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Alice Munro - Secretos a voces

miércoles, 3 de febrero de 2016


► Título original: Open Secrets
► Traducción: Flora Casas
► Año de publicación: 1994
► Editorial: DeBolsillo
► Páginas: 304



Desde que ganara el premio Nobel allá en 2013, he ido consumiendo libros de Alice Munro a razón de uno por año. Ni más, ni menos. Mi primer acercamiento a su prolífico corpus de relatos no pudo empezar de mejor manera y quedé completamente encandilado por el universo narrativo que la escritora canadiense construye en La vida de las mujeres, una aproximación minuciosa y diversa al costumbrismo norteamericano que desvelaba una sensibilidad especial para escrutar la naturaleza femenina en todas sus vertientes.

Con Escapada me fue igual de bien, o incluso más. Por lo tanto, tenía motivos sólidos para pensar que una tercera incursión en la obra de Munro me depararía tan placenteros resultados como hasta el momento. Sin embargo, los relatos reunidos en Secretos a voces solo han servido para constatar que Alice y yo hemos olvidado cómo sincronizar nuestros relojes internos. Todo en este libro me resulta reconocible. Abro por la primera página y se despierta en mí cierta sensación hogareña. Pero a medida que avanzo, me doy cuenta de que, muy a mi pesar, algo no está marchando como debería. La prosa se enquista, los personajes han perdido ese halo de fascinación que solían ostentar y las historias que narran ya no logran alcanzar mi fibra sensible.

En cocinas a cientos y miles de kilómetros de distancia, observará cómo se forma una delicada piel sobre una cuchara de madera y su memoria se agitará, pero no acabará de desvelarle ese momento en el que parece estar contemplando un secreto a voces, algo que no te sobrecoge hasta que intentas contarlo.

Lo mío con Secretos a voces es, a todos luces, un caso agudo de lo que en el terreno de las relaciones amorosas se conoce como el síndrome de "no eres tú, soy yo". Alice Munro demuestra aquí que continúa siendo una creadora nata de atmósferas y personajes, espacios ficticios que resuenan cuento tras cuento y conforman una caleidoscópica composición final. En este caso, Munro nos traslada a la imaginaria localidad de Carstairs, un lugar con personalidad e historia propias que a lo largo de las décadas será testigo de las más improbables amistades, bodas, divorcios, muertes y misteriosas desapariciones. Sin embargo, nada de lo que he encontrado en este recopilatorio, pese a ostentar las características más sobresalientes de Munro, ha logrado despertar mi asombro al nivel que lo han hecho otros libros suyos. 

Quizá he echado en falta un hilo conductor más contundente, temáticas más vigorizantes o la calidez y el afecto habituales en los que tanto me recuerda a escritoras como, por ejemplo, Marilynne Robinson. En lugar de eso, Secretos a voces rebosa de largos silencios narrativos en los que no ocurre absolutamente nada de provecho para la trama. Puede parecer extraño calificar esto como un defecto, pues uno de los mayores encantos de Munro, característica que ha logrado perfeccionar hasta convertirla en arte, es precisamente el de la sutileza, la ausencia de burdas explicaciones que justifiquen el comportamiento de los personajes. Es común en los relatos de Munro tener que devanarse un poco los sesos y rastrear entre líneas significados ocultos que nos permitan aferrarnos a cierta lógica una vez alcanzado el final de cada historia. No obstante, este libro no me ha parecido lo suficientemente interesante como para desentrañar sus secretos, aunque se griten a voces.

Tampoco me han resultado esta vez demasiado llamativos los temas que se discuten o se dejan entrever a lo largo de los cuentos. Si bien las mujeres a las que Munro da voz en esta obra son difíciles de encasillar, sus diatribas sobre el el amor y sus infinitas complicaciones, observaciones —casi siempre díscolas— en lo que respecta al matrimonio y recuerdos de experiencias que marcaron en algún momento sus vidas están bastante trillados. Hay dos relatos en especial ('Entusiasmo' y 'El Jack Randa Hotel') que sí hacen justicia a la enorme reputación de la autora, y curiosamente en ambos el envío de cartas tiene gran relevancia para el desarrollo de la trama (¿alguien me puede explicar la fijación de esta autora con el intercambio de misivas?), pero del resto pocas cosas puedo rescatar. Solo me queda desear que el cuarto libro de Alice Munro que caiga en mis manos sepa eliminar estas agridulces sensaciones que me ha dejado Secretos a voces. ¿Lo conseguirá? No lo sé. Pero una cosa sí tengo clara: no pienso esperar hasta 2017 para comprobarlo.



Reseña "Tengo tu número" + "Cada siete olas"

viernes, 20 de septiembre de 2013

► Título: Tengo tu número
► Autor: Sophie Kinsella
► Año de publicación: 2013
► Género: Novela, comedia
► Editorial: Plaza&Janés
► Páginas: 432
► PVP: 17.90 €
► ISBN: 9788401353437

Poppy Wyatt casi no se lo cree. ¡Nunca en la vida ha tenido tanta suerte! Pero, justo cuando está a punto de casarse con el maravilloso Magnus Tavish, su final feliz empieza a desmoronarse. No solamente ha perdido su valioso anillo de compromiso durante un simulacro de incendio en un hotel, sino que también le han robado el móvil. Aturdida, desesperada, mira alrededor suyo y ve un teléfono tirado en una papelera. "¡Perfecto, para mí!", piensa. "Ahora podré dejarles un número de móvil a los del hotel para me llamen cuando encuentren mi anillo."
Bueno, casi perfecto, porque el propietario del teléfono no está muy de acuerdo. Quiere que se lo devuelva y tampoco le hace ninguna gracia que Poppy se lance a leer sus mensajes y a meterse en su vida personal.
Lo que sigue es una historia de enredos tan ingeniosos como inesperados mientras Polly y Sam se entrometen el uno en la vida del otro a través de sus mensajes y correos. Polly no confiesa que ha perdido el anillo, las preparaciones de la boda siguen adelante, pero todavía le espera la sorpresa más grande de su vida.

Opinión

Me dijeron que esta novela iba a ser divertida. Pero bueno, qué le vamos a hacer... Sophie Kinsella, autora británica muy conocida en el mundo del chick-lit por su serie de novelas Shopaholic (cuya primera parte tuvo su correspondiente adaptación cinematográfica) vuelve a la carga con una supuesta comedia de enredos donde una mujer a punto de casarse con un joven y apuesto escritor pierde el anillo de boda en pleno simulacro de incendio. Sin embargo, el verdadero meollo de la historia tiene lugar al salir del hotel donde se produce el incidente, cuando nada más poner un pie en la calle a Poppy le roban el móvil. Todo parece indicar que el futuro marido va a enterarse de la enorme irresponsabilidad de Poppy y por una serie de motivos que a pesar de las extensas diatribas mentales de la protagonista, no consigo comprender, lo más probable es que corte con ella. Pero ¡oh, sorpresa! la situación adquiere un giro tremendamente realista cuando Poppy oye sonar un teléfono móvil que alguien ha dejado tirado en una papelera cercana, inconcebible casualidad que propicia la relación entre la protagonista y el propietario del susodicho aparato, un empresario de éxito llamado Sam que no parece estar atravesando su mejor período personal. Y de esta manera tan atropellada, equívoca y aparentemente prometedora es como da comienzo la que hasta el momento es la peor novela que he leído en lo que llevamos de año.

Perspectiva, solo necesito un poco de perspectiva. No es un terremoto ni un loco con un rifle ni una fuga radiactiva, ¿no? En la escala de desastres, no es de primera magnitud. Repito, no es un desastre de primera magnitud... Supongo que algún día recordaré este momento, me reiré y pensaré: "Ja, ja, ja. ¡Qué tonta fui por angustiarme de esa manera...!"

No sé si fueron los insoportables calores de julio los que me mantuvieron en un estado de irritabilidad y apatía absoluta mientras leía esta historia o la poca (por no decir nula) simpatía que me despertaba la protagonista, el absurdo desarrollo de la trama, los innumerables chascarrillos inútiles y la vacuidad de la novela en general, pero el caso es que no he disfrutado ni lo más mínimo de esos constantes e inexplicables trastornos cambios de personalidad que sufre Poppy a lo largo del libro. Básicamente, lo que ocurre en 400 páginas de papel muy mal aprovechado es una sucesión de diálogos carentes de cualquier tipo de humor, una incomprensible avalancha de notas a pie de página que solo estorban la vista, un intercambio de mensajes y correos electrónicos irritantes hasta la exasperación por su escaso contenido significativo y una serie de escenas manipuladas a más no poder para que sintamos lástima de una protagonista que parece no tener autoestima, dignidad ni respeto por la privacidad ajena. Nada de esto me hubiera molestado tanto si el comportamiento de Poppy o de cualquier otro personaje estuviese empujado por razones sólidas u obedeciera a algún tipo de sentido común, pero no ha habido suerte. Por no haber, no hay ni romance. El final también es de traca, surrealista como pocos, de esos que pretenden impartir una pretenciosa moraleja y al final se te quedan grabados en la memoria para agradecida amonestación posterior: "no te acerques jamás a ninguna otra novela de esta señora". Por eso, aunque siempre cabe la posibilidad de que alguien desconocedor de la obra de Marian Keyes disfrute con esta obra, mi recomendación personal es que huyáis despavoridos de ella.

Puntuación

Tengo tu número





► Título: Cada siete olas
► Autor: Daniel Glattauer
► Año de publicación: 2010
► Género: Novela, drama, epistolar
► Editorial: Alfaguara
► Páginas: 280
► PVP: 17.50 €
► ISBN: 9788420406398

1) ¿Ya conoces a Emmi Rothner y a Leo Leike? Entonces es que has leído Contra el viento del norte, la inusual historia de amor en que dos personas que jamás se han visto se enamoran perdidamente por e-mail.
2) ¿Opinas que los enamorados se merecían verse personalmente, aunque fuera sólo una vez? Comienza a leer Cada siete olas.
3) ¿Te dispones a abrir este libro sin conocer Contra el viento del norte? Aquí tienes el equipaje necesario: Leo Leike vuelve de Boston tras poco menos de un año. En casa lo esperan noticias de Emmi Rothner. Ambos se dan cuenta de que sus sentimientos no han cambiado y piensan que quizá deberían verse una vez en persona. Pero Leo ha empezado una relación y Emmi sigue casada…

Opinión

Y aunque en menor grado (bastante menor grado), la segunda novela reseñada hoy también me ha supuesto un pequeño chasco. Mira que me lo temía. Contra el viento del norte era una novela que no las tenía todas consigo a la hora de meterse en mi estantería. De hecho, si no llega a ser por la ferviente y muy acertada recomendación de Sileny, quizá nunca me hubiese atrevido a leer el que pronto se convirtió en uno de los mejores libros que pasaron por mis manos el pasado año. La historia de Emmi y Leo, dos personas ajenas la una a la otra que se conocen fruto de la casualidad (mucho más creíble y mejor llevada que la de Tengo tu número) y que comienzan a construir una relación amorosa a través del correo electrónico me pareció una obra desgarrada y emocionante, con un final tan trágico, coherente y completamente redondo que la idea de retomarla justo donde acabó solo hacía presagiar el carácter prescindible de esta segunda parte. Daniel Glattauer nos hace regresar en Cada siete olas a las desdichadas vidas sentimentales de estos dos des-desconocidos en un momento de palpitante tensión entre ambos, pero por desgracia a cambio de sacrificar la frescura, la originalidad y gran parte del encanto que su predecesora exudaba a raudales.

Durante mucho tiempo pasa inadvertida, participa en el monótono proceso, se adapta a sus predecesoras. Pero a veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima. Porque es despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, solo el ahora. Y después todo es distinto. ¿Mejor o peor? Eso solo pueden decirlo quienes fueron arrastrados por ella, quienes tuvieron el coraje de dejarse cautivar. 

El problema no es que Cada siete olas sea una mala novela, que no lo es, sino que a lo largo de sus casí 300 páginas da la sensación de que estamos leyendo más de lo mismo. La relación de Emmi (quien parece llevar la batuta durante la práctica totalidad de la obra) con Leo, su forma algo distorsionada y egoísta de ver el mundo, su personalidad obsesiva y su chirriante manera de escupir frases sobre el teclado a modo de acoso cibernético permanecen intactas respecto a lo que vimos en Contra el viento del norte. Además, una buena porción de la trama consiste en remover y deambular sobre cuestiones que se quedaron sin resolver en el anterior libro, en reciclar ideas un tanto manidas por el exceso de uso que sin duda hubieran conservado su irresistible magnetismo de haberse dejado reposar. No obstante, la fórmula epistolar de Glattauer sigue funcionando lo suficiente como para no decaer en el aburrimiento y su excelente prosa intimista, cargada de lirismo, vuelve a regalarnos pasajes, situaciones y conversaciones de una belleza abrumadora. El escritor austríaco sabe cómo tocar el corazón de sus lectores y no duda en emplear sus más talentosas aptitudes narrativas para hilar (de nuevo) un final sorprendente, satisfactorio y, ahora sí, cerrado. Como ya he dicho, puede que Cada siete olas pierda algo de fuerza y no esté a la altura del maravilloso Contra el viento del norte, pero lo que no se puede negar es que ambos libros componen una apasionante bilogía romántica, vibrante e inteligente, que no deberías pasar por alto.

Puntuación

Cada siete olas




 
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