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IMM 56#

domingo, 2 de noviembre de 2014

"In my mailbox" es una sección nacida en Pop culture Junkie y que se extendió gracias a The story siren. Consiste en mostrar cada cierto tiempo los últimos libros adquiridos, ya sea comprados, regalados o enviados por parte de alguna editorial.





Una semana más, una hoja del calendario menos. Noviembre empieza como a mí me gusta, con un buen puñado de libros bajo el brazo. Aunque hice un pacto conmigo mismo en el que me comprometía a no adquirir más de lo estrictamente necesario, todos hemos aprendido estos últimos días que hay un truco detrás de cada trato. Lo reconozco, las brujas se han llevado este año mis buenos propósitos. ¿O será que la llegada del otoño ha disparado en mi interior algún tipo de mecanismo encargado de regular la voracidad lectora? Sea como sea, no perdamos más tiempo en presentaciones inútiles. Aquí tenéis los libros que me van a acompañar durante la recta final de este 2014:


1. El devorador de calabazas, Penelope Mortimer: Aunque el título y la temática del libro no tienen absolutamente nada que ver con la noche de Halloween, encuentro la novela de Mortimer el mejor modo de inaugurar este IMM porque existen cosas mucho más terroríficas que un puñado de espíritus furiosos. Y si no lo creéis, comprobad vosotros mismos en esta genial novela de la escritora británica hasta que punto la maternidad desenfrenada y el servilismo conyugal de su protagonista pueden convertirse en la peor de las pesadillas. 


2. Tiempo de sembrar piedras, Tim Powers: Tras los recién publicados La fuerza de su mirada y Ocúltame entre las tumbas, Gigamesh publica esta breve colección de relatos que nos introducen en el delirante universo literario de Tim Powers. Romances bibliófilos, viajes espacio-temporales y multitud de criaturas legendarias sobrevuelan las páginas de esta antología, bastante recomendable para no iniciados en la narrativa del escritor estadounidense.


3. Galveston, Nic Pizzolatto: En tan solo ocho episodios, True Detective se ha convertido por méritos propios en serie de culto, objeto de veneración y efectivo reclamo publicitario. Por eso, no es de extrañar que la ficción televisiva de Pizzolatto permanezca unida a su debut literario aun cuando realmente no tengan nada que ver en muchos aspectos. Galveston ofrece una interesante visión del género noir que atrapa por su planteamiento, entretiene por sus personajes, pero no termina de convencer a quienes esperábamos algo más de un guionista cuya leyenda le precede. O le lastra.   


4. Autoridad, Jeff VanderMeer: Imposible no haber oído hablar de Southern Reach a estas alturas. La entrega ecuatorial de esta fantástica trilogía nos resuelve algunas dudas que se plantearon en la primera parte, pero también siembra el terreno de nuevas e inquietantes cuestiones. Aprovechando que Aceptación sale a la venta la próxima semana, podréis leer la reseña de este libro de aquí a unos días. 


5. El expreso de Tokio, Seicho Matsumoto: La literatura japonesa parece repartirse en nuestro país con exuberante sobreabundancia, por lo que ninguna editorial que se precie debería carecer en su catálogo de la correspondiente porción. En el caso de Libros del Asteroide, Matsumoto abre la veda con un clásico de intriga policíaca cuya combinación de elementos psicológicos, sociales y políticos "marcaron una nueva época en la novela negra japonesa".


6. El chef, Simon Wroe: Odio los programas de cocina. Con toda mi alma. Odio esa nueva oleada de pretenciosos críticos gastronómicos y odio ver la parrilla televisiva asfixiándose entre un montón de fogones que solo vienen a calentar contenidos ultracongelados. Sin embargo, la literatura siempre me ha parecido un medio necesario para aproximarme a todo aquello por lo que siento un rechazo visceral. ¿Y qué mejor que un chef retirado con ínfulas de escritor para sacar a relucir los trapos sucios de un pub británico donde los cuchillos vuelan entre plato y plato? La polémica está servida. 


7. Los viajeros de la noche, Helene Wecker: Hay libros que recaen sobre ti como una maldición. Descubres su existencia por culpa de un asaltante que despliega sobre ti todos sus poderes sugestivos, anhelas su posesión a pesar de los terribles peligros a los que te expone, y una vez que lo tienes entre tus manos, solo quieres señalar al culpable y gritar: ¡tú! ¡fuiste tú quien me enseñó a soñar con ese gélido paisaje! Puede que el debut de Helene Wecker haya llegado más tarde que otros, pero sin duda se va a colocar entre las primeras posiciones de mi lista de próximas lecturas. ¿O es que conocéis a alguien que haya podido resistirse a los encantos de dos criaturas legendarias que llegan a Nueva York y entablan una imposible amistad? Pues eso.


8. Vestigios, Hugh Howey: Tras Espejismo y Desolación, Vestigios constituye la esperada conclusión de otra trilogía bastante conocida que nos empuja cientos de años en el futuro a un panorama ciertamente desolador. Mucho me temo que tanto especular sobre el ocaso de nuestra raza pueda precipitar ese final a todas luces inevitable. Mientras tanto, Hugh Howey nos ofrece una novela muy esclarecedora para hacer más llevadera -y verosímil- nuestra desaparición definitiva. 


9. Canciones de amor a quemarropa, Nickolas Butler: Reseñado recientemente en el blog, el debut de Nickolas Butler es una historia dotada de una sensibilidad extrema, un ritmo ágil y un desarrollo tan elocuente como perfectamente equilibrado que ensalza el valor de la amistad, el amor y la vida en un entorno rural. Difícil no sucumbir ante la genialidad de su prosa y la demoledora credibilidad de sus personajes. Todo un must otoñal.


10. La noche de los judíos vivientes, Igor Ostachowicz: Inclasificable. Irreverente. Extrema. La noche de los judíos vivientes no es la típica historia de zombies ni un refrito sentimentaloide de novelas ambientadas en el Tercer Reich. De hecho, es la antítesis de lo típico en todos los sentidos interpretables. Creo estar en disposición de decir que no me he echado a la cara novela más rara en toda mi vida (y eso que van unas cuantas). Pero ya paro. Reseña pronto. Y ya sacaréis entonces vuestras propias conclusiones.


11. El heraldo de la tormenta, Richard Ford: Novela escogida para la última edición del Reto 10x10 que hemos organizado unos cuantos blogueros. Podéis conocer más detalles sobre esta iniciativa aquí, aunque ya os puedo adelantar que lo he terminado y que me ha parece un título bastante prescindible para lo que suele haber dentro del género al que se adscribe. 


12. La verdad y otras mentiras, Sascha Arango: Otro debut literario, el de Sascha Arango, es una interesante mezcla entre comedia de enredos e investigación policial que juega constantemente con la paranoia del lector y altera su visión de los acontecimientos a medida que la verdad va imponiéndose en esta especie de juego narrativo. Sorprendente, adictiva y perfectamente desarrollada, aunque con un tercio final algo más irregular, es una lectura bastante recomendable. 


13. Los vivos y los muertos, Joy Williams: Ella, Williams, apareció sin apenas hacer ruido para acabar trastocándolo todo. Para poner el mundo patas arriba y enseñarnos que todo lo aprendido no era más que un vil engaño consensuado por nuestros padres. Como los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. Los personajes que deambulan entre ambas esferas a lo largo del libro tampoco creen en misticismos infantiles ni patrañas perpetuadas generación tras generación. Joy Williams representa la ruptura, la pérdida de inocencia respecto al mundo que nos rodea y las leyes que lo rigen. Es ahí, en esa fractura, en esa falla que separa lo humano de lo ultraterreno, donde reside la absoluta genialidad de esta obra maestra que se ha convertido de pleno derecho en una de las mejores lecturas del año. Y está aquí, de vuelta. Reclamando su trono para reinar sobre el resto de la manada.


Y una vez más, hasta aquí llega el IMM de hoy. ¿Habéis tenido la oportunidad de leer alguno de estos libros? ¿Cuáles son los que más os llaman la atención? Nos vemos en la próxima entrega de In my mailbox.

Reseñas breves [54-56]

jueves, 18 de septiembre de 2014

Espíritu festivo, Robertson Davies
Libros del Asteroide - 312 páginas - ★★★★

¿Os acordáis de El club de medianoche, donde un grupo de intrépidos adolescentes se reunían alrededor de una hoguera en mitad del bosque, arrojaban extraños polvos al fuego y después se contaban historias de miedo? Pues bien, bastante parecida a la emblemática serie de los 90 es la génesis de este Espíritu festivo, una entretenida y variopinta colección de relatos que Robertson Davies escribió a lo largo de dieciocho años como respuesta a las peticiones de sus compañeros universitarios. Dieciocho relatos (entre los que para mi gusto destacan 'La reina se divierte', 'Cuando Satán vuelva a casa por Navidad' y 'El feo espectro del sexismo') narrados con maestría y cierta inocencia impostada por los que campan a sus anchas diversas celebridades de ultratumba. Fantasmas, presencias, espectros y otras entidades ectoplasmáticas desfilan entre las páginas de Espíritu festivo, no con el ánimo de agitar sábanas, arrastrar cadenas ni provocar terroríficas angustias existenciales a la manera de Dickens (bueno... o sí), sino para requerir asistencia técnica en un mundo que, por suerte o por desgracia, no se atiene a las mismas reglas que el nuestro. Sofisticadas, ingeniosas, elegantes, (realistas, por mucho que la temática del libro no se preste a ello) y siempre sorprendentes, las historias breves de Robertson Davies aquí reunidas componen un magnífico muestrario de su elocuente prosa y nos permiten disfrutar con varios meses de antelación de una atmósfera terriblemente acogedora y navideña al calor de una chimenea.


En caída libre, Lois McMaster Bujold
Ediciones B - 370 páginas - ★★★★

Después de darle muchas vueltas y de consultar incontables guías sobre cómo adentrarse en el fascinante universo de Lois McMaster Bujold, por fin me decidí a empezar la saga de Miles Vorkosigan. Eso sí, unos 200 años antes de que su carismático protagonista haya ni siquiera nacido. En caída libre, finalista del Premio Hugo y ganadora del Nébula en 1988, me ha parecido una novela sencillamente asombrosa. Protagonizada por los cuadrúmanos, seres de apariencia humana modificados genéticamente para desarrollar un segundo par de brazos en lugar de piernas, la novela introduce interesantes cuestiones sobre opresión laboral, parcialidad por cuestiones de raza, corporativismo empresarial y debates legislativos sobre el derecho a la existencia de material genético artificial. Y todo ello con una envidiable soltura narrativa que te hará recorrer los capítulos a toda velocidad. Lois McMaster Bujold no solo es capaz de establecer en pocos párrafos una sólida caracterización de los personajes (entre los que cabe destacar al encantador Leo Graf, un experimentado ingeniero que se convertirá en tutor y padrino de los indefensos cuadrúmanos), sino que sabe alternar entre los distintos arcos argumentales de la novela a un ritmo más que apropiado. Además, la autora maneja complicados conceptos físicos de manera que no resulten incomprensibles para un lector casual de ciencia-ficción. Atrevida, trepidante y tremendamente original, En caída libre supone una excelente carta de presentación al macrocosmos literario de McMaster Bujold, pero también funciona a las mil maravillas como novela independiente que no abusa de un final demasiado abierto ni precisa de conocimientos previos para ser disfrutada en grado pleno.


Galveston, Nic Pizzolatto
Salamandra - 288 páginas - ★★★½

Gustará más o menos, pero lo que no se puede negar es que True Detective fue una de las sensaciones televisivas de la pasada temporada. Por eso, resulta inevitable presentar a Nic Pizzolatto como el creador de dicho fenómeno en lugar de como un simple escritor novel.  Ahora bien, esto no es Louisiana. Aquí no aparecen Rust Cole ni Marty Hart ni el Rey Amarillo de las narices. Hardcore fans de True Detective, apartaos. Galveston es una novela mucho menos sórdida o retorcida de lo que cabría esperar a simple vista y mucho más íntima, nostálgica y lírica de lo que normalmente suele abundar en la corriente noir del género policíaco. Protagonizada por Roy Cady, un imponente sicario al que le han diagnosticado un cáncer terminal, Pizzolatto se adentra mucho más en el aspecto psicológico de los personajes que en la simple resolución de la fuga con secuestro en la que se verá envuelto nuestro matón particular, convirtiéndose en una suerte de protector improvisado de dos niñas criadas en la más absoluta precariedad. Sin embargo, esa parte intermedia de la novela que discurre entre su brutal inicio y el desolador final de la misma no ha conseguido mantener las buenas sensaciones que me transmitían los primeros compases de Galveston. Quizá a Pizzolatto se le cuelan demasiadas reflexiones sobre la angustia existencial que aqueja al protagonista, paternal empedernido, absorto de más en recordar tiempos mejores y totalmente resuelto por su enfermedad a redirigir el rumbo de una vida recrudecida por la violencia. Quizá la inesperada inserción disruptiva de dos líneas temporales (resultándome la del presente un tanto desaprovechada) no termine de cuajar bien en el relato. Sea por lo que sea, el caso es que Galveston no me ha parecido ninguna obra maestra, ni siquiera una que llegue al sobresaliente. Es una buena novela, entretenida, atípica, bien construida y escrita con una brusquedad enternecedora. Pero nada más. Eso sí, como aperitivo previo al esperado regreso de Pizzolatto a la pequeña pantalla, una historia como Galveston viene de perlas.


 
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