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Amélie Nothomb - Los nombres epicenos

miércoles, 27 de enero de 2021

 


►Título original:  Les prénomes épicènes
►Traducción: Sergi Pàmies
►Año: 2018
►Edición: Anagrama (2020)
►Páginas: 128



Amélie Nothomb (Kobe, 1967) regresaba el año pasado a nuestras vidas (no tengo claro que alguna vez se haya ido) con Los nombres epicenos, un trabajo tan delicioso como rocambolesco que va muy en la línea de lo que ha ido publicando la autora en los últimos tiempos; un simpático híbrido entre el realismo y la fábula nada revolucionario, es verdad, pero que Nothomb ha ido perfeccionado hasta hacerlo extremadamente peculiar. 

En el centro de la narración se sitúa Dominique, una muchacha enamoradiza y algo ingenua que cae rendida ante los encantos de Claude, cuyo empeño por seducir a su presa revela rasgos casi patológicos. De su relación nace una niña a la que llaman Épicène, apelativo extraído de una obra de Ben Jonson que sirve para designar aquellos nombres que se emplean tanto en masculino como en femenino. A pesar de su edad, la niña percibe por parte de su padre una corriente de frialdad de origen incierto, situación que aprovecha Nothomb para sembrar en el corazón de la protagonista el germen de la alienación y la angustia existencial. Así, víctima de un irrespirable ambiente doméstico y de las repentinas aspiraciones sociales de su padre, Épicène se transforma en una vorágine de odio ancestral y sed de venganza que destapará antiguas afrentas sin resolver. 

Con la contundencia y la sobriedad que la caracterizan, Nothomb desentraña el drama de Épicène moviéndose entre la tragedia shakespeariana y la epopeya homérica. La absoluta repulsión que profesa Épicène hacia la figura paterna es el eje en torno al que se mueve esta macabra historia en el que los personajes femeninos tratan de reclamar su lugar, arrebatado por la revancha soterrada de Claude. Es hilarante, casi caricaturesco, la dimensión que adquieren en las novelas de Amélie Nothomb los conflictos más insignificantes, pero confieso que es una fórmula eficaz a la que la escritora de origen belga le ha cogido perfectamente la medida. Creo que en manos de otro autor más pagado de sí mismo las historias de Amélie Nothomb perderían gran parte de su fuerza y de su encanto, pero mientras mantengan su inconfundible sello seguirán teniendo hueco en mi estantería. 

Bien es cierto que, teniendo a sus espaldas auténticas joyas como Higiene del asesino o Ni de Eva ni de Adán, siendo esta vertiente (semi)autobiográfica la que más me cautiva, parece que los últimos trabajos de Amélie Nothomb han ido perdiendo fuelle, palidecen en comparación. No obstante, Nothomb sigue diseccionando en Los nombres epicenos el agitado universo femenino y los complejos vínculos familiares con una lucidez hipnótica, siempre desde una mirada con conciencia de clase que rezuma perversión y malevolencia, moviéndose sus personajes por pulsiones violentas y de raíces, a menudo, sexuales. No me parece Los nombres epicenos la puerta de entrada idónea al chisporroteante cosmos narrativo de Amélie Nothomb, pero sí un exquisito tentempié para los lectores, como yo, que disculpamos sus imperfecciones porque disfrutamos enormemente de ellas.


«Entre sus once y sus catorce años, la chiquilla había estado muerta durante algunos siglos. Aquellos años de celacanto le habían permitido acceder a los archivos del Infierno. Ahora que había vuelto a la vida, podía invocar a su antojo aquellos recuerdos».


PUNTUACIÓN:  ★★★☆

Don DeLillo - Cero K

miércoles, 29 de junio de 2016


► Título original: Zero K
► Traducción: Javier Calvo 
► Año de publicación: 2016
► Editorial: Seix Barral
► Páginas: 320



Se dice, se comenta, que Don DeLillo es uno de los mejores y más influyentes escritores de la actualidad. Submundo, Punto Omega, Americana, Mao II, Ruido de fondo... sus grandes hitos literarios no han sido para mí más que nombres agolpados en la cabeza, ecos de voces que lo catapultaban hasta la cima de una montaña que no me atrevía a escalar. Fin de campo supuso mi respuesta a una necesidad elemental de iniciarme en su obra, de romper definitivamente el hielo. Sin embargo, Cero K, con la que DeLillo vuelve a estar en boca de casi todo el mundo tras seis años de silencio, nos muestra de manera absolutamente magistral los beneficios de mantener ciertas cosas en un imperturbable estado de congelación. 

En el futuro inmediato propuesto por DeLillo, una especie de compañía clandestina denominada la Convergencia ofrece la posibilidad a sus miembros, la mayoría de ellos enfermos terminales, de luchar contra la muerte reduciendo la temperatura de sus cuerpos hasta límites extremos. Ross Lockhart es el principal inversor de esta escalofriante e innovadora iniciativa, un multimillonario hecho a sí mismo que repudió a su familia con el fin de perseguir sus ambiciones empresariales. Ahora, su hijo Jeffrey viaja hasta las recónditas instalaciones de la Convergencia para consolar a su padre mientras la joven esposa de este se prepara para iniciar un procedimiento incierto y plagado de perturbadoras cuestiones éticas. Sin embargo, cuando Ross, en perfecto estado de salud, le comunica a su hijo su decisión de acompañar a su esposa en este viaje, las convicciones y creencias de Jeffrey empezarán a tambalearse. 

Son los momentos ordinarios los que componen la vida. Esto es lo que ella sabía a ciencia cierta y esto es lo que yo aprendí, finalmente, de todos los años que pasamos juntos. Ni los saltos ni las caídas. Inhalo la llovizna de detalles del pasado y así sé quién soy. Ahora tengo más claro lo que antes no sabía, gracias al filtro del tiempo, de una experiencia que no pertenece a nadie más, ni de lejos, a nadie, jamás.

Aunque tiene algo de eso, Cero K está mucho más allá de ser una maniquea confrontación entre ciencia y fe, entre los postulados tecnocráticos de la era digital y el fervor religioso que normalmente se confunde con la credulidad. Entre las paredes de la Convergencia, Jeffrey observa numerosos estímulos que disparan recuerdos del pasado y ponen a prueba su capacidad para otorgar nombres a las cosas. La muerte ha formado parte de nuestro ADN desde el principio de los tiempos. Por eso, la posibilidad de extirparla para siempre abre el camino a una nueva era repleta de perplejidad e incertidumbre en la que se precisa un lenguaje evolucionado capaz de dar forma a un modo imperecedero de mirar el mundo.

Así pues, el lenguaje, la comunicación y el arte son los principales motores que impulsan la historia de esta novela y que sirven de base al escritor norteamericano para elaborar asombrosas reflexiones sobre la identidad y lo que significa estar vivo en una época que cada vez otorga menos razones para ello. DeLillo es un gran maestro de la palabra y así lo demuestra en Cero K haciendo uso de un estilo sugerente y persuasivo, imbuido de una inconfundible personalidad tan estimulante como las meditaciones que se desprenden de la novela sobre el fin —o en este caso la postergación— de la existencia. Jeffrey me ha parecido una voz protagonista contundente y repleta de matices, una revisión minimalista y algo desorientada del héroe clásico que, rodeado aquí de monjes, pasillos interminables, habitaciones oscuras e imágenes proyectadas de destrucción y barbarie, emprende la consabida gesta en busca del crecimiento y la iluminación interior. 

El resultado final es una obra brutal, gélida y desconcertante, falsamente aséptica, que lejos de provocar entumecimiento lo único que hace es despertar los sentidos a golpe de revelaciones. Puede que Cero K se halle entre las obras más interesantes y accesibles de DeLillo, pero eso no implica que esté hecha para todos los públicos. Sin duda, se trata de un autor muy peculiar al que uno debe aproximarse con calma y prudencia, deteniéndose a contemplar cada instantánea, trazando líneas entre los distintos puntos que forman la historia. El resultado merece mucho la pena. Porque una cosa os digo: si el resto de sus obras son la mitad de buenas que Cero K, bien podría ser cierta la afirmación con la que empecé escribiendo esta reseña.  



Reseña "Los invitados de la princesa"

miércoles, 10 de abril de 2013

► Título: Los invitados de la princesa
► Autor: Fernando Savater
► Año de publicación: 2012
► Género: Novela, narrativa
► Editorial: Espasa
► Páginas: 328
► PVP: 19.90
► ISBN: 9788467007022


La presidenta de Santa Clara, conocida popularmente como la Princesa, quiere convertir su pequeña república isleña en referencia cultural del mundo. Para ello convoca a escritores y artistas para celebrar un magno Festín de la Cultura. Sin embargo, un inoportuno volcán interfiere en sus planes y su nube de cenizas hace imposible que anfitriona en invitados se reúnan en la isla.
El joven periodista Xabi Mendia, enviado especial de Mundo Vasco, levanta acta de la paradójica situación y escucha las historias que cuentan unos y otras mientras todos esperan poder salir de allí: relatos de pasiones y terrores, intrigantes y fantásticos, en los que no faltan las perplejidades de la cultura contemporánea y hasta aparece la sombra de un vampiro…

Opinión

Salvando su célebre Ética para Amador, lo cierto es que la obra de Fernando Savater, conocido y prolífico escritor español, aparte de filósofo y activista político, me resultaba totalmente ajena hasta el momento. Por eso, cuando el año pasado este mismo autor fue galardonado con el Premio Primavera que concede anualmente la editorial Espasa, no quise perder la oportunidad de adentrarme por primera vez en uno de sus libros y comprobar si la buena reputación que le respalda es tan merecida como parece a primera vista. Así pues, Los invitados de la princesa ha resultado ser una lectura cuando menos atípica, una especie de recopilación de relatos un tanto peculiar (por no decir extraña) que, partiendo de una improbable cadena de casualidades, sirven de homenaje a algunos grandes clásicos de la literatura universal y en los que el escritor vasco demuestra tener entre otras cosas una prodigiosa habilidad narrativa y una imaginación portentosa que trabaja al servicio de su excelente estilo. Pero, más allá de frases pomposas e historias inverosímiles, ¿qué hace de Los invitados de la princesa una novela tan curiosa, entretenida y recomendable?

Pero mis miedos íntimos eran de mucha más amplitud y calado. Todo estaba lleno de amenazas y sobresaltos, de sobras ominosas, de vértigos ante caídas sin fondo, de bestias que reptaban de rincón a rincón por mi cuarto sin que nadie más que yo las viera y cuyos ojillos rojos brillaban ávidos en la oscuridad.

El argumento que nos propone Fernando Savater en su novela es bien sencillo: Xabi Mendia es un joven periodista que trabaja para un diario vasco y que se traslada hacia la remota isla de Santa Clara con el objetivo de cubrir uno de los acontecimientos culturales más importantes del año: la presidenta de la isla, conocida comúnmente como la Princesa, ha decidido convocar a las figuras más destacadas del panorama literario y artístico del momento para organizar un Festín de la Cultura en el que todos ellos podrán intercambiar impresiones y experiencias sobre sus respectivos campos, todo para lograr que la desconocida isla de Santa Clara se convierta en referente cultural del mundo entero. Sin embargo, los planes de la presidenta se verán truncados cuando un volcán entra en erupción y arroja una nube de cenizas que interrumpe el tráfico aéreo y deja incomunicados a los residentes de la zona. Aislados, confusos y sin ningún tipo de noticias sobre la Princesa, los invitados al Festín de la Cultura empezarán a deambular por las dependencias del lugar donde se celebra el evento, contándose unos a otros las historias más intrigantes, terroríficas y fantásticas que se puedan imaginar. De esta manera, la novela de Savater va intercalando capítulos que transcurren en el presente de la obra con otros en los que distintos personajes proceden a relatar anécdotas de todo tipo, desde intrincados misterios policiales hasta incomprensibles abducciones extraterrestres, pasando por delirantes diarios personales y aterradoras cacerías nocturnas.

Mi hija Adela, en cambio, tiene una relación muy diferente con el invento del siglo: absorbente, extática, orgiástica. ¿Hay bacantes de internet? Si es así, Adela es la primera de las que danzan en la ronda dionisíaca, agitando el tirso.

En general, los distintos relatos que conforman Los invitados de la princesa me han resultado amenos, interesantes y hay que reconocer lo brillantemente escritos que están. Con evidentes visos de autores como Conan Doyle, H.G. Wells o H.P. Lovecraft, las historias de la novela funcionan a la perfección por separado, pero a la hora de juntar todas las piezas del puzzle, no se percibe una conexión clara entre ellas, no hay un hilo conductor que relacione unas historias con otras y parte de su valor, por tanto, se pierde por el camino. Algunas de ellas como por ejemplo 'Cerrado por defunción', 'Examen de Selectividad' o 'La cacería del ciempiés' me han causado una muy buena sensación y las encontré particularmente adictivas no solo por su deslumbrante estilo y la ingente cantidad de figuras literarias que emplea Savater a la hora de expresarse, sino porque constituyen críticas veladas (algunas veces, no tan veladas) a ciertos rasgos enfermizos de la sociedad actual, ya sea la adicción a la tecnología o la desoladora involución que parece estar experimentando nuestra escala de valores. Sin embargo, cuanto más me acercaba al final de la novela, más pesadas se me hacían las historias y menos provecho le sacaba a las mismas, dejándome con la sensación de que la trama subyacente podía haber dado mucho más de sí. A pesar de ello, encuentro que Los invitados de la princesa ha sido una experiencia innovadora, un híbrido entre varios géneros cargado de altibajos, pero que me ha dejado con un buen regusto final. Así que, si estás buscando una alternativa atrevida, variada y que te haga olvidar las mismas lecturas insípidas de siempre, puede que esta sea la novela ideal para ti.

Puntuación

Los invitados de la princesa



 
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