Mystic City. La ciudad del agua
Mira que hay parejas famosas en la historia a las que se puede rendir un homenaje, pero no, siempre nos tenemos que conformar con Romeo y Julieta como si la tragedia perpetrada por Shakespeare hace ya varios siglos fuera el paradigma de las relaciones románticas al que todo ser humano que se precie debe aspirar. ¿Para cuándo una novela juvenil protagonizada por dos jóvenes criminales perseguidos por la justicia a lo Bonnie y Clyde? Dejando a un lado este breve y totalmente innecesario inciso,
el próximo 14 de febrero (para más inri) se pone a la venta la próxima novedad de Montena, una sugerente historia de amor entre miembros de dos familias rivales ambientada en el Nueva York del futuro, una especie de Venecia norteamericana en la que sus habitantes viven
anegados en la más absoluta miseria o refugiados en encumbradas fortalezas de hormigón desde las que observan la decadencia de las clases bajas.
En medio de esta poco intrincada tesitura social nos encontramos con Aria Rose, joven bella y privilegiada inmersa en pleno proceso de recuperación de una sobredosis que le dañó la memoria, y Thomas Foster, chico igualmente bello y privilegiado que a pesar de la enconada enemistad que durante generaciones ha enfrentado a su familia con los Rose,
está dispuesto a sacrificarlo todo por estar con la mujer que ama. Sin embargo, Aria no recuerda prácticamente nada de su relación con Thomas y lo único que sabe con certeza es que su matrimonio no es más que una estrategia política concebida para unir a las dos familias contra una amenaza en común: Violet Brooks, líder indiscutible de la clase mística que pretende arrebatarles el poder en las inminentes elecciones y
erradicar de una vez por todas el control y la opresión a la que se ven sometidos los místicos por culpa de sus poderes sobrenaturales.
-Es una comida de chicas. Si vinieses con nosotras, sería... una comida de chicas con un chico.
-Puedo ser una chica -dice Kyle-. Me limitaré a fingir que no tengo sentido común y lloraré todo el rato sin motivo.
Lo cierto es que el planteamiento de
Mystic City es cuando menos llamativo y las primeras páginas de la novela nos presentan un universo
atrayente, mágico y dotado de múltiples posibilidades narrativas, por no decir que durante un buen puñado de capítulos la protagonista de
Mystic City me pareció mucho más interesante, madura y decidida que la mayoría de pánfilas adolescentes que suelen pulular por este tipo de novelas. Por eso, es una lástima que a partir de una primera parte del libro bastante prometedora, tanto la historia, los personajes como la verosimilitud de la trama
vayan degenerando en un estupor absoluto, sobre todo a raíz de la aparición de Hunter, un chulazo místico, rebelde, misterioso y terriblemente encantador que más que fascinación, despierta un sopor inaguantable. Y como no podía ser de otra manera, para completar un triángulo amoroso terriblemente desacertado e insulso, Aria cae perdidamente enamorada de su cara bonita, su hiperdesarrollada musculatura y un aire de artista solitario que provoca acidez estomacal, demostrando así su enorme superficialidad y el sinsentido característico de la obra. Con la protagonista de esta novela (y con la historia en general)
he pasado del amor al odio en menos de lo que se tarda en decir "
uau", expresión que como tantas otras, se repite hasta el hastío. Aunque este no es ni mucho menos el único punto negativo de
Mystic city, pues en vista de las enormes dificultades que tiene la novela de Theo Lawrence a la hora de conservar el interés que haya podido despertar en el lector, las reiteraciones constantes,
lo predecible que es todo y las malogradas referencias al
Opus magnum de Shakespeare, se puede decir que el autor estadounidense no es que tenga muchos recursos como escritor.
No todo el mundo está contento con los cambios, por supuesto. Se han producido pequeñas protestas en ambos lados entre aquellos que tratan de mantener las cosas como siempre han estado: separadas. "Nada bueno puede salir de esta unión -dice una fuente anónima cercana a los Foster-. Acuérdense de mis palabras."
Solo el tiempo lo dirá. Pero por ahora, celebrémoslo.
En definitiva,
Mystic City pertenece a ese gran subgénero novelístico de ideas desaprovechadas al que van a parar buena parte de las novelas juveniles actuales. No esperes encontrar en este libro otra cosa que no sean romances disparatados, irrisorias intrigas políticas que no van a ningún sitio,
un elenco de personajes completamente planos, maniqueos y absolutamente prescindibles, un estilo poco descriptivo, monótono y falto de ritmo y un final que no pude calificarse de otra forma que de intento desesperado por sorprender al lector, quien tras 400 páginas arrastrando un desinterés creciente por lo que pueda ocurrir en los últimos compases de la historia, solo puede asistir incrédulo a un escenario cargado de acción, disparos, giros argumentales inverosímiles e
incongruencias de última hora que quizá no resulten tan alarmantes para quienes estén acostumbrados a ellas. Aunque el mayor pecado de
Mystic City, sigue siendo a mi parecer su
débil construcción argumental, la incomprensible falta de información sobre el aspecto más interesante de la novela: los místicos. ¿Qué son exactamente? ¿De dónde procede su poder? ¿Por qué no ha encontrado el autor una forma mejor de describir sus efectos que un manojo de "espaguetis de color verde"? Estas y otras muchas cuestiones se quedan desgraciadamente en el tintero,
quizá a la espera de ser desveladas en la siguiente entrega de esta (otra más) trilogía romántica con tintes ligeramente fantásticos. Aunque, visto lo visto, no sé si voy a tener paciencia para descubrir las respuestas.