguaje.

Un principio, un desarrollo y un final es la forma adecuada de contar una historia, pero a mí me cuesta aplicar ese método.

Desde el mismo comienzo, la voz de Silver, su protagonista, nos atrapa con su dulzura, candor y honestidad a pesar de su inexperiencia (o quizá precisamente por eso) y las trágicas circunstancias en las que se ve envuelta. Silver pronto entablará amistad con el enigmático Pew, un hombre ciego y amante de las historias que se encarga de cuidar el faro de la localidad donde ambos viven, estableciendo a partir de ese momento una entrañable, peculiar y en ocasiones incomprensible relación donde los términos (así como el argumento de la novela) están lejos de haberse definido.

Tierna, evocadora e imbuida de esa característica atmósfera mágica que es propia de tierras escocesas, La niña del faro me ha parecido una lectura singular, acogedora y muy recomendable que versa sobre el poder de la amistad, el amor y el arte, no de contar historias, sino de crearlas e incorporarlas a nuestra biografía para que, buscando cada uno su propia moraleja, nos proporcionen sentido como individuos.



 
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